MISHA
Padre dice que a pesar de tener dos hijos más yo tendré que ser el heredero de todos sus negocios y a ellos sólo les dará una parte de dinero inferior a la mía, dice que no están listos para afrontar responsabilidades mayores ya que teme que puedan arruinar años de esfuerzo derrochándolo todo.
"Tú, mi primogénito, debes ser el que siga la gran estirpe Yovanovich y como es costumbre deje su nombre en la placa. Así es como debe ser Mijail. Sé que estás listo, pues algo muy grande está viniendo a ti"
No sé si estoy listo. Pero fingí una sonrisa amplia. "Claro, padre" Dije.
Aunque debido a las últimas cosas que han estado pasando, tengo el presentimiento de que mi padre también incluirá a Hermione en su testamento pronto, por la manera en la que la mira, y habla de ella. A mí, en lo personal aquello no me molestaría en lo absoluto, aunque no es su verdadera sobrina lo tiene fascinado, y se siente orgulloso de ella. Mucho más de lo que yo lo podría hacer sentir jamás.
El problema será cómo reaccionaría Niko ante esto, no creo que le haga mucha gracia. Y Nastia aun es demasiado pequeña como para que eso le pueda preocupar.
Gracias a mi padre no tuve muchos amigos en mi infancia, ni los tengo ahora. Vagamente recuerdo a mi madre y sus mimos, también era una mujer hermosa y desgraciadamente tan ingenua como para pensar que podría cazar por "diversión" con su amante a una Quimera, un extraño monstruo con cabeza de león, cuerpo de cabra, y cola de Dragón.
Sólo hubo un solo mago en toda la historia que pudo matar a una quimera, y segundos después murió de fatiga, junto a su caballo alado.
Nada en mi vida fue diferente de antes y después de la muerte de mi madre, seguí acudiendo al colegio muggle y los veranos mi padre me mandaba un tutor privado a que me enseñara sobre sus negocios muggles. Su nombre era Albert Steiner, un simpático viejecillo Alemán que a pesar de ser un excelente tutor siempre se quedaba dormido y yo nunca aprendí mucho de nada, pues no me interesaba.
Cuando me hacía evaluaciones hacía trampa. Todas eran orales. Puesto que era demasiado pequeño para leer y escribir. Pasaba un rato charlando con él para postergar el examen y que se quedara dormido, y en cuanto lo hacía sacaba de su maletín los apuntes de las respuestas que yo tenía que dar y después, cuando despertaba, se las recitaba como poema, dejándolo boca abierto.
Mi Padre estaba orgulloso de mí. Ese verano me compró un montón de cosas lindas incluso el poni que siempre le había rogado que me diera para mi cumpleaños.
Aunque a mí lo único que me interesaba (e interesa todavía) era dibujar incansablemente en cuadernos y lienzos que mantenía escondidos de él. Podía pasarme horas detallando un paisaje un rostro o una invención mía, y debo de decir modestamente que aquello se me da bastante bien.
Comencé con la pintura por mera casualidad. Cuando haciendo una rabieta a escondidas, como muchas otras que hice y sigo haciendo por tener que hacer cosas que no me gustan para mi padre, tiré un gran tintero sobre un pergamino viejo. No limpie el desastre, al contrario, lo tomé con las manos y comencé a pintar todo en la habitación. De pronto, cuando el llanto cesó un poco, deje de hacer trazos furiosos y sin forma para intentar trazar como se veía el mundo desde fuera de mi ventana.
Cuando la señora de la limpieza llegó, casi muere de un disgusto. Me dijo que más valía que mi padre no viera aquello y lo limpió todo con magia de un santiamén. Aquello normalmente me habría molestado, pero yo ya había sacado toda mi furia.
Aleluya. Había encontrado algo que me podía dar calidez, paz, y satisfacción, era una manera callada de rebelarme contra mi padre, por débil que ésta fuera, por lo menos era algo.
Y después llegó ella. Miranda, mucho más joven que mamá y también muy hermosa. Le ayudó a mi padre en su campaña política muggle y con ella acrecentó su fortuna, a pesar que lo único que hacía era sonreírle a sus compañeros de trabajo.
Algo positivo en Miranda, es que nunca ha engañado a mi padre con otros hombres, no como mamá. Y mucho menos se atrevería a salir a cazar un animal mágico tan peligroso como la Quimera. Pero aún así, no sé por qué no termina de caerme del todo bien, aunque tampoco es que la odie. Quizá sea tan solo su fría personalidad y su poca atención hacia mí.
Después nació Nikolay, ese hermano tarado con el que nunca pasé mucho tiempo.
De inmediato noté que mi padre nos trataba muy diferente a ambos. A él le concedía todo cuanto pidiese, lo mimaba y lo mecía como jamás hizo conmigo. Lo llevaba con sus amigos a sus partidos de quidditch mientras a mí me dejaba con Albert aprendiendo cosas inútiles que no me interesaban en lo absoluto.
A él jamás le dio nunca un tutor privado, al contrario. Dejaba que pasara los veranos enteros acostado en el sofá mirando televisión. Y yo poco después entré a Durmstrang y mis trabajos y tareas se duplicaron, pues tenía que tener excelentes notas y nunca tuve vacación alguna, siempre papá estaba tratando de hacerme aprender algo, siempre. No pasaba tiempo conmigo, sólo con Niko y su preciosa esposa, quien también me ignoraba.
Tiempo después nació la pequeña Anastasia. Una niña perfecta y preciosa que era la única de la familia que mostraba cierto interés en mí. Mi padre y yo volcamos nuestras vidas en aquella niñita cariñosa. Yo veía como el gran hombre de negocios se moría de ternura ante las graciosadas de su hija y se le caía la baba al verla sonreír. Sin duda ella es la hija más consentida del mundo.
No tuve ningún tipo de relación con mi hermano hasta que éste empezó a acudir también a Durmstrang, pero eso fue solo durante dos años hasta que me gradué y mi padre me obligó a ir a una universidad muggle.
Sentía envidia de Niko, tan relajado, tan altivo. Buscador en Quidditch y por lo tanto popular, parlanchín y bueno con las chicas, y sobre todo envidiaba que él era hermano entero de Nastia y yo sólo de una parte, eso me hacía sentir excluido de la familia, con un padre que probablemente se había tenido que casar con mi madre por que venía yo en camino aunque jamás me atreví a preguntárselo directamente.
El castillo de Durmstrang era grande y frío. Constaba de cuatro pisos y muchas veces me sentí solitario pero aún así lo prefería a estar en casa. Donde mi única alegría era cuidar de Nastia.
Sólo tenía un amigo: Bors. Que convenientemente era mudo, por lo tanto podía contarle de mis penas y tragedias sin interrupción y siempre me escuchaba atentamente.
En el colegio tenía muchos compañeros Rusos, quienes estaban mejor acostumbrados al frío infernal que hacía en los alrededores, donde solo había hielo y aguas congeladas. Teníamos un dormitorio para cada dos personas divididos en cinco secciones que eran nuestras casas que simplemente tenían por nombre aquello que hubieras deseado estudiar:
Ucheni: Hombres de estudios y negocios.
Alkhimiya: Estudios alquimistas, herbolarios y pociones.
Sushtesva; Criaturas mágicas.
Cherna Magiya: Magia oscura.
Gadaene: Adivinación.
Aunque todos estudiábamos todas esas materias, se hacía mayor énfasis en la que hubieras elegido como tu casa. Y en todas ellas era ley que se mencionara por lo menos tres veces a la semana el uso de la magia oscura como el "arte" natural de todo mago. A mí siempre aquello me ha puesto los pelos de punta pero me acostumbré a usarla y fingir que no me molestaba.
Los días eran demasiado cortos, por lo que no me daba mucho tiempo de ir a clases, hacer deberes y además pintar. Eso me molestaba mucho.
Además me parecía estúpido que no aceptaran a hijos de familias muggles ahí. Y los mestizos casi siempre eran mal vistos. Aunque aquello no pasó con Niko y seguramente tampoco ocurriría con Nastia.
Mi padre me había dado como encargo expreso al empezar los cursos que yo debería forzosamente quedar en el Ucheni, como él. Para lo cual tuve que hacer un examen de aptitudes mintiendo sobre mis gustos para que me aceptaran ahí.
Yo en realidad quería estar en Sushtesva como Niko… o en cualquier otra menos aquella o magia oscura.
Me costaba mucho trabajo poner atención en clases, todo era historia de la magia, leyes y clausulas de duendes, elfos, trolls, centauros, y otros humanoides insípidos. Me copiaba siempre de Bors, que era brillante.
De ésa manera me gradué con mención honorífica, Bors no pudo hacerlo, ya que su mudez le impidió completar el último examen oral y por más que abogué por él, no conseguí que se le aplicara de otra manera. Aunque a él no parecía importarle mucho.
Me sentía culpable por ello. Así que traté de compensarlo dándole muy buenas referencias de él con mi padre que al cabo de un periodo corto de tiempo lo hizo su asistente personal, y se le pagaba muy bien.
Mientras yo, tenía que acudir a esa estúpida universidad muggle. Donde todos me preguntaban dónde había estudiado antes y yo tenía que mentir diciendo nombres de colegios caros que anunciaban por televisión, o daban folletos en la calle dando información sobre cuotas y becas.
Era imposible tener amigos en la universidad muggle. La mitad del tiempo no sabía de qué rayos estaba hablando la gente.
Había pocas mujeres, pero eran frías y sin chiste. Y las que había en los edificios de los lados que estudiaban otras cosas eran demasiado vanidosas y melosas, usando esa vocecilla de bebé que sólo aprobaba en Nastia, pero que en cualquier otra persona me parecía de lo más estúpido.
RECUERDOS DE MIJAIL YOVANOVICH
Fui a recoger a los Grangers al aeropuerto, más porque Miranda me obligó a hacerlo que por mera disposición. Estuve esperando ahí casi una hora hasta que divisé un cabello enmarañado parecido al de Nikolay y supe de inmediato que ella era su prima, puesto que sus ojos, cabello y bocas eran idénticos. Pero que debo admitir, en ella lucían mucho mejor.
Tras comprobar su aspecto unos minutos me di cuenta que era verdad lo que mi madrastra había dicho; la muchacha no se veía muy saludable que digamos y bajo sus ojos había marcas profundas de llanto e insomnio, y un gesto que solo adquieren las personas que han vivido mucho. También estaba muy delgada y pálida y parecía sumamente frágil.
Verla ahí fue como un balde de agua fría al corazón. Nada salvo mi pequeña hermana me había causado antes tanta ternura. Tanta necesidad de estar ahí para ella y protegerla.
De pronto me di cuenta que la había estado observando demasiado pues parecía un poco incómoda, pero no podía quitarle los ojos de encima. Sus padres al darse cuenta de aquello empezaron a sacar temas de conversación después de una rápida presentación de todos nosotros. Y aunque ella participaba activamente, parecía estar o querer estar en otro lugar. Era obvio que sufría. Pero trataba de fingirlo sonriendo de vez en cuando.
Al llegar a casa me di cuenta que mi padre no estaba. Contuve mis ganas de darle un puñetazo a la mesa. Otra promesa sin cumplir y no nos llevaría a los tres al Quidditch tal como lo había afirmado.
Estaba tan decepcionado que no pude evitar comentar un poco de aquello en voz alta y frente a todos. Pero Miranda me hizo cerrar la bocaza y luego me tranquilizó llevándome aparte cuando los Grangers se fueron a dormir para recordarme que su hermana no sabía que se había casado con un mago y en debido caso no lo entendería.
Pase buena parte de la noche iniciando un cuadro con el rostro de Hermione. Pero solo pude hacer las bases de algunas cosas, ya que por alguna razón ese rostro se me complicaba más que cualquier otro.
Ya había hecho uno de mi padre, con una sonrisa de medio lado, entre tiránica y simpática. Y un lado lo había pintado de negro con el rostro deformado y del otro de blanco pareciendo atractivo como un ángel ¿Porqué? Pues de un lado significaba su forma de ser conmigo, y del otro. Como trataba a los demás.
Había hecho uno sobre Miranda. Muy parecido a la mona lisa. Por su carácter frio.
Y en un solo cuadro a Niko y Nastia. Juntos, guapos y perfectos, como siempre. Con una gran iluminación blanca en el fondo sobre un gran prado verde y un pequeño rostro de mi padre detrás de ellos igualmente feliz y sonriente.
¿Míos? Ni se diga, había hecho muchísimos, buscando de alguna manera tratar de encontrar mi propia identidad. Pero naturalmente, no la encontré. Pues no era lo suficientemente valiente como para encarar a mi padre.
Me dibuje iluminado, en la oscuridad, solo, en compañía, acostado, sentado, sufriendo, gozando, de traje de negocios (aquel me causó mucha risa) y como un pintor aficionado más.
Deje el cuadro de Hermione a medias, donde lo único verdaderamente claro era su preciosa boca, que tantos problemas me estaba causando, y la silueta de su pelo. Lo envolví como de costumbre en una gran manta y lo escondí en un pequeño espacio secreto que había ideado especialmente para esconder cuadros en mi habitación y me fui a la cama.
A la mañana siguiente me encontré con la gran sorpresa de que la muchacha preciosa el aeropuerto también era bruja, fuimos todos al Quidditch y parecía estar contenta. Trataba de llamar su atención de cualquier manera pero había tanto ruido y tantas cosas que ver que no lo logré y decidí mejor dejarla tranquila para que disfrutara del partido.
Y de pronto se me borró la satisfacción y sonrisa cuando vi al Mismísimo Viktor Krum dirigiéndose a ella directamente. ¡Lo conocía! Aquel compañero mío de generación al quien envidié desde siempre. ¡También aquello sería suyo y no mío!
El la miraba con ternura, adiviné que también conmovido por su demacrado aspecto. Sonreía y no paraba de hablarle y ella parecía mucho más contenta con él, que conmigo.
¿Es que nada en este mundo iba a ser para mí?
¿Qué madre, que padre, que hermanos y qué personas irían a admirarme y amarme como a Niko, Nastia, Hermione y Viktor?
Pocos días después me enteré de la razón de la rara apariencia de la Granger menor. Mi padre nos explicó a los cuatro: Niko, Nastia, Miranda y a mí que su sobrina se estaba muriendo lentamente y que sólo le quedaban a lo mucho dos o tres años de vida. Por eso, había contratado a Viktor para llevarla a todas partes, pero no le daba dinero alguno ya que alegaba que le debía un "favor" personal y este fue el momento exacto para aprovecharlo pues el padre de Hermione estaba destrozado y había acudido a mi padre pidiéndole ayuda apenas llegamos. Quería hacer vivir a su hija el mayor tiempo posible a como diera lugar.
Papá dijo que tendríamos que tener mucho cuidado en no mencionar esto jamás, pues le había dado un puesto muy bueno en el ministerio y ella desconocía por completo su mala suerte.
Pero a mí me parecía honestamente muy cruel que le ocultaran una cosa tan grande e importante como ésa. ¿Qué le dirían dentro de dos años, cuando estuviera tumbada en cama sin poder moverse? "Aquí te traigo tu desayuno, mi amor. Ah y por cierto… ¡Morirás en tres semanas!"
¡Qué estupidez!
Nastia lloró toda la noche. Era muy sensible. Pero a la mañana siguiente ya estaba como si nada.
Miranda se encogió de hombros y siguió con su limpieza habitual y Nikolay se quedó muy pensativo durante unos días.
Yo, por lo pronto, lo lamentaba muchísimo. En verdad estaba empezando a sentir algo por ella.
Ya había terminado su cuadro. Era precioso y resplandeciente, vestía un lindo vestido blanco y era como si el sol entrara y saliera de ella y de ese cabello castaño tan desordenado. Y en sus ojos cafés, tan expresivos y casi siempre tristes, puse un reflejo de Viktor y Ron... y muy sutilmente, escondido en algún lado, de mi rostro también.
Durante el transcurso del día los padres de Hermione habían estado muy angustiados pues había huido de casa desde la noche anterior. Ya decía yo que era solo cuestión de tiempo para que lo hiciera, eran exasperantes como padres.
Una noche, cuando no podía dormir, me atreví por vez primera a acudir con mi padre y hablar con él. Me recibió molesto, ofuscado cuando encendí la luz y me ordenó que volviera a dormir.
Miranda gritó un débil "¡Lárgate!" hundiendo la cabeza entre las cobijas y de inmediato me percaté de que había interrumpido algo importante…
Hice como si no me hubiera dado cuenta de nada.
"Padre, necesito hablar con usted. Es importante."
Me miró entornando los ojos, como diciéndome "Más vale que lo sea" y me hizo una seña para que saliera de la habitación. Ya estando afuera, en el pasillo, llegó subiéndose los pantalones para llevarme a su despacho y sentarse con brusquedad.
"¿Pero qué demonios quieres?"
El no hablaba así con nadie más que no fuese yo. Ni siquiera con sus empleados.
Yo esperaba de pie, ahora dudando en si decirle o no. Pero ya había llegado hasta ahí y seguramente Miranda también me estaría maldiciendo por lo bajo desde la habitación. El daño estaba hecho. ¿Qué más daba?
Me senté valientemente, y haciendo como si no temiera a mi padre, me crucé de piernas y me erguí un poco.
"He pensado en lo que nos contaste sobre Hermione…"
"¿Y?"
"Quiero casarme con ella"
No me esperaba una reacción así de él. Pensé que como hacía cada vez que se enfadaba, daría un puñetazo a la mesa y me dejaría hablando solo, pero en vez de eso, lanzo una grande y sonora carcajada.
"Ahora piensas como un verdadero Yovanovich, hijo mío. ¿Así que piensas quedarte con la chica para cuando muera tener el prestigio evidente que ella tendrá no es así? Sin contar la fortuna que amasará para entonces. Muy listo Misha, muy listo… Brillante… Estupendo."
Qué curioso, entre todo eso, no lo había escuchado pronunciar ni una sola vez la palabra amor. ¿Era posible ser tan ciego? Me resultaba imposible de creer que de entre toda la gente que sabía de mi "secreto" solo mi padre desconocía que me moría por su sobrina. Y vaya que todas las personas que me conocían lo sabían. Incluso aquellas que aun no me conocían tan bien como los señores Granger, por ejemplo.
No me atreví a contradecirlo. Viendo lo feliz que estaba, ignore el hecho de que pensaba que lo hacía por conveniencia e hice de lado mi amor.
"Sí, padre exactamente. Y necesito tu ayuda"
"Bueno, pues no será nada fácil. Máxime porque tengo la impresión de que tu amiguito Krum está también muy interesado en ella de nuevo."
¿Ah sí? no me había dado cuenta… Pensé sarcásticamente y sintiéndome de pronto desanimado de que pudiera leer mejor al muchacho Krum que a su propio hijo.
Después de que mi padre se fue a dormir yo me asomé por la ventana de mi habitación, pues de nuevo no podía quedarme dormido por el tremendo escándalo que estaban haciendo dos personas gritando afuera. Pude reconocer de inmediato la voz de Hermione y me levanté de la cama tropezando.
Pero en cuanto lo hice, me arrepentí. Pues no me gusto nada lo que vi.
Era Viktor, sujetándola de la cintura y el cabello y besándola como si el mundo se pudiera acabar en cualquier momento. A pesar de la distancia era obvio que le estaba metiendo la lengua, por la manera en que los iluminaba la luz y se veían las mejillas de ambos abultándose de pronto.
Ella también hacia lo suyo, no era como si nadie la estuviera forzando. Se me llenaron los ojos de lágrimas, pues la vez que yo intente besarla en un partido de quidditch ella volteó la cabeza tan rápidamente que casi me voy de boca hacia el piso.
Pero en esos momentos se veía tan… suena feo esa palabra pero… Deseosa…
Su padre salió de la nada a salvar mi noche y correr a Viktor. A él y le había contado mi deseo de casarme con su hija desde hacía una semana y la idea le pareció gustar muchísimo.
"Como dice el dicho, todo queda entre familia" Me dijo guiñándome un ojo.
Y en esos momentos comprobaba que no quería que nadie más la engatusara salvo yo. Lo amenazó con molerlo a palos y acto seguido el sujeto en cuestión se desapareció dejando a la preciosura absorta y a su padre colérico.
Después de ello fui a recostarme de nuevo y a la mañana siguiente, cuando quería ir a darle lecciones privadas de Búlgaro como excusa para verla me encontré con la sorpresa de que ya se había ido definitivamente de la casa.
Eso me hizo sentir desesperado. Pase el día entero buscándola por toda Sofía y no di con ella.
Hasta el Lunes en la tarde, que llegó a casa como rayo a visitar a mi padre y darle excelentes noticias sobre el gran avance que había alcanzado en el trabajo que le encomendó.
Mi padre me llevó a parte y me dijo que ahora más que nunca me convenía actuar rápido, pues cada vez era más evidente lo especial que era ella y lo poco que duraría en este mundo. Aunque últimamente tenía un mejor aspecto que antes.
Se quedo solo unos minutos y abrazó a Nastia con fuerza. Era obvio que se adoraban. Incluso la nena lloró un poco. Le dijo que le escribiría desde Durmstrang cada semana.
Pero justo cuando iba a hablar con ella salió corriendo pues serian sus primeras clases formales en la universidad muggle. Yo fingí que también iría, como excusa para largarme detrás de ella, pero lo cierto es que los lunes no tenía clase alguna.
La espié durante las 4 horas que permaneció ahí yendo de lugar a lugar, fascinada. Presentándose con todos y respondiendo rápidamente a cualquier pregunta de los profesores.
Aquello me sorprendió. Sabía que era brillante. Pero no había estudiado en uno de esos "bachilleratos" a donde iban los muggles y era normal que se tuvieran problemas para comprender muchas cosas. Pero ella no.
Llegaron unos chicos musculosos a presentarse y ella fue a amable pero rápidamente les dio a espalda. Sonreí. Aunque no sabía si el rechazo era debido al recuerdo de su ex novio, el beso de Krum y quizá en alguna parte muy remota de su corazón de mí también…
Estaba anocheciendo cuando al fin salió y yo pude ir desde mi escondite.
"¿Qué tal tu primer día?" Dije rogando que pareciera que yo también había tomado clases.
"Excelente, ya extrañaba estar en una escuela. ¿Ya vas para tu casa?"
"No. ¿Qué tal si vamos a alguna parte?"
Hizo una mueca de lástima que me molestó un poco.
"No, lo siento, en verdad estoy muy cansada. Ha sido un día larguísimo. Y ya es muy tarde."
"Sí. Te comprendo… pero hay Quidditch mañana, quizá podríamos…"
Parecía no estar escuchándome y tenía un gesto de concentración algo chistoso.
"¿Cómo irá Nastia a Durmstrang? ¿Van a dejarla a alguna parte o…"
"No. Personal de la escuela va por los alumnos a cada casa. ¿No era en Hogwarts así?
"Para nada. Nuestros padres nos dejaban en una estación de ferrocarril de muggles y había una plataforma escondida por la cual teníamos que cruzar y abordar el expreso que nos llevaría al colegio. ¿En qué los llevaban a ustedes?"
"Al principio llegan en algo parecido a un autobús muggle, para no llamar demasiado la atención. Pero después de alejarse un poco y estar en las orillas de la cuidad, tomamos un carruaje con thestrals y volamos sobre Noruega…"
"¡Durmstrang está en Noruega! Vaya que sorpresa! Es por eso que hace tanto frío ahí"
"Bueno… ¿Pero si vendrás conmigo al Quidditch una vez más? Creo que te interesará, pues juega España contra Inglaterra. Es la gran final"
"Desde luego, pero espero que no te moleste que ya había invitado a Harry y a Ginny, pero claro que puedes venir con nosotros"
¡Demonios! De nuevo me habían ganado la partida. Pero ni modo. Algo era algo, debía de aprovechar.
"No. Ahí estaré entonces."
"Por cierto. ¿A qué hora se va Nastia? Quisiera estar ahí antes que vayan por ella."
Hermione
Después de la plática con Misha, me dispuse a escribirle de nuevo a Harry, esta vez con la lechuza que la señora Helena dejó a mi disposición por 10 Levs más al mes. Esa viejecilla era un regalo del cielo.
Lo cierto es, que sí había comprado los boletos para nosotros. Pero aun no le avisaba a Harry sobre ello pues quería que fuera una sorpresa y tenía muchísimas ganas de verlos a él y a Ginny… y a decir verdad, también a Ron. No se lo dije a Misha, pero también lo invitaría a él.
Estaba muy confundida por Viktor y a la vez culpable con Ron. Les debía muchísimo. A ambos. Y aunque no quería estar con ninguno de los dos, quería estar en el poder de llevarme bien con ellos antes de cometer alguna estupidez. Aunque sabía que no sería fácil, pues de cierta manera los amaba a cada uno por una razón diferente.
Comencé a escribir, deseando esperanzadamente, que con ello se aclararan mis pensamientos.
Querido Harry:
Huí de casa. No podía soportar más el carácter de mi padre y además tengo muchísimas cosas que contar, pero que no sería adecuado hacerlo por vía lechuza.
Ahora vivo en una casa en renta cerca del centro de Sofía. Una propiedad de una viejecilla rubia y encantadora que insiste en visitarme seguido y cocinarme deliciosas galletas.
Yo se que tu cumpleaños acaba de pasar. Y me sentí mal por no haberte mandado ningún obsequio, como todos los años. Pero para compensarlo he comprado boletos para ti, Ginny y Ron al partido de Quidditch de mañana en la tarde que sé que esperarán con ansias ustedes tres. Así que por favor vengan. Los necesito como nunca en mi vida.
Con amor
Hermione
Justo tres horas después, a media noche recibí su contestación con un patronus. En el que dijo que le acababa de llegar la carta y no mandó otra de contestación pues duraría demasiado tiempo.
Explico que de hecho los tres llevaban deseando ir desde hacía semanas pero que les habían dicho que los boletos ya estaban agotados. Me preguntó como había hecho para conseguirlos, y que obviamente aquí estarían.
(Simplemente diciendo quién era mi tío, y me los dieron en el mejor lugar disponible)
Me sentí realmente feliz al leer esa contestación.
En el trabajo a la mañana siguiente, no preste atención a absolutamente nadie. Me quede encerrada en mi oficina, archivando y acomodando los papeles que había duplicado de la expedición.
Tenía que ser sumamente cuidadosa. Pues los documentos estaban ya en mal estado y si les llegaba a pasar algo me quedaría sin evidencia para constatar que mis investigaciones eran ciertas.
También muchas páginas estaban roídas por ratones y quedaban algunos huecos en los que era imposible (por obvias razones) llegar a leer algo. Y agradecí a lo más sagrado que ese día no tendría clases en la universidad. Pues seguramente emplearía mucho tiempo en terminar todo aquello y el Quidditch comenzaría a las 5:00 pm.
Tras muchas horas, dejé los papeles en la mesa y me fui del lugar despidiéndome de todos pero sin siquiera volverme a mirar a nadie. Estaba bastante apenada por el beso que le había dado a Viktor el día anterior, y no quería que pensara que eso significaba que éramos novios o algo así.
En realidad no sé porque lo hice. Me invadió la emoción.
Cuando llegué al estadio. Ya estaban esperando afuera los tres. Y me abalancé para abrazar a cada uno. Incluso a Ron. Pero en cuanto lo hice me di cuenta que Mijail estaba detrás de ellos también e hizo un gesto de disgusto cuando le di a Ron un beso en la mejilla.
Me volví hacia Mijail y lo presenté como mi primo. Aquello tampoco pareció hacerle mucha gracia.
De pronto, dijo que tenía un compromiso en no sé dónde y salió huyendo, pero fue más que obvio que simplemente se sentía incomodo. Pero ¿Qué esperaba? ¿Que ambos saliéramos en una especie de cita romántica? Eso no pasaría ni con él ni con nadie.
Cuando se fue me vi en la libertad de platicar y pelear con Ron como antes. Y me di cuenta que Viktor nos observaba.
A propósito y no sé por qué lo hice… ¿acaso quería causarle celos? Comencé un juego estúpido e infantil abrazando a Ron de vez en cuando y haciendo pensar que éramos novios de nuevo.
Como todo un caballero el muchacho Búlgaro no dijo nada, y se trago su coraje hasta que era claro que serian los últimos minutos del juego y mi compañía se distrajo. Me jaló de un brazo y me llevó abajo a un lugar apartado.
"¿Qué demonios crees que haces?"
Iba a sonreír y decirle algo inteligente o hiriente. Pero justo cuando tomaba aliento para hacerlo distinguí en sus ojos que estaba a punto de llorar. Decidí mantener la boca cerrada.
Entonces, era cierto que me amaba. A pesar de todo lo ocurrido nunca se me paso por la cabeza que los sentimientos de Viktor hacia mi pudieran tener algo de románticos… ¿Por qué actué como una chiquilla? Jamás había hecho una cosa tan estúpida como la anterior. Me sentí mal de inmediato y baje la cabeza, rendida.
"¿Ya volviste con ese estúpido?"
"El no es ningún estúpido"
"Entonces es verdad. ¿Porqué a las mujeres les gusta que las hagan sufrir, y no ven cuando alguien se muere por ellas? No. Siempre prefieren al chico que las lastima. ¿Qué no ves acaso que me muero por ti? ¿Por qué me haces esto? ¡Me besas y después me ignoras! ¿A qué estás jugando conmigo?"
Esto último lo dijo muy fuerte y claro, dando un puñetazo a la pared más cercana. De pronto me percate de que el juego ya había acabado y que Harry, Ginny y Ron nos habían estado observando. Y supe que Viktor había dicho eso a propósito pues de seguro sabía desde antes de que estaban a un costado de nosotros.
Ron se fue de ahí de inmediato. También herido, pues seguramente había pensado que solo lo invite para utilizarlo y darle celos a Viktor… pero no fue así… Juro que no.
Ginny y Harry se quedaron plantados en su lugar, sin saber qué hacer. Suspiré. Tendría que hacer lo que tenia qué hacer frente a ellos también.
"¿Hace cuanto que sabias que estoy muriéndome?"
Me miró con los ojos muy abiertos, iba a decir algo pero no se lo permití. Quería acabar con eso rápido e ir tras Ron.
"Bueno, entonces no te hagas la víctima, que si hablamos de juegos y engaños tú eres el que sale perdiendo."
Al decir esto me giré bruscamente, y me era difícil caminar. De nuevo me dolía muchísimo el pecho. Más por Ron que por nada. Pues Viktor de alguna manera lo tenía merecido. Me trató de tomar del brazo.
"¡No me toques!" Rugí.
Harry y Ginny actuaron rápido. Y me tomaron de los hombros para desaparecerme lejos de ahí.
Llegamos a un pequeño prado, hermoso y soleado. Seguramente idea de Harry por los recuerdos de la guerra, para poder hablar a solas.
"Por favor, dime que no es cierto" sollozó Harry.
"Eso quisiera. De verdad, lo que más deseo es que todo esto no sea más que una simple pesadilla."
"Pero tiene que haber una manera de evitarlo. Debe de haber algo que se pueda hacer" Terció Ginny.
"Me han llevado con los mejores medimagos y médicos muggles. Nadie sabe qué es lo que tengo. Me iré como máximo en tres años, y me iré apagando poco a poco. Llegará un punto en el que ni siquiera podre hablar o caminar. Por eso quería hacer las paces con Ron. Dejar todo bien antes de que me… vaya. Pero todo me salió mal. No creo que vuelva ni aunque se lo ruegue."
Se hizo un silencio incómodo. Y no quería que nadie se preocupara demasiado. No me agradaba el rostro de preocupación y tristeza de Harry, por sus mejillas resbalaban un par de lágrimas
¡Bonito día! ¡Hoy cuatro personas estaban sufriendo por mi culpa!
Y de pronto se me ocurrió una pregunta que tal vez fue demasiado estúpida.
"¿Y quién ganó el partido?"
Ambos me miraron frunciendo el ceño. Pero después de unos segundos, contestaron.
