Hora 6: Asesoría para visitas no deseadas.

"Lo pensare"

Esa fue mi respuesta ante la invitación de Levi.

No sé si quiero pasar dos días completos a lado de él.

Además... prefiero estar solo mil veces a estar junto a una persona como él, me ha dejado claro una cosa, no deseo ser amigo de él, no quiero acercarme más a él, porque sé que si lo hago hay una probabilidad de que vuelva a cometer el mismo error de antes, empezar a confiar demasiado en él y para cuando sea inevitable, me abandone y yo no tenga ningún arma disponible para poder defenderme. Tengo miedo de no ser capaz de volver a pararme otra vez.

Azoto mi cabeza en uno de los muros blancos del edificio A, un par de alumnos me miran raro, por supuesto quien anda por la escuela golpeándose contra los muros... solo yo.

Suspiro un tanto irritado y camino a mi última clase del día, Literatura. Ah por supuesto, no sé porque pero presiento que la profesora va a venir a pedirme que invite a Levi al festival de Halloween, tratare de no ser grosero y decir que deje en paz ese tema. He decidido que solo llevare una relación de asesor- asesorado con el chico Ackerman, no necesito más problemas en mí ya caótica vida.

Una buena noticia.

La profesora no llegara a la clase porque tiene junta. Es todo un alivio, no quiero que empiece a preguntarme sobre cómo diablos van las asesorías y como se va desarrollando nuestra relación pre amistosa.

—Eren. —escucho mi nombre y con cara de aburrimiento volteo para toparme con Mikasa quien corre a toda velocidad por el pasillo con una sonrisa aterradoramente deslumbrante.

Yo sonrió así y al día siguiente ni siquiera puedo hablar correctamente sin que las mejillas me duelan una infinidad.

—Hola, Mikasa. —trato de sonar alegre pero la verdad ya he decaído bastante y solo quiero tirarme en mi deliciosa cama con sabanas rosas. Si tengo unas bellas sabanas rosas. No mencionare el vergonzoso porque.

Ella llega hasta mí y jadea un poco antes de volver a sonreírme tan abiertamente.

—¿Quieres ir conmigo al festival de la otra semana?

Allí esta, de nuevo.

—Ehh. —aprieto mis labios y me rasco la sien derecha con mi dedo índice. —Bueno, es que...

—¿Ya te han invitado? —pregunta claramente preocupada.

—No es eso, solo que no me gusta ese tipo de eventos, nunca he venido a uno y...

— ¿No te gustan? ¿Por qué? Son muy divertidos, yo soy una de las organizadoras.

Creo que eso lo sé, quien no sabría que la famosa Mikasa Ackerman es parte del comité de festejos del plantel #3.

—Bueno, es que...

¿Cómo decirle que no deseo ir? Y ¿Qué su hermano ya me ha invitado antes?

— Pero será divertido, hemos preparado cosas increíbles ya que será nuestro último año.

Y entonces cometo uno de los errores de los que me arrepentiré toda la vida.

—Lo pensare.

Lo primero que hago una vez que llego a la casa es irme directito a la cama, no ceno ni hago otra cosa más que quitarme la ropa y meterme entre las sabanas en ropa interior.

Divago un poco y me imagino que sería lo que hiciera en mi lugar el personaje ficticio que invente hace un buen tiempo, un personaje con todo lo bueno que yo quisiera tener, es alguien que yo deseo ser pero no me atrevo a tomar ese papel por miedo a verme demasiado ridículo en ese saco tan enorme que no me queda y me asfixia de alguna forma. Lo que haría ese yo es... no tengo idea, ni siquiera yo sé que haría y eso que lo invente para salir de situaciones que me son demasiado comprometedoras.

Después de un rato me quedo totalmente dormido.

Tengo un defecto que posiblemente sea el más grande de todos y que en su momento me llevo a la ruina, son los sueños que suelo tener cuando una persona me interesa. Se cuelan entre ese mundo que no soy capaz de controlar, o no mucho, una vez si controle uno de mis sueños pero esa es una buena historia que no contare, pero me ha pasado muchas veces, cuando una persona me atrae demasiado empiezo a soñar con ella, en diferentes escenarios, la escuela, la calle, el cine, cualquier lugar, incluso uno que no exista o uno que sea una combinación extraña de dos lugares que conozco. Algo que he aprendido de estos sueños es que solo me arrastran al desastre, todas las personas que llego a soñar siempre provocan que mi vida se vuelva un caos del cual me cuesta salir una infinidad de esfuerzo. Siempre son malos augurios.

Como cada ocasión que sufro de ese pequeño defecto me despierto demasiadas veces durante la noche, el sueño me es incómodo y no paro de tener molestias para poder tener una posición cómoda para dormir. Cuando son las cuatro de la mañana y ya he tenido casi cinco sueños diferentes me rindo, tomo un baño de agua tibia, me enfundo en un pijama limpio y me siento frente el computador, vago un rato por facebook, youtube, tumblr; descargo música y al final me quedo dormido sobre mi escritorio, el cansancio me puede más pero esta vez disfruto de mis pocas horas de dormir porque es un sueño blanco, es decir vacío, nada me interrumpe.

Son más de las once de la mañana y aun ando en pijama, le mande un mensaje a Levi diciendo que desperté demasiado tarde y que no asistiría a las asesorías. No pareció importarle.

Isabel no está en la casa, debió tener un proyecto fuerte para irse temprano y, de mis papás, no sé, su horario de trabajo no está dentro de mis conocimientos, muchas veces se quedan en el hospital a pasar la noche y vuelven solo durante un rato a la casa para ver cómo nos va. No me molesta, tienen que trabajar.

Pienso seriamente en no ir a la prepa, podría pasarme el resto del día viendo películas, leyendo y ese tipo de cosas que suelo hacer, rara vez falto a clases por lo que un día no va a matar a nadie.

Me preparo un poco de café con suplementos de chocolate y un alto índice de azucares, tomo el bote de helado que hay en la nevera, las donas dentro de la caja de plástico, un par de empanadas de crema pastelera y comienzo a desayunar.

Prendo la televisión, hace mucho que no veo algo en la pantalla, deje la televisión hace tanto tiempo, me he metido tanto en el cine y los libros que ya no recuerdo quien era antes de ellos.

Por cierto... ¿Quién era?

Por algunas historias de mamá sé que era un niño problema bastante grave, es decir una vez me metí un par de frijoles por las fosas nasales, dice que tuve suerte de no inhalarlas, otra vez rodé por una caída de tierra y milagrosamente fui salvado por un árbol, en otra ocasión casi me ahorco con una cuerda de saltar, me abrí la frente una vez... en fin sufrí demasiados accidentes durante mi infancia. ¿Dónde quedo ese niño? Sé que yo era muy sociable, hablaba hasta por los codos y no había quien me callara, sé que era metiche, chismoso y hablaba siempre de más, si querías mantener algo oculto tenían que asegurarse de que yo nunca lo supiera porque podría correr el chisme o rumor a la velocidad de la pólvora. ¿Cómo fui que me adentre en este mundo de soledad y aislamiento, lleno de libros y fantasía?

Termino apagando la televisión porque no soporto la programación, es idiota y para nada entretenida. ¿Acaso ahora todo se basa en la violencia sin sentido y en los romances grotescos? Que patético y yo que creía que los libros superaban limites increíbles en cuanto a esos temas.

Reviso el reloj, aún es temprano, podría hacer mil cosas.

Pero lo que realmente hago es volver a la cama, me recuesto junto al bote de helado y de vez en cuando clavo la cuchara para tomar un trocito y esperar a que se derrita dentro de mi boca, rodeo la cuchara con la lengua y trato de refrescar mi mente con el frio bote poniéndolo en mi frente, tengo uno de esos días en los que siento que todo, absolutamente todo dentro de mi cuerpo es absorbido por un gran agujero negro o un gusano espacial, todas mis emociones se retuercen tratando de sobrevivir pero se ven arrastradas sin darles tiempo a gritar, solo me rasgan mis órganos.

No sé cómo, pero vuelvo a quedarme dormido.

Tengo un interesante sueño pero, cuando vuelvo a abrir los ojos gracias al sonido del timbre, no logro recordarlo, maldigo a quien me ha despertado, odio tener esa sensación molesta de saber que me han interrumpido en algo bastante interesante que pasa solo en mi cabeza y que hay una enorme posibilidad de que no pueda volver a soñar en, quizá, toda mi vida. Es un sentimiento de lo más frustrante.

Como puedo me levanto de la cama, estoy aturdido y tengo el cuerpo demasiado dormido como para que reaccione por si solo a las órdenes que mi cerebro les está enviando, no sé por cuanto he dormido, pero por el opaco azul del cielo sé que bastante tiempo, tengo que repetirme tres veces la acción que se supone que tengo que completar y, así, evitar salir volando por las escaleras gracias a un paso en falso que pueda llegar a dar. No tengo idea de cómo, pero me las arreglo para llegar a la sala y de allí camino solo un poco para abrir la puerta, el timbre vuelve a sonar y con un rápido girar del picaporte abro la puerta para hacerle saber a esa persona que está llegando en mal momento, que acaba de interrumpir algo importante.

Allí, parado de una forma vaga, vestido con sencillos pantalones de mezclilla, zapatos lustrosos negros y una camiseta de manga corta, color salmón, sosteniendo un montón de libretas y material, está la persona que no deseaba ver hoy, justo hoy que me he levantado con un humor poco soportable. No lo reprimo, dejo salir un bufido de exasperación y pongo cara de "Eres una molestia en estos momentos"

— Hola a ti también. —saluda Levi con sarcasmo después de ver mi cara.

— ¿Qué quieres? Te dije que no iría hoy a la escuela. —trato de parecer rebelde, para parecer que he faltado porque se me ha dado la gana, obvio fallo, mi cara de sueño y mi pijama de patos en una tina espumosa, me delatan de forma criminal. —Además

¿Cómo sabes dónde vivo? No recuerdo haberte invitado y mucho menos haberte dado mi dirección.

—Tu hermana nos explicó con demasiada claridad donde es que resides.

Ah, sí, claro, aquella vez.

—De todos modos... ¿Qué haces aquí?

—Hay un proyecto que necesitamos terminar, ¿lo olvidas? La semana que entra empiezan los preparativos del festival.

Gruño, odio esto.

Con algo más que pesar y fastidio me hago a un lado para que mi compañero pase al interior de mi casa, algo más pequeña que la gran residencia donde él habita, es cómoda y lo suficientemente grande como para que vivamos plácidamente cuatro personas pero a comparación a la de él, obvio es más diminuta.

—Por cierto, que sexy pijama. —dice él después de dejar los materiales sobre la mesa de centro de la sala.

Miro mi vestimenta y ruedo los ojos. Es blanca, con lindos patitos amarillos dándose un baño relajante en tinas rosas llenas de blanca y azul espuma, hay palabras cursivas color lila y rosa como "Cuac" "Happy shower" Y "Sweet dreams" Es un pijama de lo más cómodo y confortable pero también de lo más ridículo para alguien que está por cumplir los dieciocho años. Pero me importa muy poco lo que este tipo piense de mí, le vale un cacahuate que tipo de pijama uso, no tengo la culpa de que mi madre sufra crisis de ternura cada que ve algo que le agrada y quiera pegármelo a mí como si fuera una chica, mi padre dice que ella quería niña en vez de un chico.

Con pasos lentos y precavidos me acerco a la mesa y observo la gran lámina con la que trabajamos ayer, aún están esas bruscas pinceladas que dio aunque no se ven tan mal.

—Espero que ya tengas listos los cuentos. —digo mientras me dejo caer en el piso alfombrado.

—Los traigo en la mochila. —contesta, deja con cuidado un montón de botecitos de pintura sobre la mesa y rebusca dentro de una carpeta de plástico transparente.

— ¿Ya lo vio la profesora?

—Sí, dice que está bien, solo que hay que dibujar más cosas y usar más tonos grises.

Suspiro y me estiro haciendo que mis huesos truenen.

Me levanto y voy a la cocina por algo de beber, limonada es lo que encuentro dentro del refrigerador así que supongo que no estará mal, saco un plato y lo lleno con frituras que hay en las puertas bajas de la alacena, supongo que si voy a estar trabajando puedo darme un pequeño refrigerio. No he comido nada saludable desde que me levante por primera vez, alzo la mirada para ver el reloj de la cocina. 3:58 pm, vaya que dormí bastante. Me siento relajado, supongo que eso se debe al sueño del que fui interrumpido, mientras vacío una bolsa de bolitas de queso, trato de recordar de qué iba aquel sueño.

Me las arreglo para llevar los vasos con limonada y el plato lleno de frituras, es algo un poco complicado para alguien que es demasiado torpe después de despertarse de golpe, pero con algo de suerte logro llegar a la sala sin accidentes, le entrego el vaso de limonada a mi compañero y me dejo caer de nuevo en el suelo.

—¿Por qué has faltado hoy? —pregunta mientras finge leer unas hojas, que supongo deben ser los cuentos.

—Te lo dije ¿No? Desperté tarde.

—¿Y tus clases normales?_ Insiste.

—Simplemente no he querido ir a la escuela. —respondo con un poco de agresividad. —Que sea un chico que se la pase en la biblioteca no significa que tenga que asistir siempre a clases, incluso yo poseo algo de rebeldía.

Él no responde, me molesta, no le interesa que es lo que hago con mi vida estudiantil.

Mientras él sigue en su ardua labor de buscar los cuentos dentro de su mochila, yo empiezo a dibujar sobre otros pedazos de papel de color para completar las láminas, subo un par de veces a mi habitación por otros materiales de dibujo, acuarelas, pinceles, colores, lápices, gises, plumones y más hojas pero al cabo de un rato llego a una sola conclusión. Él no ha traído los cuentos, lleva como veinte minutos rebuscando en cada libreta y carpeta que posee.

—Deja de perder el tiempo, no los has traído.

—Creo que los olvide en uno de los salones.

—Subiendo las escaleras la tercera habitación es la mía, puedes usar mi computadora para buscarlos, no te demores demasiado, conecta la impresora en el tercer puerto, los demás pueden quemar la laptop.

Se nota sorprendido ante mis palabras, pero obedece y yo continúo dibujando.

Me dejo sumir en un leve aturdimiento dentro de los dibujos, es bastante relajante en algunos momentos, colorear, pintar y trazar líneas, de vez en cuando me baso en otros dibujos que encuentro en algunos libros que hay en la sala, me dedico a copiar algunos y a editar algunos, les pongo mi propio toque personal y ya están, yo solo acabo con las frituras y tengo que lavarme varias veces las manos porque mis dedos se quedan pegajosos y amarillos gracias al queso, miro el reloj de nuevo, 4:50pm, casi una hora. ¿Qué rayos hace en la computadora?

Algo en lo que soy demasiado bueno, de lo que me enorgullezco demasiado y en lo que logro destacar muchas veces, es en lo sigiloso y silencioso que puedo llegar a ser, puedo caminar con demasiado suavidad sobre un terreno lleno de hojas secas y no provocar ruido alguno, muchos dicen que es demasiado escalofriante, pero me es demasiado útil en demasiadas ocasiones, como esta, por ejemplo.

Mis escaleras son en forma de caracol, tapizadas de madera, hay ciertos escalones que hacen ruiditos cuando sienten el peso de la persona subiendo por ellos, así que tengo que memorizarlos y no pisarlos para evitar ser descubierto. Tantos años viviendo aquí, es algo que ya hago de manera automática. Estoy descalzo lo que me da demasiada ventaja. De puntillas camino el corto pasillo de la planta alta de la casa y me acerco a mi habitación, se ve la luz de la computadora, una luz azul de la pantalla de inicio, es decir que ni siquiera he entrado al usuario visitante. Con algo de sigilo me asomo para ver que hace.

Esta sentado sobre mi cama, leyendo un libro, como tengo las cortinas cerradas está un poco obscuro así que no logro ver la portada, parece demasiado atento a lo que ve, de vez en cuando sonríe, algo dentro de mi salta, es una sonrisa amable, tierna, no de esas que suele dedicarme, llenas de sarcasmo y burla, esta es diferente, debo admitir que no creía que alguien como él pudiera crear una forma curva tan linda en esa cara tan malhumorada que carga a diario. Me quedo observando durante un rato, entre tratando de averiguar que lee y admirando una faceta que no conocía de mi compañero y asesorado.

El sonido del plástico hace que rápidamente descubra que es lo que lee o mejor dicho que es lo que mira, porque no es un libro, ni de lejos, es un álbum, mi álbum de fotografías, por desgracia no cualquiera, uno que tiene las fotos de mi infancia, entre ellas el gran berrinche que hice durante una navidad, es tan horrible esa foto, mi padre capto el momento en el que lloraba y berreaba porque quería acompañar a una de mis tías a una feria y mi madre me había denegado el permiso, tengo la cara roja y surcada en lágrimas, odio esa foto y sé que la odiare el resto de mi vida. También hay otras de mí siendo un bebé, donde tengo unos lentes de fondo de botella enormes adornando mi cara diminuta, fue una broma por parte de mis tíos, otra donde estoy gateando con una de mis piernas atadas a una de las patas de la cama y bueno, un montón de fotos de ese tipo, son fotos que nadie debe ver.

Me incorporo poco a poco y me paro en frente de la puerta con demasiada altanería.

—¿Qué se supone que haces? Llevas casi cuarenta minutos metido aquí y ni siquiera has encendido correctamente la computadora.

Él alza la vista y sonríe.

— Admiro la ternura de personita que eras. —mi labio inferior tiembla y estoy a punto de lanzármele para arrebatarle el álbum.

—Deja de perder el tiempo y mueve tu trasero de regreso a la computadora, necesito esos cuentos.

—Dime, ¿Qué le ha pasado a este niño que aparece en las fotos?

—Está parado frente a ti, diciendo que te apures a tu trabajo y es el mismo que va a golpearte si no lo haces.

Suelta una risita y cierra el álbum dejándolo de donde lo ha agarrado, sin dejar de sonreír se sienta frente al computador dando comienzo a su búsqueda. Después de eso, no sé muy bien que hacer. Mueve los dedos rápidamente sobre el teclado y en menos de diez minutos tiene las hojas impresas frente a mí.

—Listo. —susurra de manera altanera.

—Pudiste terminarlo desde hace rato. —trato de sonar molesto.

—Pude terminarlo ahora.

Tuerzo los labios y me encamino de regreso a la sala, recorto de forma circular los párrafos de los cuentos y los pego en los espacios de la lámina, les doy algo de color y listo, nuestra parte de la elaboración de las pancartas está terminada.

—Bien. —enrollo con cuidado las láminas, trato de no maltratarlas. —¿Quieres llevártelas? O ¿Me las quedo?

—Quédatelas, ya he batallado demasiado hoy trayéndolas hasta tu casa.

—Nadie ha dicho que tenías que venir, deja de quejarte.

—No pensaras que terminaría esto yo solo.

— Ah, claro, olvide que eres un inútil.

—No soy un inútil, simplemente no me gusta hacer este tipo de cosas.

Suelto una risa burlona.

Acomodo los materiales y pongo las láminas en el librero para que mañana no se me olviden, hay momentos en los que la memoria me falla. Mi estómago gruñe indicando que es hora de la comida. Pero tengo que esperar a que mi "invitado" se vaya, no quiero comer con él, hay ocasiones en las que soy lo suficientemente egoísta.

—Por cierto ¿Por qué te has saltado clases hoy? —pregunto cuando la pregunta acude a mi mente.

—No me las he saltado, he pedido permiso para faltar. —explica él mientras admira el cuadro con una fotografía de mi familia dentro de un parque de diversiones. —Realmente eras adorable de niño.

Tengo que morderme la lengua para no soltar todas las obscenidades que se me, que él diga ese tipo de cosas me molesta, demasiado.

—Bueno, pues ya puedes irte.

—¿Por qué?

— Pues ya hemos terminado las láminas, no es necesario que te quedes un minuto más aquí, aparte de que tengo cosas que hacer.

— ¿Así es como agradeces que haya venido hasta tu casa para terminar el proyecto?

—Nadie te lo pidió.

—En serio fastidias. —dice rodando los ojos.

No quiero que se quede, quiero que salga por esa puerta y no vuelva nunca. Estoy ansioso, su sola presencia me es desesperante en estos momentos, podría explotar en cualquier instante, soy bueno canalizando mis emociones pero incluso hay límites para eso.

—Tengo hambre. —de un salto se levanta. — ¿Qué vas a invitarme de comer?

—Nada. —contesto rápidamente.

—Oh vamos. —se pone las manos en la nuca y se encamina a la cocina.

Suspiro y le sigo.

¿Qué es lo que quiere? ¿Por qué no se va y ya?

El hecho de haberlo cachado viendo mis fotos hace que me avergüence y me pregunte qué es lo que está pensando en estos momentos sobre mí.

Su celular suena y molesto lo saca sin ver quien es, contesta.

—Diga.

—¿Dónde estás? —pregunta su hermana claramente molesta. —Ya me han dicho varios profesores que no has asistido a clases.

—No te interesa, lo que haga. ¿O sí?

— No, pero estoy harta de que me pregunten por ti y no saber qué contestarles. ¿Dónde estás? ¿Estás con Eren? Él también ha faltado.

— Deja de molestar Mikasa. —dicho eso cuelga.

Me muerdo el interior de las mejillas.

— ¿No que habías pedido permiso para faltar? —digo mientras tomo una galleta.

— ¿Y que si no lo hice? —ahora está enfadado.

—Mira, no te desquites conmigo solo porque tu hermana te ha llamado la atención, no es mi culpa que pierdas tus clases y...

—Tú también has perdido clases. —dice como contrataque.

— No me compares contigo.

Nos sostenemos la mirada durante un rato hasta que él se rinde y suspira pasándose los dedos por el cabello.

—Tengo que irme. —susurra, acto seguido se dirige a la sala, toma sus cosas y se queda parado en medio del lugar.

Me acerco con precaución para ver si puedo descifrar esos pensamientos ocultos mediante sus facciones de piedra, pero él está mirando a la nada.

Trueno los dedos para traerlo a la realidad, él respinga y me mira con el ceño fruncido.

—¿Qué?

—¿Qué tienes?

No me contesta, chasquea la lengua y se encamina a la puerta, toma el picaporte con fuerza, decidiéndose entre sí lo gira o no, al final lo gira pero no sale de inmediato, duda y sigo preguntándome que es lo que ronda por su cabeza. Rápidamente gira sobre sus talones y de dos zancadas se para enfrente mío y deposita un ligero beso en mi mejilla derecha, me mira a los ojos, gira de nuevo, abandona mi casa y ya.

Y yo...

Yo solo me quedo mirando la puerta cerrada mientras trato de procesar las acciones que acaban de pasar. Poco a poco mi cerebro me explica, pero sigo sin comprenderlo.

Gracias por leer.

Parlev.