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Disclaimer: Ningún personaje de Twilight me pertenece, todos son propiedad de Stephenie Meyer.

.Corazón al desnudo.

Capitulo siete: Just love.

Emmett pov's.

El reloj comenzó a sonar a las siete de la mañana, haciendo que diera un bote en la cama. Oh dios, hora de ir al instituto. No me gustaba estudiar, por muchos motivos; lo mío son los deportes, amo la sensación de adrenalina que recorre mis venas cuando anoto un touchdown y la multitud enardece. No tiene comparación. También odio por existen las matemáticas, ¿a quien pueden gustarle las matemáticas? Ahhh y la física, también, esas dos asignaturas son increíblemente aburridas y tediosas.

Pero, el principal motivo por el que no me gusta el instituto, es me hace estar ocho horas sin ver a mi princesa, ¿Qué hombre podría soportar semejante tiempo teniendo a una mujer como Rosalie que te espere al llegar a casa?

Después de cinco minutos murmurando el nombre de ella, dándome vueltas en la cama y maldiciendo al inventor del reloj, decidí ir a darle una visita vespertina Rosalie. A nadie le hace mal un poco de acción matutina, después de todo, hoy tendría entrenamiento de rugby hasta las seis y me sería imposible estar diez horas sin tocar su cuerpo, sin besarla, acariciarla…

No me moleste en llamar a su puerta, entre sigilosamente intentando no meter ruido para sorprenderla.

Me quede un momento observándola, embobado: El cabello rubio platinado caía como una cascada sobre la almohada, y los rayos del sol se reflejaban en el. Respiraba lenta y armoniosamente, sus labios sonrosados estaban entreabiertos, y su piel estaba cubierta por una fina capa de sudor.

Me excite de solo verla tan inocente, a mi total merced.

Me incline sobre ella y bese sus labios lentamente. Estaban fríos. Me aleje inconscientemente; Algo no estaba bien, ella siempre respondía mis besos, especialmente cuando la despertaba.

Y entonces, me di cuenta que algo iba mal. En realidad, todo iba mal.

Estaba mas pálida de costumbre, fría como el mármol, sudaba de pies a cabeza y casi no respiraba. Mis ojos se abrieron desmesuradamente, Dios que no sea demasiado tarde.

La tome entre mis brazos, y la envolví en su bata de seda rosa ya que solo dormía con ropa interior. Rosalie era muy liviana, a si que la tome por las rodillas y su cabeza descansaba en mi pecho.

-Rose, por favor, no me hagas esto… No…- Susurraba en su oído mientras corría hasta la habitación de Jasper.

Abrí la puerta de una patada sobresaltando a Jasper que cayo al suelo del susto.

-Jazz, ayúdame… por favor…- Rogué apuntando con la cabeza a Rose. El no dijo nada, se calzo unos vaqueros, cogió las zapatillas y camisa en mano comenzó a gritar el nombre de todos en la casa, golpeando las puertas a medida que corríamos hasta la salida.

Llegue a la cochera corriendo a todo lo que mis piernas daban. Carlisle ya había calentado el motor de mi jeep y me esperaba en el asiento trasero junto a Esme, que tenia mi ropa de deporte en la mano. Jasper aseguro que el y Alice se irían en el descapotable amarillo en cuanto Alice terminara de vestirse y juntara ropa para Rosalie, seguramente tendría que quedarse otra vez toda una semana en el hospital.

Maneje lo mas rápido que pude hasta el hospital; Me desvié del camino, tome una curva, cruce un estéreo y me sale un montón de reglas acerca del transito y la seguridad al volante, pero a cada segundo que miraba a Rosalie me parecía cada vez mas pálida y mas…muerta.

Victoria, la enfermera, bajo a atendernos subiendo a Rose en una camilla a urgencias. Carlisle subió rápidamente las escaleras y nos dejo en el despacho mientras se ponía la bata con su nombre escrito en ella y salía por la puerta a toda marcha.

Una vez estuvimos solo, Esme me miro tiernamente y me abrazo.

No pude aguantar. Las lágrimas descendieron por mis mejillas de mis ojos sin vida, no podía seguir aguantando esto ¿Qué haría si un día despertaba y Rosalie estaba muerta? ¿Qué le pasaría a mi vida? ¡Ella era mi vida! ¡Desde el momento en el que me salvo de ser atacado por un oso se convirtió en la estrella brillante que daba luz a mi vida! ¡No podía morir…! ¡No ahora…!.

Rosalie y yo nos conocimos hace dos años, cuando teníamos dieciséis. Yo había ido de excursión a los alrededores de su casa en busca de un poco de aire libre. Me encontré con un oso, que me ataco clavándome sus uñas en el estomago. Use la típica técnica de "hacerme el muerto" y el oso huyó al sentir el sonido de una pistola de aire. Aún recuerdo lo que sentí cuando la vi, se que me estaba muriendo desangrado y estaba casi sin conocimiento, pero cuando Rosalie Hale se acerco hacía mi y apoyo mi cabeza en sus piernas, lo supe. Ella era la mujer de mi vida. Todo lo que había buscado estaba frente a mí y acababa de salvarme. Era simplemente perfecta.

Estar con Rose me significo muchos problemas; Jasper, su hermano, era muy posesivo con ella y no dejaba que nadie se le acercara. Edward apoyaba a Jasper siempre y no me dejaba a solas con Rose. Pero no me importó. Seguí adelante, todo con tal de estar con ella. A los meses de conocerla, mis padres murieron en un accidente de tráfico y el estado me iba a mandar a un hogar de menores hasta que cumpliera la mayoría de edad. Pero Carlisle y Esme, los únicos que parecían quererme en la familia, intervinieron, consiguiendo quedarse con mi tutela.

Las primeras semanas no fueron fáciles; Había continuas peleas por el uso del baño, tuve que cambiarme de instituto, viajábamos constantemente por las giras de Edward y Alice me trataba como a un modelo. Pero con el tiempo nos acostumbramos, y aprendimos a convivir juntos.

Hasta que lo descubrí. El secreto que Rosalie había intentado ocultarme con visitas secretas al hospital a medianoche, y muchos medicamente.

¿Y saben que? No me importo que Rosalie estuviera enferma. Me había enamorado, y eso era algo que ni si quiera la muerte podría cambiar.

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Jasper pov's.

Rosalie ha tenido otro ataque. Esta vez cuando ninguno de nosotros estaba, a si que nadie pudo ayudarla. Carlisle ha dicho que fue increíblemente peligroso, que pudo haber muerto. Mi corazón se encoge de solo pensar que mi hermana pudiera ahora estar muerta, sin pulso, mirando hacia la nada.

Debo aceptar que Emmett consigue sorprenderme cada día más; Cuando supo de la enfermedad de Rosalie, creí que al igual que James huiría nada mas escuchar la palabra "ataque". Pero no lo hizo. Lo soporto, la cuido, y fue mis ojos y manos cuando yo no estaba. Creo que realmente la ama, la ama de verdad.

Estamos en la sala de espera de emergencia. Alice tiene apoyada su cabeza en mis piernas mientras yo le acaricio el cabello. Carlisle a mandando a Emmett a su oficina, ya que la ultima vez que estuvo en urgencias rompió una silla de lo nervioso que estaba. Y mando a Esme para que estuviera con el, (Y para que no rompiera nada de su oficina).

Alice no deja de llorar. Dice que ha tenido una visión sobre Rosalie convulsionando al amanecer, y que por no haberlo dicho Rose casi se muere.

-No digas estupideces Alice, eso no es verdad- Susurre enredando mis dedos en sus cabellos. –Lo es Jazz, tu sabes que lo es- me responde ella, levantando la cabeza.

Me queda mirando con sus ojos negros gritándome tantas cosas y diciéndome nada. Me inclino, a besarla como hago cada vez que la veo llorando. Pero ella niega y vuelve a apoyar su cabeza en mis piernas.

Desde ayer que Alice esta extraña. Se rehúsa a besarme, y anoche, cuando fui a su pieza, me hecho diciendo que "le dolía la cabeza" (típica excusa femenina para no tener sexo, dice Emmett) pero no creo que el sexo sea el problema. Todo comenzó cuando Carlisle dijo el nombre de Isabella Swan, y se comporto extrañamente, como cada vez que tienen visiones. Ella vino al hospital, pero no se exactamente a que, y luego volvió a casa sin decir palabra.

Es extraño. Alice adora hablar.

-Voy a ir con Edward- Dijo, poniéndose de pie y arreglando su falda plisada- ¿Me acompañas?-

Asentí sin mucho animo y caminamos hasta la habitación 208, donde Carlisle nos había dicho estaba Bella, la chica que antes había estado en coma y luego había despertado.

Alice caminaba a mi lado mirando hacía el frente. No me miro ni una sola vez en el trayecto y aquello hizo que me sintiera terriblemente mal.

Entramos a una sala totalmente blanca, y adornada con muchas rosas rojas y amarillas. En el centro había una camilla con una muchacha de cabello castaño sobre ella. La chica volteo a mirarnos y sus labios parecieron curvarse en una sonrisa, pero tosió levemente y asintió invitándonos a pasar.

Edward estaba sentado en silla negra, leyendo un libro titulado "Brida" por Paulo Coelho.

-Jasper, Alice- Dijo, saludándonos- Ella es Bella. Bella, ellos son mis hermanos-

La chica nos sonrió tímidamente y su mirada se quedo posada en Alice. Me gire para verla; Esta resplandeciente. Sonreía abiertamente y sus ojos brillaban ¿Qué rayos le pasaban?

Alice camino dando saltitos hasta la cama de Bella y empezaron a conversar despacio, acerca de muchísimas cosas que no logre entender.

Edward me tocó el hombro y me indico que nos sentáramos en un par de sillas, cercanas a la ventana y lo más lejos de las chicas.

Me quedo mirando un momento y pude ver en sus ojos verdes que quería contarme algo, algo importante al parecer.

Coloque los ojos en blanco y dije:

-Vamos, escúpelo-

El pareció dudar un momento, pero luego sonrió y me miro a los ojos- Nunca me había pasado esto antes…Yo… ¡Ella no me conoce!... Jamás pensé que se sentiría tan bien no ser conocido-

Sonreí cabizbajo- Supongo que eso es bueno ¿no? Pero ten cuidado Edward, ella recién esta despertando-

El asintió y luego se quedo mirándome- ¿Sucede algo, Jazz?-

Yo tenía mi vista fija en Alice- Es ella Edward… Alice ya no me quiere-

Edward se quedó mirándome un momento, luego observó a Alice, y se largó a reír.

-Dios, Jazz. Alice no te quiere. Te adora, eres todo para ella- Dijo dándome unas palmadas en el rostro. Camino hasta la camilla y miro a Alice seriamente- Bella debe descansar Alice, y contigo hablándole todo el rato del nuevo desfile de Chanel eso no va a ser posible-

Alice le hizo una morisqueta, sonrió a Bella y luego murmuro por lo bajo- Y con Edward queriendo besarla tampoco-

Sonrió y salió de la habitación tomándome de la mano. Le sonreí a Bella y salí corriendo tras ella.

Mientras caminábamos por el pasillo, pudimos escuchar a Edward gritando:

-Te he oído Alice Cullen. ¡No hay mas asientos en primera fila para los desfiles, señorita!-

Alice paro en seco y me miro con los ojos abiertos como platos.

Le sonreí y abrace fuertemente- No te preocupes, yo conseguiré esas entradas para los desfiles-

Ella sonrió y dejo descansar su cabeza en mi hombro- Se que he estado extraña estos días. Ayer tuve una visión de Bella siendo casi matada, y me asuste. Vine al hospital a visitar a Lauren, un chico que dice también tener visiones. El dijo que todos los pacientes de psiquiatría han tenido visiones con ella y que creen que va a pasarle algo. Pero ahora que la e conocido ya no tengo miedo, es una muy buena chica y hare todo lo que este a mi alcance para que nada malo le pase, además, ¿has visto como la mira Edward?-

Reí por lo bajo- Si, lo he visto, esperemos que ella le haga bien-

Alice se separo de mí y me miro con los ojos brillosos.

-Te amo Jazz, nunca lo olvides-

Y me besó.


- Supongo que ya no crees que Bella este muerta- Dijo Jake ácidamente, mirando a Leah a los ojos.

Ella sonrió siniestramente- Eso no cambia nada Jake. Bella no te quiere ¿o aún no te haz dado cuenta que Edward Cullen esta tras ella?-

-No se conocen-

-No tienen por que hacerlo. Simplemente tienen que sentirlo, como lo que yo siento por ti. Si aún no se gustan, van a hacerlo mas tarde. Y Bella ya no va a necesitarte-

Jake apretó sus puños sobre sus jeans, y se levanto del asiento, con los ojos inyectados en rabia.

-Que te den Leah…- Musito antes de entrar a la habitación de Bella.

-Hola Jake- Saludo ella cuando le vio entrar por la puerta.

Jake camino hasta ella, y sin decir nada la tomó por la nuca y junto sus labios bruscamente. Primero lento y despacio, luego hambriento y desesperado. Apego sus rostros aun mas impidiendo que ella se rehusara, obligándola a quedarse junto a el. Y es que Ohh Dios, se sentía tan bien besarla. La espera había valido la pena solo por aquel beso.

En aquel momento, Edward Cullen entró por la puerta con su libro de canciones bajo el brazo.

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