John pasa caminando por las calles al lado de Sherlock toda esa tarde. Es un alivio que no tenga que ir a trabajar, porque de otra manera, hubiera terminado por ceder a los pocos minutos y las flechas hubieran regresado a donde pertenecen. Así que, si, ellos tocan las puertas de los vecinos de John y —aún cuando nadie sabe de lo que Sherlock está hablando—, John logra hacerle creer que están avanzando hacia alguna dirección, visitando un rato a Mike. Aunque Sherlock le hace pasar un mal rato, porque él incluso se escabulle a las habitaciones y examina todo lo que puede tocar y hasta lo que no. Se mete en el baño, e incluso en la cocina. John intenta cubrirlo todo ese tiempo, aunque sabe que Sherlock no irá a encontrar lo que necesita.

En realidad, las flechas siguen en el armario.

Cuando comienza a oscurecer, John decide irse de ahí y Sherlock lo sigue como si estuvieran a punto de terminar su búsqueda. Hasta que lo mira a los ojos y se da cuenta de que John sólo quiere regresar a casa.

"Uhm", Cupido de detiene en el marco de la entrada de la casa de John y suspira sin saber qué decir. "Supongo que vendré el martes, si eso es lo mejor para todos."

Pero John no quiere que Sherlock venga hasta el martes. No quiere esperar tanto tiempo. Es más, él preferiría que Sherlock se mudara al departamento de al lado y tocara a la puerta bromeando con que viene a declararle su amor. Eso sería mejor que nada. Él preferiría quedarse atascado en su azotea otra vez, en lugar de no volver a verlo.

"Ven mañana, después de mi trabajo" dice, alcanzándolo en el pasillo y casi a punto de tomar el elevador. "Las habré encontrado para entonces."

Cupido le sonríe mientras las puertas del elevador se cierran. John hace su camino hacia su hogar.