Hall de los Sueños Rotos
Capitulo 7: La historia de Arthur. Parte 1.
Enero de 1996
Reino Unido de Gran Bretaña
Eran fines del otoño en la isla de Inglaterra. El frio ya empezaba a sentirse por esas épocas, mas para los jóvenes niños que prometían un futuro para la sociedad inglesa. Pero el día estaba soleado, muy lindo para ser exactos. El Sol del otoño era frio, pero cálido a la vez, era un hermoso día para jugar en el parque. Pero hoy no, justo hoy no.
Un niño de apenas cuatro años iba agarrado de la mano de un hombre pelirrojo, más alto que él. El chico pelirrojo, que aparentaba unos diez o doce años, tenía una cara de muy notorio fastidio, quizá por tomar la mano del menor, o por el hecho de que hace media hora estaba esperando a quien cuidaría de su hermanito.
Todo había estado planificado desde hacia días. Tomarían el tren a media mañana, o sea a las diez-once, para estar media hora después en el aeropuerto. Pero como nada es perfecto, el tren se retraso por un desperfecto y tuvieron que tomar otro que los desvió considerablemente de su trayecto. Caminaron un par de cuadras hasta al lugar y, por ser menores de edad no los dejaron pasar más allá de la entrada.
Ahora, un fastidiado pelirrojo miraba a todos lados por el tutor de su hermanito, que no iba a soltar por miedo a que se perdiese.
-¿Will? –Llama el pequeño rubio de ojos verdes, con unas peculiares cejas en la cabeza.-
-¿Qué quieres, mocoso? –pregunta, fastidiado.-
-¿El tío va a tardarse mucho? –dice, con ese hermoso tono infantil que tienen los niños.-
-¡¿Y yo que quieres que sepa? ¿No ves que hace una hora lo estoy buscando? –Le grita, ya desesperado.- ¡Maldito danés hijo de…!
-¿Hijo de que, William? –dice otra voz, que alarma a los mas jóvenes. El pelirrojo lo mira enfadado.-
-Hijo de puta. –completa, con ese vocabulario ''tan formal'' que tenia.- ¿Por qué te tardaste, imbécil? –Le contesta.-
-Veras, no se si sabias cuantos kilómetros hay desde Edimburgo para acá, pero, quiero que sepas, que son muchos. –Al hombre de pelo rubio no le llamo mucho la atención la falta de interés del chico pelirrojo.- todos los escoceses son iguales, malhumorados.
William le dio un puntapié al hombre más alto. Este se tomo la pierna adolorido. El rubiecito estaba mudo y quieto, siempre era así con su hermano y su tío, no se llevaban muy bien que digamos.
-¡Tío Lukas! –El de ojos verdes va y abraza a su tío, que lo alza en el aire.- ¡Jaja, te extrañe! –decía alegre, mientras ''volaba''.-
-¡Yo también, pequeño Arthur! ¡Ven, es hora de ir a una nueva aventura con tu tío! –deja al niño en el suelo, ahora sonreía.-
William le arrojo la maleta de su hermano menor y se dispuso a marcharse, al ver que todo estaba resuelto ya y el rubio por fin se iría con Lukas. Mas no siguió su camino porque su hermanito le tomo de la manga de la camisa que tenia.
-¿Qué? –Lo mira con una mirada de pocos amigos.-
-Esto, Will… solo quería decirte que los extrañare, ¡Y que les escribiré todos los días! –Sonreía, pese a que al mayor parecía no importarle.-
-Si, si, claro, como digas. Buen viaje, mocoso. –
El pelirrojo se va, viendo como su hermanito se iba tomado de la mano del danés de pelo rubio. Este, le miro por última vez. William susurro algo que sabia que el mayor de los tres había interpretado perfectamente.
''Cuídalo, maldito''
Era lo que dijo.
Ahora, Arthur, se iría para siempre de su lado. Era lo mejor, por él, sus hermanos, y por Arthur, especialmente por el rubio, que necesitaba urgentemente ese tratamiento del corazón.
Arthur había nacido con un corazón muy débil, capaz de morir en cualquier momento. Su madre, también había muerto de esa enfermedad, poco después de haber dado a luz a Arthur. Nunca se lo diría. Nunca le diría que su mama murió de esa horrible enfermedad, él le había inventado que su mama falleció en un accidente, un mes después de haber nacido él. Como Arthur aun era un niño, acepto eso, sin preguntar mucho. Pero sabía que no duraría por siempre, pero mientras durase, lo protegería del otro lado del mar…
…
Lukas iba sentado del lado de la ventana, mientras que su sobrino dormía en el asiento a su lado. El hombre danés era responsable con los niños, eso mismo le habían dicho el servicio social al hermano mayor, William, pero poco le importaba su responsabilidad con los infantes, mas bien le importaba que su hermano este en buenas manos, y que se curara de su enfermedad.
El danés tenía buenos amigos en Estados Unidos. Uno de ellos, era su tan fiel Soren Vladinski, un profesor de años y responsable. Su hermano menor, Bewald y su ''esposa'' Tino, ellos eran muy buenos padres y le ayudarían con el pequeño si algo pasara, pero eso era casi imposible, ya que Soren era un maestro con los niños, crio solo a su hermano Frederik y a veces ayudaba al hospital local del pueblo adonde irían a vivir.
Arthur tenía una enfermedad horrible, Lukas lo sabía bien, su hermana; la madre del rubio había muerto por eso, también el abuelo de la criatura. Era una enfermedad hereditaria, con muy pocas probabilidades de éxito. Pero mientras las épocas avanzaran, y también la tecnología, la cifra aumentaba en positivo…
…O por lo menos eso quería pensar Lukas.
…
Estados Unidos de América
El viaje fue agotador. Desde el aeropuerto de Oregón hasta ese pueblo en coche. Era un trayecto muy largo, pero tenia suerte de que Arthur haya dormido la mayoría del camino.
Cuando por fin entraron al pueblo, era de noche. Las pocas luces que iluminaban su andar, hacían del paisaje aterrador. Por lo menos, eso pensaba el rubio de cabellos salvajes.
Lukas recordaba que la casa de Soren era una en medio del bosque, por lo que tomo la carretera que aparentemente iba mas allá del pueblo, a las zonas forestales residenciales. Estaba al final de la calle, una gran casona blanca, con un techo azul, sobre una pequeña colina. Esa era, sin duda.
Aparco el coche en la entrada y bajo del auto, miro con cuidado a su sobrino, que aun dormía. Fue y miro el número de la casa…
-''1814*, esta es'' –pensó el danés, sonriendo triunfante.-
Toco un par de veces el timbre. Cuando vio que una luz se prendió, dejando ver la silueta de alguien, dejo de tocar el botón.
Allí salió él, tan perfecto y pulcro como siempre, hermoso, serio, tranquilo, sereno e inmutable. Soren Vladinski. No llevaba puesta su usual gorra de marino, obvio porque era de noche, su cabello rubio, peinado para atrás, con esas ondulaciones al final y ese rulo flotante, con esos ojos violetas, tan atrayentes pero vacios, con esa figura pequeña parecía que se quebraría si lo tocabas; pero tenia una personalidad tan dura que era imposible que eso pasase. Parecía una mujer de lejos, ese pensamiento siempre hacia sonreír al rubio de ojos verdes.
Cuando lo tuvo finalmente en frente, decidió hablar.
-Hola, Soru, ¿Me extrañaste? –Dice con total picardía, sonriendo de esa manera que sabía odiaba el otro.-
-Hmp, ¿Dónde esta el niño? –Fue lo único que dijo el noruego, mirando a todos lados, sin fijarse en su viejo amigo.-
-En el coche. –
El danés se quedo mirando al interior de la casa, mientras el noruego iba en busca del niño. Vio como una figura se movía incomoda dentro de la gran casa, debería ser Frederik, el hermanito menor islandés de Soren. Este ya tenía al pequeño Arthur en sus brazos, haciendo que repose en su hombro.
-¿Qué esperas? Trae tus malditas cosas dentro de la casa si no quieres dormir en el patio. –Decía el rubio de ojos violáceos, entrando a la casa, cruzando el pequeño camino de piedras que conducía a la puerta de entrada.-
Lukas no se hizo de esperar y fue por el equipaje de ambos. Y entro a la casa, siguiendo a Soren.
…
Estados Unidos, año 1998
Un pequeño Arthur leía tranquilo en la sala de estar de la mansión de Vladinski. Era observado por el hermano menor del profesor, mientras este ojeaba un manual de matemáticas. Arthur contaba con ese entonces con seis años de edad, y era un niño extremadamente inteligente y hábil para todo lo que requiriese el uso de la mente y el ingenio. Pese a que no hablaba mucho, se expresaba bien.
Soren cuidaba al niño la totalidad del año. Mientras que Lukas venia repetitivas veces desde su casa en Copenhague, pero este año seria el que se mudaría a la casa del noruego. Ya que hace un año empezaron a salir formalmente, pero por el trabajo del danés era imposible vivir juntos. Aunque si viviesen juntos, se matarían.
El noruego era profesor en la escuela local del pueblo, pero al mismo tiempo atendía un bar junto a su primo Tino Vainamoinen y el esposo de este, que resultaría ser el hermano menor de Lukas. Ahora, Soren estaba conversando con un hombre de mediana edad, cabello castaño y desordenado, con una barba prepotente en el rostro.
-Entonces, deberías traerlo para hacerle un chequeo. ¿Su tutor te dio la autorización? –Pregunta el hombre más corpulento.-
-Si, Dr. Roma. –Contesta con esa frialdad típica el noruego.- Si me permite saber, de los análisis previos, ¿Qué es lo que tiene Arthur? Se que tenia una enfermedad cardiaca muy complicada, pero es que no ah presentado ningún síntoma extraño. Y yo, la verdad no entiendo mucho del tema. –Pregunta, dándole un sorbo a su taza de café.-
-Pues… por lo que mi socio, Germania-chan vio en los análisis clínicos previos del chico, tiene una debilidad cardiaca muy severa. Pero los síntomas solo se presentan cuando pase los diez o doce años. Además, una de las venas principales que conecta el corazón con el resto del cuerpo es muy sensible, también la zona donde debemos de interceder en caso extremo. Por lo que… -
-Si, entiendo. Es grave. –Concluye de manera apresurada Soren, dando otro sorbo a su café.- Los costos de su tratamiento serán otorgados por su tutor legal, Lukas. –
-Lo tengo claro, Soren. –Dice Roma, echándose atrás y sonriendo.- El cuadro del niño es terminal, pero, déjalo disfrutar aunque sea un poco mas esto. –
Ambos, rubio y castaño miran a Arthur, que ahora jugaba con Frederik y su frailecillo. Aparentemente a las escondidillas.
…
Año 2000
Arthur ahora contaba con ocho años. Había crecido toda su infancia al lado de la pareja escandinava. Ahora estaba solo en casa, ya que Frederik se había ido a Islandia a estudiar. Solo tenia a su tío Lukas y a su tío Soren, ahora ambos estaban trabajando y él estaba sentado en el sofá, viendo la televisión mientras la criada que le hacia de niñera cocinaba algo para el almuerzo.
Todo parecía tranquilo. Hasta que…
Empezó a sentir un fuerte dolor en el pecho. El aire de repente le faltaba. Se tomo el pecho con fuerza y empezó a sollozar por el repentino dolor que sentía. Su mente dejo de funcionar y se cayo del sillón, produciendo un golpe seco que escucho la criada.
-¿Señorito? –pregunto la criada, buscando al chico con la mirada. Se horrorizo al ver al rubio tirado en el piso.- ¡Señorito!
…
Roma caminaba por los pasillos de la pequeña clínica. Acompañado de un chico rubio con una sonrisa sobradora hacia, principalmente las enfermeras.
En ese momento la clínica era muy pequeña, no pasaba más que de una pequeña salita de primeros auxilios. Pero estaba, convirtiéndose poco a poco en un refugio contra los males. Roma iba más adelante que el joven Francis. Mientras este reía con lo que parecía ser un buen chiste que le conto Antonio, que apareció corriendo de una esquina.
-¿Doctor? –Llamo una enfermera.-
-Oh, ¿Qué pasa Grecia? –va corriendo, todo enamorado hacia la enfermera, adaptando un semblante cómico con corazoncitos en los ojos.-
-Llego un niño en un estado de presión cardiaca. ¿Qué hago? –Dice, seria la mujer.-
Roma palidece, pensando en quien podría ser esa pobre criatura con semejante problema. Se ilumina de que es el pequeño inglés que ah estado estudiando desde hace largos años. Toma una postura seria y dice, con voz ronca.
-Dile inmediatamente a Egipto que le suministre un suero, que no sea fuerte, pero tampoco liviano. Y luego ve a por Germania. –Ordena, con seriedad.-
-Si. –La griega apunta la orden y se va por el pasillo.-
El hombre italiano suspira y mira a los dos niños que tenia mirándole la espalda. Su mirada ámbar se centra en la azulada de Francis, el chico ya contaba con dieciséis años, por lo que podría ayudarle. Antonio era medio tonto para esas cosas, por lo que opto por darle otra misión.
-Francis, ¿Estas dispuesto a ayudarme con algo? –dice, esperando una alegre afirmación del rubio.-
-¡Si! –exclama el francés, todo emocionado.-
-Antonio, quiero que cuides a mis nietos. ¿Puede ser? –Antonio se va, bufando porque no tendría acción, Francis y el en ese entonces medico se marchan a la sala de urgencias.-
Al llegar a dicha sala, se encontraron con una escena un tanto deprimente hasta para una persona fría y sin alma. Ahí estaba, un niño rubio, pálido y ojeroso, luchando por su vida, con un muerto corazón que solamente le era exigido un poco mas. Francis salió de detrás de la espalda del hombre romano, y se enterneció con esa imagen, el niño le parecía lindo, era quizá mas joven que él, y… por Dios, que era hermoso.
Roma lo saco de sus pensamientos ordenándole que le trajera un suero. Y que procediera a la reanimación. ¿Reanimación? ¿Ese chico… habrá sufrido un paro cardiaco?
…
Lukas corría, más bien andaba a tal velocidad por la autopista, la única que llevaba al pueblo. Soren le telefoneo diciéndole que la criada encontró a Arthur en el piso, tirado y casi sin respiración. ¡Mierda! Su sobrino había sufrido un paro respiratorio, producto de su enfermedad hereditaria. ¡Mierda! Volvió a pensar, le prometió a William que cuidaría de su hermanito y… rayos, ahora estaba al borde de la muerte.
El danés doblo en una calle de tierra, era un atajo por el bosque. Encima que llegaría justo atrás de la clínica donde atendía el viejo Roma. Agradecía a Dios el haberse criado en esos lugares.
Como predijo, termino en la parte trasera del hospital. Aparco su coche como pudo en algún lugar, igualmente los enfermeros lo conocían. Entro por una de las puertas y corrió en dirección a la sala de urgencias. Solamente debía de hacer unos grandes pasos, pero veloz, ya que en ese entonces la clínica no tenía ni siquiera un primer piso.
Al llegar a la sala, vio a su novio, apoyado contra la pared con su típica expresión seria, pero esta tenía algo que nunca vio en los ojos de su amado: miedo. Soren tenia ese algo de que se encariñaba muy fácil con los niños, en especial con sus alumnos a los cuales trataba como si fuesen sus propios hijos. Arthur era uno de esos niños especiales, porque encima lo crio él, con sus propias manos y costumbres.
-Soru… -Se acerco al noruego, pero este solo se quedo mirando por una ventana.-
-Ahí, ahí esta. –señala con sus ojos, y un gesto. Lukas, ya a su lado pero sin tocarle, voltea y se horroriza.-
Detrás de una gran ventana se podía divisar a un chico rubio, conectado un sinfín de aparatos que lo mantenían en este mundo. Era su sobrino. Era su Arthur. Al lado de la cama del inglés, estaba Francis, cuidando de que todo este bien.
-¿Sr. Andersen? –
-¿Si? –Era Roma quien le hablaba.-
-Me temo que su sobrino sufrió un paro cardiaco. –Dice, tratando de no sonar sentimental, era malo involucrarse con los pacientes.- También me temo que deberá pasar aquí no menos de un mes para rehabilitarse totalmente. –
-¿Un mes? ¡No puedo dejar a Arthur aquí un mes! –Exclama, un poco desesperado por la noticia.-
-Lukas. –llama, con voz seria Soren.- Lukas, entiende que es lo mejor para él. En casa solamente corre riesgo. –Explicaba, bajando la mirada.- Roma cuidara bien de Arthur, no debes exaltarte tanto. –
En esos momentos, a Soren le hubiese gustado ser más sociable, para darle una sonrisa cálida y reconfortante a Lukas, que estaba desesperado, hablando y gesticulando con el doctor. Odiaba ver al danés así, era tan diferente a como era en realidad, que… daba un poco de miedo verlo enojado, pero solo un poco.
Soren se abofetea mentalmente y mira por sobre la escena que se había montado su amante. Era obvio que miraba a su ''sobrino''. También estaba preocupado, pero con quejarse no haría nada más que empeorar las cosas.
…
En el pueblo. Más exactamente en el hotel de paso.
Habitación 303.
-¡Ahahaha~! –Reía un estruendoso americano, saltando sobre la cama.-
-Al... Alfred, ba-baja, por favor. –Matthew estaba tratando de calmar la euforia de su hermano mayor, pero como siempre le era imposible.-
-No~ -
Mientras saltaba, el pequeño rubio de ojos violetas se quedaba anonado por la hiperactividad de su hermano.
Se dijo que el chico americano iba a estar bien, total, siempre lo estaba. Encima se estaba recuperando de un resfriado terrible que le había agarrado cuando pasaron por el Estado de Virginia semanas atrás…
…Lamento haberse dado vuelta tan rápido.
Matthew solo escucho un golpe seco y el grito adolorido de su hermano. Volteo rápidamente, encontrándose con Alfred tirado en el piso agarrándose casi con locura su pierna. Sollozaba del dolor.
-Aha… ¡Ah! –Lloraba, mientras se tomaba la pierna rota.-
-Oh… no… -no quería pensar lo que era obvio.- ¡MAMA! –
El canadiense salió corriendo, buscando a su madre en la habitación contigua.
Alfred se había roto la pierna. Y para colmo… quizá le echen la culpa a él, como de costumbre.
