Capítulo VII
Recuerdos y felicidad
Candy estaba comenzando a despertar, sus ojos fueron abriéndose poco a poco, frente a ella un hombre la miraba, pestañeó un poco y sintió los labios de su amado en los suyos, disfrutando del sabor de un caramelo en su boca.
¡Buenos días, hermosa! – la saludó con énfasis pasando el caramelo al lado izquierdo de su boca y sonriéndole.
Buenos días, hace mucho calor para ser las nueve de la mañana, ¿no te parece? – le dijo la rubia a su marido cerrando los ojos nuevamente y saboreando sus labios, a la par que sonreía.
Y ¿quien dice que son las nueve de la mañana? – cuestionó él divertido.
¡Ah no! ¿Qué hora es? – inquirió ella.
Las tres de la tarde, Candy – sonrió al ver el rostro de asombro de su esposa.
¿Qué cosa dices? ¿Por qué no me despertaste? – preguntó ella levantándose de pronto, asustada sin darse cuenta de su desnudez.
Porque fue imposible, lo hice pero no querías despertar, además estaba encantado – le confirmó el hombre.
¿Con qué cosa? – le preguntó ella aún sorprendida.
Verte así, con la espalda desnuda no todos los días – reafirmó él acariciándole la espalda.
¡Qué pena! – respondió cubriéndose el torso con la sábana.
¿Por qué? No debes tener pena, te ves tan linda, además creo que hoy en la madrugada aún estábamos despiertos por si no lo recuerda usted eso, señora…Cornwell – le sonrió y llegó hasta ella robándole un beso.
¡De verdad! No recuerdo mucho, podría usted recordármelo – fingió olvido.
A ver, venga le recuerdo – volvió a besarla bajando su mano a los firmes glúteos de su esposa sin antes deslizar sus dedos sobre el estómago haciéndole cosquillas.
Jajajaja Archie, oye y ¿qué hay de comer? – cuestionó ella parando de reír.
Pues qué bueno que hablas de ello, porque lo único que tengo en el estómago es jugo, mejor báñate y nos vamos a comer al restaurante del hostal – le dijo levantándose rápidamente y dirigiéndose al cuarto de baño.
No puedo – dijo ella.
¿Por qué no puedes? – cuestionó el castaño.
Porque estoy desnuda, además como que tengo flojera de bañarme – pretextó ella sin ningún fundamento.
Pues usted señora debe de bañarse, venga la voy ayudar – la jaló cuando ella opuso resistencia.
¿Qué haces? – rebatió la rubia mientras él hacía algo para que su esposa no se cohibiera.
Ponerme en iguales condiciones mi vida, así ya estamos a la par, venga, Candy sal de la cama – le ordenó cuando se acabó de desnudar frente a ella.
Bue…bueno…pero…- titubeó unos segundos.
Vamos, además creo que desde anoche ya nos conocemos más de lo que uno quisiera – informó él intentando cargarla.
Archie, bueno…vamos – se levantó envalentonada dejando caer la sábana.
¡Qué bella eres Candy! – sonrió mientras la miraba dulcemente. Además quiero que no te apenes por favor mi vida – le rogó abrazándola tiernamente.
Es que, bueno vamos. Archie pero si ya pusiste la tina – se sorprendió al ver que la tina ya estaba lista.
Sí, hace rato estaba caliente, pero será mejor así por el calor – refirió él dando un beso en el hombro.
Sí mi amor, gracias – dijo ella mientras veía como Archie entraba a la tina.
Ven métete – la jaló con la mano.
Sí, está fría – se estremeció la rubia.
No te preocupes, sé de una forma en la que se te puede quitar el frío – comenzó a moverse.
Archie – lo reprendió alejándose un poco de el.
Jajaja no mi amor, pecaminosa, sólo te quiero abrazar – la jaló hacia él y la abrazó por la espalda.
Así entre juegos y un par de horas después ambos salieron de su habitación para ir a disfrutar de una amena comida, ya que no tenían nada en el estómago, después con un poco más de tiempo se dirigieron a caminar por el centro de la ciudad, un poco más aletargados de lo que comúnmente pareciera.
¿Qué tienes amor? – cuestiono Archie al ver el mutismo de Candy.
Sueño, pero bueno…caminamos por la playa – sugirió Candy un tanto pensativa.
Por supuesto Candy, ven, quítate los zapatos – le sugirió él.
Sí…Archie ¿cuándo vamos a visitar a Patty? - preguntó deteniéndose para luego continuar su camino.
Pues según me contó que ella estaría aquí la otra semana, si quieres vamos a verla la semana que viene, a mediados, te parece – recomendó él.
Por supuesto, es que… la vi triste en la boda, quien diría que mi nombre de casada sería Cornwell y no Gr… lo siento – se disculpó al ver la mirada y sentir el agarre de Archie.
Dilo Grandchester, ya no me molesta. Pues sí, también la vi en la boda, pero no comenté nada al respecto, ¿de qué tanto estuvieron platicando? – preguntó el castaño un poco curioso.
Tiene un pretendiente, se llama Henry Stratton – le informó la rubia a su apuesto esposo.
Stratton, ¿dónde lo he escuchado? – se llevó la mano a la barbilla.
En los negocios del papá de Patty – refirió Candy riendo.
Dime algo, ya lo sabías ¿verdad? – le preguntó mirándola porque ella no parecía nada sorprendida con la noticia.
Claro que no, apenas me lo dijo en la boda – refirió Candy.
Bueno, te creeré mi amor – aclaró él.
Archie sabes, hay algo que quería decirte – dijo un poco dudosa.
¿Qué cosa? – cuestionó esperando a que ella hablara.
Tuve una visita inesperada antes de la boda – recordó ella sin darle gran importancia y deteniéndose nnuevamente.
¿Terry volvió? – subió la voz espantado.
No – respondió ella.
Entonces, ¿quién? – insistió él.
La señora Britter – soltó sin más.
¿Qué dices? ¿Te dijo algo? – le cuestionaba un tanto preocupado.
Pues no mucho, sólo que, bueno que te hiciera feliz…- dijo apenas con un poco de titubeo.
¿Segura? No la he vuelto a ver por aquí – refirió él.
Pues porque no me quiere Archie, por eso no ha convivido contigo, no soy santo de su devoción – le dio una pequeña sonrisa.
¡Ay Candy! ¿Por qué no me lo dijiste antes? De cualquier forma, sabes que como con ellos cada semana y no me han dicho nada – informó Archie.
Supongo que por su bien y su cordura no ha dicho nada sobre Annie, bueno al menos me dio un beso cuando ya estaba completamente vestida – se paró recargando su peso en la pierna derecha que tenía atrás, levantó la mano para colocarla debajo de su barbilla y se sonrió recordando aquello.
Bueno, supongo que eso ya es algo. Oye mi amor, hace dos días te veías radiante, me sentí más enamorado que lo tradicional, cuando te vi caminar hacía mí, sentí como si todos los ángeles estuvieran visitándome – le dio un beso en la clavícula y un pequeño roce con sus dedos sobre el cuello.
¡Archie! Me haces sonrojar – la rubio le dio un golpe en el brazo.
No mi amor, solamente estoy recordando cuál fue mi momento favorito de nuestra boda – intentó detenerla.
El mío fue cuando todos se sorprendieron al ver quiénes eran los novios, la tía abuela puso una cara de ¿cuándo paso esto? Los Leagan, jajajaja fue muy cómico – Candy hizo muecas y se largó a reírse.
¡Malévola! – la nombró Archie.
Justicia divina, querrás decir.
Jajajaja quién te viera Candy, has resultado ser una caja de sorpresas – la abrazó sorprendido.
Bueno mi amor, tú fuiste el culpable, primero me robas los suspiros, luego me robas la tranquilidad, luego le cambias el lugar al chofer de Albert, después me invitas a salir y para colmo me pides que sea tu esposa, te casas conmigo, me quitas la inocencia y como si fuera poco me dices que soy una caja de sorpresas, ¡eso no es justo! – protestó la rubia después de enumerarle sus chistesitos.
Pero si fue bonito, lo malo es que me diste mucho tiempo para pensar todos los movimientos. Si te hubieses decidido antes no estaríamos aquí, estaríamos esperando bebé – recalcó la última palabra mientras veía el rostro de su bella esposa.
No, no no, te dije que no Archie, no tan pronto – refirió ella alejándose de sus brazos.
Pues ¿cuándo piensas hacerlo? – cuestionó él cansado d discutir lo mismo.
Pues… no sé, en un año o dos quizás –soltó riéndose.
¿Estás hablando en serio? – refutó Archie un poco malhumorado.
Sí, por supuesto, quiero disfrutar del matrimonio Archie – rebatió ella pues sabía de la negativa de Archie.
Pero… ¿cómo harás para ello, Candy? – se burló él.
Bueno, soy enfermera por si no lo recuerdas, hay muchas cosas para evitar embarazos – dijo simplemente haciendo la misma cara de su esposo.
No estoy de acuerdo, puedo negociar – caminó detrás de ella cuando sintió que zanjaba la conversación.
Puedes, pero espero que al menos me concedas un año, aún somos jóvenes – le dijo caminando mas aprisa.
Candy, menos tiempo – pidió él.
No Archie, pasará rápido – respondió ella.
No lo haré mi amor, menos tiempo – repitió la suplica.
No está a discusión, sólo cumplo con decírtelo – le respondió un poco enojada.
Espera Candy, mi amor estamos de luna de miel, no te enfades – reconvino el ya que ambos no sacarían nada de esa conversación.
Yo no, pero creo que tú sí – respondió ella mirando hacia el piso cuando él aun la sostenía entre sus manos.
Bueno no discutamos eso, seguiremos por toda la orilla y regresaremos al hostal – pidió él.
De acuerdo – respondió ella.
Candy – la llamó mientras abrazados caminaban.
Dime – respondió al llamado.
Te amo preciosa – le dijo su esposo acariciándole la mejilla y dándole un apasionado beso.
Yo más que tú – le respondió sonriéndole.
Habían llegado unos minutos atrás, Candy se dirigió al cuarto de baño para cambiarse, tomó su camisón y bata, comenzó a desvestirse cuando estaba completamente desnuda sintió como las manos de su esposo la sorprendían, tocando cada centímetro de su vientre, acariciándolo y mordiendo la piel de su cuello.
Mi vida, qué bella eres – susurro en su cuello.
Archie, déjame, terminaré de cambiarme – intentó alejarse del calor que el cuerpo de su esposo le producía.
No lo harás mi amor, ven aquí quiero tenerte para mí – la atrajo más hacia su cuerpo.
Archie, mi amor, Archie no… - intentaba alejarse, pero era demasiado tarde, el camisón y la bata quedaron en el piso.
Con verte a ti, además me iba a bañar y puesto que estás así, tengo una idea mejor – le sonrió viéndola por el espejo y le señaló la cama que se encontraba al frente de ellos.
¿Seguro…? – iba a preguntarle.
Sí, estoy seguro – le respondió levantándola para depositarla en la cama.
Archie…- lo jalo de la camisa y separó sus piernas para que se acomodara mejor.
Y una vez más, Candy y Archie se entregaron a ese amor, cuando llegaron juntos al clímax, Candy se colocó sobre el pecho de su esposo y recordó algo con lo que Archie se sintió extrañado.
Archie – lo llamó acariciándole el pecho.
Dime – respondió él sintiendo esa caricia.
Oye mi amor, ¿te gustó la boda? – le cuestionó Candy comenzando a besar su pecho.
Por supuesto que sí, un ángel se convirtió en mi esposa – le respondió tratando de controlarse.
Mi amor, ¿qué parte fue tu favorita? Además de cuando me viste en el altar – agregó ella.
Pues, veamos…
Inicio del flash back
Era una linda mañana de sábado, la actividad una noche anterior acabó hasta muy entrada la madrugada, Candy se encontraba recién levantada y dormitaba un poco más en la tina de baño con su aroma predilecto, pétalos de rosas Dulces Candy. De pronto, una mano tocó su hombro, era Dorothy, el baño se había enfriado una media hora atrás, ella se dio cuenta y le pidió la toalla, saliendo de allí inmediatamente. Comenzó a ponerse la ropa interior para luego seguir con el ajuar y por último el tocado, se veía excelsa y por lo mismo muy feliz por ese acontecimiento.
Cuando bajó por la escalinata, a la izquierda se encontraba Albert y a la derecha su prometido quién la miraba embelesado; Archie la tomó de la mano para colocarla en su brazo, llevándola hasta la biblioteca. El murmullo no llegaba hasta ellos, la reunión a la que había convocado el Patriarca de la Familia era una sorpresa para todos, habían visto al abogado de la familia entrar a la biblioteca a la par que a un sacerdote, se extrañaron un poco, pero nadie esperaba moverse hasta que George les había comunicado que el Patriarca se había retrasado y que avisó llegar tarde.
Todos se miraron confundidos, mientras a ellos les tocaba esperar, en la biblioteca la pareja prometida la una a el otro, eran bendecidos por Dios, siendo testigos George, Albert, la Hermana María, la Señorita Ponny, Dorothy y los niños del Hogar. Al concluir las firmas se oyeron un felicitaciones a coro, cómo era de esperarse la fiesta en el jardín era tan amena que nadie se dio cuenta, la decoración era como de boda y algunos consideraron que nadie les había informado acerca de la etiqueta a la que deberían de recurrir para ese día. Después de unos minutos, Albert salió de la biblioteca junto con George, el sacerdote y su abogado, George los acompañaba hasta la puerta y regresó a donde había dejado a Albert.
El rubio le dio indicaciones de que llevara a los niños de Ponny y a las hermanas a un lugar en la fiesta del jardín, Candy y archie aún se encontraban dentro de la biblioteca besándose amorosamente, ahora eran marido y mujer, lo había dicho el sacerdote y el abogado, ahora era la señora Cornwell, sin siquiera quererlo, estaban ansiosos, querían estar solos, pero debían cumplir con la recepción, se encontraban ya en un beso por demás apasionado cuando Albert tocaba la puerta.
Chicos, perdonen, nos esperan en la recepción, quieren acompañarnos – sonrió él para que ellos no se sintieran incómodos.
Sí Albert, ya vamos – respondió Archie con la voz ronca.
Está bien, voy a salir y los espero en unos minutos, ¿de acuerdo? – se despidió y se retiro de ahí cerrando la puerta de la biblioteca nuevamente.
Sí, Archie vamos - lo jaló del brazo.
Espera, debes arreglarte un poco mi amor, si sales así pervertirás a los niños de Ponny – le advirtió viéndola detenidamente.
Archie, grosero – le dio un golpe en el brazo.
Ven te ayudo – la arrastró hasta un pasadizo.
Candy se dirigió a un cuarto adyacente a la biblioteca, era un tocador, vio su rostro, completamente sonrojado, con los labios hinchados por los apasionados besos, no sabía cómo desinflamarlos, los tocaba con fervor. Archie le había dado un trapo mojado, para que se lo colocara, ella sacó un poco de labial y se colocó un poco más, mirando por el espejo el rostro de Archie quién hacía lo mismo que ella y sonreía un tanto seductor.
Después de unos minutos, ambos salieron de ahí, se dirigieron a la fiesta y justo cuando Albert acababa su discurso, Archie entraba, todos se volvieron a verlo, enfundado en smoking color blanco perla y muy elegante, eso era extraño.
Démosle la bienvenida a los nuevos esposos, Archibald y Candice Cornwell – dio la bienvenida a sus sobrinos.
Los invitados se quedaron sorprendidos, no podían creerlo, Candice y Archie casados, ¿cuándo había sucedido eso?
Me puedes explicar esto William – refunfuñó la señor Elroy acercándose a Albert.
Pues nada tía, los chicos decidieron casarse y pues ya lo hicieron hoy – le informó el rubio.
¡Quién lo diría! Una huérfana le quitó el marido a la otra, qué buena educación – soltó Elisa en son de burla.
Elisa, deberías callarte – le pidió Archie.
Si no qué, Archie – rebatió ella de forma altanera.
Si no quieres verte mal parada, Elisa – el rubio zanjó la discusión subiendo un poco el tono de su voz.
Pero tío – protestó ella siendo callada de nueva cuenta.
Nada Elisa, será mejor que hablemos después de esto, no le arruinemos la recepción a los chicos – finiquitó el tema y sus familiares se retiraron de ahí.
Afortunadamente, no los vamos a ver mucho Albert – informó la rubia.
Sí supongo, pero bueno George tiene indicaciones y pueden partir cuando quieran – les guiño el ojo.
Gracias – ambos abrazaron al mismo tiempo al rubio.
De nada Candy, por cierto tengo una idea – les informó el rubio un tanto divertido.
¿Qué cosa? – preguntó Candy curiosa.
Comemos, luego partimos el pastel, bailan un poco y se van a la estación de trenes, justo cuando la tía querrá sermonearme, ¿qué les parece el plan? – preguntó con cara de suplicio.
Lo perdimos Archie, dónde nos robaron a Albert, ¿seguro que es él? – cuestionó Candy divertida ante el rostro confundido de Archie y él demasiado divertido de Albert.
¿Por qué lo dices? Es perfecto – dijo Albert sonriendo como un chiquillo ante una travesura.
Seguro que funcionará – preguntó Candy.
Seguro – declaró el rubio.
Candy y Archie se miraron, Albert y George se habían puesto de acuerdo para impedir que cualquiera de los invitados los molestase y justo después del baile destinados para los novios se dirigieron al auto corriendo y se subieron intrépidamente cuando este ya había arrancado.
Después de un rato, ya estaban en la estación, tuvieron que esperar un par de horas y en ese transcurso Candy se cambió en los sanitarios de damas en lo que Archie se quitaba el saco y el corbatín. Cuando salió, Archie le tomó la pequeña maleta y le colocó un chal para que no sintiera el fresco clima de Lakewood, después de todo, los acontecimientos iban de acuerdo a los planes.
Abordaron el tren y se dirigieron a su vagón, Archie y Candy dormirían juntos, pero no en la misma cama, lo que menos quería era hacerla suya en el tren, esperaría hasta que llegaran al hostal de Florida, Archie le tomó la mano y le explicó lo que él quería que sucediera y cuando debería de hacerlo.
Mi amor, ¿me has entendido? – repitió la pregunta una vez más.
¿Estás seguro? – cuestionó ella nada convencida.
No mi amor, no sabes cuánto te deseo, pero podré esperar unos pocos días más – respondió apartándose un poco.
Pero eso será en una semana – reconvino ella.
Esperaré, te molesta… ¿qué te pida eso? – preguntó Archie.
No mi amor, no me molesta, ¿si puedes esperar? Gracias – Candy agradeció ese gesto, aunque no estaba seguro de quererlo así.
De nada, ahora señora puedes decirme ¿cuánto me quieres? – la jaló hasta su cuerpo y le dio un beso.
Mucho, pero…- titubeó la rubia un poco.
Pero ¿qué? – preguntó extrañado.
Tengo hambre amor, ¿podemos cenar algo? – sugirió ella.
Mi vida, eres una golosa eh, ¿qué quieres cenar? - preguntó ella.
Pastel de chocolate – soltó ella hambrienta.
Jajajaj, no tuviste suficiente con el de la boda – se burló su esposo.
No, además la tía abuela no estaba de buen humor y eso me quitó el apetito, pero tuve que comérmelo porque Elisa me daba una y otra vez un trozo nuevo – recordó ella con dolor.
¡Ay mi vida! Con razón no dejabas de comer, pero bueno vamos por su cena que yo tengo un hambre voraz – le informó a su esposa.
Está bien – se vio en el espejo de su vagón y salió seguida de su esposo.
Una semana de viaje era pesado y más estando al lado de su esposa, la cual no había tocado desde hacía exactamente siete días, tendría mucha paciencia pero era difícil que no le pasara la factura el deseo que sentía de su esposa. Cada noche era complicado dormir, mientras ella entraba en el mundo de los sueños, él se limitaba a mirarla, separados tan solo por un pasillo, pensaba además que no tendría que dar explicaciones si invadía su lecho, pero le había prometido no tocarla hasta que llegaran a Florida, afortunadamente esa tarde estarían allí.
Candy, mi amor – la movió para despertarla.
¿Qué paso? ¿Ya llegamos? – preguntó apenas abriendo un ojo.
Si ya, afortunadamente - dijo en un suspiro.
¿Decías algo? – cuestionó a su esposo mientras le daba risa su comentario.
No nada, oye mi amor – la llamó cariñosamente.
Dime – respondió la rubia volteando para mirarlo.
Vamos al hostal directo o quieres ir a cenar algo – titubeo cuando a ella se le encendieron los ojos.
Comida – dijo y sonrió.
Entendí, vamos – la tomó de la mano y salieron juntos de la estación para tomar un carruaje que los llevaría hasta el restaurante más cercano.
Bueno si quieres hacer algo más – le dio oportunidad a que cambiara de opinión.
No mi amor, está bien, tienes que alimentarte – le sonrió ya que habría tiempo de sobra para aplacar su deseo y no permitir que la pasión se desbordara.
Caminaron hasta un restaurante bohemio cerca del hostal, Archie pidió un buen trozo de carne con verduras y algo de vino tinto, mientras que Candy pidió una sopa de camarones y tomó del mismo vino que había pedido su esposo, mientras cenaban en lo único que podía pensar era en cómo calmar el calor que sentía llegar desde su vientre.
Te gusta lo que estas comiendo Candy – cuestionó archie al ver que comia con gusto.
Sí, está deliciosa, podría pedir postre – sin saber en realidad lo que eso significaba.
Por supuesto mi amor lo que tú quieras. Mesero – llamó al mesero cuando se dio por vencido, a su esposa le encantaba el chocolate y eso era algo que no podría cambiar ni en un millón de años.
Sí señor – se presentó.
Candy – la llamó y saliendo de su mundo para que su esposo no se diera cuenta de sus deseos.
Ah sí, podría traerme este muffin… pero bañado en chocolate – pidió ella al mesero.
Sí señorita, en un momento se lo traigo – asintió y se retiró.
¿Cómo que hace calor, no Archie? – su sonrojo era poderoso.
Eso es natural, estamos en Florida – recalcó Archie, al no entender que había pasado.
¿Cómo estuvo tu cena? – preguntó cuando pidió que le retiraran el plato frente a él.
Deliciosa, como siempre – respondió retirando el suyo también.
Ah bueno, ¿me invitas a bailar? – encontró la ocasión perfecta.
Por supuesto, vamos – se levantó y le tendió la mano.
Ya en la pista, Candy no paraba de pensar lo que probablemente ocurriría esa noche.
¿Qué sucede Candy? Casi no has hablado – le preguntó preocupado.
Archie – le llamó.
Dime, ¿pasa algo? – la instó.
No, Archie bésame – le pidió a él.
¡Aquí! – respondió él en un grito.
Pues de hecho pensaba en…- se detuvo cuando lo miraba.
Dime Candy – le rogó el castaño.
Nuestra noche de bodas – dijo ella sonriendo aun mas.
Candy – se sorprendió ante el tema.
Archie, quiero que sea hoy – le rogó ella.
Pero debes estar cansada – intentó poner pretextos.
Nos la pasamos durmiendo todo el día durante una semana, créeme que tengo muchas fuerzas para hacerlo o será que no me quieres tocar – hizo un puchero.
No mi amor, ¿cómo crees? Sólo pensé que querías más tiempo – sugirió él.
Nos vamos, por favor, lo que quiero decirte no te lo puedo decir aquí – le informó la rubia.
Vámonos entonces. Con esto bastará… - dejó la cuenta y una propina para el mesero.
Archie y Candy salieron caminando como si nada del restaurante, tomados de las manos, dentro del carruaje ellos se dedicaron a besarse y contemplarse a los ojos, además de todo ambos se necesitaban. Cuando llegaron al hostal, bajaron del carruaje y entraron a este para dar indicaciones sobre el equipaje, la suite y lo que necesitaban para la mejor noche de sus vidas.
Candy sintió que el carmín subía hasta sus mejillas, por lo que escondió el rostro en la espalda de su esposo, acto seguido un botones los guiaba a la suite que Albert había reservado para ellos, Candy estaba un poco nerviosa y cuando el botones entró a la suite, pasó de largo a la habitación y se metió en el baño, decidió tomar uno de tina comenzando a llenarla con agua tibia, minutos después se desvistió y tomó las sales para luego meterse. Archie tuvo la misma idea, encontrándose con el cuerpo de su bella esposa sumergido en el agua de la tina y con sus ojos cerrados, era tan excitante ver a la ninfa sumergida a tan sólo unos centímetros de él. Archie decidió darle un suave beso a Candy, quién sólo abrió los ojos y le sonrió.
Candy estaba embelesada con el cuerpo de Archie, había notado el sonrojo de su marido y más cuando su mirada se posicionó en la creciente erección de su marido, tragó en seco y se mordió el labio inferior con detenimiento.
Mi vida, puedes dejar de mirarme así – pidió Archie sin prestar atención a la súplica.
Eh…sí, lo siento, ¿no entras? – lo invitó haciéndose hacia atrás y abriendo las piernas para darle mayor comodidad.
Por supuesto que sí, ¿ya te acomodaste? – comenzó a entrar y se acomodo.
Sí mi vida, ya ves como sí cabemos – le demostró y después lo abrazó con las piernas.
Sí mi amor, así, me lavas la espalda – le pasó el manto para que le lavase la espalda.
Claro que sí, ¿dónde está el jabón? – le preguntó ella.
Jajaja buena pregunta, por aquí debe estar, ah mira aquí está – lo sacó de debajo de ellos. ¿Candy no estás nerviosa? – cuestionó dudoso.
No mucho, más bien siento un calor muy grande desde el vientre –señaló ella avergonzada.
Ah ya veo…eso es deseo mi amor, desde ¿cuándo estas así? – preguntó serio.
Archie, no pensarás que te lo voy a decir – le respondió ella.
Mi amor…- la besó.
Bueno, desde que abordamos el tren hacía aquí, pero…tú me dijiste que teníamos que esperar – le contó a él sorprendiéndolo un poco.
¿Es en serio? – no podía creerlo.
Sí…Archie podrías darme un beso – solicitó ella.
Sólo uno, mejor muchos ven mi amor – la colmó de besos.
Archie…te necesito tanto – ella se volteo y le abrazó el cuello.
No tienes una idea de cuánto te deseo Candy, mi bella Candy, te amo tanto Candy – decía entre besos.
Archie…vamos a tirar el agua – le advirtió ante la pasión de su esposa.
Eso lo podemos solucionar muy fácilmente – sonrió saliéndose de la tina.
Archie decidió llevarla hasta la cama, donde la secó y le colocó loción en el cuerpo mientras depositaba un beso en cada centímetro de piel, hasta que llegó a uno de sus senos, tomándolo, lo mordía mientras a ella le producía placer, arqueando la espalda para recibir más atención en esa área, Candy soltaba gemidos que hacían a Archie más atento con ella. En ninguna forma imaginó que este momento fuese así, ella estaba nerviosa al principio, pero después fue tanta la espera que dejó de ser así, se dejó llevar, era otra chica.
Tampoco en ningún momento pensó en Annie, ni en su noche de bodas, sólo estaba concentrado en hacer de Candy una gran mujer, hacerla feliz era su papel, ella lo amaba incondicionalmente como cuando aceptó salir con él, había pasado mucho tiempo desde su último amor, se había decidido a no pensar más en él y después de concientizarse que el trabajo no lo era todo, decidió que salir con Archie no era exactamente una cita.
Archie pensaba que ella sería sencillamente tímida, pero al contrario, Candy era toda la mujer que esperaba, por el contrario de lo que pensaba, Candy había tomado la iniciativa, le había hablado al oído y había tocado su miembro enfrente de personas, eso sí sutilmente; después lo había invitado a su baño de tina y viéndolo desnudarse a la par que lo miraba a todo su esplendor, le había dicho que lo deseaba desde hacía mucho tiempo y esperaba todo menos que le dijera que lo necesitaba en ese momento.
El planeaba darle lo que ella pedía, comenzó a besarla incansablemente, despacio y demandante al mismo tiempo, sus manos repasaban una y otra vez la piel de su esposa, hasta que con cada beso llegó al vientre, lamiéndolo y Candy sintió arder, hasta que hizo que ella abriera las piernas para darle la bienvenida a su centro de deseo, el cual él tomó una y otra vez, chupándole el botón con pasión, mientras ella aumentaba los jadeos sentidos, era muy pronto, pero había llegado la hora, Candy tomó el rostro de Archie y lo jaló con las manos hasta su boca, mientras lo besaba comenzó a tocar el miembro duro de su marido y lo deslizaba a lo largo de su entrada, Archie no pudo resistirlo, se retiró un poco de ahí y ella lo miró enfadada acercándose más y deslizando su mano sobre el miembro de él, lo que hizo que Archie se decidiera a penetrarla rápidamente, ya que no pudo soportar la incitación de su esposa, siendo ella la que emitió un grito que fue ahogado por el incansable beso de de él, ambos se detuvieron mientras las uñas de Candy se enterraron en los hombros de Archie, viéndose detenidamente y encaminándose hacia el camino del deseo, se besaron y comenzaron el vaivén de Candy, ella llevaba el ritmo y decía que quería probar todas las delicias del matrimonio, Archie se esmeró tanto que una vez llegado el clímax, haberse recostado en el pecho de su amada y después de platicar un rato, Archie al final se había quedado dormido, una hora después ella hizo lo mismo.
Muy al amanecer, antes de que coronara el alba, Archie la había despertado con caricias en su derrier y la cercanía del duro miembro de su esposo, por lo que ella le sonrió y al percatarse de esa acción comenzó a hacerle el amor hasta dos horas después…
Fin del flash back
Continuará…
Bueno pequeñas lo acabé, hasta el próximo.
Saludos y gracias por los reviews.
