-Es razonable -convino al tomarla en brazos-. Se acabó el tiempo -detuvo la risa de protesta de ella con los labios.

No había nada que pudiera saciar esa ansia. La boca de Emmet se mostró dura y exigente antes de que Rosalie pudiera responder o apartarse. Pero cuando él le aplastó el cuerpo contra el suyo, supo que en esa ocasión Emmet no permitiría lucha alguna. Probó sus labios y en ellos saboreó urgencia. En las líneas firmes y largas de su cuerpo sintió necesidad. En la búsqueda de su lengua no había juegos ni pruebas gentiles, sino una exigencia desesperada de intimidad. «Ahora», parecía decirle. «Ya no hay marcha atrás». Lo que semanas antes había comenzado con un frío encuentro de ojos, iba a alcanzar la culminación. «Sucederá», pensó Rosalie, «porque ninguno de los dos quiere otra respuesta».

Debajo de esa primera vibración de pasión sintió un júbilo sosegado. Lo amaba. Y comprendía que el amor era la aventura final. Apoyó las manos a cada lado de la cara de él y con cuidado separó los labios para mirarlo a los ojos, cálidos por la necesidad que tenía de ella. Rosalie anhelaba un momento, solo un momento para despejar la cabeza, para decirle lo que quería sin experimentar el torrente de pasión que la dominaba. Con suavidad pasó las yemas de los dedos por los huesos largos y fuertes de su cara. Sintió el corazón de Emmet contra el pecho. -Esto -afirmó-, es lo que quiero, lo que elijo. Emmet guardó silencio al contemplarla. Esas simples palabras eran más seductoras que su delicada fragancia estival, que las encendidas palpitaciones. Lo debilitaban, revelándole vulnerabilidades que jamás había imaginado. De pronto sintió que por su cuerpo corría algo más que pasión. Le tomó la mano y la acercó a sus labios.

-Llevo semanas pensando únicamente en ti -dijo-. Solo te he deseado a ti -le acarició el pelo antes de cerrar los dedos en un puño. «Santo Dios, ¿cuándo he sentido esta necesidad?»-. Ven a la cama, Rosalie, no puedo estar sin ti durante más tiempo.

Los ojos de ella irradiaban sosiego al ofrecerle la mano. Sin pronunciar palabra, se dirigieron al dormitorio. La habitación se hallaba en sombras, acentuadas por la leve luz que señala el fin de la noche. Y estaba silenciosa, tanto que Rosalie pudo oír su propia respiración al acelerarse.

«No será gentil», pensó al recordar la sensación de su boca y sus manos sobre ella. «Como amante será igualmente estimulante y aterrador». Oyó un sonido y luego vio la llama de una cerilla al acercarse a una vela. Las sombras danzaron.

A la titilante luz amarilla, la cara de Emmet exhibía una belleza peligrosa. Parecía más próximo a sus antepasados indios que al mundo que ella entendía. Y en ese instante supo por qué la mujer cautiva había luchado contra su captor para luego quedarse a su lado.

-Quiero verte –murmuró Emmet, alargando la mano para acercarla a la luz de la vela. Con sorpresa notó el temblor que la recorrió. Apenas unos momentos antes había parecido tan fuerte y segura-, Estás temblando.

-Lo sé -respiró hondo-. Es una tontería.

-No -sintió un destello de poder, agudo y limpio. Rosalie Cullen no era una mujer que temblara por cualquier hombre. Pero por él, al tiempo que el fuego se le encendía en los ojos, el cuerpo le temblaba. Le echó la cabeza hacia atrás. A la luz cambiante la mirada le brilló con un deseo fiero, casi salvaje-. No -repitió, y luego le aplastó la boca con la suya. Pareció fundirse con él. Emmet pensó que podía sentir cómo los huesos de ella se suavizaban hasta licuarse y quedar completamente moldeada en sus brazos. Por el momento aceptaría la rendición, pero faltaba poco para que tuviera más, mucho más. Con la boca aún ávida sobre la de ella, comenzó a desvestirla. Olvidó la tela frágil y tiró, deteniéndose únicamente para seguir centímetro a centímetro la piel que dejaba al descubierto. Ella le desabrochaba la camisa con dedos trémulos mientras el vestido caía a sus pies.

Con un dedo, Emmet apartó de sus hombros las tiras finas de la combinación. Pero no se la quitó... todavía no. Quería el placer de sentir seda entre los dos. La atormentó, llenándole la cara con besos ardientes mientras ella se afanaba por desnudarlo. Los dedos de Rosalie en su piel le provocaron un gemido que ahogó sobre la garganta de ella.

Luego la tuvo en la cama y solo los separó un tejido liviano. Tuvo que luchar contra la locura y la necesidad de tomarla con celeridad. Los pechos eran pequeños y firmes bajo sus manos. Consumido por ella, la empujó sin piedad hasta la primera cumbre únicamente con las manos y la boca. Tragándose los jadeos de ella, le pegó el cuerpo para que los movimientos frenéticos de Rosalie se rundieran en él. Después descendió con determinación implacable para capturar con la boca un pecho cubierto de seda.

Mientras trataba de respirar, Rosalie se arqueó hacia Emmet. El cuerpo le vibraba debido a cien sensaciones inesperadas. Se hallaba atrapada en un mundo de seda y fuego. Con cada movimiento, el edredón le acariciaba la espalda y las piernas desnudas, susurrando promesas oscuras. Tenía la piel marcada allí donde él la había tocado, como si en los dedos portara la diminuta llama dorada de la vela. A medida que él humedecía con la lengua la seda que le cubría el pezón contraído, sintió que el fuego la penetraba. Como una voz desde la lejanía, lo oyó murmurar su nombre, sin poder entender nada más.

Como si hubiera perdido la paciencia con las barreras, Emmet le bajó la combinación hasta la cintura para poder darse un festín con la piel desnuda. Rosalie lo pegó más a ella, con manos que ya eran tan exigentes como las de él. Aunque su boca anhelaba el sabor deEmmet, el cuerpo se extasió con la carrera desesperada de los labios de él por su piel. En ese momento solo conocía el placer humeante de la pasión desbordada. Las restricciones y las reglas habían desaparecido; únicamente quedaba el abandono que había vislumbrado de forma fugaz en un sueño.

Fue en ese instante cuando se dio cuenta de que había tantas cosas que desconocía, que jamás había sentido. Los descubrimientos se sucedían por segundos. Mientras la boca de él se demoraba justo encima de la línea de seda, experimentó un ansia de una profundidad que nunca había vivido. La imaginación se le desbocó y tuvo pensamientos de él en su interior, llenándola, sueños de un placer tan agudo que le provocaron dolor entre las piernas. En un estado casi febril, le aferró los hombros.

-Tómame -exigió con respiración , tómame ahora.

Pero él no dejo de elevarla cada vez más, como si no hubiera oído su súplica. Bajó la seda de la combinación y con los labios le acarició la piel que acababa de revelar... el estómago palpitante y liso, la suave curva de una cadera, los músculos tensos y arqueados de la parte interior del muslo.

Ella gritó, arrastrada por el río veloz de la pasión. Él era implacable, un amante tan aterrador como Rosalie había temido, tan excitante como había soñado. Ella era todo lo que él quería... una mujer suave, húmeda y fuera de control. Desesperada, exigente, le arañó la piel con las uñas finas y elegantes. Emmet pudo oír los gemidos, las palabras incoherentes que salían de su garganta y lo empujaban aún más hacia la locura. La piel de ella estaba mojada, perlada por la pasión, mientras sus caderas no paraban de empujar su necesidad hacia él. En ese momento era irreflexivamente suya. Y de algún modo supo que nunca nadie la había tomado por completo. Con el deseo de contener el poder un momento más, se incorporó sobre ella. Rosalie lo agarró por las caderas y lo instó a continuar.

A la primera luz del día, la cara de Rosalie era como porcelana. Tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos mientras respiraba con dificultad. Medio enloquecido por la necesidad, Emmet juró que ningún hombre la llegaría a ver como él la veía en ese momento.

-Mírame -exigió con voz áspera por la pasión-, Mírame, Rosalie -ella abrió los ojos vidriosos por el placer, oscuros por la necesidad-. Eres mi mujer -se introdujo dentro de Rosalie y a punto estuvo de perder el control-. Para ti ahora ya no habrá marcha atrás.

-Ni para ti -perdió el enfoque visual cuando comenzaron a moverse juntos.

Emmet luchó por comprender lo que había oído, pero ella empezaba a moverse con más rapidez. Enterró la cara en su pelo y se deslizó hacia la locura. El amanecer irrumpió por el ventanal en una cascada de luz rosa oro. Con la cabeza de Emmet aún apoyada en su cuello, Rosalie la observó jugar sobre la espalda de él. Era como ella misma se sentía. Brillante, exuberante y renovada. Se preguntó si había alguna forma mejor de contemplar el amanecer que con el cuerpo de tu amante encima. En ese momento no sentía necesidad de dormir. Sabía que podía quedarse horas de esa forma, con el sol cada vez más luminoso y el suave sonido de la respiración de él en el oído. Con un suspiro dulce por la satisfacción, le acarició la espalda.

Al sentir su contacto, Emmet alzó la cabeza. Con las caras casi pegadas la miró, permitió que los ojos recorrieran cada una de sus facciones hasta que no tuvo otra cosa en la mente que el rostro de Rosalie, acalorado y tierno por haber hecho el amor. Sin decir una palabra, bajó la boca y la besó con un contacto leve. Con gentileza, casi con reverencia, le besó los párpados, las sienes, las mejillas, hasta que ella sintió un nudo inesperado atenazarle la garganta. Debajo de Emmet, su cuerpo se sentía fluido y libre.

-Pensé que sabía cómo sería -susurró él, volviendo a besarla en los labios-. Debería haber imaginado que contigo nada es como espero -levantó otra vez la cabeza y con la yema de un dedo la acarició debajo de un ojo-. Tendrías que dormir. Ella sonrió y le apartó el pelo de la frente. -Creo que nunca más volveré a dormir. Sé que no quiero perderme otro amanecer. Se puso a su lado y la acercó.

-Te quiero conmigo. Rosalie.

-Estoy contigo -contenta, se arrebujó contra él.

-Quiero que vivas conmigo -corrigió, alzándole la barbilla para poder mirarla a los ojos-Aquí. No me basta con saber que estás en una suite en el otro lado del pasillo -le pasó el dedo pulgar por los labios

- Abajo hablarán, especularán…- Rosalie volvió a apoyar la cabeza sobre su hombro y le acarició el torso.

-Los rumores no se detendrán abajo en cuanto tu nombre quede ligado con el de la hija de Carlisle Cullen.

-No -ella percibió el cambio de tono y supo que si lo miraba, sus ojos serían insondables-. A la prensa la relación le va a resultar interesante, si se tiene en cuenta mi pasado y mi fama... tan opuestos a los tuyos.

-Emmet... -bajó y subió un dedo por su pecho-. ¿Me estás pidiendo que viva contigo o me adviertes de que no lo haga?

El permaneció en silencio largo rato mientras ella seguía jugando sobre su pecho.

-Las dos cosas -respondió al final.

-Comprendo. Bueno... -giró la cabeza para poder mordisquearle el cuello con libertad-. Supongo que tendría que pensármelo -lo sintió temblar al bajar la mano a su estómago-. Deberé sopesar los pros y los contras -continuó, dándole besos en la mandíbula. Se incorporó y acercó la cara a la de él-. Supongo que no podrás repasarlos conmigo, ¿no? -con una sonrisa, lo besó en los labios-. Solo para refrescarme la memoria.

-Por el bien de ayudarte a tomar una decisión inteligente -comenzó, acariciándole la cadera.

-Mmm. ¿Sabías que era la capitana de mi equipo de debate en mi primer año en Smith?

-No -cerró los ojos al sentir que lo mordisqueaba bajo la oreja.

-Dame un tema -continuó, pasándole los dedos por las costillas- y tiempo para... investigar -añadió al jugar en su cuello con los dientes-. Y podré defender ambas posturas del asunto. Ahora bien, tal como yo lo veo... -suspiró de placer al sentir bajo los labios las palpitaciones aceleradas de él-. Vivir contigo acarrea muchos inconvenientes -notó la mano de él entre los muslos. Bajó aún más por su cuerpo, frustrándolo.

- Rosalie...

-No, yo tengo la palabra -le recordó, luego le pasó la lengua por el pecho-. Perdería mi intimidad y bastante sueño -disfrutó al notar su cuerpo tenso mientras se lo exploraba con atrevimiento-. Me arriesgaría a los cotilleos y a la especulación inevitable, tanto de mis nuevos empleados como de la prensa.

Mientras los músculos se contraían y relajaban bajo las manos, bajo los labios curiosos, perdió el hilo de sus pensamientos. «Es como la escultura de mármol del jefe indio», pensó con pereza al sentir que también ella comenzaba a encenderse.

-Sería imposible vivir contigo -concluyó, perdida en un punto intermedio entre su propia iniciativa y la belleza salvaje del cuerpo desnudo de Emmet-. Exigente, irritante y, debido a que me resultas increíblemente atractivo, jamás disfrutaría de un momento de paz mental.

Volvió a subir, dejando que su cuerpo experimentara placer al frotarse de forma sinuosa contra el de Justin en el viaje ascendente. Sonrió con lentitud y seducción al ver que él tenía la vista clavada en su cara. -Después de analizarlo todo, dame un motivo por el que tendría que vivir contigo.

La respiración de él no era firme, pero le resultaba imposible controlarla. La mano que la sujetó por el pelo no se mostró gentil, aunque tampoco pudo frenar eso. -Te deseo.

Rosalie bajó los labios hasta dejarlos a un centímetro de los suyos. -Demuéstralo -exigió.

Al bajar para besarlo, él rodó hasta situarse bruscamente encima. La penetró con rapidez, provocándole un grito que se transformó en jadeos y gemidos al moverse cada vez con más celeridad y empuje. Con codicia ciega la tomó y la tomó, pero el hambre daba la impresión de alimentarse de sí misma, creciendo e inflamándose hasta que las piernas y los brazos de ella se enredaron a su alrededor. Emmet se hallaba empapado de sudor, atrapado en esas extremidades blancas, incapaz de respirar, de liberarse. Y era su nombre el que gritaba una y otra vez en la mente.

El cuerpo parecía temblarle con el sonido, amenazaba con estallar por la desesperada repetición del nombre. Entonces el mundo estalló en fragmentos diminutos. Supo que jamás se desharía de ellos, luego ya no conoció nada, salvo el temblor de alivio de la satisfacción.

Aturdido, se quedó dormido con el cuerpo y la mente pegados a ella.

El teléfono lo despertó cuatro horas más tarde. A su lado. Rosalie se movió, suspiró y farfulló un juramento. Sin soltarla, extendió el otro brazo y alzó el auricular.

-¿Sí? -bajó la vista y vio que ella había abierto los ojos para mirarlo. Le rozó la cabeza con los labios-. ¿Cuándo? -la tensión que experimentó hizo que Rosalie se apoyara en un codo-. ¿Han evacuado? No, yo lo llevaré... iré en unos minutos.

-¿Qué sucede?- Emmet ya se había levantado y dirigido al armario.

-Amenaza de bomba en Las Vegas -sacó lo primero que encontró—, unos vaqueros y un jersey de cachemira.

-¡Oh, Dios! -se puso a buscar la ropa interior-. ¿Cuándo?

-La llamada telefónica anunció que detonaría a las tres y treinta y cinco minutos, hora de Las Vegas, a menos que entreguemos un cuarto de millón de dólares en efectivo. Eso no nos da mucho tiempo -musitó, al ponerse los vaqueros-. Aún están evacuando a la gente.

-No vas a pagar -con furia en los ojos. Rosalie se pasó la combinación por la cabeza.

Emmet la observó en silencio unos momentos, luego sonrió... con tanta frialdad como un cuchillo afilado.

-No voy a pagar.

-Bajaré en cuanto me vista -dijo ella al seguirlo a la otra habitación.

-No hay nada que tú puedas hacer. Las puertas del ascensor ya se abrían cuando ella lo sujetó por el brazo. -Estaré contigo.

Durante un instante las facciones de él se suavizaron.

-Date prisa, entonces -le dijo, besándola antes de entrar en el habitáculo.

En menos de diez minutos, Rosalie atravesó la zona de recepción para entrar en el despacho de él. Emmet alzó la vista a su llegada, pero solo asintió sin dejar de hablar con voz controlada por teléfono. Kate se hallaba junto al escritorio, con los puños cerrados, contraído el rostro habitualmente relajado. -Señorita Cullen-saludó con sequedad, sin apartar la vista de Emmet.

-¿Podría ponerme al corriente, por favor?

CONTINUARÁ….

Este es un capítulo especial…

Lo subo hoy un día después del anterior por no haber subido un capitulo en tanto tiempo

Sé que aquí no se revela nada mas bien es solo un capitulo transitorio a lo que vendrá

Pero necesario ya que ya hablamos de lo que se avecina "la BOMBA".

¿Quién será? Y lo más importante ¿Por qué lo hará?

Bueno lo más significativo creo yo que será el gran paso de su relación

Que dan Emmet y Rosalie

La verdad es que no quedan muchos cap. para que finalice la historia

Pero después de que eso ocurra subiré la historia de Edward Y Bella

Y en ultimo lugar la historia de Alice y Jasper.

Gracias a todas la que me dais suerte para el bachiller

Un beso, nos leemos

*CANDY_OF_RASPBERRY*