Lovino era consciente de haber tomado su buen montón de decisiones aceleradas y estúpidas en la vida.
Estuvo aquella vez, con ocho años, cuando Feli le dijo que se le había quedado un trozo de goma atascado en la nariz y Lovino creyó que la mejor solución era tratar de quitarlo con un palo. Feli acabó en urgencias y él castigado por un mes. Y con la paliza del año a manos de papá.
O aquella otra vez cuando con trece años había tratado de manipular con su Control a uno de sus tutores para que no le castigara, pero lo único que consiguió fue que entrase en un estado catatónico. Cambiaron de tutor y Feli estuvo llorando una semana.
También estaba esa mítica ocasión en la que, con quince años, había acabado besando al nuevo friegaplatos de la Villa. Terminó siendo descubierto por papá, que justo estaba en casa esa semana, y sintió su odio, asco y desprecio como una avalancha. Y luego recibió una paliza, porque así era el método didáctico preferido de papi.
Con dieciocho decidió emborracharse antes de acudir al funeral de papá. Acabó vomitando sobre su tumba abierta delante de toda la familia. Nunca llegó a arrepentirse. Su abuelo le desheredó oficialmente.
Con diecinueve dejó atrás la Villa, a su abuelo y a su hermano. Accedió a llevar una pulsera el resto de su vida como un puto perro. Empezó su nueva vida y descubrió que era una mierda.
Y luego, a los veintidós, dejó pasar a un puto pirado en a su piso de mierda, decidió irse con dicho puto pirado que además era un Creante fugitivo, y permitió que el mencionado puto pirado Creante fugitivo le quitase la pulsera que había accedido a llevar de por vida.
Y ahora estaba en un Club ilegal repleto de mercenarios, regentado por un albino loco vestido de traje que la parecer era amigo del pirado anterior.
Y si había algo que Lovino había aprendido de sus muchas decisiones precipitadas y estúpidas era que tenían consecuencias. Siempre.
Así que ahora tenía la misma sensación que debía de experimentar un condenado a muerte el día de su sentencia.
-Anima esa cara, cielo. Sea lo que sea lo que creas que te ha pasado, podría ser peor.- Dijo Elizabeta, su segunda mercenaria del día (¿cómo era esto su vida?), cortando el rumbo de sus pensamientos.- Siempre podría ser peor, así que ajo y agua.- De un trago se bebió su chupito y gesticuló para que el italiano hiciera lo mismo.- Esa es mi filosofía. Lección número uno.
Con una mueca, Lovino la imitó, vaciando su vaso y tosiendo ligeramente ante la quemazón en la garganta. Ni siquiera estaba seguro de qué clase de alcohol estaba bebiendo. No lo más sabio del mundo, pero llevaba toda una noche de decisiones nada sabias, así que ¿qué mas daba una más?
Al menos, por lo que percibía con su Control, Elizabeta no sentía ningún tipo de fuerte emoción negativa por él. Tal vez irritación, pero iba más dirigida hacia Gilbert. Y un cierto cinismo, pero parecía una emoción general, no provocada por la presencia de Lovino.
-¿Y lección numero dos?- Raspó, con tono resignado.
La mercenaria le dedicó una mirada ladeada y sirvió otra ronda de chupitos.
-El alcohol ayuda.- Respondió, chocando su vaso con el del italiano. Los dos bebieron de un trago.- Bueno, cielo, ahora que hemos bebido juntos y somos prácticamente mejores amigos, ¿me vas a contar cómo has acabado en compañía del "Jefe"?
Lovino dejó escapar un bufido cargado de humor negro.
-Se coló en mi casa.
La mercenaria le dirigió una mirada sorprendida.
-¿Y te dejó vivir?
-Dijo que estaba siendo discreto. Y al parecer le caigo bien a XXI.- Elizabeta asintió como si eso tuviera algún puto sentido.
-Tienes suerte. Si XXI quiere matarte no hay mucho que hacer.
-Pensaba que el sanguinario era el otro.- Comentó Lovino, repasando los fragmentos de conversación que había captado.
-Bueno, sí, por lo que tengo entendido XVI es el más… estratégico. Pero eso no quita que sea un pirado loco por la sangre. Y te aseguro que XXI comparte las mismas características, pero lo lleva más alegremente. Le gusta hacer que las cosas exploten.- Se encogió de hombros y sirvió otro chupito.- No puedes separar la sed de sangre, va unida en los tres, es la locura que trae el poder de los Creantes.
-Huh.- Lovino jugueteó con uno de los agujeros de su camiseta. La verdad es que intentaba pensar lo menos posible en los Creantes y su condena a la demencia. Especialmente desde que al parecer frecuentaba la compañía de uno.- ¿Y tú eres…?- Preguntó entonces, tratando de distraerse, mirando a la mercenaria con curiosidad.
Elizabeta alzó las cejas.
-¿Yo? Desde luego un Creante no soy.- Declaró con un resoplido.- Controladora de tierra, pero mi poder es tan mínimo que apenas podría hacer temblar una roca.
El italiano la miró sorprendido.
-¿Entonces no eres una Ilegal? ¿Y qué hostias haces aquí?- Borboteó sin poder contenerse.
La mercenaria le dedicó una expresión que indicaba de forma muy clara lo estúpida que le parecía la pregunta.
-Matar gente por dinero, cielo.- Explicó con tono divertido.
-P-pero.- Balbuceó Lovino.- Quiero decir, podrías tener una vida normal, ¿no? No tienes que esconderte, eres controladora elemental y…
-Encanto.- Cortó la mujer morena.- A ninguno de los aquí presentes les ha funcionado bien lo de esa "vida normal". La vida es la vida, y suele ser una hija de puta que te escupe y machaca si no atacas tú primero. Aquí no vas a encontrar víctimas, cielo, solo verdugos por elección propia.- Le cogió de la mano, apretándola con firmeza.- Es esa vieja historia de ser oveja o lobo, y, por lo que veo, tú ya has hecho tu elección. La vida del rebaño tampoco funcionó para ti.
El italiano se encontró asintiendo lentamente, pese a que una parte de su mente estaba gritando histéricamente.
-Sí, supongo que la he hecho.- Murmuró.
La mercenaria le soltó la mano y le dio un par de vigorosas palmadas en el hombro.
-Esa es la actitud, encanto, sé dueño de tus decisiones y de tus cagadas porque la gente te culpará de ellas igual. De todas formas, si quieres saber más sobre este sitio y sobre Toni deberías hablar con Gil.
-¿El albino pirado del traje?
Elizabeta soltó un resoplido que ocultaba una risa.
-El mismo.- Hizo un gesto resignado con las manos, sacudiendo la cabeza.- Conoce al "Jefe" desde hace años y sigue vivo. Eso tiene que contar. Y no tiene ninguna clase de poder.
-¿Qué? ¿Me estás diciendo que es un humano normal?- Exclamó el italiano sin poder contener su asombro.
-Normal es una palabra que nadie usaría para describir a Gilbert. Pero sí, no tiene ningún Control, ni es un Creante.
-Hay que joderse.- Murmuró Lovino.
Toda una vida resintiendo y culpando a su Control ilegal por arruinarle la existencia para luego encontrarse rodeado de gente que voluntariamente desdeñaba su normalidad.
Siempre había creído que ser normal era lo que quería, y que no serlo era lo que le arrastraba. Pero echando la vista atrás a los últimos tres años, en los que había experimentado la vida que la sociedad le tenía preparada, podía afirmar que era lo puto peor. La normalidad se convertía en una rutina agobiante y depresiva, que pintaba su día a día con una mácula gris.
Al menos ahora nada era gris.
Si tuviese que ponerle un color, sería el rojo.
O el verde veneno.
Hablando de lo cual, el productor de su actual estado acababa de volver a su mesa, sonriendo como si le hubiese tocado la lotería, sus ojos haciendo chiribitas. Iba acompañado por el tipo blanco cual sábana propietario del tugurio en el que se encontraban. Lovino no pudo evitar fruncir el ceño en dirección al traje que Gilbert llevaba, tan blanco como su cabello, con detalles en rojo. Era como si se hubiese propuesto llamar la atención sobre todo lo que le hacía diferente. Lovino, alguien que se había pasado media vida tratando de hacer lo contrario, no lo podía comprender.
Toni le dirigió una amplia sonrisa.
-¡Lovi! ¿Nos has echado mucho de menos?- Antes de que el italiano pudiese abrir la boca siguió hablando.- En fin, tenemos que irnos ya, ¿sabes? Personas que petar, fiestas que matar, horas que visitar. O algo así.
Y sin más el mercenario echó a andar hacia la salida con paso despreocupado, canturreando "adiós con el corazón".
Lovino le miró con los ojos como platos, sintiendo una profunda oleada de ansiedad, seguida por fiera indignación.
-¡Eh! ¡Eh, espera! ¿Pero a dónde vas?- Exclamó, levantándose de la mesa.
-¿Mhm? ¿No acabo de explicarlo, XXI?… Sí, eso pensaba.- Loco Toni se detuvo, mirando al controlador mental con aire condescendiente.- El Jefe tiene que hacer unos recados, Lovinito.
-P-pero ¡no puedes dejarme aquí!
-¿Cómo que no? ¡Claro que podemos! ¡Adiós, Lovi!- Y sin más volvió a seguir caminando hacia la trampilla. El controlador tomó una paso tras él, rojo de furia.
Por el rabillo del ojo, Lovino vio a Elizabeta tratando de aferrar su mano para que volviera a su asiento, mientras que Gilbert gesticulaba para que cerrase la boca. Pero estaba demasiado encendido como para retirarse ahora, así que ignoró a ambos, corriendo tras el Creante.
-¡Espera! ¡Espera, joder, maldito pirado!- Gritó el italiano, actuando por impulso y agarrando el brazo de Loco Toni. Ardía.- ¡N-no puedes dejarme, tú me has traído a este puto sitio, no puedes irte!
Algún fragmento de su mente se daba cuenta de que se aferraba a un clavo ardiendo, literalmente. ¿De verdad era la presencia del Creante lo que más seguridad le daba? Era una mala idea en múltiples sentidos. A parte: ¿acababa de insultar al peligroso asesino de forma deliberada?
Toni torció la cabeza con aire intrigado y divertido. Internamente, la parte sana de Lovino suspiró aliviada por que no se hubiese ofendido.
-¡Oh, pero si suena como si estuviésemos rompiendo contigo!- Al parecer había algo peor que ofenderle. La burla hiriente en su voz hizo encogerse a Lovino.- ¡No me dejes! ¡Oh, Toni, no te vayas!- Exclamó el mercenario en falsete, imitando de forma teatral al italiano y riendo socarrón.
Lovino sintió su cara arder.
-E-eres un puto capullo, ¿lo sabías?- Farfulló, su voz casi temblorosa por la vergüenza.
Durante un instante Toni pareció dudar, y Lovino sintió la incertidumbre sobrepasando la maraña emocional a la que se iba acostumbrando a percibir por parte del mercenario. Sin embargo en un segundo había desaparecido, sustituida por el frenesí maniaco.
-Yup, nos lo dicen a menudo. Bueno, ya nos veremos, Lovi. Me las piro, vampiro… ¡No, no es una expresión pasada, XXI!... Tú si que eres viejo.
Lovino contempló con la boca entreabierta como el mercenario pasaba a conversar con sus voces, olvidando al italiano y subiendo las escaleras, ignorándole por completo.
La rabia invadió a Lovino como un huracán, haciéndole actuar sin darse cuenta.
Por primera vez desde que dejó la Villa y a la Familia, Lovino utilizó su Control. Su Control de verdad.
Fue casi surrealista.
El italiano dejó que las emociones de Loco Toni llenasen su mente, dejó que sus sentimientos fuesen lo único en su cabeza.
Lovino podía percibirlas como fuertes vibraciones, cada una era una melodía distinta. En una persona normal, podría haber distinguido una concreta, elegirla y potenciarla. Pero era la mente de un Creante. Las vibraciones eran frenéticas, una percusión constante y entremezclada.
Así que Lovino actuó a ciegas y potenció la vibración que pudo atrapar.
El resultado fue inmediato.
Y no lo que Lovino había buscado, pero era tarde para arrepentirse.
El mercenario cayó al suelo con un golpe seco, aferrándose a un escalón. Sus manos temblaban, sus hombros se sacudían. Jadeaba.
-¡Toni!- Exclamó Gilbert, corriendo hacia él.
Todas las conversaciones del Club se apagaron, la atención centrada en el Creante caído.
-¡NO!- Gritó de pronto Toni, impidiendo que el albino le ayudase. Su voz había sonado ronca y estrangulada.
Gilbert se apartó con expresión sorprendida y algo temerosa, lo cual chocaba con la personalidad creída y confiada que el italiano había presenciado hasta ese momento. No pudo evitar tragar saliva.
El Creante se levantó lentamente, con esfuerzo. Sus ojos clavados en Lovino parecían arder en la oscuridad del Club, presos de un brillo sobrenatural. Un silencio sepulcral se había adueñado del sótano.
Lovino se sintió temblar ante la intensidad de esa mirada. Se notaba mareado por el uso repentino de su Control, después de años de inactividad. Empezaba a ver puntos negros nublando su visión.
Toni no se había movido, pero su presencia parecía haber crecido, como una sombra oscura bañando el lugar. De reojo, el italiano vio a Elizabeta retroceder, una mano aferrando la funda de su pistola.
Sin previo aviso, Loco Toni soltó una carcajada. El sonido le heló la sangre. No era una risa como ninguna otra de las que había oído hasta entonces. Había algo cruel y salvaje en ella.
-Bueno, bueno, bueno.- Comentó el Creante con voz falsamente ligera, como el malo cliché de alguna película.- Al parecer nuestro querido Lovi tiene dientes, ¿mhm?- Volvió a torcer la cabeza, en ese gesto similar a un pájaro de presa. Su tono se volvió mucho más oscuro.- XVI quiere que te saque las entrañas aquí mismo.- Lovino palideció, toda su fuerza abandonando su cuerpo.- XXI difiere.- El italiano contuvo el aliento, sintiendo un hilo de esperanza.- Él quiere quemarte los ojos.- El controlador tuvo que morderse la lengua para evitar un sollozo histérico. Toni no parpadeaba, su mirada predatoria fija en el italiano.- Es difícil.- Continuó Toni como si nada, con aire meditativo.- Tenemos que concentrarnos mucho, es un área muy pequeña, ¿sabes? Podría írseme la mano y acabar derritiendo toda tu bonita cara.- Avanzó hasta encontrarse a escasos centímetros de Lovino, la diferencia de tamaño provocando que su figura se impusiera sobre la del controlador. Toni no había parecido un tipo especialmente grande ni alto, más bien de altura media, esbelto. Pero de alguna manera ahora su forma acobardaba al italiano.- ¿No te han enseñado a no tocar las emociones de mercenarios inestables?- Susurró junto a su oreja.
-Y-yo…- Comenzó Lovino.
Y de repente sintió dos brazos rodeando su torso, su cabeza estrujada contra un pecho que irradiaba más calor que una fragua. Toni estaba abrazándole.
... Continuará (TAN-TAN-TAAANN)
Capítulo corto, pero el siguiente estará en breves. ¡Gracias por leer, comentar, etc!
Por cierto, ¿querríais que pusiera en cada cap cuáles son las canciones que Toni tararea o canta? Hasta ahora no han sido tantas y son medio reconocibles pero... si tenéis curiosidad no me cuesta nada. De momento creo que han aparecido:
Pepito Conejo- Canción infantil, hay como mil versiones (cap 2)
Fiesta Pagana- Mago de Oz (cap 2)
Vamos a contar mentiras- Otra canción infantil (cap 6)
La Tarara- Canción popular de Lorca (cap 7)
Adiós con el Corazón- Óscar Chávez (cap 8)
