Capitulo 8

Sentía que la cabeza le iba a estallar, la conversación con Lucian le había dejado abatido. Bueno, si a eso se le podía llamar "conversar". Más bien fue Lucian quien lo había dicho todo: estaba en una edad rebelde y le veía como el enemigo, y más le valía no meterse en su vida.

Le había dolido algunas cosas que le había dicho, muy ciertas como que nunca estaba en casa y no tenía derecho alguno en exigirle nada. Sabía que lo había dicho preso de la rabia y sin saber que…que había dado en el clavo. No tenía derecho a exigirle nada porque nada más nacer le "abandonó".

Pero…había vuelto, renunciando a todo por él. Primero fue el grupo y luego el amor, porque estaba claro que lo suyo con Blaine había terminado.

— ¿Kurt?

La voz de Finn le hizo abrir los ojos. Se encontraba recostado en su cama pensando en cómo hacer que Lucian dejara de actuar como lo estaba haciendo y pudiera sentarse con él a hablar como dos seres civilizados.

—Venga Kurt, ya sabes como éramos tú y yo a su edad—dijo Finn sentándose a su lado en la cama— ¿O no te acuerdas de las peleas que teníamos con mamá?

—Pero no era nada comparado con lo que ha hecho Lucian—murmuró Kurt sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas— ¿Cuándo hemos fumado hierba? ¡Y se atreve a hacerlo en casa! Nos está desafiando, lleva meses así y si mamá o Burt no han podido hacer nada, ¿qué voy a poder hacer yo?

— ¡Pues deja que hable yo con él!—exclamó Finn—Sabes que siempre hemos conectado.

Kurt lo sabía, su hijo siempre había tenido predilección por Finn. Siempre que hacían una visita a casa les decía que les había echado mucho de menos a los dos, pero cuando había algo que le preocupaba era a Finn a quien se lo contaba, y Kurt podía confiar en que le iba a dar el mejor de los consejos.

—Hazlo, por favor—dijo Kurt suspirando.

Finn asintió y tras besarle en la mejilla se levantó y fue en busca de su sobrino. Tras la charla con Kurt se había quedado en el salón viendo la tele mientras que sus padres salían a dar un paseo y comprar algo para la cena.

Entró en el salón y se sentó a su lado en el sofá, tomando el mando y apagando del todo el televisor.

— ¿Tú también me vas a echar la charla?—gruñó Lucian resoplando.

—A mí no me hables en ese tono—dijo Finn con firmeza—Y no pongas los pies sobre la mesa, sabes que a mamá no le gusta.

A pesar de su enfado, Lucian le obedeció y se sentó mejor en el sofá.

—Ahora hablemos—dijo Finn con calma— ¿Qué haces cuando no vas a clase?

—Irme por ahí con mis amigos—contestó Lucian.

— ¿Qué amigos?—preguntó Finn—Porque no creo que Henry y Jason sean de los que falten a clase.

—Esos son unos aburridos—dijo Lucian soltando una carcajada—He hecho nuevos amigos y me lo paso mucho mejor con ellos.

— ¿Haciendo qué?—interrogó Finn.

—Pues…nuestras cosas—murmuró Lucian.

— ¡Vamos Lucian!—exclamó Finn resoplando—Conmigo no te andes con evasivas. Sabes que sea lo que sea me lo puedes contar.

—Es que no hay nada que contar—dijo Lucian poniéndose en pie—He hecho nuevos amigos que no les gusta a papá y a mamá. Fin de la historia.

Salió del salón antes de que Finn le pudiera decir nada más. Se le había hecho tarde, había quedado con Eddie a las ocho y eran más de las siete y media. Echó una carrera a la habitación y recogiendo la chaqueta que había pertenecido a Kurt bajó de nuevo las escaleras.

— ¡Hey! ¿Dónde vas?—llamó Finn yendo tras él.

—He quedado—contestó Lucian sin pararse—Llego tarde.

—De aquí no sales—dijo Finn tomándole con firmeza del brazo—Aún no hemos cenado y sabes que no puedes salir entre semana.

— ¡Ya está bien!—estalló Lucian forcejeando—Tú y Kurt nunca están en casa y no son quien para darme órdenes. Estoy haciendo lo mismo que ustedes a mi edad, divertirme. ¿Es eso tan malo?

—Lo es cuando mientes—dijo Finn tratando de mantener la calma—Y Kurt y yo con quince años montamos un grupo y hemos trabajado muy duro durante estos años para que a ti no te faltase nada.

— ¿De verdad?—preguntó Lucian alzando una ceja, gesto que Finn reconoció como el mismo que Kurt hacía—Yo solo he visto fotos suyas yendo de fiesta, dando un concierto o tú con alguna fan que luego te llevabas a la cama. ¿A eso lo llamas trabajar?

—Detrás había muchas más cosas que no se ven—empezó a explicar Finn con calma—Recuerdo a Kurt quedándose hasta tarde escribiendo una canción, o sin salir del estudio de grabación hasta tenerla lista. A Elliot estudiando a distancia para poder sacarse una carrera y Sebastián igual. ¿Sabías que cuando Kurt cayó enfermo y le tuvieron que operar del apéndice tardó un mes en recuperarse? Lo pasó muy mal, es quien más sacrificios ha hecho y tú eres un desagradecido.

Sus palabras parecieron ablandar a Lucian, quien le miraba sin saber que decirle.

—Llama a tus amigos y diles que quedan más tarde—dijo Finn usando un tono más suave—Vamos, es nuestra primera noche en casa.

—Vale, me quedo pero por ti—murmuró Lucian resoplando.

— ¿Ha pasado algo con Kurt?—preguntó Finn sin entender.

Lucian se encogió de hombros como respuesta y sacando el móvil le mandó un mensaje a Eddie diciéndole que se verían más tarde. Luego se dejó arrastrar a la cocina por Finn y cuando sus padres regresaron les pillaron con la cena ya medio hecha.

—Vaya cambio—murmuró Carole, sorprendida de ver a Lucian ayudando.

—Hemos preparado pasta—explicó Finn sonriendo a su madre—Ya sabes, es lo más fácil y rápido.

Carole asintió sonriendo, sabía que su hijo mayor no era buen cocinero pero se esforzaba por echar una mano cuando más lo necesitaba.

— ¿Y Kurt?—preguntó dándose cuenta que no estaba.

—Arriba, descansando—contestó Finn en voz baja.

—Subiré a decirle que cenamos en unos minutos—dijo Carole saliendo de la cocina.

Echó a andar escaleras arriba y entró en la habitación que compartían sus hijos. Kurt se encontraba sentado en la cama con un álbum de fotos en las manos. Lo reconoció al momento, eran fotos de ellos tres hacía varios años. Quince para ser más exactos, fue un regalo que Finn le hizo y que siempre llevaba consigo. Había empezado a deshacer las maletas y era lo primero que había sacado.

— ¿Estás bien, cariño?—preguntó Carole sentándose a su lado.

Kurt asintió al tiempo que pasaba otra página sonriendo. Era una foto tomada en casa, llevaba a Lucian en brazos y Finn se inclinaba para besarle en la mejilla. Recordaba el día que se la hicieron, nada más salir del hospital tras el nacimiento de su hijo.

—Qué pequeño era—comentó suspirando.

—Y ahora es todo un hombrecito de quince años—murmuró Carole imitándolo— ¿Le has visto? En la cocina, ayudando con la cena.

—Me asomé hace unos minutos, pero no quise…molestar—dijo Kurt en voz baja—Finn le hablaba a Lucian del último concierto que dimos, parecía muy interesado.

"No como cuando yo le hablo"—pensó con dolor— "Debe creer que soy su enemigo, todo lo contrario que Finn".

—La cena estará lista en unos minutos—dijo Carole levantándose—Baja, creo que esta noche será como siempre.

Y así lo fue, o al menos al principio. Finn no paraba de hablar de su última conquista, de cómo le dejó porque se quedó dormido estando en el asiento trasero de su coche. Lucian se reía a carcajadas sin poder evitarlo.

— ¡Estás mayor ya!—exclamó entre risas.

Finn fulminó con la mirada a su sobrino, precisamente eso fue lo que le dijo la chica cuando salió del coche dando un sonoro portazo. Y llevaba mucha razón, ya no aguantaba tanto como antes, que era capaz de dar un concierto y luego irse de fiesta hasta el amanecer. Ya dormiría en el autobús camino de la próxima ciudad donde actuaban, en cambio ahora era terminar un concierto y desear estar ya en la cama, dormido abrazado a la almohada.

— ¿Quieres un trozo de tarta, Kurt?—preguntó Carole, levantándose a por el postre.

Kurt asintió con la cabeza, viendo como Lucian consultaba el móvil y se levantaba de la mesa.

—Guardadme un trozo para mañana—murmuró sin dirigirse a nadie en particular.

— ¿Vas a salir?—preguntó Burt.

—Quedé hace horas con Eddie—explicó Lucian poniéndose la cazadora—No volveré muy tarde.

—Mañana tienes clase—siguió diciendo Burt—Y pronto serán los exámenes finales.

—Lo tengo todo controlado—resopló Lucian—Solo voy a tomar algo, es jueves.

—A las once te quiero en casa—dijo Burt con firmeza.

— ¿A las once?—repitió gritando Lucian—La discoteca está al otro lado del pueblo, no podré estar más de una hora.

—Yo te llevo—intervino Finn para sorpresa de todos—tomo el coche y así te dará tiempo.

—Finn, no hace falta—negó Burt —Lucian se quedará menos entonces.

—Me apetece tomar algo—insistió Finn mirando fijamente a su padrastro.

Burt asintió con la cabeza, Finn se estaba ganando la confianza de Lucian para poder descubrir qué le pasaba para actuar de esa manera.

— ¿Tú no vas, Kurt?—preguntó Carole.

Kurt negó al momento con la cabeza, sabía que sobraba en esa salida nocturna. No había más que ver la mirada que le dirigió su hijo cuando su madre realizó la pregunta.

—Estoy cansado del viaje—murmuró carraspeando—Me voy a la cama.

— ¡Pues hasta mañana!—se despidió Lucian saliendo de la cocina antes de que cambiasen de opinión.

Finn fue tras él y recogió la chaqueta del perchero del vestíbulo, donde tenía su cartera y las llaves del coche. Lucian ya le esperaba apoyado en el mientras le mandaba un mensaje a Eddie para decirle que llegaría en unos minutos, y que le acompañaba uno de sus hermanos.

"Tranquilo, es el enrollado"—contestó al mensaje que Eddie le devolvió.

Entraron en el coche y Finn arrancó. Lucian le dio la dirección de la nueva sala de fiesta que habían abierto en las afueras y Finn se dirigió hacia ella. Por el camino observó de reojo a su sobrino, como había bajado el quitasol y se miraba en el espejo que ahí había mientras se pasaba una barrita de cacao por los labios.

— ¿Desde cuándo te gusta maquillarte?—preguntó sin poder contenerse.

— ¿Y por qué no?—murmuró Lucian encogiéndose de hombros—Kurt también lo hace. ¿Te parece mal?

— ¡No!—exclamó Finn gritando sin querer—Pero… ¿te has visto? Eres clavado a Kurt cuando tenía tu edad.

—No me parezco en nada a Kurt—dijo Lucian con frialdad.

Finn le miró alzando una ceja., ¿y ese tono a qué venía? ¿Tanto le costaba aceptar que se parecía mucho a uno de sus hermanos? ¿Qué había pasado para que estuviera tan enfadado con Kurt?

Siguió conduciendo en silencio hasta que llegaron a la discoteca. Dejó bien aparcado el coche y entró siguiendo a Lucian que parecía saber donde iba. Buscaron sitio en la barra y allí pidió dos copas.

— ¿Dónde está Eddie?—preguntó Lucian al camarero.

El chico de la barra le señaló una parte de la discoteca que quedaba fuera de la vista y Lucian le dio las gracias.

—Ven—dijo volviéndose hacia a Finn.

—Tranquilo, yo me quedo aquí—murmuró Finn negando con la cabeza—Tú ve y divierte con tus amigos. Yo…ya encontraré algo con qué distraerme. Nos vemos en el coche a las once menos cuarto.

Lucian asintió y se perdió entre la gente. Pero Finn no le quitó los ojos de encima y fue tras él con discreción. Al parecer el tal Eddie era uno de los gogos que bailaban subido a una de las cuatro plataformas que había. Al igual que Lucian iba maquillado y bien peinado, vestía una especie de mono de cuero verde y bailaba sensualmente.

Buscó un rincón y desde allí espió a su sobrino. Le vio acercarse a la plataforma y poner una mano en la pierna de Eddie para llamar su atención. Entonces Eddie le tendió su mano y le ayudó a subirse, empezando a bailar los dos al ritmo de la música que sonaba.

Se les quedó observando, pensando que nunca antes había visto bailar así a su sobrino. Y menos tan pegado a un chico.

— ¡Joder!—se le escapó.

Eddie había puesto a Lucian delante y bailaba a su espalda, hasta que Lucian giró la cara y Eddie se apoderó de sus labios, desatando una serie de gritos y silbidos de la gente que los miraba. Ellos ni se inmutaban, siguieron besándose al compás de la música, pasando sus manos por el cuerpo contrario y moviendo uno la pelvis contra las nalgas del otro...