¡Lunes! ¿Y eso qué significa? Que empieza una nueva semana (obviamente), y que toca nuevo capi. Recién sacado del horno, calentito, calentito, cuidado que te quemas.
Una vez más, agradecer a la loca de Fanclere el aparecer cual pokemon salvaje en mi vida y, aún más, el haber decidido traerse las maletas para instalarse en ella sin miramientos.
Obviamente, agradeceros a toooooooooooooooodas las que leéis y apoyáis este fic a base de lecturas, comentarios y demás.
No molesto más, ¡disfrutad!
Capítulo 7: En Pie de Guerra (o cuando Octavia tiene buenas ideas)
Abre y cierra los puños, soltando la tensión de su cuerpo, de su mente.
El paseo de ayer fue bien. Fue muy bien.
Sí, es cierto, tal vez la timidez de la rubia impidiese a esta el decir más que un par de sílabas. Sin embargo, eso le había permitido a Lexa el hablar de ella y de su reino, de mostrar con palabras a la princesa humana que no debía temerla ni a ella ni a su futura unión.
El paseo del día anterior le había sido útil para sentar las bases de una relación amistosa, al menos, entre ellas. Al fin y al cabo, se iban a casar.
Suspira, asegurándose que su eterno adorno en la frente, símbolo de su familia, está en el sitio correcto. Levanta la barbilla y ladea ligeramente la cabeza a la derecha, antes de ajustarse el broche de la capa, oculto bajo su hombrera de acero élfico.
Perfecta.
Sale de la habitación, repasando la lista mental de temas que desea sacar en el paseo matutino de hoy, con la idea de intentar conseguir que la propia princesa hable acerca de sus deseos para con su futuro juntas. Lexa desea que su prometida esté cómoda y sea feliz una vez sean esposas, aún más sabiendo que la joven humana se ha pasado toda su vida en las sombras, oculta y sobreprotegida por culpa de la guerra.
Ya no habrá necesidad de tales medidas de sobreprotección, de temor a los elfos y de un atentado contra su vida.
No a su lado, no si Lexa podía evitarlo. Y, como reina de todo el Bosque, de todos los elfos, tenía el poder necesario para evitarlo.
Ha avanzado sin pensar, siguiendo el mismo camino que había recorrido el día anterior, aunque le ha sorprendido llegar tan rápido.
En fin.
Vuelve a abrir y cerrar los puños, antes de levantar uno y golpear la puerta suavemente tres veces.
Y espera.
Y vuelve a llamar, ligeramente más fuerte.
Un segundo, dos, tres…cuatro…
No hay ruido al otro lado de la puerta.
Algo va mal.
Su mano va inconscientemente a empuñar el cuchillo que oculta entre sus ropajes, aunque sin desenfundarlo.
Vuelve a llamar, pegándose a la puerta, por ver si puede escuchar algún tipo de ruido.
Nada.
Mil y una posibilidades recorren su mente, ninguna buena.
Secuestro.
Asesinato de manos de opositores a la paz.
No. No puede ser.
Se aleja de tres pasos de la puerta, que vuelve a recorrer a toda velocidad, dejando caer todo su peso contra la madera, obligándola a abrirse.
De un golpe, choca contra la pared, al tiempo que Lexa entraba de un salto, preparada para cualquier tipo de emboscada que pueda encont...
Algo choca con su cara.
¿Qué…?
Lo oye chocar contra el suelo y baja la mirada.
Un cojín, le han tirado un…
- Por los dioses, que mujer más odiosa, ni siquiera ha amanecido –oye una voz.
Levanta la mirada, descubriendo a las otras tres ocupantes de la habitación, sanas y salvas.
Sanas.
Y salvas.
Nota como se le calientan las mejillas y hasta la punta de sus orejas por culpa de la vergüenza que le embarga al saber que, no sólo, la princesa y sus guardas están fuera de peligro, si no que una de las guardas le ha sorprendido atacándola con un cojín.
Un maldito cojín.
Cierra los puños, con fuerza, escuchando una risa casi reprimida que proviene de la zona de la habitación donde está la Princesa.
…
Se aclara la garganta, intentando recuperar el control de la situación, y deseando salir de la habitación, y clava su mirada, con toda la seriedad y fuerza que le otorga no sólo su título de Reina de los Elfos, si no su experiencia en los campos de batalla, para imponer su lugar en la habitación.
Finalmente, dice:
- Princesa, veo que olvidasteis que vendría a recogeros. Siento haber molestado, os espero fuera para nuestro paseo.
Una pequeña reverencia, porque no va a permitir que la situación le supere como para perder sus modales, y sale.
Y es cuando cierra la puerta cuando estallan las carcajadas.
El mismo sirviente de la escoba del día anterior, que la casualidad ha querido que se encuentre por los alrededores, se atreve a mirarla con ceja alzada y sonriente. Sonrisa que borra tras ver la expresión de Lexa. Y desaparece tras una reverencia.
Abre y cierra los puños. Y los abre y vuelve a cerrar, una y otra vez, intentando calmarse, intentando…
Cierra los ojos y recuerda su posición. Recuerda las lecciones de su padre, lo que se está jugando en estos momentos. Y calma su respiración.
No va a echarlo a perder por culpa de un cojín. Por culpa de… la vergüenza por haberse dejado sorprender.
Ella, guerrera elfa experta.
Antigua Comandante de los ejércitos élficos.
Reina del Bosque.
Heda.
Un maldito cojín.
Vuelve a abrir y cerrar los puños.
Y suspira, una última vez, al oír la puerta abrirse tras ella.
Se gira, con porte regio. Y no puede evitarlo, un simple pensamiento se cuela en su mente al ver a la joven princesa salir de la habitación, ataviada con un vestido exquisito y de la calidad digna de la realeza.
"Es una diosa."
Sin embargo, es un pensamiento pasajero. Sobre todo al clavar la mirada en los labios de la rubia y ver como esta sigue reprimiendo su risa por la reciente… situación.
Vuelve a abrir y cerrar los puños, cerrándolos con fuerza, para empezar a andar.
Se dirige a los jardines, hablando, siguiendo la lista que memorizó la noche anterior.
Punto por punto, sin prestar atención a las diferentes plantas y flores que las rodean, notando como cada risa disimulada de la rubia aviva cada vez más las llamas de su vergüenza y su… su ira. Hasta el punto de no recordar cuando van a buscarlas para avisarlas de que el desayuno ya está listo. Ni de cómo llega a la habitación en la que le esperan sus propias guardas, Anya y Octavia, que clavan en ella su mirada al escuchar el portazo de la puerta, que no puede evitar dar.
- ¿Heda? –pregunta Octavia.
Pasea, de lado a lado del dormitorio que las dos guerreras comparten.
- Se han reído, se han… de mí. No… sin respeto. Un cojín, un maldito cojín.
- Heda –llama, esta vez, Anya.
Y Lexa para su paseo, señalando hacia la puerta, para explicar, con el tono más calmado que puede, y debe reconocer que no es mucho:
- ¡Se han atrevido a lanzarme un cojín! ¡A la cara! ¡A mí!
Anya, frunce el ceño y… espera, ¿por qué?
- ¿Estás lavando tus sábanas en un barreño? –pregunta.
Octavia se pone la mano sobre la boca, sobreviviendo a una mirada fulminante por parte de su antigua mentora, la cual niega con la cabeza, frotando con énfasis las sábanas.
Y Lexa mira a la semi elfa, en busca de una explicación.
- Resulta que alguien –empieza a explicar la joven –, en venganza de cierto despertar mañanero, le ha metido la mano en agua caliente esta noche y… bueno…
Lexa alza una ceja.
- Y, bueno, nuestra querida Anya no desea que los sirvientes ni nadie más lo sepa, por lo que ha decidido lavarse ella misma las sábanas.
Anya frota aún más vigorosamente las sábanas.
- Ya, eso lo explica, sí –asiente Lexa, volviendo a mirar a su ex mentora –. Lo que no entiendo es por qué lleva un bigote pintado en la cara.
Y Anya se paraliza.
Lexa envidia esa capacidad de resumir en una mirada, las diferentes formas que se le acaban de ocurrir para matar a una persona. Y admira la forma en la que Octavia ignora sin problemas tal amenaza a su vida.
La más veterana de las tres suelta las sábanas, que caen en el interior del barreño, y se va en busca de un espejo.
Y es cuando ve a Anya frotarse la cara para borrarse el bigote, que ve la solución a su problema.
- Octavia, necesito tu ayuda.
- La que necesites, Heda.
- Necesito vengarme de las humanas del cojinazo en la cara, pero de una forma que no rompa el compromiso, ni la posibilidad de paz entre elfos y humanos.
Octavia tan sólo sonríe y Anya suelta un "Heda, no creo que sea buena…" antes de callar al ver a Lexa levantar la mano, pidiendo silencio.
- ¿Octavia?
- Pues muy sencillo...
CL
Ha anochecido hace tiempo, el sirviente apostado en la puerta para que la avisara de cuando dejara de oír voces en la habitación de la princesa, acaba de darles el visto bueno.
Vestidas con los ropajes más ligeras que tienen para no hacer ruido, con las dos manos ocupadas para sus armas de esta noche, Octavia y Lexa avanzan por los pasillos de la mansión.
Detrás de ellas, Anya vuelve a susurrar:
- Sigo pensando que es una mala idea, Heda.
- Y yo que me parece muy fuerte que no luches por el honor de tu reina –le devuelve Octavia.
Lexa sonríe.
- Sssssssssssssh, nos acercamos –susurra Lexa.
Sus dos guerreras callan. Octavia, posicionándose a un lado de la puerta, y Lexa al otro.
Anya a tres pasos de ambas, tapándose la cara con la mano.
Lexa hace una seña, y Octavia deja una de sus armas en el suelo, para proceder a abrir con cuidado el picaporte, sin hacer ruido, devolviendo la seña para confirmar que la puerta está abierta.
Espera un momento a que Octavia vuelva a coger el arma del suelo, y prepararse.
Ambas cuentan mentalmente.
Uno.
Dos.
…
¡TRES!
Entran, rápidamente, y al grito de "¡STE YUJ", empiezan su ataque sobre sus objetivos.
Octavia y Lexa, armadas con dos almohadas cada una, empiezan a golpear a la humana de nombre Raven, culpable del cojinazo, y a la princesa Clarke, despertándolas de golpe.
Y siguen golpeándolas, riendo cuando estas, ya despiertas y conscientes de lo que está ocurriendo, empiezan a devolverles los golpes.
La pelea, ya guerra de cojines y almohadas, coge fuerza cuando la princesa consigue tirar a Lexa de la cama, la cual reacciona a tiempo para no golpearse la cabeza al caer, y que la rubia aprovecha para ponerse encima y golpearla, riendo también.
La elfa, ya sin armas, intenta sujetar los brazos de la rubia y, cuando por fin lo consigue, cambia su posición, bloqueando a la princesa humana.
Rápidamente, echa un vistazo al otro lado de la habitación, en la que Octavia levanta los brazos en señal de victoria, para comerse un momento después un nuevo cojinazo de parte de la humana de tez morena. Y Anya permanece de pie, esta vez acompañada de la otra guarda, Ontari cree recordar que es su nombre, ambas con una ceja alzada, con media sonrisa en los labios, al tiempo que intentan aparentar seriedad.
Y vuelve a bajar la mirada para encontrarse con los centelleantes ojos azules que la observan.
- ¿Tregua? –pide la princesa, sonriente.
- Tregua –le devuelve la sonrisa Lexa.
Y le suelta los brazos, tumbándose a su lado para recuperar el aliento.
Ambas ríen al oír a Octavia decir:
- ¡Tregua! ¡Han dicho tregua! ¡Deja ya el cojín!
Se contagian la risa mutuamente, y a Lexa no le importa que le duela el costado por reír demasiado.
No.
Y cuando se gira para mirar a la princesa, a Clarke, ambas dejan de reír, sonriéndose en silencio.
La morena no puede, ni quiere, evitar pensar en que si la humana ya era hermosa, en ese momento lo está aún más. Y que daría lo que fuese por oír su risa una vez más.
