Está sonriendo. Tiene una pequeña sonrisa dibujada en sus labios de tono rojizo. Supongo que debe de ser por la cara de susto y miedo que tengo ahora mismo. Intento borrarla, pero no soy capaz. ¿Me va a matar él con sus propias manos, aquí, en su mansión? ¿Me va a amenazar? ¿Se va a reír de mi situación actual? Comienza con un elegante saludo, voz alta y clara.

-Buenas noches, señorita Everdeen.

Silencio. Espero unos cuantos segundos antes de contestar. Aún mirándole a los ojos a través del espejo, le devuelvo el saludo con una voz temblorosa.

-¿Está disfrutando de la fiesta?-pregunta, aún sonriendo.

-Así es.-contesto yo, atreviéndome a dar la vuelta y a mirarle a los ojos de serpiente directamente.-¿A qué viene su visita aquí, en el baño?.-pregunto sin rodeos.

-Oh, con que no quiere charlar, ¿eh? Entiendo, entiendo. El motivo de nuestra reunión en un sitio tan particular como este, señorita Everdeen, es su ¿amigo? Gale Hawthorne, es ese su nombre, ¿verdad?

Yo asiento y me agarro a una de las estructuras de los lavabos, porque me comienzo a marear.

-Bien… ¿se sorprendió usted, señorita Everdeen cuando salió el nombre de su "amigo", en la Cosecha?

¿Cómo diablos se supone que debo contestar a eso? Por supuesto que estaba sorprendida, pero ¿a qué punto quiere llegar Snow con mi respuesta?

-No le dé vueltas a la cabeza, señorita Everdeen; contestaré yo por usted: más que sorprendida estaba furiosa. ¿Puedo saber el motivo?

-Creo que usted amañó La Cosecha para que saliera el nombre de Gale-digo yo, firme y sin miedo.

-¡Oh!-pone cara de sorpresa.-¿En serio cree usted que yo podría hacer algo así?

-Sí, y lo ha hecho.

-Vaya, vaya, vaya… ¿Así que ya sabes lo que te voy a decir, verdad?

Silencio otra vez. Él continúa.

-Sólo quiero decirte que no malgastes tiempo y esfuerzo. Él está acabado. Lo estará desde el momento en el que suene el gong. Ningún acto queda impune y sin consecuencia, señorita Everdeen. Cuanto antes aprenda eso, mejor.-ha cambiado totalmente el gesto de su cara, ahora no es de broma, ahora es serio, amenazador, y por qué no, terrorífico.

A continuación, deja la habitación silenciosamente. En el mismo momento en el que se cierra la puerta, no aguanto más y me tiro al suelo; he empezado a llorar. Estoy mareada, desorientada y aterrorizada. Me pregunto por qué. La verdad es que ya sé desde hace mucho que los Vigilantes de los Juegos van a ir a por Gale, pero oírlo directamente de la boca de Snow, lo hace algo más seguro y oficial. Gale va a morir. Por mi culpa. Por mi estupidez. Se abre la puerta del baño. Es Peeta. Tiene rostro preocupado y tuerce la cara cuando me ve acurrucada en una de las esquinas del baño, llorando. Atranca la puerta para asegurarse de que no entre nadie y se sienta a mi lado.

-¿Qué ha pasado, Katniss?-me pregunta con voz calmada y suave.

Yo, entre sollozos, le empiezo a explicar la visita de Snow. Él me escucha y no me interrumpe ni una sola vez. A mitad de mi relato se levanta y coge una toallita húmeda de las que hay al lado de los lavabos para sonarme los mocos. Mientras continúo, el me acaricia el pelo, suavemente, y al final, consigue tranquilizarme. Acabo apoyando mi cabeza sobre su hombro, y me permito respirar tranquilamente y descansar.

-Katniss…en realidad él no te ha dicho nada que no sepamos ya, ¿verdad?-dice Peeta después de unos minutos, cuando estoy más calmada. Yo niego con la cabeza.-Además, ya tenemos un plan respecto a eso, que es mejor que no tener nada, ¿a que sí?-yo asiento, aunque no muy convencida.-Vamos a salvar a Gale, Katniss. Al menos lo intentaremos. Te vas a sentir peor si te das por vencida desde ya. Estás demasiado centrada en los juegos, Katniss. ¿Sabes lo que vamos a hacer mañana?-yo niego con la cabeza de nuevo.-Mañana tú-me hace cosquillas en la mejilla, y sonrío.-y yo vamos a pasar el día en el Capitolio, viendo todo. ¡Tengo ganas de ver mundo! ¿Qué te parece?-pregunta, muy animado.

-Oh, Peeta…no…no sé. No es el mejor momento, ¿sabes?

-Exactamente por eso, porque este es un momento terrible. Necesitamos salir de aquí, respirar aire fresco y olvidarnos tan sólo por unas horas de Los Juegos. Lo peor aún no ha empezado, Katniss. Esto es sólo la promoción, los Juegos serán muchísimo peor. Estaremos 24 horas al día encerrados en una sala viendo cómo asesinan gente. Pero…aún queda tiempo antes de eso…-añade, al ver mi cara de preocupación.-Así que, señorita Everdeen, mañana tienes una cita. A las 17:00 en el salón, ¿de acuerdo?

-Pero Peeta…

-¡No hay peros que valgan, señorita Everdeen! Ahora levanta, un vestido tan bonito por los suelos…-exclama, hablando con el acento del Capitolio, imitando a Effie. Él se levanta y me coge las dos manos y me ayuda a levantarme.-Mañana. Cinco de la tarde. Salón principal. Tú, yo, y un Capitolio entero por descubrir.

Abro la boca para repetirle que no me apetece salir, pero el pone dos dedos en mis labios para impedirlo. A continuación me da la mano y los dos salimos del baño. La fiesta acaba unos cuarenta minutos después, y mientras volvemos al centro, Haymitch nos felicita por nuestra actuación. Ya tenemos cuatro patrocinadores como mínimo.

Cuando llegamos al centro, Gale y Emily ya han ido a sus dormitorios. Me gustaría ver a Gale, pero él ya debe de estar durmiendo. Nos damos las buenas noches y cada uno va a su habitación, excepto Haymitch, que se queda tomando una bebida en el mini-bar. Mis sueños son confusos esta noche. Las imágenes de Snow confirmando la futura muerte de Gale, Peeta acariciándome el pelo, Cinna marchándose con los agentes de paz y las de la señora de ochenta años que parece de veinte se mezclan en mi cabeza. Me levanto algo mareada. Debe de ser temprano, porque cuando bajo a la cocina no hay nadie desayunando. Nadie excepto…

-Cinna.-susurro yo. Mi estilista está tumbado en el sofá circular negro, donde vimos La Cosecha. Parece otra persona, tiene magulladuras y moratones por todas partes. Le han quitado todo el maquillaje tan suave que suele llevar, así como los pendientes que le hacían tan característico. Tiene la ropa rasgada, pero respira. Está durmiendo, su tórax sube y baja de forma rítmica y pausada. Sé que estará agotado, pero no dudo en despertarlo.

-Cinna, Cinna, despierta.-digo yo, zarandeándolo levemente.

Finalmente el abre sus ojos un poco, y al ver que soy yo la que intenta despertarle se incorpora bruscamente y me abraza.

-Cinna…-susurro yo de nuevo, aferrándome a su abrazo.-¿Qué diablos ha pasado?

Él me lo explica todo, su voz suena débil, pero es tranquilizadora, como siempre. Cinna debería estar muerto ahora mismo. Se ha salvado de milagro. Cuando se lo llevaron, lo interrogaron en una pequeña sala durante horas, en la cual le agredieron físicamente, aunque no me da demasiados detalles sobre ello, sin embargo, viendo el estado de su cuerpo, los agentes de paz debieron de ser bastante duros con él. Después del interrogatorio, que no fue muy sustancioso para Los agentes, lo llevaron a una pequeña sala, donde debería esperar a que le vinieran a buscar para ejecutar su sentencia de muerte. Cuando fueron a buscarle, no se trataba de los agentes de paz que lo interrogaron, si no de un par de agentes de paz más jóvenes, recién incorporados a la asociación. Le dijeron que sabían que era inocente, y que su ejecución sería injusta. Le dirían a Snow que lo habían ejecutado y que se habían deshecho del cadáver. Cinna no podría vivir más en el Capitolio, y obviamente no podría seguir ejerciendo como estilista. Los Agentes jóvenes le ayudaron a llegar hasta aquí, y ahora está aquí mismo conmigo. No me da demasiados detalles porque está cansado, sólo me cuenta lo necesario. Yo le dejo dormir, y le dio lo feliz que estoy porque vuelva a estar aquí. Lo acompaño a uno de los dormitorios libres, para que pueda dormir en una cama y ahí lo dejo, tranquilo.

Hoy es un día libre para los tributos. Mañana empezarán las sesiones de entrenamiento. Desayuno con Gale, en su cuarto, no hemos podido hablar mucho en los últimos días. Sorprendentemente, él está bastante animado, pasamos un buen rato juntos.

Por la tarde, mientras yo esté en mi cita con Peeta, los tributos tendrán que visitar el centro de entrenamiento y escuchar las reglas para que todo salga bien mañana. Eso durará unas dos horas.

Todo el equipo come junto, y la noticia del regreso de Cinna es muy bien recibida. Estamos todos bastante contentos, incluso Effie, que desde nuestro pequeño interrogatorio no estaba muy habladora, hoy nos cuenta nuestros próximos horarios.

Las cinco de la tarde llegan antes de lo esperado. Cinna, que ya está algo recuperado me ayuda con el vestuario. Elegimos un vestido simple, con volantes, y de color rosa palo con adornos de color crema pálido. Lo conjuntamos con unos zapatos con algo de tacón del mismo color del