Cuando Stan era un pequeño niño no solía preocuparse de casi nada al despertar, excepto si había hecho la tarea o no, lo único que se preguntaba qué clase de aventuras tendrían ese día, qué clase de experiencias nuevas compartirían, ya fueran agradables o no, cuanta gente nueva conocerían… Lo mejor siempre fue compartir con Kyle, a pesar de que de vez en cuando tenían sus diferencias siempre podía contar con su amistad. Kyle, su súper mejor amigo…
Ahora cuando abría los ojos y lo primero que veía era su aburrido techo deseaba con todas sus fuerzas volver al pasado, a esos años mozos en los que no se preocupaba más que de cosas absurdas y sin sentido. Su mente se hallaba hecha un completo caos, recuerdos mezclados de la discusión con Cartman y el pelirrojo entre sus brazos le provocaban una jaqueca. Las ganas de querer escapar de toda esa mierda lo invadían cada vez más hasta sentirse asfixiado pero no había a donde escapar, su propia mente era su verdugo en ese momento ya que constantemente le recordaba cada maldito detalle de los últimos días. Repasaba buscando una inexistente salida.
Los días comenzaban a pasar tan lentos como dolorosos. Por las mañanas Stan tomaba el doble de alcohol de lo acostumbrado, no era un alcohólico por gusto pero dios sabía cuanta falta le hacía para soportar lo que se le venía el resto del día.
Esa semana comenzó mal, tan mal como para que llegara más temprano de lo habitual a la escuela, necesitaba prepararse mentalmente. Claro está que lo que menos quería era ver a Cartman o a Kyle, no obstante era consciente de que era algo inevitable y sabía de antemano que no sería para nada agradable. Estar unos minutos antes en el aula vacía le confería una tranquilidad perfecta, al menos hasta que llegaban los demás alumnos y su idiota corazón se agitaba al creer que podría ser cierto pelirrojo. Se llamó estúpido a si mismo cuando recordó que esa clase no la compartían, ya estaba paranoico y apenas era lunes.
La hora de la verdad se llegó y ninguno de los dos fue capaz de siquiera dirigirse una mirada. Kyle tomó el asiento más apartado del pelinegro, saco útiles y libros para repasar como si nada sucediera. Stan apretó con fuerza los puños mientras fingía que esa actitud no era inusual en su amigo y que no le afectaba lo más mínimo. Ignorando las miradas de todos aquellos que le conocían bien y que se sorprendían de lo que acababan de presenciar, haciendo oídos sordos a las indiscretas preguntas de Kenny, tragándose sus sentimientos… odiando a Cartman.
En cuanto al castaño, creyó en cuanto lo vio cruzar la puerta que las cosas se saldrían de control pero tan sólo fue ignorado, nunca le dirigió una palabra, ni una mirada, le estaba ignorando como si fuese un pupitre vacío. El único que le hablaba, que hablaba con Kyle y muy de vez en cuando con el culón era Kenny.
Todo era una mierda enorme y los días pasaron.
—¿Qué ocurre?
Era jueves, la hora del desayuno, estaba sentado solo porque Kenny había faltado a la escuela como era su costumbre o tal vez decidió sentarse con alguien más ya que un Stan callado y que no te escucha no es buena compañía. Quién sabe que mosca le picaría a Wendy para venir desde su muy popular grupo de amigos a sentarse con el ahora solitario Marsh y tampoco importaba, lo que importaba es que lo importunaba en su hora de amargura.
—No sé de qué hablas—contesto sin dejar de picar su comida, maldición, la cafetería debería ser multada por su comida tan insípida.
La chica suspiro pesadamente mientras se recargaba en la mesa con los antebrazos, observó la comida en la charola del chico por un rato sin decir nada. Stan comenzaba a exasperarse, ¿por qué no podía dejarlo solo? Se sentía miserable y el que ella le contemplara tan fijamente le recordaba a esas personas que observan la desgracia de otros para saber cómo es porque los hijos de puta nunca en su vida lo han sido.
—No soy estúpida, Stan—por fin habló.
—Nadie dijo que lo fueras, o reclámale a Cartman.
Cruzo los brazos sobre el pecho, ahora estaba a la defensiva, de todos los días, de todos los alumnos, de todos los problemas… no, no, no. La última vez que terminaron, la definitiva, había sido porque él así lo quiso y ambos sabían que aquello significaba que no había vuelta atrás. Era muy tarde para estarse preocupando por él.
—Primero llegas temprano, luego estas distanciado de Kyle, estas ausente en clases, ignoras a tus amigos, estas más agresivo…
—¿Cuál es el maldito punto?
Wendy enumeraba en montón de cosas que él ya sabía y que no había necesidad de repetir, el sólo hecho le ponía de mal humor y le provocaba dolor de cabeza. Además el que ella estuviera tan al pendiente de él lo hacía sentir incómodo.
—¿Qué ocurre?
De nuevo con esa estúpida pregunta y su paciencia seguía bajando más y más. Ella era muy inteligente, por supuesto, negarse no era algo factible porque si algo aprendió de la chica era que tenía una capacidad nata para descubrir sus mentiras y hacerlo en ese instante no era una opción, pero tampoco lo era decirle la verdad.
—No creo que sea de tu interés, además no es como que pudieras hacer algo.
—¿Tiene que ver con Cartman?—de repente ella se puso en una posición recta y su rostro se transformó en uno que denotaba perspicacia, luego se contestó a si misma—, siempre tiene que ver con Cartman—, aunque no esperaba que diera en el clavo tan pronto debió imaginar que lo relacionaría, el noventa por ciento de las cosas malas estaban relacionadas con él.
—Lo que sea no importa—lo mejor era si ella se alejaba del asunto, había suficiente gente dañada como para que ella se uniera a la lista.
—Me importa a mí.
Y ahí estaba de nuevo esa incomodidad.
Clavo la vista en ella, quien lo miraba con mucha intensidad. En un instante se sintió transportado al pasado, a ese pasado cuando estaba enamorado de la bella chica que tenía enfrente, a la pobre niña a la que vomitaba cada vez que trataba de dedicar una palabra decente. Su primera novia, su primer beso, su primer amor. Nostalgia por lo que no pudo ser. Desgraciadamente su amor se volvió una tediosa rutina de separaciones y reconciliaciones, echando a perder un bonito sentimiento infantil que no pudo madurar. En ocasiones se preguntaba si ellos hubieran seguido juntos tal vez ahora no estaría en este problema ni se encontraría sufriendo tanto. Pero lamentarse por algo que no se consolido ya no tenía sentido.
—No te importaba antes, ¿por qué te importa ahora?—quiso saber.
—Supongo…—hizo una breve pausa mientras acomodaba un lustroso mechón de cabello detrás de su oreja apartando por un instante la vista— que cuando uno comienza a madurar y ve las cosas en retrospectiva se da cuenta de que cometió algunos errores, errores que son consecuencias de las decisiones de las que uno comienza a arrepentirse.
La voz de la pelinegra comenzó a apagarse hacia el final de la última frase. Entonces comprendió lo que trataba de decir, siempre que regresaban todo era como si fuese algo natural y prefabricado, las reconciliaciones eran de "¿volvemos?" y "claro", no había nada real en ello. Esta vez era diferente, la sinceridad relucía bajo sus largas pestañas como una tenue luz de esperanza, la cual era en vano puesto que el corazón que él le ofrecía antaño ahora pertenecía a alguien más.
—No lo hagas, no te arrepientas, nunca te arrepientas de tus decisiones, yo no lo hago.
Eso fue todo lo que necesito decir para que comprendiera perfectamente que no había vuelta atrás. La pequeña esperanza en los ojos de la chica se vio desvanecida en un batir de pestañas y una franca sonrisa de resignación. El tiempo del almuerzo se terminó rápido, la mayoría de los chicos se levantaron para ir a su siguiente clase excepto ellos, ellos sólo se quedaron ahí hasta que Wendy se levantó, era la presidenta de la clase así que no podía llegar tarde. En cuanto a Stan se quedó sentado sopesando la idea de saltarse la siguiente clase en la que sabía se encontraría con él culón.
—No entres a clases—dijo la pelinegra mientras caminaba lento—, diré que te sentías mal y que regresaste a casa, no te preocupes por el justificante.
—Gracias—susurro suavemente mientras sostenía el puente de su nariz.
—Stan…—la chica se detuvo pero sin volverse a verlo, él tan sólo la miró de reojo sin soltar su nariz esperando a que ella dijera algo pero únicamente hizo amago de voltear sin realmente hacerlo—, nada.
Le observó alejarse hasta que desapareció detrás de la enorme puerta que separaba el comedor del pasillo. Esperó unos cuantos minutos hasta que todo el lugar quedo por completo vacío, no es que le importara si le veían saltarse las clases porque todo el mundo lo hacía y los profesores eran conscientes de ello por supuesto pero les daba lo mismo.
Kyle estaba frustrado, enojado, deprimido, confundido y en resumen cualquier cosa que terminara en "do", más o menos. No podía sacarse de la cabeza que dentro de unos días terminaría en la cama de ese gordo tramposo, convertido en una vil puta. De acuerdo, no era tramposo, no hizo trampa en cuanto al circo del hada de los dientes se refiere y el no sería una puta, no en el estricto sentido de la palabra porque técnicamente no se estaba vendiendo.
Lo único que se le ocurría para distraerse de aquello era meter la nariz hasta el fondo del libro. Números y datos inútiles que en su vida utilizaría era lo mejor para que su mente no siguiera pensando en su estúpida situación. Su idea pareció funcionar en un principio, al menos hasta que al entrar al salón el lunes esa segunda hora todo su esfuerzo se vino abajo. Stan. Ese fuerte muro que construyó se vino abajo como una edificación de naipes cae al primer soplido. ¿Y qué decidió hacer?, simple, ignorarlo tanto como pudiera. Ignorar los ojos clavados en la nuca, ignorar el vacío en su estómago, ignorar el dolor de pecho cuando lo escuchaba hablar e ignorar el hecho de por mucho que quisiera no podía ignorarlo.
Los días pasaron sin más, entre miradas furtivas y convivencias forzadas por el sistema de educación —gracias gobierno— Kyle se sentía más miserable. Podía fingir frente a todo el mundo, incluso sus padres, que todo estaba en orden pero cuando se encontraba solo, recostado en su mullida cama mirando los rincones oscuros como si ahí se encontrara la respuesta. Cuando no la encontraba simplemente cerraba los ojos tratando de dormir.
Un día mientras almorzaba, o mejor dicho picaba la comida, Token y Clyde charlaban animadamente, la mayoría de las mesas estaban ocupadas, no se sentaría ni con Stan ni con Cartman así que busco a un grupo medio decente pero como en toda la endemoniada escuela no había tuvo que conformarse con el grupo de Craig. No tuvo una bienvenida pero tampoco le rechazaron, le observaron y luego siguieron en lo suyo. Así fue por varios días hasta ese en específico.
—Hey Token, ¿ya viste?—dijo Clyde codeando a su amigo provocando que algo de jugo cayera de su vaso antes de beberlo.
—No, y ahora por tu culpa estoy mojado—le recriminó enfadado mientras inútilmente trataba de limpiar con una servilleta.
—No seas marica y mira—rodo los ojos mientras señalaba una mesa en particular.
—No es cierto —dijo el otro chico en un tono incrédulo—, creía que habían terminado para siempre.
Eso llamo un poco su atención, cierto par de personas llegaron volando a su mente mientras una sensación de angustia se instauraba en su pecho. No debía, no quería, pero lo hizo, despacio y disimuladamente miro de reojo el lugar que señalaba el castaño. Wendy estaba sentada frente a Stan, hablaban como hacía años no lo hacían.
—Vaya, esto me trae recuerdos—comento Clyde con una mirada soñadora recargando su mentón en la mano.
—¿Crees que vayan a volver?—Token volvió a la tarea de beber su jugo pero un nuevo codazo termino de derramar lo que quedaba —. ¡No jodas Clyde!, mira lo que hiciste.
—Cállate y mira, se miran fijamente como en estas historias cursis que chorrean miel.
El chico contemplo la imagen de la "pareja", se miraban directo a los ojos con tal profundidad que por un momento estuvo de acuerdo con lo que decía.
—No me extraña que vuelvan en cualquier momento—comentó el moreno—, su relación siempre fue un tira y afloja.
—Pero Stan había dicho que ellos ya no volverían—le recordó el otro chico.
—Siempre decían eso y siempre volvían—respondió—. Admítelo, de todas las parejas que hay en la escuela son los únicos que forman la pareja perfecta, terminaran casados y con un montón de hijos.
El castaño rio.
—Sí, se nota que aún se aman.
Un golpe en la mesa los saco de su plática, Kyle de había puesto de pie apoyando bruscamente las manos en la mesa y antes de que pudieran cuestionar nada se dio la vuelta para salir tan rápido como pudo del comedor. Una vez afuera camino y camino sin saber muy bien a donde dirigirse, las clases no comenzarías sino hasta dentro de unos minutos.
Fue hasta su casillero para preparar los cuadernos y libros de la siguiente clase. Suspiro una vez y otra vez y las veces que fueran necesarias porque el aire no estaba llegando a sus pulmones a la par que las palabras de Donovan se repetían incesantemente en su cabeza. No estaba seguro de que le pasaba pero el hecho de pensar en Stan y Wendy le provocaba un sentimiento de angustia en el pecho. ¿No se suponía que el pelinegro le había dicho que lo amaba?, si era así entonces por qué ahora estaba con Wendy.
En ese instante quiso golpearse la cabeza hasta que pudiera recuperar la capacidad de pensar con claridad de nuevo. No podía estar celando a Stan, no, porque era su amigo y lo que sucedió aquel día no debía de cambiar nada, al menos eso pensaba, al menos eso creía hasta el momento en que le dijo precisamente las dos palabras que le tenían confundido hasta el punto de que sentía que su cabeza iba a estallar. Kyle no amaba a Stan, no podía amarlo, eso no era lo que sus padres le habían enseñado, no podía corresponder sus sentimientos porque no era gay, porque estaba mal, porque se burlarían de ellos. Las excusas se empezaron a acabar y no pudo encontrar una lo suficientemente buena como para encontrar la razón para no celar al pelinegro.
Cuando la escuela acabó y llegó a su casa entró sin saludar a nadie, se encaminó directamente hasta su habitación donde lanzó su mochila a algún lugar y se recostó en su cama mirando el techo. Pensó demasiado durante las clases siguientes si debía hablar con Stan o simplemente dejar que las cosas siguieran como estaban hasta que lo peor pasara. Su consciencia no estaba muy a gusto después de lo que sucedió el sábado anterior, si cerraba los ojos todavía podía ver con claridad los ojos cristalinos de su amigo, si es que aún podía llamarlo así.
Huyó como un cobarde, en lugar de enfrentar la situación como solía hacer la mayoría de las veces se fue la casa de los Marsh asustado de la situación. Los días siguientes se preguntó qué hubiera pasado de haber continuado la conversación pero ya era tarde.
Y de nuevo los ojos de Stan.
—Kyle, ¿puedo pasar?
Su madre tocó a la puerta, no estaba del mejor humor como para ver a nadie pero ella no tenía la culpa además de que ni siquiera sabía. Mientras se sentaba en la cama y trataba de parecer lo más normal se cuestionó a si mismo si su madre aprobaría el que tuviera un "novio" en lugar de una "novia".
—Adelante—concedió cuando se sintió lo suficiente relajado.
La pelirroja entró despacio mirando con profundidad a su hijo y este supo que su actuación se había ido al traste. Claro, Sheila era una madre helicóptero y como tal no iba a dejar pasar algo como los cambios en su hijo. Algunas cosas que eran imperceptibles para los demás eran demasiado obvias para ella como el hecho de que Kyle siempre estaba contento antes de ir a la escuela y ahora parecía indiferente, eso era lo principal.
—Cariño—Kyle odiaba cuando su madre empezaba sus conversaciones con esa frase puesto que después de ella venía un sermón o algo por el estilo—, ¿está todo bien?
Bien, aquí tenía dos opciones, podía mentir y decir que sí sin dar mayores explicaciones o podía decir la verdad, confesar que estaba metido en un gran problema con Cartman por su obstinación, además de que acababa de descubrir que su mejor amigo lo amaba y ya lo habían hecho. En definitiva la segunda opción no era algo fuera una posibilidad, nunca.
—Más o menos—eso era algo medio aceptable porque Sheila sabía que algo no andaba bien pero tampoco le estaba diciendo que era el fin del mundo.
—Kyle, tú sabes que siempre podrás contar con nosotros y cualquier cosa que necesites puedes hacérnosla saber, trataremos de apoyarte en todo lo que podamos.
Su madre trataba de cinfortarlo tanto como podía. Kyle sabía que ella quería lo mejor para él y lo agradecía enormemente pero decirle lo que sucedía en realidad no era una opción, suficiente tenia con haber metido a Stan en su problema y las cosas de fueron más abajo. Los ojos de su madre lucían tan preocupados que lo hizo sentir culpable.
—Mamá...—pero luego no supo como continuar, necesitaba un consejo urgente y Kenny quedaba fuera de la ecuación—, estoy confundido.
—¿Sobre qué, cielo?
—Hipoteticamente hablando—sí, un caso hipotético era mejor—, si dos personas se conocen desde siempre y una de ellas empieza a desarrollar sentimientos por la otra hasta que un día, por circunstancias especiales decide confesarlo pero la otra persona no esta muy segura de lo que siente, ¿que debería hacer?
Su madre se quedo pensatuva, como analizando todo lo que le había dicho. Ya sabía él que no iba a tener una respuesta rápida o fácil pero su madre no le respondía y eso le ponía los nervios de punta.
—Es un asunto complicado—dijo al fin—, creo que si los sentimientos de esa persona son sinceros no deben ser tomados a la ligera y la otra persona debe ser honesta con los propios para darle una respuesta adecuada.
El pelirrojo suspiro, si el problema se tratara sólo de eso...
—Es que...—se cortó a si mismo sin saber como continuar.
—¿Qué?—pregunto la mujer.
—¿Que tal si esa persona tiene un problema por el cual no puede pensar claramente?, quiero decir una deuda con un tercero.
—Cielo me temo que tendrás que ser más específico porque no te estoy entendiendo.
—Bueno—suspiró cansinamente—, digamos que una chica hizo una apuesta y ahora debe tener una cita con un chico, pero antes salió con otro, quien le dijo que la amaba. Ella esta confundida porque lo conoce de toda la vida y no sabe lo que pasara si sale con el otro chico.
Trato de describirlo lo más parecido a su situación, haciendo énfasis en que se trataba de una chica para que su madre pudiera comprenderlo y al mismo tiempo no sospechara del problema en el que estaba aunque ella intuiría que había algo de relación con él y su historia.
—Lo único que veo que ella puede hacer es reflexionar la situación con cuidado, ordenar sus prioridades y tener muy claros sus sentimientos porque alguien podría resultar herido.
El consejo de su madre no era fácil como lo había esperado, pero tendía razón. Desde que vio como Stan y Wendy se miraban en la cafetería la angustia había permanecido en su pecho. Eran celos y lo sabía, la cosa era que no quería admitirlos ya que esto significaría que sentía algo mucho más profundo por Stan de lo que creía. Podría quebrarse la cabeza con miles de excusas de por que no deberían estar juntos pero al final la sola idea de estar lejos resultaba dolorosa.
—Todo esto es sólo hipotético, ¿cierto?
—¿Qué?—la voz de su madre lo sacó de sus pensamientos a la par que le acariciaba el cabello que salía por debajo de su gorro—. Ah, sí, claro.
—Igual espero que te sirva—se puso de pie y se dirigió a la puerta—. Lavate las manos y baja para la cena.
Una vez que su madre lo dejó solo pudo respirar con tranquilidad, se dejo caer hacia atrás en su cama para ver el techo, tratando de no pensar mucho. Como si ser adolescente no fuera suficiente problema en su vida. Al cerrar los ojos pudo visualizar a Stan, con sus rebeldes mechones saliendo por debajo de su gorro, cayendo y cubriendo parcialmente sus cejas, sus ojos azul oscuro, profundos como el océano. Nunca había notado que la nariz de Stan era bonita, por decirlo de alguna forma, y que debía de haberlo hecho puesto que nunca dejaba de tocar su entrecejo cuando estaba enojado o frustrado. Luego sus labios, esos sonrosados labios que le habían hecho probar un poco de gloria, tan suaves y húmedos.
Empezó a imaginar los labios den pelinegro besandolo, primero suave, lento, tomandose todo el tiempo del mundo para degustar cada rincón de su boca, acariciando su lengua con la propia. Inconsciente se relamio los labios para luego llevo una mano a su boca. Su respiración se volvió más pesada y un dolor se apodero de su cuerpo. Fue cuando sintió que un cosquilleo invadía su zona intima que abrió los ojos y se percató del nuevo problema en sus pantalones. Tendría que tomar una ducha fría para calmarse.
Al día siguiente ya tenía las cosas más claras en su cabeza, no tenia caso negarlo por más tiempo, sí estaba celoso de Wendy y no soportaba pensar en que ellos hubieran vuelto, no después de que el pelinegro se le hubiera declarado después de hacerlo. Aún no estaba seguro de si lo amaba pero de que le quería le quería. Tenía que hablar con él.
Todo el día estuvo buscándolo pero no lo encontró por ningún lado, asumió que había faltado a la escuela o que probablemente se saltó las clases que tenían juntos y lo evitó toda la mañana. Esto lo deprimía bastante pero no lo entendía, si ka situación fuese al revés no sabía como reaccionaría.
Al terminar la escuela se dio por vencido. Kenny tampoco estaba aunque de él no le sorprendía y no había a quien más preguntar. Se dirigió a su casa a paso lento pues tenia que preparar algo de ropa para quedarse en casa de Cartman. Convencer a sus padres no fue difícil, solo tuvo que decir que el castaño necesitaba ayuda con un par de materias y listo. Hubiera deseado que su mamá se negara pero con sus buenas notas y las malas del culón era muy creíble.
Siguió caminando hasta que paso por el parque cercano a su casa, ese donde solía jugar de vez en cuando con sus amigos cuando eran niños. Casi no había niños ni gente pero en una solitaria banca había alguien sentado, alguien a quien conocía muy bien y con quien por fin podría hablar. Se acerco con cautela para no espantarlo, casi se sentía como un felino al acecho.
—Hola Stan.
En chico le miro de soslayo sin mostrar expresión alguna, cuando sus ojos se encontraron la respiración de Kyle se detuvo un instante, algo le decía que iba a ser una charla complicada. El pelinegro al ver que ni decía nada volvió la mirada al frente.
—¿Puedo hablar contigo?
—¿De qué podríamos hablar?, ¿no tienes otra cosa que hacer?
Las palabras de Stan estaban llenas de resentimiento y tenían toda la intención de ser hirientes.
—Estas moleesto conmigo por lo de Cartman, lo sé, pero quiero que sepas algo—antes de continuar aclaro su garganta —. ¿Puedo sentarme?
—Has lo que quieras.
No le estaba rechazando directamente y aunque le dijo que hiciera lo que quisiera levantó su mochila del suelo para ponerla entre ellos. Kyle se sentó a un lado y le miro como nunca antes le habia mirado. Estaba realmente enojado, no deseaba que las cosas terminaran mal entre ellos, no ahora que recién experimentaba cosas nuevas y que le atraían como un imán.
—Desde...—no estaba seguro de como decirlo, así que pensó que lo mejor era ser directo—, desde que lo hicimos estoy confundido. No se exactamente que es, sólo que es por ti y aunque aún me falta aclarar algunas cosas dentro de mi mente creo que tengo sentimientos por ti—su amigo lo miró sorprendido y antes de que dijera algo prosiguió —. No puedo decir que es amor pero despertaste algo en mi con tu confesión y ahora no dejo de pensar en ti.
Listo, había terminado de decir aquello por lo que se estaba muriendo de nervios. No sabia como seria la reacion de Stan, a decir verdad esperaba que se emocionara cuando se lo confeso pero en su lugar se mantuvo quieto, observándole de una manera tan desgarradora que por un momento se sintió asfixiado.
—Eso dignifica que ya no te vas a acostar con Cartman, ¿verdad?
Kyle no quiso hablar consciente de que lo siguiente que diría no haría sino seguir lastimándolo y al parecer ya estaba llegando a su limite. Pero no había otro cosa que hacer, había tomado su decisión desde el momento en que firmó ese estúpidos contrato. Tomó aire y cuanto valor le restaba para responder.
—Tengo que cumplir mi apuesta con Cartman.
Stan cerro los ojos y suspiro pesado como si él ya estuviera esperando esa respuesta.
—Te amo Kyle—no sabía a quien le dolían más esas palabras —, ¿como puedes hacerme esto?
—Ttengo que hacerlo—apreto sus manos entre si como si eso le ayudara en algo—. Mira, lo haré y nos olvidaremos de esto después, luego podremos concentrarnos en nosotros.
Stan soltó algo así como una risa sarcástica. Era obvio que no lo olvidaría pronto, Cartman no los dejaría olvidarse pronto de ello, lo usaría para restregarselo en la cara cada vez que pudiera.
—No quiero perderte —dijo melancólico.
—No lo harás.
El pelirrojo se levanto del lugar sin tener idea de como despedirse del chico. Opto por no decir nada, solo se alejo para ir a casa.
Mientras tanto el otro le observaba irse. Se sentía estupido al estar en esa situación, el anhelaba entregarle su amor al pelirrojo pero parecía que la vida estaba en contra de ello, poniendo trabas por doquier. Sentia el corazón roto.
—Hola—Kenny apareció a su lado pero no estaba de humor así que no contestó —. ¿Me puedo sentar contigo a autocompadecerme?
No espero respuesta y se sentó justo donde Kyle estaba antes. Sacó una cajetilla de cigarros, tomó uno y ofreció otro a Stan sin importar que estabaños en un lugar publico donde había niños. No dijeron nada por unos minutos, dedicándose casi exclusivamente a fumar.
—¿Qué te pasa?—pregunto el rubio con voz aburrida.
—Kyle—su solo nombre tendría que ser suficiente para entender—. ¿A ti?
—Butters—respondio.
—¿Qué sucedió? —no estaba al tanto de su relación así que no podía saber que tan bien o mal estaban.
—Cometi una idiotez, ahora no quiere hablarme.
Ambos se quedaron callados, pensando cada una con aquellos chicos que lo hacían suspirar y sufrir al mismo tiempo, con los que soñaban siempre y ahora les partían el alma.
—Tengo una idea—dijo el de naranja.
—¿Cual?
—Deberiamos emborracharnos.
—¿Para que?
No es que Stan no bebiera pero por lo mismo no le encontraba mucho sentido hacerlo. Durante mucho tiempo se la mantenía ebrio.
—Oye, sólo quiero olvidar un poco mis problemas.
En fin, no tenia nada que perder, no más de lo que ya había perdido.
Como que no quede muy conforme con el resultado pero fue lo único que salio.
Rayos, tengo como un año que no actualizaba y quizá ya nadie lo lea.
El siguiente capítulo será la apasionada noche culón x judío y estoy muy nerviosa porque no soy buena con el lemon, no se como resultara pero tratare de ponerle todo lo sucio y perverso de mi mente, creo.
Ya nada más me faltan dos capitulos, hasta la próxima.
