Reunión familiar.

El tiempo pasaba tan sereno y tranquilo que parecía volar. El último año había sido lo más parecido a la felicidad. No habían faltado los problemas, sobre todo con Edward y su extraña personalidad. Aún no lograba saber nada sobre él. Había conseguido sacarle algunos datos durante una pelea. Al parecer llevaba demasiado tiempo alejado de su familia.

-¡Mis hermanos son unos presumidos que se creen los dueños del mundo…! Se avergüenzan de mí… ¡Y mi padre ha decidido que poco le importa lo que sus hijos hagan de sus vidas…!- Le había dicho aquél día con una tensión nunca vista en él y una mezcla de furia y dolor en sus ojos.

Otra faceta complicada era la relación de pareja, difícil se sustentar. El hecho de que su pasado fuera un misterio no importaba demasiado a Erika. Ed era un buen tipo, y no dudaba de su amor. Pero su debilidad por las chicas fáciles le hacía perder el control.

Ella, que nunca se consideró celosa, se vio repetidamente envuelta en escenas de celos…

Ya no daba clases. Pintar le fascinaba tanto como la historia, o quizá más todavía. Se estaba capacitando en bellas artes. Ahora era la asistente de Elizabeth. Había ganado mucha experiencia con ella. Su pintura era cada día mejor, cursaba la carrera a toda prisa y en poco tiempo se postularía para curadora del museo.

Fue en uno de ésos días de trabajo juntas en el que Beth sacó la conversación:

-Y… ¿cómo te va con Edward?

-Muy bien. Aunque para ser sincera… es muy intrigante.

-Si. Admito que lo es. Pero es maravilloso. Y me ha sorprendido que se interesara en una chica que no huela a caramelo y no se pase de maquillaje. La respuesta debe estar en esos escotes que usas generalmente…-dijo divertida.

Erika río con ganas.-Si…he notado esa tendencia…- aclaró algo pensativa.

-Pero no creo que debas preocuparte. Es un ser maravilloso.

-Si… sabes… a veces tengo la impresión… no sé… dirás que estoy demente…

-Ponme a prueba- apostó Elizabeth.

-Siento como si hubiera algo…sobrenatural… en él.

-Si… creo que has ido lejos…

La universidad preparaba una exposición de arte y había mucho que hacer. Erika se había vuelto a llevar trabajo a casa. Se había levantado de la cama para trabajar, aprovechando que su chico parecía haberse dormido finalmente.

Pintaba una réplica de un cuadro de Reni, cuando se sobresaltó al sentir que le tocaban la espalda…

-¡Maldición, Ed!... ¡Me asustaste de nuevo…! ¿Disfrutas haciéndolo?

-Si… Me divierte ver que nunca te acostumbras…- susurró en su oído.

-Creía que dormías… ¿Te he despertado?

-No, nena.

-Nunca te veo dormir…. ¿cómo le haces?

-Duermo poco… ¿Otra vez desvelándote por trabajo?

-Si… la fecha está cerca y aún falta bastante…

-¿Y qué pintas ahora…? ¿Un ángel?-miró el libro del cual la muchacha copiaba el retrato- ¡Oh…!- dijo con tono burlón- ¡El arcángel Miguel…! Es un presumido…. ¡Mírenme…! ¡Soy San Miguel Arcángel y destruiré a Satán con mi rizador de cabellos….!- agregó con una mezcla de sarcasmo y rencor.

-Jajaja!... Es verdad… es espantoso…- confesó ella suspirando.

-No… es muy bueno… pintas más que bien…

-No hablo de eso… Hablo de la pintura… Bueno, no… tampoco… Es perfecta… Me refiero al aspecto del ángel en sí mismo. Es justo como tú lo has dicho: parece un metrosexual… Y no solo éste. En muchas pinturas. Luce como un presumido…. Quiero decir, éstos tipos libraron grandes batallas en el cielo, ¿es así como se supone que luce un gran guerrero? ¡Deben ser unos cabronazos!- enfatizó casi con enojo.

Ed rió con ganas.

- Imagino que era el ideal de belleza que tenía la gente en esa época…Y ¿cómo se supone que debe lucir un ángel, según tu opinión?- le interrogó pensativo.

-Te mostraré algo… nunca se lo he mostrado a nadie…

Dejó sus elementos de trabajo y fue al dormitorio. Volvió enseguida con una carpeta entre sus manos ahora temblorosas. Parecía emocionada.

-A papá le molestaba todo esto, decía que solo eran sueños, que dejara de creer que todo era verdad. Pero es que… ERA TAN REAL….

-¿Qué cosa?

-Desde que era pequeña solía soñar con un ser muy extraño…hablaba un lenguaje que yo nunca había escuchado, con palabras que yo no era capaz de repetir al despertar, sin embargo comprendía lo que me decía. Y siempre pensé que era un ángel….

Sacó unas viejas hojas de papel y se las mostró, emocionada. Eran dibujos.

Él frunció el ceño, con gesto severo y pensativo. Contempló los dibujos durante largos segundos… Es que… conocía ese rostro…

-¡¿Qué te pasa, cariño?! Estás pálido –se acercó a él y besando la comisura de su boca dijo-¡Parece que viste un fantasma!-

-Nnnno….no es nada… es que luce algo… aterrador… es todo. ¿Te imaginas si alguien pintara esto en la bóveda de una capilla…? Los fieles salirían de ahí aterrados….

-Pues a mí nunca me dio miedo… y eso que era muy cría cuando comencé a soñarle… creo que desde que tengo memoria consciente…


Seis meses después…

Habían pasado una gran noche juntos… y definitivamente aun no llegaba a su fin. Ella se había salido de sus casillas otra vez. Siempre por el mismo motivo…su falta de seriedad…. Erika amaba la personalidad de Edward, pero siempre acababa enojándose…

Parecía como si él se esforzara por hacerle perder el control. Habían peleado acaloradamente, y se habían reconciliado de la misma forma.

Se levantó de la cama por un poco de agua, aún era de noche y encontró una pequeña caja sobre la mesa. Estaba decorada con un moño color rojo. Él se las había ingeniado para dejarlo ahí sin que se ella se diera cuenta. Tenía esa costumbre.

-Feliz cumpleaños…- murmuró en su oído mientras le abrazaba por la espalda.

-Gracias…. Le dijo ella acariciando sus manos que ahora se posaban sobre sus caderas.

Cogió la cajita y la abrió. Dentro había una especie de dije. Un colgante que parecía un sol, como los que se ven en algunos escudos y banderas, pero en su interior no había un rostro, había un pentáculo. Estaba sujeto a un cordel negro, de esos que se usan generalmente para hacer collares.

-¡Qué bonito!- exclamó ella.

-¿De verdad te gusta?-

-Si… es extraño, pero bonito.

-Lo vi en una tienda...-mintió él- y sentí el impulso de obsequiártelo…La mujer que me lo vendió dijo que es mágico…

-¿En verdad?

-Si. Dijo que ahuyenta al mal.- hablaba mientras se lo ponía en el cuello- No te lo quites jamás…Prométemelo…-ahora la miraba fijamente a los ojos.

-Te lo tomas muy enserio…-dijo ella, con algo de preocupación.

-Por favor. Dime que siempre lo llevarás…-le suplicó.

Esa actitud no era común en él.

-Si… lo juro. Lo llevaré siempre. Lo prometo.

Lo cierto es que aquél dibujo le había preocupado. Era una muy clara señal de lo que se venía. Y deseaba protegerla todo lo que pudiera. Aunque no sabía si estaba haciendo lo correcto.

Por la noche algunos pocos invitados empezaron a llegar. Erika no disfrutaba de las fiestas, pero sí de la compañía de muchas de las personas que había conocido desde que llegó a esa ciudad. Beth, Julian, Lisa y Tom no se perderían de acompañarla. Aunque esos chicos ya no eran sus alumnos les seguía teniendo gran afecto. También Lilly, su vecina, se había acercado a su departamento esa noche. Habían simpatizado mucho desde el principio, y la había acompañado durante los duros momentos que Paul le había hecho pasar. Sí, aún vivía en el departamento de su ex novio… el contrato ya estaba firmado y al propietario no le molestó la idea de que la chica continuara viviendo ahí el resto del plazo acordado, siempre que no se atrasara con la renta.

La noche transcurría animada y tranquila cuando el timbre sonó inesperadamente. Erika se preguntó quién podría ser, ya que no esperaba a nadie más. La sorpresa le invadió por completo cuando abrió la puerta. Eran sus padres.

-Hola, cielo- dijo su madre, con un rastro de emoción en su voz y en sus ojos.

-Mamá….-le abrazó cuando su mente se recuperó de la sorpresa.

-Papá…

-Hola linda- dijo Mark.

Les invitó a pasar y presentó a todos, dejando a Edward para el final.

-….Y os presento a Ed Coleman…Él y yo… estamos saliendo…

Nancy lo miró con una emoción tan grande que resultó difícil de disimular.

-Encantado Nancy… Mark... dijo estrechando sus manos respectivamente. Sintió alivio al comprobar que él no notaba nada sospechoso en esa circunstancia.

Nancy emanaba una fuerza impresionante. Se la notaba fuerte y decidida. Tenía el aspecto de esas mujeres que siempre lo tienen todo bajo control. Una mujer observadora y sagaz. Todo eso enmarcado por su fuerte aspecto latino que la hacía ver como una guerrera.

Mark, en cambio denotaba un carácter algo más impulsivo, seguro que frecuentaba meter la pata por seguir su instinto. Aunque ese instinto era muy fuerte, y casi siempre acertado. Igual que el de su hija.

Erika deseaba intensamente que sus padres no intentaran indagar demasiado en la persona de Ed. Ya era difícil para ella entender como había pasado casi dos años con un tipo del que casi nada sabía, como para que ellos se lo cuestionaran además.

-Y… cuéntanos, donde conociste a tu chico- preguntó Nancy, con algo de emoción, sentimiento que nacía en la certeza de que su hija de verdad lo amaba. Se veía en su rostro. La vio feliz, como pocas veces antes. La mirada de la chica se llenaba de luz cuando se cruzaba con los ojos de ese hombre.

-Trabaja en el campus- respondió-

-¿Y qué es lo que haces ahí, Ed?- le interrogó Mark.

-Soy el conserje- le respondió con seguridad.

-¿El…conserje…?- dudó Mark.

-Si.- volvió a afirmar con mayor seguridad.

Los invitados se habían retirado Y Ed preguntó a Erika si deseaba quedarse sola con sus padres.

-No tengo problema. Me iré a casa. O puedo volver mas tarde, si lo deseas…

-Pues… deberías irte. Creo que esto va para largo…

-Bien. Te veo mañana. ¿Si?... Llámame. A cualquier hora…

Se despidió y se marchó.

La intimidad familiar pareció crear un clima tenso y algo incómodo.

-Nos alegra verte tan feliz, cielo.- dijo Nancy mientras llevaba la taza de café a sus labios.

-Me deja muy tranquilo saber que ya no estás que ese imbécil…-dijo Mark

-Papá…-le interrumpió su hija- no vuelvas con eso… ¿quieres? Lo admito, yo me equivocaba, tú tenías razón… como siempre…- le reprochó la chica.

-No me interrumpas- sentenció el padre- Me alegra verte bien… pero...cielo…sales con el conserje…

-Mark… ¡por favor! No te reconozco. Tú jamás has puesto el status de una persona por sobre la felicidad de tu hija -sentenció su esposa.

-No he terminado...Que además debe tener al menos 15 años más que tú… ¿Vives con él?

-No. ¡Pero es un buen hombre! Y para que lo sepas… gana el triple que yo…

-Ese es otro tema… ¿por qué te empeñas en tener una vida difícil si en casa lo tienes todo…?

-Mark… no quiero empezar a discutir de eso otra vez…-le reprochó Erika

-¡No me digas Mark!- respondió ofuscado.

-Amor… por favor. Tengamos una conversación relajada- le rogó su esposa.- Es un buen hombre y le cuidará, tan bien como tú… te lo prometo…

-¿Cómo estás tan segura?

-Solo…lo sé… lo intuyo… y a veces debes darle crédito a tu hija. Es lista… ¿o no lo sabes? Y debes dejar que se equivoque…de otra forma nunca aprenderá a vivir.

Erika miró a su madre como si fuera la primera vez que le veía… Siempre le había apoyado pero es la primera vez que le veía poner a Mark en su lugar. Aunque era una mujer de carácter firme nunca había llevado la contra a su esposo. ¡Y vaya que supo como hacerlo! Él no pudo responder.

-Aunque nunca estuvimos de acuerdo con la vida que decidiste llevar- dijo él cuando hubo encontrado las palabras- siempre estuvimos orgullosos de ti, hija- sus ojos se llenaron de lágrimas que intentaba retener.


-Disculpa- dijo Nancy deteniendo a uno de los jóvenes que salía de Crawford Hall- ¿sabes dónde encuentro al conserje?

-Supongo que en subsuelo.- fue la respuesta

-Gracias.

Efectivamente allí le encontró.

-Hola.- le dijo con amabilidad.

-Hola. -Respondió el, sin signo alguno de sorpresa.

-¿Así que…Edward…? ¿No?

-Ni se te ocurra llamarme por ese nombre.- le advirtió con algo de tristeza.

-¿Qué nombre?

-Ese que tienes en tu mente justo ahora…- dijo señalando a la mujer con el dedo índice

-De acuerdo…solo quería decirte que jamás se lo conté a nadie…es un secreto que llevaré a mi tumba. Tienes mi palabra.

-Gracias.- le dijo él… esquivando su mirada.

-Gracias a ti por lo que hiciste por mi niña… o lo que harás… o lo que haces…-sus pensamientos se confundían con sus recuerdos y le impedían razonar con coherencia. Es que no era fácil para su mente asimilarlo…

-Lo cierto es que no sé si lo que hice, y lo que ahora hago es lo correcto…

- ¿Ella no sabe quién eres?- continuó Nancy-

-No.

-Pero lo sabrá eventualmente.

-Cuando sea el momento…

-¿Tú le diste el amuleto antiposesión, verdad?

-Si.- sentenció el hombre.

-¿Está en peligro?

-No lo sé. Y si lo está, también lo estamos todos…. Aunque no se si eso te consuele.

-¿Qué tiene de especial? ¿Por qué les interesa tanto?

-No puedo decírtelo.

-¿No puedes o no quieres?

-Las dos cosas. Ni siquiera es correcto que yo esté interviniendo de esta manera. Ella debe tomar sus decisiones por su cuenta…

-No sé por que… pero confío en ti… y me sentí muy aliviada al ver que te tiene a su lado. Gracias de nuevo- le dijo. Y se marchó.