Un mes había pasado y la relación entre las dos hermanas solo hacía que empeorar, la presencia de Merida en casa solo enfurecía a Anna, los primeros días dejo bien clara su postura, tratando con desprecio y de forma grosera a la pelirroja, ante eso Elsa decidió minimizar las visitas de Merida o directamente no llevarla a casa y optar por verse en casa de Merida o ir a tomar algo. Elsa no quería enfadar más a Anna, pero tampoco iba a dejar a Merida de lado, ya que el comportamiento de Anna, aunque comprensible, era del todo infantil e inmaduro. Aun así Elsa podía lidiar perfectamente con ese comportamiento, quizá solo se hablara con Anna para discutir o para que su hermana la insultara y le recordara lo mal que se había comportado, pero desde hacía unas Anna paso del desprecio a la más completa indiferencia, antes cuando se cruzaban por los pasillos Anna se molestaba en mirarla, aunque fuera una mirada llena de rencor, antes hablaba con ella, aunque fuera para gritarse, antes aunque fuera poco sabía que era de la vida de su hermana... ahora no la miraba, no le gritaba y no sabía absolutamente nada de que hacía Anna en su día a día, ¿qué causó ese cambo en el comportamiento de Anna? Dos domingos atrás por primera vez Anna llevó a Hans a casa.

Elsa estaba tumbada en el sofá disfrutando de su día libre, lo único que quería era tranquilidad, de hecho la tenía, estaba sola en casa, mirando si serie favorita, con una cerveza y unas olivas, total mente relajada después de una semana de duro trabajo, pero esa calma se esfumo cuando escucho la puerta de entrada abrirse y las risas de Anna y Hans. Por un segundo, solo por uno, Elsa deseo que la risa masculina fuera de Kristoff, pero pronto pudo ver las patillas pelirrojas.

-!Elsa¡ cuanto tiempo -dijo Hans sonriendo.

-Hola Hans -dijo Elsa con pocas ganas volviéndose a tumbar en el sofá intentando calmarse, el simple hecho de ver a Hans ya la había mosqueado, pero hoy era su día de relax y nadie se lo iba a estropear.

-Espera aquí Hans voy a cambiarme y nos podremos ir -dijo Anna dándole un beso en la mejilla, Hans se sentó en el reposa brazos del sofá contiguo al que estaba Elsa.

-¿Bueno Elsa como has estado?

-Eso no es asunto tuyo Hans.

-¿Estas molesta porque estoy con Anna? Te dije que si no podía estar contigo pues estaría con alguien parecido a ti y nadie mejor que tu querida hermana, aunque el sentimiento de aprecio no parece ser mutuo, no se que le has hecho pero te tiene mucha tirria, la verdad es que me has facilitado mucho el trabajo, la has lanzado a mis brazos literalmente -Elsa se sentó y miro a Hans.

-Escúchame Hans como le hagas daño a Anna -dijo amenazante pero Hans la corto antes de que pudiera terminar su amenaza.

-¿Daño? De eso ya te encargas tú.

-Lo que ha pasado entre nosotras dos a ti no te incumbe, así que cierra la boca -dijo Elsa levantándose, Hans imitó su acción, estando ahora frente a frente y aunque Hans le sacara casi media cabeza, Elsa se mantuvo firme.

-Eh tranquila fiera, a mi me da igual lo que le hayas hecho, como te he dicho me has hecho un favor, ahora puedo hacer con ella lo que quiera -dijo sonriendo.

-Hans como le toques un solo pelo.

-¿Pelo? !Ja¡ lo que voy a hacer va a ser follármela hasta que llore -y Elsa tuvo suficiente, sujeto a Hans de la camisa y lo estampo contra la pared lo más fuerte que pudo.

-Como se te ocurra ponerle una mano encima te mato Hans, te juro que lo haré -gritó Elsa. Anna al escucharla fue lo más rápido que pudo hacía el salón, al ver la situación corrió hacia Elsa, la sujeto de los hombros y la aparto de Hans.

-¿Se puede saber que haces Elsa? -dijo Anna enfadada.

-Anna... él... -Anna alzo la mano para hacer callar a Elsa.

-Mira Elsa me da igual, pero esto ya era lo último que me esperaba de ti, ¿tanto te cuesta entender qué quiero hacer mi vida?, ¿qué quiero estar con Hans?

-Pero Anna escúchame por favor él...

-Te he dicho que me da igual Elsa, no quiero escuchar ni una más de tus mentiras -Anna sujeto la mano de Hans -me voy, no vendré a dormir. Vamos Hans -antes de que salieran por la puerta Hans sonrió a Elsa.

Desde ese día Elsa era invisible para Anna, si tenía que pedirle algo le dejaba una nota y hacía todo lo posible por no coincidir con ella. Esa indiferencia estaba matando a Elsa, sin duda era mucho peor que el desprecio, durante las discusiones con su hermana al menos podía interactuar con ella, aunque no fuera del modo que ella quería, pero al menos era algo, ahora no tenía nada. A eso tenía que sumar a la situación que también tenía que soportar ver a Hans casi todos los días, verlo disfrutar de la cocina de Anna, una que ella hacía mucho que no probaba, verlo besarse con su hermana, verlo acariciándola... verlo hacer todas esas cosas que ella podría hacer si no hubieran nacido hermanas. Y para redondearlo veía a Anna reír todos los días, otra persona que no era ella le hacía reír, esa preciosa risa que se clavaba en lo más hondo de su alma, recordandole día tras día, el más grande de sus fracasos. Lo que Elsa no sabía es que aunque Anna riera con Hans, ella estaba muy lejos de ser feliz.

Merida la prometió ayudarla en arreglar las cosas con Anna, pero la relación con su hermana estaba muerta y enterrada, y la misma Elsa había sido la causante.

Dos semanas y media después de aquello Merida estaba en su casa, preparándose las oposiciones para profesora de educación física cuando recibió una llamada que hizo que el miedo corriera por sus venas, aunque también cabe añadir que Merida solía exagerar las cosas.

Aunque prefería ir en moto esta vez tubo que coger su coche y puso rumbo al almacén donde trabajaba Elsa. Cuando llegó le dijeron que fuera a la oficina del jefe, al entrar vio a Elsa sentada en una pequeña butaca con una expresión de dolor en el rostro, se acercó a ella y se arrodilló a su lado.

-¿Estás bien Elsa? -dijo preocupada.

-Sí, tranquila solo ha sido un tirón en las lumbares, estoy bien.

-No Elsa, no estas bien -dijo un hombre que hasta ahora había pasado desapercibido para Merida, era un hombre no mucho mayor que ella con un peinado bastante moderno, pero lo que más le sorprendió fue el color, totalmente blanco. El hombre se acercó a Merida y extendió su mano para saludar -Soy Jack el jefe de Elsa.

-Merida una amiga, ¿qué ha pasado?

-A parte de que ha venido apenas sin dormir, lleva tiempo esforzándose demasiado, hay días que ella sola hace el trabajo de dos hombres y al final le ha pasado factura.

-Te dije que tuvieras cuidado Elsa -le reprocho Merida.

-Ella no me dijo que tenía la espalda lesionada, si lo hubiera sabido no le habría dado el trabajo -dijo Jack.

-Es una cabezota, no se da cuenta de que todos tenemos limites.

-Podéis dejar de hablar como si yo no estuviera aquí -dijo Elsa con evidente cansancio en su voz.

-No hasta que entiendas que no eres superman -dijo Merida.

-Sé que no soy superman, pero necesito el trabajo.

-No uno que te vaya a matar.

-Que exagerada eres.

-Matarte no, pero si puedes acabar con problemas mucho peores en la espalda, escúchame bien Elsa, no te voy a despedir porque se que te hace falta el dinero, pero, te vas a tomar el resto de la semana de descanso y el lunes te quiero aquí al cien por cien y quiero que te tomes las cosas con calma si esto vuelve a pasar, lo siento mucho pero estarás fuera -dijo Jack.

-Jack no puedes despedirme, necesito el trabajo.

-Pues más te vale empezar a cuidarte, porque esto no ha sido solo de cargar cajas, ha sido que llevas bastante tiempo viniendo a trabajar como un zombi.

-Esta bien, lo entiendo.

-Bien, vete a casa a descansar.

-Gracias Jack.

Merida ayudo a Elsa a llegar al coche, aunque Elsa le insistió en que podía caminar sola la pelirroja fue más insistente. El trayecto a casa de Elsa fue en silencio, Merida quiso darle un descanso a Elsa, solo hacía falta mirar las ojeras de sus ojos para ver que estaba exhausta. Finalmente llegaron a casa de Elsa, Merida se quitó el cinturón y antes de que pudiera salir del coche Elsa la paro.

-Merida te agradezco mucho que me hayas traído, pero no creo que sea buena idea que entres, si Anna te ve se va a liar y hoy si que no quiero discutir con nadie.

-Escúchame Elsa, voy a entrar y me voy a quedar contigo hasta que se te calme un poco el dolor y me da igual que Anna se enfade, ya puede hacer todos los berrinches que quiera, ahora no puedes estar sola, así que se va a tener que aguantar y no hay nada que puedas decir para impedirme entrar en tu casa.

-Sabes que te podría denunciar por allanamiento de morada verdad -dijo Elsa sonriendo.

-Hazlo si eres capaz -dijo Merida bajando del coche.

De nuevo Merida ayudo a Elsa a caminar, fueron a la habitación de Elsa, Merida iba a hacer tumbar a Elsa en la cama pero la rubia la paro.

-No, antes quiero ducharme, si me tumbo me va a costar mucho levantarme.

-Vale...mmm... ¿necesitas ayuda? -dijo Merida sonrojandose.

-No, no tranquila puedo sola.

-Vale, pues aquí te espero.

Merida espero a que Elsa se duchara y eso le dejo tiempo para pensar. No podía seguir soportando esa situación, hasta un ciego vería que ella sentía por Elsa algo más que una amistad y día a día esos sentimientos no paraban de crecer, quería ayudar a Elsa pero no sabía como, quería que Elsa le diera una oportunidad, pero también veía que los sentimientos de Elsa hacia su hermana eran incluso mayores de los que ella misma sentía por la rubia, pero no podía entender como después de como Anna había estado tratando a Elsa, la rubia siguiera queriéndola igual, sí, era cierto que Elsa no se había comportado del todo bien, pero Anna ya se estaba pasando de la raya. Y lo que más le perturbaba es que sabía que Elsa creía merecer todos esos malos tratos e incluso más.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Elsa entro en la habitación, vestida con un pijama a cuadros y el cabello suelto.

-¿Mejor? -dijo Merida sonriendo e intentando ocultar sus nervios, sin duda el cabello suelto favorecía a la rubia.

-Sí, una buena ducha siempre lo arregla todo.

-Bueno... oye ¿te suelen dar muy a menudo estos dolores en las lumbares?

-La verdad es que desde que empece a hacer ejercicio no me ha dado -dijo Elsa sentándose al lado de Merida.

-¿Y sigues haciendo tus ejercicios?

-No, no tengo fuerzas para hacerlos, acabo reventada todos los días.

-Pues vas a volver a hacerlos, sino yo misma te voy a obligar, haré de tu entrenadora personal.

-A sus ordenes -dijo Elsa riendo.

-¿Oye porqué me has llamado a mi y no a Anna?

-No creo que hubiera venido, además ella no tiene carnet de conducir.

-Osea que me has llamado simplemente para que te hiciera de chofer, vale vale -dijo intentando aparentar estar dolida.

-Eh eso no es así, no tergiverses mis palabras.

-Lo sé tonta...-quedaron unos minutos en silencio hasta que Merida volvió a hablar- Quieres... quieres... -Merida sabía que podía mal interpretarse lo que le iba a decir, pero quería hacerlo con su mejor intención -bueno... quieres que te de un masaje.

-¿Sabes dar masajes? -dijo Elsa arqueando una ceja.

-Sí, mi padre suele tener dolores de estos y aprendí por él.

-Oh, eso es muy dulce de tu parte.

-Sí... ¿te han dado alguna vez uno? -dijo Merida intentando no darle importancia.

-Sí, Anna también aprendió, cuando me paso por primera vez estaba con ella y se asusto mucho así que bueno, dijo que ella sería mi masajista personal... pero ya hace mucho desde el último.

-Bueno si quieres puedo ahora puedo ser yo tu masajista personal -dijo Merida mordiéndose el labio.

-Merida... no sé -dijo Elsa sin saber que decir, veía por donde iba la conversación.

-Elsa simplemente como amigas, no te voy a dejar con ese dolor sabiendo que yo puedo calmarlo un poco.

-Esta bien -dijo Elsa relajando sus hombros.

-Quítate la camiseta, ponte boca abajo y relájate que del resto me encargo yo.

Mientras Elsa se quitaba la camiseta Merida fue el baño a por crema hidratante para que las manos resbalaran mejor, entro en la habitación, sin cerrar la puerta se fue hasta la cama y se coloco entre las piernas de Elsa. Merida comenzó trabajando sus lumbares, era la zona que más atención necesitaba y de lejos.

-Sí que se te da bien... -dijo Elsa con la voz adormilada.

-Te dije que te ibas a relajar -dijo continuando con sus cuidados.

Fue subiendo poco a poco, quitando cada nudo y relajando los músculos de la espalda de la rubia, cuando llegó a sus hombros se dio cuenta de que estaban realmente tensos, sin duda debido a todo el estrés provocado por la situación con Anna. Cierto es que en algún momento Merida le hacía daño, pero eso forma parte de proceso de un buen masaje, pero después la pelirroja supo recompensarla, cuando ya había quitado todos los nudos y la tensión de sus hombros había disminuido comenzó otro tipo de masaje, uno realmente relajante haciendo que Elsa poco a poco se quedara dormida, cuando Merida noto que las respiraciones de Elsa se fueron haciendo más pesadas y profundas detuvo sus cuidados, se separó de Elsa y se sentó a su lado, aparto unos mechones que caían sobre su cara y le acarició la mejilla.

-Lo que daría por que me quisieras un cuarto de lo que quieres a Anna... no te mereces vivir así Elsa, no paras de hablar de la felicidad de Anna y yo no puedo parar de pensar en la tuya, si te comportaste mal, pero ya has pagado de sobras por ese error... pero hasta que tu misma te perdones... Anna tampoco lo hará -le dio un beso en la mejilla, arropo su cuerpo hasta la cintura y salió de la habitación, al pasar por el salón para coger su chaqueta se encontró con Anna sentada en el sofá mirando a algún punto muerto de la sala. Merida carraspeó para llamar su atención.

-¿Qué haces aquí? -dijo Anna fríamente.

-Tu hermana me llamo del trabajo para que la fuera a buscar, le ha dado esos dolores lumbares que le dan a ella y no podía conducir, así que la he traído a casa.

-Bien, ahora ya puedes irte -dijo del mismo modo.

-Sí, pero antes me vas a escuchar -dijo Merida ya harta del comportamiento de Anna -No se que fue exactamente lo que te hizo Elsa -mintió, pero tampoco debía decirle que sabía la verdad, solo lo haría todo peor -pero solo sé que por muy malo que fuera sin duda ya ha pagado suficiente y si que sé que fue algo realmente malo, porque Elsa misma se odia por lo que te hizo, pero también sé que no lo hizo con mala intención. Anna estoy harta de ver como Elsa sufre por toda esta situación y tu no haces más que comportarte como una cría inmadura, te hizo daño, sí, pero hay que perdonar y más aun a alguien que te quiere tanto como Elsa, créeme te quiere mucho más de lo que podrías llegar a imaginar...-Anna apartó la mirada avergonzada, ella misma sabia que estaba tratando a Elsa de manera demasiado ruda -me voy ella esta dormida, por favor hoy cuida de ella, tu mejor que nadie sabe como son esos episodios en ella y sabes que no puede hacerlo todo por si misma -Merida espero a que Anna contestara pero solo recibió un asentimiento con la cabeza, pero tuvo suficiente, la verdad es que se esperaba que Anna comenzara a gritarle, quizá sus palabras habían tenido efecto.

Y si por supuesto que lo tuvieron, pero Anna ya llevaba días sintiéndose mal por tratar a Elsa de ese modo, le costaba seguir odiándola cuando la veía esforzarse de ese modo por que a ella no le faltara de nada. Anna llevaba días viendo que Elsa iba a acabar petando, vivía con ella a fin de cuentas y podía ver día a día como su hermana llegaba a casa cansada, con ojeras bajo sus ojos, frotándose la espalda, viendo las muecas de dolor que hacia al sentarse... quería acercarse ha ella y ayudarla como hacía antes, pero no se atrevía a hacerlo. Pero lo que más influyo en Anna para que empezara a abrir los ojos fue algo que había pasado hacía pocos minutos.

Cuando llegó a casa vio la chaqueta de Merida, así que sin dudarlo fue a la habitación de su hermana ¿para qué? Ni ella misma lo sabía, pero cuando llegó no pudo decir nada, ver a Merida dándole el masaje a Elsa le dolió mucho más que ver aquel beso, ¿porqué? Porque a fin de cuentas Elsa había besado a muchas chicas, pero solo ella había tenido el privilegio de darle un masaje.

Después de que Merida le dijera lo que le había pasado hoy a Elsa decidió ponerle fin a toda esa situación sin sentido, no estaba beneficiando a nadie, así que mejor pararla cuando todavía estaba a tiempo. Había una idea que recorría la mente de Anna... una idea realmente loca, pero que explicaba porque su hermana se acostó con ella para darle luego la patada, iba a ser difícil hablar con Elsa sobre el tema, pero era necesario.

Después de preparar la cena fue a la habitación de Elsa y se sentó junto a ella, inconscientemente acarició la espalda de Elsa y recordó la última vez que se había sentado en esa cama... el mismo día que decidió luchar por Elsa, hoy también estaba decidida a luchar, pero esta vez era por recuperar su relación de hermanas. Anna suspiro hondo y movió suavemente el hombro de la rubia.

-Elsa despierta -dijo con naturalidad. Elsa abrió los ojos despacio y cuando se encontró a Anna, en su cama, sonriendole no se lo podía creer. Intentó sentarse en la cama de forma demasiado brusca y aunque Merida había hecho un buen trabajo eso no impidió que el dolor de su espalda la golpeara con fuerza -tranquila Elsa, tranquila -dijo sujetándola de la cintura ayudándola a sentarse, hacía más de un mes que no se tocaban y aquel pequeño contacto envió una pequeña descarga a los nervios de las dos chicas.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Elsa con un hilo de voz.

-He preparado la cena y bueno... me gustaría que te unieras a mi y habláramos -la sonrisa de Elsa no podía ser más grande.

-Sí, claro enseguida voy.

-¿Quieres que te ayude a caminar? -dijo Anna levantándose.

-Tranquila puedo sola.

Anna le regalo una última sonrisa y salió de la habitación, Elsa tan rápido como pudo se puso la camiseta del pijama y fue a la cocina. Una pizza casera había sobre la mesa, la boca se le hizo agua, sin duda Anna era una gran cocinera. Elsa se sentó frente a Anna y comenzaron a comer, en silencio al principio, Elsa no quería decir nada que arruinara el momento y Anna no sabía como abordar el tema, después de casi quince minutos Anna habló.

-Bueno Elsa... primero quiero disculparme por como me he comportado últimamente, sin duda a sido un comportamiento muy infantil y totalmente desproporcionado.

-No Anna... es normal, yo no debía haberte tratado de ese modo.

-No, no tenías el derecho de hacerlo, aunque creo saber el motivo -dijo Anna dejando de comer para poner todos sus sentidos en el tema

-¿Como que crees saber el porqué? -dijo Elsa pálida.

-Bueno Elsa esta claro que nadie se acuesta con su propia hermana y luego le da la espalda a no ser que tenga un problema.

-No se a donde quieres llegar Anna.

-Elsa creo que eres adicta al sexo -dijo sin más, mejor decirlo directamente que andarse por las ramas. Elsa no supo si reírse o enfadarse, ¿como Anna había llegado a semejante conclusión?

-Anna no soy adicta al sexo.

-Elsa no pasa nada, mucha gente lo es, puedes ir a un psicólogo y que te lo trate, yo estaré a tu lado durante todo el proceso.

-Anna no soy adicta al sexo -repitió Elsa.

-No te avergüenzas Elsa, el primer paso es admitirlo -insistió Anna.

-Anna no hay nada que admitir porque no lo soy, si lo fuera no habría estado un mes sin acostarme con nadie.

-Elsa no me mientas, se que te acuestas con Merida.

-Merida y yo solo somos amigas, nos hemos besado, sí, pero solo una vez, desde que paso eso entre nosotras no he vuelto a estar con nadie -confeso Elsa.

-¿Porqué? -dijo Anna sorprendida y con una pizca de esperanza.

-Porque no puedo -dijo Elsa sin mirar a Anna -discúlpame estoy muy cansada, me voy a la habitación, la pizza estaba muy rica Anna, echaba de menos tus comidas -dijo Elsa levantándose, no podía estar en frente de Anna o no iba a poder controlarse, ya había dicho algo que no debía.

-Vale... gracias.

Anna no sabía que pensar, ¿porqué Elsa había dicho que no podía acostarse con nadie más después de ella? Solo una idea le venía a la cabeza, pero esa era aun más descabellada que la idea de que Elsa fuera adicta al sexo... no definitivamente eso no podía ser se repetía Anna... pero sino ¿qué impedía a Elsa tocar a otra mujer?

Y exactamente lo que Anna se negaba a si misma era la más pura realidad, que Elsa después de haber estado con ella no podía estar con otra porque en realidad estaba enamorada de Anna, pero la pelirroja se lo negaba porque no quería volver a ilusionarse para caer desde lo más alto de nuevo.