Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la historia está inspirada en Skins.


Un segundo

Todas/os Parte I


Tommy había pasado noches sin dormir, siempre que salía a algún tipo de fiesta o evento podía pasar las 24 horas del día despierto, muchas veces junto con Philli, Lili y Kimi se habían ido de fiesta un día de la semana y él había aparecido al otro día en la escuela a las 9 en punto de la mañana sin haber pestañeado en toda la noche.

Sin embargo, ahora era diferente, llevaba más de 26 horas despierto y estaba demasiado agotado como para seguir manteniéndose en pie, pero ahí estaba.

Se encontraba con las manos en los bolsillos parado frente a la casa de su mejor amigo y —por qué no decirlo— madre de su futuro hijo.

No sabía si acercarse a golpear, ayer en la noche cuando llegó Kira y lo pilló en la casa lo echó a gritos y le lanzó una que otra cosa que encontró por ahí. La madre de sus amigos no era así, de hecho era todo lo contrario, pero sabía que el hecho de que su hija se hubiese fugado de la casa con varios meses de embarazo (Dios, él ni sabía cuánto tenía, siquiera cuándo fue que la embarazó) pesaba en la siempre apacible mujer. Quizás también ella lo odiaba por el hecho de que fue él quien embarazó a su hija, o quizás y muy probable se sienta completamente furiosa porque él no habría apoyado a la chica en cuestión cuando se enteró —no de la forma que hubiese querido— de que estaba esperando un hijo.

Pero necesitaba saber si habían sabido de ella.

Él había intentado llamarla muchas veces y dejó también varios mensajes en el buzón de voz, sin embargo, su ruego no había surtido efecto porque Kimi no se contactó con él.

Tragó saliva y se infundió el valor necesario para cruzar la maldita calle y golpear esa maldita puerta.

Cuando golpeó fue exactamente Carlitos quien abrió, supo de inmediato entonces que no había nadie y que Kimi aún no había aparecido, porque sus ojos demostraron una profunda decepción cuando se dio cuenta que era él quien golpeaba.

—Nada aún —susurró el muchacho girándose y dejando la puerta abierta para que Tommy pasara.

Así lo hizo, lo siguió hasta el salón en donde el muchacho se echó en el sofá y cerró sus ojos. Se quitó los anteojos y apretó con sus dedos el puente de su nariz. Tommy sabía que él tampoco había dormido nada y que se encontraba tan jodidamente asustado tal y como lo estaba él.

—Lo único que sabemos —murmuró Carlitos sin abrir sus ojos—, es que al parecer se encuentra con Lili.

El peliazul se quedó en su lugar mirando fijamente a su amigo, el pelirrojo guardó silencio por varios segundos que a Tommy le parecieron una eternidad y luego cuando abrió los ojos y los pegó a él dijo con voz cansina.

—Philli dijo que Lili también desapareció ayer —respondió—. Y dedujimos que se encontraban juntas, así que supongo que al menos eso nos despreocupa aunque sea un poco... Que no está sola.

El hermano de Dil asintió con lentitud, aún así no le bajaba la preocupación por ningún minuto, sentía que si no encontraba a Kimi pronto enloquecería en cualquier momento.

—De todos modos, ¿qué haces aquí? —le preguntó nuevamente su mejor amigo—, creí que seguirías estando muy molesto con Kimi por el hecho de que no te contó que se encontraba embarazada.

El muchacho se removió incomodo en su puesto, estando aún de pie.

—Pues... —soltó un suspiro, se encontraba ya bastante cansado de todo el asunto de las discusiones, los secretos y esas cosas, ya no quería más guerra—. La jodí, lo sé —lo miró fijamente, Carlitos le devolvió la intensidad de la mirada—, la jodí contigo, con Philli, con Lili y hasta con Kimi... Pero es que no te imaginas lo cagado de miedo que estoy. Estoy aterrado, Carlitos, no sé qué hacer y lo único que necesito ahora para poder pensar con claridad es que Kimi aparezca y decirle que no me importa nada, que me importa una mierda lo que haya pasado porque voy a estar ahí, voy a apoyarla cual sea su decisión. Y necesito encontrarla.

Carlitos torció una amarga sonrisa.

—La vamos a encontrar, Tommy... Lo haremos y la traeremos de vuelta a casa.

Y con eso ambos muchachos se alistaron para volver a salir a las calles a revisar cada lugar de la ciudad si es que fuese necesario.


Kimi, hey... Sé que... Maldición, este es como el séptimo mensaje de voz que te he dejado en tu buzón, creo que lo más probable es que lo llene en mensajes, pero si no me contestas creo que no me dejarás opción... —suspiró tras el celular—, tenías razón, la hemos jodido en todos los niveles permitidos... Pero, ¿sabes qué es lo peor? Es que no me importa, no me importa nada, solo... Solo necesito que vuelvas, necesito saber que estás bien, que todo está bien con... El bebé —pareció tragar aire—, estaré a tu lado sin importar cuál sea tu decisión, sin importar lo que quieras, voy a apoyarte en lo que sea. Solo vuelve por favor, ya no puedo seguir así, me tienes tan... Desesperado, a todos... Te amo, Kimi.

La chica borró entonces el mensaje luego de oírlo. Miró la pantalla de su teléfono en donde indicaba que ya no habían más mensajes en el buzón. Entonces volvió a apagar el teléfono con los ojos impregnados en lágrimas. Sintió un pinchazo en su bajo vientre y se dobló en dos debido al dolor.

Cerró sus ojos y se llevó una mano al lugar en donde había sentido la fuerte punzada, acarició con suavidad y mientras iba pasando el dolor fue abriendo los ojos. Lili en la cama se removió y abrió sus ojos para ver la espalda de Kimi, quien se encontraba sentada a los pies de la cama en la que habían dormido ambas.

—Hey, ¿todo bien? —preguntó la chica con suavidad.

Kimi fingió una sonrisa y se giró a mirar a su amiga, asintió.

—Todo bien, ¿qué tal dormiste?

La castaña torció la boca y se rascó el ojo con el puño.

—Creo que temía tanto moverme para no pasarte a llevar que se me acalambró todo mi costado derecho —sonrió suavemente—, pero también todo bien.

Kimi soltó un suspiro entonces y miró fijamente a su amiga.

—Escucha Lili —murmuró con suavidad—, agradezco mucho que estés aquí conmigo, de verdad... Pero —vio la mirada preocupada de su amiga y se sintió inmediatamente mal por lo que diría—, pero creo que ahora debo seguir sola.

La gemela de Philli se sentó veloz en la cama y miró a la peliazul con preocupación.

—¿Qué piensas hacer, Kim? —preguntó la chica con cautela, sabía que cualquiera que fuese la respuesta de su amiga ella no estaría para nada convencida de dejarla sola.

La japonesa miró fijamente a la chica y soltó un largo suspiro, sus ojos se aguaron, sin embargo su mirada firme se mantuvo.

—Voy a llamar a papá...

—¿Le dirás dónde estás?—la sonrisa de Lili apareció al escuchar aquello.

Kimi sacudió rápidamente su cabeza.

—No a mi papá papá-de-Carlitos —explicó—, a mi padre biológico, Lil.


¡Hija!, tanto tiempo sin saber nada de ti, ¿qué tal todo?, ¿por qué no me haz llamado?

Kimi torció los labios, a veces su padre era imposible.

—Bueno... —miró hacia atrás, donde estaba su amiga mirándola con mala cara sentada en una banca de una plaza. Hace aproximadamente una hora que habían salido de esa casa de acogida y caminaron sin un rumbo fijo hasta que encontraron aquella plaza unas cuantas cuadras más lejos. Hacía frío y todo estaba mojado por la lluvia anterior, pero a Lili no le importó y dejó el bolso de Kimi encima de la húmeda banca para sentarse ella arriba de él y no mojarse el trasero—, no es como si tú me hayas llamado tampoco.

Sabes que tengo cosas importantes que hacer... Pero siempre estaré ahí para cuando me necesites —respondió su padre con reproche en su voz. Kimi rodó sus ojos.

La relación con su padre se había desgastado bastante los últimos años, desde que nació su hermanastra que su padre ya no la llamaba como antes ni le enviaba regalos, ni una mísera nota. Realmente a ella no le afectaba mucho, y todo eso debía agradecérselo infinitamente a Carlos, al que ahora ella llamaba papá y que sentía como uno.

—Gracias por recordármelo —Kimi suspiró y llevó su mano que no tenía ocupada con el teléfono a su abultado vientre de ya siete meses—, verás... Justamente te llamo porque ahora te necesito... Realmente te necesito —su voz salió ahogada.

¿Qué sucede, Kimiko? —preguntó su padre con voz preocupada, Kimi gruñó ante la mención de su nombre completo.

—Estoy metida en un gran lío, papá —murmuró con suavidad acariciando su vientre suavemente, el bebé dentro de ella saltó y Kimi sonrió con pesar—, y realmente es un gran lío.

¿Qué sucede? —el hombre pareció exasperarse—, ¿pasó algo con tu madre?, ¿están bien?, ¿tú lo estás?

—Estamos bien... Bueno... Al menos eso espero... —susurró con suavidad y tragó aire con rapidez—. Verás... Espero que no te lo tomes a mal porque realmente no necesito más reclamos y esas cosas y si dices algo que me moleste cortaré, papá, lo digo en serio.

¡Kimiko! —gruñó su padre—, estás preocupándome.

—Yo —tragó saliva—, tengo casi siete meses de embarazo, papá...

Silencio.

No se oyó nada por la otra línea por una cantidad considerable de tiempo, se giró para ver a su amiga quien seguía mirándola con desaprobación y un tanto preocupada, Kimi le sonrió nerviosa y luego se giró para suspirar, el moho salió por sus labios y ella pudo dar cuenta del frío que sentía.

—¿Aló? —habló luego de varios minutos en silencio—, ¿papá?, ¿estás ahí?

Movió su pierna con impaciencia.

—¿Pa...?

¿Siete meses de embarazo? —preguntó el hombre con voz ahogada, Kimi podía sentirlo impactado.

—Casi...

¿Y no pensaste en decírmelo antes? —cuestionó el hombre con voz suave pero firme.

—Bueno —la chica se encogió de hombros con suavidad, sabía que él no podría verla pero no pudo evitarlo—, apenas hace un par de días se lo dije a todos... Necesitaba un buen tiempo para digerir esta noticia yo misma... Lo siento.

Se oyó un suspiro profundo por la otra línea, sabía que su padre se estaba controlando para no gritarle.

Bien... —dijo con voz pausada—, ¿cómo estás? Quiero decir... ¿Tu madre te ha retado mucho?

—Eh... Más o menos —contestó sintiéndose confundida por lo dicho por su progenitor, sabía que su papá ya estaba entendiendo más o menos porqué lo estaba llamando—. Quiere que regale al bebé —le soltó de sopetón, no quería dar vueltas al asunto, sobre todo porque las llamadas al extranjero eran bastante cara y aunque su padre lo pagaría, lo que quería pedirle costaba de seguro el doble.

Asumo que tú no quieres eso.

—No, la verdad es que no quiero —negó con suavidad y volvió a suspirar, no sabía cuánto había estado suspirando en todo ese tiempo—. Sé que... Dios... Sé que no te veo desde que era una niñita en pañales y que no hemos hablado realmente desde hace años pero... Te necesito, papá, te necesito ahora más que nunca —sus ojos volvieron a humedecerse—. No voy a dejar que mamá me quite a este niño porque es mío —se sorprendió hasta ella misma de la firmeza en cada una de sus palabras—, y la única persona ahora que puede ayudarme eres tú.

Se me imagina qué necesitas hija —le dijo su papá—, y sé que te lo debo, así que solo pídeme lo que sea.

—Bien... Entonces —miró nuevamente a Lili—, ¿cuándo puedes recibirme en tu casa?

El hombre soltó una pequeña risilla.

Ay, Dios —suspiró el hombre—, supongo que ahora sé con creces cómo es tener una hija adolescente... —se rió de su mala broma y continuó—. Te enviaré el dinero para el pasaje ahora, tienes que apresurarte a viajar porque creo que no puedes hacerlo estando avanzada en tu embarazo. Hablaré con Jenn, mi esposa, para que preparemos tu nuevo cuarto... Eso sí, estás más que clara que la habitación tendrás que compartirla con tu hijo.

Kimi rió sin ganas.

—Creo que ya estoy asumiendo cosas de apoco, papá.

Está bien, Kimiko... —habló el hombre—, estaremos viéndonos entonces... Cuídate y antes de venir... Habla con Kira, no le será fácil.

—Bien, adiós...

Y colgó el teléfono sin más. ¿Hablar con su mamá? ¡Eso jamás!, por su culpa ella tenía que renunciar a toda su vida... A Tommy...

Se giró nuevamente para quedar de frente hacia Lili y entonces caminó hacia ella con lentitud, guardando su teléfono celular en su chaqueta.


Philli intentó encender su cigarrillo con manos temblorosas, sin embargo el encendedor no quería soltar la llama.

Maldijo entre dientes intentando con más fuerza hacer prender el encendedor, pero le resultó inútil. A su lado Jace le prendió su propio encendedor con facilidad.

Phil lo miró y rodó los ojos mientras guiaba su cigarrillo al fuego y lo encendía.

—Estarán bien —le dijo Jace mientras caminaban por unas calles que de lejos se podían notar peligrosas.

El castaño aspiró el humo de su cigarrillo como si este fuese el elixir de la vida, no miró a su compañero que en ese momento estaba ayudándolo con la búsqueda, solo siguió caminando mirando hacia todos los rincones del lugar en busca de un par de cabecitas asustadas, desorientadas, pero solo habían borrachos tirados en las calles, era muy temprano aún para que ellos se levantasen.

—No lo sé —respondió soltando el humo del cigarro por entre sus palabras—, espero estén bien...

—Hey —Jace le pegó un suave codazo en el costado—, Lili es valiente, es una Deville, ¿no? Y ellos son fuertes.

—Sí, somos fuertes...

—Vamos, Phil —suspiró Jace deteniendo el andar del castaño y mirándolo fijamente a los ojos—, ¿es que acaso no tienen algún súper poder de hermanos gemelos o algo? —preguntó el muchacho mirándolo con toda la seriedad posible, el Deville enarcó una ceja—. Vamos, hombre, conoces a tu hermana incluso antes de nacer, ¿cómo es que no puedes sentir o alguna cosa como de ese estilo misterioso de gemelos?

El muchacho torció una mueca... ¿De qué diablos hablaba su amigo? Sin embargo, incluso antes de abrir la boca para responder algo —sin saber muy bien de dónde vino— se le cruzó en su cabeza.

—Diablos —soltó Philli con una sonrisa—, ya sé donde podría estar —y comenzó a correr calle arriba.

Jace se quedó petrificado en el mismo lugar, miró a Phil correr y pensó en que realmente aquello había sido tenebroso, ¿lo estaba haciendo en serio o es que le estaba tomando el pelo? Sin embargo, cuando Phil se giró para gritarle que se apresurara, él no pudo hacer otra cosa que colocarse a correr detrás de su amigo.


Dil tocó su hombro por detrás.

Tommy se encontraba en su cuarto, refugiado de la lluvia mirando por la ventana, con la vaga y estúpida esperanza de que podría ver a Kimi doblando por la esquina de la casa caminando hacia su dirección con una sonrisa en sus labios y con su abultado estómago oculto bajo un gran abrigo.

El muchacho no se inmutó ante el tacto de su hermano, pero a Dil no le importó.

—Mamá se tomó bien el hecho de que vayas a ser papá —susurró el hermano pequeño.

Tommy soltó un suspiro.

La noche anterior le soltó la bomba a sus dos padres. Hugo quiso golpearlo en el rostro pero Deede lo detuvo rápidamente, lo regañaron por supuesto y le dijeron a él que ellos no se harían cargo de un bebé, obviamente, ellos ya habían tenido los suyos, pero, cuando a su padre se le quitó la locura, ambos le dijeron que estarían ahí para apoyarlo. Por supuesto que a su mamá no le asombró el hecho de que era Kimi la madre de su futuro hijo, no así como a su papá que casi termina desmayado en la cocina ante la noticia.

Sin embargo, cuando supieron ambos que Kimi había arrancado, no dudaron en llamar a Kira y hablar con ella. Tommy no supo qué conversaron, porque él se fue a su cuarto a intentar descansar, estaba agotadísimo y sabía que debía dormir aunque sea un poco para funcionar bien y seguir con la búsqueda, pero no pudo conciliar el sueño y luego de mil y una vueltas en la cama se levantó para ver por la ventana e intentar adivinar en dónde Kimi pudo haberse escondido.

Ella siempre había sido un jodido misterio y estaba dando gala de todo aquello en ese momento.

Nadie sabía dónde diablos podía estar.

—Quizás siquiera vaya a serlo, Dil —respondió el peliazul.

—Encontraremos a Kimi, hermano —dijo—, no debes bajar los brazos.

El mayor sintió los ojos humedecer.

—¿Y si no, Dil? —preguntó mirándolo esta vez—, Kimi siempre ha sido una experta en arrancar...

—Pero, ¿qué tan lejos podría llegar una mujer embarazada? —cuestionó Dil.

Él se encogió de hombros.

—Conociendo a Kimi, más lejos de lo que podría llegar cualquiera de nosotros —corrió su vista y miró nuevamente hacia la plaza.

Dil sonrió ligeramente.

—Puede llegar lo más lejos posible, pero seguirá estando en la tierra, solo que quizás en el otro extremo —respondió el chico—, no es como si pudiese ir a otro planeta o galaxia.

Tommy entonces abrió los ojos sorprendido y miró a su hermano.

Una sonrisa comenzó a expandirse en su rostro poco a poco.

—¡Diablos, Dil! —dijo mientras rápidamente corría hacia afuera de su cuarto gritando—. ¡Eres un genio!, ¡un puto genio! —sacó del perchero su casaca y miró a su hermano que lo siguió al trote—, ¿me acompañarás? —preguntó.

—¿Dónde? —Dil parecía confundido aunque mientras bajaba las escaleras al trote sabía que era para ir a buscar a Kimi y él estaba dentro.

—A encontrar a la prófuga embarazada...


Kimi y Lili terminaron tomando su desayuno en un puesto pequeño en una esquina de la calle, fue en ese momento en el que mientras tomaban su té que se largó a llover.

Ambas corrieron a refugiarse bajo el techo de una parada de autobús.

—¿Crees que tú papá ya te haya transferido el dinero? —preguntó la castaña mientras sentía sus dientes castañear debido al frío.

—Sí —respondió la chica—, me dijo que sería lo más pronto y yo creo que ya debe estar listo.

—¿Y tienes todas tus cosas? —preguntó.

—Bueno —Kimi se encogió de hombros mientras esperaba que el autobús que la llevaría al aeropuerto viniese en camino, el frío le estaba helando el trasero—, tengo las cosas que necesito para viajar, como mi pasaporte y mis documentos. Solo me falta ropa, pero —torció los labios— ya no me cabe casi nada, así que creo que llegando allá tendré que comprar más ropa.

Lili sonrió.

—Es sorprendente como tu cuerpo ha cambiado, Kimi —le dijo.

—Sí bueno —la chica se rió ligeramente—, pareciera como si me hubiese tragado una sandía y mis pechos realmente están creciendo, pero créeme que es incomodo, no sé quién inventó el rumor de que estar embarazada es una etapa maravillosa.

La castaña sonrió.

—Debe ser porque no haz podido disfrutarla realmente —murmuró.

Kimi le dio una sonrisa triste.

—Puede ser...

Y el autobús se logró divisar.

Ambas se miraron.

—Iré contigo, Kimi —la chica parecía protestar—, al menos que una amiga pueda dejarte en el aeropuerto, no te dejaré sola mientras pueda y no discutas.

—Gracias Lili...

—No me agradezcas, porque de no ser porque no traje mi teléfono conmigo hubiese llamado a tu madre hace un tiempo —Kimi rió, no importándole que lo que decía su amiga realmente era verdad.

Entonces ambas subieron sin mirar hacia atrás.

Se sentaron la una al lado de la otra, Lili tomó la mano de la muchacha y entrelazó sus dedos con las de ella, Kimi le dio una mirada y sonrió, Lili le devolvió la sonrisa y sus ojos se humedecieron lentamente. La chica embarazada se tensó ante esto y no pudo evitar sentir un ligero dolor en su costado izquierdo, sabía porqué su amiga estaba a punto de llorar, después de todo aquel era el último viaje que tendrían juntas.

—Te extrañaré, Kimi —susurró la castaña apretando con suavidad sus manos entrelazadas—, haz sido mi mejor amiga desde que tengo uso de razón.

—No hables como si estuviésemos despidiéndonos, Lil —le respondió Kimi con los ojos llorosos también—, solo será un tiempo...

Lili entonces apoyó su cabeza en el hombro de su mejor amiga y cerró sus ojos intentando controlar las lágrimas que se estaban acumulando en sus pardos ojos.

Ambas se habían dormido en el viaje, se despertaron cuando llegaron al aeropuerto, agarraron sus pocas cosas y se bajaron del lugar.

El frío viento golpeó el rostro de ambas chicas, se aferraron a sus manos entrelazadas y avanzaron hacia la entrada del lugar.

Kimi se acercó a un cajero para poder revisar si es que su padre ya le había depositado el dinero que necesitaba y suspiró de alivio cuando se dio cuenta que así había sido. Entonces se acercaron ambas para comprar el boleto.

—El próximo vuelo a Japón es en tres horas más, ¿está bien para ti, ¿te alcanza el tiempo para realizar todos los trámites? —le preguntó la vendedora con una extensa sonrisa en su rostro.

Kimi hizo una mueca de disconformidad, sin embargo asintió lentamente.

—En una hora y media más puedes hacer la fila para embarque, que tengas buen viaje —le dijo la mujer sin borrar su sonrisa amplia, Kimi le devolvió el gesto y luego se giró para mirar a Lili, quien aún parecía tener sus ojos llorosos.

En ese momento los ojos de su mejor amiga se veían cada vez más y más verdes, pareciéndose a su hermano gemelo aún más.

La peliazul la abrazó —lo mejor que pudo debido a que su estómago impedía que fuese un abrazo más estrecho—, Lili sollozó entre sus brazos.

—Perdóname, Kimi —susurró la castaña cerrando fuertemente sus ojos—, por favor necesito que me perdones, necesito saber que no me guardas ningún poco de rencor y que volverás... Por favor...

—Lil —suspiró Kimi sin alejarse del abrazo de su amiga—, no necesito perdonarte, realmente... Solo fuiste una buena hermana, solo estuviste dolida, lo entiendo. Por eso perdóname tú a mi, y dile a Phil que me logre perdonar, necesito que lo haga para poder quedarme tranquila.

—Podrías decírmelo tú misma —una voz se escuchó desde atrás de Kimi, la chica sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral, se quedó de piedra en el lugar, sin mirar hacia atrás.

Lili se separó lentamente de su amiga para ver a su hermano de pie detrás, abrió sus ojos pardos y abrió y cerró su boca como pez fuera del agua.

—¿Qué... cómo diablos...? —intentó preguntar la castaña mirando sorprendida al Deville. Philli rió.

—Creo que es alguna magia de gemelos o algo —dijo el chico parado detrás de Phil, sonriendo divertido—, en serio...

Lili miró a Jace y sonrió divertida ante aquello, se acercó a su hermano.

—¿Qué significa eso? —preguntó.

Phil se encogió de hombros.

—Pues simplemente dejé mi mente en blanco (cosa que no me costó mucho) y pues imaginé que podrías estar aquí, no sé porqué, pero sabía que podría ser que —endureció su mirada y miró la espalda de Kimi fijamente—, que ella querría marcharse hacía donde podría estar segura de su madre... Japón.

La espalda de Kimi se vio tensa. Lili estaba realmente feliz de ver a su hermano, sin embargo sabía que estaba incomodando de sobremanera a la chica embarazada, y ella realmente no quería que aquello sucediera. Si la DeVille se encontraba ahí era porque quería apoyar en un 100% a su mejor amiga y lo que menos quería hacer era incomodarla.

—Así que —volvió a hablar el castaño mirando fijamente la espalda de la chica de la cual se había enamorado como un imbécil—, creo que más bien pude adivinar hacia donde querías dirigirte —Lili sabía que aunque Kimi no se giraba ella sabía que le hablaba—. Supongo que te conozco —se encogió él de hombros.

La japonesa se giró lentamente para pegar su mirada en la verdosa de Phil, sus ojos oscuros estaban abnegados en lagrimas y Lili sintió inmensas ganas de abrazarla y rogarle que no llorase nuevamente.

—Lo siento tanto, Philli... —soltó un sollozo la chica.

El castaño no dijo nada, simplemente se acercó hacia ella y pasó sus brazos por el cuello de la chica, acercándola —lo más que pudiese— a su cuerpo. Lili los vio abrazarse a ambos con los ojos cerrados.

—Debes quedarte —le dijo él en el oído, y aunque quizás él no quería que todos supieran lo que le estaba diciendo, tanto ella como Jace lo pudieron oír.

—No —Kimi volvió a sollozar—, no puedo quedarme...

—Tienes que dejar de arrancar, Kimi —le rebatió él aún sin soltarse del abrazo—. Ya ha sido suficiente, no puedes vivir siempre corriendo de todo.

La chica guardó silencio entre sus brazos, Lili pudo ver el momento en le que su mejor amiga abrió los ojos. Soltó el torso de Philli y dio un paso hacia atrás mirándolo fijamente, parecía ser que ella había olvidado su presencia, pero realmente no le importó.

—No quiero irme —susurró ella mirándolo fijamente—, pero no sé qué más hacer. No dejaré que me lo quiten.

Lili sintió nuevamente su corazón estrujarse, miró fijamente a su hermano y se dio cuenta de la mirada adolorida que aún portaba. Siempre se sorprendió de lo mucho que se preocupaba por el resto, era tan así que incluso no le importaba él estar sufriendo con tal de ver feliz a las otras personas. Lili siempre había odiado/amado esa parte de su hermano, y es que ella amándolo de manera tan intensa le dolía cuando se daba cuenta de esa misma mirada dolida que se le lograba ver cuando algo le dañaba. La mirada de Philli siempre había sido un espejo de su alma, siempre.

—Eres Kimi Finster —le sonrió él, aunque la sonrisa no llegó a su mirada—, y la Kimi Finster que yo conozco hace jodidamente todo para conseguir lo que quiere.

En la cara de la peliazul se dibujó una media sonrisa.

—Quizás ya no pueda ser yo nunca más... —susurró.

Phil estiró entonces su mano y la unió con la de Kimi, agarrando firmemente su palma.

—Lo siento, Kimi —dijo él con voz firme—, pero no puedo dejarte marchar...

El labio inferior de la peliazul tiritó levemente, estuvo a punto de decir algo cuando Lili la vio doblarse rápidamente y soltar un chillido de dolor. Hubiese caído al suelo de no ser porque su hermano actuó rápido y la alcanzó a firmar del torso. Kimi se llevó una mano a su bajo vientre.

—¡A... Algo está mal! —gritó con los dientes apretados.

La castaña se quedó de piedra mientras un tumulto de gente comenzó a acercarse a donde se encontraban ellos debido a los gritos de dolor que estaba soltando su mejor amiga.


Tommy siquiera esta vez le pidió las llaves del auto de su padre. Las tomó y salió de casa con Dil pisándole los talones.

Manejó rápidamente por la carretera para llegar lo más rápido posible a su destino: El aeropuerto.

No supo porqué no lo había pensado antes, si Kimi realmente quería alejarse por completo de su madre, pues fácilmente iría donde su mamá jamás pudiera alcanzarla: Japón, donde su padre vivía.

Se saltó varios discos pare y cuando estuvo subiendo por la calle que daba a la entrada del aeropuerto un extraño nudo se le colocó en la boca del estómago. ¿Sería acaso que ya era demasiado tarde? Sus ojos se volvieron acuosos y pestañeó rápidamente para alejar las malditas lágrimas de sus ojos.

Sintió la mirada de Dil quemándole el costado derecho, más él no le devolvió la mirada, rápidamente se estacionó a un costado de la vereda y se bajó del auto sin siquiera importarle quitar las llaves del encendido. Estuvo a punto de entrar cuando sus pasos quedaron congelados al ver la escena que se presentó frente a sus ojos.

Philli y su compañero de escuela Jace llevaban entre sus brazos a Kimi, quien estaba llorando desconsolada mientras que con una mano se afirmaba su bajo vientre y con otra se afirmaba de Phil, Lili venía atrás pisándole los talones.

—¿Qué...? —iba a preguntar él, sin embargo su pregunta quedó suspendida en el aire cuando Lili se le acercó.

—Necesitamos llevarla a un hospital, Tommy —la mirada seria y preocupada le congeló por un momento los sentidos—. ¡Apresúrate que aún no es tiempo! —gritó.

El muchacho entonces no dio siquiera una segunda mirada a la mamá de su hijo, pues se giró y rápidamente corrió al auto. Lili se sentó atrás y entre Jace y Philli subieron a Kimi recostándola en la parte de atrás con la cabeza puesta en las piernas de la castaña.

—Nosotros los seguiremos en el auto de Jace, ve lo más rápido que puedas —le sugirió Philli mientras cerraba la puerta de atrás, el ruido sordo del golpe quedó amortiguado por el grito de dolor por parte de la muchacha.

Tommy encendió el auto sin molestarse en responder nada y sin esperar siquiera que su amigo se alejase del auto partió a toda prisa.

Sus manos estaban sudadas y tiritaban, no sabía muy bien cómo era que estaba manejando en ese punto, solo sabía que lo estaba haciendo mientras la chica de atrás seguía sollozando y soltando alaridos.

—Tranquila, Kimi —escuchó a Lili susurrar—, ya llegaremos, estarás bien...

—M-Mi bebé... —sollozó la chica—, ¿qué está pasando?

Tommy miró por el espejo retrovisor a la chica y pudo verla apretando los ojos con fuerzas y sosteniéndose el estómago mientras soltaba diversos sollozos.

—Tommy ve hacia adelante —sugirió Dil con tranquilidad, él hizo caso y continuó manejando sintiendo el alma en un hilo. Es que acaso, ¿recién encontrada podría perderla de nuevo?

Fue un viaje de diez minutos, el más largo de su vida. Paró el auto justo delante de la vereda que da a la puerta del hospital, se bajó del auto y pudo notar como Philli ya había bajado del auto de atrás y se acercaba rápidamente hacia la puerta para abrirla, incluso antes que él.

—Vamos, Kimi —soltó Philli—, ayúdame a bajarte del auto.

La chica con dolor comenzó a parase y luego se sostuvo de Phil, de inmediato se notó que siquiera podía mantenerse en pie.

Tommy pudo sentir los ojos verdes de su amigo pegarse en su rostro, y luego él le devolvió la mirada.

—Afírmala —le dijo el DeVille.

Tommy asintió y la agarró con sus manos. Sintió el aroma a liras del cabello de Kimi y tuvo inmensas ganas de llorar entonces, miró hacia atrás, hacia el auto y pudo ver a Lili pálida mirando el asiento en donde anteriormente Kimi iba recostada.

Sangre.

En el asiento había sangre.

—¡Necesitamos una enfermera! —gritó entonces Tommy al tiempo que salía un guardia del hospital y lo ayudaba a cargar con Kimi.

¿Qué diablos estaba pasando...?


El timbre sonó por quinta vez en apenas un par de segundos. Angelica salió con mala cara a abrir la puerta, ¿quién podía estar tan desesperado para tocar el timbre tantas veces en apenas dos segundo?

Lo primero que la rubia vio cuando abrió la puerta fue el cabello rizado y desaliñado de Carlitos Finster, lo segundo que ella pudo notar fueron las ojeras marcadas bajo sus ojos.

Bufó y abrió la puerta por completo.

—¿Quieres entrar y verificar que tu hermana realmente no está aquí? —preguntó apoyada en el umbral mirando al chico con los brazos cruzados y expresión fastidiada.

El pelirrojo frunció las cejas y negó rápidamente.

—Nop —dijo—, te creo... Es solo que quería saber si quizás habías tenido noticias de ella.

—Mira, si tuviera noticias de ellas te hubiese dicho, Finster, en serio —le respondió luego de haber rodado sus ojos—, quizás no te hubiese dicho su paradero, pero sí te hubiese dicho en el estado en el cual se encuentra. Así que confía en mí cuando te digo que no sé dónde diablos se metió Kimi.

Él entonces le dio una mirada, estudiando las facciones de la rubia, como si no le creyese del todo. Angelica entonces endureció sus facciones.

—Me gustaría creerte esta parada de "hermano preocupado", Finster —le soltó con voz mordaz—, pero es un poco tarde ¿no crees?

Él soltó un suspiro. Lo bueno de meterse con Carlitos era que él nunca, pero nunca respondería de la misma manera en la que uno le hablaría, jamás te insultaría, ni te diría nada mordaz, aunque incluso toques una fibra sensible para él.

—Lo sé —susurró—, ¿crees que se haya marchado de la ciudad? —le preguntó mirándola fijamente.

Ella se encogió de hombros.

—Puede ser probable...

—¿Crees que ella...? ¿Crees que ella se marchó a Japón? —le preguntó con rostro preocupado.

Nuevamente se encogió de hombros.

—No lo sé —suspiró ella esta vez—, pero no creo que lo haga, es decir, tiene una vida acá, ¿no? No creo que pudiese...

Sus palabras quedaron cortadas por el sonido del teléfono de Carlitos. Él rápidamente lo sacó de su bolsillo y cuando leyó la palabra "Tommy" en la pantalla no dudó ni medio segundo en contestar.

—Dime...

Angelica vio el rostro de Carlitos palidecer —aún más si es que era posible—, y soltar su teléfono que cayó directamente al suelo.

—¿Carlitos...? —preguntó Angelica dubitativa.

Su pregunta quedó en el aire cuando el pelirrojo corrió hacia su auto. La rubia no dudó ni medio segundo en salir tras de él y subirse en el asiento del copiloto sin siquiera preguntar nada. Carlitos tampoco dijo nada y ambos partieron velozmente al hospital.


Dil se había marchado a casa a darles las noticias a sus padres, volvería con ellos, de eso él estaba seguro y no sabía cuán incomodo se volvería el ambiente en aquella pequeña sala.

Mientras tanto Philli veía a Tommy fijamente, esta vez él no le estaba devolviendo la mirada. Se encontraba paseándose de un lado al otro con manos tiritonas, él podía fijarse perfectamente en los reflejos nerviosos de su amigo, se pasaba las manos por el cabello y luego se llevaba los dedos a la boca en donde parecía aguantarse las ganas de masticarse las uñas para luego dejar caer sus manos a los costados de su cuerpo y volver a repetir los mismos actos.

Se sentía con diversos sentimientos encontrados, como si cada uno de ellos comenzara a luchar para ganar una batalla. El premio del ganador sería expresado por él.

Quizás se acercaba a Tommy y le daba un maldito abrazo, o un quizás un maldito golpe que le desfiguraría su lindo rostro, o quizás podría utilizar —como siempre lo hacía con él— el sarcasmo que sabía muy bien que a su amigo le sacaba de las casillas. Lo último era solo una careta para disfrazar los dos potentes sentimientos que se le agolpaban en el pecho cuando algo tenía relación con Tommy.

A veces incluso quería hablar con él, conversar las cosas y decirle lo mucho que lo siente. Principalmente por sentirse tan dolido por él.

Kimi le rompió el corazón. Tommy también lo hizo.

Y no sabía muy bien cómo expresar aquel sentimiento.

Se sentía traicionado sin sentirse realmente así. Porque quizás era estúpido, pero ¡dios! que le creía en un 115% a su amigo peliazul el hecho de que él no sabía de los sentimientos que él tenía para con la japonesa.

Y que por eso se había involucrado. Pero lo continuó cuando no sabía qué era lo que estaba provocando la hermana de Carlitos en él.

Simplemente el Pickles no se podía detener. Él lo entendía, después de todo se sintió igual, solo que las cosas cambiaron cuando ella no le correspondió.

Caso contrario a lo que le pasó a Tommy.

Kimi lo había amado.

No como sucedió con él.

Y se sentía como un maldito perdedor ante la idea de que siquiera podía odiar a quien supuestamente le había quitado al amor de su vida.

Porque también lo amaba.

Sintió de pronto la mano de su hermana tocando la suya con suavidad. Él dio un brinco hacia atrás por el repentino movimiento de su gemela, y luego suspiró. Quitando por primera vez la vista del muchacho que seguía con sus movimientos rutinarios frente a la ventana.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Lili con una media sonrisa en sus labios.

Él se encogió de hombros, sabiendo exactamente a lo que su castaña hermana se refería.

—Supongo que algún día lo estaré —asintió lentamente con su cabeza—, sanará.

La chica sonrió levemente y acarició con su otra mano el cabello que caía distraídamente por la frente del chico.

—Lo estarás —aseguró con suavidad ella.

Phil entonces endureció su mirada verdosa, pegándola fijamente en la más oscura de ella, Lili sabía lo que se venía, pero de igual manera lo miró con extrañeza.

—No lo vuelvas a hacer nunca más, ¿vale? Porque a la próxima que desaparezcas así tendré que comprar algún maldito chip gps y cocerlo a tu jodida ropa, ¿entendiste? —le soltó como si no esperase ningún "no" por respuesta.

Lili sonrió.

—Lo siento por eso —susurró—, pero sabes que no la iba a abandonar aún más de lo que ya lo he hecho.

—Nos preocupaste mucho —dijo y luego elevó la vista hacia un costado y sonrió al moreno con una pizca de maldad en sus ojos, cosa que Lili notó de inmediato—. ¿Cierto Jace?

El muchacho de oscuros cabellos se sonrojó ligeramente logrando un extraño contraste ente su piel mulata y sus mejillas sonrojadas.

—Y-yo... —el chico se movió incómodamente en el lugar y luego asintió sin mirar en ningún momento a Lili a la cara.

A la castaña le produjo cierta ternura. Sonrió divertida y volvió a mirar a su hermano.

—No pasará otra vez, lo siento...

Phil sonrió casi como si estuviese contento por algo, como si hubiese logrado un objetivo.

—Está bien... Pero no sabes el grito que te dará mamá cuando vuelvas.

Lili rió y apretó la mano de su hermano con la suya.

En ese momento la puerta de urgencias se abrió de golpe. Un pelirrojo muchacho entró apresurado mirando rápidamente por toda la sala, sus ojos se pegaron en ella, en su hermano, en Jace y por último en Tommy. Pareció que Carlitos lo escudriñó por un momento y cuando se dio cuenta de lo nervioso que parecía estar el muchacho de cabellos azules, decidió mirar nuevamente a Philli y caminar directo hacia él.

—¿Dónde está ella? —preguntó.

En ese momento entró Angelica estudiando el lugar lentamente, luego cuando se dio cuenta que nada parecía llamar realmente su atención, se acercó a una silla y se sentó a esperar. Quizás qué.

—Aún no ha salido nadie a decirnos algo acerca su salud... —respondió Phil soltando la mano de Lili y metiendo las suyas propias en los bolsillos de su pantalón. La castaña sabía que aquello Phil lo hacía cuando quería demostrar despreocupación—, estará bien —le dijo con una ligera sonrisa—, ella siempre lo está.

—Necesito entrar a verla —murmuró el Finster pareciendo perder el juicio.

—Calma, hombre —le dijo el castaño—, deja que los doctores hagan su trabajo, nos dirán cualquier cosa.

—¡No! —chilló el pelirrojo pareciendo desesperado—, ¡es mi maldita hermana, con un demonio! —gritó llamando la atención de la recepcionista del lugar y de un par de personas que también parecían estar esperando la noticia de algún ser querido.

Lili se percató de que Tommy en aquel momento pareció salir de su trance de desesperación. Pegó sus ojos castaños en su mejor amigo, recién notando su presencia y luego miró a la recepcionista fijamente.

La castaña conocía a sus amigos. A cada uno de ellos los conocía como a la palma de su mano, y sabía lo que Tommy pensó en ese preciso momento.

Ella no intentaría detenerlo, tampoco ayudarlo, solo haría que el maldito ambiente se enfocara en cualquier situación excepto en el mayor de los Pickles.

Se paró y abrazó a Carlitos rápidamente.

—Estará bien, tranquilo —el muchacho pareció quedar congelado en aquel lugar. Ella cerró sus ojos y apretó aún más fuerte el abrazo del pelirrojo, hasta que él le devolvió el gesto con lentitud.

—¿Qué hemos hecho? —susurró él en su oído.

Lili pudo sentir la voz amortiguada de su amigo, sabiendo entonces que el pelirrojo lo único que quería era llorar en esos momentos.

—Ser los peores hermanos de la vida —susurró ella en respuesta, sabiendo muy bien que ambos estaban hablando de Kimi—. Fuimos unos estúpidos y malditamente egoístas... Pero, ¡hey! Habrá tiempo de remediarlo, ella nos perdonará y todo estará bien nuevamente...

—¿Lo crees así? —preguntó el chico separándose ligeramente de su amiga, mirándola fijamente a los ojos pardos de la DeVille.

Ella asintió con mirada seria.

—Nos perdonará, nosotras a ella y todo será mejor que antes —le dijo.

—¿Qué es lo que pasó? —preguntó el muchacho esta vez mirando a Philli, como si de algún modo estuviese reprochándole algo.

Lili pudo sentir la incomodidad de su hermano, sin embargo, ella habló.

—Estuvo a punto de irse a Japón —miró a su amigo a los ojos—. Y de hecho, si no fuera por Philli ella quizás... —sintió un escalofrío en su columna vertebral, pensando seriamente en lo que ella hubiese hecho sola con Kimi cuando le comenzó el dolor en el vientre.

—Solo quería detenerla —explicó Phil mirando a su amigo fijamente—. Nunca pensé en que terminaríamos aquí, ¿sabes? Lo siento.

—Oh diablos —habló Jace por primera vez en el lugar, pareciendo harto de algo. Los ojos de todos en la sala (incluso de Angelica y la pareja que esperaba a alguien más) se pegaron en el moreno de ojos claros—. ¿Es que ustedes se repiten "lo sientos" cada cinco malditos segundos?

Todos parecieron mirarlo sin entender. Él bufó pareciendo frustrado.

—He estado con ustedes por quizás tres horas y a todos los he escuchado disculparse los unos con los otros —los miró a todos fijamente, incluso a Lili, a quien sin saber muy bien porqué se le colorearon las mejillas cuando los penetrantes ojos del chico se pegaron en los suyos—. Ya sabemos todos que la han cagado, con todos, ¿pero es necesario tanta disculpa? Después de todos somos unos malditos niños, ¡maldita sea! que somos jóvenes, tenemos que equivocarnos para aprender...

Todos agacharon entonces sus miradas, como pensando seriamente lo que hablaba el muchacho que para todos ellos era un extra bastante lejos de la película.

—¡Al demonio! —pareció molestarse aún más ante el silencio de los presentes—. Phil se enamoró de alguien incorrecto, ella encontró al amor en otro lugar igual de incorrecto, lo mismo con el chico enamorado de lo incorrecto, ustedes dos heridos porque ese maldito trío tenía estrecha relación con ustedes. ¡Una mierda! —pareció reírse—, pero al demonio, todos se quieren, todos están ahí para el otro sin importar qué, porque da lo mismo lo que sea que haya pasado, se querrán los uno con los otros aunque uno de ustedes sea un maldito asesino psicópata.

Soltó un último bufido, cruzó sus brazos a la altura de su pecho y se pegó a la pared mirando hacia el frente pareciendo bastante sofocado.

Los tres chicos —principales involucrados— se quedaron en silencio mirando un punto fijo en la nada.

—Una lección aprendida, desconocido —habló Angelica en su puesto sonriendo con arrogancia—, pero hubiese sido un mejor discurso si realmente los principales involucrados hubiesen estado aquí para escucharte.

Jace enarcó una ceja sin entender muy bien lo que hablaba la rubia —que sabía perfectamente quién era— después de todo Angelica era popular en la escuela y no había chico que no supiera su nombre. Carlitos pareció entonces recién caer en cuenta de que Tommy había desaparecido.

Lili sonrió y bajó su vista hacia donde su hermano, quien también parecía sonreír, esta vez realmente.

La castaña volvió a sentarse a un lado de su hermano y suspiró.

Sí, Phil lo superaría.


En el momento en que Jace comenzó a hablar en aquel lugar, él aprovechó la distracción de la recepcionista para entrar hacia el lugar en donde habían trasladado a Kimi.

Sabía que en alguno de esos cubículos debía estar y él no se iría de ahí hasta verificar que la muchacha se encontrase en perfecto estado, al igual que el bebé... Su bebé.

Intentó no parecer una persona que no supiera lo que estaba haciendo, sabía que un mínimo de descuido significaría que lo corrieran de aquel lugar y por consecuencia no podría ver a Kimi y no sabía en qué estado se encontraba. Sintió un frío escalofrío recorrerle la columna vertebral al recordar la macha de sangre que quedó en el auto de su padre. Sabía que Hugo no le diría nada, después de todo sabría lo delicado que era todo aquel tema y no le interesaría tener que mandar a limpiar los asientos de su coche tan bien cuidado.

Caminó con rapidez abriendo todas las cortinas que separaban los cubículos, hasta que al fin la encontró.

Parecía estar durmiendo. Su corazón palpitó con fuerza dentro de su pecho.

Su rostro siempre brillante estaba opaco y sin ningún color, su piel era traspasada por un par de agujas y tenía una sonda que le ayudaba a respirar. En un monitor parecía que se le controlaba el ritmo cardíaco y habían unos extraños tapones que parecían adherirse a su vientre. Justo de esos tapones habían unos cables que llevaban a una maquina en donde Tommy pudo ver unas extrañas manchas grises y después de enfocar bien pudo ver el perfil de una pequeña cabeza.

Un nudo rápidamente se le hizo en la garganta.

Ese era su bebé...

Se acercó a paso lento al monitor y luego guió sus ojos hacia donde Kimi parecía descansar.

Sus ojos azules profundos y oscuros estaba mirándolo fijamente, él se hubiese asustado de no ser porque una sensación de satisfacción le recorrió cada vena.

Se quedó ahí mirándola fijamente, sin despegar por ningún segundo sus ojos de ella, Kimi tampoco lo hizo, le devolvió la mirada penetrante, sin decir nada hasta que una lágrima cayó por su mejilla con rapidez. Tommy sintió la necesidad de acercarse, pero se mantuvo en su puesto.

—¿Te imaginas cómo va a ser? —preguntó con suavidad él entonces, rompiendo el silencio intenso que había llenado la habitación.

La chica pareció extrañarse por la pregunta del muchacho, torció el gesto y sacudió la cabeza de manera positiva sin muchas energías.

—Creo que tendrá tus ojos —la voz le salió rasposa y sin mucho ánimo, pero respondió con sinceridad, Tommy lo sabía, en sus ojos se reflejaba un brillo que nunca antes había visto en ella. Era como si ahora se hubiese abierto a él y él pudiese ver todo en ella, incluso leer sus pensamientos.

El peliazul sonrió ligeramente y miró nuevamente la pantalla del monitor en donde aún se podía ver el pequeño perfil del bebé.

—Me gustaría más que tuviese los tuyos —respondió él a una pregunta no formulada, la miró fijamente—. Creo que es lo que más me fascina de ti. Son únicos... Son del color de la noche.

Sabía que quizás Kimi se hubiese sonrojado, sin embargo, seguía sin parecer tener color en su rostro.

Soltó un suspiro y se giró para mirarla fijamente.

—Fui un idiota... —dijo con suavidad acercándose poco a poco al costado de la cama—, lo siento mucho.

Ella cerró suavemente sus ojos, otra lágrima cayó por su mejilla.

—No —susurró sin mucha fuerza en su voz—, no tienes que disculparte —la voz le salió ronca y carraspeó—. Hice todo mal yo y siempre estuve arrancando de ti... Y es que todo el tiempo tuviste razón —Tommy esta vez alcanzó la mano de la hermana de su mejor amigo y la tomó con cuidado, apretando suavemente—. Tú eres el único que debe perdonarme... Yo jamás quise ocultarte esto por tanto tiempo, ni correr, ni nada... Es solo que, ¡dios! Tienes razón, siempre he tenido tanto miedo.

—Está bien —él se acercó completamente a ella y con su mano libre (mientras que la otra acariciaba sus nudillos con su dedo pulgar) comenzó a pasar sus dedos con suavidad por la frente de la chica, corriendo un par de cabellos que se le habían adherido a la piel—, ya no tienes que temer, Kimi —le susurró sonriendo suavemente—, estoy aquí ahora contigo y no dejaré que nada malo pase, ¿entiendes? Ya no es necesario correr.

Ella sacudió su cabeza ligeramente en son de negativa.

—Es que no lo entiendes —dijo con suavidad y lo miró directamente a los ojos—. Siento que... Te amo.

Tommy la miró fijamente, su corazón dio un brinco en su pecho tan grande que fue ligeramente doloroso. No pudo evitar sonreír aún más amplio mientras en sus ojos se acumulaban lentamente lágrimas.

—Pero es tan jodidamente grande el amor que siento por ti que me aterra pensar en que las cosas pueden resultar mal —sonrió con tristeza—, más mal de lo que ya han resultado...

El hijo de Hugo y Didi se enderezó ligeramente y fugazmente pegó sus labios en los de la muchacha. El beso fue fugaz, pero a ambos muchachos les produjo un choque eléctrico que no pasó desapercibido por ninguno.

—Lo arreglaremos, Kimi —sonrió confiado—. Estando juntos estaremos bien, ¿entiendes? Ahora... No vuelvas a arrancar otra vez.

Ella sonrió suavemente y suspiró.

—Está bien —dijo y cerró ligeramente sus ojos.

Para cuando Kira con Carlos entraron al cubículo junto con el doctor, todos se asombraron ligeramente del hecho de que junto a la niña hospitalizada se encontraba Tommy, ambos acostados en la cama. El peliazul tenía su brazo alrededor del cuerpo de la embarazada, su cabeza estaba escondida entre el cabello de la chica y ambos parecían estar profundamente dormidos.

Kira en un momento sintió la necesidad de levantar al muchacho y sacarlo de ahí, sin embargo, cuando sus ojos se pegaron en el rostro de su hija pudo darse cuenta de que ella realmente estaba disfrutando de aquel momento incluso en el sueño.

Suspiró.

Carlos le tomó la mano de su esposa y entrelazó sus dedos, los apretó suavemente y cuando los ojos oscuros de Kira se pegaron en él, el pelirrojo le dio una ligera sonrisa.

Ella suspiró.

—Creo que deberíamos despertarlos... —Kira no se veía cien por ciento segura de lo que estaba diciendo. El doctor la miró fijamente y sonrió con suavidad.

—Será mejor que los dejemos descansar —susurró para no molestar a ambos jóvenes acostados.

La mujer tampoco parecía estar de acuerdo con aquello, vio el rostro de su hija y la vio por primera vez desde hace tiempo tan tranquila que daba lo mismo todo lo que ella en ese momento quería decirle, o de las inmensas ganas de querer abrazarla y rogarle que nunca más se marchase así de su lado. Sus ojos se volvieron brillantes y miró a ambos hombres en la habitación.

—Sí, salgamos...


Carlitos decidió que lo mejor que podía hacer en ese momento era salir de la maldita sala asfixiante y tomar un poco de aire, se sentó justo en frente de la entrada del hospital, en la cuneta y sacó su teléfono celular. Marcó nuevamente el número que había estado marcando cada tarde, se llevó su móvil a su oreja y esperó.

Rápidamente se dejó oír la voz de Clarissa se dejó oír por el otro lado del teléfono, sin embargo, Carlitos no se ilusionó pues sabía de sobras que era su grabadora y no ella personalmente quién había tomado la llamada.

Suspiró, de igual manera comenzó a hablar.

—Hey, soy yo otra vez —se remojó los labios resecos y carraspeó—, sé que quizás nunca escuches todos los mensajes de tu buzón, estoy seguro que una gran mayoría son míos contándote lo que ha pasado en mi vida durante este tiempo —nuevamente volvió a suspirar—. Encontramos a Kimi, más bien Phil la encontró, quería irse a Japón y... —un escalofrío le recorrió la espina dorsal— estamos ahora en el hospital, tuvo un problema con el bebé y el doctor dijo que no sabía si podría salvar su embarazo porque tiene un cuadro de estrés muy alto y otras cosas de doctor que no me preocupé mucho en entender —la voz se le quebró ligeramente—. Yo... Sé que quizás ni te interese lo que te cuento en los mensajes pero... En lo poco que duró lo nuestro siempre sentí que contigo podía ser yo mismo y que no importaba... No importaba lo nerd que fuese o lo nervioso que actuase algunas veces y todas esas cosas entonces podía decirte todo, contarte todo y parecía ser que realmente te interesaba y te divertías cuando yo te contaba mis cosas. Sé que quizás nunca fue así y está bien, lo entiendo...

La primera lágrima cayó y él sorbió por la nariz. ¿Cuán patético podía llegar a ser? Se sonrió pero la sonrisa no llegó a sus ojos realmente.

—No volveré a llamar, lo prometo... Pero es necesario que sepas que realmente creo que te amé... Que te amo y que daría lo que fuese porque volvieras sin miedo —sollozó—, ya terminé la escuela y quizás... Solo quizás... Realmente espero que simplemente hayas esperado que eso sucediera para volver —cerró sus ojos—. Adiós Clarissa.

Cortó.

Y abrió los ojos, pegó su mirada en el teléfono y lo apretó con fuerzas, con una inmensas ganas de lanzarlo lejos.

—Así que Clarissa... —la voz detrás de él lo sobresaltó.

Se giró rápidamente y vio fijamente a Philli, quién estaba fumándose un cigarrillo apoyado del poste, justamente un poco detrás de él. Carlitos se preguntó cómo diablos no se fijó en que su amigo estaba ahí, aunque no le asustó el hecho, de todas formas el DeVille siempre había sido bueno siendo sigiloso.

Sonrió suavemente.

—No es bueno espiar a la gente, Philli —le dijo el muchacho con suavidad.

—Yo estaba de pie aquí mismo fumando, tú llegaste y te colocaste a hablar... Creí que incluso querías que oyera así que presté más atención de lo debido —sonrió suavemente y lanzó el humo del cigarrillo por entre sus labios.

El Finster se rió suavemente.

—Entonces, Clarissa, ¿eh? —el castaño se acercó a su amigo y se sentó a su lado—, ¿qué tenemos los hombres que siempre nos fijamos en las que nos rompen el corazón?

El pelirrojo se encogió ligeramente de hombros.

—Supongo que bueno... Será una incógnita que espero algún día algún buen hombre logre resolver.


Tommy quizás hubiese despertado horas después de no haber sido por un quejido a su lado. Abrió sus ojos rápidamente y se encontró con que Kimi estaba respirando con dificultad y entre sueños estaba afirmando su barriga.

—¿Kimi? —preguntó él incorporándose ligeramente en la cama, sin embargo, antes incluso de poder ver su rostro se dio cuenta de lo sudada que se encontraba la chica y del gesto de dolor que estaba en su rostro— ¡Kimi!, ¿qué pasa?

No esperó contestación, rápidamente gritó por alguna enfermera, alguien, por cualquier persona.

Kimi comenzó a llorar mientras se aferraba la barriga aún con los ojos cerrados, fuertemente apretados.

Y entonces Tommy escuchó el sonido maldito... a alguien en esa habitación se le había detenido el corazón.

El peliazul saltó hacia donde estaba la chica junto a un grupo grande de enfermeros y médicos que se acercaban a la chica. Sintió unas manos empujándolo hacia afuera.

—¡No!, ¡no! —gritó él con lágrimas en sus ojos—, ¡Kimi!, ¿qué está pasando?, ¿qué está...?

—¡Tiene que salir joven! —le gritó una enfermera desde atrás aferrando su brazo.

Él llevó sus ojos hacia la maquina que debía estar controlando a su hijo y cuando vio la luz roja encendida en aquel monitor entendió que estaba pasando.

Kimi chilló.

—¡Hagan algo!

Él no sabía que estaba llorando hasta que sintió sus mejillas humedad.

—¡Tienes que salir de aquí! —un enfermero macizo lo corrió hacia la puerta, por todo el pasillo.

Tommy estaba muy confundido para hacer algo con respecto a él y solo se dejó arrastrar hasta la misma sala de la cual había arrancado hace un par de horas atrás. Cuando el enfermero lo soltó él se vio rodeado de varias caras, ninguna visible completamente para él. Cayó de rodillas al suelo y se largó a llorar con más fuerzas.

Escuchó a Kira gritar y llorar por su hija, sintió un par de brazos intentando reconfrontarlo, pero él no podía pensar en ninguna otra cosa más que en Kimi, quien seguía allá adentro y quizás que estaría pasándole en ese momento. Soltó un sollozó y golpeó el suelo con fuerzas.

—Tienes que tranquilizarte —escuchó, alguien estaba apretándolo entre sus brazos, en un abrazo que parecía querer fusionarse con su cuerpo. Era Philli—. Tienes que calmarte por ella, ¿entiendes? Tienes que estar fuerte, no ha pasado nada aún y no puedes derrumbarte.

—Yo... Yo creo que está muerto —se separó de su amigo y lo miró fijamente a la cara, los ojos verdes de Phil estaban brillantes—, él está muerto...

El DeVille tragó saliva con pesadez y lo acercó a él nuevamente para apretarlo en un abrazo. Tommy lloró en su hombro, devolviendo el gesto y escondió su rostro en el hombro del muchacho de cabellera castaña.

—Ya pasará... Ya pasará —lo oyó arrullarlo con suavidad.

Pero Tommy no estaba muy seguro de si pasaría o no aquello.

Quizás nunca pasaría...


Buenooooo! Después de un tiempo largo estando desaparecida, pues, he vuelto con el penúltimo capítulo de este fanfic tan dramático y lo digo porque este capítulo sí que me quedó dramático jajaja

Bueno, espero que si alguien sigue el fanfic se alegre por este capítulo y no me odie, aunque el final me quedó para que la gente me odie. La verdad es que aún no decido si mataré o no al bebé, para ambos finales tengo pensado el capítulo casi completo. Un final es feliz (medianamente) y otro no es tan feliz (pero que este no tan feliz podría tener un capítulo más pero que sería aparte). El próximo capítulo es el final de este fanfic Un Segundo pero podría llegar unos capítulos sueltos solo a completar la historia!
Espero les haya gustado el capítulo y espero que alguien lo lea jajaja después de todo hace harto que desaparecí, es obvio que haya gente que desapareció y que no lea esto. Como sea, lo hice y tengo la consciencia limpia (medianamente), así que pos, dísfrutenlo.

Un abrazo cariñoso a todas.

nos leemos más pronto que tarde ;)

PD: Quedó demasiado largo por eso tuve que partirlo en dos capítulos, lo siento :C