Por favor, perdonen la demora. Estoy lamentablemente enferma y no me levantado de mi cama en días. :(

Aún así, disfruten y recuerden comentar

Besooooooos


Capítulo 7

Cuando me recuperé lo suficiente de la estampida orgásmica, Regina me dejó y volvió con una toalla de manos humedecida. Vi como me limpiaba la parte interna de mis muslos y mi entrepierna. El calor de la toalla y la intimidad de aquel acto me conmovió.

"Gracias" susurré, mirándola a los ojos. Haciendo extensa mi gratitud más allá del hecho de haberme limpiado.

Me besó y mi sabor seguía aún en su lengua. Y, aunque saciada, el calor volvió a renacer con el roce de sus labios y cuando su respiración se volvió irregular, ella se apartó enseguida.

"De nada."

La seguí con mi mirada mientras se dirigía al dormitorio y lanzaba la toalla en un cesto de ropa sucia. Cuando volvió a mirarme, me descubrió con los ojos pegados a ella y me hizo un guiño.

Me ruboricé. La nueva familiaridad que ella mostraba con mi cuerpo me hizo sentirme extraña. Me revolví para recomponerme mientras me abrochaba torpemente los botones del vestido. Después, me bajé del taburete, encontré mi ropa interior en el piso y la lancé en mi bolso.

Ella me miró extrañada mientras buscaba su chaqueta.

"Las bragas están… empapadas." Noté como su boca se frunció ligeramente. Claramente complacida. "No puedo ponérmelas."

El ceño fruncido sustituyó su mueca divertida.

"No vas a trabajar sin ellas, Emma. Tu vestido es demasiado corto."

"No me importa. Tendré cuidado."

"A mi sí me importa." Regina se acercó a mi y colocó las manos sobre la parte superior de mis brazos. "Emma, el hecho de que no lleves bragas es muy caliente. Pero cuando yo esté contigo. Pero definitivamente, no es excitante saber que estás desnuda rodeada de un montón de clientes borrachos que te quieren manosear." Estaba muy seria, como si estuviera reprimiendo a una niña rebelde. "De hecho, no me gusta."

Vaya, Regina tiene una vena celosa. ¿Podía ser más atractiva aún?

Pero yo no podía dejar que se metiera en todos los aspectos de mi vida. Ya había insistido en lo del chófer. Y había intervenido en la elección de mi ropa. Me mantuve firme:

"Se cuidar de mi misma."

Ella se cruzó de brazos. Yo la imité.

"No me voy a poner unas bragas empapadas. Estaré oliendo a sexo toda la noche. Y piensa lo que eso provoca en un montón de clientes borrachos con ganas de meterme mano."

Regina frunció el ceño.

"Entonces déjalas. Las pondré con mi ropa para que así las laven."

Sabiendo que no iba a ganarle, las saqué y se las entregué.

"Si querías un recuerdo, no tenías más que pedirlo."

Las cogió con expresión tensa. "No necesito un recuerdo de lo que acaba de pasar. Ya te lo dije, no será la última vez. Espera a que me prepare para irnos" Desapareció en el baño dejando la puerta abierta.

"¿A qué te refieres con eso?"

No esperaba a que fuese a venir conmigo. Pero no respondió ni oí que dijera nada sobre el sonido del agua.

"¿Has dicho algo?" preguntó al volver, mientras me tendía unas bragas negras de encaje. Fruncí el ceño. "Tomalas. No te preocupes son nuevas."

Hice lo que me dijo y me las puse delante de ella. Bajó su brillante mirada mientras ella se ponía su chaqueta nuevamente. Tomó mi cara entre sus manos y aplastó sus labios con los míos. "Sexy como el infierno que lleves puesto algo mío". Su boca sabía a menta y ella misma olía a manzanas.

Tomó mi mano y salimos por la puerta del piso hacia un pasillo con otro ascensor. "No sabía que ibas al club".

"Si". Entramos en la cabina metálica y presionó un botón. "¿Algún problema con eso?"

Joder, claro que sí. Me aturdes, me deslumbras y me distraes. Sin embargo, solo me encogí de hombros. ¿Cómo iba a presentar mis ideas con la intensa mirada de Regina sobre mí, viendo esa boca que hace poco me había devorado tan hábilmente? Sobre todo cuando sus esos mismos ojos marrones y esa misma boca retocada no mostraban indicios de que hubiera ocurrido nada fuera de lo normal.

Sin embargo, pregunté: "¿Por qué me has citado aquí si de todos modos ibas a verme en el club?"

"Intimidad, Emma. Imagino que no querrías que te follara en el club, ¿verdad?" Las puertas del ascensor se abrieron y me invitó a entrar. "¿Te arrepientes de haberlo hecho?"

La sonrisa que mordía su voz delataba el doble sentido en sus palabras, mientras viajábamos al vestíbulo.

"No". Me apresuré a responder. "Me arrepiento de que no hayas acabado conmigo". No recuerdo ni una vez que una mujer haya permitido que yo tuviera todo el placer sin recibir a cambio el suyo. Me hizo sentirme aún más vulnerable delante de ella.

Apretó mi mano en la suya. "Tendrás oportunidades para eso. No te preocupes."

Entonces aparecieron en mi mente imágenes en las que tenía todas esas oportunidades. Tocando su cuerpo desnudo, piel caliente y perfecta. Mi mano entre sus suaves piernas…

Mi cuerpo empezó a reaccionar nuevamente. No era lo que necesitaba en ese momento. Debía tener la cabeza despejada. Y eso sería más fácil sin el objeto de mi deseo al lado, con sus dientes rozando el lóbulo de mi oreja, su olor embriagador y su mano enlazada con la mía.

Carraspeé para recobrar la compostura. "Como dijiste que no eras mi jefe y todo, creía que no vendrías."

Ella gimió en mi oído. "Puede que Rubí quiera algún asesoramiento. Debo ir." De repente me miró. "Además, siento curiosidad. ¿Va a suponer algún problema para ti?

"No estaba preparada. Eso es todo."

Sus ojos se iluminaron al darse cuenta.

"Estas nerviosa."

"Si" fue mi respuesta simple.

Ella movió detrás y me envolvió en sus brazos.

"No lo estas. Eres perfecta y lo harás perfectamente."

Me hundí entre sus brazos. Eso era lo que necesitaba. Su caricia después de un acto tan íntimo. Me había sentido desnuda y expuesta. Necesitaba recobrar la confianza, no solo en la presentación del trabajo que estaba a punto de mostrar, sino en lo que ella sentía, o en su atracción, o lo que fuera que tuviera por mí.

Y bajamos. Dirigí mis pensamientos a Rubí y a la presentación que estaba a punto de realizar. Rubí, un nuevo horror me invadió.

"¿Podríamos…?" No sabía como verbalizar la pregunta que estaba a punto de hacer. "¿Tenemos que… hacer lo de la farsa hoy?"

"No quieres que Rubí te haga más caso porque crea que estas saliendo con su jefe".

"Exacto".

Y como aún podría casarme con Rubí algún día, mi teatro con Regina requería actuar con delicadeza. Aunque la idea de casarme con Rubí ahora me parecía menos atractiva que antes.

"Podemos mantenerlo en secreto uno o dos días, si lo prefieres."

"Gracias".

La ansiedad apareció en mi estomago mientras pensaba como equilibrar a las mujeres de mi vida y todos los aspectos de mi relación con ellas: el falso romance con Regina, el deseado futuro con Rubí, la ruptura de la dependencia con Neal, el sexo real con Regina, la posibilidad de ascenso con Rubí… Sentí un escalofrío y apreté más los brazos de la morena sobre mi cuerpo.

Ella malinterpretó mi nerviosismo.

"Ya sabes lo que dicen que hay que hacer con los nervios" me susurró al oído: "imagínate al público desnudo".

La miré sorprendida.

"¿A Rubí y a ti?"

"No, señorita Swan. Solo a mí. Es una orden".

El mordisco que recibí, combinado con el tono dominante de Regina hizo que se me humedeciera todo. En cierto modo, no creía que imaginármela desnuda frente a mi fuera ser de alguna ayuda.

Jefferson nos esperaba en la calle delante del edificio en un Maybach 7 color negro. Yo nunca me había montado en un coche de lujo y mi reacción innata habría sido la de gesticular como una loca y babear todo, pero contuve mi entusiasmo tratando de aparentar la indiferencia que no sentía.

Recliné el asiento para aprovechar el reposapiés mientras que Regina se ocupaba de algunos asuntos de trabajo. Envío mensajes con su iPhone de lujo e hizo varias llamadas.

Yo debería estar enfocándome en mi presentación, pero me fascinaba escuchar cómo dirigía sus negocios. Un tono bajo e imponente le salía con total naturalidad, incluso con las órdenes más simples. Normalmente cuando hablaba conmigo así, yo me sentía alterada y desconcertada. Pero ahora que la veía hablar de ese modo con los demás, o quizá por lo ocurrido entre nosotras, me sentía más fuerte.

Llegamos al club cinco minutos antes de la reunión. Regina se quedó un rato en el coche para dejar que yo entrara sola en lugar de hacerlo juntas. En el despacho me encontré a Rubí enchufando mi ordenador portátil.

"Hola" me saludó. "¿Estás lista para alardear ese cerebro tuyo?"

Me pregunté si Rubí sabría que Regina planeaba estar presente. En cualquier caso, no quería que supiese que yo lo sabía.

"¿Empezamos?"

"No, Regina me dijo que quizá venga. Espera unos minutos."

Regina entró minutos después.

"Rubí" saludó sin mucha ceremonia. "Señorita Swan" me dijo a mi con un movimiento de cabeza. Me pregunté si ese gesto sería por consideración hacía mi, consciente de que una caricia suya sería una fuerte distracción para mí.

Comenzar a presentar mis ideas fue un gran esfuerzo para mí, pero gracias a mis diapositivas de PowerPoint fuí entrando fácilmente en mi papel y me olvidé enseguida del público. Primero, me centré en los aspectos operativos de The Rabbit Hole, las cuestiones que suponían una amenaza para nuestra competitividad con otros establecimientos, y sugerí un aumento de horarios y días de apertura, una nueva formación de personal principal o un modo unitario de funcionamiento entre camareros de la barra y los de la mesas. Después, pasé a las recomendaciones de marketing, haciendo hincapié en un cambio de imagen total en el que se destacaran las salas en forma de burbujas.

Hablé cerca de una hora y media. En algún momento, Rubí hizo preguntas y yo respondí con seguridad y de manera concisa. Conocía The Rabbit Hole. Conocía el negocio. Sabía que era lo que podría hacer para convertir ese club en un sitio alucinante. Me sentí bien por ello.

Salvo unas cuantas preguntas pidiéndome alguna aclaración, Regina permaneció en silencio y atenta. Cuando terminé, la miré, esperando algún comentario, algún elogio o algún tipo de reacción.

Pero en lugar de eso, ella solo miró su reloj.

"Rubí, ahora tengo que irme a otro sitio. Puedes llamarme mañana, si quieres hablar de esto."

Las endorfinas de la presentación no fueron suficientes para protegerme de la frustración que me provocó la falta de reconocimiento por parte de Regina. ¿Me estaba mandando a la mierda? ¿A dónde tenía que ir un jueves a las ocho de la noche?

En fin, si a Regina no le había gustado mi presentación, mala suerte para ella. No era mi jefe, tal y como había puntualizado con tanta vehemencia. No necesitaba de su estúpida aprobación. Yo había sido la mejor de mi clase. Sabía de lo que hablaba.

Cerré el ordenador mientras mi rabia se traducía en movimientos bruscos.

"Gracias" dijo Rubí.

"Perfecto. ¿Emma?"

"¿Qué?" casi, casi espeté.

Regina esperó a que la mirara a los ojos para continuar.

"Acompáñame por favor."

Me mordí el labio mientras la seguía por la puerta de la oficina, consciente de que mi actitud no había sido nada profesional. Al menos, me iba a reprender en privado. Caminamos en silencio por la rampa que conducía a la entrada. El club no abría hasta después de una hora.

Cuando estábamos cerca de la puerta de la calle, Regina tiró de mí hacia el interior del guardarropa. Yo grité de sorpresa.

"Emma… Emma, Emma" gruñó Regina apretándome con fuerza con su cuerpo a la pared y sosteniendo mis manos a ambos lados. Pasó su nariz por el lado de mi mandíbula. "Has estado brillante, ¿sabes?"

"No." Mi voz sonó como un chillido. El cambio en su comportamiento me había pillado desprevenida. "Es decir, sabía que mis ideas eran buenas, pero como después no dijiste nada..." terminé, intentando no sonar con amargura. No importaba, me había vuelto gelatina cuando empezó a mordisquear el lóbulo de mi oreja. "Entonces… ¿He estado bien?"

"Emma, ¿de verdad lo tienes que preguntar?" Se apartó lo suficiente como para mirarme. "Tus ideas me parecieron brillantes, prácticas y originales." Apoyó su frente contra la mía. "Y que seas tan inteligente me calienta tanto."

Me sentí aturdida. Normalmente me enganchaba a mujeres que se sentían atraídas por mi cuerpo, no por mi mente. Eso me animó. Ahora estaba segura de que la atracción de Regina por mi había comenzado en el simposio de Stern.

"Así que a Regina Mills le encantan las cerebritos."

"No. Me gustas tu." Alternó sus palabras con besos ardientes en mi cuello. "Me gustas aún más cuando estás en plan de cerebrito, cuando estás aturdida, cuando vibras bajo mi lengua."

Mierda, Regina sabía que botones apretar, botones que yo ni sabía que tenía. Me estremecí bajo sus besos. Quería tocarla, pasar mis dedos por su sedoso cabello y apretar aún más su cuerpo con el mío. Pero ella aún tenía mis manos sujetas, así que tuve que conformarme con hacérselo saber con palabras. "A mi también me gustas, Regina."

Aplastó su boca contra la mía y por fin soltó mis manos, para meter las suyas debajo de mi vestido y agarrar mi culo casi desnudo fuertemente y rasguñando mi piel mientras su boca me consumía de forma agresiva. Mis dedos volaron hasta su cara y coloqué mis manos sobre sus mejillas suaves, a la vez que mí lengua se movía en su boca. Cuando nos apartamos en busca de aire, las dos estábamos jadeando. Sus ojos se volvieron negros, y relucían con malicia. "Querida Emma… Durante la presentación, ¿me has imaginado desnuda?"

Sonreí. "No tenía datos suficientes, nunca te he visto desnuda."

"Yo tampoco te he visto desnuda, pero eso no me impide imaginarte." Recorrió mi cuerpo con una mirada sucia y lanzó un gruñido. Como si me estuviera imaginando desnuda en ese mismo instante. Su conducta juguetona hizo que me sintiera más valiente que nunca con ella.

"Entonces, ¿cuándo vamos a resolver el hecho de que nos hemos visto desnudas?"

Regina sonrió y pasó un dedo por mi mejilla. "Ah, ahora es la señorita Swan quien tiene ganas."

"Siempre he tenido ganas, pero ahora estoy completamente segura." Giré la boca para morderle el dedo y ella me miró levantando una ceja oscura.

"¿A qué hora trabajas mañana?" me preguntó.

"A las nueve." Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando pasé de morderle el dedo a chuparlo.

"Oh, Emma. Me aseguraré de terminar mi trabajo como sea antes de las cinco" dijo con voz ronca. "Ve a esa hora a mi loft. Sube hasta arriba en el ascensor principal y marcas el código siete, tres, dos, tres. Repítelo para mi."

"Siete, tres, dos, tres."

"Buena chica" gruñó y que me llamara así me calentó aún más. "Te lo enviaré por mensaje para que no lo olvides. A las cinco, Emma. No comas, yo te daré de comer." Sacó el dedo mi boca y lo chupó sin dejar mi mirada ni un momento. "Y me darás de comer a mi." Se acercó y me dio un beso profundo.. Suspiró al apartarse de mi. "Hasta mañana, señorita Swan." Murmuró contra mis labios antes de desaparecer por la puerta del guardarropas.

Menos de una hora de que Regina se fuera, Belle me detuvo cuando pasé por la barra de abajo.

"Emma" dijo haciendo un gesto hacia la pequeña bolsa que había sobre la barra. "La Reina Malvada ha dejado eso para ti mientras sacabas las cajas registradoras del despacho."

Me reí entre dientes. No tenía ni idea de lo que Regina podría haberme dejado. Aún me estaba dirigiendo a la puerta principal para abrir el local, cambié de dirección y me acerqué al paquete.

Había un papel doblado por fuera. Con letra clara había escrito: Como lo prometí.

Me ruboricé tontamente, ya sabía lo que había en el interior. Y como suponía, mis bragas estaban lavadas y dobladas. No quise pensar que empleado suyo se encargaba de lavar la ropa intima de los ligues de Regina. Pero el hecho de que se hubiera preocupado me pareció lindo.

"Qué es, Em?" preguntó Belle y yo cerré rápidamente la bolsa.

"No es nada. Me había dejado una cosa antes cuando estuve en su despacho." Me recriminé en silencio. Su siguiente pregunta sería por qué había ido al despacho de Regina. Pero no fue eso lo que preguntó.

"¿Te has dejado tus bragas en el despacho de Regina? Sí, he mirado. ¿Qué esperabas de mí?"

Me froté la cara con una mano. Belle lo iba a descubrir muy pronto de todos modos. Era la oportunidad perfecta para contarle que estaba saliendo con aquella mujer.

Pero no lo hice. No estaba preparada todavía para compartirlo. Quería vivir la realidad un poco más antes de empezar a interpretar aquella farsa.

"Belle, prometo contártelo. Pero no esta noche."

Dejó escapar un suspiro exagerado. "Vale, da igual. Pero más vale que me des detalles jugosos cuando estés lista para contarlo."

"Trato hecho" contesté. Llevé la bolsa a la sala de descanso y las guardé en mi bolso. Me descubrí sonriendo al espejo. Puede que me hubiera equivocado con Regina. Estaba claro que no era la gilipollas presuntuosa que había creído. De hecho, estaba resultando ser bastante decente.

Maldita sea.