Capítulo VIII CELOS Y DUDAS

El sol comenzaba a ocultarse arrancando destellos anaranjados de todos los objetos plateados que se encontraban en la habitación. De no ser por el hombre que yacía semi inconsciente con la mano colgando del brazo del sillón, quemada y ennegrecida, la escena hubiera sido muy hermosa. De la nada, otro hombre de largo cabello negro acompañado por un fénix se materializó en el despacho. Severus corrió a su lado, levantó su varita y casi al instante, apareció frente a él todo lo necesario para elaborar una poción. Una vez hecha empezó a murmurar conjuros, apuntando con su varita a la muñeca de Dumbledore, mientras que con la mano izquierda, le daba de beber de una copa llena de una poción densa y dorada. Pasados unos instantes, Dumbledore parpadeó y abrió los ojos.

"¿Por qué?" preguntó Snape sin más preámbulos, "¿por qué te has puesto ese anillo?, lleva una maldición. ¿Cómo no te diste cuenta?, como se te ocurrió tocarlo siquiera? El anillo de Sorvolo Gaunt se hallaba encima del escritorio, frente a Dumbledore. Estaba partido, y la espada de Gryffindor reposaba a su lado. Dumbledore hizo una mueca.

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Todos los recuerdos de su vida se arremolinaban en su cabeza, sabía que tarde o temprano las cosas se complicarían y ese anciano lo volvería loco algún día. Se sentía impotente y desesperado, su vasto conocimiento en artes obscuras y en pociones no era suficiente, había logrado contener la maldición pero no la eliminaría y eso le frustraba, sabía perfectamente que el hombre moriría y eso le carcomía el alma pues aunque no lo admitiera, lo estimaba como a nadie. Conocía a Albus Dumbledore a la perfección, pero verlo tan calmo ante su situación lo desconcertaba y aunque no lo deseara aceptaría sus peticiones, pues le debía eso y más.

"…y entonces decidieron que NO voy a regresar a Hogwarts, así que este es el adiós". Parpadeó confundido, su cerebro reaccionaba lentamente mientras procesaba las últimas palabras, - IDIOTA, ¡REACCIONA! – Le gritaba la vocecita en su cabeza, - ¡TE ESTÁ DEJANDO, DESPIERTA!- y como si un switch se hubiera activado… "¡¿QUÉEEEE?!... ¿¡CÓMO QUE ADIÓS!?... ¿¡DE QUÉ CARAJOS HABLAS?!", gritó con desesperación, enojo y miedo.

Una carcajada lo hizo recobrar la compostura y poner la expresión más fría y atemorizante que fue capaz. "Me da gusto ver que al menos te divierto", dijo fríamente mientras observaba a su castaña doblarse de la risa sentada en el tronco de un árbol caído en un bosque lejano donde pasaban la tarde. "¿Ya terminaste?", su tono hubiera hecho correr al más valiente pero ella sólo compuso una amplia sonrisa mientras añadía con suavidad, "estabas muy distraído".

"¿Y eso te da derecho a burlarte de mí?", dijo mientras se levantaba para evitar mirarla. "No, sólo que te hablaba y como no reaccionabas, busqué la manera de hacerte regresar a la tierra y ya ves que funcionó" agregó divertida mientras él la veía con la misma expresión que usaba en sus clases. "Con un beso bastaba, no era necesario asustarme así…" Ella lo seguía mirando pícaramente, había cierto brillo de malicia en sus ojos mientras se acercaba a él, "mmmmmm… ¿uno… como este?...", dijo acercándose lentamente a su rostro y rozando con suavidad y dulzura sus finos labios. Él se volteó nuevamente evitando el contacto, estaba molesto y no iba a ceder tan fácilmente. "Anda, no hagas berrinche", agregó mientras rozaba parte de su cuello y su oreja con sensualidad. La atrajo hacia sí con brusquedad y la besó apasionadamente, cuando ella se ponía así era incapaz de reaccionar y de negarle nada. De no ser por su exceso de autocontrol y de forzarse así mismo a ser un caballero con ella, la haría suya en ese mismo momento y lugar y ella lo sabía, pues disfrutaba torturándolo hasta más no poder, hasta casi conseguir que perdiera el control de sí mismo. Cuando la falta de aire se hizo presente se separó de ella ligeramente mientras que con un sonido ronco y gutural preguntaba "¿por qué lo hiciste?... nunca me vuelvas a hacer eso… no es divertido… realmente me asusté… entiende que perderte es perder mi vida"

Hermione lo miraba con ternura, podía ver en esas lagunas obscuras un infinito dolor y miedo, no pensó que su pequeña broma lo alteraría tanto y mucho menos revelaría ese corazón tan puro y lleno de amor que siempre era tratado de esconder tras una máscara de frialdad y dureza. Acarició su mejilla con suavidad y lo volvió a besar, "lo lamento, no pensé que te fueras a alterar tanto pero es cierto casi todo lo que te dije, mis padres querían que no regresara a Hogwarts este año, el hecho de que sean muggles no significa que no se den cuenta de lo que sucede, afortunadamente logré convencerlos y en una semana más iré a la Madriguera a pasar el resto de las vacaciones junto a Harry y Ron."

La abrazó con delicadeza, sabía que eso era una posibilidad pues todo el mundo mágico andaba en alerta permanente y sabía que en casa de los Weasley ella estaría segura pero no le causaba ninguna gracia que estuviera cerca de ese estúpido mocoso de Ron. Al menos podría verla unos días más esporádicamente mientras dividía su tiempo entre las reuniones con los mortífagos, la Orden y ella. Suvoz lo volvió a sacar de sus pensamientos cuando preguntó, "me vas a decir por qué estás tan distraído, tienes rato en otro mundo y sé que hay cosas que te tienen así". El suspiró profundamente, de todas las personas que conocía ella era la única a la que no podía mentirle en nada, "sabes que no puedo decirte mucho, pero con el regreso del Señor Tenebroso las cosas se han complicado demasiado y eso es lo que me tiene preocupado, disculpa si estoy distante pero para compensártelo te invito a comer a donde tú quieras, escoge el lugar"

"Mmm… ¿A dónde yo quiera?" preguntó con carita emocionada y un brillo especial en sus ojos, Severus sólo asintió con la cabeza, "podemos ir a tu casa, hace mucho me prometiste hacer la cena, dijiste que eras bueno en la cocina y quisiera conocer tus dones culinarios". El la miró con intensidad y suspiró fuertemente con resignación, sabía que tarde o temprano eso sucedería pero por mucho que quisiera llevarla a su casa no podía, no mientras Colagusano y los demás mortifagos lo estuvieran vigilando, ya era bastante arriesgado tener esas salidas como para ponerla en peligro por sus ganas de estar en un lugar más privado. "Sé que te gustaría mi niña hermosa pero… sabes que no puedo… me están vigilando y llevarte sería peligroso, nunca me perdonaría si te hicieran algo por mi culpa, pero te prometo que un día te prepararé la cena, y antes de lo que te imaginas. Mientras escoge otro lugar, el que más te guste y después te llevo por un delicioso postre". Hermione lo miró un poco desilusionada pero sabía que lo que él le decía era cierto, conocía los riesgos de estar juntos y ella no provocaría que él tuviera más complicaciones de las que ya existían.

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Estaba sentado en su sillón favorito mientras observaba a esa mujer deshacerse en súplicas, su rostro mostraba impasibilidad pero en el fondo sentía lástima por ella, sabía perfectamente los planes que el Señor Tenebroso tenía para su hijo al igual que sabía que sólo era para castigo para los Malfoy pues él conocía perfectamente a Draco y era imposible que tuviera éxito pues a pesar de su máscara, tiene un buen corazón. Suspiró suavemente después de un momento en silencio, la cabeza comenzaba a dolerle, Bellatrix era capaz de sacarlo de sus casillas, sabía bien como ayudar a Draco pero eso no lo hacía más sencillo, el juramento inquebrantable era su única salida y ciertamente no le hacía gracia exponer su vida y menos ahora que tenía tanto que perder.

Ya estaba harto y exhausto, ser doble espía estaba acabando con sus nervios y con su vida, no había podido comunicarse con Hermione desde hace dos semanas y eso lo enloquecía, sabía que estaba a salvo en la madriguera pero tampoco lo hacía muy feliz pues la colocaba cerca del chico Weasley. No era tonto, era más que obvio que la comadreja sentía algo más que cariño de amigos, cosa que lo enfrentaba a su propia realidad pues ¿cómo podía competir contra su amistad y su juventud? Volvió a suspirar con pesar cuando Colagusano interrumpió sus pensamientos. Si fuera por él ese remedo de hombre ya estaría muerto, su suerte ya no podía ser peor, encima de todo tenía que soportar al responsable de la muerte de su Lily en su propia casa.

Se encerró en su habitación a meditar, "¡¿SU LILY!?…", tema delicado que aún confundía su mente y su corazón, ¿es que acaso aún podía llamarla así con Hermione en su vida?, ¿estaría traicionando el recuerdo de Lily al haberse enamorado de esa castaña? O peor aún, ¿estará traicionando a Hermione al pensar en Lily? ¡POR MERLIN!... en verdad estaba confundido, pues durante las noches sus sueños no eran de ayuda. La noche anterior había sido bastante extraña, cayó rendido después de una visita al Señor Tenebroso e inmediatamente sus sueños volaron hacia cierta pelirroja. Cuando despertó un dejo de culpabilidad apareció en su rostro mientras su cuerpo se negaba rotundamente a caer en brazos de Morfeo. ¿Hermione o Lily?, tenía que decidir y pronto.

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El regreso a Hogwarts llegó, por fin llegaría, contaba los minutos para verla cruzar las rejas de la escuela, había aceptado recibir a los alumnos junto con Flitwick y Filch sólo para poder recibirla. Su expresión de enfado y fastidio se acentuaba con cada alumno que llegaba y era revisado hasta que ella apareció. Él personalmente la revisó, "te espero después de la cena" susurró para después cuestionarle a ella y a Ron sobre Harry pero ninguno supo darle una respuesta así que esperó. No hubo rastro de su niño, el último en entrar fue Draco Malfoy y la reja se cerró. Preocupado, comenzó a caminar hacia el castillo con la intención de informar a Dumbledore sobre la ausencia de Harry cuando interceptó un patronus. Era de Tonks, necesitaba que alguien recogiera a Harry en la entrada, dio media vuelta y fue por él. Su coraje y preocupación fueron grandes cuando lo vio cubierto de sangre, se preguntó una vez más ¿por qué es que siempre terminaba así? se burló de Tonks y usó la legeremancia para averiguar lo que había sucedido. Draco le había roto la nariz. Tuvo que ser inflexible con el chico y lo hizo entrar al Gran Comedor no sin antes restarle 70 puntos a Gryffindor.

El banquete dio inicio, Severus miraba ansioso la mesa de los leones mientras Dumbledore daba su discurso. Estaba en espera de la reacción de Hermione cuando se enterara sobre su nuevo cargo en el colegio, finalmente era el profesor de Defensa Contras las Artes Obscuras. Sintió una punzada de desilusión y dolor al ver la expresión de sorpresa mezclada con tristeza que apareció en el rostro de la chica, el se había imaginado que se alegraría, que le regalaría una hermosa y gran sonrisa y que en cuanto lo viera brincaría a sus brazos pero no fue así, todos empezaron a murmurar, sólo los Slytherin lo vitoreaban. No volvió a levantar la vista del plato, pues no quería volver a toparse con esa mirada chocolate que lo observaba de hito en hito. Terminó de cenar y se retiró a su habitación.

Media hora más tarde, llamaron a su puerta. Sabía que era ella pero pudo más su desilusión y por más ganas que tenía de verla y abrazarla, ignoró el golpeteo constante que anunciaba su presencia. ¿Cómo es que él la había hasta premiado por sus 10 TIMOS obtenidos y ella ni siquiera fue capaz de regalarle una sonrisa por su acenso? Cuando los golpes en la puerta cesaron, suspiró profundo y se fue a acostar con un terrible malestar en la boca del estómago.

A la mañana siguiente, desayunó en su habitación tenía una hora libre pues su primer clase sería con los Gryffindors de sexto año, por lo tanto con ella. Cuando llegó al aula, entró, cerró las ventanas y comenzó a hablar. "No les he dicho que saquen sus libros". Hermione dejó caer su ejemplar en la mochila y la metió debajo de la silla. Snape sonrió, era tan típico de ella sacar el libro antes que otra cosa. "Quiero hablar con ustedes y que me presten la mayor atención", la vio de reojo mirarlo con fijeza pero trató de ignorarla mientras daba su discurso sobre las Artes Obscuras, aún estaba dolido. Al terminar y responderle a Parvati Patil preguntó "¿alguien sabe cuál es la gran ventaja de los hechizos no verbales? Snape se tomó su tiempo para hacer caso de la mano levantada de Hermione, "¿Señorita Granger?". La chica contestó con firmeza, "tu adversario no sabe qué clase de magia vas a realizar, y eso te proporciona una ventaja momentánea". Severus volvió a sonreír, se notaba que su castaña había estudiado mucho durante el verano y le dolió en el alma haberse burlado de ella, el no haberla defendido de Malfoy y el haber tenido que castigar a Harry por su insolencia pero tenía que aparentar.

Cuando la clase terminó trató de hablar con ella pero fue demasiado tarde, se había retirado junto con sus amigos. El resto del día se estuvo torturando a sí mismo, pues sabía que era injusto con ella por tratarla de esa manera. Se cruzó con ella camino a la cena pero volvió a ignorarla después de verla reír muy amenamente con la comadreja Weasley. Atacó furiosamente su plato mientras la vocecilla en su cabeza lo reprendía, - ¿YA VAS A EMPEZAR? – ¿A EMPEZAR CON QUÉ? – CON TUS CELOS ESTÚPIDOS Y TUS INSEGURIDADES - ¿INSEGURIDADES? – SI, EL CHICO ES SÓLO SU AMIGO Y NADA MÁS, YA TE HA DEMOSTRADO QUE TE AMA - ¡MALDITA VOCECILLA… DEJA DE ENTROMETERTE! – MMM… ESTÁ BIEN… PERO TÚ DEJA DE HACER ESTUPIDECES… Aventó su plató y salió hecho una furia del Gran Comedor bajo la atenta mirada de Dumbledore y Hermione, odiaba que su conciencia se entrometiera, sabía que tenía razón pero aún así la odiaba.

Había pasado toda la semana sin verla, ahora era ella la que lo evitaba y eso lo hacía sentir más miserable, finalmente su conciencia había ganado sobre su enojo injustificado y la había buscado pero ella simplemente le sacaba la vuelta. Después de su última clase se había encerrado en las mazmorras, estaba enojado consigo mismo por ser tan infantil. Estaba en su escritorio tratando de revisar algunos ensayos cuando Dumbledore entró en la habitación. "Buenas tardes Severus, qué bueno que te encuentro, vengo a pedirte un favor, es sobre Harry". Severus soltó un bufido, ya se había tardado en recriminarle por el castigo. "Si ya sé, vienes a abogar por él, pero de una vez te digo que pierdes tu tiempo Albus, el chico se merece el castigo, fue bastante insolente en clase y eso no se lo permito a nadie". El director sonrió, "¡ay muchacho! No vengo a pedirte que lo exoneres, sólo necesito que cambies el castigo para otro día, hay cosas que necesito discutir con él antes de irme de viaje"

Severus lo vio serio, sabía que el anciano se había estado ausentando del castillo pero no tenía ni idea de a dónde iba, así como también sabía que no se lo diría y que no iba a descansar hasta conseguir que cambiara el castigo así que sólo asintió "Bien", dijo Dumbledore con una gran sonrisa, "te lo agradezco, me voy el sábado en la noche después de hablar con Harry, no olvides que durante mi ausencia te quedas a cargo de la seguridad". "No te preocupes Albus, no lo olvido", dijo con cierto aire de cansancio e indiferencia, "y… ¿a dónde vas ir esta vez?". Albus lo miró unos segundos y sonrió mientras se acercaba a la puerta dispuesto a salir, "sabes bien que la curiosidad mató al gato, y hablando de curiosidad… ¿sigues enojado con ella?". "¿E… enojado?". "Sí, enojado. Sé que no te agradó su reacción pero debes entenderla, recuerda que los rumores de que el puesto de DCAO está maldito tienen algo de verdad", y sin más salió del despacho dejando a Snape con la mirada perdida en la puerta por la que el director había desaparecido.

La noche del sábado llegó, estaba impaciente, finalmente se había armado de valor y le había enviado una lechuza pidiendo verla a las 8 pm. Miró el reloj, faltaban 5 minutos, "tengo que hablar con ella y disculparme por mi comportamiento", se dijo a si mismo.– ¡A ver si te perdona!– le dijo la vocecilla molesta. "¿OTRA VEZ TU?", le respondió en voz alta. 4 minutos, "va a estar molesta, eso es seguro", - ¡¿En serioooo?!... mmm… ¡no me imagino por qué! – "¡NO MOLESTES!". 3 minutos, "se que fui un idiota pero ella me comprenderá, ¿y si no me perdona?" - ¿Y la podrías culpar?, lo tendrías bien merecido por IDIOTA E INFANTIL,– "QUE TE CALLES, NADIE TE PIDIÓ TU OPINIÓN". 2 minutos, "me muero por abrazarla y besarla"… - …..… - "¿qué… ahora no vas a opinar?", -¿pues no que me callara? ¿Quién te entiende?–1 minuto, "¿y si no llega?" – Ni qué decirte… vas a tener que buscarla.– El reloj anunció las 8 pero nadie llamó a la puerta, esperó 5 minutos y suspiró profundamente, "no va a venir, soy un idiota" se dijo a sí mismo con tristeza y coraje. – ¡Eso no te lo discuto!... Creo que ahora sí se enojo–. Estaba a punto de maldecir a grito abierto cuando su corazón dio un vuelco al oír que llamaban a su puerta, corrió con premura y ansiedad, se detuvo con la mano en el pomo y respiró profundo para tranquilizarse antes de abrir.

Sus ojos brillaron, ella estaba ahí esperando a que la dejara pasar, se hizo a un lado y la chica entró con cara seria y mirando un punto fijo en la pared de enfrente, ni siquiera lo saludó y eso le dolió pero sabía que lo tenía merecido. Caminó hasta ella, la abrazó desde atrás y depositó un beso en su cabeza. Ella se separó de él mientras se giraba para verlo, esperaba que siguiera con la expresión seria pero ella le sonreía y no sólo eso le regaló un beso profundo y lleno de amor, cuando se separaron por falta de oxígeno, lo primero que escuchó de ella fue un "perdón… sé que has estado molesto por mi reacción al anuncio de tu acenso pero… me tomó por sorpresa y la verdad es que me preocupó que te dieran el puesto de profesor de DCAO, pues tu mejor que nadie sabe que los profesores no duran más de un año en el colegio y usualmente salen lastimados. Sin embargo, eso no quita que me alegre saber que al fin tienes el puesto que deseabas". Severus sonrió y se sonrojó, pensó que iba a tener que dar un montón de explicaciones sobre su comportamiento pero el ver que ella lo entendía más de lo que se esperaba lo emocionó. Se quedaron callados unos segundos hasta que él agregó, "discúlpame tú a mí, es que era tanta mi emoción que no me detuve a pensar que te preocuparías, pero no tienes porque hacerlo, te prometo que voy a estar bien. Ya no hablemos de eso, mejor cuéntame, ¿cómo te ha ido?".

Hablaron durante varias horas, se habían acomodado en el sillón y él le acariciaba el pelo mientras escuchaba como le contaba sobre el verano y Ron, sobre la desilusión de Hagrid por no tomar su clase y Ron, sobre el castigo de Harry y Ron, sobre el libro que Slughorn le había prestado a Harry y Ron, sobre el Felix Felicis y Ron… Ya estaba hasta la coronilla de Ron, sabía que era su amigo pero ¿por qué tanto interés en la comadreja?, no pudo evitar sentir que el monstro de los celos se apoderaba de su interior, trató de no pensar que había algo más entre ella y Ronald Weasley pero no podía evitarlo. Ella volteó a verlo cuando no obtuvo respuesta de parte suya, "¿qué pasa Severus?, te ves molesto, ¿a caso dije algo malo?". Severus se levantó del sillón y caminó hacia el librero, trató de sonar calmado cuando habló peor no pudo evitar que un deje de molestia asomara en su voz, "no tengo por qué estar molesto ¿o sí?". "No lo sé, dímelo tú, pues hasta donde alcanzo a ver, estás más que molesto", le contestó con serenidad. Él se volteó a verla, estaba sentada muy seria. "Sé que es tu amigo, pero… mmm… es que…", se le quedó viendo, era probable que se molestara por lo que iba a decirle pero no podía más. Y con un susurro agregó, "No soporto escucharte hablar de Ronald Weasley", mientras su mirada se clavaba en el piso.

Hermione se levantó de su asiento y caminó hasta él, le hizo levantar la cara hasta que sus miradas se encontraron. Después de varios segundos ella lo besó con mucha ternura. Al separarse ella habló. "Ron, es mi amigo al igual que Harry, ambos son los hermanos que nunca tuve, jamás podría ver a ninguno de los dos como algo más que eso. Nunca dudes del amor que te tengo y de espacio que ocupas en mi corazón… espacio que nadie más puede ocupar". Y lo volvió a besar.

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La salida a Hogsmade tenía emocionados a muchos alumnos, entre ellos a Hermione, le había dicho que tenía ganas de ir al pueblo para comprar un nuevo libro que había visto en un catálogo. Severus la veía con gesto enamorado, siempre era un deleite verla con esa alegría que nunca desaparecía. La vio salir desde la torre del reloj y sintió una punzada de dolor al darse cuenta que en un tiempo más, él sería el único responsable de que ese corazón dulce, alegre y lleno de amor se partiera en mil pedazos por la desilusión y el odio.

Se encontraba en su despacho revisando los ensayos de los alumnos de primero cuando un patronus en forma de gato entró anunciando con la voz de McGonagall que se requería su presencia en la enfermería y después en el aula de transformaciones. Se levantó como un resorte y salió a toda prisa. Minerva no lo llamaría a menos que fuera algo muy importante. Cuando llegó al aula después de contener la maldición de Katie Bell se encontró con el trío dorado. Vio a Hermione de reojo y prosiguió a revisar el collar de ópalos. Sabía bien que Draco era el responsable de dicho ataque y eso le preocupaba pues no sólo había sido descuidado, sino estúpido pensar que el collar lograría llegar a su destinatario. Estaba furioso con el chico y preocupado, después de todo era su ahijado. Su corazón dio un vuelco cuando Harry mencionó sus sospechas, sabía que eran ciertas pero no quedaba más que desestimarlas, no era conveniente confirmarle nada.

Su mente cavilaba en Draco mientras caminaba por los pasillos de Hogwarts, no sabía ya que hacer para proteger al chico, estaba al borde del estrés, todo ese asunto de ser doble espía ya le estaba cobrando factura en muchos sentidos. Ahora más que nunca le pesaba jugar para Dios y para el diablo pues su vida había tomado un camino inesperado donde podía perder más de lo que ganaría. Se recargó en una pared y suspiró con profundidad cuando un ruido lo sacó de sus ensoñaciones. Varios Gryffindors, entre ellos el Trío Dorado, pasaban por la entrada del pasillo riéndose con ganas, disimuladamente los siguió, le encantaba ver como su castaña disfrutaba de cada instante de su vida. Los veía jugar por el jardín a corretearse y a atacarse con bolas de nieve, el trío se había atrincherado tras una banca mientras atacaban a Dean, Ginny y Seamus. En un intento fallido de defensa, Hermione salió detrás de la banca para atacar a Ginny cuando una bola especialmente grande lanzada por Seamus la perseguía buscando impactar con ella. Severus levantó su varita disimuladamente para regresarla a su dueño cuando de la nada, Ron salió de su escondite protegiendo a la castaña con su propio cuerpo, recibiendo así el impacto de la fría nieve en la espalda provocando que el chico callera sobre ella.

Ambos chicos se reían con ganas, Hermione mantenía los ojos cerrados mientras Ron seguía riendo cuando una voz fría y dura los interrumpió, "GRANGER, WEASLEY… ¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?". Severus había salido de su escondite al ver la escena y estaba parado junto a ellos viéndolos (sobre todo a Ron), de la manera más fría y asesina que podía mientras ambos chicos se ponían de pie. Hermione estaba completamente sonrojada pero en silencio y Ron intentaba dar explicaciones. "¡SILENCIO WEASLEY!"… Ron enmudeció al instante mientras todos los que estaban alrededor miraban la escena, "¡50 PUNTOS MENOS PARA GRYFFINDOR Y AMBOS ESTÁN CASTIGADOS POR UNA SEMANA!... ¡CAMINEN!...¡AHORA!"

Ambos chicos caminaron detrás del profesor, tratando de seguir su paso, se topó con Filch por el camino dejando a Ron a su disposición para ayudarle a limpiar lo que el conserje quisiera. Volvió a retomar su camino hacia las mazmorras con la chica trotando tras él y pisándole los talones. Cuando llegó a su despacho la puerta se abrió de par en par permitiéndoles el paso a su interior. Severus se ubicó tras su escritorio con la mirada fija en Hermione mientras ella miraba obstinadamente la punta de sus botas. "¿Y BIEN?", la voz cargada de ira de Severus hizo que lo volteara ver con incertidumbre, "y… yo… no… qué… este…" al ver su propio nerviosismo, Hermione decidió callar, notaba que Severus la miraba y eso la hacía ponerse muy nerviosa pues no entendía que significaba su pregunta. Según ella no había hecho nada malo, entonces ¿por qué estaba tan molesto? Respiró profundo para calmarse y se aventuró a preguntar con un hilo de voz ¿qué es lo que sucedía?

"¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE?, ¡¿Y ME LO PREGUNTAS COMO SI NO SUPIERAS!?... ¿QUÉ CARAJOS PASÓ EN EL PATIO?... ¿QUÉ SE SUPONE QUE HACÍAS CON LA COMADREJA?"... gritó sin más, si el despacho no hubiera estado insonorizado todo Hogwarts se habría enterado de que en esos momentos, Severus Snape era atacado desde lo más profundo de su ser por un enorme monstro llamado CELOS. "¿CÓMO ES POSIBLE QUE NO TE DES CUENTA QUE ESE MOCOSO ESTÚPIDO ESTÁ MÁS QUE ENAMORADO DE TI?, ¿QUÉ AL PERMITIRLE TANTAS CONFIANZAS LE DAS ALAS?..." Su pecho subía y bajaba de manera acelerada mientras se paseaba de un lado a otro como león enjaulado. Volteó a verla con cara de coraje, era tanto su enojo que unos hilos de magia comenzaban a rodearlo, estaba perdiendo el control y no se había percatado.

Por su parte Hermione lo miraba asustada, nunca lo había visto así, el poder que emanaba causaba temor a quien lo viera. Sin embargo no lograba entender esa actitud, ella ya le había dicho que no tenía por qué dudar así, ella lo amaba o ¿es que no lo sabía? Sin pensar y en un impulso de valentía, sacó a relucir la Gryffindor que llevaba dentro y lo abrazó con fuerza por la cintura, deteniendo así su caminata y su furia. Cuando lo notó más calmado lo soltó, lo hizo entrar en sus aposentos y sentarse en el sillón frente a la chimenea. Le acarició el rostro obligándola a verla a los ojos. Con suavidad, decisión y algo de molestia se dirigió a él, "perdón si interpretaste algo que no era, sólo estábamos jugando… pero… mmm… no tenías por qué ponerte así, según recuerdo, ya te había dicho que para mi Ron es como mi hermano, lo mismo que yo para él, así que por favor no veas moros donde no los hay y no me hagas sentir que te he dado razones para desconfiar de mi"

Severus desvió la mirada algo sonrojado, ella tenía razón en casi todo lo que le había dicho, y a pesar de que no dudaba de ella si dudaba de la comadreja, tenía mucho tiempo que había visto como veía a su castaña. A pesar de no ser la persona más romántica del mundo si era una de las más observadoras y como hombre, bien podía identificar cuando otro miraba con deseo e incluso amor a una mujer, y eso era precisamente lo que la mirada de Ronald Weasley reflejaba cada vez que este veía a Hermione. Sin embargo, se sentía demasiado apenado con ella como para siquiera rebatirle este punto, si ella no veía lo que era obvio, él no iba a ser tan estúpido como para lograr que se diera cuenta de lo que pasaba con su amigo, pues no iba a ser el precursor de perderla.

"Perdón", dijo en un susurro apenas audible, había metido la pata hasta el fondo, y no la podía culpar por estar molesta. Una vez más levantó la vista para verla y agregó con un poco más de firmeza, "sé que tienes razón, es sólo que…", suspiró, "verte con alguien más me vuelve loco, no desconfío de ti, sé perfectamente que me amas, pero no puedo tolerar la idea de que nadie más te toque… que te quieran arrancar de mi lado, ya te lo he dicho… eres mi vida entera…" Hermione sonrió ante su inesperada disculpa, sabía lo mucho que le costaba disculparse con quien fuera y verlo hacer el intento era más que apreciable y valorado. Le sonrió con dulzura y picardía, "mmm… te perdono con una condición…", la cara de Severus era todo un poema, podía ver su cerebro trabajar a todo lo que daba imaginando la clase de condición que ella le pondría, y más desconcierto apareció en ese rostro cuando la vio soltar una carcajada, "jajajajaja, pero no pongas esa cara… sólo quiero pedirte que cumplas tu promesa de prepararme la cena no que me bajes las estrellas, jajajajaja…".

Severus sonrió de lado y 15 minutos más tarde ambos se encontraban en las cocinas de Hogwarts armando un alboroto al ponerse a correr tratando de embarrarse mutuamente de cualquier ingrediente que tuvieran a mano. Cosa que a los elfos domésticos no les hacía mucha gracia.

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La sala de profesores resultaba ser muy cómoda en algunas ocasiones, le permitía pensar y de cierta manera saber los chismes que ocurrían en la escuela, chismes que, ahora más que nunca, necesitaba conocer. Se encontraba sentado en una silla tomando una taza de chocolate caliente cuando Horace Slughorn entró a la habitación seguido de Flitwick y McGonagall, "¿y qué más les puedo decir?, definitivamente lo heredó de su madre, ese instinto para las pociones es simplemente nato…" decía el hombre con un visible entusiasmo, el cual se acentuó al verlo, "¡ah, Severus!, sin duda no puedo quitarte el mérito". Severus miró a Slughorn con cara de incertidumbre, no tenía ni la menor idea de que rayos le estaba hablando, "creo que no comprendo de que mérito me está hablando Horace", dijo sin mucho interés.

Slughorn esbozó una enorme sonrisa y juntó las palmas como un niño pequeño, su voz sonaba visiblemente emocionada cuando respondió "de Harry por supuesto… tiene un don excepcional para la elaboración de pociones, don que heredado de la bella Lily y claro, alimentado por ti. Creo que hasta te ha superado en algunas cosas, ¡me imagino lo orgulloso que has de estar de tu alumno!", pero Slughorn no llegó a saber lo orgulloso que Snape se sentía pues la campana de inicio de clases sonó y casi todos los profesores salieron a sus respectivas aulas. Severus se quedó mirando la puerta por donde todos habían desaparecido, estaba completamente desconcertado, ¿de cuándo a acá, Harry tenía un don para las pociones?, él que lo había enseñado durante cinco años, jamás fue testigo de tal acontecimiento, era cierto que adoraba a ese niño pero no al punto de fingir que era la persona más capaz a la hora de la elaboración de cualquier poción, es más, a veces se sorprendía de que no llegara al extremo de rivalizar con Neville Longbottom.

Sin muchos ánimos se dirigió a su clase, y mientras caminaba hacia el aula, recordó algo que Hermione le había comentado semanas atrás sobre un libro que Slughorn le había prestado a Harry. Su corazón saltó al recordarlo, pero… no, no era posible… sin embargo… Interrumpió sus pensamientos al llegar al salón y empezar su clase, total, era poco probable su teoría y de todas maneras ya podría investigar después.

La navidad se acercaba, y con ella la fiesta que Horace Slughorn organizaba para su Club de las Eminencias, ya había recibido la invitación al igual que su castaña y ambos habían acordado que ella iría con alguien más para no levantar sospechas pero que después se verían a solas para festejar antes de que ella regresara a casa. Tenía días que había notado molesta a Hermione pero no había logrado saber por qué, pues ella siempre le daba vueltas al tema, asegurándole que no era algo que tuviera importancia. Tampoco había conseguido saber mucho sobre el libro de Harry ni de su inesperado y asombroso don para las pociones y mucho menos preguntaba por el zanahorio que tenía por amigo, ese tema simplemente era ignorado por ambos para evitar cualquier mal entendido.

Sin embargo, el tema Ron "la comadreja-zanahorio" Weasley, era algo que lo incomodaba sobre manera, varias veces lo había descubierto abrazando, acercándose o haciendo cualquier otra cosa que pudiera captar la atención de su castaña. Ella muy sutilmente, o a veces no tan sutil, lo hacía a un lado y seguía con sus actividades. De no ser por qué ella lo asesinaría y Dumbledore lo despellejaría, ya hubiera desaparecido a ese mocoso insufrible. El colmo fue el día del último partido de Quidditch. Hermione se había presentado en su despacho cabreada y con ganas de asesinar a alguien.

Después de muchas vueltas y tratar de controlar su temperamento había terminado diciendo, más bien gritando, todo lo que en ese momento guardaba, "¡ES QUE YA ESTOY HARTA DE RON! TENÍAS RAZÓN CUANDO DIJISTE QUE YO LE GUSTABA PERO SIMPLEMENTE ME NEGABA A VERLO, HASTA HARRY ESTUVO A PUNTO DE GOLPEARLO POR SU ESTUPIDEZ, TIENE TIEMPO TRATANDO DE DARME CELOS DE UNA U OTRA MANERA, PRIMERO FUE CON ROSMERTA DE LAS TRES ESCOBAS Y AHORA FUE CON LAVANDER BROWN. HOY FUE EL COLMO DE LA DESFACHATEZ, AL PUNTO QUE TERMINÉ ATACÁNDOLO CON VARIOS CANARIOS… NI HARRY NI YO, PODEMOS ENCONTRAR LA MANERA DE QUE ENTIENDA QUE SÓLO LO VEO COMO UN AMIGO, COMO MI HERMANO…"

Severus la veía atento ahora que era consciente de esos arranques de enojo de su niña amada, todo lo que ella le decía, lo hacía sentir una mezcla de satisfacción y coraje al mismo tiempo. Ella seguía hablando (gritando), ajena a los pensamientos de su profesor, "ME HA DESESPERADO TANTO QUE HASTA CONSIGUE QUE YO HAGA COSAS POR IMPULSO… ME MACHACÓ TANTO CON LA FIESTA DE SLUGHORN QUE TERMINÉ COMPORTÁNDOME COMO UNA NIÑA ESTÚPIDA FRENTE A MIS COMPAÑERAS Y AMIGOS, DICIENDO IDIOTECES DE MCLAGGEN, HASTA HARRY ME REPRENDIÓ POR HABERLO INVITADO A LA FIESTA DE NAVIDAD…"

"¿¡QUÉ HICISTE QUÉ?!", gritó Severus sin pensar arrepintiéndose al segundo de haber abierto la boca al ver a Hermione agachar la cabeza completamente sonrojada, "mmm… lo siento, pero de todas las personas a las que pudiste invitar… ¿tenías que elegir a ese imbécil?". Trató de sonar lo más calmado que pudo pero no podía evitar reconocer, que su castaña había metido la pata y hasta el fondo. La vio suspirar profundamente y habló ya más clamada, "lo sé, no tienes ni que repetírmelo, es de las pocas veces que mi cerebro no funciona como debe de ser y hago estupideces de las cuales luego me arrepiento…", volvió a suspirar, "pero ya no puedo hacer nada, es algo tarde para conseguir otra pareja, Harry va a ir con Luna, pues Ginny va a ir con Dean, además no quiso esperar a que Romilda Vane lograra enjaretarle algún filtro de amor disfrazado de dulces…"

Severus la veía divertido, su cara de aflicción y desesperación lo divertía sobre manera, era tan raro verla así de desesperada que le causaba ternura y ganas de abrazarla fuertemente, quizás más de lo habitual. El resto de la tarde pasó con normalidad, le contó sobre sus sospechas de que a Harry le gustaba Ginny y de que haría hasta lo imposible por escaparse de McLaggen a la primera oportunidad.

SS * HG * HG *SS

El ulular de un ave lo despertó, de mala gana se enderezó para enfocar a una hermosa lechuza blanca fácilmente reconocible. Atados a su pata llevaba dos paquetes de tamaño regular y una carta, todos finamente sujetos por el característico listón verde y plata con el que Hermione siempre envolvía sus obsequios. A su lado había otra lechuza con otro paquete, esperando a ser atendida. Desató todos los paquetes con premura y dio a las dos aves su recompensa para después dejarlas marcharse por la ventana.

Reconoció que el otro paquete se lo enviaba Albus Dumbledore, él era el único, aparte de su castaña que le obsequiaba algo en fechas tan importantes como lo era esa, nunca lo olvidaba en Navidad. Rompió la envoltura sin muchos ánimos, pues como había supuesto, eran calcetines, al menos eran negros pues no podría soportar otra tanda de calcetines multicolores que terminarían en manos de Dobby, que gustoso los aceptaría ya que él ni loco se los pondría. Visiblemente más emocionado, abrió la tarjeta que Hermione había adjuntado a los paquetes:

"FELIZ NAVIDAD MI AMADO SEVERUS

Espero que te gusten tus obsequios, bueno sé que al menos uno de ellos te encantará,
sé de buena fuente que son tus favoritos, jajaja,
y pues, el otro… mmm… bueno… espero que también te guste.
Gracias por estar a mi lado en esta fecha tan especial.

Con Amor

Hermione Granger"

Abrió con emoción el primer paquete, su corazón le decía que eran los panqués de chocolate que tanto le gustaban, apenas destapó la caja y toda su habitación se llenó del delicioso aroma a chocolate. Su lechuza sacó la cabeza debajo del ala y olfateo con interés, ululó para captar la atención de su dueño y con un feliz navidad, fue recompensada con un delicioso panqué que no tardó en degustar. Severus se quedó observando el segundo paquete preguntándose que sería, y como niño chiquito lo sacudió para tratar de adivinar por el sonido el contenido de la caja. Sonrió para sí mismo al percatarse de su gesto tan infantil y rompió la envoltura. Sus ojos brillaron emocionados, con manos temblorosas retiró del fondo un bello marco de plata que protegía y a la vez resaltaba una hermosa fotografía de su castaña. Al sacarlo otra nota cayó.

"Sé que hace tiempo me la pediste pero apenas pude tomarme una foto,
aproveché una salida a Hogsmade para ir al estudio fotográfico del pueblo
y pues creo que el resultado fue bastante bueno.
Espero te guste.

Te amo

HG"

La colocó a lado de su cama se comió un panqué y se dispuso a comenzar su día. Por la tarde sería la fiesta de Slughorn y podría verla para agradecer sus obsequios, esperaba que a ella también le hubiera gustado lo que él le regaló.

El día se fue volando, muchos alumnos estaban emocionados por la fiesta de Navidad y muchos otros por que volverían a casa, sabía que Hermione lo haría al igual que Harry pero eso no le desanimaba, haría lo que fuera para escaparse un rato y visitar a la dueña de esos ojos chocolates que lo hacían comportarse como un idiota cada vez que los veía.

A las 8 en punto se presentó en el despacho de Slughorn, se puso su túnica de gala y trató de arreglarse lo más posible sin ser muy obvio. Quince minutos más tarde la vio entrar del brazo de McLaggen, se veía simplemente hermosa, su vestido color salmón y el pelo semirecogido la hacía ver tan dulce que por unos instantes se vio perdido en ella. Salió de su ensoñación cuando escucho a Slughorn darle la bienvenida a Harry. Se acercó con sigilo, quería escuchar sobre el "don innato" que Harry poseía para las pociones. Tenía que saber cómo era posible que el chico lograra ser tan bueno si nunca había hecho grandes avances con él. Después de un rato, se alejó del grupo y caminó sin rumbo buscando a su castaña sin éxito alguno hasta que vio a Harry esconderse tras una cortina y segundos más tarde a Hermione salir apresura mientras McLaggen se acercaba.

Caminó hacia a Harry, de todas maneras tenía que darle el mensaje que Dumbledore le había dejado, no le era grato servir de mensajero pero sería la oportunidad perfecta para fastidiar al idiota de Cormac por quererse propasar en varias ocasiones son SU Hermione. La cereza fue que le vomitara los zapatos, estuvo a punto de cruciarlo pero se contuvo, se limitó a castigarlo y a limpiarse con un "Tergeo". Minutos más tarde vio a su castaña cerca de la mesa de bocadillos se acercó y en un susurro le pidió acompañarlo tras algún velo. Hermione se encaminó lo más discretamente posible. Una vez solos, la abrazó con fuerza y le dio un suave beso que la hizo sonrojar hasta el cuello. "Mmmm… Severus… nos pueden ver"… susurró la chica después de un gemido involuntario, "lo sé, pero ya todos están lo suficientemente tomados para prestarnos atención y ya no podía evitarlo, ansiaba besarte, te ves hermosa y veo que te has puesto tu regalo… dime, ¿te gustó?"

Hermione tomó con una mano el camafeo de plata que colgaba de su cuello, sonrió y asintió, estaba sonrojada por la mirada de Snape, "me encantó, te ves muy guapo, aunque para serte sincera me sorprendió, pues creí que detestabas que te tomaran fotografías". Severus sonrió tratando de no sonrojarse también, su voz sonó algo temblorosa cuando volvió a hablar, "es cierto, no me gusta, pero quería que tuvieras algo con lo que siempre me tuvieras presente y que pudieras ver cuando no estuviera a tu lado". Hermione le acarició la mejilla con ternura mientras le sonreía y murmuraba un suave "gracias, creo que es hora de que volvamos a la fiesta antes de que alguien note nuestra ausencia, pretendo estar media hora más y luego escabullirme a las mazmorras". Le sonreía de forma pícara cuando le contestó, "en ese caso me retiro en unos minutos a esperar con ansias tu visita", y sin más le dio un beso suave y salió detrás de la cortina.

No había dado ni dos pasos cuando un alboroto llamó su atención, Filch se acercaba con Draco Malfoy a rastras por haberlo pillado en los corredores. Se sintió frustrado al ver al chico, ya estaba harto de andar tras él, aún no lograba que le dijera cual era su plan y eso lo frustraba. Lo sacó a rastras de ahí hasta un pasillo lejano pero de nada sirvió, el chico seguía obstinado en mantenerse callado. Cuando se halló sólo, bajó a sus aposentos, no tenía caso seguir ahí, en poco tiempo ella lo alcanzaría y ciertamente, se negaba a desperdiciar su última noche juntos antes de las vacaciones.

Una vez en su despachó, apagó todas las luces y dejó sólo algunas velas dispuestas en lugares estratégicos para iluminar lo suficiente el camino hacia su habitación, dejó la puerta entre abierta y se dispuso a preparar todo. Dobby le había conseguido una botella de vino de elfo bastante antigua que yacía finamente acomodada en una hielera, prendió la chimenea como única fuente de luz y calor y colocó una rosa a lado de dos copas cristalinas con filos en plata. Se deshizo de sus zapatos y calcetines, comenzaba a hacer lo mismo con su capa cuando oyó la puerta abrirse y el fino caminar de la chica adentrándose al despacho. Dejó la capa sobre la cama y se escondió tras la puerta que daba paso a su cuarto. Ella entró recorriendo la habitación en busca de Severus pero al no encontrarlo se dirigió a la cama y tomó la prenda que yacía en ella. En un suave movimiento, hundió su rostro en la tela tratando de atrapar el olor que ésta despedía. Él se acercó con sigilo y la abrazó desde atrás, la chica dio un ligero brinco al sentirse sorprendida. "¿A qué huele?", le susurró en su oído. Ella se volteó con lentitud dejando nuevamente la prenda sobre la cama, le rodeó el cuello con los brazos y entre besos le respondió, "a ti".

Severus la guió hasta el sillón, abrió el vino y sirvió las dos copas, se sentaron frente a la chimenea y guardaron un silencio bastante cómodo por algunos minutos. "¿Amor?", susurró Snape, "hay algo que te quiero preguntar y me gustaría que me contestaras sinceramente." Hermione le veía con intensidad, sabía que tarde o temprano le cuestionaría pero en el fondo esperaba que nunca lo hiciera. Suspiró. "Ya sé de qué se trata y sé también que te vas a enojar cuando te lo diga, pero… antes de hacerlo, quiero pedirte que te mantengas tranquilo… No quiero discutir esta noche…". Severus sonrió, "y según tu ¿de qué se trata?". "De la repentina mejora de Harry en pociones", soltó sin más y empezó a contarle sobre el libro, sobre la vez que Harry había hecho el levicorpus en Ron, la fama de pocionista que había ganado sin merecerla y el Príncipe Mestizo. Severus la escucho hasta el final, lo que suponía era correcto, Harry tenía su viejo libro de pociones que había olvidado por descuido en el salón pero no podía decirle a ella que él era el Príncipe pues se vendrían incómodas preguntas que aún no era tiempo de responder. Cuando ella terminó, el simplemente se limitó a decir que era un tema que luego resolverían y que mejor hablaran de otra cosa.

Conforme la velada avanzaba y la botella de vino se terminaba el silencio se apoderaba más de la habitación. Los dedos de Hermione acariciaban su pecho pues le había desabotonado la túnica y algunos botones de su camisa. Severus se encontraba nervioso sin saber por qué, quizás el vino ya le estaba afectando sus sentidos, pues no podía apartar su vista del escote que Hermione dejaba ver a la perfección estando recostada en su pecho. Con delicadeza empezó a besar su cabeza, ella levantó la vista y sus miradas se encontraron, un ligero rubor marcaba las mejillas de la chica, rubor que la hacía ver más sexy, definitivamente ya no era una niña, todo rastro infantil había desaparecido de ella dejando a la vista una mujer muy hermosa y sensual.

No se pudo contener más, acercó su rostro al de ella y comenzó a rozar sus labios, sus besos eran suaves y lentos, apenas un ligero contacto entre ambos. Posó una mano en su mentón y comenzó a jugar con su labio inferior, succionándolo y mordiéndolo de vez en cuando. Su lengua empezó a acariciarlo juguetona, casi pidiendo permiso para poder continuar. Ella entreabrió sus labios y emitió un ligero suspiro que Severus aprovechó para poder explorar el interior de esa cavidad que lo volvía loco y le hacía perder la cabeza. Emitió un gemido cuando sintió la lengua de ella buscarlo con timidez y a la vez deseo. "Mmmmmm… Severuuusss…", el sonido de su voz lo hizo recobrar un poco de razón y se apartó ligeramente de ella, estaba completamente sonrojada y él se sabía excitado pero no podía cruzar la línea ¿o sí?

"Ya es tarde", dijo con voz trémula aprovechando el sonido del reloj anunciando la hora. "Lo sé", y sin más que eso, Hermione lo volvió a besar apasionadamente. Su mente se nubló ante el contacto y la proximidad de la chica, "amor… mmm… yo… no creo que…", le era imposible articular palabra, "shhhhh… calla… quiero ser tuya…". En un rápido movimiento, la colocó debajo de él, "¿estás segura?, no quisiera que después te arrepintieras", le preguntó en un susurro mientras la veía fijamente a los ojos. Ella por toda respuesta lo volvió a besar.

Los besos que al principio eran suaves, tiernos y hasta delicados, dieron paso a otros más profundos y cargados de deseo. Severus se deleitó probando cada centímetro de piel que encontraba desde la oreja hasta el inicio de sus pechos. La abrazó fuerte por la cintura para levantarla del sillón, quería que su primera vez fuera especial, y el sillón no era el lugar más apropiado para esa ocasión. Entre besos, se encaminaron al borde de la cama, una vez ahí comenzó a bajar el cierre del vestido a la vez que acariciaba su espalda al irse descubriendo, marcando así un camino que erizaba la piel de la chica. Con delicadeza posó sus manos en sus hombros para dejarlo caer con un ruido sordo al piso. Severus se alejó un poco de ella para admirarla. Se veía más que hermosa y sexy cubierta unicamente por un sostén y bóxer de encaje negro.

Hermione se sonrojó hasta la coronilla al verse observada, lentamente se acercó a él. Con dedos temblorosos e inexpertos terminó de desabotonar la camisa. Severus la soltó para deshacerse de su pantalón mientras ella deslizaba la túnica junto a la camisa que lo cubría obligándolas a hacerle compañía a su ya olvidado vestido. Su sonrojo se incrementó al verlo semidesnudo y él esbozó un sonrisa. Se deshizo de su pantalón y con delicadeza la cargó levantándola del piso para recostarla suavemente sobre la cama, una vez ahí estiró la mano y la rosa que reposaba olvidada en la mesa llegó sin dificultad.

Hermione abrió mucho los ojos, nunca había visto a nadie hacer magia sin una varita pero se olvidó completamente de eso al sentir como era besada con delicadeza y a la vez deseo mientras su piel que emitía ligeros destellos dorados a la luz de la chimenea, era acariciada por los suaves pétalos de la flor. Desabrochó el sostén de la chica liberando esos senos redondos que se moría por volver a probar. Los acarició y beso hasta que se cansó, era una delicia ver como esos pezones cafés se erguían orgullosos al techo con cada toque que les daba. Trazó una línea de besos desde el centro de su pecho hasta el borde de la última prenda que cubría a la chica. Se deshizo de esa suave pieza de encaje mientras sus labios besaban cada rincón de la intimidad de su castaña. Lamió, acarició y succionó ese botoncito hasta hacerla gemir y que toda su humedad emanara sin control desde su interior. Justo antes de hacerla llegar a un orgasmo inevitable, volvió a tomar la rosa y la deshizo derramándola sobre esa piel que lo enloquecía. Hermione ahogó un gritito y se aferró a su mano apretando con ella esos pétalos carmesí que la recorrían.

Severus se apartó de ella, se quitó el bóxer negro que lo aprisionaba provocando molestias. No dejaba de observarla, se veía endemoniadamente sexy cubierta por los pétalos de esa rosa que minutos antes la habían acariciado. Tomó unos cuantos y los pasó por su rostro mientras se acomodaba sobre ella y la volvía a besar. La temperatura se volvió a elevar, Hermione movía sus caderas estimulando la erección de Severus que se hallaba atrapada entre los dos arrancando un fuerte y ronco gemido de su garganta. Se acercó a su oído, quería decirle algo pero le era imposible articular palabra de lo excitado que estaba. Tenía que detenerse o se correría sobre ella y no quería eso. Se alejó un poco provocando un quejido y un puchero en su rostro. Volvió a acercarse a su oído, "no desesperes…. Mmmm… ¿estás lista?", ella asintió y él se colocó en su entrada, "te va a doler, si no quieres continuar sólo dilo…" y ella volvió a asentir.

Sin más empujó, pudo ver su rostro tensarse ante la invasión, apretaba fuertemente los ojos pero no emitía ningún sonido, Severus trató de retroceder pero ella lo impidió, "mírame…", la vio abrir los ojos, "¿quieres que me detenga?... aún no he logrado entrar…", y era cierto, no había logrado traspasar esa membrana que marcaba su virginidad. Ella suspiró, negó con la cabeza y susurró un simple "hazlo". Y sin más, Severus entró de una sola vez, la sintió tensarse entre sus brazos y apretar fuertemente los ojos mientras una lágrima traicionera surcaba silenciosamente su mejilla. Estaba tan húmedo, estrecho y caliente en su interior que tuvo que recurrir a todo su autocontrol para no moverse, y permitirle acostumbrarse a él. La besó con ternura y entre besos le susurraba palabras de consuelo y amor. Cuando la sintió relajarse y mover ligeramente sus caderas, comenzó un lento mete y saca sumamente placentero, ella soltaba ligeros gemidos que acompañaban sus respiraciones agitadas.

Ya no había manera de que se controlara, sus embestidas cada vez eran más rápidas y fuertes al igual que sus gemidos. Ella se aferraba con fuerza arañando su espalda mientras sus piernas se enroscaban en su cintura haciendo más profundo el contacto entre ellos. Ya no iba a resistir más, estaba a punto de correrse cuando la escuchó decir, "AMM… AMOR… YA… YA NO… REEE… SISSSS… TO…. ME VOY A…. VENIIIIRRRR…". Sin pensarlo mucho aceleró sus embestidas y por segunda ocasión la sintió tensarse mientras sus músculos apretaban con intensidad su virilidad y emitía un grito de placer, grito que fue acompañado por otro suyo segundos después al mismo tiempo que se derramaba en su interior.

Se quedaron unos instantes en la misma posición tratando de recuperar sus alientos. Después de varios minutos se separaron, él salió de ella y se acostó a su lado acunándola entre sus brazos. "Te amo" murmuró Severus y comenzó a besarla. Besos cortos y tiernos que trataban de expresar toda la felicidad, amor y gratitud que sentía por tenerla entre sus brazos, por haberle permitido ser parte de su vida abriéndole su corazón y por amarlo al grado de permitirle hacerla suya, hacerla mujer. SU MUJER.


NOTAS DE AUTORA

Holaaaaaaaaaaaa a todos! Aquí estoy de vuelta con este capítulo, como podrán ver es la mitad del libro del Príncipe Mestizo, si hubiera escrito sobre todo no terminaría pero ya está la otra mitad. También se habrán dado cuenta que mezcle cosas del libro con detalles de la película así que espero no haberlos decepcionado con lo que he escrito después de esta laaaaaarga ausencia pero como he dicho en otros momentos… mi imaginación estaba muy poco imaginativa, jajajaja… (Ya sé, mal chiste).

¿Cómo ven el susto que le dio Mione a nuestro Sev? ¿Y qué tal los celos de éste para con Ron? Si las miradas mataran, el pelirrojo estaría ya 3 metros bajo tierra, jajajaja. Como siempre, espero sus comentarios, sugerencias y tomatazos, sobre todo estos últimos que creo que me merezco más que otra cosa.

Y pues… qué más puedo decirles más allá de…

¡PERDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON NNNNNNNNNNNNNNNNNNN!, Sé que no tengo vergüenza (jajaja), lamento haberme desaparecido tantos días, pero he estado demasiado ocupada. Espera sinceramente publicar el capítulo X de esta historia como celebración al primer aniversario de la misma. Hace exactamente un año, empecé con ella como una salida a la triste realidad que vivía en esos momentos. Pero desgraciadamente mis ocupaciones me han impedido mi cometido, al grado de que mi inspiración y mi imaginación se ha visto sumamente afectadas. Gracias a todos los que han dejado reviews o me han añadido a sus favoritos o seguidores.

Como siempre, recuerden que todos los personajes y el mundo de HP pertenecen a J.K. Rowling. En verdad y por favor, no dejen de escribir. GRACIAS.