Hola chicos espero que estén bien. Aquí traigo el nuevo capítulo. Ahora no tengo internet pero intentaré subir lo más constante posible. Ahora disfruten.


Capítulo 7.

Los ojos rojos se abrieron minutos después de que el alma regresara al cuerpo. Tifa lamentó ligeramente ese hecho puesto que el dolor y cansancio regresaron. Ella no pudo decir nada, volvió a sucumbir ante el cansancio entrando al mundo de los sueños nuevamente. Ni Zack ni Génesis hicieron algo para evitarlo. Ambos hombres comprendían la dura batalla que la morena había enfrentado en las entrañas del tercer infierno. El peliazul no se despegó ni un instante de la bella joven mientras ésta dormía.

Pasaron horas hasta que la hija de Zeus volvió a despertar. El tiempo que había dormido no era suficiente para quitar todo el cansancio de su cuerpo pero al menos bastaba para que pudiese tomar un poco de agua y comer. Eso le ayudaría a recuperarse con más facilidad y es que no sólo su cuerpo estaba agotado, su mente también. El tercer infierno era una pequeña muestra de lo que sería el siguiente.

-¿Cómo te sientes? – La pelinegra sonrió débilmente en un intento de expresar su estado sin necesidad de las palabras. – Bebe, te hará sentir mejor. – Luego de casi un día, Tifa sintió nuevamente la frescura del agua mojar sus labios. Bebió con avidez hasta que su sed fue saciada. Luego de ingerir aquel líquido vital, el alma le regresó completamente al cuerpo. - ¿Tienes hambre? – Ella asintió y fue Génesis quién salió rumbo a las cocinas. La intensa mirada del Dios del inframundo comenzaba a incomodar a la joven.

Infierno tras infierno notaba cambios en la actitud de Zack. Cada vez se preocupaba más por ella, cada día parecía albergar un sentimiento más profundo y eso no le gustaba a la hija de Zeus. Él era una buena persona pero temía que se estuviese enamorando de ella pues no sería capaz de corresponder sus sentimientos si ese fuera el caso. Ella sólo amaba a una persona, lo había hecho desde su vida pasada y aunque estuviese sufriendo por su culpa no podría dejar de amarle así como tampoco podría quererle menos.

-No es lo que estás pensando. – Las palabras del apuesto hombre la confundieron.

-¿Acaso puedes leer la mente? – Él se rió ligeramente apenado.

-Sólo de algunas personas. Tú eres muy fuerte y normalmente no podría tener acceso a la mente de otra Deidad sin embargo tu débil estado me permite escuchar tus pensamientos. – Tifa le dedicó una mirada un tanto fría. – No me mires así. Sólo he podido escuchar esa parte porque tenía que ver conmigo. – Aún ante la explicación, la ojirubí seguía un tanto renuente a creer esas palabras. – Confía en mí. No voy a invadir la privacidad de tu mente. – Al fin Tifa pareció ceder. – Regresando a tu pensamiento…no, no me estoy enamorando de ti. – Las mejillas de la pelinegra adquirieron un casi imperceptible tono rosado.

-Yo… - La risa del ojiazul la hiso sonrojar aún más. Se sentía como una niña boba.

-Sé que mis acciones se pueden malinterpretar, la verdad es que me veo reflejado en ti. Ambos fuimos expulsados del paraíso por razones similares y diferentes a la vez. A ninguno nos dieron una razón, a ninguno nos contaron nuestra verdadera historia. Los dos llegamos al infierno sin saber qué hacer. Pero aquí estamos, yo aprendí a reinar el mundo de las tinieblas y tú has cruzado tres infiernos sin ayuda de nadie.

-Te equivocas. Me has ayudado todo éste tiempo. – Zack sonrió mientras asentía con la cabeza.

-Puedo darte consejos antes de que entres a cada infierno sin embargo eres tú quién pelea en cada uno de ellos para salir adelante. Sólo tú has enfrentado tus peores miedos, has sobrepasado el hambre y has conseguido derrotar a la enfermedad. Yo no he estado a tu lado en tus batallas así que has ganado cada combate por tus propios méritos. No sé cómo has conseguido llegar hasta aquí y por ende no puedo dejar de sorprenderme a cada instante. Quiero que tú consigas lo que nadie ha podido lograr, por eso te cuido, por eso confío en ti, por eso estoy a tu lado cuando finalizas cada infierno. Tienes un poder enorme, tienes un potencial que no eres capaz de ver y eso lo hace aún más grande. – El Dios del infierno sonrió.

-¿Crees que sólo he podido cruzar los infiernos gracias a que soy una Diosa? – Tifa realmente necesitaba escuchar esa respuesta. Tal vez por eso nadie había llegado tan lejos. Quizá nadie tenía tanto poder.

-No. El que seas la hija de Zeus no influye en nada. Cada infierno se adapta a tu potencial, por eso has luchado contra algo tan fuerte como Bahamut, por eso has luchado contra el mismo Zeus sin embargo cada uno de los avernos intenta derrotarte con tus propias armas. – La pelinegra no parecía entender demasiado aquella explicación. – Por ejemplo, si yo entrase al primer infierno con la intención de domar al caballo del miedo entonces no me enfrentaría a Zeus, ni tampoco a un tigre así como no temería caer a un abismo. Eso se debe a que mis miedos son diferentes a los tuyos. Tú temías caer al vacío porque muy poco tiempo antes habías caído de los cielos. Temías enfrentarte a un tigre porque nunca antes habías luchado contra nadie. Temías matar a tu padre porque lo amas. Temías que Aeris muriera porque la amas más que a nada en el universo. Todos somos diferentes y los avernos nos atacan de distintas formas.

-¿Entonces por qué nadie ha domado antes a los caballos? – Zack no tardó demasiado en responder.

-Muchos se han rendido por no tener tu fuerza pero no la física. Ellos se han vencido ante sus temores, ante la inseguridad. Tu poder no reside en el cuerpo sino en el alma, por eso las enfermedades no pudieron vencerte. Tienes más ganas de vivir que ninguno de los seres que haya pisado éste lugar. A pesar de haber dudado varias veces siempre te has levantado con más convicción que antes. Eso es algo que yo no pude hacer, al no encontrar una salida aparente, simplemente me rendí. – Los ojos azules se llenaron de una profunda tristeza. El Dios del infierno rápidamente recuperó la compostura. – No quiero que hagas lo mismo.

-¿Qué es lo que sigue? – La ojirubí intentó levantarse sin embargo sus piernas fallaron casi haciéndola caer.

-Aún no estás lista. – Zack la tomó en brazos para luego depositarla suavemente sobre la cama. – Debes dejar que tu cuerpo se recupere. Descansa el tiempo suficiente, si apresuras las cosas lo único que vas a conseguir es caminar hacia la muerte. – En ese momento Génesis regresó con una bandeja con comida.

-Aquí está lo que me ha ordenado, mi señor. – El peliazul asintió con la cabeza indicándole a la reina de los Dioses que se sintiera libre para comer. La morena así lo hiso.

Pasó casi una semana en la cual Tifa simplemente se alimentaba y dormía. Lentamente su cuerpo regresó al estado de total plenitud. Estaba completamente preparada para afrontar el siguiente reto. Se sentía con más poder que nunca. Llegado el momento, Zack le extendió un nuevo pergamino dónde el corcel de la ira se mostraba imponente. El largo descenso por las escaleras inició y esta vez la hija de Zeus no contuvo su curiosidad. A cada instante decenas de preguntas se formaban en su mente.

-¿Puedo hacerte una pregunta? – El peliazul no detuvo su andar sin embargo su silencio permitía que la joven hiciera su pregunta. - ¿Por qué las puertas de los infiernos anteriores desaparecen?

-El que tú no las veas no significa que ya no están ahí. – La pelinegra no comprendió aquellas palabras y el Dios del infierno lo sabía así que decidió explicarse. – Los primeros dos infiernos ya no tienen nada que ofrecerte y dejan de mostrarse ante ti. De igual manera el guardián del tercero no se mostrará ante ti nuevamente. – Tifa se detuvo en seco atrayendo la atención de sus dos acompañantes.

-Lo hará si necesito de su ayuda. – Tanto Zack como Génesis se sorprendieron al escuchar esas palabras.

-¿Has ganado su lealtad? – Ella asintió y ambos hombres percibieron su movimiento aún en la oscuridad.

-Hicimos un trato, se quitó el casco y me dio un último consejo antes de entrar a sus dominios. – Ninguno dijo nada por un breve instante. La pelinegra no entendía la dimensión de sus palabras.

-No sé cómo o qué trato hicieron pero si te ha dado su lealtad significa que confía plenamente en ti. Confía en que saldrás avante de todos los infiernos. Significa que ha visto todo el poder que llevas dentro. Nadie antes ha visto su rostro pero tú…conquistaste al mejor guerrero que puede haber. Si en algún momento te encuentras en problemas sin duda alguna el caballero de la enfermedad será tu mejor arma. – Los tres reanudaron el camino hasta llegar ante la entrada al cuarto infierno. Una puerta de hierro ardiendo en llamas.

-¿Algo que decir? – Zack se rió antes de contestar. Posó su mano sobre el hombro de Tifa.

-Para dominar al caballo primero debes dominarte a ti misma. – Con esas últimas palabras la hija de Zeus abrió la puerta sin que el fuego le hiciera daño. Al entrar lo primero que vio fue a un hombre.

Cabello rubio y ojos azules. Una figura perfectamente conocida por ella. Ese era el hombre que en las alturas del séptimo cielo le volteó la cara con una bofetada. Ese era el supuesto ser de luz que la ató a la silla. Ese era el mismo miserable ser que ignoró su dolor, que le acusó de traición por el hecho de enamorarse. Aquella persona era quién realmente merecía estar en el infierno, era quien debería sufrir todo lo que ella había sufrido. Su nombre era Rufus ShinRa. Supuestamente uno de los mejores ángeles.

-Tú… - La mandíbula de la joven pelinegra se apretó con furia. El destello de sus ojos podía intimidar a cualquiera sin embargo aquel ser parecía no inmutarse ante el peligro. De hecho parecía disfrutar la situación.

-¿Qué sucede Tifa? ¿Por qué tan enfadada? – El cuerpo de la morena se tensó. Sus nudillos se volvieron blancos por la fuerza con la que mantenía sus manos cerradas. El hombre soltó una pequeña risa mientras se acercaba a ella. – No es a mí a quién debes odiar. Intenta comprenderme… yo estaba bajo las órdenes de Zeus. Debes entenderme, ¿qué más podía hacer? Él es el gran Olímpico después de todo. – Todo el enojo pareció evaporarse. – Además no es a mí a quién debes odiar. – En ese momento la heredera del cielo observó a su alrededor. Parecía estar en una plataforma rodeada por cinco más pequeñas. Aparentemente eran de mármol. Eran firmes aunque nada las sostenía, simplemente flotaban. – Hay personas que realmente merecen tu odio, ellos si te abandonaron cuando más los necesitabas. Te dejaron sola en este lugar. Si no me crees fíjate en él. – En una de las pequeñas plataformas apareció una sombra.

-¿Quién es? – Una mirada rubí podía divisarse entre la oscuridad.

-Vincent Valentine. El hombre que se decía tu padre. – Aquella sombra lentamente reveló su rostro. – Quizá tú no puedas creerlo pero si él realmente te amara no te hubiese dejado en aquella casa abandonada. Si él realmente te considerara su hija te hubiese ayudado a escapar incluso si eso le costaba la vida. Si Vincent sintiera el más mínimo cariño por ti entonces hubiese ofrecido su vida a cambio de la tuya. Si realmente le importaras hubiese desatado tus manos para que intentaras luchar por tu libertad. – Los ojos de Tifa se cerraron con dolor. Tal vez aquel hombre rubio tenía un poco de razón. – Él te abandonó a tu suerte. Nunca le importaste, jamás estuvo a tu lado como lo haría un verdadero padre. Él solamente fue una pieza más del juego en el que te viste envuelta. Tú fuiste un simple peón en el tablero de los Dioses.

-No. – A pesar de aquella palabra el cuerpo de la morena ya estaba temblando ligeramente.

-Y míralo a él. – En otra de las plataformas apareció Zeus. – Tu verdadero padre. Una deidad que ni siquiera fue capaz de dejarte a su lado. Un Dios tan cruel que no quiso saber nada de su hija e incluso la condenó a la muerte. Él te hiso sufrir, él es el culpable de tu dolor. Él te entregó a un ángel cualquiera porque no soportaba tenerte cerca. Zeus no es un Dios digno de respeto. Si tu padre te odia… ¿por qué no sentir lo mismo por él?

-Yo… - El enojo lentamente invadió aquel esbelto cuerpo. Rufus estaba logrando su cometido con facilidad.

-¿La conoces? – En la tercera plataforma apareció una hermosa mujer con un aura dorada.

-Hera. – El rubio bajó el tono de su voz hasta convertirla en un susurro. Se colocó atrás de la pelinegra para que sus palabras siguieran siendo audibles. Un escalofrío recorrió a la pelinegra.

-Así es. Ella es tu madre. Hera, la Diosa del poder y la riqueza. Otra Deidad que te abandonó. Visitó decenas de veces el cielo en donde vivías sin embargo jamás te dirigió la palabra. Ella no tuvo el valor de enfrentarse a Zeus aunque fueras su hija. ¿Qué clase de madre puede cuidarte sin estar cerca de ti? ¿Qué clase de madre se denomina así cuando no le importa su propia sangre? ¿Qué clase de Deidad puede ser venerable cuando simplemente se sienta en las alturas a contemplar el dolor de su hija? Ninguno de los tres te ama, ninguno de los tres te amó y probablemente jamás lo harán porque desde el día en que naciste estabas condenada a morir. Tu destino era sufrir desde el día en que tus pies desnudos tocaron las nubes.

-¿Por qué? – Lágrimas de impotencia surcaron el hermoso rostro.

-Porque tú tenías que limpiar la sangre que tus antepasados habían derramado. Porque tú tenías que pagar el costo de sus traiciones. A ellos no les importó si tú eras diferente, ellos no te dieron oportunidad de entender lo que realmente eras. Si Vincent te amara te hubiese dicho lo que eras desde un principio. Si Zeus te amara jamás te hubiese apartado de su lado. Si Hera te amara hubiese luchado por tu bienestar. Dime ¿ellos no merecen más tu odio de lo que lo hago yo? – Tifa asintió casi en trance. Sus orbes rojos adquirieron nuevamente ese tono peligroso que únicamente aparecía cuando ella estaba enfurecida.

- Ellos… me dejarían morir. – Una sonrisa malévola apareció en los labios del ojiazul.

-Pero no son los únicos. – En la cuarta plataforma apareció el Dios del Inframundo.

-¿Zack? Pero el me ha ayudado todo éste tiempo. – Rufus no pareció inmutarse por esa afirmación.

-¿Estás segura? Piénsalo bien. Zack Fair es el Dios del infierno pero no ha hecho más que darte algunos consejos, él puede entrar a cada uno de los avernos pero no quiere luchar a tu lado. No le importa si mueres, de hecho eso le supondría un beneficio. Él no te ve como una Diosa, para él simplemente eres un estorbo. Sin el guardián de la enfermedad ni siquiera hubieras salido del tercer infierno. No eres nada para él.

-Yo confiaba en él. – Las palabras comenzaron a salir entre dientes. La morena estaba claramente enojada.

-Ya no puedes confiar en nadie. Sólo en ti misma. – Tifa estaba completamente cegada por una ira injustificada. - ¿A quién más odias, pequeña? ¿Quién más merece ser víctima de tu venganza?

-Aeris Gainsborough. – El hombre sonrió complacido por esa respuesta. En la quinta y última plataforma vacía apareció la ojiverde. Una tierna sonrisa estaba en su rostro sin embargo en ese momento a la hija de Zeus le pareció un gesto burlón que sólo aumento su furia. Quería abalanzarse sobre ellos y matarlos.

-La mujer que decía amarte te arrancó las alas. La mujer a la que amabas te salvó temporalmente de la muerte pero te condenó al infierno. Fue su culpa que perdieras las alas. Fue su culpa que te echaran del cielo. ¿Cómo podría alguien amarte a ti? ¿Cómo podría alguien enamorarse de una simple ficha de ajedrez? Para ella solamente fuiste un juguete. Si alguien ve una flor bonita quiere tocarla y eso hiso ella contigo. Te utilizó para su beneficio. Le gustaste, quiso tenerte y lo consiguió pero cuando se cansó de ti buscó la forma más simple de acabar contigo. Se deshizo de ti como lo haría de un juguete viejo. – Los ojos rubíes se encendieron como no lo habían hecho jamás. El peligro podía sentirse en el aire. - ¿Quieres venganza?

-Sí. – La plataforma en donde ellos se mantenían comenzó a girar a gran velocidad. Pocos segundos después se detuvo dejando a la pelinegra de frente a Vincent. – Quiero que paguen por mi dolor.

-Entonces toma lo que es tuyo. Sacia tu sed de venganza. Deja salir toda la ira que ahora corre por tus venas. No sientas pena ni tengas remordimientos pues a ellos no les importó tu sufrimiento. Toma sus vidas, destrúyelos como ellos te destruyeron a ti. – En ese momento cinco diminutos puentes unieron todas las plataformas para dejar que Tifa se dirigiera hacia la que sería su primera víctima.

Sus pies la llevaron hacia su padre. Vincent no intentó moverse cuando un par de fuertes manos aprisionaron su cuello. La ojirubí lentamente comenzó a hacer presión como lo hiso en el primer infierno sin embargo al verse reflejada en el par de ojos rojos un remolino de recuerdos invadió su mente.

Recordó aquellos tiempos cuando era niña. Por irónico que pareciera le temía a los rayos pues éstos significaban que Zeus estaba realmente molesto. En esos momentos Vincent la abrazaba fuertemente mientras la llevaba junto a la fogata. Le preparaba chocolate caliente y los dos se sentaban simplemente a ver como las llamas consumían la leña. Tifa no tardaba demasiado en volver a dormir.

Recordó también todas las veces en que estuvo enferma por jugar bajo la lluvia. Vincent no se enojaba. Él suspiraba profundamente mientras cuidaba de ella. Siempre le regalaba una sonrisa que la hacía sentir mejor.

Tal vez Vincent no fuera su padre biológico sin embargo ella lo consideraba como tal ya que siempre estuvo a su lado. Fue él quien cuidó de sus primeros pasos. Fue él quien se quedó en vela mientras ella dormía. Eso era un verdadero padre y realmente lo amaba incluso más que si fuese su padre biológico. Nada cambiaría eso. Todos los recuerdos jamás se olvidarían. No importaba lo que había descubierto.

-Si él no me amara no hubiese cuidado de mí. Si él no me amara no hubiese llorado de impotencia mientras me pedía perdón. Si él no me amara no me hubiese pedido que lo matara. – Las manos de Tifa aflojaron el agarre y el hombre desapareció en un instante. La ojirubí regresó a la plataforma central dónde la furia volvió a hacerse presente. Esta vez se dirigió a la plataforma donde se encontraba Hera.

De nueva cuenta sus manos hicieron presión sobre el cuello de la hermosa mujer sin embargo otro remolino de recuerdos llegó a ella al contemplar el par de ojos grises. Hera jamás la había dejado sola.

Muchas veces contempló a la Deidad en su cielo aunque jamás se atrevió a hablar directamente con ella. Ahora entendía el motivo. La pelinegra siempre había creído que Lucrecia era su madre, que había fallecido en el trabajo de parto. Nunca le hubiese creído a la Diosa del poder que ella fuese su hija.

Hera siempre se mantuvo cerca. Incluso recordaba una vez que escuchó a su padre hablar con una mujer. Ambos estaban encerrados en el despacho de Vincent y la pequeña Tifa se limitó a escuchar pegándose a la puerta. La voz de aquella mujer era melodiosa, suave y encantadora. La hija de Zeus lloró mientras corría de regreso a su habitación pues pensaba que aquella persona sería su nueva madre pero su padre le explicó que simplemente era una vieja amiga. Ella confió en él y jamás escuchó de nuevo a aquella mujer.

-Si ella no me amara jamás hubiese bajado de su cielo para preguntar por mí. Para verme. Si ella no me amara no se hubiese guardado su dolor para protegerme a mí. – La ojirubí regresó al centro para la desesperación del rubio quién comenzaba a ver como su plan lentamente se desmoronaba.

La pelinegra ya no necesitó verse en los ojos de alguien más. Su siguiente objetivo fue Zeus. Si bien no tenía muchos recuerdos sentía que él le amaba de una u otra forma.

-Si Zeus no me amara no me hubiese permitido regresar al mundo. Tal vez lo decepcioné la primera vez, tal vez no fui lo que él esperaba sin embargo me dio la oportunidad de regresar a los cielos. También es cierto que me envió al infierno pero no fue sólo a morir. Me envió para destruir al Dios de la guerra. Él quiere el bien del mundo y tal vez confía en mí por ser su hija. Tal vez cree que soy la única capaz de vencerle.

Su voz ya era tranquila. El odio, la ira y la sed de venganza habían desaparecido por completo. Su vista se posó en Zack. El Dios del Inframundo o una réplica de él.

-Si yo no fuera importante para él no me estaría ayudando. No me daría los pequeños consejos que me han ayudado a sobrevivir. Es cierto que sin el guardián del tercer infierno me hubiese rendido fácilmente sin embargo Zack fue lo primero que vi al despertar. Él estaba tomando mi mano y sé que sus ojos reflejaban preocupación. Lo sé porque he visto ese sentimiento una y otra vez a lo largo de mis veinte años de vida.

Luego de sus palabras sólo una plataforma estaba ocupada. Aeris aún conservaba la sonrisa mientras seguía a la heredera del cielo con la vista. Tifa no pudo evitar sonreír cuando miles de recuerdos le llegaron de golpe.

Amaba el día en que se conocieron. Fue un accidente pero fue lo mejor que la pasó en su vida como ángel. Aeris ya tenía diecisiete años mientras ella tenía apenas quince. La castaña llevaba un pequeño cesto de flores. Chocaron y al producirse el impacto se dieron un beso involuntario que les hiso sonrojar. Inclusive la canasta terminó en el suelo al igual que las flores. De ahí se inició una bonita amistad que poco a poco dejó de lado las pláticas sobre los ángeles varones para convertirse en una serie de besos "accidentales" los cuales fueron la puerta hacia el más puro y verdadero amor.

-Si yo no la amara sería incapaz de darme cuenta de la realidad. Si yo no la amara no podría sobrevivir en éste lugar. Si yo no la amara me dejaría llevar por la furia. Si ella no me amara entonces no me hubiese pedido perdón con tanta desesperación. Si no me amara no hubiese intentado salvar mi vida. Si no me amara sus hermosos ojos no se hubieran empañado de lágrimas al verme sufrir. Si ella no me amara tanto como yo la amo… ya no tendría sentido seguir luchando pero ella siempre está conmigo, puedo sentirlo.

La ira ya no se apoderó de la hija de Vincent sino del hombre rubio quien intentó atacar a la bella joven.

-Tú eres quién merece mi odio. Siempre supiste mi historia, siempre me odiaste por eso. Yo no tenía idea, yo no quería un lugar especial en las alturas. Era feliz ayudando a los demás cada que podía, era feliz estando junto a mi padre y mi novia. Eso es lo que más odiabas. Me detestabas porque ella me eligió a mí.

-Eras una simple niña que no podía luchar con sus propias manos. Vincent siempre te protegió. – El ojiazul intentó golpear a la pelinegra. El odio se apoderó de ella por un segundo que fue suficiente para intimidar al hombre. Lentamente él fue retrocediendo hasta quedar al borde de la plataforma. Ya no podía escapar.

-Eres un ser despreciable. Una persona tan vil y miserable que odiarte sería una pérdida de energía. – Rufus ShinRa despareció igual que los otros. Si Tifa hubiese dado un paso más el apuesto ángel hubiera caído al vacío sin embargo las palabras de Zack llegaron a la memoria de la morena. Si quería domar al caballo de la ira primero debía controlar su propia furia. Un relincho resonó tras ella. El caballo de la ira la acarició con el hocico. Tifa respondió al gesto mientras contemplaba la belleza del animal.

Ese infierno le había hecho entender que a veces era bueno detenerse y analizar si odiar realmente valía la pena. Odiar significaba darle demasiada importancia a alguien que no la merecía.


utau-mizuki: Primero que nada, gracias por leer. Me alegra que te guste mi forma de describir los infiernos. Como había dicho antes los infiernos son algo que sale en el momento. Son algo que no tengo demasiado planeado pero que aún así me gusta el resultado hasta ahora. Lo de Bahamut, esa naranja me cuesta la autoestima U_U hasta mi madre se ríe de eso ¬¬ pero bueno espero te haya gustado la actualización.

The Brightness of an Angel:Hola, espero que esté bien. xD Que onda conmigo? ¬¬ Espero que el capítulo no te haya decepcionado, es el que me ha costado más trabajo escribir. Pero bueno por fin salió. Lo de Bahamut, lo dicho. U_U Tenía que aventarle un sandía o algo así xD Sería igual de ridículo con semejante dragón pero bueno... este capítulo no tiene frase. Espero puedas perdonarme. Pronto se la pondré. Gracias por seguir leyendome.


Bien, pues eso es todo. Espero que les haya gustado el capítulo, de ser así dejen RR. Sobre el guardián de la enfermedad... si, volverá a salir. ¿Alguien sabe que personaje de FF es? Ahí se los dejo de tarea.


"En el sendero de la vida siempre existe un gran dolor, el daño no se olvida pero hay que luchar con valor. La ira no puede ganar ante los seres que has de amar."