Voltron: Dark Universe

Capítulo 8:

"Misión Fallida"

Shiro llegó a la habitación de Lance. La puerta estaba cerrada. Se sentía mal por él, algo estaba sucediendo y tenía que averiguarlo pronto. Lance no era así. Tras rascarse la cabeza llamó a la puerta.

—¿Lance? —no recibió respuesta. Shiro insistió —¿Lance, puedo entrar? —silencio nuevamente. Shiro suspiró y se acercó a la puerta —De acuerdo, sólo te pido que me escuches. Lo que sea que sientas en este momento, lo que estés pensando ahora, podemos solucionarlo. Sabes que puedes confiar en mí, porque yo confío en ti, eres… —Shiro presionó el panel y la puerta se abrió, para su sorpresa. Entró buscando a Lance en la oscuridad —¿Lance? ¿Me escuchaste?

—¡¿Qué has dicho?! —Hunk tomó a Pidge de los brazos. La miró asustado.

—Alguien acaba de iniciar la secuencia de autodestrucción de la base. Seguramente el Galra que vi hace unos momentos.

—¿Por qué harían algo así? —preguntó Allura —¿pretenden sacrificar su propia base para eliminarnos?

—A menos que no seamos su objetivo —dijo Keith —Pidge, ¿cuántos Galra siguen en la base?

—Veamos… —dijo ella revisando los datos de la base —un aproximado de setenta y cinco soldados. Mientras que se registran otros veinticinco en el Crucero a punto de despegar. No lo entiendo. Usualmente los Galra registran cada uno de sus movimientos, indican la carga de los Cruceros y su destino, pero no hay nada de eso.

—¿Qué hay de los Cristales? ¿Hay información al respecto? —dijo Keith. En eso la puerta se abrió y entraron soldados Galra que comenzaron a dispararles. Los Paladines los esquivaron ocultándose detrás de las consolas —¡Te cubriremos! —le dijo a Pidge, saltando con su escudo activado y su espada en mano. Pidge sabía que si la base iba a volar, tenían poco tiempo…

Una nave entró a la atmósfera del planeta, y se dirigía a toda velocidad hacia la base Galra. Una pequeña nave adaptada para un solo pasajero. Era Lance, que se había escabullido por el castillo hasta el hangar, y logró escapar sin que Shiro o Coran lo detectaran. Salir en el León Rojo los hubiera alertado de inmediato. Tal vez había sido suerte, pero lo importante es que había salido.

Conforme se acercaba a la base dejó encendido su comunicador. Otro golpe de suerte, pues logró escuchar a Pidge decir que los Cristales de Quintaescencia estaban ahí, bajo la primera planta. Ese era su objetivo. Tuvo que rodear la base, para no ser interceptado ni por los Cazas Galra, ni por sus amigos. Algo dentro de él sabía, o creía, que ellos no debían saber que estaba ahí. Cuando vio una oportunidad, se lanzó en picada hacia el hangar de la base. Fue tal su velocidad, que la nave se arrastró, se volcó e impactó en el extremo del hangar. Nuevamente la suerte estaba de su lado, o tal vez era otra cosa, porque Lance salió ileso del aterrizaje.

Con su arma lista para disparar, Lance se internó en la base. Apagó su comunicador para no ser descubierto. Seguía sintiéndose débil y desorientado, pero él sentía la necesidad de encontrar la Quintaescencia. Ella lo había llamado, y él debía responder. La quería tener en sus manos. Se deshizo de los guardias que encontró, los que aún estaban en sus puestos, hasta que logró dar con un ascensor. Él no podría activar el ascensor por su cuenta, necesitaba ayuda. El ascensor se abrió con un soldado que iba subiendo. Lance lo tomó por sorpresa y lo dejó inconsciente, luego tomó su lugar en el ascensor y pudo descender.

—¡Ese era el último! —declaró Hunk. No había sido una batalla dura, pero sí peligrosa.

—¡Chicos, no hay nada! —dijo Pidge sintiéndose frustrada —¡Aquí no se tiene información! ¡Está vacío! —Pidge estaba confundida, tanto como sus amigos.

¿Qué sentido tenía contener un material tan potente y peligroso en un lugar sin información al respecto, sin protocolo a seguir, y con soldados que se preparaban para escapar? ¿Se trataba de un señuelo? O tal vez era trabajo de la Espada de Marmora, pero ¿por qué no les avisaron?, o quizás…

—Quizás —dijo Keith —la Quintaescencia no debía llegar aquí. —Todos lo miraron, y comenzaron a entender —Por eso no hay información, ni bitácora aquí. Esta base nunca debía recibir la Quintaescencia.

—¿Entonces es algo así como un motín? —pensó Hunk —¿Alguien habrá intentado robarla, y como fue descubierto, ahora pretenden borrar toda evidencia de esto: los soldados, la base, los cristales?

—¡Y a nosotros, si nos quedamos aquí! —dijo Allura.

—¡Entonces qué, ¿Nos vamos?! —preguntó Pidge a Keith.

A Keith no le gustaba retirarse, sobre todo cuando no había podido lograr su objetivo. En este caso no había conseguido nada, ni Cristales, ni información, ni nada más que una base a punto de estallar. El viaje había sido en vano, pues a fin de cuentas, alguien hubiera destruido la base, con o sin ellos. Keith hizo una mueca.

—Lo mejor será irnos. Hoy fracasamos. —fue lo único que pudo decir. Sus compañeros, aunque no lo dijeron, pensaron lo mismo. Únicamente le asintieron. Tras un suspiro Keith ordenó la retirada.

Lance no tardó en encontrar la habitación. Cuando bajó del ascensor se encontró con un pasillo largo, sólo había cinco puertas, y decidió irse por la más grande. No se había equivocado. Al entrar encontró a su izquierda un compartimento grande abierto. Ahí estaban todos los Cristales de Quintaescencia oscura. Lance se sintió excitado, aliviado y orgulloso. Había logrado su objetivo. Bajó la guardia y se acercó a los Cristales, tomó uno y sonrió con entusiasmo. De pronto percibió movimiento detrás de él. Cuando se giró recibió un fuerte golpe que lo lanzó hasta el otro extremo de la habitación. Dejó caer su arma y el Cristal. Cuando levantó la vista descubrió a Kyrek.

—Eres una verdadera molestia…

Lance tomó impulso, se puso de pie y se lanzó hacia Kyrek. Trató de golpearlo, pero el Galra lo esquivaba con facilidad. Al intentar darle una puñetada, Kyrek lo tomó del brazo, lo levantó y con su otro brazo lo golpeó en el estómago, lanzándolo lejos de nuevo. Kyrek caminó hacia él mientras este recuperaba el aliento.

—Este es nuestro último encuentro. Hoy, sólo uno de los dos sale con vida de aquí.

—…Estoy de acuerdo —dijo Lance. El muchacho logró dar una patada a Kyrek, haciéndolo caer.

Lance se puso de pie, buscó su arma con la mirada y quiso correr, pero Kyrek lo tomó del pie y cayó. Kyrek se le abalanzó a Lance, pero este lo golpeó con sus piernas. Se puso de pie y corrió hasta el arma. Cuando la tuvo en sus manos se giró y apuntó, pero Kyrek había tomado una larga pieza de metal, que utilizó como espada. Golpeó el arma justo cuando Lance disparaba, y luego intentó golpear a Lance. Este se protegió con su escudo. Kyrek era muy fuerte, así que empujó a Lance hasta la pared. Metal y escudo chocaron nuevamente. Lance apoyó uno de sus pies en la pared detrás de él, y con su mochila se impulsó hacia adelante. Lanzó a Kyrek hasta el otro extremo. El Galra se levantó decidido y cargó contra Lance.

Los Paladines ya habían abordado sus Leones, cuando el Crucero Galra comenzó a despegar.

—Shiro, volveremos al Castillo… no pudimos obtener nada —dijo Keith. Pero no recibió respuesta —¿Shiro?

—Algo debe interferir en la comunicación —dijo Allura —lo mejor será salir de aquí cuanto antes.

—¡De acuerdo, equipo!, vámonos.

El León Negro se impulsó, y los otros Leones hicieron lo mismo. Justo al despegar, en la base se hizo visible una pequeña explosión. La autodestrucción había comenzado, y quién sabe cuánto más tardaría, y cuál sería la magnitud del daño. El Crucero abandonó el planeta casi al mismo tiempo que los Paladines de Voltron. Al salir al espacio, distinguieron el Castillo, que se dirigía hacia ellos. Las comunicaciones se restauraron.

—…¡Respondan! —gritaba Shiro.

—¡Coran! —gritó Allura.

—¡Princesa! ¿Se encuentran todos bien?

—¡Las comunicaciones fallaron! —dijo Keith —pero estamos bien —dijo abatido.

—¡Muchachos, hay un problema! —dijo Shiro. Los Leones estaban a punto de alcanzar el Castillo —¡Lance no aparece por ningún lado! —esto dejó helado a Keith.

—¡¿Qué!?

—¡No está en el Castillo! ¡Y falta una nave en el hangar!, creemos que bajó…

—Al planeta… —dijo Keith con angustia. Lance estaba ahí abajo, en una base a punto de explotar.

Sin decir nada más, Keith dijo vuelta al León Negro y se dirigió nuevamente al planeta.

Kyrek tomó a Lance del cuello y lo levantó, dándole una sonrisa maliciosa. A Lance le hacía falta aire. Pataleó y se sacudió cuanto pudo, pero Kyrek era muy fuerte. Su arma estaba en el suelo, así que no podía librarse. Kyrek tomó con lentitud el casco de Lance y se lo quitó.

—Quiero ver tu rostro antes de morir… —le dijo con satisfacción. Kyrek miró el casco que tenía en sus manos, y este fue el momento en que Lance decidió picarle los ojos.

Kyrek lanzó un grito cuando lo dejó caer al suelo. Pero no lo dejó recuperar el aliento. Tan pronto como Lance cayó, Kyrek tomó del suelo la pieza de metal y le dio un golpe en la cabeza al muchacho. Lance fue lanzado esta vez hacia la Quintaescencia. Kyrek estaba furioso, tomó la punta de su arma y la golpeó con fuerza en la pared. El resultado, la punta se había doblado, y ahora tenía filo. Kyrek se acercó a Lance respirando con dificultad. Era hora de terminar con esto.

—¿Últimas palabras? —preguntó Kyrek preparándose para dar el golpe final. En eso sintió una terrible punzada en el pecho, que había llegado hasta su columna. Kyrek bajó la vista y vio un agujero en su traje, y en su cuerpo. Lance había logrado tomar su arma, y le disparó.

—Sí… —dijo con dificultad —… perdiste.

La expresión de Kyrek cambió a horror, y cuando cayó de rodillas, a cansancio. Finalmente Kyrek cayó muerto. Lance estaba recargado en el compartimento. Ahora que había terminado la batalla se sentía aún más fatigado que antes. Una punzada en la cabeza lo hizo descubrir que estaba sangrando. Finalmente se dio cuenta de lo estúpido que había sido todo esto: escapar del Castillo, escabullirse sin alertar a nadie, y no contar con sus amigos. Lance intentó ponerse de pie, pero sus fuerzas le fallaron y no pudo hacerlo.

Lance escuchó una explosión encima de él, y todo se sacudió. Lance entendió que no quedaba mucho tiempo, y comenzó a llorar. Se dio cuenta de su error, de todos los que había cometido, y de todo lo que no lograría hacer. Pensó en su familia, en su hogar en la Tierra, en el océano, luego en Voltron, en Allura, Hunk, Pidge, Shiro, Coran, y Keith. De pronto escuchó su voz.

—¡Lance!

Lance alzó la vista, buscándolo, pero se dio cuenta de que la voz provenía de su casco, desde su comunicador. Lance se dejó caer al suelo, y con dificultad comenzó a arrastrarse.

—¡Lance! ¿Puedes oírme? —Keith se escuchaba preocupado.

Una explosión más. Los muros comenzaron a cuartearse. Lance logró llegar al casco.

—…Keith —dijo con su voz entrecortada.

—¡Lance! —exclamó con alivio y preocupación —¡Cómo llegaste aquí! ¿Dónde estás?

—…No… No vas a llegar… Keith, lo siento…

—¡Cállate! ¡Ya estoy entrando a la atmósfera!

Lance lloró con más intensidad.

—…Perdóname… tenías razón… soy un estúpido.

—¡No! —Keith también tenía la voz entrecortada —¡Olvida todo lo que te dije! ¡Sólo sal de ahí! ¡Por favor!

—…Es muy tarde… —el suelo tembló, y Lance entendió lo que significaba —…Keith, tengo miedo…

—¡Lance!, por favor.

Keith distinguió la base nuevamente, pero lo último que escuchó de Lance fue un grito ahogado.

—¡Lance! —gritó con todas sus fuerzas. A la vez que la base entera brillaba. Una esfera de luz tomó el lugar de la base Galra, y la onda de la explosión logró llegar hasta Keith. Lo último que vio fue una luz intensa…

Keith se despertó de golpe, estaba en el Castillo, con Shiro y Allura a su lado. Se sentó, parecía estar en el suelo. Shiro le habló, pero Keith no pudo escucharlo. También vio a Allura mover sus labios, pero no escuchó su voz. No estaba seguro de lo que acababa de suceder, hasta que recordó a…

—…Lance —fue lo primero que dijo. Miró a Shiro y a la Princesa, ambos con expresión desconsolada —¿en dónde está Lance?

Allura miró a Shiro, se llevó la mano a la boca y se alejó de ellos. Shiro cerró sus ojos y lloró. Keith no creía entender.

—¿¡En dónde está Lance!? —volvió a preguntar. Shiro respiró hondo y puso su mano en el hombro de Keith.

—Keith… Lance, él… —Shiro tomó aire de nuevo —…él no sobrevivió.

Keith se quedó en blanco.

—…Pidge y Hunk han —se aclaró la garganta —han estado buscando sus… lo llevan buscando dos horas, pero… no queda nada…

Keith no podía creerlo, no quería creerlo. Se puso de pie abruptamente.

—Debo buscar a Lance —fue lo único que dijo.

—Keith…

—¡Debo buscar a Lance! —gritó, Keith intentó salir de ahí, pero Shiro lo detuvo. El joven comenzó a forcejear gritando —¡Debo salvarlo! ¡Debo ir a salvarlo!—lo gritó, y lo gritó, hasta que Shiro lo abrazó y ambos cayeron de rodillas al suelo. Keith respondió al abrazo, soltando en llanto, al igual que todos los demás…