Capítulo 8: Cartas sobre la mesa.
Emma
Entré en casa tirando las llaves sobre la mesa de la entrada con rabia ¿Cómo había podido ser tan sumamente idiota? ¿De verdad creía que tenía alguna posibilidad con ella? Por favor si tiene la vida perfecta con el marido perfecto. ¿A quién pretendía engañar? Ella nunca se desligaría de eso por estar conmigo, con una mujer, y tras lo sucedido en la consulta eso me quedaba todavía más claro que antes.
-¿Qué te pasa mama?-me sobresaltó la voz de Henry.
-Nada hijo no te preocupes ¿Qué haces aún despierto?
-Mama van a ser las nueve, aún es temprano, además la abuela me está poniendo sabanas nuevas y no me deja acostarme todavía-decía con expresión de molestia.
-Ay hijo, cuanta falta nos hace tu padre en esta casa menos mal que la abuela le viene a echar un vistazo de vez en cuando, porque yo soy un desastre.
-Pero papá ahora está cuidando a las demás personas que están en el cielo con el como nos cuidaba a nosotros.
-Sí hijo, seguro que los está cuidando a todos allí en el cielo-dije volviendo a emocionarme de nuevo ante su recuerdo.
-¿Te cuento una cosa que nunca le he dicho a nadie?
-Dime
-Regina, la madre de mi amiga Belle, me gusta mucho porque es tan buena como tú y papa y a veces cuando me mira me recuerda a como me miras. Es como si nos hubieran quitado algo y dar otro.
Sus palabras me dejaron impactado. Que yo recordara ellos sólo habían coincidido un par de veces en todo éste tiempo y en todas había estado yo presente y aunque Regina siempre había sido muy cariñosa con él nunca me percaté de que tuvieran una relación tan estrella como para que mi hijo dijera esas cosas de ella.
-Pero… ¿Cómo sabes todas esas cosas si sólo la has visto un par de veces?
-Mama, ¡Que no te enteras!-me recriminó indignado- Cuando voy por la tarde al parque con la abuela que tú te has tenido que quedar en casa trabajando pues a veces nos hemos encontrado con ella allí. Y se me acerca y me da un beso y me pregunta como estoy aunque las veces que la he visto, estaba muy triste.
-¿Pero eso cuando ha sido?
-Pues hace una semana
Por lo que Henry me decía coincidía con la semana en la que no habíamos tenido consulta y para qué negarlo saber que estaba había estado triste esa semana me alegraba, no porque lo pasara mal, sino porque me hacía ver que ella también le había estado dando vueltas a lo sucedido como lo había hecho yo. En lo que nos había pasado a la hora de despedirnos en aquella sesión, esa tensión que sin motivo aparente se creó entre las dos tras tanto tiempo
de terapia y de amistad. ¿Pero de qué servía? Sí esa tarde habíamos tenido una oportunidad de oro para hablar claramente y había llegado el maridito para impedir cualquier posible conversación y lo que no era una conversación también.
-Me alegra que te guste tanto Regina, la verdad es que es una persona maravillosa.
Tras pasarme de nuevo la noche en vela, cosa que ya empezaba a convertirse en una mala costumbre que acabaría por destrozarme sino le ponía un freno pronto, el día llegó y tras tomarme toda la cafeína posible para no caerme redonda de sueño sobre la mesa de clase salí dispuesto a enfrentar un nuevo día de clases-
Por la tarde cuando me encontraba en casa terminando de prepararme algo de merienda mientras preparaba la clase de mañana, y mi hijo hacía los deberes en su cuarto, recibí la llamada de Killian. Tras hablar un rato por teléfono acordamos que esa noche se pasaría por casa para charlar de forma más tranquila. A pesar del poco tiempo que hacía que nos conocíamos nuestra conexión había sido casi instantánea y hablábamos de todo con mucha
tranquilidad. El también andaba tocado por el mal de amores, pues acababa de terminar había nada con una relación de casi cuatro años, así que viendo su situación yo también me había animado a contarle lo que me estaba pasando y juntos nos dábamos apoyo mutuo.
Puntual como un clavo allí estaba a las nueve y media de la noche. Henry se acababa de dormir y yo terminaba de preparar algo ligero para picar.
-Si siempre eres tan puntual no respetarás la tradición el día que te cases-le dije dándole en un beso e invitándole a pasar.
-No creo que me case en un corto espacio de tiempo la verdad, y menos después de cómo me ha dejado esta última relación.
-También es verdad, pues nada, brindemos por el desamor que nos ha unido-le dije sonriendo mientras le daba su copa y tomaba yo la mía entre las manos para chocarlas y posteriormente, beber un sorbo.
Tras hacer el brindis nos reímos al unísono por lo patético de nuestra situación: El aun soñando con el regreso de ese amor perdido, y yo soñando con el comienzo del amor "Prohibido".
Entre risas escuchamos el sonido del timbre nos miramos extrañados pues yo no estaba esperando a nadie más aquella noche. Así que me dirigí a la puerta con una sonrisa que al abrir y ver quién estaba tras la misma se amplió considerablemente.
-Regina…-dije sorprendida, pero contenta al mismo tiempo.
-Siento presentarme así sin avisar en tu casa pero es que... Necesito hablar contigo.
-Si claro pasa-le dije nerviosa ante lo que venía a decirme y dispuesto a presentarle a Killian, dado que éste último no había parado de oírla nombrar.
Pero su cara cambió de forma radical l ver a Killian sentado en el sillón.
-Hola-saludó-Soy Killian-dijo adelantándose.
Regina
Dicen que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo ve perdido y justo eso sentía yo tras llegar a casa de Emma.
Me había animado a ir por fin a su casa como tantas veces me había pedido que lo hiciera, y esta vez, además, iba para decirle que había dejado de negarme lo que me estaba pasando por dentro del mismo modo que ella se lo había dejado de negar ayer por la mañana en la consulta. Que había dejado de intentar hacerle el boca a boca a unos sentimientos hacía Daniel que ya no estaban ahí y que por mucho que los intentara reanimar no iban a darme señal de que seguían vivos.
Y sin embargo la había encontrado no sólo acompañada sino que a jugar por las copas de vino sobre la mesa y las risas que había podido escuchar provenientes del interior mientras esperaba que abriera me dejaban claro que en aquella estampa yo sobraba.
-Hola, bueno veo que llego en mal momento así que me voy.
Así, sin decir ni una palabra más y cabreada, celosa y llena de rabia salí como alma que lleva el
diablo de aquella casa. Bajaba los escalones de dos en dos y no estaba muy segura de estar viendo con claridad los mismos puesto que en el estado en el que me encontraba no creía que fuera muy capaz de tener precisión. Segundos después empecé a escuchar la voz de Emma llamarme a gritos mientras bajaba las escaleras, pero yo no me detuve que como pedía, estaba demasiada cabrada con toda aquella situación como para atender a razones de ninguna clase.
Yo continúe, haciéndole caso omiso y llegué por fin al portal, el coche estaba aparcado justo en frente así que me metí en él dispuesta a marcharme pero estaba tan sumamente alterada que era incapaz de dar con las llaves para ponerlo en marcha.
-Joder-protesté dando un golpe al volante mientras continuaba intentando localizar las llaves en mi bolso.
Mientras las continuaba buscando sentí como una Emma más que cansada y con la respiración agitada por la carrera que se había metido carreras abajo, tocaba con su mano el cristal de mi coche pidiéndome por favor que le abriera la puerta.
-Regina ábreme por favor, no puedes venir a mi casa e imaginarte lo que quiera que sea que te hayas imaginado y no dejar ni siquiera que te lo explique o más bien que te pregunte por qué has venido y para qué.
-¿Tiene algún sentido que te responda a esas preguntas?-le grité con rabia.
-Por supuesto que lo tiene porque se supone que si vienes a mi casa es para algo ¿No? Y lo mínimo que puedo hacer es ofrecerte un café que seguramente te terminaré derramando encima como la primera vez ¿Te acuerdas?
Al escuchar sus palabras salí del coche si cabe aún más enfada cerrando la puerta y situándome frente a ella en la cera.
-¿De qué va esto? ¿De rememorar? Pues si de eso se trata yo también puedo rememorar que hace menos de veinticuatro horas estabas a punto de besarme en mí consulta. Consiguiendo con ese gesto que toda mi vida se destruyera por completo y me decidiera a hablar con Daniel de todo lo que me estaba pasando-decía fuera de mí mostrando a las claras mi cabreo mientras ella sólo se limitaba a mirarme con interés ante lo que decía-Y cuando vengo aquí para contártelo y decirte que a mí también me está pasando lo mismo, que estaba deseando que me besaras me encuentro con que estás la mar de contenta con ese-dije dejando al descubierto, por si no lo estaba ya toda mi rabia y todos mis celos.
-Pues mira sí, esto va de rememorar así que voy a seguir rememorando. Llevo más de una semana sin ser capaz de cerrar los ojos sin pensar en ti y en todo lo que has significado para mí estos meses que han sido tan duros y de los que pensé que no sería capaz de salir nunca. Y cada vez que cerraba los ojos sólo era capaz de pensar que tenía que sacarte de mí cabeza dejar de soñar con la posibilidad de que alguien como tú: Tan Maravillosa y con su vida hecha se parara para fijarse en una mujer, que le destrozó su coche y la quemó con un café hirviendo.
-Claro, y como pensaste que no me fijaría en ti y que aún después de lo sucedido me quedaría como estaba hasta ese momento fingiendo que nada se había modificado dentro de mí,
pues que mejor que tu amiguito para consolarte ¿No?
-Pues mira no porque la única persona que quiero que me consuele, como dices eres tú-me dijo gritando también.
Y tras sus palabras lo siguiente que recuerdo es que tiró del cinturón de mi pantalón colocándome con ese gesto a dos escasos centímetros la una de la otra. Nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos aún con las respiraciones agitadas por la disputa dialéctica que acabábamos de mantener y está vez fui yo quien no resistió más las ganas de hacer lo que llevaba tiempo deseando por más que me lo negara. Me acerqué a sus labios besándolos por fin de forma apasionada, y a la misma vez con ciertas dosis de rabia que aún tenía dentro de mí por haberla encontrado acompañada. El beso se fue tornando en algo tierno mientras una lágrima nos recorría a ambos el rostro, incapaces de creernos que aquello estuviera realmente sucediendo.
-Si llego a saber que me vas a besar así y no a cruzarme la cara como pensé que ibas a hacer cuando te vi llegar te hubiera hecho enfadar mucho más-me dijo pegado a mis labios mientras yo por primera vez desde que había llegado sonreí de alegría.
No puedo creer que lo haya hecho. Yo, la Regina seria, normal y con todo el autocontrol posible pegando gritos en plena calle y terminando por besar a una mujer.
-Podemos subir a casa y hablar más calmadas que tengo frio-me dijo haciéndome un puchero.
-Y ¿Tu amiguito?-le dije recordándole con cierto sarcasmo que seguía en su casa.
-Por Killian no te preocupes que por la mirada que le echaste no creo que tarde nada en marcharse en cuanto te vea aparecer de nuevo-sonrió y yo hice lo propio al recordar la mirada a la que se refería, aún sin poder creer del todo que yo hubiera actuado de ese modo.
Efectivamente tal y como Emma había supuesto en cuanto Killian nos vio aparecer sonrió de forma cortés y tras intercambiar unas escuetas palabras con Emma, cogió sus cosas y se marchó.
Nosotras sin creernos mucho aun lo que había sucedido en la calle, nos sentamos en el sillón con las manos cogidas y comenzamos a hablar de nuevo, ésta vez eso sí de una manera infinitamente más sosegada.
-Después de lo de la consulta comprendí que nunca sería lo suficiente para ti, que nunca estaría a tu altura o más bien a la altura de tus expectativas. Al fin de cuentas ¿Quién soy yo? Y Killia ha sido un gran paño de lágrimas para mí, y tras lo sucedido necesitaba desahogarme y
hablar con alguien ¿No te parece?
-¿De verdad necesitas preguntarme quién eres? Eres la persona más patosa e histérica que he conocido nunca y despistada-sonrió ante mis palabras-Pero también eres quien que sin pretenderlo ha logrado que no sienta ningún atisbo de duda por romper con mi vida de tantos años, ni sienta miedo de enfrentarme a lo que venga porque venga lo que venga sólo puedo pensar y desear que sea tu lado y al lado de ese niño que desde la primera vez que le vi logró cautivarme plenamente. Tanto como su madre que aunque la primera vez que te vi quise acelerar y darle yo a tu coche también para pagarte con la misma moneda. No sé qué pasó, ni cuando, ni cómo pero algo cambió dentro de mí haciendo que te viera de forma distinta. Y cuando casi nos besamos lo único en lo que he podía pensar desde entonces es en cuando deseaba que lo hicieras en aquel momento y cuanto deseo que lo vuelvas a repetir ahora.
Y sin decirnos ni una sola palabra más nos acercamos con lentitud de una forma mucho más calmada que la vez anterior en la calle y nos fundimos en un beso cargado de ternura y anhelo por lo mucho que llevábamos aún sin darnos cuenta, deseando que llegara éste momento.
Pero también muertas de miedo ante lo que empezaba y que ambas sabíamos muy bien que no sería precisamente un camino fácil pues esto acababa de empezar y aún nos quedaban muchos escollos por sortear. Pero hacerlo juntas nos daba la fuerza y la confianza necesarias
para enfrentarnos a lo que viniera.
