Ángela

Error

- ¡Ángela!- gritó Tyson. Al instante me vi rodeada por unos brazos que me apretaban hasta el punto de sentirme ahogada.

- ¡Ty, tío, que me la matas!- Percy se acercó, medio preocupado medio riendo. Tyson me soltó y me sonrió con sus dientes torcidos manchados de mantequilla de cacahuete. Nunca había visto ningún cíclope, pero me los imaginaba más... no sé, menos cariñosos. Tyson era como un niño, un niño MUY grande, pero un niño al fin y al cabo.

- Tienes mala cara- observó Percy. Esa mañana cuando había salido de mi cabaña, aún conmocionada por el extraño sueño y el rasguño en la cara, dí un rodeo alejándome todo lo posible de la zona común de las cabañas para no cruzarme con nadie. Después de lo que había dicho la voz, no tenía valor para mirar a nadie a los ojos. Alguien sufriría... y yo sería su camino hacia algo peor que la muerte. Me sentía como la mierda.

Mientras rodeaba la zona común no recordé que la cabaña de Hades estaba en uno de los extremos que completaban la omega griega que formaban las cabañas. No lo recordé hasta que me topé con una cabaña pintada completamente de negro rodeada por un valla baja que bien podía imitar a las vallas que aíslan los cementerios, por las paredes de la cabaña se apreciaba el relieve de lo que eran unas calaveras y lo que enseguida identifiqué como al can de tres cabezas que guarda las puertas del inframundo, Cerbero. De las ventanas de la cabaña salía una estridente música que no lograba identificar pero que me sonaba vagamente de haberla oído antes.

Highway to the danger zone

Ride into the danger zone

Controlé el impulso de asomarme por la ventana y ver qué estaba haciendo Nico (no quería parecer una acosadora) así que seguí el camino hacia el comedor. Después de desayunar fue cuando me crucé con Percy y Tyson.

- ¿Qué vas a hacer ahora?- preguntó Percy.

- Voy a pasarme por los establos a ver a Pegaso. Luego me iré a las clases de griego con Annabeth.

Percy asintió. Me despedí de ellos y me fui a los establos, no sin antes recibir otro "abracito" de Tyson.

Iba tan distraida que no me fije por donde iba y me choqué de bruces con otro campista.

- Qué torpe- mascullé-. Lo siento.

- No pasa nada. Si por torpeza fuera...

Levanté la vista para ver con quién me había chocado. El chico era alto y tenía el pelo rubio y la tez morena por el sol, su sonrisa me recordaba un poco a la de Thalia y tenía una cicatríz en el labio inferior, pero algo me decía que ese chico no estaba en el Campamento Mestizo. Llevaba puesta una camiseta morada y los musculos bien definidos, entonces me fijé en unas extrañas marcas que parecían quemadas en la piel del antebrazo, era un águila con la inscripción SPQR y doce líneas horizontales debajo. Entonces me volví a fijar en los ojos del chicos y lo reconocí. Tenía los mismo ojos de color azul eléctrico que Thalia y la misma mirada que te decía que no te metieras con él porque saldrías mal parado, tenía ese brilllo que yo tantas veces había visto al mirarme en el espejo.

- Tú eres Jason- dije, contenta. Thalia me había hablado de Jason antes de irse con las cazadoras y me había dicho que eran hermanos por parte de madre, pero que ella era hija de Zeus y él de su forma romana, Júpiter. Me explicó que habían estado mucho tiempo separados por ese motivo y que después habían vuelto a encontrarse cuando Jason perdió la memoria y vino a parar al Campamento Mestizo (Percy fue a parar al Campamento Júpiter de Jason, pero esa historia es muy larga). También me contó que suele venir mucho por aquí porque Piper es su novia.

- Sí- contestó-. Y tu eres Ángela, supongo. Thalia me ha hablado de tí. ¿Cómo lo llevas?

- Lo llevo- suspiré.

- Uf, eso no suena muy bien- dijo con una mueca.

- Dimelo a mí- murmuré.

- Todo se soluciona- contestó con un optimismo envidiable-. Anda vamos a dar una vuelta, eres mi medio hermana y apenas te conozco- me pasó un brazo por los hombros y me estrchó afectuosamente.

Cuando llegamos a los establos me fui derecta a la cuadra de Pegaso con Jason detrás de mí.

- Hola, Á. ¿Quién es este?- preguntó Pegaso cuando me acerqué.

- Es Jason, es como... un medio hermano, es hijo de Júpiter.

- Ah, un romano. Mi señor Zeus me habló de ellos.

- Exacto.

- ¡¿Puedes entenderlo?!- exclamó Jason-. ¿Pero eso no era...? Quiero decir... ¿No era Percy el que...?

- Yo solo entiendo a Pegaso- contesté al ver la confusión de mi hermano-. Zeus lo envió para protegerme y se ha quedado conmigo.

- Ah- musitó-. Un momento... ¿Pegaso? ¿Quieres decir el auténtico?

- El mismo. Impresionante, ¿verdad, chaval?

Asentí como respuesta a la pregunta de Jason y comencé a peinarle la crin a Pegaso. Jason se tumbó en un banco que había y se hizo el silencio exceptuando algunos relinchos más al fondo y el susurro del cepillo. De a ratos Jason me miraba y sonreía sin decir nada, no era un silencio pesado, era más bien agradable, como si no hiciera falta decir nada a pesar de todas las preguntas que tenía yo para él y de todas las cosas que quería saber acerca de ese campamento romano al que iba.

- Oye- dijo al cabo de un rato-, aunque no seamos hermanos en el sentido estricto de la palabra... bueno, que puedes contar conmigo para lo que sea ¿vale? Seguimos siendo familia, además, Thalia no estará siempre aquí y bueno... cuando ella no esté... vamos, que eres mi hermana a fin de cuentas y quiero que estés bien.

Lo miré sin decir nada, no porque me diera igual, sino porque no sabía cómo expresar todo lo que sentía en ese momento. Hasta hacía unos días no tenía a nadie a parte de mi madre (que más que madre era como una compañera de piso) y ahora tenía a personas que se preocupaban por mí y me trataban como a una más. Ahora había encontrado un sitio en el que encajaba a la perfección. Sí, el Campamento Mestizo era mi hogar, igual que me había dicho Percy.

- Gracias, Jason, de verdad- sonreí. Él se acercó y me dio un beso en la mejilla.

- Luego nos vemos, hermanita- dijo-. Voy a ver a Pipes- se alejó, pero entonces se giró y me gritó desde la distancia-: ¡Nos vemos en el ruedo de arena más tarde! ¡Te voy a enseñar a luchar como un centinela romano! ¡Verás que paliza le das a Percy!

Me reí.

Cuando terminé con Pegaso me dirigí hacia el lago de las canoas donde me esperaba Annabeth para mi clase de griego.

- Hola- me saludó cuando me vio. Me preguntó si me encontraba bien después de lo del día anterior y le dije que sí. Claro, lo que preocupaba era lo que había soñado la noche anterior. Empezamos con las clases y enseguida dejé de pensar en cualquier otra cosa. Annabeth me había explicado el primer día que lo de la dislexia se debía a que mi cerebro estaba adaptado para leer griego clásico y que por eso las letras se mezclaban en mi mente, porque mi subconsciente les buscaba un significado en griego que no tenían. También me explico que el THADA (Trastorno Hiperactivo y Déficit de Atención) estaba relacionado con mis reflejos naturales para el combate, en una lucha contra un monstruo era eso lo que me mantendría con vida y lo que mataría a un simple mortal en los dos primeros segundos. Todos en el Campamento Mestizo teníamos alguna de esas dos cosas o las dos. Ni qué decir tiene que la hija de Atenea llevaba razón, por supuesto. Podía leer el griego como si lollevara haciendo toda la vida y lo hablaba con una fluidéz que me sorprendí a mí misma.

- Parece que ya no hacen falta más clases- me dijo cuando terminamos-. A Percy le costó más tiempo, ese chico era un lento (y lo sigue siendo a veces). Tú me recuerdas más a Nico.

Salió.

- Él también aprendió bastante rápido- dijo.

Yo me limité a encogerme de hombros con indiferencia.

- Bueno, tengo buena memoria- dije-. Mejor me voy ya, Jason me dijo que me enseñaría a luchar.

Annabeth parecio preocupada, no sabía si por el hecho de que mi hermano me enseñara a luchar a lo romano (que era un estilo algo... violento no, solo más... ¿bruto? ¿sanguinario? Sí, violento) o por otra cosa. Me levanté y me dispuse a irme cuando...

- Ángela- me dijo-, ¿pasa algo con Nico?

- Nada, ¿por qué?

- Porque parece que os evitáis. Y el otro día juraría que os llevabáis de maravilla. ¿Ha pasado algo?

Claro, pensé, es hija de Atenea: la diosa de la sabiduría, la estrategia y el combate. Atenea era observadora, calculadora.

- Ojalá lo supiera- musité antes de irme, casi corriendo. Me pareció oir a Annabeth llamándome pero no estaba segura así que no paré de correr hasta llegar al ruedo de arena, donde supuse que ya estaría esperándome Jason.

Ya, bueno, ni qué decir tiene que sí que había alguien en el ruedo de arena, pero no era Jason precisamente.

- Mierda- murmuré para mis adentros. Pensé en irme pero estaba segura de que Jason llegaría enseguida y no quería retrasar más el entrenamiento, así que en lugar de dar media vuelta caminé hasta las gradas y me senté a esperar, haciendo caso omiso de los golpes y las estocadas que Nico le propinaba a los dos autómatas con los que entrenaba. Los atacaba y los debilitaba con estocadas perfectas y certeras de su espada de hierro Estigia y apenas daba signos de estar cansado, solo se estaba entreteniendo.

No se dio cuenta de que yo estaba sentada en las gradas detrás de él y yo no hice nada para que se diera cuenta, es más: si se iba sin que se percatara de mi presencia sería toda una victoria. Él derribo el último autómata con una patada y suspiró. Entonces se irguió y juraría que se dio cuenta de mi presencia. ¡Imposible! pensé, no podía saber que yo estaba allí, no había hecho ruido al entrar y no había pronunciado palabra en todo el rato, además: con el ruido que hacía él al luchar era imposible que hubiera escuchado... ¿el qué? ¿mi silencio?

Nico se dio la vuelta y su expresión no cambió ni un ápice al verme. ¡Venga ya! ¡¿Cómo lo sabía?! No le saludé y él tampoco a mí. Algo varió en su expresión, pero fue tan rápido que no pude ver qué había sido.

- Ya me iba- dijo. Yo asentí, impasible, y bajé la vista a mis zapatillas rojas garabateadas con letras de canciones. Me... dolía estar así con él cuando apenas dos días antes nos llevábamos tan bien.

Nico se encaminó hacia las puertas del ruedo de arena, dispuesto a irse. En ese momento entró Jason corriendo.

- ¡Lo siento!- se disculpó, doblandose por la mitad apoyado en sus rodillas, visiblemente agotado- Estaba con Leo y se nos fue la noción del tiempo. ¿Sigues con ganas de entrenar?

Nos miró detenidamente a Nico y a mí, como pensando en algo que yo no alcanzaba a comprender.

- Yo ya me iba- dijo Nico. Se estaba encaminando hacia la puerta cuando Jason lo llamó.

- ¡Espera!- se giró para mirarlo- Tengo una idea. Tengo que enseñar a Ángela a luchar... pero mi estilo es muy romano y no creo que a Jup... digo a Zeus, le haga mucha gracia que su hija aprenda solo ese estilo de lucha.

Ya veía por dónde iban los tiros. No, ni hablar, ¡era mi hermano! No iba ha hacerme pasar por semejante cosa. Ni hablar, me negaba.

- Nico, quédate- dijo como si fuera los mejor del mundo-. Entre los dos nuestra chica saldrá de aquí hecha una guerrera.

- No es mi chica- masculló Nico. A continuación debió de darse cuenta de que lo había dicho en voz alta y bajó la cabeza, avergonzado.

- ¡Muy bien!- exclamó Jason, fingiendo que no había oido nada- Vamos a empezar.

Nico suspiró, resignado, y fue al centro del ruedo. Yo fui detrás de él.

- Ángela, muéstrame primero lo que sabes hacer sin entrenamiento. Nico, tú lucha como siempre, no te dejes ganar. Quiero ver cómo va la cosa- nos dijo Jason desde las gradas.

Saqué mi espada y Nico la suya. Nos miramos sin decir nada, entonces descargué el primer golpe que Nico esquivó con facilidad. No tenía ganas de luchar con él, pero tenía que dejar ver todo lo que podía hacer para que Jason me enseñara partiendo de esa base. Aunque hubiera preferido empezar a luchar con él, por supuesto.

- Vamos- me dijo Nico-, puedes hacerlo mejor, Ángela.

- Así que ahora sí me hablas, ¿eh, di Angelo?- descargué otro golpe que Nico frenó por poco con su espada.

- Solo quiero que lo hagas bien delante de tu hermano.

Por algún motivo ese comentario me enfureció. Quería que lo hiciera bien... pues lo haría bien.

Fruncí el ceño (sí, exactamente igual que la estatua de mi padre) y lo miré dejándole bien claro que estaba acabado (sí, exactamente igual que Thalia) Él pareció darse cuenta de que ahora la pelea iba en serio porque me devolvió la mirada desafiante y esbozó una pequeña sonrisa.

Él descargó su espada con todo su peso y yo la esquivé, haciendo una finta e intentando darle por detrás, pero el se fundió con las sombras y se teletransportó en el último momento. Si la cosa iba a ser así... bien. Durante los siguientes minutos luchamos con uñas y dientes, dando estocadas, rodando para evitar golpes y frenando la espada del otro. Entonces, cuando frené otro golpe de Nico y nuestras espadas entraron en contacto, una onda de electricidad recorrió el filo de la suya hasta el mango haciendo que él tuviera que soltarla para no electrocutarse. Yo aproveché ese momento de su confusión para hacerle caer golpeandole en los pies. Cuando estuvo tumbado de espaldas en el suelo a punto de volver a levantarse, rapidamente me senté a horcajadas encima de él y le inmovilicé poniendole las manos a ambos lados de la cabeza (culpa suya por enseñarme ese movimiento la otra tarde) Él puso los ojos como platos al ver que lo había inmovilizado igual que él me había inmovilizado a mí.

- ¡Increible!- gritó Jason, acercándose al trote- Nico, ¿seguro que no te has dejado ganar?

Yo me levanté y le tendí la mano a Nico, él la aceptó y lo ayudé a levantarse.

- ¿Por qué iba a dejarla ganar?- dijo el susodicho.

Después de eso, entre Nico y Jason me enseñaron varios movimientos, tanto griegos como romanos. Si bien Jason siempre estaba hablando conmigo, el hijo de Hades apenas me dirigió la palabra exceptuando los momentos para explicarme cómo dar un golpe o corregir mi postura.

- Tienes mal los pies- dijo Nico-. Si los pones así te costará más moverte y te tropezarás si tienes que echar a correr- me mostró como ponerlos y yo lo imité-. Y sujetas mal la espada.

- Oye, que yo la sujeto así- dijo Jason, ofendido.

- Sí. Para la lucha romana está bien así, pero Ángela está luchando con una mezcla de ambas partes, griega y romana, y para eso mejor sujatar la espada de otra forma, para que los músculos se tensen menos y sus estocadas sean más rápidas y certeras.

- Como Percy- se dio cuenta Jason. Nico asintió y se acercó a mí para corregirme. Un escalofrío me recorrió la espalda al sentir su cálido aliento en mi cuello. ¡Concéntrate, Ángela! me reprendí.

Una hora más tarde los tres estábamos tan agotados que no nos teníamos en pie. Jason se despidió de nosotros y se fue a las duchas.

- ¡Nos vemos en la cena!- gritó mientras se alejaba. Sonreí, contenta de conocer al fin a mi medio hermano del tanto había oido hablar.

Nico y yo nos quedamos solos. Un silencio incómodo se abrió paso entre nosotros y el ambiente se sentía cargado y tenso. Entonces Nico se levantó y, sin mediar palabra, empezó a caminar hacia las puertas para salir. ¿Por qué tenía que comportarse así? Digo yo que al menos me merecía saber qué había hecho para que me odiara de repente.

- Nico- llamé.

- Ahora no puedo- dijo, indiferente.

- Ni ahora, ni mañana, ni pasado- espeté-. Conmigo nunca puedes hablar. Estoy harta de este juego.

El frenó y se dio la vuelta para mirarme con el rostro impasible.

- ¿Qué he hecho?- pregunté, abatida.

- ¿Qué?

- ¡¿Que qué he hecho, Nico?!- exclamé, indignada esta vez- El otro día eras un chico encantador que me hacía reir y sentirme que al fin encajaba en algún sitio y ahora mira, no me hablas, me evitas y actuas como si no existiera o nunca hubieramos hablado. Y no entiendo en qué momento han cambiado las cosas, Nico. Explícamelo.

- Ahora no es el momento.

- ¡Nunca lo es!

Él se calló unos segundos, entonces suspiró y rió cínicamente.

- ¿Sabes qué pasa?- dijo con una mueca- Que tu y yo en ningún momento hemos sido amigos. Solo pasamos la tarde juntos dando vueltas por ahí y listo. En nigún momento se me ha pasado por la cabeza ser tu amigo.

- ¿Qué?

- ¡Ya me has oido! No quiero saber nada de tí ni de tu vida. ¡Quiero que me dejes en paz de una maldita vez! Solo eres una mestiza más a quien nadie quiere y por eso está aquí. Fuiste un accidente fruto de un pacto roto por Zeus. ¡Ni si quiera tu madre quiso tenerte cerca! ¡Y yo tampoco!

Me quedé muda. Con las lágrimas amenazando con debordarse de mis ojos, más por las duras palabras de Nico hacia el hecho de no debería haber nacido que por todo lo demás que me había dicho. El rostro de Nico se mantenía impasible, pero sus ojos... en sus ojos brillaba el reconocimiento de saber que me había herido. Pero no se disculpó, no abrió la boca ni pareció que fuera a hacerlo.

Tuve ganas de mandarlo a la mierda. Y lo hice.

- Que te den, Nico di Angelo. Que te den por culo.

Salí corriendo antes de que se diera cuenta de que estaba llorando. Por el camino hacia mi cabaña me crucé con Piper que, al verme llorando, me llamó, pero yo no me detuve y seguí corriendo hasta llegar a mi cabaña. Cerré la puerta de un portazo y me derrumbé en la cama con la cara contra la almohada y seguí llorando. Eso era yo, el fruto de un pacto roto que no debería haber nacido, que era un error, un accidente. Ni mi propia madre me quería tener cerca. ¿Pero cuándo me había importado a mí eso? Nunca, ¿entonces por qué lloraba? Ni yo lo sabía. El hecho de que todo eso me lo hubiera espetado Nico a la cara hacía que me pareciese algo peor de lo que era. Me hacía sentir como Percy cuando se descubrió que era hijo de Poseidón y que no debería si quiera existir. Aunque ese pacto ya no valía, el sentimiento estaba ahí, yo había nacido antes de que el juramento se anulara.

Sentí una mano en mi espalda y me esforcé por acallar mis sollozos. Levanté la vista y me encontré con el rostro preocupado de Jason.

- No voy a preguntarte qué ha pasado porque supongo que no voy a entenderlo- dijo-. Pero Piper sí, solo necesito que la dejes entrar en la cabaña.

Miré a mi alrededor, extrañada por sus palabras y me di cuenta de lo que había hecho. Por todos sitios volaban chispas eléctricas y pequeños rayos que hacían de la cabaña una tormenta eléctrica que mataría a cualquiera que entrara en ella. Claro que a Jason no le hacían nada, ni a mí tampoco.

- Lo siento- dije mientras la tormenta se extinguía.

- No pasa nada, es normal. Como una barrera, tu forma de aislarte para que nadie te moleste.

Le hizo un gesto a Piper para que entrara, en cuanto tocó el suelo de la cabaña el pelo se erizó un poco por la electricidad estática que aún estaba en el ambiente, pero no le dió importancia. Jason se despidió de nosotras y se fue, dejandonos solas.

- ¿Qué ha pasado?- preguntó ella sin rodeos. Yo suspiré y le conté todo lo que había pasado con Nico hasta llegar a la discusión de hoy y, con ella, sus palabras de que ni mi madre me quería.

- No lo ha dicho queriendo, Ángela. No conozco mucho a Nico, no tanto como Percy o Annabeth, o Hazel, pero sé que ese que hablaba no era él. Nico no es así.

- Entonces por qué lo ha dicho.

- No lo sé, pero no le des más vueltas, dejalo estar. Solo quedate con esto: Tú no eres ningún error, ¿vale? Aquí todos somos una familia y nos queremos y nos protegemos entre nosotros, y tú formas parte de esta familia, Ángela. Olvida todo lo demás.

- Gracias.

No podía decir que me olvidaría de lo que me había dicho Nico, no podía decir que me olvidaría de que mi madre no me quería. Pero sí podía decir que las palabras de Piper me habían reconfortado bastante.

Ella me volvió a dejar sola para que descansase. Entonces mi buen humor duró lo que duraría un suspiro.

Una familia. Una familia de la que yo formaba parte.

Me acaricié el arañazo de la mejilla y la realidad me golpeó como un martillo.

Alguien sufriría por mi culpa. Iba a tricionar a mi familia.

Bueno, si os digo algo... en mi opinion está un poquito flojo este capitulo, pero es que quería terminarlo ya para empezar con la parte que más me gusta de la historia, la que más me gusta ecribir mejor dicho y no quise alargar más el capitulo y ponerme ya con el otro (el cual espero que os guste tanto como a mí cuando lo pensé) Pero no es solo elsiguiente capítulo lo quemás ilusión me hace escribir, sino toda la historia que sigue desde ahí. Es como decir que a partir de ese capitulo la historia ya toma otro rumbo en el que las cosas cambian un poquito (aunque mejor me callo antes de irme de la lengua) Por cierto, quiero avisar que a partir de ahora la narración de los capitulos cambiará un poco en lo que a orden se refiere. El siguiente le tocaría a Ángela, pero he decidido que mejor lo cuente Nico.

Ah! Y quiero agradeceros a todos los que comentáis la historia y me animáis a que la siga. Y a Mister Walker, cuyos mensajes me hacen reir.

Y oye YASABESQUIENSOY... sé que no vas a leer esto porque eres una vaga y no existe la más remota posibilidad de que llegues hasta este capitulo... Pero si casualmente, Y DIGO CASUALMENTE, llegas a leer esto... Gracias. Por todo.

Bueno, people, nos leemos,

Con cariño,

Yo