Buenas, buenas, hermosas lectoras/es del fandom que aún pierden su tiempo conmigo.
Quiero disculparme por la tardanza, el capítulo ha estado en mi mente por mucho tiempo, pero estuve procrastinando por motivos desconocidos para mí, a veces pasa, y me disculpo.
Mil gracias por todos sus lindos mensajes:
konan-soul: Mimi y Matt nunca te habían parecido tan atrayentes. Wow. Te digo, que esta historia me tiene algo fuera de base porque es primera vez que los escribo en esta forma, pero siempre me gusta buscarle facetas no explotadas a los personajes, así me acusen de OC de vez en cuando jajaja. Mil disculpas, me tomé más de un mes.
Lady Mary Hiwatari: no seas mala, escríbeme asi sea para decir que estás ahí, a veces me siento sola (¿?), lamento lo de tus ojos castos! Te digo que odio escribir esas escenas, pero estoy haciendo un esfuerzo porque pierdo el control de mis personajes a cada rato jaja.
alita210100: No te dispares, no a la violencia jajaja. Mil gracias, espero te guste.
mimato bombon kou: Medicando a Ken, esa es una deducción inspiradora. No tengas expectativas con mis Lemons, soy muy insegura al escribirlos. Que optimista eres con los personajes. Me encanta.
MimiDeIshida: jajaja, que linda. Gracias, gracias, gracias.
ROUKASD: pingui que raro nombre tienes, suena al RUDAE en Venezuela (el que controla los precios justos), y tuve que leer tu rr para confirmar que eras tú. Espero hacerte vomitar unicornios más seguido. Eres mi pinguicornio. Takeru esta shipeandolos igual que tú, tranquila. Jajajaja… Ken soy yo, puedo aceptar eso. Me encantó tu análisis de las dos parejas, fue tan AHHHH.
LadyMimato: me encanta cuando llegan a conclusiones. Es tan TOP. Jajaja… sus expectativas por mi potencial lemon me están poniendo muy nerviosa. Pero diste en el clavo con el análisis del mimato, hay un fuerte sentimiento de protección y vulnerabilidad entre ellos. Muy perceptiva!
krayteona: el dilema de Ken es el dilema de la mayoría de las personas, desde un punto de vista más intelectual. Es como el dilema del erizo, la mayoría de la gente va a lastimarte, pero si estás demasiado lejos del contacto humano te congelaras. Asi lo veo yo jajaja, quizás todos somos estúpidos :D.
Mariangeles: Mari-chan, me encanta que te guste lo que he hecho con el Mimato xD es diferente a las cosas anteriores, tu review es casi todo Mimato, pero me encantó el detalle que colocaste de mi psicópata. Este cap tiene mucho Mimato, espero te guste.
tengoku no tenshi: 'me encantas aunque me frustres' ah, si tuviera una moneda por cada vez que alguien me ha dicho eso xDDDD… me encanta que pese al romance logre distraerte de él. Espero te guste el cap.
MonoAzul: awww que linda eres. Me encanta tener nueva lectora. Espero te guste el cap. Tienes muchos sospechosos, me encanta.
DarkyStar: Darky-chan, eres tan linda, lo que más me gustó del mensaje es lo que dijiste sobre la amistad de esos tres, tienes mucha razón. Me encantó tu análisis de Yama también, y lo que piensas de Ken es prometedor.
Touko: siento la tardanza, espero te guste.
SiageLove: Jajaja… esa escena me puso nerviosa y todas la comenta, que lindas. Espero te guste el cap.
SoyAnna: Anna-chan, que bueno que te gustara el cap. Tienes razón, tengo que revelar complicaciones de Takeru porque está muy happy aún jajaja. Tienes razón sobre Ken. Y el Mimato, el Mimato es OTP XDDD…
AlinaStarlight: Amo a King también, me encanta que apruebes mi manejo de personaje, me esfuerzo mucho en eso xDDD… GRACIAS. Mantener la mente en blanco suena muy inteligente. Mil gracias y espero te guste.
Les digo que creo que ya seguiré sin editora de manera definitiva. Andy que me lee en las sombras y no me deja RR (sé que estás leyendo esto), está ocupada y yo soy incapaz de leer mi trabajo. Asi que tengo que confiar en que quedó medianamente decente. De no ser así me disculpo, y si alguien quiere editar mi trabajo por mi encantada (No? Nadie? Ah. Maldición). En fin, LAMENTO MIS ERRORES DE DEDO O REDACCION, NO ME ODIEN.
ESPERO QUE LES GUSTE EL CAPÍTULO Y ESPERO SUS MENSAJES.
Kintsukuroi
"Y al final, somos sólo humanos, ebrios con la idea de que el amor, sólo el amor, puede curar nuestras rupturas"
F. Scott Fitzgerald
Mimi Tachikawa cerró la puerta de su apartamento, apoyando la espalda en la madera, y deslizándose hasta caer sentada en el suelo. Suspirando, soltó el bolso y su cartera con pesadez. Sus manos se cerraron sobre sus rodillas, y sus ojos se apretaron con fuerza. Una oleada de calor se extendió desde la punta de sus pies hasta el tope de su cabeza, haciéndola encender como una bengala de auxilio en medio del mar.
Casi había tenido sexo con Yamato Ishida.
¿Qué diablos estaba mal con ella? ¿Desde cuándo se había convertido en una de las chicas 'vive el momento' de Takeru? El sexo siempre había sido algo tan serio para ella, y no había dudado ni un segundo con él. La única razón por la que no había ocurrido era por la venda y cicatriz que se extendía por su cuerpo, no era justo del todo llamarlo cicatriz aún no estaba segura de que quedaría una, pero todos los médicos parecían pensar que sí y ella ya lo había aceptado.
Si no hubiera sido por eso… entonces ¿Qué? ¿Ahora era una de esas chicas que tenía sexo casual con chicos guapos en bares?
Yamato Ishida y ella ni siquiera estaban saliendo. Para todos los propósitos actuales, ella ni siquiera le agradaba al rubio. Había sido claro de que la experiencia había sido placentera, pero le había dicho que estaba 'dispuesto a ignorar su molesta personalidad', aunque sólo lo había dicho por lo que casi había pasado. No había dicho nada que indicara que ella comenzaba a agradarle como persona. Obviamente, le atraía su físico, no era ciego, y ella tampoco. Pero sus personalidades seguían siendo tan incompatibles como siempre.
'Aunque….'
Su mano subió a su cuello de manera inconsciente, tocando el material de la venda con la yema de sus dedos.
Takeru le había dicho que era Yamato no era un mujeriego, ni siquiera en sus tiempos adolecentes, lo cual no era difícil de creer considerando lo serio y solitario que aparentaba ser el mayor de los hermanos. Mimi nunca lo había visto con una chica, en realidad no lo había visto con nadie que no fuera de trabajo. Sin embargo, le costaba imaginarse algún escenario donde ella fuera de interés para alguien como él. Normalmente, con verse al espejo nada más encontraría suficientes razones para que cualquier hombre estuviera interesado en ella, pero, Yamato había salido con su versión más atractiva, únicamente para que todo saliera horriblemente mal.
Ahora que era mercancía defectuosa… ¿Por qué siquiera estaría interesado? No era como si le agradaría por su personalidad, lo cual había negado de manera rotunda.
Cuando se alejó de él, había estado segura de que Yamato se había dejado llevar temporalmente olvidando sus heridas, igual que ella, y que se había detenido al recordarlas. Pero la había invitado a salir después… y eso no tenía el menor sentido. Su primer instinto había sido pensar en compromiso, eso no sonaba como él, el rubio se le antojaba ser muchas cosas, pero alguien que hacía algo que no quería hacer por compromiso definitivamente no era una de ellas.
Pero… ¿Cuál era la alternativa? ¿Pensar que de hecho le gustaba? Eso era totalmente imposible.
Mimi inhaló con fuerza, se levantó del suelo, dejando su bolso junto a la puerta y entró a su habitación. Takeru Takaishi se encontraba allí, tumbado en la cama, abrazando una almohada y profundamente dormido. Mimi suspiró, tumbándose a su lado y tomando al rubio de la nariz, pinchándola con fuerza.
'¡Ahhhhhh!' soltó Takeru despertando, soltando su nariz de ella, e incorporándose de la cama con rapidez. El rubio le envió una mirada condescendiente, volviendo a acostarse a su lado 'casi me causas un infarto'
'No me digas… con tanto que repites "constante vigilancia, constante vigilancia" como paranoico demente, uno pensaría que estarías mejor preparado para las sorpresas. Si fuera un asesino estarías muerto' Mimi colocó sus dedos índice y pulgar formando un arco como un arma y lo apuntó 'Bang'
Takeru soltó una risa corta, estirándose de manera perezosa.
'No sabía que tenía que protegerme también de mis mejores amigas, que entran sigilosamente con llave al apartamento'
'Obviamente no has considerado que esto podría ser un trabajo desde adentro. Que poco Sherlock de tu parte'
Takeru soltó una risa ligera, girándose hacia ella y enviándole una mirada seria.
'¿Estás bien?'
'Takeru…'
Mimi se sentó, suspirando de manera exasperada y preparando su discurso ensayado, pero él la tomó por el brazo, devolviéndola a la posición en la cama.
'No. Mimi, no lo digo en un modo Miyako de 'necesitas terapia, medicamentos y un grupo de apoyo', lo digo en un modo de si necesitas gritar, golpear, llorar o no llorar, hablar o no hablar, o reírte con alguien… aquí estoy'
Mimi intercambió una mirada con él, dando un leve asentimiento.
'No quiero hablar de eso'
'Lo entiendo'
'Te diré si cambio de opinión'
'Aquí estaré'
El silencio cayó sobre ellos por varios minutos, hasta que Mimi retomó la conversación.
'Necesito contarte algo, pero no puedes decirle a Miyako…' comenzó a decir Mimi, Takeru la interrumpió.
'Te acostaste con mi hermano'
'¿Qué? ¡Claro que no!' soltó la castaña, golpeándole el brazo con el puño, mientras todo su rostro volvía a encenderse de rojo. Era sólo media mentira.
'Auch… no me juzgues… no hay mucho de lo que puedas hablar conmigo y no con Miya. Yamato y sexo están al tope de esa lista, sólo asumí que había hecho un movimiento… lo dejé sólo contigo. Comenzaré a pensar que su amistad con Taichi tiene un trasfondo… Sí, mi hermano es gay, tendría que serlo para estar solo contigo y no hacer un movimiento'
'Tú estás solo conmigo, y nunca haces un movimiento'
'¿Quieres que haga un movimiento?' preguntó Takeru, alarmado, recibiendo una patada de su mejor amiga.
'Claro que no' soltó Mimi sacando la lengua con un gesto exagerado de asco.
'Eres como mi hermana. Sé demasiado de ti para verte así'
Mimi giró los ojos.
'Mismo caso contigo, casanova de cuarta'
Takeru pretendió no oírla.
'Yamato, por otro lado… definitivamente tiene que ser gay para resistirse'
'No es gay'
Takeru le envió una sonrisa pícara.
'¿Cómo sabes tú eso?'
Mimi volvió a encenderse como una bengala.
'Sí te acostaste con él'
Mimi volvió a golpearlo, ahora en la cabeza.
'Déjame explicarte'
Sentándose en la cama, le envió una mirada al rubio antes de proceder a explicar lo que había ocurrido, cuando ambos perdieron el control de manera momentánea. El rostro del rubio se fue iluminando, hasta estallar en carcajadas. Mimi le golpeó la cara con un cojín.
'¡Sabía que tú y mi hermano tenían algo!'
'No tenemos nada. Fue un arranque'
'Lo siento' dijo Takeru sentándose también y negando con la cabeza '¿Conoces a mi hermano? ¿O a ti, para los mismos efectos? Ninguno de los dos es exactamente presidente de la zona casual'
'Ese serías tú'
'Eso duele. Pero, mi punto es que si algo paso entre ustedes, no es algo casual'
'Por favor, tu hermano me odia'
'Yamato pelea con lo que quiere… ¿No lo has visto con Taichi? Son mejores amigos desde el jardín de niños'
Mimi giró los ojos con sorna, volviéndose a tumbar en la cama.
'No lo sé… Takeru, tu hermano es muy guapo….'
'Por supuesto, se ve como yo'
'…Pero, no es realmente mi tipo' completó ella, ignorando su interrupción.
'¿Cuál exactamente es tu tipo? Hemos sido amigos desde que estaba en primer grado, tú en segundo, y nunca te he visto realmente interesada en un chico más allá de una ilusión fugaz'
'Eso no es enteramente cierto'
'Mimi, no me hagas listar a los perdedores con los que has salido. Porque comenzaré con Michael y entonces…'
'Está bien. Tienes un punto' cortó Mimi, girando los ojos.
Takeru se inclinó hacia ella, enviándole una mirada seria.
'Mi hermanos es un arisco insoportable, sí. Pero es buen chico, y sé que le gustas bastante… también sé que a ti te gusta él. Lo que sea que pasó entre ustedes antes, pudo ser un simple malentendido'
'Quizás sólo quiere acostarse conmigo'
'Tendría que ser muy gay para no querer acostarse contigo'
Mimi lo pateó, y él soltó una carcajada.
'¿Tú quieres a mi hermano sólo por sexo?'
'¿Quién dijo que quiero a tu hermano?' soltó Mimi, alarmada.
'Está bien. Aunque proteasas demasiado, cambiemos la palabra por 'interés'… ¿estás interesada en mi hermano sólo por sexo?'
'Por supuesto que no'
'¿Entonces por qué tendrías que asumir que él sí lo está?'
'Porque es hombre'
'No es un hombre normal. Te lo puedo jurar'
Mimi cruzó los brazos sobre su pecho, enfurruñándose en la cama.
'Me invitó a salir, y no sé por qué'
'Porque le gustas'
'Me grita todo el tiempo'
'Y tú a él. Pero te encanta'
Mimi volvió a patear al rubio, que rodó en la cama con una sonrisa de suficiencia en los labios.
'Ambos son igual de tercos y cabeza dura. Me alegro que hayan cedido un poco, y espero que hayas aceptado la cita'
'Le dije que sí, pero estoy pensando en cancelar'
'¿Por qué, diablos?'
'Porque… no lo sé. Es tan bizarro…'
'Sólo ve en la maldita cita, Mimi'
Mimi lo miró de reojo, sonriendo un poco.
'Él… no es aburrido'
Takeru sonrió con suficiencia, dando un leve asentimiento.
'¿Y no es eso lo más importante para ti?'
Mimi iba a continuar, pero el ruido de la puerta de la entrada le hizo detenerse, segundos después, Miyako Inoue entró a la habitación, con la mirada desorbitada, los ojos rojos y en celular en la mano. La muchacha se dejó caer en la cama frente a ellos, mientras ambos se arrodillaban frente a ella, con miradas gemelas de preocupación.
'¿Qué?'
'Lo filmó'
Yamato Ishida frunció levemente el ceño mientras la sonrisa de suficiencia de su hermano menor iba creciendo frente a él. Takeru lo estaba observando de manera fija, con una mezcla extraña de deleite y burla. Con cierto nivel de ansiedad, Yamato trató de concentrarse en la vitrina de balas frente a él, intentando no darle pie a su hermano para que divulgara lo que sabía en público. Obviamente, Mimi Tachikawa había soltado su pequeño secreto. No sabía cómo interpretar ese descubrimiento, o siquiera cómo debía sentirse respecto a eso.
¿Se suponía que tuviera sentimientos respecto eso? No. Eso sonaba enteramente fuera de contexto. Pensamientos sonaba mejor. Sí, debía tener pensamientos respecto a lo que había ocurrido, no sentimientos.
Sus ojos subieron de manera fugaz, mientras su rostro se curvaba con disimulo a su derecha, Mimi Tachikawa estaba allí, acompañada de una pálida Miyako Inoue, mirando con aprensión el armamento que estaba siendo explicado por uno de los empleados del rin de tiro. La castaña había evitado hacer contacto visual con él en todo momento desde que habían llegado, hasta prendada del brazo de Takeru como si fuese un escudo. Él no estaba seguro de siquiera querer hablar con ella, pero esa acción le había molestado.
¿Qué estaba pensando? ¿Acaso era buena idea salir con ella en unas horas? ¿Por qué la había invitado, en primer lugar? Definitivamente debía cancelar esa cita.
Yamato no estaba acostumbrado a hacer las cosas por arranque, esta era la primera vez, y no estaba del todo seguro sobre cómo actuar respecto a eso. Era una cosa seguir sus instintos a la hora del trabajo, dónde sabía lo que hacía de una manera calculada, y otra completamente diferente seguirlas respecto a una mujer. Una mujer tan inestable como Mimi, para empezar.
'Entonces…' dijo Takeru a su lado, y Yamato cerró los ojos con exasperación, esperando que comenzaran las burlas '¿Qué piensas del video?'
El joven Ishida quedó un poco desencajado al escuchar la pregunta. Normalmente él estaba más que dispuesto a comenzar a hablar de trabajo, pero se encontraba algo distraído en ese momento. Yamato se aclaró la garganta, dejando las manos en sus bolsillos, y encogiéndose los hombros.
'Taichi cree que puede haber un cómplice. Yo estoy de acuerdo, pero no un cómplice que filmara el video'
'No comprendo'
'Taichi tampoco'
Yamato se encogió los hombros. No había querido decirle a nadie su sospecha de que Mimi Tachikawa podría haber sido atacada por la misma persona (o pareja de crimen) a quien la fiscalía tenía ya en custodia por homicidios seriales. Sonaba ridículo, y nadie más que Mimi compartía su punto de vista. Era muy difícil justificar, hasta en un perfil psicológico, que un caso aislado de acoso y un ataque leve, pudieran estar conectados a homicidio de sangre fría, con alto sadismo. La verdad, él tampoco lo veía desde un plano lógico, pero cada poro de su instinto le gritaba que estaba en lo correcto. No podía decirle eso a su jefe, lo sacarían del caso, tampoco podía decirle a Taichi o lo enviaría a una evaluación psicológica por adicción al trabajo. Suspirando, Yamato prefirió mantener silencio y seguir investigando por su cuenta, sin revelar sus intenciones.
'Quiero chequear el apartamento de Inoue con un detector de señal de radio frecuencia'
Takeru alzó las cejas sorprendido.
'¿Un qué?... Suenas como Koushiro'
'Koushiro me dio la idea'
'¿Por qué Koushiro te sugeriría eso?'
Yamato dudó por un instante, antes de encogerse los hombros, en verdad no había caso en ocultarlo, ni siquiera sabía si estaba en lo cierto.
'Porque… le pedí consejo. Le dije que tenía un caso complicado y que pensaba que el stalker tiene cámaras en el apartamento de la víctima, ya le había pedido ayuda con la corneta del animal de felpa que encontró Inoue. Nadie en el departamento de forense sabe siquiera la mitad de lo que Koushiro sabe sobre aparatos electrónicos'
Takeru alzó las cejas hacia él.
'Por eso difiero con Taichi. Taichi cree que un segundo atacante filmó el asalto. Yo creo que hay una cámara. Algo en el ángulo me molesta… además explica cómo tiene tanto tiempo de torturar psicológicamente a Inoue cada vez que entra al lugar'
Takeru consideró sus palabras por un instante antes de asentir con lentitud.
'Eso explicaría muchas cosas… Pero, en realidad, no sé cuál opción es peor'
Yamato se encogió los hombros.
'Mi jefe no está de acuerdo. No quiero cedernos el equipo. Cree que es una pérdida de tiempo. Taichi y yo chequeamos el lugar con un forense, en la oscuridad no pudimos observar ninguna luz LED. Koushiro me aconsejó usar mi celular para intentar detectar ruido en la línea del campo radial, pero no encontré nada… Me dijo que utilizara un medidor, y aun así no es seguro, si de alguna manera el tipo tiene micrófonos a cámaras profesionales, su frecuencia radial podría estar cambiando continuamente… pero es la manera más rápida de ubicar si podría siquiera estar en lo cierto. Taichi y yo vamos a tener que desmantelar el lugar a la antigua'
'Dile a Mimi, seguro su padre te conseguiría el equipo en dos minutos'
Yamato hizo un gesto de desagrado, apretando los brazos en su pecho.
'No quiero la ayuda de la palabra con 'P', muchas gracias'
Takeru soltó una leve carcajada, fijando la vista en Mimi.
'Bueno, será tu suegro pronto. Así que acostúmbrate'
Antes de que Yamato pudiera reaccionar, Takeru caminó en dirección a sus amigas alejándose de él, y pasando un brazo por el cuello de cada una, mientras las guiaba por la puerta a la zona de tiro. Yamato se quedó congelado, analizando sus palabras por unos segundos, antes de estremecerse como un pingüino en la nieve, y seguirlos en silencio.
Takeru tomó el control de la práctica, como era habitual, la cual el día de hoy se concentraba en manejo de armas y clases de tiro. Tomó de la pared cuatro pares de protectores auditivos, y los lanzó a los otros tres, dejando los suyos alrededor de su cuello. De manera unilateral, anunció que trabajarían en parejas, y sin decir ni una palabra más, tomó a Miyako de la mano y la guió por el pasillo.
'Hey, genio. Tú eres mi pareja ¿recuerdas?' señaló Mimi, alzando las cejas.
'Como les fue tan bien ayer, asumí que era un buen cambio. Como sea, ven Miya' el rubio habló con rapidez, y haló a su suspicaz amiga pelimorada a un cubículo cerrado sin dejarlos decir nada más. Una vez dentro, les hizo señas del vidrio señalando sus oídos, mientras se colocaba los protectores auditivos, enviándoles una sonrisa de suficiencia a los dos.
Mimi y Yamato se encontraron de pronto solos en el pasillo, con poses gemelas de molestia. El rubio reaccionó primero, encogiéndose los hombros y entrando al cubículo vecino, Mimi lo alcanzó enseguida. El sonido de los disparos repicaba a su alrededor de vez en cuando, pero el cubículo parecía tener alguna especia de insonorización debido a que no resonaba como si estuviesen disparando justo a su lado, cosa que era así. Yamato colocó sobre la pequeña mesa la caja del arma que Takeru había adquirido para ella, una especie de revolver de color plateado, y se giró hacia ella hablándole de la misma manera monótona que le hablaría a un novato que tendría que entrenar. De manera básica y asilada, le explicó las partes del arma y las reglas básicas del mantenimiento de la misma, prometiendo pasarle un material que podría leer con más calma en caso de que tuviera preguntas. De manera casi aburrida, el rubio escuchaba su voz como si fuese ajena mientras continuaba explicando.
'Al momento de escoger un arma de defensa personal, especialmente para mujeres, suelen guiarse por el diseño. Buscando que sean ligeras y fáciles de ocultar. El problema con eso es que generalmente tienen un cartucho más débil, pero permiten disparar más veces con cierta facilidad. Los calibres cortos ejecutan disparos a velocidad más alta, las balas más pesadas en general tienen más potencia pero tardan más en llegar a su objetivo, aunque con mejores resultados'
Yamato tomó aire por un momento, antes de continuar su lección.
'Takeru escogió un arma de 9mm Browing Short, la cual es la más adecuada según los estudios está en el rango más aceptado para defensa personal. Podrían decidir cambiarla si difieren, pero me parece una opción adecuada. También, pensó en el tamaño, esto sería fácil de ocultar en tu ropa o en tu bolso debido a que es pequeña y ligera. En resumen, Te dará una herramienta de defensa, pero si quieres matar a tu atacante será más difícil lograrlo a si tuvieras algo más potente…'
'No quiero matar a nadie'
Estaba tan enfrascado que tuvo que reaccionar conscientemente a lo que había dicho. Frunciendo levemente el ceño, se encogió los hombros, clavando su mirada en la de ella.
'La gente normal nunca quiere. Pero si te están atacando, no puedes dejar que una moralidad se interponga en tu camino a sobrevivir'
Mimi observó el revolver en la mano derecha del rubio con aprensión. Yamato ignoró su pequeña crisis moral, mientras procedía a cargar el cartucho del arma con la munición. Sin decir nada, tocó el botón rojo a su derecha y el primer blanco de papel con forma humana apareció, se colocó los protectores auditivos e hizo señas para que ella hiciera lo mismo. Su voz se elevó casi a un grito mientras se posicionaba en el centro, sosteniendo el arma con ambas manos, apuntándola al frente y quitándole el seguro.
'Nunca sostengas un arma con una mano como hacen en las películas. Joderás tu equilibrio y la bala nunca llegara a su objetivo, también es probable que el casquillo te corte la mano si no puedes evitar la vibración al momento de tirar el gatillo. Tienes que sostenerla con ambas manos, con suficiente fuerza de soportar el impacto que generará la detonación. Tu cuerpo tiene que estar recto, la espalda especialmente, y tus brazos perpendiculares al suelo, indiferentemente de adonde estés apuntando. Fija tu objetivo con los ojos, no titubees y tira del gatillo… ¿está claro?'
Mimi apenas tuvo tiempo de responder asintiendo, cuando los ojos del rubio se quitaron de ella, y se posaron como un lince frente a él, justo hacia el blanco. En apenas unos segundos, Yamato había disparado ya tres veces, los tres habían dado en la frente del blanco, con tanta precisión que se habían sobrepuesto para crear un gran hoyo.
Impresionada, Mimi retrocedió, mientras el rubio le colocaba el seguro al arma y presionaba el botón a su lado para cambiar el blanco por uno nuevo.
'Inténtalo'
Él estaba alcanzándole el arma, pero ella sentía nauseas en el estómago ante el mero hecho de sostenerla. Yamato la miró intensamente, esperando su reacción.
'Muévete, Tachikawa'
Mimi dudó, apretando levemente los puños y clavando la mirada en el suelo. Ambos se quitaron los protectores auditivos, él soltando un suspiro de exasperación.
'No me gustan las armas'
'Oh, eso es una sorpresa' dijo él con sarcasmo.
'No te burles de mí…'
'No lo hago. Me parece recordar a ti y a Takeru obligando a la doctora a realizar todo esto. Es completamente normal que la gente de consejos que luego no quiere seguir'
Mimi analizó sus palabras por un momento, antes de asentir con lentitud.
'Mi padre tiene armas de fuego. Solía ser una persona tan pacifica… pero después de lo que ocurrió conmigo… siempre ha querido que tenga guardaespaldas y sepa defenderme. Quizás por eso fui tan rápida en reaccionar de la misma manera con Miya'
'Todo el mundo debería saber defenderse'
Mimi guardó silencio por un instante, antes de alzar la mirada hacia él, con una expresión confundida.
'Ishida… después de que eres amenazado con un arma, especialmente a una edad tan pequeña. Terminas asociándolas, y a las personas que las usan, como esta tangible señal de maldad en el mundo'
Yamato la observó por unos instantes, dejando el revolver sobre la mesa. La mirada de ambos se quedó prendada en el aparato de metal plateado.
'Las armas y la gente que las usa son la maldad personificada, entiendo… entonces, ¿soy malvado a tus ojos, Tachikawa?'
Los ojos de Mimi se clavaron en los de él de golpe, su cabeza había subido tan rápido que parecía haber salido de un tostador. Yamato no estaba mirándola, sus ojos zafiro seguían fijos en el aparato, como hundido en pensamientos a los que ella no podía alcanzar.
'No fuiste atacada por un arma de fuego esta vez'
'Lo sé, pero…'
'Pudo matarte en dos segundos si hubiera querido… ¿sí sabes eso, no?'
Su voz era fría y libre de emoción al mismo tiempo, aún seguía sin mirarla, y ella se encontró a sí misma apretante los bordes de las mangas de su suéter con aprensión. Siempre había asociado las armas de fuego con un atacante, pero Yamato tenía razón, ahora había sido atacada por un tipo diferente y eso no lo hacía mejor.
'Las armas y la gente que las usa no son el problema, Tachikawa. El mal existe, y la gente seguiría matándose entre ellas, aún sin revólveres o pistolas de por medio'
Yamato tomó el revolver de la mesa, seguía sin hacer contacto visual con ella, la tomó del brazo y colocó el arma en su mano derecha. Sin decir nada, se ubicó detrás de ella, sosteniéndole los brazos para que sostuviera el arma con ambas manos. Mimi tembló en partes iguales por el contacto, estaba muy cerca de ella de una manera que su cuerpo y el de él encajaban casi perfecto, y el frío del metal del arma en sus dedos. Yamato posicionó su rostro sobre el hombro derecho de ella, y le susurró en el oído, sin retirar las manos de las de ella.
'No tendrás ningún placer de disparar. No te hará sentir más segura o feliz… La mayoría de la gente no recibe ningún placer de atentar contra otro ser humano, pero cuando es lo único que se interpone entre la muerte y tú, o peor, entre alguien que te importa y la muerte… estarás feliz de saber usarla'
El rubio la soltó, llevando las manos a su cabeza para colocarle los protectores auditivos, antes de hacer lo mismo con los suyos. Sus manos volvieron a fijarse en las de ella, y su barbilla casi reposaba sobre su hombro. Sus dedos se movieron con precisión sobre los de ella, retirando el seguro.
'Dispara' ordenó.
Y ella lo hizo.
Ken Ichijouji se balanceó en la silla de manera ausente, apoyando su pie derecho en el escritorio mientras arqueaba más el espaldar hacia atrás. Sus ojos índigo, clavados en el techo de su apartamento, y una perfecta ceja negra azulada curvada. El oxígeno era pesado a su alrededor, con sus pulmones rechazando la vida, probablemente con la misma fuerza que su voluntad.
Poder de voluntad. Eso era lo que su padre aseguraba que le faltaba y, para ser enteramente justos, probablemente tenía razón. Desde que tenía memoria, Ken Ichijouji había experimentado ciertos problemas de voluntad.
Le gustaba pensar en sí mismo como un extremista cuando se refería a la voluntad.
En algunos caso, tenía demasiada, negándose a hacer cosas sin ninguna razón lógica para un tercero, más que su propia terquedad, hasta el punto en el que su propia soberbia tomaba las decisiones por él. Como cuando había decidido mantenerse lejos de la compañía Ichijouji, había tenido muchas oportunidades de repensar esa decisión, muchas razones lógicas para cambiar sus raciocinios, y mucho que ganar de hacerlo. Pero tan sólo no podía hacerlo. Él había decidido invertir su fidecomiso lo más lejos posible de las manos Ichijouji a como le fuera posible, le había ido bastante bien, pero aun de quedarse en la quiebra nada le haría repensar esa situación.
La misma voluntad de hierro le acompañaba ante la negativa de tomar psicotrópicos. Las pastillas no le dejaban pensar, y ninguna mejora en su calidad de vida o relaciones interpersonales le harían considerar renunciar a sus pensamientos. Por muy horribles, fatalistas y oscuros que esos pensamientos pudiesen ser. Eran todo lo que lo hacía ser quien era, y para Ken Ichijouji renunciar a quien era en pro de una vida, era no tener vida en absoluto. Le había dicho a su padre que viviría lejos de la civilización por el resto de sus días si eso aseguraba que no tendría que volver a tomar una pastilla prescrita por el resto de su existencia, y lo decía con toda la convicción que podía concentrar en su cuerpo.
De alguna manera, su voluntad parecía ser cincelada en la posteridad. Siendo uno de sus atributos más característicos, y un rasgo innegable en su personalidad. Tenía convicción, y seguía adelante con ella.
Y, pese a lo cierto que eso era, su voluntad de hierro no le acompañaba a cada momento de su vida. Solía decirse a sí mismo que no era capaz de interesarse en todo lo que ocurría a su alrededor con el mismo nivel de pasión, porque era imposible, a nadie podía importarle su convicción en temas variados con la misma intensidad. Esa era la razón que le daba a su inconsistencia de carácter, que si bien era inquebrantable, no era del todo confiable.
En ocasiones, no poseía ni siquiera la intensión de protestar. Seguía yendo a terapia sin ningún grado de resistencia, permitía a su padre poner contratos sobre sus psiquiatras pese a que jamás les diría nada relevante, no había objetado a la insistencia de su padre de mantenerlo en la junta directiva, seguía viviendo en la misma ciudad que sus padre por requerimiento suyo y aún respetaba el código ético bajo el que había sido criado. Solía decirse que era porque no le importaban ninguna de esas cosas, y en parte era verdad, pero no por completo.
Por años, había vivido con una voluntad dividida a no existir y a hacerlo de manera simultánea. Nunca se había sentido exactamente optimista ante el prospecto del futuro, como el resto de las personas de su edad. También, se había acostumbrado a un perenne sentimiento de querer desaparecer de la faz de la tierra. Por años, sus psiquiatras le habían dicho que sus tendencias suicidas no actuadas, eran causa de preocupación, pero las había tenido toda su vida y jamás había actuado en ellas. Eran como la amenaza nuclear, o el hecho de que el gobierno espiaba a todo el mundo. Un sentimiento que vaga en las sombras, pero que no te controla, algo que aceptas y quizás debería importarte, pero no lo hace, uno al que te acostumbras como una amenaza posible pero no tan probable en el futuro inmediato.
Siempre había sentido deseos de terminar su vida, quizás con más fuerza que los deseos que poseía de vivirla. Pero, seguía aquí, y nunca había hecho nada al respecto de cambiar eso.
Como la mayoría de las cosas en la vida de Ken Ichijouji, sobre las cuales él no tomaba una decisión final, sus acciones quedaban en el aire, como un pedazo del hilo del destino que flota sobre un cuchillo filoso. Como no poseía la voluntad de decidir ni a favor ni en contra, sus acciones al respecto podían caer a cualquiera de los dos lados sin el menor anticipo.
Siempre debería tomar decisiones respecto a su vida, sin embargo, muchas veces la vida decidía por él, y le dejaba con la sensación de descubrir cómo se sentía respecto a dicha decisión.
Poder de voluntad. Era lo que su padre le aseguraba que le faltaba, un poder de decisión para llevar las cosas hasta el final. Quizás eso era cierto, pero en la mayoría de sus faltas, no era tanto un poder de voluntad como era un poder de decidir.
Sus ojos bajaron del techo y se fijaron frente al cuaderno negro en el escritorio. Lo empujo un poco, con la punta de sus tenis, mientras se impulsaba hacia atrás usando al escritorio como apoyo. Las ruedas de la silla chirriaron, hasta que se encontró dándole la espalda al escritorio a metro y medio de su posición inicial.
Fue vagamente consciente de que su celular sonaba a la distancia. Se preguntó si era su padre, su hermano o Miyako. Normalmente, se levantaría de golpe a contestar a la última, pero su pequeña revelación nocturna sobre lagunas mentales le habían evitado aceptar sus llamadas.
¿Por qué le había dicho sobre las lagunas? ¿Por qué había revelado tanto a ella? ¿Por qué su voz había hablado sin que su cerebro tomara una decisión final respecto a eso? ¿Qué se suponía que hiciera si Miyako se lo decía a su padre? O, aun peor, ¿si decidía tratarlo con eso en mente? Fácilmente podría volver a tratarlo como a un paciente. Miyako Inoue claramente tenía sus propios problemas, y de alguna manera, sumarle sus confesiones seguramente lo estaba haciendo peor.
Él había estado tan interesado en entablar una conexión con ella, que había soltado información no revelada a nadie antes, la había revelado sin tomar una decisión sobre el asunto, y ahora no estaba seguro de cómo debía actuar respecto a eso.
Él necesitaba tomar una decisión. Era tiempo de probar su voluntad nuevamente.
¿Era momento de sacar o dejar entrar a Miyako Inoue a su vida?
La respuesta no era tan sencilla. Si decidía dejarla entrar, no bastaría con lo que le había dicho, había mucho más que tendría que confesarle, cosas que llevarían a más preguntas y revelaciones. Pero… si decidía sacarla de su vida, estaría perdiendo la primera persona por la que había sentido genuino interés en quien sabe cuánto tiempo.
¿Acaso, estaba listo para afrontar cualquiera de esas dos respuestas?
Yamato Ishida caminó en silencio, mientras su mirada se cruzaba a ratos con la castaña que marchaba a su lado. Miyako y Takeru iban unos pasos adelante, seguidos por el escolta, con el rubio abogando sobre las ventajas de una sociedad armada, con Miyako refutando las implicaciones morales del asunto. Aparentemente, la sesión de tiro había dejado algunas secuelas de ética en el aire, en los cuatro.
'Estadísticamente, la mayoría de los propietarios de armas, son más propensos a ser atacados con su propia arma, a defenderse con ella'
'Porque la mayoría de la gente nunca se toma la molestia de aprender a usar el arma, en primer lugar'
'Las armas traen más problemas de los que solucionan, Takeru'
'Admito que en una sociedad perfecta y pacifica no habría necesidad de armas. Pero, esto es una circunstancia extraordinaria. Un psicópata está detrás de ti, Mimi ya fue atacada. No me digas que no dormirás más tranquila con un arma junto a tu cama'
'Mimi contrató un escolta, y tu compraste armas para los tres'
'Miya, vigilancia constante. No puedes confiar en nadie más que en ti misma para defenderte'
'¿Por qué las soluciones de los hombres ante los problemas son tan violentas?'
'Oh, lo siento. Tu psicópata seguro sólo corto a Mimi con su indiferencia'
Un ruido sordo le hizo saber que la pelimorada había golpeado a Takeru. Estaba vagamente escuchando a Miyako convertir el asunto en una diferencia de género, cuando la mano de Mimi Tachikawa se aferró en la manga de su chaqueta, halándola con suavidad. Se detuvo, y sus ojos bajaron a ella con curiosidad, el rostro de la castaña estaba algo cabizbajo, casi oculto por los mechones de su cabello. Por un segundo, giro su rostro a la izquierda, donde observó a los otros dos, cruzar una esquina y perderse de vista, antes de volver su atención absoluta a la muchacha.
Su hora de almuerzo ya estaba acabando, y casi sintió deseos de señalar eso, cuando se dio cuenta de que probablemente ella lo sabía y que lo había detenido con alguna razón.
'No creo que seas una mala persona' anunció ella, casi en un susurro, como quien suelta un pensamiento que carcome sus entrañas.
Las cejas del rubio se alzaron, al tiempo que se aclaraba la garganta con indiferencia.
'Eso no es…'
Mimi levantó la mano derecha, silenciándolo.
'No me gustan las armas, y las asocio con cosas malas. Sé que eres policía… sé que eres pro armas, sé que tienes un arma justo ahora… y eso está bien'
Mimi dejó las manos en los bolsillos de su suéter, encogiéndose los hombros.
'Sé que tienes razón. La gente mala existe con o sin armas, y tú no eres parte de ellos. No eres una mala persona'
Yamato guardó silencio, y esperó hasta que la mirada de ella se fijó en la de él, sus ojos eran tan transparentes y brillantes, que por un momento se preguntó si esta era la misma muchacha egocéntrica que le gritaba a diario en el juzgado. Se veía tan diferente, tan frágil, que no podía entender como él se las arreglaba para pelear tanto con ella.
¿Por qué estaba diciéndole esto? ¿Acaso creía que había lastimado sus sentimientos de alguna manera, al darle su opinión sobre las armas? Y aun si creía eso, ¿Por qué le importaba? ¿Por qué estaba diciéndole que no era una mala persona?
Abrió la boca para preguntar eso, pero un clic en su cabeza le hizo cerrarla nuevamente. Probablemente verlo disparar le había recordado algo en su pasado. Eso le hizo apretar los puños, y entender porque le hablaba con tal vulnerabilidad, tan poco característica en su trato normal. Lo había visto como un posible atacante, y decirle eso era su modo de disculparse por hacer algo que se salía de su control. Quizás más que a él, se lo decía a sí misma, como una manera de aseverarse que no tenía que temer de él. Eso lo hacía sentir de manera extraña, pero fue incapaz de ubicar qué era con exactitud.
Dando un respingo, volvió a clavar sus ojos en los de ella.
'Gracias'
Su palabra cruzó sus labios, antes de poder analizar a cabalidad porque lo había dicho, y ante la mirada desencajada de ella, explicó con la verdad.
'Porque intentas confiar en mí'
Mimi apretó los puños, y dio un pequeño asentimiento con la cabeza, enviándole una débil sonrisa. Retomaron a caminar por unos segundos, hasta que Mimi volvió a detenerse.
'Yamato…'
'¿Uhm?'
'Tú… has tenido que dispararle a personas, en tu trabajo ¿verdad?'
Yamato se encogió los hombros, restándole importancia. De alguna manera, se sentía extraño conversando con ella de una manera tan calmada. Ella seguía viéndose de una manera frágil, y estaba comenzando a afectarle a él.
'Sí, varias veces'
'¿Cómo se siente?'
Yamato dudó por unos instantes.
'Se siente a que estoy haciendo mi trabajo'
Mimi dio un asentimiento y alzó la mirada hacia él.
'¿Ha muerto alguien a tus manos?'
Las manos de Yamato se cerraron con fuerza dentro de los bolsillos de su pantalón. La mirada de Mimi se había vuelto más resuelta de pronto, y él supo que mucho dependía de su respuesta. De igual manera, respondió sin reparo.
'Sí'
Mimi asintió, con una mirada de entendimiento, y comenzó a caminar. Fue el turno de él, de sostenerla por la manga del suéter. Había aceptado su respuesta sin el menor contratiempo, pero por algún motivo totalmente desconocido para él, quiso explicarse ante ella.
'Dos veces. La primera fue contra un sospechoso armado que se rehusó a bajar su arma, tenía un rehén, una mujer. Estaba dándole la cara a mi supervisor, yo entré por la parte de atrás, cuando me vio, me apuntó con el arma… le disparé en el pecho'
Mimi alzó las cejas, el procedimiento estándar era dispararle en un punto no vital, a menos que el sospechoso abriera fuego primero.
'Me gané una buena reprimenda de asuntos internos. Es difícil explicarle a alguien que no está en el campo, las cosas que pueden pasar cuando tu instinto de supervivencia se activa. Él me habría disparado primero si hubiera dudado un solo segundo. Pude verlo en sus ojos'
Mimi lo observó en silencio por unos segundos.
'La segunda vez, estaba protegiendo a Taichi'
'¿Yagami? ¿En serio?'
'Sí, estábamos persiguiendo unos tipos de la mafia china. Fue una redada con más de 15 oficiales. Taichi y yo corrimos detrás de unos bastardos que intentaron escapar por la parte trasera. Estábamos en un puerto en Shibuya, y mi sospechoso escapó en un auto blindado, fue un total fracaso… Taichi… No lo admitirá pero un sospechoso le ganó en combate cuerpo a cuerpo, le quitó su arma y lo apuñalo dos veces. Taichi pudo evitar que le cortara ninguna línea vital, pero cuando los alcancé estaba por rajarle el cuello. A ese le disparé… en la cabeza'
Mimi volvió a alzar las cejas con sorpresa.
'Lo haría de nuevo'
Pudo ver la reacción de sorpresa y aprensión en sus ojos, pero decidió seguir adelante.
'Tenía a mi compañero. Lo había lastimado, y yo lo detuve. Lo haría de nuevo'
Mimi asintió con lentitud, le dio la espalda y comenzó a caminar. De manera insegura, él la siguió.
'Comienzo a entender por qué tienes fama de no seguir ordenes, Ishida'
Yamato no pudo evitar sonreír, al tiempo que se relajaba por su respuesta.
'Para recibir tantos chismes de mí, es casi un milagro que no me consideres una mala persona'
Mimi giró el rostro hacia él, enviándole una sonrisa.
'Soy una persona con un corazón puro, Ishida. No me hagas lamentarlo'
Yamato soltó una carcajada, inmediatamente lamentando hacerlo. Se repuso, con un leve rubor en las mejillas, evitando mirarla, pero seguro de que ella lo había notado, de todos modos. Ambos caminaron en silencio, hasta alcanzar la puerta del edificio de la castaña. Takeru y Miyako no estaban afuera, seguramente habían subido al apartamento ya.
'No me esperaron. Que lindos' dijo Mimi suspirando, al tiempo que subía las escaleras. Suspirando, giró para despedirse del rubio únicamente para encontrarlo justo detrás de ella en el escalón siguiente '¿Qué estás haciendo?'
'Acompañándote'
'No es necesario. Estoy bien'
'Takeru me mataría si supiera que no te acompañé'
'Llegaras tarde al trabajo'
'Tengo suficiente tiempo a favor como para que nadie me reclame eso'
Ambos caminaron por el lobby en silencio.
'¿Por qué estás siendo tan amable conmigo?' preguntó ella, cuando las puertas del ascensor se cerraron.
'Pues, sí te invité a salir y dijiste que sí, asumí que no podíamos seguir gritándonos como siempre'
'Uhm… vamos a pelear de todos modos'
'No lo dudo, pero soy la mejor persona. Así que estoy haciendo un esfuerzo, Tachikawa'
Mimi soltó una risa suave, y giró el rostro hacia él.
'¿Por qué?'
'¿Uhm?'
'¿Por qué me invitaste a salir? Apenas me toleras'
'¿Por qué dijiste que sí? Apenas me toleras a mí'
La puerta del ascensor se abrió, pero ninguno de los dos se movió. Yamato cruzó los brazos sobre su pecho, alzando las cejas, mientras que Mimi dejó las manos sobre su cadera mirándolo con recelo.
'Tan sólo… no lo entiendo'
'Es bizarro. Lo sé' admitió él.
Ambos salieron del ascensor, pero no avanzaron por el pasillo. Sus miradas se enlazaron por más de un minuto de total silencio.
'Takeru dice que nuestra primera cita pudo ir mal por un malentendido'
'Probamente tiene razón'
'He pensado en cancelarla desde que acepte'
'He pensado en cancelarla desde que te lo pedí'
Un duelo de miradas siguió la mutua confesión.
'Si no te gusté antes, no voy a gustarte ahora'
'Podría decirte exactamente lo mismo. Pero seamos sinceros, ninguno de los dos fue demasiado receptivo en la cita a ciegas'
'¿Disculpa?'
'Tú esperabas a Takeru 2.0, y yo intentaba descubrir qué estaba lo suficientemente mal contigo como para que mi hermano no saliera contigo'
Mimi no pudo evitar la carcajada que escapó sus labios.
'Estás totalmente equivocado. Jamás saldría con tu hermano'
'Sé eso ahora. La cita no cuenta'
Mimi le mantuvo la mirada, suspirando. De manera inconsciente, su mano subió a su cuello, posicionándose en el pequeño pedazo visible de venda que sobresalía de su suéter cuello de tortuga.
'Deja eso'
'¿Uhm?'
'Deja de pensar en la herida. No sirve de nada'
Mimi bajó su mano, soltando un suspiro exasperado, y alzó su barbilla de manera altiva.
'Sólo estaba pensando que eres un tonto, Ishida'
'¿Yo?'
'Sí, tú. Pudiste salir con mi versión más hermosa, y perdiste esa oportunidad… ¿Por qué estarías interesado en salir con mercancía defectuosa, ahora?'
Yamato frunció el ceño, con una sonrisa de entendimiento. Así que ese era el problema. Él nunca sería capaz de comprender por qué las mujeres ponían tanto valor a detalles insignificantes de su apariencia que los hombres en realidad no notaban, era incluso cómico, el modo en el que las mujeres se obsesionaban por verse perfectas cuando la capacidad masculina de prestar atención a los detalles era básicamente nula. Especialmente una mujer que se veía como Mimi Tachikawa. Los hombres se fijaban en el todo, no en los detalles específicos de las chicas. Era completamente hermosa, y ningún detalle en su piel ahora disminuiría ni siquiera un milímetro de esa belleza. Si ese era el problema que tenía con él, entonces era una tonta.
'Realmente no crees eso'
'Lo hago' y lo hacía, él podía verlo en sus ojos.
Yamato se encogió los hombros, y la miró fijamente.
'¿Realmente eres así de débil, Tachikawa? Te topas con una pequeña arruga en tu perfecto empaque, y pierdes toda tu confianza… ¿En serio? No pensé que la guerrera abogada que me encontraba casi todos los días barriendo el piso con medio juzgado pudiera perder su brillo con algo tan insignificante como esto' levantó su mano, y le tocó el borde de la venda bajo su barbilla. Mimi retrocedió a su contacto, y le tomó más de un minuto retomar su voz.
'La mayoría de la gente diría que tengo razón en tener secuelas del trauma'
'La mayoría de la gente es imbécil. Y eres una tonta. Estaría esperando que evitaras el contacto porque soy un hombre y eso te recuerda al atacante. Porque mis ojos te recuerdan al atacante. Porque estoy armado y eres una hippie pacifista… pero esto no… No puedes ser lo suficientemente superficial de estar preocupada de que ya no seas hermosa'
Nuevamente hubo un duelo de mirada entre ellos. Mimi apretó los bordes de su suéter, intentando encontrar en algún lugar de su interior el fuego para gritarle, como normalmente hacía. Pero todo lo que pudo encontrar dentro de ella, eran ganas de derrumbarse en llanto, algo que ciertamente no haría frente a Yamato Ishida.
Suspirando, se preguntó si tendría razón, y probablemente así era. Su cabeza era un mar de preocupaciones, y estaba eligiendo la más estúpida para obsesionarse. Probablemente porque no era capaz de lidiar a cabalidad con ninguna de las otras preocupaciones que poblaba su mente. Era más fácil obsesionarse con la posibilidad de que tuviese que vivir con una belleza incompleta, a pensar en lo cerca que estuvo de morir. O en que el psicópata podría aparecer de nuevo en cualquier momento a terminar el trabajo. O a aun peor, a llevarse a Miyako esta vez. Era más fácil pasar horas frente al espejo pensando en cómo tendría que cargar una marca sobre su piel que le recordara la peor noche de su vida, por la eternidad, a pensar en cómo todo podría empeorar a un segundo de distancia.
La verdad era que si toda esa pesadilla terminaba con esa cicatriz como su único recuerdo, se consideraría igual de afortunada a su último encuentro con un ataque. Aún si tuviese que pasar años en terapia, y vivir con una fea cicatriz. La pesadilla no había terminado, todo podría ser peor en cuestión de segundos, y lidiar con eso era demasiado para ella. Pero no podía explicarle nada de eso a él, también era más fácil que creyera que sus preocupaciones eran superficiales.
Sus ojos se cerraron con pesadez, y le dio la espalda.
'Lo lamento, Ishida. No tengo ningún residuo de espíritu de pelea hoy. Cree lo que quieras'
Apenas dio dos pasos antes de que la mano de Yamato la detuviera, tomándola por el brazo, la giró hacia él.
'Estoy cansado de asumir y equivocarme contigo. Todo nuestro trato ha sido una cadena de malentendidos… ¿no estás cansada tú?'
De alguna manera, que fue enteramente desconocida para ella, terminó enredando sus dedos con los del rubio. El acto se sintió tan íntimo, y tan incómodo a la vez, como se había sentido la primera vez que había tocado la mano de un muchacho en su adolescencia.
'Mi problema no es uno solo. Estoy… aterrada, de lo que pasó, de lo que pudo pasar. De que aparezca de nuevo, de lo que pueda pasarle a Miya…' su otra mano subió a su cuello con aprensión 'Odio que hiciera esto. Siento que me quitó algo al hacerlo' apenas la frase cruzó sus labios, sus ojos se ensancharon con sorpresa, no había pronunciado eso en voz alta, pero era la verdad 'Siento que lo hizo por eso, porque quería quitarme algo, quería romperme, porque quería que lo recordara cada vez que me miro en el espejo, y cada vez que alguien me toca… Quería que no me sintiera como yo, y la verdad es que no lo hago'
'Pero sigues siento tú'
Mimi sonrió con tristeza, tomando una bocanada grande de aire.
'Sí… sólo, quizás, tomara un poco de tiempo ser yo a cada momento. Está tomando cada onza de voluntad que tengo ser yo, siquiera a ratos, Ishida'
Permanecieron en silencio, por unos segundos, con sus manos aún enlazadas, hasta que Yamato retrocedió soltándola, y mirándola con seriedad.
'No te rompió para siempre, Tachikawa. Eres más resistente que eso. Necesitaras tiempo, pero sé que volverás a ser la misma bravucona de siempre'
Mimi soltó una pequeña risa, cruzando los brazos sobre su pecho.
'Kintsukuroi' dijo Yamato en un suspiro.
'¿Uhm?'
'¿Conoces a mi madre, cierto? Oh, qué digo, por supuesto que sí. Ella práctica eso, el arte antiguo de reparar cerámica con oro y plata'
'Oh, sí, lo he visto. Son muy hermosas'
Yamato se separó de ella, encogiéndose los hombros para restarle importancia, al tiempo que tocaba el botón del ascensor y esperaba que las puertas se abrieran. Su mirada se clavó en las puertas, como si evitara deliberadamente mirarla.
'Algunas cosas son más hermosas después de que han sido rotas. Dice que tienen una historia que contar, Mimi'
Los ojos de Mimi se ensancharon, ante el significado de sus palabras, y buscó su mirada, únicamente para que él siguiera evitándola, mientras cruzaba el umbral de las puertas y entraba al ascensor.
'Nos vemos a las ocho, Tachikawa'
Miyako Inoue observó la caja frente a su escritorio con un nivel creciente de aprensión. Era poseedora de un arma ahora, y había resultado sorprendentemente buena en su primer intento al usarla, cosa que aún no estaba segura sobre cómo le hacía sentir. Takeru le había dicho que era natural en el asunto, y eso le daba náuseas. Sus ojos subieron hacia la puerta donde estaba parado el escolta del segundo turno, el Sr. Katsuragui había partido al final de su turno, y ahora estaba en compañía de un hombre igual de musculoso, el Sr. Mao. Aparte de él, sólo Mimi estaba en el apartamento, encerrada en su cuarto pasando por su cuarto cambio de ropa, claramente tenía una cita. Nadie le había dicho con quién, pero juzgando por el modo en que Takeru había hablado antes de irse al hospital, claramente era Yamato Ishida.
Miyako no estaba segura de cómo debía sentirse respecto a eso. Le agradaba el Agente Ishida, y desde hacía mucho había notado la química innegable entre los dos. Pero, no podía ser igual de optimista que Takeru, pensando que una relación podría ayudar a la confianza de su amiga, sin considerar el hecho de que Mimi estaba viviendo las secuelas de un ataque con el cual se negaba a lidiar. No estaba segura de sí Yamato Ishida sabía en qué clase de montaña rusa había abordado, o de si Mimi, que se negaba a hablar con nadie, no terminaría usando esa relación como un escudo para no afrontar sus problemas.
Probablemente esa era la razón por la cual Mimi había acudido al siempre optimista rubio, antes que a ella y su dosis de realismo. Sin embargo, sería demasiado hipócrita señalarle esto a su mejor amiga, cuando ella había relegado su posición de alejarse de Ken Ichijouji utilizando la misma lógica. Sabía que la decisión más acertada era mantenerse sin pareja hasta que el asunto estuviera de algún modo resuelto, y sin embargo, la noche anterior se había besado con el ojiazul que, además, solía ser su paciente. En realidad, no se sentía en ninguna altura moral de juzgar las acciones de alguien más en este momento.
Suspirando, su mano fue a su frente, apretando sus sienes.
Desearía poder encontrar un libro que le dijera como se suponía que debía actuar. O en su defecto, desearía que alguien simplemente le dijera qué hacer. Necesitaba direcciones, necesitaba un plan, y sobretodo necesitaba dejar de hundirse en un inacabable mar de dudas e inseguridades.
Una parte de su cerebro le gritara que viviera su vida, que lo que el stalker quería era que la destruyera, y que al hacerlo estaba ganando. Por otro lado, le decía que si seguía viviendo su vida, su rutina era una puerta abierta a que él pudiera atacar en cualquier momento.
'Todo sería más fácil si tan sólo pudiera encerrarme en un cuarto de pánico hasta que se cansara'
Un suspiro profundo salió de sus labios, al tiempo que le apretaba el pecho. Odiaba no saber qué hacer. Odiaba no tener un plan. Odiaba sentir que estaba perdiendo aquel juego de ajedrez imaginario. Pero sobre todo, odiaba tener que estar arrastrando a más personas en su desgracia.
'Quizás sólo debería irme… si no estoy, quizás deje de usar a Mimi'
Pero no tenía ninguna garantía de eso. Si decidía desaparecer un día, él simplemente podría concentrar toda su atención en su mejor amiga, y eso sería mil veces peor a que simplemente apareciera allí esa noche y la degollara de una maldita vez.
'Quizás sólo deba permitirle a Takeru que tome todas las decisiones. Es el que tiene la cabeza más ligera'
Se recostó en la silla, cruzando las manos sobre su abromen. Sus ojos fueron fugazmente a su celular, y su mano casi se movió hacia el aparato, pero lo pensó mejor antes de hacerlo.
Ken Ichijouji sufría de lagunas mentales. Nunca, en todo el tiempo que lo trató, había considerado eso como una opción. Existían muchas razones para que ese pudiera ser el caso. Pero el hecho de que Ken fuese una persona tan compuesta todo el tiempo, le hacía descartar la mayoría de esas razones. No estaba segura de lo que eso significaba, ni tampoco de lo que él había pretendido al decírselo. Se estaría mintiendo a sí misma, si no se hubiese preguntado sobre la posibilidad de que Ken estuviese escondiendo mucho más que eso, de una forma, hasta esperaba a que así fuera.
Un ruido sordo en su puerta, le hizo dar un respingo al salir de sus pensamientos. Se colocó de pie, casi por instinto, y observó al Sr. Mao revisar el ojal antes de abrir la puerta, unas palabras fueron intercambiadas, y Miyako alcanzó la puerta a tiempo de ver un buqué de rosas rojas. Sus cejas subieron con aprensión.
'¿Qué es eso?'
'Es para la Srta. Tachikawa'
'Oh'
Miyako asintió de manera aislada, mientras el hombre colocaba el buqué sobre la mesa de la cocina, para volver a la posición junto a la puerta. Suspirando, Miyako se tumbó en el sofá, clavando la vista en el techo, su mente giraba a mil por horas, haciendo un repaso mental de sus conocimientos referente a lagunas mentales, cuando Mimi apareció en la sala aclarándose la garganta. La pelimorada se incorporó, buscando a su amiga con la mirada. La encontró junto a la puerta de la cocina, estaba usando un hermoso vestido azul oscuro, con escote de corazón, ceñido a la cintura y con una falda suelta, su cabello estaba sostenido en una hermosa trenza que reposaba sobre su hombro, y sostenida un sobretodo de color blanco en su mano. No estaba cubriendo la venda con un cuello de tortuga, y eso le hizo sonreír, quizás Yamato Ishida era una buena idea, después de todo.
'¿Cómo me veo?'
'Igual de hermosa que siempre'
Mimi le envió una pequeña sonrisa, mientras se observaba de reojo en el espejo de la sala. Dando un respingo, miró el reloj en su muñeca.
'Estoy a tiempo. No puedo creerlo'
'Oh, te llegaron unas flores'
Mimi alzó las cejas sorprendida. Yamato no parecía ser la clase de chico que enviara flores, quizás sí había estado juzgándolo mal por todo ese tiempo. Sonriendo, caminó a la cocina, y tomó el ramo. Rosas rojas, algo predecible y poco original, pero un clásico bien recibido. Encontró la tarjeta en el tope, y la frase en ella le hizo encenderse como una bengala de mano.
'Kintsukuroi' leyó en voz alta, al tiempo que Miyako la alcanzaba en la cocina.
Mimi observó la tarjeta por un minuto entero, sin poder evitar sonreír. Miyako la leyó sobre su hombro.
'Kintsukuroi… Uhm… sin contexto'
Mimi dejó la tarjeta en la mesa, mientras tomaba un jarrón para poner las flores en agua. Miyako giró la tarjeta, frunciendo ligeramente el ceño.
'No está firmada'
'¿Uhm?'
'La tarjeta. No está firmada'
'Oh, no importa. Sé de quién son'
Miyako observó mientras su mejor amiga admiraba las flores, en el jarrón, mientras su entrecejo se fruncía aún más. Había pensado que las flores podrían ser de Jou Kido, pero juzgando por la reacción de Mimi… Yamato Ishida no se le antojaba como la clase de hombre que enviaba flores anónimas, especialmente cuando estaba a punto de llegar en persona. No tenía el menor sentido para ella. Siendo más amplios, ni siquiera tenía sentido para ella que Yamato fuera la clase de persona que enviara flores en primer lugar.
La palabra en la tarjeta se le hacía sospechosa. El arte antigua de reparar con oro. Parecía ser una metáfora al estado actual de su mejor amiga. Ella parecía muy segura sobre quién era el remitente de las flores, lo cual significaba que él había mencionado la palabra en su presencia.
Pero…
'Mimi, no creo que estás flores sean del Agente Ishida'
Mimi parpadeó confundida, por unos instantes.
'¿Cómo supiste que…?'
'Dame algo de crédito. Somos amigas desde que estábamos en la cuna' le interrumpió Miyako 'pero, estás flores no son de él'
'Oh, Miya, sé que no es el hombre más sensible del mundo. Pero comienzo a creer que lo he estado juzgando mal'
'No lo digo por eso. No es lógico, si iba a traerte flores, te las entregaría en persona'
Mimi analizó sus palabras, confundida.
'Pero él fue el que me dijo eso…'
Sus ojos bajaron al ramo, y luego subieron a Miyako con rapidez.
'Pero entonces… ¿De quién son?'
En ese momento, un golpe sordo en la puerta de la entrada resonó.
Tan, tan, tan… Me iba a disculpar por el exceso de Mimato en este capítulo. Y recordé que la mayoría de ustedes me lee sólo por eso (¿?) así que se me pasó (¿?). Prometo retomar más a Miya y a Ken en el próximo, aunque no confíen en mis promesas, yo sólo sé qué diablos haré cuando está escrito jijiji.
En fin… envíen me un Review para saber qué les pareció el capítulo. Esperaré sus antorchas (¿?)
Besos!
