NA: Próxima actualización: Y volar :D
Capítulo dedicado a Verena n.n
¡A leer! :)
Capítulo 8: Citas y partidos.
Después de presenciar cómo Ginny salía cabizbaja y con el ceño fruncido por el retrato, Harry ayudó a su dolorida amiga a caminar hasta el sofá. Ronald parecía haberse quedado petrificado en el mismo sitio.
—Hermione —empezó diciendo Harry. Se quedó callado el tiempo suficiente como para encontrar las palabras adecuadas en su cabeza—. Lo siento, no tenía ni idea.
—No es culpa tuya —aclaró la chica mientras se sentaba con cuidado en el sofá. Un poco encorvada, volvió a llevarse la mano al punto donde radicaba el dolor en su espalda—. Ginny ha sentido esos celos enfermizos hacia mí prácticamente desde que nos conocimos.
—Nunca había notado nada…
—Ha sabido ocultarlo a la perfección… tal vez hasta ella misma supiera, aunque fuera muy en el fondo, que todo lo que pensaba e imaginaba sobre mí no tenía fundamento alguno.
—¿Estás diciendo que mi hermana siempre se ha comportado así de hostil contigo? ¿Y todo por Harry? —intervino Ron, quien había vuelto a la realidad de repente.
—Yo diría que hostil es solo un eufemismo…
Los chicos se quedaron en silencio lo que pareció una eternidad. A Hermione le encantaba haber puesto en su lugar a la pelirroja, haber conseguido dejarla en evidencia frente a las dos personas más importantes para ella en el castillo… pero ahora tenía una cita a la que acudir. Se levantó lentamente ante la mirada preocupada de su amigo.
—No deberías moverte después de tremendo porrazo —se quejó Harry.
—¿Vas a la enfermería? Podemos acompañarte —ofreció Ron. Hermione casi percibió un atisbo de súplica en su voz. Quizás se sentía culpable por el comportamiento de su hermana.
—No, el dolor ya está pasando —mintió ella—. Siento que necesito tomar un baño.
Sus amigos se quedaron en silencio hasta que la vieron desaparecer por el retrato.
Pansy daba vueltas por la sala con la vista fija en sus zapatos y las manos enlazadas a su espalda. Había mil formas posibles de que aquello saliera mal, Granger ya le había demostrado que no era la Merlín de su época en cuanto a trazar planes exitosos se trataba, y que estuviera tardando tanto en volver solo le provocaba una ansiedad terrible por no tener manera de saber lo que estaba pasando en esa torre.
Ahora que conocía las intenciones de esa arpía de acercarse a Potter excusándose en el baile de graduación era imperativo quitársela de encima para lograr su objetivo. Maldita sea, su idea de empujarla por las escaleras hubiera sido más rápido y efectivo. Con un poco de suerte incluso podría haberla borrado del mapa definitivamente.
—Ya estoy aquí —dijo una voz rota de repente. Pansy se giró tan rápido que pudo apreciar el desvanecimiento de la puerta tras la Gryffindor. Frunció el ceño levemente. No iba a pasar por alto la expresión dolorida en su rostro.
—¿Qué te pasa?
—Ginevra me atacó —respondió Hermione. El dolor ya no era tan punzante como cuando acababa de impactar contra la estantería, pero definitivamente no iba a desaparecer por completo tan rápido.
—¿Qué le has hecho tú? —volvió a preguntar Pansy, deseosa de escuchar cualquier mal que hubiera podido ocurrirle a la Weasley.
Granger negó con la cabeza y trató de enderezar la espalda sin demasiado éxito.
—Nada, me pilló por sorpresa que me apuntara con su varita.
—¿De verdad pensabas que podías enfurecer a una chica enamorada sin sufrir las consecuencias? ¿Qué esperabas, que te pidiera educadamente que te alejaras de él? Yo te habría arrancado la melena con mis propias manos —dijo Pansy, poniendo los ojos en blanco. Luego volvió a ponerse seria—. Pero volvamos a lo verdaderamente importante… ¿el plan ha salido bien?
—Harry y su hermano lo han visto todo —explicó la chica—. Harry parecía realmente enfadado con ella, no creo que quiera volver a verla en un largo periodo de tiempo.
—Bueno, un largo periodo de tiempo es lo único que necesito para hacerlo mío. Yo haré que después ni siquiera se acuerde de ella.
—Con ella fuera del juego ya tienes vía libre. Aunque dudo mucho que hubiera supuesto un problema que siguiera revoloteándole, Harry nunca pilla las indirectas. Todavía me pregunto cómo hizo Chang para conseguir que se fijara en ella.
—Es todo un misterio —respondió la Slytherin cínicamente. No le gustaba recordar esos tiempos en los que tuvo que verlo pasear de la mano de otra durante unos odiosos e interminables meses. Desde entonces su pequeña obsesión por él había empezado a crecer tanto que de repente lo quería suyo, suyo y solo suyo—. Vístete ya o llegarás tarde.
Hermione estuvo de acuerdo. Caminó hasta el probador y cerró la cortina tras ella.
—Espero que esta cita salga tan bien como el plan para deshacernos de Ginny —comentó mientras se desvestía.
—Pues hubo un momento en el que pensé que no lo conseguiría —confesó Pansy—. Cuando me quise dar cuenta tenía a Snape justo al lado controlando todos mis movimientos.
Se escuchó un grito ahogado y Hermione asomó la cabeza desde el otro lado de la cortina.
—¿Dejaste que "viera" nuestro plan?
—No, he tenido especial cuidado con no mirarle a los ojos desde que sé lo de su destreza en legeremancia… supongo que estaría haciendo guardia, me vería y aprovecharía la ocasión para intentar averiguar qué tramaba en ese momento.
—No sé cómo lo hiciste, pero menos mal que todo salió a la perfección —dijo la Gryffindor, volviendo adentro.
—Todo el mérito es de Peeves. Ya sabes, hizo de las suyas y distrajo a Snape el tiempo suficiente como para llevar a cabo mi cometido… por cierto, iré a la biblioteca con Potter después de cenar. Tengo algo que él quiere.
—Lo que Harry quiere es terminar a tiempo el trabajo de Encantamientos.
—Y yo tengo el libro que necesita. Algo es algo.
Hermione cambió el peso de su cuerpo a la otra pierna mientras esperaba tras el mostrador y veía a aquel hombre regordete preparar su pedido. No podía dejar de pensar en la sorpresa que había aparecido en el rostro de la Slytherin al verla salir del probador de aquella sala. Por muy inmoral que le pudiera parecer jugar con una persona estaba decidida a comprometerse con su plan, y su reacción solo le daba la confianza suficiente como para enfrentar aquella cita con más determinación.
Un chico entró en la tienda en ese instante. Su corazón se aceleró, pero recuperó el ritmo normal tan pronto como vio que no se trataba del Slytherin... al menos no era el que ella esperaba. Aunque lo había visto por el castillo jamás habían cruzado una sola palabra. Era un par de años menor que ella, pero eso no lo detuvo a la hora de mirarla disimuladamente al ponerse tras ella para esperar su turno. Hermione no lo había visto hacerlo, pero había sentido sus ojos puestos en ella. Volvió a cambiar el peso de una pierna a otra. Notaba cómo el pantalón se ajustaba perfectamente a sus piernas y dejaba ver todas las curvas que ocultaba bajo su túnica de Gryffindor. La camiseta no se ceñía a su cuerpo de la misma forma, pero el hecho de que no tuviera mangas y su escote fuera asimétrico le daba un toque especial.
La puerta se abrió una segunda vez, y cuando Hermione levantó la cabeza para mirar hacia allí se encontró con una enorme y brillante sonrisa por parte de su cita. En un acto reflejo disimuló su nerviosismo poniéndose el pelo tras las orejas, aunque luego tuvo que mover la cabeza con disimulo para deshacerlo. Nott pareció impresionado por su vestimenta, aunque no hizo ningún comentario al respecto. Miró al chico de su casa que se encontraba tras ellos, se metió las manos en los bolsillos y se acercó a Hermione para decirle algo al oído.
—¿De verdad es este tu lugar ideal para encontrarnos?
El vello de la nuca se le erizó con aquel aliento impactando en su piel. Hermione exhaló el aire en sus pulmones y negó con la cabeza mientras se mordía un labio.
—Qué va, es que le había prometido a mi gato que le compraría sus galletas favoritas.
El chico apretó un poco los labios y asintió, convencido.
—Nadie quiere a un gato enfadado, ¿no es así?
—Sí, así es —respondió ella mientras recogía el paquete que el hombre le tendía por encima del mostrador y lo metía en el bolso. Luego se metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y sacó su pequeño monedero, del cual sacó la cuantía justa para pagar.
Apreció por el rabillo del ojo cómo Nott le dedicaba una mirada de advertencia al chico de su casa antes de salir por la puerta. No podía estar segura, pero le había dado la sensación de que acababa de amenazarle de muerte si se le ocurría decir una sola palabra sobre aquel encuentro.
—¿Dónde quieres ir ahora?
—Algún sitio alejado estaría bien —dijo ella. Sabía exactamente el lugar donde debía llevarlo—. Podríamos ir a una pequeña plazoleta que hay al final del pueblo.
—Suena genial —respondió el chico, quien no ocultaba en absoluto su deseo de caminar hacia un lugar menos transitado.
Pasearon sin hablar y manteniendo las distancias durante unos minutos, pero cuando se aseguró de haber dejado atrás la muchedumbre y las miradas indiscretas típicas del centro del pueblo Hermione rompió el silencio. Sabía que debía tantear el terreno antes de pasar a la acción.
—Pensé que no accederías a quedar conmigo —comentó, fingiendo estar distraída mirando los escaparates de las tiendas que pasaban.
—Bueno, no voy a negar que fue toda una sorpresa que me pidieras una cita… —la chica se llevó una mano a los labios y trató de reprimir una sonrisa. Él arqueó una ceja mientras la miraba divertido—. ¿Qué?
—Tampoco pensé que fueras a considerarlo una cita… si te soy sincera, ni yo misma sabía cómo llamar a… esto.
Él volvió a sonreír.
—Es extraño, sí. ¿Quién ha visto a la buena de Granger salir con un Slytherin? Es más, ¿quién la ha visto salir con alguien alguna vez? —por el tono de su voz, parecía que la idea de salir con una chica inexperta le gustaba demasiado—. Pero al fin y al cabo es una cita, de lo contrario no estaría aquí.
Ahora era el turno de Hermione de arquear una ceja.
—¿Qué te hace pensar que eres mi primera cita?
—¿El hecho de no haberte visto nunca con otros chicos que no sean Potter y Weasley, tal vez? —se quedó callado unos segundos—. Espera, ¿has tenido algo con…?
—¿Con ellos? ¡No! —se estremeció de tan solo pensarlo—. No, conocí a alguien hace unos años. Estuvimos saliendo unos meses y luego seguimos hablando por correspondencia… pero la relación se enfrió demasiado. Tal vez hubiera funcionado sin tanta distancia de por medio.
—¿Un chico muggle? —quiso saber.
—No… —divagó un momento entre si confesarlo o no. Finalmente, no sin cierto reparo, decidió ser sincera—. Alguien de Dumstrang. Todo el mundo estaba tan pendiente del Torneo que nadie se dio cuenta de que me veía con alguien.
Nott pareció realmente impactado con lo que acababa de decirle.
—¿Así que te gustan los chicos malos?
—Eso parece.
—Pues a mí me gusta el reto de intentar encajar con piezas que supuestamente no se ajustan a mí… quizás por eso decidí darte una oportunidad —definitivamente estaba haciéndose el interesante.
—Tal vez soy yo la que te está poniendo a prueba a ti —le advirtió.
—Ya lo he dicho antes, me encantan los retos —se tomó la libertad de cogerle un mechón de pelo y frotarlo entre sus dedos antes de soltarlo de nuevo—. Creo que es algo innato de los Slytherins.
—Sí, os da igual pasar por encima de cualquiera con tal de llegar a la meta —comentó la chica con soltura. Conocía de buena mano a la chica que lo había vendido por sus propios intereses.
—Los Gryffindors deberíais aprender un poco de nosotros.
—Si fuera una persona que hiciera esas cosas el sombrero seleccionador me habría mandado de cabeza a las mazmorras… y tal vez entonces no estaríamos considerando este paseo como una cita.
—Diez puntos para Gryffindor.
Hermione se rió con ganas. Acababan de llegar a la plazoleta, por lo que ambos se dirigieron a uno de los bancos. A simple vista parecían bastante duros, pero al parecer llevaban integrados un hechizo acomodador. Aun así, Hermione no pudo reprimir una mueca de dolor al sentarse.
—¿Qué ocurre?
—No lo sé —mintió—. Debe ser alguna contractura de haber cogido mala postura durmiendo.
La sonrisa pícara del chico le indicó que estaba pensando en algo muy Slytherin.
—Por lo general suelen dármelos a mí, pero… si quieres puedo intentar darte un masaje.
Hermione contuvo la respiración de manera involuntaria. ¿Un masaje? Eso supondría que Nott pusiera las manos en su cuerpo para tocarlo a su antojo… Y si bien era cierto que su cometido era ir deprisa en aquella cita de pega, tal vez aquello estaba yendo demasiado rápido. Miró sus grandes manos un momento antes de girarse suavemente a modo de respuesta. ¿Acaso iba a empezar a poner límites cuando ya había vendido todos sus principios por un chico?
Él no tardó ni medio segundo en apartarle el cabello a un lado delicadamente. Hermione se lo llevó al frente y se tensó cuando sintió sus dedos clavarse en sus hombros. Los apretó lo suficiente como para hundirlos en su piel, pero no tanto como para hacerle daño. Empezó a moverlos de manera circular, presionando también la palma en su espalda y provocando que su tacto dejara de hacerla sentir incómoda con el paso de los minutos… porque de repente su roce empezaba a sentirse endemoniadamente bien. Hermione movió un poco la cabeza y relajó el cuerpo para sentir sus dedos con más intensidad. ¿En qué momento habían pasado a su cintura? Sus pulgares ahora presionaban en el punto justo de su baja espalda y ella, sin saber cómo, dejó escapar un suspiro. ¿Cuándo había dejado aquello de ser un simple masaje para convertirse en algo más sexual? ¿Cómo había podido conseguir que se sintiera de esa forma sin necesidad de estimular su zona más íntima? ¿Sin ni siquiera tener la necesidad de acercarse a ella?
Hermione se giró para verlo cuando las manos de Nott dejaron de tocarla. Lo hizo lentamente, y sin apartar la mirada de la suya una vez que sus ojos se encontraron. No hizo el amago de alejarse al comprobar lo cerca que estaban el uno del otro, tampoco cuando su rostro de facciones perfectas se acercó lo suficiente como para que sus labios se encontraran. No supo cómo pasó, pero no hizo nada por evitarlo. Hermione permitió que sus labios se entreabrieran un poco, pero el chico presionó la parte posterior de su cabeza para atraerla más a él y hacer que no tuviera más remedio que dejar que su lengua se colara entre ellos. Cerró los ojos. Estaba claro que los Slytherins no se andaban con rodeos, pero tal vez a ella empezara a gustarle eso de precipitarse.
—Recuérdame por qué estoy aquí —exigió Draco mientras tocaba una máscara dorada completamente lisa.
—Porque soy tu pareja en tu fiesta post graduación. Tenemos que ir conjuntados si quieres hacer una entrada digna de alguien que se apellida Malfoy —respondió Pansy, luego hizo una mueca al ver la que había llamado su atención—. Demasiado simple para mí.
—Ya era lo suficientemente malo que mi madre me obligara a invitar a Lovegood, ¿por qué tenía que imponerme también que fueras mi pareja en mi propia fiesta?
—Oh vamos, ella es tu prima y yo soy tu futura esposa, así que no me hagas enfadar —dijo la chica en tono de burla.
—Prima lejana —apuntó él—. Y yo que tú no me reiría tanto. Seguro que no te hace tanta gracia cuando tengas que decirles a tus padres que tienes un enamorado por ahí. Espero que al menos el tipo sea lo suficientemente bueno como para romper el acuerdo matrimonial que firmaron nuestras familias cuando nacimos.
Pansy conocía los riesgos de ir en contra del deseo de sus padres, pero eso no hizo que perdiera la sonrisa en aquel momento.
—Jamás me fijaría en alguien que no lo fuese.
Draco puso los ojos en blanco y se paseó por la tienda como si estuviera en su casa. A sus padres siempre les había encantado organizar fiestas en su mansión con la élite del mundo mágico, y aquel lugar era el único en el que confiaban para comprar sus accesorios. Sabían que no era barata, pero compraban lo que querían sin pararse a mirar el precio. Aquella tienda especializada en fiestas de lujo ofrecía a sus clientes complementos que iban desde los tocados más extravagantes hasta las perlas más caras del mercado.
Pansy revoloteó a su alrededor fingiendo poner atención en las máscaras venecianas que ocupaban toda una pared de la tienda, luego echó un breve vistazo al exterior a través del escaparate. Los había visto desde que habían llegado, pero quería que Draco se percatara de lo que estaba pasando ahí fuera él mismo. Cogió una máscara plateada con diamantes incrustados y se la probó. Anudó un perfecto lazo tras su cabeza y se miró al espejo que había allí cerca. La máscara parecía haber sido confeccionada para ella, sus facciones encajaban a la perfección y el brillo que le proporcionaba a su cara le hizo quedar más que satisfecha. Sí, había encontrado la máscara ideal para ella. Tomó la misma para hombre y se la tendió a su amigo… pero este no la cogió porque toda su atención estaba puesta en un punto fuera de aquel local.
—¿Es ese Theo? —preguntó. Podía apreciarse en su voz un atisbo de cautela.
Pansy gritó internamente porque al fin se hubiera dado cuenta. Salazar, ¡si estaban justo en frente! Se acercó a él, entrecerró un poco los ojos y se cruzó de brazos.
—Y bajo esa maraña de pelo parece estar Granger —respondió, viendo cómo en ese preciso instante la chica de la plazoleta abría los ojos y los clavaba en sus espectadores—. Sí, definitivamente es Granger.
Draco frunció el ceño y apretó mucho las manos a sus costados.
Hermione no podía negar estar disfrutando, se le notaba en la respiración entrecortada y los desbocados latidos de su corazón. Jamás se hubiera imaginado estar besando a alguien como él, pero sus labios tenían algo que hacían que no quisiera despegarse de ellos. Un sabor casi salvaje, un ritmo frenético.
Hacía un buen rato que había visto a Malfoy y Parkinson salir de aquella tienda y alejarse en dirección a Hogwarts. La expresión crispada del chico no hizo más que darle más morbo al asunto. No entendió muy bien esa reacción en aquel momento, pero el hecho de saber que la había visto besando a su amigo le resultó de lo más excitante. Su cuerpo se hundía en el banco y su sexo ardía contra su ropa interior cuando el beso terminó. Los labios del chico se separaron suavemente haciendo que volviera a abrir los ojos para mirarlo. Ambos hicieron su mayor esfuerzo por recuperar el aliento mientras se miraban directamente a los ojos.
—Está oscureciendo —dijo él al fin.
—Sí, deberíamos volver.
Levantarse y hacer el camino de vuelta resultó un poco más incómodo que el de ida. Ya casi no había nadie por la calle y podían escuchar claramente los pasos y la respiración del otro. Hermione se ajustó el bolso y decidió echar un leve vistazo al chico que caminaba a su lado. Este la miró al mismo tiempo y ella se vio en la tesitura de tener que decir algo para romper el silencio.
—¿Guardarás el secreto?
—Claro, y espero que tú también lo hagas —dijo él.
—¿Imaginas la que se formaría si corriera el rumor por el castillo?
—El escándalo sería justificado —Hermione asintió. No podía estar más de acuerdo con lo que acababa de decir—. Pero que tengamos que guardar el secreto no quiere decir que no podamos repetir. Podemos guardar todos los secretos que quieras.
Ella trató de reprimir una sonrisa mientras dejaba que su cabello tapara parcialmente su rostro. Claramente le gustaba a ese chico, y contra todo pronóstico a ella también le gustaba… y aunque no olvidaba cuál era su propósito con todo aquello, ¿quién decía que no podía divertirse por el camino?
Cuando Pansy vio a Granger entrar en el gran comedor se preparó para lo que venía a continuación. Pasaron unos largos segundos hasta que Theo apareció. Draco lo miró acercarse mientras clavaba el tenedor en la empanada con más fuerza de la necesaria. La furia en su mirada se hizo más que evidente cuando el chico se sentó frente a él y se pasó una mano por el pelo de manera despreocupada.
Pansy no dijo ni media palabra cuando Draco cogió su varita e hizo que el plato y los cubiertos de Theo salieran volando e impactaran contra el suelo cuando estaba a punto de servirse un poco de pollo. El moreno alzó la mirada y se le quedó viendo con sorpresa, pero la expresión en su rostro no tardó en tornarse airada. Media mesa de Slytherin dejó de comer para prestar atención al pequeño altercado.
—¿Cuál es tu problema? —preguntó Theo con desconcierto.
—Lo que estás haciendo es mi problema —gruñó el rubio.
—¿De qué hablas?
—Oh, no quieres que diga en voz alta de dónde vienes.
Theo entendió aquello como lo que realmente era, una amenaza. Su mirada se volvió tan sombría y tenebrosa que varios alumnos de primer año decidieron volver a fijar la vista en sus platos.
—Ayer mismo dijiste que no te importaba en absoluto —dijo entre dientes.
—Y no me importa, pero eso no lo hace menos… abominable.
—No suenas como alguien a quien no le importa —le reprochó Theo.
Draco miró de manera agresiva a ambos lados de la mesa para hacer que los que se habían quedado mirando la discusión volvieran a sus propios asuntos. Luego se inclinó un poco sobre la mesa y murmuró:
—Tu actitud me parece detestable —escupió aquella última palabra con asco.
Theo también se inclinó para acercar el rostro al de Draco y mirarlo directamente a los ojos.
—Ya deberías saber que no es típico de las serpientes preocuparse por lo que piensen los demás —dijo, luego lo vio rechinar los dientes un momento. Se podía cortar la tensión entre ambos con la punta de la varita—. Si te importa tan poco como dices entonces deja que haga lo que me dé la gana. Al fin y al cabo no serás tú quien se enfrente a las consecuencias —se puso derecho y vio aparecer un plato y unos cubiertos limpios frente a él. Luego pasó los dedos por el cuchillo instintivamente—. ¿O es que acaso querrías ser tú el que estuviera jugando con fuego?
Hermione seguía en las nubes cuando subió hasta el séptimo piso para reunirse con Pansy. Hubiera tenido que estar loca para pensar que alguien de Slytherin se sentía atraído por ella apenas una semana atrás, pero no solo Parkinson había estado en lo cierto al afirmar que le gustaba a Nott, sino que este había aceptado quedar con ella sin dudarlo… y por Merlín que esos besos no eran de este mundo.
—Ahí llega la mosquita muerta —anunció la Slytherin al verla entrar, riéndose escandalosamente—. Tú que siempre has ido de santa y ahora le comes la boca a Theo en la primera cita.
—Calla —dijo Hermione un tanto avergonzada, pasando por su lado y dejándose caer en el sofá—. Ha sido él quien ha dado el primer paso.
—Me lo imagino… —la chica se sentó a su lado y le dio un codazo en las costillas—. Pero tú no has dado un paso atrás para detenerlo, ¿eh?
—Solo me ceñí al plan —se excusó ella—. Os vi a través del escaparate, ¿su reacción ha sido la esperada?
—No… ha sido mucho mejor. Está súper celoso, es más que evidente.
—¿En serio? —los latidos de Hermione se aceleraron considerablemente. ¿Malfoy celándola? Tendría que verlo para creerlo.
—En serio. Casi se come a Theo durante la cena… se esfuerza demasiado por aparentar que no le importa, y aunque siempre ha sido un mentiroso nato se le nota a leguas que esta vez no puede ocultarlo.
Hermione no sabía si creer a pies juntillas todo lo que decía Parkinson. ¿Y si se hacía ilusiones para nada? ¿Y si Malfoy solo estaba enfadado porque Nott saliera con una Gryffindor y le hubiera sido indiferente que se hubiera tratado de Lavender, por ejemplo? Tendría cautela, no podía emocionarse tan rápido.
—Hemos quedado en volver a vernos mañana.
—Puedo ver en tu mirada que lo estás deseando.
Hermione resopló, aunque la sonrisa no había desaparecido de su rostro.
—Tal vez —respondió.
—¡Venga! Nunca he tenido nada con Theo, pero como sé que los Slytherins somos los mejores amantes puedo apostar por que te ha encantado.
—No ha estado mal —Pansy arqueó una ceja—. Está bien, ¿quieres escuchar que ha sido estupendo? ¿Fabuloso? ¿Que de verdad quiero volver a quedar con él? Pues hala, ahí lo tienes.
—Eso era exactamente lo que quería escuchar —Pansy se rió antes de quedarse pensativa unos segundos—. Ojalá tu amigo fuera tan lanzado como el mío. Tengo la sensación de no haber avanzado una mierda con él.
—Tú que dices tener siempre la razón, ahí te equivocas. Aunque no los veas has hecho muchos progresos. Con Harry hay que ir despacio, pero te aseguro que no ha pasado por alto las pequeñas cosas que has hecho para llamar su atención. Solo tienes que tener paciencia.
—Es difícil tener paciencia cuando se te acaba el tiempo —se quejó la Slytherin.
—Al menos ya nos hemos quitado de en medio a tu potencial competencia. Sácale el tema del baile y ofrécete a ayudarlo. Dudo mucho que siga queriendo la ayuda de Ginny y, como ya te dije, seguramente sienta que la necesita. Odia no ser medianamente bueno en algo, pero detesta que los demás vean sus puntos débiles.
—Sí, todo eso ya me lo has dicho antes —bufó mientras ponía los pies sobre la mesa—. Pero estoy segura de que me va a rechazar, y no es que lleve demasiado bien que me rechacen. Creo que no ha pasado nunca, tu amigo sería el primero en no caer rendido a mis incuestionables encantos.
Hermione tosió para ocultar la risa que amenazaba con escapársele de un momento a otro.
—Te va a rechazar, eso tenlo claro… pero tú deja la propuesta sobre la mesa. Cuando se dé cuenta de que no tiene alternativa volverá arrastrándose.
—Estupendo, soy su último recurso.
—Lo eres… pero sé que sabes cómo aprovecharte de la situación para darle la vuelta y conseguir lo que quieres —Hermione se desabrochó el botón de aquel ajustadísimo pantalón, suspiró y también puso los pies sobre la mesa—. Eres una Slytherin, ¿no? Demuestra tu astucia.
Cuando Pansy llegó a la biblioteca Potter ya estaba sentado en la misma mesa del otro día. El lugar estaba en completo silencio, iluminado solo gracias a las antorchar que colgaban de las paredes. Tomó aire y empezó a caminar hacia él, y a pesar de que lo hizo sigilosamente, Potter levantó la mirada de sus pergaminos y la miró a través de sus lentes.
Ella casi se queda sin aliento cuando sus ojos se clavaron en los suyos. Dejó escapar el aire de sus pulmones y trató de no mostrar ni un ápice de debilidad. No estaba muy segura de haberlo conseguido cuando se sentó frente a él y dejó el libro sobre la mesa.
—Perdona la tardanza —dijo en voz baja.
—No te preocupes —respondió él—. ¿Puedo?
Pansy asintió con la cabeza y Potter abrió el libro por la página donde se habían quedado la última vez. Ambos empezaron a trabajar, aunque ella no terminaba de concentrarse por completo con su presencia. Odiaba sentirse así, odiaba que ese chico tuviera tanto poder sobre ella y sus sentimientos… pero no podía hacer nada al respecto. Por una parte ansiaba levantarse, golpear la mesa con los puños y gritarle allí mismo que despertara de una vez, que quería tener algo con él y que no quería graduarse y abandonar el castillo para siempre sin antes haberlo tenido entre sus sábanas. Maldición, lo deseaba tanto que acababa de quedarse fantaseando cuando se suponía que debía estar adelantando su trabajo. No podía evitarlo. Sin embargo, por otra parte sabía que debía hacer caso a los consejos de su amiga y seguir esperando… pero era injusto que Granger hubiera tenido una cita de esas que te hacen mojar las bragas cuando ella tenía que contentarse con quedar con él en la biblioteca. Ni siquiera podían hablar, ¿qué tipo de cita era esa?
Un carraspeo la trajo de nuevo a la realidad. Pansy levantó la vista para encontrarlo mirándola de una manera casi divertida.
—¿Decías algo? —murmuró.
—Te preguntaba qué opinas sobre lo que dice aquí.
Pansy leyó con atención el párrafo que señalaba su dedo y apretó un poco los labios mientras pensaba.
—Es muy subjetivo… me da la sensación de que la opinión del autor influye mucho aquí. No creo que sea buena idea añadirlo al trabajo, tampoco son datos muy relevantes.
—Tienes razón.
Pansy vio la oportunidad perfecta para sacar el tema del baile. Ya habían estado callados demasiado tiempo.
—Este libro es perfecto para este trabajo. Tengo la sensación de que vamos a sacar muy buena nota.
Él sonrió ladeadamente y ella se mordió un labio en un acto reflejo.
—Solo espero que el esfuerzo tenga su recompensa.
Pansy pensó exactamente lo mismo.
—Con razón eres el mejor estudiante de tu casa —Potter la miró y ella le dedicó una breve sonrisa—. ¿Cómo llevas lo de tener que inaugurar el baile con Granger?
El chico rodó los ojos y suspiró.
—Parece que la gente ya no piensa en otra cosa… Los dos somos penosos bailando. Solo espero que la gente mire a los que realmente saben bailar.
—Yo sé bailar —dijo ella rápidamente.
—Sí, lo suponía…
—Podría enseñarte.
El chico frunció un poco el ceño.
—¿Cómo?
—Que podría enseñarte los pasos más básicos en un baile… digo, si quieres. Así no pasarías tanta vergüenza.
Potter parecía completamente desconcertado, pero… ¿acaso podía culparlo?
—Esto… gracias, pero…
—Pero no —dijo ella, completando su frase—. Vale, solo trataba de ser amable.
—Te lo agradezco.
Pansy decidió no volver a mirarlo en aquel momento. Mojó su pluma en el tintero y terminó de escribir aquella frase para disimular su descontento. Sabía de sobra que aquello iba a pasar, pero nunca se imaginó que su rechazo fuera a doler tanto. No es que fuera a ponerse a llorar ni nada parecido, pero definitivamente su rotunda negativa le había molestado hasta el punto de hacerle pensar en tirar la toalla. ¿Realmente merecía la pena tanto esfuerzo? Al menos Draco había empezado a mostrarse un tanto celoso con Granger, pero estaba claro que Potter no tenía ningún tipo de interés en ella. Podía empezar a salir con cualquiera que probablemente él ni se diera cuenta nunca.
—Le prometí a Ron que estaría descansado para el partido —dijo de repente, levantándose de la mesa. Ella no apartó la mirada de su pergamino—. Suerte mañana.
Pansy asintió y siguió escribiendo mientras lo sentía alejarse. La gran puerta de la biblioteca se cerró sin apenas hacer ruido, pero para ella se sintió como un portazo.
Hermione esperaba a sus amigos en la sala común mientras le daba a Crookshanks las galletitas de pescado que había comprado el día anterior. Cuando el gato terminó de comer rozó la cola por su pierna a modo de agradecimiento y desapareció tras las personas que esperaban al resto del equipo. Como era costumbre los días en los que había partido, todos los miembros del equipo bajaban juntos a desayunar. Cuando Harry y Ron aparecieron por las escaleras hicieron un recuento rápido.
—¿Y tu hermana? —preguntó Harry con un atisbo de desdén al referirse a ella.
Ronald se encogió de hombros. No la habían vuelto a ver desde que cayó en la trampa de Hermione y salió por el retrato, pero Demelza Robins dio un paso adelante para responder a su pregunta.
—Dice que nos adelantemos nosotros, que ella baja en un momento.
Harry asintió y dio la orden de ponerse en marcha. Hermione cogió su libro de la mesa y los siguió hasta el gran comedor. Aunque trataba de prestar atención a los partidos que jugaban sus amigos, por lo general siempre terminaba poniéndose a leer en las gradas.
Cuando llegaron, el equipo de Slytherin ya estaba desayunando, y tan pronto como se dieron cuenta de su presencia se escuchó en el comedor un gran abucheo por su parte y los de su mesa. Los alumnos de Gryffindor trataron de contrarrestar sus burlas con más gritos y abucheos. Aquello solo duró un par de minutos, pero la tensión entre ambos equipos no desapareció en ningún momento. La excitación de la gente era evidente al tratarse del último partido del año, pero el nerviosismo que se vivía entre los miembros de cada equipo era irrebatible. Algunos ansiaban conseguir la copa de Quidditch de aquel año, pero muchos otros se jugaban la reputación.
Cuando Hermione terminó de comer su tostada echó una ojeada a los Slytherins que vestían la equipación. Parkinson y Malfoy parecían estar repasando con los demás la estrategia a seguir aquella mañana, pero había un chico que no podía mantener sus ojos puestos en sus compañeros más de unos segundos. Cuando Nott levantó la cabeza y la vio a través del comedor, Hermione se sobresaltó un poco en su asiento. El hecho de que le sonriera consiguió sonrojar su rostro levemente, pero que le guiñara un ojo provocó que su estómago se revolviera de tan solo pensar en volver a verlo aquella tarde.
Harry se encontraba dando las últimas indicaciones a sus compañeros cuando Ginny apareció sigilosamente y se sentó en una esquina de la mesa.
Todos estaban sobre sus escobas y se mantenían en sus posiciones esperando el momento en el que la señora Hooch lanzara la Quaffle para dar inicio al partido. Potter y Draco se sostenían la mirada a cada lados del campo mientras que Pansy no podía apartar la vista de una cabizbaja y patética Weasley. Sus ojos estaban hundidos y sus pecosas mejillas se notaban más encendidas que de costumbre. Sin lugar a dudas el plan de Granger había conseguido destruirla. La Slytherin sonrió por eso. Era más que obvio que el partido sería pan comido si, aparte de conocer previamente la táctica de los Gryffindors, una de sus mejores jugadoras no se encontraba a pleno rendimiento.
La señora Hooch no retrasó aquel momento por más tiempo y todos siguieron la pelota con la mirada. Por un par de segundos se hizo el silencio en las gradas, pero Pansy volvió a levantar la comisura de sus labios al comprobar que Blaise había sido más rápido que el equipo contrario.
El juego ya había empezado y Draco pasó disparado por su lado para perseguir a la Snitch dorada. Pansy sabía exactamente cuál era su próximo movimiento. Estaba claro que el chico Weasley no había visto venir a Theo, quien había lanzado la Quaffle por encima de su cabeza para que Pansy la cogiera y marcara el primer tanto del partido. Una ovación gritó su nombre haciéndola sentir poderosa, pero un borrón rojo y dorado pasó por su lado tan rápido que tuvo que agarrarse bien fuerte a su escoba para no caer. Supo que había sido Potter cuando divisó un objeto dorado moviéndose muy rápidamente.
—¡Draco! —gritó la chica, llamando su atención y señalándole con el dedo la dirección en la que había ido… porque una cosa era que te gustara un chico y otra muy diferente dejarse ganar.
El rubio volvió a ponerse en marcha y la chica se desplazó por el campo de la manera acordada. A pesar de que sentía el viento helado de la mañana golpeando violentamente su rostro no se detuvo ni un instante. De nuevo se hizo con la pelota y se la lanzó a Blaise, quien anotó otros diez puntos.
La chica Weasley consiguió atrapar la pelota al pasar por el aro de su campo, moviéndose entre los jugadores en un triste intento de hacer algo útil por su equipo… pero no contó con que Pansy Parkinson tenía ciertos asuntos que resolver con ella, y no es que fuera a hacerlo pacíficamente. Salió disparada tras ella mientras ordenaba a gritos a los bateadores de su equipo que la atacaran. Estaba tan cerca que sabía que si estiraba la mano podría tocar las ramas de la cola de su escoba. Pansy se vio obligada a agacharse para evitar que una Bludger impactara en toda su cara. Había pasado rozándole el cabello al viento, pero estaba tan centrada en su objetivo que ni siquiera se molestó con los ineptos de sus compañeros.
Weasley estaba a punto de llegar a su campo, tenía que ser rápida si quería detenerla. Theo apareció justo a tiempo, dándole un empujón que la hizo desviarse lo suficiente como para que Pansy aprovechara la oportunidad y se pusiera a su altura. Chocó el hombro contra el suyo en el momento en el que se encontraba cerca de las gradas, haciendo que la parte trasera de su escoba impactara en ellas y perdiera el equilibrio. Profirió un pequeño gemido, soltó la pelota y cayó en picado la distancia que la separaba del suelo, y aunque en un primer momento dio la sensación de que se estamparía violentamente, al final logró hacer una maniobra para que su caída fuera lo menos dolorosa posible. Pansy cogió la Quaffle y se la pasó a su equipo con una mueca en los labios. Por lo que había podido ver desde arriba la pequeña arpía de los Weasley estaba fuera del partido, pero el hecho de que hubiera sido capaz de salir del campo por su propio pie era casi una decepción. Al menos había creído verla cojear un poco.
Pansy se permitió un momento de buscar a Draco y Potter con la mirada. Ambos ascendían, descendían y hacían giros imposibles mientras trataban de alcanzar la pequeña pelota dorada. Unos gritos eufóricos le recordaron que seguía en mitad de uno de los partidos más importantes de su vida, los simpatizantes de su casa saltaban y chillaban exultantes, confirmándole así que alguien de su equipo acababa de marcar otro tanto. Divisó a Theo buscando a alguien en las gradas opuestas, encontrándola casi al instante y dedicándole una enorme sonrisa que hizo suspirar a más de una. Granger cerró el libro que descansaba sobre su regazo y se mordió un labio con excitación mal contenida. Pansy llegó junto a su amigo en menos de quince segundos.
—¡Concéntrate! —le gritó.
Una Bludger pasó furiosa entre ambos, haciéndoles girarse para ver de dónde había salido aquella pelota. El miembro más joven del equipo de Gryffindor pareció enfadarse consigo mismo por no haber acertado y la chica rodó los ojos. Conque atacando por la espalda... Ella también sabía jugar sucio, y seguramente se le diera mucho mejor que a él.
El partido siguió con una gran ofensiva por parte de los Slytherins y una pobre defensa del equipo contrario. Si Pansy no se hubiera colado entre ellos aquel día seguramente hubieran tenido las de ganar. La táctica de Potter era buenísima, pero no tenía nada que hacer contra ellos habiendo tenido tiempo de preparar un contraataque. Gryffindor consiguió anotar dos o tres veces, pero era obvio que contar con una jugadora menos estaba haciendo estragos en el equipo.
Los corazones de todos los presentes se aceleraron cuando Potter y Draco empezaron a volar hombro con hombro, ambos con los brazos extendidos en la misma dirección. Parecía que uno de ellos había conseguido acariciar la Snitch con la yema de los dedos, pero todo pasó tan deprisa que nadie supo decir exactamente cuál de los dos había sido. Casi lo habían conseguido, pero solo uno podía ser el vencedor aquel día.
Unos minutos más tarde, uno de ellos paró en seco y alzó el brazo para que la multitud viera cómo por fin había aprisionado la pelota entre sus dedos. Inmediatamente después alguien pitó el final del partido, y un segundo más tarde la grada de los Slytherins casi se viene abajo de la euforia.
Pansy, Theo, Blaise y los demás volaron hasta Draco y lo rodearon. El entusiasmo y la exaltación del equipo se unieron al de parte de las gradas, que empezaron a ovacionar su nombre a voz en grito. Casi no se escuchaban los abucheos de los aficionados del equipo contrario.
Una vez con los pies en el suelo, el rubio dejó que sus compañeros le dieran la enhorabuena por ser el que los había llevado a la victoria y había posicionado su casa en lo más alto. A Draco le gustaba la atención que estaba recibiendo, los golpecitos en la espalda y las sonrisas de las chicas de las gradas… aunque solo una consiguió toda su atención.
Pansy dejó de gritar por un momento cuando se percató de la situación. Theo y Draco estaban parados en medio del campo, uno junto al otro y ambos mirando a la misma persona en las gradas. También creyó ver a Granger conteniendo el aliento mientras el aire movía su cabello a un lado. Vista desde fuera, la escena se sentía casi teatral.
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Cristy.
