Advertencia: Ya saben que nada de esto me pertenece y lo hago sin fines de lucro. Sólo quería recordarles que este fic es para mayores de 13 o 14 años porque tiene temáticas (o más bien, una temática) no apta para todas las edad. Ah, y que si a veces se me pasa la mano con algunas expresiones que usa Ron, lo dije en el principio del fic. Y eso. Espero que les guste el capítulo :).
Capítulo 8: 'Fantasía sexual con el hurón'
La mirada de Harry era de alegría pura. Y amor. Ella no pudo evitar de sonreír sabiendo que después lamentaría el dolor en los músculos de su rostro por su muestra de felicidad máxima. Era algo conocido y a la vez extraño saberse querida con esa mirada verde que la examinaba atentamente. Muchas veces había visto a hombres o mujeres que miraban así a su pareja, y le daba ganas de vomitar por ver lo patético y abstraídos del mundo que parecían, pero sólo podía aceptar esa mirada de Harry. Y estaba segura que ella lo miraba muchas veces así. O al menos, cuando se lo permitía, porque no quería lucir como una estúpida. Sólo podía lucir como una estúpida ante él. A la vez, era extraño porque parecía que esa mirada provenía de una época lejana, casi inverosímil de su vida.
Sin saber cómo, sus manos se encontraron antes que pudieran siquiera en analizar el movimiento, y sus dedos comenzaron a acariciarse como si hubieran esperado largo tiempo para hacerlo.
-Con que debo ser original a mi manera… - dijo Harry con muchas palabras estancadas en su mente, pero sin querer realizarlas. Iba a arruinar el momento.
-Sí, tu última oportunidad – Ginny se mordió el labio inferior dudosa de agregar algo. Después de unos breves segundos volvió a tomar la palabra -. También quería… advertirte que no hagas nada cursi. Y los límites son: Nada de chocolates con forma de corazón, peluches suavecitos que tienen un corazón en sus manos; y, excursiones en plena oscuridad, lanzarme de un acantilado, llevarme a nadar con tiburones o cocodrilos – finalizó agradeciendo que su rostro, caluroso y sonrosado, parecía hacer vuelto a la normalidad al haber cambiado de tema.
-Vale. Mensaje captado – Harry rió torpemente.
Su dedo pulgar recorrió toda la blanca y suave palma de la pequeña mano de Ginny. Empezó a dar pequeños círculos mientras los dedos de la pelirroja se aferraban casi con necesidad y gusto a los suyos.
-¿Se te ha ocurrido alguna idea? – preguntó la muchacha apartando su mirada de la apretada venda de su tobillo, para mirarlo.
-Muchas, y las cuales no tendrás el placer de oír – contestó sonriendo.
-Que caballero – murmuró enarcando las cejas, haciéndose la ofendida.
-Por supuesto, un caballero no tiene memoria.
-Creo que estás robando mi estilo de bromas…
-¿Eso crees?
-No lo creo, lo sé – confirmó antes de reírse.
OoOoO
Bajó las escaleras abanicándose con las manos porque hacía demasiado calor. Pasó junto a la cocina pensando que haber hecho pollo al horno había sido una pésima idea, el calor en la casa era insufrible y para peor, era húmedo.
Encontró a Ron sentado en la pequeña escalinata del cobertizo. Se quedó unos segundos observando su desordenado cabello rojo moverse por la poca, pero agradable brisa que refrescaba. También se fijo en su ancha espalda. Suspiró sintiéndose demasiado tentada a examinar con detalle como su camisa de algodón se le pegaba un poco al cuerpo y marcaba su increíble espalda. A pesar de ser larguirucho, sí tenía qué mostrar. Pensó cómo sería verlo por delante. Su pecho. 'Parezco una acosadora sexual' se dijo molesta, aunque eso no quitó para nada su entusiasmo.
-¿Cansado? – Avanzó y le desordenó el pelo cariñosamente. El pelirrojo alzó la cabeza y le sonrió. Sus ojos celestes se entrecerraron debido al sol.
-Bastante – respondió levantando su brazo y tomó cariñosamente la mano de la chica, de pie a su lado – No todos los días tienes a una hermana dictadora.
-Al menos es una dictadora piadosa… Te dio un descanso.
Ron la tiró levemente para que ella se sentara. Hermione bajó dos de las escaleras y se agachó para sentarse, pero él la tiró nuevamente. Murmurando algo inaudible entendió el mensaje de su novio y se sentó en las piernas de éste.
-Eso quiere decir que tengo tiempo para tenerte conmigo.
-Vaya, no sabía que estuvieras tan desesperado para decirme eso – comentó alzando una ceja.
-El pésimo sarcasmo de Ginny es contagioso – dijo antes de besarla.
Se quedaron así por un buen rato. Las manos de Ron se dirigieron entre tocar los cabellos de Hermione como si fueran seda y recorrer su espalda, hasta posesionarse de la parte baja de ésta como si se fuera a escapar. Ella inclinó la cabeza para recibir más cómodamente los cálidos labios de Ron y sus dedos se deslizaron para jugar con el pelo color rojo.
Fue extraño hacerse consciente de lo grande y cálida que era la mano de Ron en su espalda, presionándola para estar más cerca de él. Parecía como si no pudieran dejar su lugar jamás y ni ella quería que su mano dejara de estar allí. A pesar que ella estuviera sentada de lado en sus piernas, tuviera que girar el cuello para atrapar la boca de él y poseer aquella presión que él ejercía con su mano en la parte baja de su espalda; sería incómodo si no fuera con él.
Sin saber cómo los labios de Ron dejaron de danzar con los de ella, y fueron a parar al lóbulo de su oreja. No pudo reprimir un ahogado ruidito de su garganta cuando él le dio una corta mordida allí.
Cuando abrió los ojos, su mirada bajó sin siquiera pensarlo. 'Mierda, la camisa sí que se le marca en el pecho' pensó antes que sus manos fueran a dar en su pecho y lo empezaron con lentitud, tocando lo duro y cálido que era. Se sintió de alguna forma invitada a seguir recorriéndolo, a seguir de esa forma.
No supieron cuántos segundos, minutos habían transcurrido. Estaban en su propio mundo. Siguieron disfrutando de aquellas nuevas, pero un poco conocidas sensaciones por mucho tiempo más hasta que sus miradas se encontraron. Sus ojos cafés se enfocaron en las pupilas celestes chispeantes.
Se separaron tan lento que pudieron sentir como el calor de sus cuerpos se iba disipando de a poco. El contacto visual jamás se perdió. Ambos trataban de leerse a través de sus miradas y a la vez agradecían no tener idea de cómo usar Legeremancia. Pero aunque ya no estaban besándose, la energía magnética no se perdió y la mano de Hermione que reposaba en su pierna recibió feliz a la de él.
-Er… - La muchacha no sabía qué decir. Ideas difusas y sentimientos arremolinados la confundían, y no era fácil aclarar todo cuando los dedos trazaban formas imaginarias el revés de su palma.
-No sé cómo decirlo – musitó Ron con vergüenza de iniciar el tema, pero tenía que hacerlo. Hermione era su novia y la amaba.
-¿Qué? – preguntó la castaña aliviada de no tener que hablar después de lo sucedido.
-Te amo – contestó esbozando una breve sonrisa.
-Creí que ya estaba solucionado… Yo también te amo – Sin querer su voz salió chillona por el nerviosismo.
-No es eso – Bajó su vista hacia la menuda mano de la castaña y siguió trazando dibujos con su dedo pulgar. ¿Cómo podría decirle que quería más?... ¿Cómo expresarle que la amaba tanto que sentía y quería compartir más? – Es tan difícil decirlo.
-Puedo esperar – dijo sin evitar sonreír y con la mano libre acarició su nuca.
-No sabes cuán feliz me hace que tengas paciencia… - comentó aún pensativo. Necesitaba ordenar las palabras para decírselo. Ciertamente no podía lanzarle la bomba de pronto. Tenía que elegir con precaución lo que diría. ¿Por qué mierda era tan difícil a su novia que quería tener sexo? Le desesperaba tener que pensar tanto, pero en el fondo lo entendía. Era un paso muy importante – Me gustaría tener un poco de tiempo para poder descifrar cómo decírtelo.
Él lucía bastante nervioso y exhausto, pero no menos guapo ni encantador. Su mano dejó de acariciar su nuca y se dirigió a su mejilla sonrosada. Con un dedo recorrió las pecas esparcidas en las mejillas y nariz, para luego detenerse en la barbilla dudosa. Su mirada la tranquilizaba, pero no podía dejar de preguntarle.
-¿Es positivo o negativo? – Él enarcó las cejas confundido por su pregunta y ella aclaró – Que me pidas tiempo. ¿Es bueno o malo?
-Todo depende – respondió con aire misterioso.
No volvieron a conversar. Tenían la idea que ya habían hablado demasiado y que si trataran de iniciar otro tema, sería muy incómodo. Y en el silencio acompañado por la suave brisa que hacía que el calor no fuera tan pesado, se agradecían por no decir nada.
La mano de Hermione siguió recorriendo las pecas del rostro de Ron y el dedo pulgar de Ron ya era un experto dibujando en el dorso de la mano de Hermione.
En poco tiempo el pelirrojo cerró los ojos y luego comenzó a roncar sonoramente. Hermione trató de aguantar la risa por el poco sexy ruido que salía de su boca y lo miró con ternura. Al parecer sí estaba muy cansado por cumplir todas las órdenes de Su Majestad Ginny.
Se encontraba tan absorta contemplando como el pecho de Ron subía y bajaba acompasadamente, que no oyó los pasos discretos de Harry.
-¿Puedo interrumpir? – inquirió Harry en el umbral de la puerta.
Ella se reclinó para poder ver que era él. Asintió con la cabeza sonriendo y con lentitud se levantó de las piernas del pelirrojo. Lamentó tener que soltar la mano de Ron y sintió como la piel del dorso de su mano derecha le hacía cosquillas por los imaginarios dibujos que hace poco él hacía.
Harry caminó hasta ella frunciendo el ceño al escuchar los ronquidos de su amigo.
-¿Ya se quedó dormido?
-Ginny lo agotó – dijo riendo. Vio la gran sonrisa del muchacho y preguntó - ¿Qué ocurrió allá arriba?
-Se cuenta el santo, pero no el milagro…
-¡Vamos, Harry! – le pidió curiosa.
-Me fue bastante bien. Aclaramos nuestras diferencias y quedamos en que tengo mi última oportunidad.
-Eso es genial – dijo contenta.
Su amigo siguió sonriendo, pero era de forma diferente. No era de felicidad ni enamoramiento como la de pocos segundos atrás. Era una sonrisa que ella misma había visto a Ginny usarla muchas veces con para manipularla, o pedirle un favor, como su amiga le decía. ¡Era la sonrisa de manipulación!
-Espera – Tomó aire y para seguir hablando exaltada – Estás sonriendo como Ginny. ¿Qué quieres pedirme?
-Eres mi mejor amiga, Hermione – empezó a decir juntando las manos, como si estuviera rezando, pero en forma de ruego – Necesito que alguien tan inteligente como tú me ayude a sorprender a Ginny.
-La última vez, Ginny tuvo un accidente y casi le causamos más trauma a la oscuridad – dijo sin caer en las palabras del chico.
-Pero ya no haré nada peligroso…
-No te voy a seguir ayudando en esto. ¿Por qué debería hacerlo?
-Porque verás a tus mejores amigos felices y juntos, además que te dejaré en paz – respondió tan resueltamente que Hermione crispó la boca dudosa si creerle o no – Prometo no pedirte favores en mucho tiempo… Por favor – Suspiró y se agachó un poco – Te juro que soy capaz de ponerme en rodillas y rogarte.
Hermione rompió a reír por las locuras de su amigo. Con un movimiento de la mano le pidió que recuperara la postura y se tranquilizó para poder hablar, bastante seria.
-Con tal que no haya nada truculento ni peligroso en tu plan… ¿Cuál sería la idea?
-Oh, Hermione, eres la mujer más increíble del mundo después de Ginny – Harry se acomodó los lentes - ¿Por qué no vamos adentro para discutir el plan de acción? Es riesgoso decir algo frente a Ron.
-¿Aunque duerma? – Se giró para ver de espaldas a su novio ladeado, con la cabeza apoyada en la madera que sostenía el pasamanos y roncando.
-Ron no es tan inocente.
Entraron a la casa después de lanzarle una última mirada al pelirrojo.
OoOoO
-Oh, Hermione, eres la mujer más increíble del mundo después de Ginny – dijo Harry tan emocionado que ella sonrío divertida - ¿Por qué no vamos adentro para discutir el plan de acción? Es riesgoso decir algo frente a Ron.
-¿Qué ocurre, Arnold? – preguntó dándose vuelta para ver a su mascota dando saltos para golpearle en la pantorrilla. La pequeña criatura de color rosa y peluda volvió a pegarle y dio un pequeño gemido suplicante, muy adorable para cualquier que lo hubiera escuchado – Déjame seguir escuchando… - le dijo mientras lo tomaba y le hacia cariño en la parte superior de su cuerpo con un dedo.
-Ron no es tan inocente – Se escuchó la voz de Harry y después unos pasos entrando.
Dejó a Arnold en el marco de la ventana y suspiró mirando el cielo.
Desde que era pequeña estaba a escuchar las conversaciones que tenía su familia en el porche. Aunque no pudiera ver debido al techito que lo cubría, sí era privilegiada por ser la primera ventana encima y oía todo con claridad. Así fue como se enteró que su madre quería comprarle una escoba a Ron por ser elegido prefecto cuando pasó a quinto año. Su mamá se oía muy feliz y orgullosa.
Se sentía mucho mejor después de hablar hablado con Harry. Un peso se le había ido de los hombros y podía pensar con más claridad. Había sido por fin sincera, bueno, ambos habían sido sinceros desde hacía mucho tiempo que no lo eran.
La única conclusión que le venía a la mente era que estar enamorada de Harry Potter siempre iba a ser difícil. Él ya por si era un hombre diferente y complicado en su propia manera de ser. Pero así lo quería. Fuera extraño, peleador, muy protector, despistado, extremista, con un genio terrible, cariñoso, adorable, tierno, sabía cuando callar en el momento necesario, dar el abrazo justo, elocuente, con ideas bastante locas, inteligente, con exceso de confianza y con un complejo de héroe que a ratos le atraía y otros la desesperaba. Lo amaba tal como era y él a ella.
-Estoy pensando en Harry… - dijo observando como Arnold volvía a darle golpecitos, ahora en su codo que reposaba en el marco, para atraer su atención. Cuando escuchó el nombre del chico, él frunció el ceño y bufó - ¿Por qué te molesta que piense en él? – Le empezó a hacer cariño con un dedo. Ginny adoraba sentir el suave pelaje de Arnold – Tienes que aceptar que me gusta… aunque me haya hecho sufrir mucho – agregó al ver la cara de su mascota y rió – Pero así es el amor. Hay altos y bajos. Él también ha sufrido – Arnold dejó de bufar, pero se ladeó mirando hacia el horizonte mostrándose aún enfadado – No sé qué te molesta más: Que hable de Harry o que hable como una adolescente enamorada.
Miró por unos breves instantes a Arnold y pensó en algo.
-Acabo de darme cuenta – musitó y él la vio confundido – Gracias por darme una gran idea, pequeño – Sonrió alegre y le guiñó un ojo. Arnold abrió los ojos sorprendidos y emitió un ruidito agudo de protesta – Oh, vamos, si no planeara algo, no sería yo… Te dejaré la ventana abierta para que te llegue algo de brisa. Supongo que tienes calor con tanto pelo.
Se dirigió a la puerta escuchando las protestas de su mascota y salió dando saltitos cortos mientras caminaba. Arnold sólo suspiró rindiéndose porque sabría que su dueña no cambiaría de idea.
Ginny volvió poco después con unos frascos de colores vibrantes y fuertes.
-Los gemelos me dejaron bastante cargamento – dijo buscando entre su baúl donde guardaba algunas de las cosas que llevaba a Hogwarts y no las usaba en el verano. Sacó su caldero y lo dejó en el escritorio – Esto será muy divertido.
Arnold miró con atención y sin hacer ruido cómo su dueña combinaba los líquidos de los frascos con cuidado. Primero usó el de color azul eléctrico, después uno fucsia, los revolvió e vacío por completo otro lleno de pelotitas amarillas. Nuevamente revolvió la mezcla en el caldero y buscó en el escritorio un libro. Abrió uno grande y desgastado, pasó rápidamente las hojas y sonrió al encontrar lo que quería. Volvió a revolver tres veces en el sentido de las manillas del reloj y dijo unas palabras, como de un encantamiento, apuntando con su varita el caldero. La mezcla burbujeó.
Volvió al baúl y extrajo un frasco limpio.
Con un movimiento de su varita, la mezcla, que era de un color verde tornasol, salió en un grueso hilo para introducirse en el frasco hasta llenarlo.
-Esto será un pequeño recordatorio para que Harry sepa que sigo siendo la misma siempre – dijo mostrándole el frasco a Arnold - ¿Tú crees que con éste calor Harry se de una ducha antes de la cena? – Él dio un salto como afirmación – Entonces, pequeño mío, tienes una cita conmigo para ver el espectáculo de la noche…
La pelirroja se río y Arnold la miró aún sin entender. Ella salió con el frasco en la mano y antes de cerrar la puerta, se cercioró que no hubiera nadie en las escaleras que la pudiera ver caminando, ya que estaba supuestamente con su venda inmovilizando su tobillo esquinzado. Lo único que sabía la diminuta y rosa criatura, es que algo le haría a Harry y él lo disfrutaría.
OoOoO
-¿Puedes colocar los vasos, Ron? – pregunto la señora Weasley mientras levantaba la tapa de la olla y vio cómo iba el guiso.
-Claro.
-¿Y qué planes tienen para mañana?
-La verdad no sé qué harán los otros, pero yo iré en la mañana a mi casa para buscar algo de ropa – dijo Hermione contando cuántos platos había en la gran torre encima de la mesa - ¿Los gemelos vienen?
-No sé, pero deja dos platos allí por si acaso… - Señaló la mujer al lado de los tarros de sal y pimienta.
Ron estiró bien el mantel y colocó los vasos al lado derecho de cada puesto. Cuando Hermione puso un plato en el puesto al que Ron había colocado el vaso, él le sonrió y le pellizcó la mejilla cariñosamente.
-¿Quieres que te acompañe mañana?
-No, está bien. Será muy rápido, así que no tienes por qué molestarte – Se frotó la mejilla e hizo un mohín – Odio que me pellizques.
-Por eso lo hago – Le sacó la lengua y fue a buscar más vasos para los puestos restantes.
Mientras seguía en su tarea de colocar los platos, suspiró. Realmente odiaba mentirle de esa forma a Ron, pero no podía decirle que iba a buscar lo necesario para el último plan de Harry. La mataría porque sería ayudarlo para que Ginny terminara en San Mungo esta vez. Aunque no era nada malo, ya que el plan de su amigo era mucho menos activo que el anterior. Incluso ella misma lo había aprobado la primera vez que lo había leído semanas atrás cuando él le pasó un papel con sus ideas en un principio.
Pasos apresurados se escucharon y vieron como la larga melena de la menor de los Weasley ondeaba con cada zancada que daba.
-Creí que era Harry – dijo la señora Weasley.
-Él se está duchando – respondió ocultando la gran carcajada al imaginarse el momento en que pasara el jabón en su rostro. Avanzó hasta la mesa y dejó a Arnold junto a su plato.
-¿No le vas a decir nada, mamá? – Ron dejó los vasos que traía en la mesa y vio como su madre negaba con la cabeza sin saber a lo que se refería - ¡Está caminando cuando estaba gravemente enferma!
-Hoy se me terminó el período y mamá me trajo la poción para curarme el esquince – contestó mirándolo triunfante - ¿Acaso quieres más información?
-No, que asco – murmuró haciendo una mueca divertida y todas se rieron.
-Me alegro que estés mejor – dijo Hermione tratando de obviar las rojas orejas de su novio y se miraron cómplices. Ginny le guiñó un ojo – Ahora podrás dejar a tu hermano libre.
-Claro… - Se puso detrás de su madre, no era tan baja como ella y su mentón sobrepasaba su hombro, por lo que vio la cena. Hizo un sonido de gusto al oler el guiso – Así tienen tiempo para ponerse al día en su relación.
-No molestes a tu hermano – le advirtió su madre golpeando con un cucharón de madera el borde de una olla – Es horrible que se molesten por sus novias… o novios, en tu caso – agregó sintiendo la dura mirada de su hija.
En ese momento bajó el señor Weasley y saludó a todos, pidiendo disculpas por no haber estado en la gran parte del día, pero aún tenía problemas en el ministerio. Vio a su hija sin la venda en el tobillo y le preguntó si se sentía mejor.
-Por supuesto que no, ahora ya no nos tendrá de esclavos personales – contestó Ron causando que Ginny le lanzara una mirada asesina. Su padre le preguntó a qué se refería – Tu pequeña hija me ha tratado como un sirviente todo el día. Por lo menos yo estoy muy feliz que pueda caminar.
-Sólo pedía un poco de ayuda… Gracias a que ustedes me asustaron en las escaleras…
-No fue nuestra culpa que seas una miedosa.
-Miedosa tu abuela.
-¡Ginevra, tienen la misma abuela y no se permite insultarla! – replicó molesta la señora Weasley.
-¿Las cosas mejorarán en el ministerio? – inquirió Hermione acercándosele al señor Weasley mientras los hermanos seguían discutiendo en voz baja.
-Eso espero. Perkins iniciará un nuevo tratamiento en San Mungo, así que si va todo bien, en un mes volverá – contestó agradecido de no tener que escuchar las niñerías de sus hijos.
Los gritos de Ron y Ginny fueron interrumpidos por otro mucho más sonoro, ronco y grave.
-¡AHHHHHHHHHHHHHHHH! – Podría decirse que hasta los vasos vibraron con tal grito. Vinieron seguidas de palabras amortiguadas donde sólo se distinguían blasfemias.
-¿Ése no fue Harry? – preguntó la señora Weasley luego que las palabras acaloradas bajaran de volumen hasta ser inaudibles. Se limpió las manos en el delantal y avanzó hasta las escaleras – Ciertamente era él porque el grito vino del baño.
Pasaron un poco más observándose consternados. Ginny se encogió de hombros cuando la llama que calentaba la olla comenzó a emitir un sonido abrasador.
Se sentaron en la mesa en completo silencio. Al menos hasta que Ron sirvió jugo en cada vaso y empezaron a hablar sobre la visita de Harry y Ron a la Academia de Aurores el lunes siguiente. Acordaron que el señor Weasley los acompañaría, pero sólo podría ser gestor financiero de su hijo y representarlo a él; no a Harry.
-… No creo que haya mayor problema. Son mayores de edad, después de todo – repuso el señor Weasley bebiendo otro sorbo de jugo. Se escucharon algunos pasos desde la escalera – Es mera formalidad, ya saben, lo típico-
-¿QUÉ MIERDA TE PASÓ? – gritó Ron botando el jugo por la boca y se tapó la boca sin ningún fin, ya que un poco de jugo caía entre sus dedos.
-Modera tu vocabulario, hijo – Su padre, quien estaba a espaldas de la entrada de la cocina, sólo pudo ver la risa contenida en el rostro de Hermione, los ojos desorbitados de su hijo y que su esposa casi botó la olla que llevaba a la mesa de la impresión - ¿Qué ocurre?… ¡Harry, válgame Merlín! – exclamó al girarse en su asiento.
Harry traía el pelo mojado y muy desordenado, parecía que ni había hecho intentos de tomar su varita y hacer un hechizo para secárselo. Incluso, caían algunas gotas que iban a dar en la limpia camisa del muchacho. En otra ocasión, la señora Weasley lo hubiera retado porque podría resfriarse, a pesar de ser verano y de hacer un calor de los mil demonios. Pero no era una ocasión normal.
Bajó su húmedo pelo, su frente que en general nunca había tenía granos ni puntos negros propios de la adolescencia, ahora tenía unas horrorosas pústulas que parecían estallar en pus en cualquier segundo. Estaban de un color rojo vivo. No se podía descifrar si le dolían porque el muchacho miraba intensamente sólo a una persona, concentrando toda su vergüenza en ella. Lo que realmente llamaba la atención y había causado sorpresa y risas era las palabras que formaban las pústulas. Habían sido ordenadas de tal forma que perfectamente se leía: "AMO A DRACO MALFOY".
-Er… ¿Por qué no te sientas? Hay guiso esta noche – dijo el señor Malfoy extendiendo su mano para señalar el puesto junto a Ron.
Sin decir nada, caminó hasta sentarse y endureció la mandíbula al quitar su mirada de Ginny, porque Ron hacía sonoros intentos por no reírse.
-Te ves sexy – le dijo el pelirrojo.
-¡Ronald Weasley! – chilló su madre posesionando la olla caliente muy cerca de su oreja. Él sólo levantó las manos en forma de disculpa – Come y guarda silencio.
-¿Puedo preguntar qué pasó? – Hermione le sonrió inocentemente mientras miró de reojo a Ginny, quien lucía muy calmada.
-Me di una ducha y cuando me enjuagué la cara… Pues, empezaron a florecer – Trató de mirarse la frente viéndose gracioso y bufó – Es horrendo.
-No sé si lo dices por el mensaje o porque eso está a apunto de erupcionar.
-Ron Weasley – le advirtió la castaña y le dio una patada por debajo de la mesa. Él se quejó – Ya debe sentirse muy mal con su mensaje de amor a Malfoy como para que le hagas esas bromas.
-Al menos Ginny y papá se rieron – se defendió tomando salvajemente el cuchillo para comenzar a cenar.
Sólo el señor Weasley no miró a Ginny acusadoramente. La pelirroja obvió de forma magistral sus miradas y le ofreció a Arnold un poco de su jugo.
De a poco el ambiente se fue relajando. La señora Weasley prefirió no retar a su hija porque sabía que era por la mala influencia de los gemelos, y Hermione sólo negó con la cabeza pensando que su amiga nunca iba a cambiar. El único que se atrevía a hacer comentarios sutiles de las pústulas era Ron, quien parecía hiperventilarse cada vez que hacía un chiste más gracioso. Y lo eran, pero la mayoría se callaba al ver como Harry bajaba la cabeza agotado.
Todos ayudaron a recoger los trastes sucios, y Ron y Hermione se ofrecieron voluntariamente para lavarlos. La señora Weasley les sonrió y comentó la buena influencia que era la castaña en su hijo, porque hace algunos meses nunca se habría levantado para ayudar. La única respuesta que recibió el sonrojo de su hijo y una risa divertida de la muchacha.
Los señores Weasley fueron a la sala para conversar un poco.
-No sabía que te gustara el guiso, Arnold – comentó Ginny ofreciéndole su palma para que se fueran. La criatura dio un saltito y ronroneó en la mano de su dueña – Le preguntaré a Fred si puedo reemplazar tu dieta por alimentos de humano. Es más nutritiva que tus hojuelas de rana…
Harry vio cómo se iba despidiéndose de todos y la siguió. Sintió cómo Ron y Hermione le preguntaban qué haría.
Fue fácil alcanzarla. Iba dando pequeños saltitos en cada escalón y no hizo ningún movimiento al escucharlo detrás de ella. Siguió avanzando hasta llegar a su cuarto. Abrió la puerta girándose un poco y luego miró a Harry sonriendo.
-Buenas noches. Hasta mañana – Entró. Harry respiró profundamente y terminó la distancia en una gran zancada. Detuvo la puerta antes que cerrara con el pie - ¿Qué quieres? – preguntó como si se esperara su reacción.
-Me encantaría oír una buena razón para que hicieras esto – Señaló su frente. Ginny soltó una larga carcajada al ver como las letras estaban hechas a la perfección – Y una muy buena, por cierto.
-¿De verdad creías que soy tan poco rencorosa que no terminaría de vengarme por mi accidente? – inquirió abriendo la puerta y se cruzó de brazos mientras Arnold saltaba para posarse en su hombro – Soy Ginny Weasley. Fiel seguidora de los gemelos y aspirante a ganarles en sus bromas.
Suspiró sintiéndose aliviado. En el fondo sabía que Ginny no se quedaría muy calmada, después de todo le había hecho pasar la peor noche de su vida. Y en su mente ya se habían maquinado ideas de que ella lo odiaba, que le había mentido, se reía en su cara por creerle todo. Se sintió un estúpido porque Ginny no era así.
Miró a Arnold y la criatura rosa le sacó la lengua, antes de voltearse. La verdad es que cada día odiaba más a esa bola peluda gay.
-No sé… ahora que lo pienso mejor, no esperaba menos de ti – dijo levantando la mirada ahora al angelical rostro de Ginny.
-Y creo que te tocó la mejor parte de todas.
-¿Cómo así?
-Fue difícil elegir el mensaje. Estaba entre "HÉROE AL SERVICIO", pero creí que ahí sí me odiarías de por vida. También estaba la opción de "ANIMALITO SIN CARGA" y me decepcioné de lo aburrido que era… "ESPOSO DE RON", y estaba casi segura, hasta que preví la ira de mi hermano dejándolo como la esposa de su matrimonio de cincuenta años – explicó haciendo que Harry riera por primera vez en la noche. Dejó hacer su hombro en el marco de la puerta y su cabeza le siguió la idea – La última y más vergonzosa fue "BOMBONCITO DE GINNY WEASLEY".
-¿Por qué no elegiste ésa? – Se le acercó interesado.
No pudo evitar sonreír al ver el sonrojo furioso en las mejillas de la muchacha.
-Sería atroz que la gente se diera cuenta que sí soy posesiva como cualquier chica y que… la palabra "bomboncito" esté allí… Casi para preguntarme por qué la tierra no me tragó – Se tapó la cara con las manos y se rió nerviosa. Las separó un poco para que su boca quedara libre – Así que me fui por lo más gracioso y ligero. Agradece que los gemelos no hayan venido, porque ahí estarías en primera plana en todo el país.
-Sí, tienes razón. Es preferible arruinar mi imagen ante los familiares cercanos.
Ella quitó las manos de su cara y se veía más calmada, pero aún así acalorada.
Sus cuerpos se acercaron obedeciendo a lo que ansiaban hacer. Arnold vio a Ginny como si estuviera bromeando y al notar que su dueña se inclinaba para posar sus labios en los de Harry, comenzó a chillar y dar saltitos para impedir que pasara. Trató de no hacerle caso y siguió en lo suyo, mientras él cerraba los ojos y pensaba en que esa bola peluda lo tenía harto. Podría librarse fácilmente de ella haciendo una pequeña competencia de sobrevivencia en la jaula de Hedwig. ¿Cuánto duraría esa pelusa rosa viva en las garras de su salvaje lechuza blanca? Los chillidos de Arnold comenzaron a hacer más agudos y desesperantes.
Finalmente, Ginny dio un paso hacia atrás y acarició a su mascota logrando que se calmara al instante. Harry no pudo dejar de tomar en cuenta la mirada de satisfacción que le ofrecía la criatura. Estaba decidido: Tendría una seria conversación con esa cosa y si se atrevía a atacarlo, entonces lo pisaría. Sería un simple accidente. Era tan pequeño que cualquiera lo pisaría sin darse cuenta.
-¿Es por esto? – preguntó aún mirando a Arnold y Ginny entendió a qué se refería.
-Está muy inquieto, no sé por qué – Le dio unos golpecitos con el dedo en la cabeza e hizo una mueca pensativa. En realidad no tenía idea por qué Arnold se había puesto así. Luego miró a Harry y vio marcado: "AMO A DRACO MALFOY" – Además que tengo la sensación que tus pústulas me van a erupcionar… Quizás Ron tenía razón al compararlas con volcanes.
-Tú provocaste que te diera asco ahora.
-Lo sé, aunque… - Se mordió la lengua antes de continuar. Era mejor guardar la mejor parte del encantamiento para después – Tomémoslo como un receso para que hagas un buen plan.
-¿Cómo podré pensar en algo brillante si no puedo besarte?
-De la misma forma que has vivido tu matrimonio sin sexo por veinticinco años – respondió divertida y le dio un beso en la mejilla – Nos vemos mañana, adiós.
-Buenas noches.
-Las tendré porque soñaré contigo – Retrocedió un pasó y tomó el pomo de la puerta mientras él sólo reía – Contigo y tu amor salvaje por Draco Malfoy – concluyó antes de cerrar y se escucharon sus carcajadas al otro lado.
Se llevó las manos para desordenarse el pelo mientras lanzó un gemido de desesperación. ¡Era realmente una tortura tenerla allí y no poder siquiera besarla! Maldito Draco Malfoy, maldito mensaje y maldita bola pelusa gay. Arnold era un fastidio.
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Reconsideró las posibilidades de ahogarlo con la almohada por lo imbécil que estaba siendo. Cuando escuchó nuevamente sus risas ahogadas, decidió que sí valía la pena atacarlo. Tomó la almohada y se la lanzó directamente a la cabeza con todas sus fuerzas.
-¡Estaba durmiendo! – se quejó Ron lanzándole de vuelta la almohada.
-He escuchado tus ronquidos por casi siete años y jamás habían sido risas – dijo Harry tratando de ver su cara en la oscuridad, pero apenas veía sin sus gafas. La figura de su amigo se revolvió y pareció girarse de lado, para verlo.
-Sólo me preguntaba si soñarás con Malfoy por tener eso en la cabeza – comentó causando que Hedwig ululara como si le entendiera – Ginny siempre hace más de lo que aparenta… ¿Y si tienes una fantasía sexual con el hurón?
-Cállate, por favor – Aunque parecía más una orden que un favor. Escuchó como su lechuza parecía reírse junto con Ron sobre el comentario – Y tú también Hedwig. No es gracioso.
-¿No sabes cuándo las pústulas desaparecerán?
-La verdad es que no le pregunté a tu hermana – respondió sintiéndose bastante estúpido por no haberlo hecho.
-¿Qué persona lógica sale persiguiendo a su atacante y no le pregunta cuándo el efecto pasara?
-¿Qué persona lógica empieza a tener preguntas existencialistas sobre mis pústulas a mitad de la noche?
-Harry, estás de muy mal humor…
-Tu puta risa me tiene así – refunfuñó palpando en la mesita de noche dónde estaban sus gafas.
-Ahora entiendo por qué eres así. En el fondo amas al hurón y siempre has tenido fantasías sexuales con él, y has callado tus deseos ocultos. Ahora que mi hermana ha gavillado la verdad, la niegas – Ron se aclaró la garganta y con una vocecita dulce siguió – No te preocupes, amigo, es normal que en la adolescencia sientas cosas raras-
-¡Ya no soy adolescente! – replicó ganándose una mirada burlona de Ron. Había hablado como un adolescente, de hecho - ¿Sabes? Iré a tomar un vaso de agua y si estás aún en tu fase cómica filosófica, le pediré a Ginny su encantamiento para que te salgan horrendas pústulas… allí para que te duela si montas una escoba en, por lo menos, diez años.
Ignoró las quejas de su amigo. Si hubiera sabido que hasta en la cama tendría que soportar sus burlas, habría dormido en la rama del árbol del jardín. Ya era incómodo dormir con las pústulas porque no podía estar boca abajo –tenía la leve sensación que amanecerían reventadas en pus en la mañana- y agregándole el factor de Ron…
Salió de la habitación sintiendo como los pelos de la piel se le hacía de gallina. Hacía más frío afuera del cuarto, y eso que Ron había cuidado de dejar la ventana abierta. Aunque era un frío agradable en comparación con el agotador calor que los azoraba la mayor parte del día.
Cuando bajó las escaleras se tocó a frente. La tenía caliente y las pústulas parecían tener el mismo tamaño que en la cena.
La cocina estaba vacía y levemente iluminada por la luna que ofrecía sus rayos a través de las ventanas abiertas. Sin ningún problema sacó un vaso y se sirvió agua tibia de un enorme jarrón junto al fregadero.
El agua tibia descendió por su garganta como si estuviera lloviendo en un desierto seco. No se había percatado que tenía tanta sed. Fue casi reanimante sentir como su boca saboreaba el insípido líquido.
Después de servirse otros dos vasos, lavó el vaso y lo dejó en su lugar.
De repente, escuchó un pequeño ruido. De agua, por cierto. Era como si el agua chapoteara muy poco en una fuente o algo así.
Miró a todos lados y no vio nada que pudiera ocasionar el ruido; entonces, sin tomarle importancia, se dirigió a las escaleras visualizando a Ron dormido o al menos más calmado. Quería descansar y la perspectiva del pelirrojo con sus fantasías sexuales del hurón lo perturbaba bastante.
Y allí fue cuando lo vio.
La pequeña criatura mágica se encontraba en un rincón de la cocina bebiendo agua de su pequeño plato hondo. Casi al momento que se dio cuenta de su presencia, la pequeña pelotita peluda rosa se limpió sus pelaje húmedo con una servilleta junto al plato, puesta deliberadamente por su dueña para que no quedara mojado ni se resfriara. Sus pequeños y adorables ojos lo fulminaron como si fuera un enemigo en la casa.
Harry frunció el ceño observando a Arnold de la misma forma.
Él había hecho sufrir mucho a su dueña y era un invasor que pretendía ser parte de la familia. El otro no era más que una cosa pequeña con apariencia gay y demasiado adorable, que se aprovechaba de robar todo el cariño y atención de Ginny.
-Arnold… Me alegro que estés aquí – dijo el muchacho avanzando hasta la mesa y la golpeó con el puño, como si estuvieran en un asunto de importancia – Tenemos que hablar.
La criatura lanzó un pequeño chillido y entrecerró sus grandes ojos examinando si le iría a hacer daño. Luego, hizo una mueca de superioridad y saltó hasta una silla. Ya en el asiento de la silla, saltó y llegó a la mesa.
Ambos se fulminaron con la mirada antes de que Harry tomara la palabra.
Notas de la autora: Hola! Después de un rico viaje de varios días al norte de mi país, volví con las energías renovadas. Me parecen años los días en los que aún andaba estresada estudiando para las pruebas de síntesis y terminar el año escolar. La verdad es que necesitaba desaparecer de mi ciudad, irme unos días al desierto, a Iquique, al lago Chungara y perderme en San Pedro de Atacama para sentirme más liberada y relajada. Creo que he vuelto a ser… yo sin estrés xD!
Cambiando de tema a uno mucho más relevante, este capítulo lo escribí antes de irme (como dos semanas atrás) y quedó bastante decente para ser el penúltimo del fic. Oh, sí, el próximo capítulo es el último. Estoy bastante ansiosa de empezar el último capítulo (en general escribo el capítulo, actualizo el fic, escribo el siguiente… es un mal método, a veces me demoro en actualizar por eso, pero no se me da escribir varios capítulos y subir uno por uno), así que necesito tranquilizar un poco las revoluciones y sentarme con el ánimo de pasar unas buenas horas frente al computador.
¡Muchas gracias por la cantidad de reviews en el capítulo pasado! Me impresionó que tantos me hayan dejado sus saludos, sus opiniones. De verdad aprecio que se tomen el tiempo para decirme qué piensan del fic, en serio; muchas gracias, son geniales.
No sé para cuándo esté con el siguiente capítulo, pero muchos saludos y fuerza a todos los que están aún trabajando o en el colegio. Queda poco para navidad y unas vacaciones bien merecidas.
Espero que estén muy bien, traten de descansar (y me manden reviews apretando en botón GO de abajo); nos vemos hasta la próxima!
