La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen

Muchas gracias por sus reviews. Como siempre es un placer recibir y leer cada uno de ellos y saber en ellos que la historia les está gustando, sus pensamientos y opiniones

Sin más los dejo con el episodio.

Espero puedan perdonar cualquier error…

Agradecimientos y P.D a Autumnevil5 ya actualicé y ahora estoy esperando...


No supo cuánto tiempo había pasado mientras él solo podía estar sentado sin moverse, recargado en una pared de esa celda. Se sentía devastado y estar ahí dentro, en ese preciso lugar, empeoraba todo, pero era incapaz de moverse, no sabía por qué pero de alguna forma sentía que se merecía esa sensación que estar en esa celda le causaba.

Es que no podía creer lo imbécil que fue al no poder actuar cuando estaba viendo que Regina estaba destrozada, pidiendo que se quedara con él, con una idea muy errada en su hermosa cabeza y él en vez de acallar sus miedos los hizo realidad.

Le había fallado, en su intento por protegerla y salvarla había cometido un error muy grave que fue pensar que tenía todo bajo control y que las cosas marcharían como él las tenía previstas. Debió prestar más atención, la última vez que estuvo con ella la reina había estado muy distinta, en su forma de comportarse, en su forma de tocarlo y entregarse a él, y ahora que Regina le había pedido que se quedara con ella estaba más que seguro que sus sentimientos eran correspondidos por la reina y maldijo que las cosas hubieran sucedido de esa forma porque quería explicarle pero no pudo, tenía que echarlo todo a perder. Era un idiota.

Dejó caer su cabeza hacia atrás dándose un pequeño golpe él solo con la pared. Miró sus manos que estaban ensangrentadas y suspiró, ahora tendría que dar una explicación, ya estaba harto de tener que andar inventando excusas y justificando sus ausencias, necesitaba que todo terminara ya.

Lo necesitaba ahora más que nunca porque tenía que ir a confesarle sus sentimientos a Regina y solo podía rogar porque la reina le diera al menos la oportunidad de explicar todo, de hacerle ver que era solo un malentendido, que él la amaba, que de ninguna forma quería matarla y que jamás permitiría que alguien le hiciera daño.

Tomó un largo respiro aguantando las lágrimas que amenazaban con caer de nuevo y se levantó decidido; no se iba a dar por vencido.

Se acercó a la puerta y rogó porque estuviera abierta, debía estarlo puesto que realmente no había prisionero y no era muy probable que Regina en el estado en el que se encontraba cuando lo mandó ahí fuera consciente que tenía que dejarlo encerrado para empeorar todo.

Si estaba cerrada tendría que pedir ayuda para salir y sería una situación un tanto complicada de explicar. Afortunadamente la encontró abierta y entonces salió apresurado.

Comenzó a bajar las escaleras y al pie de la misma estaba una molesta Granny con los brazos cruzados

- ¿Dónde te habías metido? - casi gruñó la vieja lobo pero en voz baja - Todo el mundo te está buscando porque de pronto te marchaste en plena celebración y no regresaste y por tu estado puedo imaginarme quien es la responsable –

David solo cerró los ojos mientras la escuchaba, necesitaba librarse de ella para intentar hacer algo y no perder a Regina. Estaba desesperado y no le importaba siquiera que le estuvieran buscando

- Tenía algo importante que hacer y ella no está haciendo nada malo, no tiene nada que ver en ésto - dijo intentando sonar convincente y no enfadado porque la verdad era que le molestaba que siempre pusieran a la reina como la culpable de todo

- Esto se está saliendo de control, David - dijo Granny intentando acercarse al príncipe - Y si crees que no me he dado cuenta estás muy equivocado - le regañó

- ¿Cuenta de qué? - preguntó él extrañado

- Ven acá - Granny tomó al príncipe de un brazo y comenzó a arrastrarlo por los pasillos del castillo, alejándose de todos los que buscaban a David.

En todo el trayecto el príncipe no dijo nada, sus pensamientos solo estaban ocupados por la forma en la que resolvería el gran problema que tenía que era el tiempo, si emprendía un viaje para buscar a Regina y arreglarlo todo se irían sin él a capturar al Oscuro, y él tenía que estar presente para asegurarse de que ese horrible ser no pudiera dañar a la reina nunca más. Además si hacía eso corría el gran riesgo de que en vez de ir por Rumplestiltskin, emprendieran una búsqueda por él y eso les llevaría directamente con la reina y no podía permitir que eso sucediera.

Granny casi lo empujó dentro de la habitación que le pertenecía a ella, la vio buscar algunas cosas que alcanzó a ver eran para curar sus heridas

- Siéntate en la cama - le pidió. Granny colocó las cosas en un buró enseguida de la cama, después se sentó a un lado de él y comenzó a limpiar sus heridas - Te dije que era una mala idea meterte en su cama - le reprendió de nuevo - Desde hace semanas que ya no solo hueles a ella, tienes su esencia impregnada en ti, como si fuera tu pareja, tu mujer. Pueden pasar días y seguirás oliendo solo a ella porque ni siquiera estás teniendo intimidad con tu esposa - dijo en tono molesto

- Granny, tú sabes que solo lo hago porque qui… -

- ¿Sabes qué es lo peor de todo, David? - preguntó la lobo interrumpiendo al príncipe - Que tienes razón, ella no está haciendo nada malo de momento, el que está cometiendo traición eres tú - dijo tomando unas vendas para cubrir las heridas del príncipe - Tu idea de acostarte con la reina para detenerla de lanzar la maldición fue lo peor que pudiste haber hecho. Me preocupa tu comportamiento, tu estado de ánimo pero sobretodo que esa mujer no haya aparecido para destruir a Snow, porque sabes que el enterarse de lo que estás haciendo la va a destrozar - dijo terminando de vendar las manos de David - Tiene el arma perfecta para acabar con ella y su final feliz, lo peor es que tú le estás ayudando a tener ese poder, pero aun así no ha venido a... - pero el príncipe la interrumpió esta vez

- Cuando podamos capturar al Oscuro todo estará bien - dijo David tratando de ignorar lo que había escuchado y lo que implicaba todo lo de Granny había dicho

La lobo solo suspiró - Tu esposa te está buscando David, deberías ir a su encuentro - el príncipe la miró mientras ella guardaba las cosas que había usado para curarlo, algo raro había en el comportamiento de Granny, esperaba otro tipo de reacciones de ella al saber lo que estaba haciendo con Regina.

Se levantó y salió del cuarto, no podía perder el tiempo. Comenzó a dirigirse al salón principal pero antes de llegar se encontró con Snow seguida de Azul. Una le miraba preocupada y la otra como juzgándolo

- ¿Dónde estabas? - preguntó la princesa - ¿Qué te pasó en las manos? - tomó las manos de David y éste siseó un poco por la sensación un poco dolorosa - Azul ¿Puedes curar sus heridas? - el hada solo se acercó, agitó su varita y curó las manos de David

- Gracias - dijo él - Tuve que salir porque necesitaba un poco de aire. Después me... –

- Lo encontré yo y le pedí que me ayudara a mover algunas cosas de mi cuarto - interrumpió Granny apareciendo detrás del príncipe. David volteó a verle sorprendido - Algunas cajas muy pesadas cayeron sobre sus manos y se lastimó - dijo en un tono y con un porte que no dejaba lugar a dudas de lo que decía era verdad y él solo cerró los ojos agradecido

- Princesa - habló el hada - Debemos dormir, recuerda que mañana mismo partiremos hacia el reino vecino para la captura del Oscuro –

- Sí - dijo ella y después miró a David - Tu ropa ya está siendo empacada, nos veremos poco antes del amanecer en los establos - se acercó para darle un pequeño besó y se retiró seguida del hada - Buenas noches –

- Buenas noches - respondieron David y Granny.

Al verse solos el príncipe volteó a ver a la lobo - Gracias - dijo extrañado - ¿Esto que estás haciendo es alguna especie de trampa? - preguntó

- No - respondió ella - David, en verdad estoy preocupada. Quizá no te hayas dado cuenta lo que significa realmente lo que estás haciendo, pero ponte a pensar… Todo el problema entre Snow y Regina ha sido por un final feliz perdido y ahora tú estás arriesgando otro, quizá prometiendo uno que nunca va a llegar para alguna de las dos. Espero estar equivocada y no desates otra guerra interminable entre ellas - dijo retirándose mientras dejaba al príncipe con esa duda.

Se quedó perdido por unos momentos imaginando brevemente esa situación pero rápidamente la apartó de su mente. No es que pensara que Regina era el peligro pero él la había elegido a ella y sabía que tarde o temprano Snow terminaría aceptando que la dejó de amar y lo mejor era no seguir juntos. Y en todo caso la guerra sería entre él y Snow porque era él quien ya no quería estar con ella, Regina no se lo estaba pidiendo, al menos no hasta ese día y no le pidió explícitamente que dejara a Snow.

Sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente al recordar la expresión de Regina mientras le pedía que se quedara con ella y él de idiota tuvo que hacer y decir lo que no debía, Dios, no entendía cómo es que parecía que tenía el don de hacer las cosas mal con ella.

Comenzó a caminar y no se detuvo hasta que llegó a su habitación, a ese lugar donde Regina se le había entregado de una forma dulce y él había sido tan tonto de no darse cuenta. Su deseo por poseerla, por cumplir sus peticiones, por querer hacerla sentir bien y segura hicieron que pasara de largo lo que significaba que ella quisiera ser de él esa noche, que le hubiera ido a buscar hasta el palacio del Reino Blanco solo para entregarse a él, como una última vez.

Lo único que quería era hacer las cosas bien por ella, quizá Regina no lo entendiera pero ella valía la pena para arriesgarlo todo y lo último que hubiera querido hacer con la reina era llenarla de promesas mientras vivía una doble vida, pidiéndole que aguardara por él porque dejaría a su esposa. Ella se merecía que hiciera las cosas bien. Tenía que ser derecho y terminar las cosas con Snow para poderse ir con Regina y ofrecerle todo de sí, sin ninguna restricción, sin secretos, sin andarse escondiendo y entonces poder hacer mil promesas a la reina y vivir para cumplirlas.

Quería buscarla y explicarle todo pero tenía que asegurarse que Regina estuviera a salvo del Oscuro para dejar a Snow. Su corazón dolía ante ese pensamiento de dejarla en ese estado por unos días más pero era una promesa que le había hecho a la reina en el momento que decidió que era ella la mujer de su vida y no podía fallarle, tenía que hacer todo lo que estuviera en sus manos para que estuviera a salvo.

Sacó papel y tinta para comenzar a escribir una carta donde le explicaba a grandes rasgos a Regina que lo que fuera que hubiera visto era todo una farsa, que estaba fingiendo porque estaba intentando protegerla, que tenía sentimientos hacia ella, que en unos días iría a buscarla y que le diera la oportunidad de hablar, solo una y que si después de escucharlo no le quería ver de vuelta él lo iba a aceptar.

Hubiera querido decirle que la amaba pero no quería confesar sus sentimientos de esa forma, Regina merecía que se lo dijera de frente. Además necesitaba hacerlo así porque estaba seguro que si lo hacía a través de esa carta ella no le iba a creer. Ya no quería equivocarse con Regina, quería hacer las cosas bien por ella.

Cuando terminó, dobló la carta, llamó a un cuervo y lo envió con la carta para la reina sintiendo el corazón apretado mientras rogaba que Regina recibiera el mensaje y le diera la oportunidad.

Esa noche David no pudo dormir sintiéndose impotente por no poder correr hacia ella en ese mismo instante como tanto deseaba hacerlo para confesarle su amor y hacer lo que no pudo cuando la tuvo enfrente.


En medio del Bosque Encantado, un cuervo atravesaba los alrededores del Castillo Oscuro cuando una fina flecha le atravesó un ala haciéndolo caer. El cazador tomó al pequeño animal y se adentró al castillo para curar su herida al tiempo que destruía el mensaje que sabía muy bien de quien era y a quien se dirigía.

Mientras en la habitación principal la reina lloraba desconsolada en el regazo de su padre quien no podía hacer mucho para consolar a su niña.


Dos días después Regina seguía postrada en su cama, no se había levantado en todo ese tiempo, era como si simplemente se hubiera quedado sin ganas de nada y lo único que podía hacer era llorar. Llorar porque una vez más se había atrevido a amar y terminó con el corazón destrozado.

Era una estúpida, ya había hecho la promesa de no amar de nuevo, de no amar a nadie como amó a Daniel y ahí estaba una vez más, amando a un hombre con todo su corazón con el que no podía estar, uno que la había traicionado, que se burló de ella y la quería matar. Uno que no la quería ni tantito.

Lo más fácil sería terminar con todo, lanzar la maldición ya no era una opción pero quería acabar con todo su sufrimiento de una vez, no sentir más, no pensar más, no… y se sintió muy egoísta al tener esos pensamientos, su bebé… ese pequeño ser dentro de ella no se merecía que no siguiera adelante, era difícil de explicar porque en verdad quería acabar con todo ese tormento pero el hecho de saber que estaba embarazada la mantenía en la realidad de alguna forma.

Cerró los ojos fuertemente y suspiró, llevó una mano dubitativa a su vientre y la colocó ahí como aceptando abiertamente por primera vez lo que esa prueba con magia había confirmado, lo que significaba que fuera a tener un hijo...

No quería pensar en eso de los hechizos ni en lo que había pasado con su magia, nada de eso le importaba en esos momentos solo… David y el bebé.

Sollozó al recordar al príncipe. Todavía no podía creer lo tonta e ingenua que fue al pensar que el príncipe se estaba acercando a ella por una razón distinta a la que siempre había sido su relación. Él era el marido de Snow y ella la peor enemiga de la princesa por lo cual siempre sería una amenaza para su final feliz y David siempre haría todo por Snow. No entendía cómo le cruzó por la mente que pudiera ser distinto. Sonaba tan lógico que quisiera deshacerse de ella

- Buenos días Regina - saludó su padre acercándose a ella y dejando sobre su cama unos cuantos libros - Creo que éstos podrían interesarte - le sonrió tiernamente y la reina solo le miró triste - No puedes estar así toda la vida hija. Te sientes mal y lo entiendo, pero tu bebé no tiene la culpa - dijo serio

- Lo sé - dijo ella colocándose boca arriba y poniendo una mano sobre sus ojos

- Que bien que lo sabes porque ahora que lo has aceptado espero que te empieces a cuidar como debe ser, que comas y duermas lo necesario -

Suspiró y se sentó en la cama mirando a su padre - ¿Qué son todos estos libros? - preguntó tomando uno - ¿Los encontraste en la biblioteca? - eran libros de embarazo

- No - respondió él sentándose enseguida de ella - Son míos –

- ¿Tuyos? - preguntó Regina extrañada

- Tu madre me los dio en cuanto se enteró que estaba embarazada. Todo tenía que ser perfecto, nada podía salir mal, tu madre fue la más cuidadosa en todo consigo misma mientras estuviste dentro de ella y quería que yo también estuviera al tanto de todo lo que estuviera pasando con ustedes - le sonrió emocionado recordando esos tiempos - Cora jamás fue tan feliz como cuando supo que te estaba esperando y no quiero ni decirte del momento en que naciste - acarició la mejilla de su hija - Y yo… te amé desde que supe que estabas ahí, pero me volví loco de amor por ti cuando te vi por primera vez - dijo limpiando una lágrima de su hija - Y te convertiste en mi mundo entero - la reina se echó en sus brazos y su padre la abrazó - Mi hermosa y pequeña Regina - besó su cabeza - Te amo, hija mía. Perdóname por no haberte podido proteger y salvar de todos ellos - sollozó Henry y a Regina le partió el corazón escuchar a su padre.

No es que le juzgara por no haberla protegido, eso no la hacía amar a su padre menos pero siempre una parte de sí misma vivió esperanzada de que su padre hiciera algo por ella cuando pudo

- No tengo nada que perdonarte, papi - dijo ella - Tú siempre has estado conmigo sin importar lo que pase - dijo acariciando una mejilla de su padre y limpiando una de sus lágrimas mientras las suyas corrían por su rostro - Nunca he dudado que me amas a pesar de todo –

- Pero pude haber sido un mejor padre, Regina - dijo él soltando más lágrimas

- Yo pude haber sido una mejor hija durante estos últimos años. Pude haberte escuchado y quizá no estaríamos aquí, quizá todo sería muy distinto para nosotros - le sonrió entre lágrimas

- Eres la reina, tenías que hacer lo que pensabas que era mejor para ti - su padre le sonrió triste.

Ella le sonrió igual tomando una mano de su padre - Siempre me dijiste que desistiera de mi venganza e intentara ser feliz - se pasó la otra mano por su propia mejilla para secar sus lágrimas - Y... bueno, ya no… - dijo respirando profundo - En verdad ya no quiero lanzar la maldición –

- Estoy muy orgulloso de ti por eso - dijo su padre con una expresión de felicidad y el corazón Regina se llenó de un sentimiento inexplicable al escuchar esas palabras de su padre y comenzó a llorar de nuevo - Ya no llores, hija - dijo su padre estrechándola entre sus brazos una vez más - Sé a lo que te refieres cuando dices que las cosas podrían ser distintas pero yo no cambiaría nada Regina. Te sigo amando como lo he hecho desde que supe que existías –

Regina lloró por unos cuantos minutos recostada en el regazo de su padre hasta que se armó de valor para hablar con él - Amo a David, papi. Me enamore de él como jamás creí que lo haría de nuevo - sollozó mientras su padre acariciaba su cabello sin decir nada, solo escuchándola - Me di cuenta que no podía lanzar la maldición porque para hacerlo tenía que matarlo y no… no puedo hacerlo - se limpió la nariz - Y mientras yo de tonta me enamoraba, renunciaba a él para que pudiera ser feliz y me condenaba a tener que enfrentar al Oscuro por no lanzar la maldición, él solo estaba conmigo para asegurarse de que no lo hiciera - dijo sorbiendo su nariz - De seguro estuvo aquí para conocernos un poco y saber la forma para capturarme de nuevo y ahora si matarme - dijo con un hilo de voz.

Henry se sintió culpable una vez más porque él había estado hablando con el príncipe sobre Regina, él le había pedido ayuda para que la salvara, para que no lanzara la maldición y jamás pensó que David quisiera hacerle daño a su hija. Él fue testigo de cómo los sentimientos comenzaron a florecer entre ellos y ahora se sentía tan tonto por no haber adivinado las intenciones del príncipe, por no haberse dado cuenta que todo era un engaño.

Hubiera jurado que David amaba a su hija o que al menos se había enamorado de ella. Y no había podido evitar que una parte de él sintiera la esperanzada de que al fin Regina pudiera encontrar la felicidad. Había sido tan ingenuo y sentía que de alguna forma le había dejado a David a su hija en bandeja de plata al contarle tantas cosas de ella. La dejó totalmente vulnerable ante el príncipe. Una vez más le había fallado a su hija…

- Enamorarse no es un pecado, Regina - dijo acariciando la frente de su hija - Tú no hiciste nada malo - y ella solo cerró sus ojos

- Pero no debí haberme enamorado de él… - dijo Regina mientras se sentaba de nuevo en la cama - Es un hombre casado y no importa con quién lo está, simplemente no debí de haber estado así con David - suspiró con tristeza - Me arriesgue demasiado por un momento de… de felicidad - dijo como con un nudo en la garganta - Y no fui capaz de ver que él solo me estaba engañando - dijo bajito y su padre la observaba con una expresión de suma tristeza - Y encima de todo estoy embarazada de él - limpió sus lágrimas

Hubo unos cuantos minutos de silencio y cuando Henri vio que su hija se había calmado un poco intentó saciar su curiosidad y cambiar un poquito el tema

- Y… ¿Cómo sucedió? - preguntó Henry - Habías dicho que era imposible por tu hechizo –

Regina cerró los ojos y tomó un largo respiro - Aún no lo entiendo bien, pero aparentemente cuando me dejaron sin magia el hechizo perdió efecto y era solo cuestión de que... sucediera - no pudo evitar sonrojarse levemente y su padre sonrió sin poder contenerse

- Te lo dije - exclamó ampliando su sonrisa

- Papá... - renegó Regina, porque sí, su padre había puntualizado que estuvieron teniendo sexo desenfrenado pero jamás imaginó que era posible que quedara embarazada y mucho menos pensó que iba a tener una plática así con su padre. Sentía sus mejillas arder

- Aunque debo decir que hubieron ciertas cosas que vi que no me parecieron del todo correctas hija, pero si eso a ti te gus… -

- ¡PAPÁ! - gritó la reina exaltada - Por Dios, no sigas - tuvo que cubrirse el rostro con su manos

Henry no pudo evitar reír al verla así - Lo lamento - dijo tratando de recuperar la compostura - No importa cómo haya sucedido Regina, lo que importa es que pasó, que estás embarazada y ésto puede ser un nuevo comienzo para ti –

- Jamás pensé que llegaría a pasar, estaba segura que era imposible - dijo ella bajando su manos a su regazo juntándolas - Y ahora no sé bien cómo tomarlo - se mordió el labio inferior como en un conflicto mientras se pasaba un mechón de su cabello por detrás de su oreja

- Con calma - dijo su padre acariciando su espalda - Como todo de aquí en adelante - sonrió genuinamente

- Tengo miedo… - dijo ella en un susurro - Es que… todo está mal, papá - sus ojos se inundaron de nuevo de lágrimas - Mi bebé es de un hombre casado y sabes perfectamente lo que eso significa - se limpió una lágrima - Va a ser rechazado y nadie lo va a… -

- No, Regina - la interrumpió su padre - Tu bebé va a a ser un niño muy querido, por ti y por mí - dijo abrazando a su hija - No necesitará de nadie más para ser feliz. Tú te vas a encargar de eso –

- No sé cómo hacer ésto papá - dijo angustiada - No sé cómo ser una madre mucho menos una buena madre ¿Qué tal qué soy como ella? - preguntó bajito y mirando a la nada

- No puedes ser como ella - respondió su padre - Regina, hay una diferencia muy grande entre tú y ella, tú tienes tu corazón - dijo besando su cabeza - Yo sé que Cora siempre te ha amado y de haber tenido su corazón las cosas habrían sido muy distintas para ti - la abrazó más - Ella solo intentó hacer lo que pensaba era mejor para ti - y escuchó una risa amarga de su hija - Pero sin su corazón no era posible que tomara las decisiones correctas. Se equivocó –

- Tengo miedo de equivocarme como ella - sollozó Regina

- Nadie nos enseña a ser padres pero ya sabes exactamente lo que no debes hacer - le dijo tomando el rostro de su hija entre sus manos - Yo voy a estar aquí contigo para ayudarte en todo lo que pueda - besó su frente - Estoy seguro que lo harás muy bien - le sonrió

- Todavía no entiendo cómo es que me sigues queriendo después de todo lo que he hecho - dijo Regina soltando más lágrimas

- Eres mi hija, eso no cambiará jamás - besó su mejilla y limpió sus lágrimas

- Siempre has estado conmigo, papi. Gracias - lo abrazó y besó su mejilla - Sin ti me hubiera perdido más pronto en la oscuridad. Tú siempre has sido un motivo para no hacerlo –

- Siempre estaré aquí para ti - respondió su padre

Se quedaron abrazados por pequeño rato y después Henry se separó de ella

- ¿Qué vas a querer comer? ¿Tienes algún antojo? - preguntó entusiasmado y al ver la expresión afligida de su hija se adelantó - No importa que no tengas hambre, algo debes comer. No has comido casi nada y ese bebé necesita alimento - dijo levantándose - No dejaré que mi hija y mi nieto mueran de hambre - decía mientras salía de la habitación de la reina y ella le miraba sorprendida al escucharlo usar esa palabra - Te espero en el comedor –

Regina se dejó caer en la cama al verse sola. Todavía no podía asimilar del todo bien su situación, estaba embarazada de un hombre que no la quería, que quería matarla pero era un hombre que ella amaba.

Llevó nuevamente una mano a su vientre y sus ojos se llenaron involuntariamente de lágrimas al ser consciente de eso y aunque no quisiera no podía evitar pensar en que tal vez, si ella no estuviera tan llena de oscuridad, si fuera merecedora de amor, si valiera la pena y su destino no fuera siempre tan cruel hubiera podido tener lo que siempre deseó con Daniel...


Era de noche, David, Snow y compañía estaban acampando en medio del Bosque Encantado. La princesa había insistido en que lo hicieran aunque David no quería esperar ni un solo día más, quería llegar lo antes posible pero Snow había estado muy preocupada por él porque no había dormido absolutamente nada ya prácticamente en tres noches y decidió que lo mejor era tener una noche tranquila. Algo que era imposible para el príncipe.

David estaba sentado frente a la fogata porque obviamente estaba compartiendo su tienda con Snow y la verdad le incomodaba. En esos dos días de viaje la princesa se había estado acercando de nuevo a él de manera insistente y él se sentía impotente por tener que estar rechazándola, ella también se merecía que hiciera las cosas bien, que terminara su relación sin engaños ni mentiras, estaba dispuesto a decir toda la verdad.

Además la incertidumbre de lo que estuviera pasando con Regina lo estaba consumiendo, quería agarrar su caballo e ir hasta ella, tomarla entre sus brazos y decirle lo mucho que la amaba y que sí, que quería quedarse con ella por siempre. Estaba aferrado a la esperanza de que la reina hubiera recibido su mensaje y de alguna forma le estuviera esperando, que supiera que le importaba, que no pensara que no valía la pena…

Vio pasar a la princesa de largo con su arco y flecha adentrándose un poco en el bosque y solo esperaba que ella no estuviera pensando en que él fuera a su encuentro porque claro que no lo haría. Se limpió las lágrimas que habían salido sin que se diera cuenta, se levantó y se metió a la tienda de acampar aprovechando que ella se había alejado e intentó hacer un esfuerzo por dormir.

Snow caminó sigilosa por los alrededores del campamento, había extrañado eso, sus días como bandida la habían marcado y extrañaba esas sensaciones de estar en el bosque, acampando, vigilando… De alguna forma sabía que la Reina Malvada podía hacer su aparición para intentar arruinarlo todo como siempre y ella estaría lista para atacar.

Esta vez su encuentro sería muy distinto porque estaba dispuesta a deshacerse de Regina y aunque le había dicho a David que le entregaría a la reina para que él hiciera lo que quisiera con ella no iba a desaprovechar la oportunidad de acabar con ella por sí misma.

Empuñó su arco y sacó una flecha apuntando en cuanto escuchó algo, comenzó a voltear por todos lados hasta que se topó de frente con una figura que no recordaba haber visto jamás

- Si no te molesta solo deseo charlar - dijo Maléfica mientras desaparecía la flecha de Snow

- ¿Quién eres? - preguntó la princesa un poco asustada

- Soy una muy vieja amiga de Regina - dijo el dragón - No temas, no he venido a hacerles daño. He venido porque quiero hacer un trato contigo –

- ¿Qué trato? - Snow se movía intentando no darle la espalda

- Supongo sabes que la Reina Malvada quiere lanzar la maldición oscura - respondió Maléfica

- Si y la vamos a detener - dijo la princesa con un porte altivo y el dragón sonrió de lado

- ¿Ah sí? ¿Cómo? - preguntó curiosa la hechicera y vio que la princesa la miraba escéptica por lo que intentó convencerla - Sé que no confías en mí, pero estoy interesada en que la pequeña reina no lance la maldición, por eso estoy aquí – explicó

- ¿Cuáles son tus motivos? - preguntó Snow desconfiada

- Estoy esperando un bebé - respondió el dragón y la expresión de la princesa cambió - Sé que están intentando proteger al bebé de una princesa del Oscuro. Solo quiero salvar a mi bebé - dijo un poco angustiada - Esa maldición es una monstruosidad -

Snow tomó un largo respiro - Intercambiare mi corazón por la maldición, la dejaremos sin magia y la mataremos - dijo firmemente

- Regina no es tonta, princesa - dijo Maléfica - La conozco, ya la dejaron sin magia una vez y debió darse cuenta que sus hechizos cayeron, no se arriesgará de nuevo y no confiará en ti, mucho menos para algo que sabe perfectamente jamás harías – explicó

- ¿Sus hechizos cayeron cuando se quedó sin magia? - preguntó extrañada la princesa - Si dejamos al Oscuro sin magia ¿sucederá lo mismo? - soltó preocupada porque eso harían precisamente con él y había un hechizo que impedía que Regina les hiciera daño

- Regina es… diferente - dijo Mal - Te puedo asegurar que con el Oscuro eso no sucederá. Ni conmigo - dijo mordazmente por si se le ocurría alguna vez hacer lo mismo

- No entiendo - dijo la princesa

- No hay nada que entender, solo puedes estar segura que aunque dejen sin magia al Oscuro el hechizo prevalecerá - respondió

- ¿Entonces? - preguntó Snow al ver que su plan estaba destinado al fracaso - ¿Cómo voy a detenerla? -

Maléfica se acercó a ella intimidando a Snow un poco y en las manos del dragón apareció una pequeña caja - Aquí hay algo que puede ayudarte a detenerla para siempre sin necesidad de acercarte a ella - dijo seria - Dentro está también la forma en la que harás uso de esta arma por lo que no tendrás ningún problema –

- ¿Es magia negra? - la princesa frunció el ceño - ¿Qué es exactamente? - preguntó

- Una maldición de dormir - respondió Maléfica - Regina no tiene amor verdadero, no hay forma en que pueda despertar del eterno sueño como lo hiciste tú –

- Una maldición de dormir… - repitió Snow en un susurró, observando la pequeña caja. El solo hecho de pensar que podía hacerle a Regina lo mismo que le hizo a ella la provocaba una sensación inexplicable, algo que no alcanzaba a distinguir qué era, pero el solo pensamiento de que la Reina Malvada cayera en una maldición de dormir sin ninguna posibilidad de despertar la llenaba de ansiedad y cierta emoción porque sucediera

- ¿Qué quieres a cambio? - preguntó sin poder apartar la vista de la caja, se sorprendió de su propia pregunta pero es que esa oferta sonaba demasiado tentadora

- Solo quiero que Regina no lance la maldición - respondió Maléfica estirando sus manos para que la princesa tomara la caja - Quiero la seguridad de mi hijo como estoy segura tú querrías si estuvieras embarazada –

La princesa la miró casi con resentimiento por esas últimas palabras y recordó que el Oscuro había dicho que un hijo de ella era la clave para detener a Regina

- Rumpelstiltskin dijo que solo un hijo mío podía detener a Regina - susurró la princesa y el dragón rio

- ¿Un bebé? - rio con más ganas - ¿cuánto tiempo tendrás que esperar para que tu hijo sea capaz de deshacerse de ella? Para antes de que lo concibas Regina habrá lanzado la maldición. No seas ingenua - habló seria la hechicera - Yo estoy ofreciendo una oportunidad muy próxima de detener a la Reina Malvada - al ver que Snow no tomaba la caja dijo - A no ser claro que quieras sacrificar a tu futuro hijo –

- No - respondió en automático la princesa - Si puedo evitarlo no lo haré - estiró sus manos y tomó la caja - ¿Por qué no lo haces tú? - preguntó extrañada

- Tu príncipe me debe un favor - le sonrió de una forma no muy amigable - No la abras hasta que la vayas a usar - le dijo y desapareció

Snow miró un poco fascinada la caja y decidió que no podía decirle a nadie que había tenido ese encuentro y que tenía en su poder una maldición de dormir.


Al día siguiente llegaron al Reino vecino. La princesa Ella y el príncipe Thomas los recibieron muy ansiosos, desesperados por liberarse de Rumplestiltskin y tener la seguridad de su hijo. Ambos se mostraban muy preocupados por el plan y la rubia princesa estaba nerviosa puesto que era ella quien tenía que enfrentar y engañar al Oscuro.

Tuvieron una reunión de recibimiento amena. Snow y Ella se tomaron un pequeño momento para charlar

- ¿Estás lista? - preguntó Snow a Ella y la princesa solo asintió

- No volveré a hacer algo como ésto. Toda la magia viene con un precio y aunque sé que lo correcto es deshacernos del Oscuro tengo miedo de que ésto también tenga alguna consecuencia - dijo muy nerviosa e insegura

- Es solo tinta de calamar, de lo demás se están encargando las hadas y no estamos usando magia oscura - dijo intentando calmarla

- Pero aun así es magia, Snow - respondió angustiada - Si estuvieras en mi lugar pensarías igual que yo - dijo poniendo las manos en su vientre que se dejaba notar muy levemente

- Todo estará bien - le dijo Snow sonriendo, se acercó a la rubia princesa y la abrazó mientras pensaba en lo que Ella había dicho respecto a la magia.


La captura del Oscuro se llevó a cabo la noche siguiente y fue mucho más fácil de lo que esperaron. Rumplestiltskin firmó aunque se veía no muy convencido de hacerlo, como si sospechara algo pero al final lo hizo, lo dejaron sin magia y lo encerraron en un vagón para prisioneros, debían volver de inmediato para llevar a ese horrible ser a la celda que sería su hogar por el resto de los tiempos antes de que la tinta de calamar perdiera su efecto.

No podían perder el tiempo y David estaba desesperado por verlo tras esas rejas, sentía que ya no podía esperar más, le urgía ir a buscar a su hermosa reina.

El príncipe Thomas y la princesa Ella se mostraron muy agradecidos y les propusieron que en cuanto se deshicieran de la Reina Malvada volvieran pronto. El príncipe no pudo evitar odiarles un poco al escucharlos decir eso, entendía por qué lo decían, Regina no era ninguna santa pero él estaba seguro que en ese poco tiempo la reina había cambiado y que no estaba ya interesada en hacerle daño a nadie.

Granny tenía razón y el Oscuro también, si Regina siguiera siendo la Reina Malvada como antes no hubiera dudado en restregarle en la cara a Snow lo que habían estado haciendo para hacerle daño. No habría dejado pasar esa oportunidad sobre todo porque en verdad no podía dañarlos o como alguna vez lo comentó Granny pedirle que hiciera el trabajo que ella no podía hacer…

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando ese pensamiento cruzó por su mente pero eso le hizo pensar también en que efectivamente Regina había tenido muchas oportunidades de seguir con su venganza y ella tan linda había cumplido con su palabra de no hacerlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras volteaba a ver las estrellas al pensar en lo herida que debió sentirse al pensar que él solo estaba con ella porque quería venganza. Rogaba porque hubiera recibido su mensaje, seguía con la incertidumbre y no podía hacer nada de momento más que tener la esperanza de que ella lo había leído y al menos sabía que le importaba, que no la quiso engañar, que no quería matarla y que pronto iría a buscarla.

Snow quiso acampar de nuevo pero David y afortunadamente el hada Azul también estuvieron en desacuerdo pues el Oscuro debía estar encerrado lo antes posible y perder tiempo era lo que menos necesita el príncipe.

La princesa comenzaba a sentirse más desconectada de David que nunca.


La noticia no se hizo esperar, al día siguiente la captura del Oscuro se corrió por todos los reinos y por supuesto que llegó a los oídos de la reina quien había descubierto junto con su padre que las manzanas le causaban malestar de tan solo olerlas. Henry no había podido evitar reír con ganas y Regina casi llora ante la realización.

- Entonces el plan era capturarlo a él y después a mí - dijo Regina como resignada sentada en el jardín junto con su padre - Claro que Rumple no me iba a dejar saber eso - gruñó bajito

- Todavía no entiendo cómo te arriesgaste a ir a verlo sabiendo que estabas embarazada… - dijo Henry un poco molesto

- Nada pasó, papi. Tome las precauciones necesarias - dijo sonriéndole a su padre y él solo la miró como no creyéndole. Le parecía muy tierna la forma en la que él se preocupaba por ella ahora que sabía que estaba embarazada - Aunque no lo creas o no parezca, te escucho y sabía que tenías la razón… Pero me fue difícil aceptarlo, aún me cuesta trabajo. No logro hacerme a la idea - dijo suspirando

- Me da gusto y también estoy feliz de que el Oscuro ya no pueda acercarse a ti - dijo acariciando la mejilla de su hija - Espero ahora puedas estar más tranquila -

- Solo debo estar lista para cuando quieran venir a capturarme - dijo la reina muy bajito y triste

- Tal vez si David sabe que estás embarazada, él… - pero Regina lo interrumpió

- No - dijo firme - Y no debe saberlo. Es posible que si lo sabe entonces me quiera muerta con más razón o peor, que me obliguen a tener al bebé para quitármelo y criarlo ellos. De seguro la bondadosa de Snow - hizo una mueca - estaría de acuerdo y no voy a permitir eso - dijo un poco alterada y espantada ante la idea

Henry le sonrió comprensivo. Ella tenía razón pero no podía evitar emocionarse y llenarse de ternura al ver, que aunque Regina decía que aún le era difícil aceptar que estaba embarazada, inconscientemente estaba defendiendo al bebé.

Estaba maravillado con el cambio de su hija y en el fondo no podía evitar que una parte de él le estuviera agradecida al príncipe porque no era solo el pequeñito que venía en camino lo que había provocado eso en Regina, había sido la cercanía de David, la atención y el cuidado del príncipe lo que habían logrado lo que nadie había podido en todo esos años y lo que nadie había podido hacer después de Daniel

- Además - Regina lo sacó de sus pensamientos al continuar, la vio tomar un largo respiro - En otras circunstancias David habría venido corriendo después de lo que ocurrió, si... si él realmente me quisiera. Han pasado días y no he sabido nada de él, más que ésto de la captura del Oscuro - se escuchaba tan triste y decepcionada - Está siguiendo sus planes y su vida muy tranquilo mientras yo… estoy aquí, de tonta enamorada –

- No te avergüences de haberte enamorado, hija. Si te soy sincero yo también creí que él te quería, no fue solo tu imaginación - le dijo triste tomando una mano de Regina y besándola

- Al menos no fui solo yo - dijo la reina con una leve sonrisa en sus labios - Era algo bello para ser real y para mí - tomó un largo respiro y después dijo - Quisiera hacer las cosas bien al menos por una vez en mi vida - su padre la miró curioso mientras ella apretaba la mano de él

- Ya sabes que estoy aquí para ti - le dijo Henry y ella respondió abrazándolo y besando su mejilla

- Iré a mi habitación - dijo separándose de él y comenzó a dirigirse al interior del castillo.

Regina caminaba por los pasillos y en uno de ellos se encontró a Graham quien solo le miró como resentido. Sonrió de lado, el cazador estaba molesto porque ella ya no quería estar con él y porque estaba embarazada, más bien porque a la percepción de él, ella se había dejado embarazar por David.

¿Y cómo no se iba a embarazar? Si estuvieron teniendo sexo en todo ese tiempo como si no hubiera un mañana y su hechizo simplemente se había desvanecido, de hecho le sorprendía que no hubiera pasado antes porque en todas y cada una de las veces que estuvo con David ella ansiaba que se viniera dentro. Sintió sus mejillas arder porque no podía evitar recordar todas las veces que estuvieron juntos y todas esas veces en que ella le pedía que la llenara de él.

El único consuelo que le quedaba es que con seguridad había disfrutado de la vez en que quedó embarazada, algo que jamás hubiera ocurrido con otro hombre, algo que jamás hubiera sido con su horrible ex marido. De lo único que no se arrepentía era de haberse deshecho del Rey porque entre él y la caprichosa de Snow habían hecho de su vida un infierno mientras estuvo atada a ellos.

Llegó hasta esa puerta que tenía tiempo que no abría. Tomó un largo respiro y armándose de valor entró. Ahí frente a ella, dentro de un ataúd de cristal, estaba Daniel, su amado chico del establo.

Se acercó hasta él, desapareció la tapa del ataúd para poder acariciar el rostro de Daniel. Cerró los ojos un momento mientras sentía que las lágrimas se agolpaban en sus ojos

- Hola Daniel - dijo con una sonrisa triste en los labios - No sé cómo empezar… - a veces se sentía tonta por actuar como si él estuviera vivo pero era tanto lo que Daniel significaba para ella que no podía hacerlo de otra forma, era como si él siguiera presente en su vida de alguna forma - Sé que no debes estar orgulloso de mi por todo lo que hecho - trago fuerte - Sé que he hecho muchas cosas malas en tu nombre y lo lamento tanto - dijo comenzando a llorar - Lo siento tanto … - sentía que no podía hablar pero tenía que hacer eso

- Espero algún día me puedas perdonar por… por haber pensado que una venganza era el único camino en ésto. Por mucho tiempo me fue imposible superar tu perdida y de no haber contemplado la posibilidad de vengarme en tu honor quizá… quizá estuviera contigo en estos momentos - rompió en llanto - Lo sabes, sabes que pensé muchas veces en irme contigo porque no soportaba la vida sin ti y debo confesar que en medio de mi odio y rabia perdí el rumbo, al grado de que solo quería mi venganza por mí, no tanto por ti y te fallé… - dijo sollozando - Tú me enseñaste que la magia más poderosa que existe es el amor verdadero porque crea felicidad y tienes razón, soy testigo de que esa clase de amor existe y que no hay forma de luchar contra ello - acarició el puente de la nariz de Daniel mientras una de sus lágrimas caía en el cabello de él

- Perdóname Daniel, me enamoré… me enamoré de otro hombre - su llanto volvió a ser fuerte y convulsionaba su cuerpo - Amo a David y jamás debí de haber permitido que sucediera porque hice una promesa y te fallé en ésto también - sorbió su nariz - No lo pude evitar, así como tampoco pude evitar enamorarme de ti - sonrió limpiando sus lágrimas - de alguna forma él me recuerda a ti… - dijo bajito

- Ya no puedo seguir con ésto, ocurrió lo que nunca pensé que sucedería, me enamoré y estoy embarazada… él no me quiere, tiene una vida que no es junto a mí y jamás me elegiría pero… no quiero venganza. Ahora me doy cuenta que nada del daño que hice para mi venganza por tu muerte valía la pena y quisiera intentar hacer las cosas bien ahora. Sé que ésto sí lo hubieras querido - dijo acariciando nuevamente el rostro de Daniel

- Ha llegado el momento de dejarte ir. De dejarte descansar en paz - sollozó de nuevo - No más tormento ni sufrimiento. Siempre te voy a amar. Adiós Daniel - movió su mano y el cuerpo del chico del establo se desvaneció frente a los ojos de Regina mientras ella sentía que un gran peso le era quitado del alma.


A la mañana siguiente, dentro de las minas David no lo podía creer, al fin, al fin el Oscuro estaba tras las rejas. Lo veía y no lo creía

- Vamos al castillo cuanto antes - dijo el príncipe y Snow le miró extrañada pero asintió.

Todos comenzaron a salir, David y Snow dieron media vuelta y escucharon que las rejas sonaban, la princesa volteó para ver a Rumplestiltskin alargando su mano, apuntando hacia ella mientras decía - El salvador - con su irritante voz.

David volteo a verle entre enfurecido y extrañado pero el Oscuro no dijo más. Snow dio media vuelta y siguió avanzando dejando al príncipe con la duda de lo que eso significaba, quiso preguntarle a ese horrible ser a qué se refería con eso pero parecía que a éste no le interesaba hablar con él porque se internó de nuevo en la celda.

Salieron de las minas y David se dio cuenta que Snow tampoco estaba dispuesta a hablar del tema. Algo le decía que ellos habían tenido algún encuentro y así como lo había hecho él, ella le estaba ocultando que el Oscuro le había visitado.


Mientras eso ocurría Regina seguía decidida a hacer lo correcto, subía las escaleras de una torre deteniéndose por un momento intentando tomar aire. Esa madrugada había despertado de nuevo regresando su estómago y las náuseas parecían no querer desaparecer del todo, había logrado comer un poco en el desayuno y no quería terminar de nueva cuenta en el baño viendo la comida de vuelta. Arrugó su hermosa nariz ante el pensamiento.

Siguió el trayecto hasta que llegó a una puerta en especial, movió su mano, el cerrojo se abrió y también la puerta. Dentro estaba una joven que le miraba entre asustada y con resentimiento como siempre lo hacía, aunque en esta ocasión la miró un poco sorprendida y Regina no entendía por qué.

Belle miraba a Regina extrañada porque normalmente la reina no iba a visitarla a no ser que fuera algo referente a Rumple y sabía por uno de los caballeros oscuros que éste había sido capturado. Además la reina se veía distinta, traía su cabello en un medio recogido, uno de sus habituales vestidos entallados pero lo que le llamaba la atención era que su maquillaje no era tan dramático, había algo de suavidad en su expresión, su mirada y su porte.

- Voy a mandarte con tu padre - dijo la reina - Ya no eres una prisionera - movió su mano antes de que la doncella pudiera decir algo y desapareció

Regina tomó un largo respiro y salió de la celda encaminádose a su bóveda de corazones porque pretendía regresar todos lo que le fueran posible


Era casi medio día cuando llegaron al palacio y los festejos comenzaron, David solo quería un momento para hablar con Snow pero era imposible, todos seguían gritando de alegra por haber logrado capturar al Oscuro, salvado al bebé de Ella y festejaban emocionados la próxima captura de la Reina Malvada y ahí fue donde David no aguantó más

- Snow, necesito hablar contigo - le dijo - Es urgente y muy importante - tomó un largo respiro - Me gustaría que fuera en privado –

- Ah - dijo la princesa - Claro… - se notaba que le extrañaba pero accedió. Caminaron y pasaron al salón del trono - ¿Qué pasa, David? - preguntó Snow mientras caminaba y se sentaba en el trono - Te veo muy nervioso - dijo ella. Lo vio tomar un largo respiro - Muy pronto nos casaremos y será la coronación - decía mientras veía el salón como imaginándose el momento

- No habrá boda, Snow - dijo David viéndola fijamente a los ojos

- No entiendo… - dijo la princesa

- Snow… No nos vamos a casar ante el reino porque no puedo hacerlo, no… ya no estoy enamorado de ti - le confesó - Amo a otra persona - soltó mientras veía la cara de incredulidad de la princesa - En todo este tiempo me he estado viendo con alguien más - dijo - Y me enamoré de esa persona por lo cual ya no podemos seguir juntos. No puedo subir al trono junto contigo - dijo en tono firme

- David… debe ser un error… - dijo ella casi horrorizada por sus palabras - Tú no puedes dejar de amarme… Somos amores verdaderos - corrió al lado del príncipe y éste la tomó de las manos antes de que lo tocara

- En verdad lo siento Snow, cometí un error muy grande y acabé enamorándome - dijo mientras veía que los ojos de la princesa se llenaban de lágrimas - No quería que ésto llegara tan lejos pero… necesitaba que encerráramos al Oscuro para poder decir todo. Sé que cometí traición, estoy confesando y entiendo que eso me convierte en un exiliado y me iré, no tengo problema con ello - decía intentando explicar de la mejor forma lo que había estado sucediendo pero sabía que aún faltaba el trago más amargo de la noticia

- ¿Desde cuándo? - dijo Snow en un hilo de voz - ¿Es por qué estuvimos muy ocupados con la captura de Rumpelstinkin y yo no me interesaba en tener relaciones? - preguntó un poco enfadada - ¿Con quién me has estado engañando? - preguntó mientras caía en la realización de que no solo fue ella sino que David había perdido el interés de tocarla y quizá fue por eso - ¿Es alguna campesina que conociste en las diligencias? -

- No - dijo él - Oh Snow, espero algún día puedas perdonarme - le dijo besando su frente - Lo lamento tanto - trago pesado mientras veía que ella comenzaba a llorar - Fue… el día en que le perdonaste la vida a Regina - dijo y la princesa se separó de él mirándolo como exigiendo una explicación ante la mención de la reina - Esa noche fui a la celda a… a intentar de alguna forma poner en su sitio a Regina porque estaba muy cansado de ella, porque… estaba muy enfadado porque pudo haberte matado - Snow se limpió las lágrimas - Pero las cosas tomaron un rumbo inesperado - dijo sintiendo que la garganta se le cerraba

Snow abrió sus ojos enormes al escucharlo, esperaba equivocarse y que David no le estuviera diciendo lo que pensaba que quería dar a entender - ¿Es... tú… - trago pesado - ¿Es Regina la mujer con la que me has estado engañando? - preguntó mirando a la nada mientras sentía que le falta el aire

- Sí… - respondió David

- Con Regina… - dijo ella en un susurro y por un momento el príncipe se asustó de verla así

- Snow, yo… te juro que no era mi intención, pero simplemente pasó y mis ausencias, todos esos detalles extraños en mi han sido a causa de ésto - pero la princesa parecía no reaccionar - ¿Snow? - la llamó acercándose un poco a ella

- Oh, David - dijo ella - No te preocupes - se limpió las lágrimas - ¡Azul! - gritó y las hadas, Granny y Ruby entraron al salón - Regina… - dijo la princesa - Hechizó a David, piensa que está enamorado de ella, lo ha estado corrompiendo todo este tiempo y tenemos que ayudarlo - dijo acercándose al hada quien miró a David extrañada mientras todos se sorprendían menos Granny

- No - dijo David, tomando a Snow de un brazo para llamar su atención - Ella no ha hecho nada Snow, soy yo… yo me enamore de ella, fui yo quien comenzó todo y lo hice de una forma no muy buena - explicaba

- No, David - dijo la princesa - Tú no pudiste haber hecho nada malo, tiene que ser ella intentando arrebatarme mi final feliz –

- Snow - David la tomó de ambos brazos para que le pusiera atención e hizo la última confesión - Yo me aproveché de Regina en esa celda. Ella no tenía magia, es imposible que me haya hechizado cuando hice eso, estaba indefensa, vulnerable y yo me aproveché - la princesa se soltó de su agarre

- No… tú nunca harías algo así, David - le dijo llorando mientras todos estaban mudos y sorprendidos, sin poder creer lo que el príncipe decía - Es ella… Todo es culpa de ella… Debe ser una maldición. Tenemos que capturarla y deshacernos de ella para que todo ésto termine - dijo un poco fuera de sí

- No hay ninguna maldición, ni nadie contra quien pelear Snow. Te dejé de amar y me enamoré de Regina y no es ella la que me está haciendo dejarte. Soy yo, es mi decisión porque ya no puedo seguir fingiendo ser algo que no soy - explicaba tratando de que ella entendiera

- Es que no puede ser David - dijo ella - Estoy segura de que no tienes ni idea de lo que estás diciendo pero yo te voy a salvar - dijo decidida - Somos amores verdaderos, la magia más poderosa que hay, es invencible y no importa los intentos que Regina haga, siempre voy a ganar porque yo si tengo amor y luz en mi vida - dijo con un porte firme y decidido

- Lo lamento Snow - dijo David - Espero en algún momento puedas aceptar ésto - dio media vuelta enfrentando las miradas de todos

- David... - habló la princesa caminando de nuevo hacia él - Yo te voy a salvar de ella - le dijo

El príncipe suspiró y volteó a verla - No hay nadie a quien salvar, Snow. Amo a Regina. Acéptalo - escuchó un pequeño grito sorprendido de todos los presentes al pronunciar esas palabras

- No puedes amarla. Estás confundido, me encargaré de deshacerme de ella… podemos seguir con el plan y… - pero de nueva cuenta eso enfureció a David

- No voy a permitir que le hagan daño - dijo viendo a Snow con un poco de enojo - No quiero estar en tu contra - explicó

- Tú nunca estarás en mi contra - dijo la princesa muy segura

- Para que te des cuenta lo poco que nos conocemos ahora, Snow. No sabes de lo que soy capaz - las hadas se acercaron como intentando actuar si David hacía algo y eso le sorprendió a la princesa

David se dio cuenta y dio dos pasos hacia atrás de Snow para que todo el mundo lo escuchara - Me encargaré de que Regina no lance la maldición y que desista por siempre de su venganza, es una garantía que les puedo dar, a cambio solo les pido que se mantengan alejados de ella. Vivan su vida, olvídense de que alguna vez hubo una Reina Malvada - dijo mirando fijamente a la princesa - Te deseo que encuentres la felicidad, Snow. Una parte de mí siempre te querrá… por favor, no intentes nada contra Regina - dio media vuelta y comenzó a caminar

- ¿Te vas con ella? - dijo la princesa con los dientes apretando intentando contener su rabia - Jamás lo voy a aceptar, David - le hablaba mientras él seguía caminando sin voltear - Tú jamás amarías a esa mujer que solo sabe destruir todo lo que toca - casi gritó

David se detuvo un momento porque las palabras sonaron igual a unas que el Oscuro le dijo - No importa lo que pase, David - escuchó a la princesa cuando ya casi salía del salón - Siempre te encontraré y voy a salvarte porque tú no puedes dejar de amarme -

Tomó un largo respiro, se dirigió por su capa y su espada para después correr a los establos, tomar su caballo y salir inmediatamente rumbo al castillo de la reina.