Centripetal Force

Summary: Victor no entiende por qué Yuuri está tan distante con él e intenta desesperadamente averiguar qué está pasando. Mientras tanto, las vacaciones de invierno se aproximan rápidamente.

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Fic escrito por: braveten

Traducido por: Lilaluux

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Capítulo 8: Fuerza Centrífuga (Centrifugal Force)

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El viernes en la noche, cuando Victor todavía está en el dormitorio de Phichit y Christophe, recibe un mensaje.

No de Yuuri, sino de Phichit.

Vamos a intercambiar de roommates por esta noche.

Su reacción inicial es de sorpresa, luego de molestia. Él piensa en las últimas semanas, durmiendo la mayoría de las veces con Yuuri a su lado, o encima de él, o debajo de él, o en algún otro tipo de proximidad. Él adora a Chris como amigo, sí, y Phichit es alguien agradable, pero no hay nada como dormir cerca de Yuuri Katsuki, despertar junto a Yuuri Katsuki, estar con Yuuri Katsuki.

Y entonces se da cuenta que Phichit no le está preguntado su opinión.

(No, se lo está informando.)

Curioso, él le muestra el mensaje a Christophe, quien se limita a encogerse de hombros, diciéndole que él está bien con aquel plan. Victor también acepta, aunque de mala gana, creyendo que Phichit y Yuuri deben querer un tiempo a solas para ponerse al día. Además, bien que puede sobrevivir una noche sin Yuuri. No es que sea tan dependiente.

No obstante, eventualmente necesitará ropas. Y su cepillo de dientes, y su peine. Muchas de sus pertenencias para su rutina nocturna.

—Anda, ve y dale a tu novio un beso de buenas noches —dice Chris, sacándolo de sus pensamientos.

Victor se ríe para sí, saliendo de la habitación y encaminándose hacia las escaleras. Pensando en el boleto de Yuuri para su viaje a San Petersburgo ardiendo en el fondo de su mochila –tendrá que deshacerse de la evidencia. No es que Phichit o Yuuri fueran a hurgar entre sus cosas, pero sólo por si acaso. Está determinado a mantener su sorpresa como una sorpresa. Aunque es una lástima, que Phichit hubiera elegido esta noche para pasar tiempo con Yuuri. Él tenía planeado pedírselo esta noche, ya había resuelto que escondería las pistas para la búsqueda mientras Yuuri estuviese en la ducha.

Obviamente, tendrá que esperar hasta el sábado. El vuelo parte el lunes.

Las posibilidades que Yuuri le diga que sí se reducen con cada hora que pasa.

Suspira y toca la puerta del dormitorio, apoyándose sobre la pared. Hay una mirilla en la puerta, no puede ver a través de ella pero lo intenta de todos modos. La puerta está por completo cerrada, lo que no es raro –Yuuri normalmente le echa el seguro, o al menos tiende a cerrarla, cuando no hay nadie alrededor.

Al segundo que la puerta se abre, Victor se endereza y da un paso para entrar. Sin embargo, es Phichit quien sale, cerrando la puerta tras de él eficazmente y manteniéndolos a ambos en el pasillo. —Victor —saluda fríamente.

Esto es…

Raro.

—Sólo necesito tomar algo de ropa. ¿Yuuri está dentro?

Phichit parece estar en guardia, con los brazos cruzados sobre el pecho y los hombros enderezados, la postura lo hace parecer más alto de lo que es. —En realidad, está durmiendo.

Victor hace una mueca, cubriéndose la boca con la mano. —Perdón —susurra—. Voy a entrar y salir.

—Yo puedo tomarlas por ti —ofrece Phichit a cambio—. ¿Qué necesitas?

—No, yo puedo hacerlo, seré silencioso.

Victor sabe que Phichit es protector con Yuuri, pero esto obviamente es por algo más.

De cualquier forma, Phichit a regañadientes abre la puerta. Victor mira hacia la cama de Yuuri, y efectivamente, hay un revoltijo de sabanas y una figura recostada. Él toma sus ropas y su mochila, cepilla sus dientes, realiza algunas otras tareas básicas antes de vacilar en el vano de la puerta. Intenta mirar mejor a Yuuri, cuyo rostro está cubierto por sombras y sabanas, pero en vez de eso es distraído por la dura expresión de Phichit.

—Ya puedes irte —dice Phichit, sin dejarse impresionar.

—Phichit, ¿Por qué estás…? —empieza Victor, entonces se detiene y reformula—. ¿Qué pasa?

Phichit se limita a suspirar, observa a Yuuri y luego vuelve a mirar a Victor. —Vete al carajo, Nikiforov.

—¿Qué?

—Dije, vete al carajo.

Victor se pregunta cómo pudo haber ofendido a Phichit con el simple hecho de necesitar ropa. Entonces recuerda su lacónico y afilado mensaje de antes, y ambos escenarios se conectan. No obstante, esa conexión no lo ayuda a entender. —¿Estás molesto conmigo?

Por alguna razón, sus palabras sólo parecen enfadar más a Phichit. Es extraño, el ver su cuerpo tan rígido de esta manera. Hace que el chico tailandés que normalmente luce tan extrovertido luzca agresivo, listo para atacar. Victor se reúsa a ser intimidado, aunque sí que está preocupado. Se mantiene firme, intentando interpretar la mirada de Phichit. Su mirada es inalterable, intensamente acalorada. —Si de verdad no sabes lo que pasa, entonces hablemos afuera, tú maldito cretino.

Auch.

Salen al pasillo y Phichit cierra la puerta tras ellos. La puerta de Mila y Sara está cerrada, no se proyecta luz del interior por debajo de ella. No obstante, hay una estudiante pasando por allí, que los mira con temor mientras aferra su libro contra su pecho. Phichit le ofrece una sonrisa amable –la que Victor está acostumbrado a ver— y ella se la devuelve, más tranquila.

En el momento en que mira a Victor otra vez, la animosidad regresa.

—¿Qué está pasando? —pregunta Victor, metiendo su mano derecha dentro de su bolsillo, su brazo izquierdo todavía sostiene sus prendas que él había sacado del dormitorio.

Por su lado, las manos de Phichit se hacen puños. —Intenta y piensa en ello por un segundo. Mira a ver si puede atravesar tu grueso cráneo.

—Phichit, yo…

—Dije, piensa en ello.

Nada de esto tiene sentido.

Él intenta pensar en lo que sucede, intenta repasar lo que ha hecho en los últimos días. Le había comprado un boleto de avión a Yuuri, que todavía está en la mochila que cuelga de su hombro, y había dado un examen de tailandés, y…

(¿El mensaje de texto?)

Rebobina sobre su conversación de hace unos minutos. Claro que Phichit había sonado atípico, pero no era como si Victor hubiera negado su petición de intercambiar roommates por una noche. Pero seguro tiene algo que ver con eso. —¿Malinterprete tu mensaje? —pregunta cuidadosamente, sacando su teléfono.

—¿Estás bromeando, verdad? —pregunta Phichit, y hay algo más en su voz ahora, algo más suave, menos directo. Una vacilación. Incredulidad por lo que él está diciendo.

—No —responde Victor sin convicción. Vuelve a mirar el mensaje. No hay malinterpretación.

El pecho de Phichit se infla cuando respiro hondo. —¿Hablas en serio cuando me dices que no tienes idea de lo que hiciste?

(Se le ocurre a Victor, por primera vez, que esto tiene que ver con Yuuri.)

(Y aquella comprensión es…)

Es ahí donde el pánico empieza a imponerse, llegando a filtrarse en sus pensamientos. Porque él puede lidiar con que Phichit esté disgustado con él, seguro. Pero ¿que Yuuri esté disgustado con él?

Sin siquiera intentarlo, Phichit puede leerlo como a un libro. —Lo lastimaste, idiota. Me dijiste que no lo harías, y lo lastimaste. ¿Qué fue lo que dijiste exactamente? 'jamás lo lastimaría, si es eso lo que te preocupa'. Sabes, Victor, ni siquiera estaba preocupado por eso, porque pensé que eras una persona medio decente. Pero supongo que estaba equivocado.

Antes de que Victor pueda proferir una silaba, le cierran la puerta en la cara, y se encuentra solo en el pasillo, con su mochila sobre el hombro y sus ropas entre sus brazos. Como si acabara de ser echado a la calle. Entonces escucha el sonido de una cerradura trabándose. Inseguro de que hacer, se mueve para tocar la puerta, pero luego recuerda que Yuuri está durmiendo, y Yuuri odia ser despertado cuando está durmiendo, pero también probablemente Yuuri está furioso con él y Victor no sabe el por qué.

Cruza el pasillo hacia el dormitorio de Sara y Mila, y toca silenciosamente esa puerta para ver si alguna de ellas está ahí. Pero no lo están, cosa que saca su teléfono y abre su conversación con Phichit.

¿Me dejas entrar?

Victor espera por un minuto, pero no hay respuesta. Lo que si hay, es una confirmación de mensaje leído. Intenta con el pomo de la puerta, sólo para asegurarse que verdaderamente está trancada. Después le mensajea a Mila, a Sara, pero aparentemente ninguna de ellas tampoco sabe lo que está pasando. Le pregunta a Chris, quien está igual de confundido, ofreciéndole ir allí para poder ayudarle, pero Victor no está seguro que bien haría eso.

Al final, se sienta afuera de la puerta. Acerca sus rodillas a su pecho y se recuesta sobre la pared. ¿De verdad Yuuri está furioso con él por algo? ¿Qué fue lo que hizo? Intenta recordar… pero nada le viene a la mente, nada concuerda. ¿Había dicho algo? ¿Cuándo fue que esto empezó?

Repasa los hechos.

Victor había estado con él muy temprano aquel día, y Yuuri estaba bien. Los dos se habían besado en la mañana, Victor lo había estrechado entre sus brazos, con su corazón tan lleno de adoración que amenazaba con explotar por el sobre-esfuerzo. Todo había estado bien. Luego, se había ido a ver a Chris, y Phichit había venido a ver a Yuuri. Fue entonces que debió pasar. Y, ya sea por algo que había sucedido con él durante aquel tiempo, o que Phichit le había contado algo a Yuuri.

Pero a Phichit le agradaba Victor –o eso pensaba.

(Entonces algo debió haber sucedido.)

(Pero ¿Qué?)

Espera por una hora.

Entonces escucha voces amortiguadas al otro lado de la puerta. Victor procede a ponerse de pie, tocando la puerta inmediatamente. Yuuri debe estar despierto –Victor simplemente quiere aclarar esto, quiere saber qué ha pasado. Las voces se callan, y Victor contiene la respiración, cambiando su peso de un pie al otro.

—¿Yuuri? —llama.

Se escuchan cuchicheos otra vez, el sonido de alguien gimoteando. Luego un pesado suspiro por parte de Phichit, que vuelve a abrir la puerta, cerrándola fuertemente a su detrás. —Te dije que te largues

—No me iré hasta hablar con él, o hasta que tú me digas que está pasando.

—Vimos el video, ¿okay? —sisea Phichit—. Ahora déjanos en paz por esta noche. ¿Siquiera sabes lo que le estás haciendo con estar aquí? Dios, la audacia que debes… vete. Si crees que te gusta Yuuri o lo que sea, o si eso estás intentando demostrarme, entonces vete. Eso es lo mejor que puedes hacer por él en este momento.

Su cabeza es un lio. —¿El… el video?

La sorpresa de Victor debe ser confundida por estupefacta comprensión. Phichit rueda los ojos. —Ya vete. Mándame un mensaje en la mañana, pero ni te atrevas —dice la últimas palabras con énfasis, pinchando fuertemente a Victor en el pecho—, a mandarle un mensaje a él. ¿Entendido?

—Yo todavía no…

La puerta se cierra otra vez.

Y Victor estampa su palma contra la puerta.

~•~ ~•~ ~•~

—¿Ya se fue? —pregunta Yuuri, y su voz sale más minúscula de lo pretendido, más patética. Odia su sonido, odia lo muy débil que es, odia el haber permitido que Victor Nikiforov lo hiciera pedazos en la misma manera exacta que Yuuri siempre había imaginado que haría, en la misma manera que sus oscuros pensamientos siempre le habían dicho que haría. Odia haber caído ante su buena actuación, ante su falso encanto, ante todo su teatro.

—¿Se fue quién? —responde Phichit, y le toma un segundo a Yuuri comprender.

(Eso no lo hace sentirse mejor. Pero aprecia el intento.)

Phichit parece entender eso.

Se dirige de nuevo a la cama de Yuuri, colocando un brazo alrededor del hombro de su amigo hasta que Yuuri apoya de nuevo su cabeza contra él, suspirando. Nuevamente las lágrimas mojan sus sabanas, ciertamente no se detendrán, ya hay nuevas lágrimas formándose en sus ojos, que amenazan con convertirse en grandes gotitas que pronto caerán. Hay pañuelos arrugados esparcidos por la habitación, sólo la mitad de ellos han entrado al bote de basura.

Yuuri no puede dejar de pensar en él.

Lo intenta, lo intenta con desesperación, intenta cada estrategia conocida que hay en los libros, pero no puede. Durante los últimos meses Victor había tomado posesión de la mayoría de sus pensamientos, había forjado su camino hacia el corazón de Yuuri con gran facilidad. Y sin embargo Victor probablemente sigue siendo sólo Victor. Incambiable. Inalterable. El corazón de Yuuri se había roto, sí, pero no se había roto de manera uniforme.

(Victor sigue siendo sólo Victor.)

Yuuri está hecho pedazos, destrozado en pedazos esparcidos a lo largo de su tiempo juntos y su entorno compartido, y Victor es sólo Victor, el mismo Victor que siempre ha sido, sin importar que fachada él había usado durante aquellas noches en su cama, mientras lo abrazaba, lo besaba, él siempre había sido…

¿Crees que él es tan ingenuo?

Esas seis palabras duelen más que el resto.

Porque eso había sido, ¿no? No hay porque mentir. Él había sido ingenuo, había creído, por un instante, que Victor gustaba de él –que tal vez incluso lo amaba. Había creído que sus afectos eran correspondidos, pero no, todo eso no había sido más que un juego, un juego, y eso dolía más que nada. Es una palpitación sorda detrás de sus parpados y presente en su pecho y en su estómago y que no se detendrá, persistiendo y persistiendo y quedándose y quedándose y doliendo y doliendo hasta que ya no puede sentir más, hasta que todo se le ha acumulado.

Es un manto de inutilidad, que lo envuelve y lo aprisiona hasta que siente sus pulmones restringidos, y a él siendo enterrado en pensamientos y recuerdos de un sueño sin esperanza. Más que nada, es una angustia –Yuuri había tenido sus ex's en el pasado, con los que había roto, con los que había terminado, pero nada, nada se comparaba a esto. Victor, o el falso Victor, había sido un ser perfecto –amable y divertido y lindo y cariñoso.

Sólo que él no lo había sido.

No en verdad.

Porque Victor había sido una cosa. Una cosa infalible. Pero entonces ellos se habían encerrados en besos y caricias y en su felicidad doméstica, y Yuuri se había distraído tanto que no se había dado cuenta que el gato de Schrödinger estaba encerrado en la caja, que no había una afirmación precisa, ya que ambas posibilidades estaban coexistiendo. Eso, hasta que había visto ese video, hasta que había escuchado esa conversación. Entonces todo se había desmoronado.

Una superposición cuántica.

Una doble realidad que se convierte en una posibilidad o en otra.

—Yuuri —suplica Phichit, y Yuuri odia escucharlo así, como si él estuviese intentando ser un consuelo pero no sabe cómo serlo, y como si él también estuviese destrozado, ya que Yuuri sabe que él es el responsable, y sabe que su mejor amigo únicamente había sido arrastrado a esto.

Trata de pronunciar un lo siento pero esas palabras se pierden en algún lugar, y sólo otro sollozo sale en su lugar, su pecho se siente pesado y su garganta irritada. Phichit lo abraza más fuerte, y Yuuri oculta su rostro en su hombro, intenta esconderse a sí mismo porque odia, odia, odia ser consolado, odia mostrar sus desagradables y crudas emociones de esta manera. —Lo lamento —susurra Phichit.

—¿Qué? —se las arregla para decir, sin moverse de su sitio.

—Yo debería haberte contado mucho antes sobre el video. Si lo hubiera hecho, podría haberte salvado de todo esto, pero yo…

Eso hace que el puñal del dolor se clave más profundo en su pecho, hace que de pronto todo se sienta más real. Él no puede soportar el hecho de que Phichit esté disculpándose. Phichit no puede estar disculpándose. —No, no, por favor no digas que lo lamentas, por favor… —alza la mirada y lo mira a los ojos, desesperado—. Por favor no pidas perdón.

—De acuerdo, no lo haré —acepta con gentileza, sobándose el cabello.

(Sobándole el cabello como Victor solía hacerlo.)

En cuestión de segundos, Yuuri cae en la incoherencia otra vez. Sus pensamientos corren entre exámenes parciales y Victor y el temblor de su cuerpo y las disculpas de Phichit y todo, todo, pero corren tan rápidos que sólo son vislumbres, fragmentos, y no puede seguirles el ritmo mientras se vierten a la deriva y la palabra ingenuo no deja de repetirse, esa palabra se clava en su mente más que el resto. Y Victor, mayormente sus pensamientos son sobre Victor.

(Él mayormente piensa en Victor.)

(Y con los minutos, esos pensamientos poco a poco dejan de ser sobre los hermosos momentos que compartieron para tornarse más sobre los puntos intermedios que existen entre ellos. La primera vez que lo hicieron, Victor le dijo firmemente que ellos eran sólo roommates antes de proseguir, como si fuese otra broma casual, como si fuera otra broma más que compartían.)

Es como si el moho se extendiera a través de sus recuerdos, infectando y saltando sobre todo lo que puede tocar, hasta que todo eso duele, todo desde que comenzó su segundo año en la universidad duele, todo desde que fue golpeado mientras montaba su bicicleta y desde que vio a Victor entrar por primera vez en su habitación, con sus ojos azules mirándolo con curiosidad.

Se estremece, por el frio repentino.

Phichit quita las sábanas de la cama y los cubre a ambos, luego se acuesta con él, aliviándole las lágrimas. Él no dice 'tú saldrás de esto' ni 'todo estará bien' ni mucho menos 'simplemente superarlo', no, Phichit se limita a abrazarlo. Phichit lo abraza y él entiende, y Yuuri no podría estar más agradecido

~•~ ~•~ ~•~

—¿Te cerraron la puerta? —pregunta Chris, sorprendido.

Victor está hecho un caos.

Está a punto de tirarse de los pelos. Durante la última hora, ha estado paseándose de un lado a otro por la diminuta habitación de Chris y Phichit. Arrastrando los pies de un extremo a otro, yendo y viniendo, el sonido de sus zapatillas restregándose contra la alfombra haciendo eco en las blancas paredes. Christophe le había mensajeado a Phichit, pero no había habido respuesta.

—Él mencionó un video —explica Victor en voz baja.

Chris frunce el ceño. —Yo no sé nada sobre un video.

Suelta un tembloroso suspiro, presionando una mano contra sus ojos, se los cubre. —Lo que dijo exactamente fue… 'Vimos el video.' Él y Yuuri vieron el video, y ahora por eso Phichit está cabreado conmigo, y yo ni siquiera he hablado con Yuuri pero, pero él… que si él…

Siente el frio crecer en su pecho, sus pies se detienen. La pared en frente suyo luce tan lejana, al igual que Christophe. Victor no ha visto a Yuuri llorar, y tampoco lo quiere, pero antes, cuando escuchó aquel sollozo… y la forma en que Phichit se había puesto furioso, y…

Él piensa que no es lo suficiente bueno.

Para ti, para mí, para cualquiera.

Eso era lo que Phichit le había dicho.

(Pero ciertamente Yuuri no…)

(Ciertamente él no…)

—¿Él dijo que podías mensajearle en la mañana? —pregunta Christophe.

Victor asiente, con el corazón hundido.

Ya que Yuuri sí es lo suficiente bueno –él necesita saberlo. No, él no es sólo lo suficiente bueno, él lo es todo, él es alegría y belleza, que debería ser efímero pero que no lo es. Él lo es todo, Victor cree, ya que no hay otra manera de describirlo. Algunas veces es un nerd pero en otras esa apariencia sólo parece ser una broma y la cosa es que, él no puede ser etiquetado, él trasciende el mundo de las etiquetas.

Él lo es todo, y él es Yuuri, y Victor está completamente enamorado de él.

Y Yuuri necesita saberlo.

Estos son verdaderos hechos. No lo es un video, no lo es una estúpida puerta cerrada.

—Espera hasta mañana —le aconseja Chris.

No, piensa su mente antes de que él mismo pueda considerar apropiadamente las palabras de su amigo. Quiere abordar esta situación ahora, quiere buscar a Yuuri, quiere tomarlo entre sus brazos. Quiere decirle que él habla siete idiomas pero que sus sentimientos por él son indefinibles en todos ellos, y que continuará investigando una forma de poder describirlos de ser necesario, si Yuuri verdaderamente necesita de una confirmación dicha para ser feliz, entonces él continuara investigando hasta el cansancio.

Hasta ese entonces, le dirá que lo ama en francés, en tailandés, en alemán, en árabe, en portugués, en chino, en holandés, en noruego en ruso y finalmente, finalmente, se lo dirá en japonés. Así que considera que necesita ir. Se dirige hacia la puerta, con mentalidad firme, cuando de pronto alguien lo toma del brazo.

—Victor, estoy de acuerdo en que necesitas hablar con él, pero es tarde.

Victor cierra los ojos, intenta que su ofuscada y terca mente procese sus palabras. —¿Y? Normalmente Yuuri se queda despierto hasta tarde, normalmente está con su laptop, con ojeras en los ojos y con la luz azulada de la pantalla reflejándose en sus lentes y…

—Necesitas pensarlo. El problema de ustedes obviamente es la comunicación. Así que si quieres comunicarte con él entonces hazlo bien en lugar de hacerlo todo a las prisas. Habla con él mañana en la mañana, cuando ambos hayan tenido tiempo de reconsiderar las cosas.

—No hay nada que reconsiderar.

Él sabe cómo se siente. Así de simple.

Christophe se encoge de hombros. —Sólo creo que deberías esperar. Obviamente ellos están tramando algo. Si conozco a Phichit, entonces sé que él quiere lo que es mejor para Yuuri, y ahora mismo, él no cree que tú lo seas.

Victor se detiene.

—También sé —agrega Chris—, que él respetará los deseos de Yuuri e intentará protegerlo. ¿Qué si no hablas con Yuuri ahora mismo? Victor, por mucho que duela, Yuuri no quiere hablar contigo. Debido a lo que sea que sucedió. Espera hasta mañana. Luego lo resolverás.

Yuuri no quiere hablar contigo.

Yuuri no quiere hablar contigo.

Se siente mareado.

Chris retira su mano de su brazo. —No quise decirlo de esa manera. Lo siento.

—Tienes razón —Victor exhala, moviéndose para sentarse en la silla del escritorio de Phichit—. Tú tienes razón.

—Se resolverá. Ambos lo resolverán.

A no ser que Yuuri no quiera resolverlo, a menos que Yuuri no esté disgustado en absoluto y sólo esté intentando proteger los sentimientos de Victor. Hay tantas posibilidades y como Victor tiene tan poca información de lo sucedido eso lo está destrozando. Sin mencionar el hecho que su vuelo parte el lunes, que él se está yendo a San Petersburgo…

—Victor, las cosas se resolverán —repite Chris—. Yo sé que él te ama.

(Eso captura su atención.)

—Cualquiera podría verlo —continua—, por la manera en cómo te mira. Como si tú fueras el centro de su universo. Y tú también lo miras de la misma forma.

~•~ ~•~ ~•~

Cuando Yuuri se despierta, hay un brazo alrededor de él.

Al ver que es Phichit, los recuerdos lo invaden de golpe, cruelmente arrancándolo de la dichosa seguridad de los sueños. Se muerde el labio, procurando deshacerse del flojo agarre de Phichit mientras intenta no despertarlo. Su amigo se mueve ligeramente, pero no despierta, su rostro se hunde dentro de la almohada y alarga un brazo a un lado.

La luz del sol naciente ha comenzado a filtrarse dentro del dormitorio, y Yuuri mira alrededor. La habitación se siente menos viva sin Victor –se siente antinatural. A su izquierda, reposando sobre las mantas, capta un vistazo del teléfono de Phichit, volteado al revés. Curioso, Yuuri lo alza y oprime el botón para encenderlo.

Escríbeme. Ya es de mañana.

Hay varios mensajes más como ese, todos de Victor, y Yuuri se cubre la boca con su mano, cierra los ojos con fuerza y deja que el teléfono caiga de su agarre. Su respiración es temblorosa, pero no perderá el control –se reúsa a perderlo. Así que sale de la cama, se pone de pie y toma sus ropas en cambio. Luego, se dirige a tomar una ducha, con su cabeza todavía palpitando con el aparente remolino sin fin de emociones.

(Pero no llora.)

(Lo cual es un progreso, piensa.)

En vez de eso, el dolor se reduce a un sentimiento sombrío, siempre presente y siempre perceptible pero que pronto se torna normal. Apaga la ducha, congelándose al instante en el pequeño baño de azulejos blancos, toma una toalla y se la envuelve alrededor, alza su teléfono de la encimera. No hay mensajes, ni notificaciones.

Cuando se viste y sale del baño, Phichit todavía está durmiendo. Aquello le recuerda a su anterior año en su dormitorio, aunque normalmente Phichit era el primero en levantarse. Salía a conseguir café o té o comida, cada mañana se turnaban para pagar por el desayuno, aunque al final Phichit coqueteaba con el guapo barista para conseguir todo a mitad de precio.

Yuuri sabe que eventualmente, tendrá que hablar con Victor. Después de todo, por mucho que pensar en él le duela, sus cosas todavía están esparcidas por la habitación, su cepillo de dientes aún está al lado del de Yuuri en el mismo porta-cepillo del baño. Sus mantas todavía están sobre su cama. Los recuerdos de él yaciendo a su lado sobre la alfombra todavía llenan la mente de Yuuri cuando éste camina sobre el suelo.

Después de permanecer de pie por un buen rato, con sus pensamientos acelerados, su estómago gruñe. Mira una vez más en dirección de Phichit, entonces decide salir y conseguir el desayuno para ambos. Cuando toman su desayuno, los dos siempre pueden encontrar una solución a los problemas. Yuuri odia el hecho de que Phichit se hubiera visto involucrado en todo este drama –odia el drama en general— pero sabe que su amigo siempre será su soporte. Sabe que siempre permanecerá a su lado.

Se mete sus zapatos a los pies, trata de hacer que su cabello luzca decente en el espejo. Hay líneas prominentes debajo de sus ojos, es más que evidente que ha llorado hasta quedarse dormido, pero no tienes fuerzas suficientes como para que le importe. Sólo espera que Mila y Sara continúen durmiendo en su dormitorio, ya que no está seguro de lo que les diría. Las dos han sido amigas de Victor y Christophe durante mucho tiempo. De hecho, ellas son amigas de todo el mundo.

Yuuri no quiere hacer esto más grande de lo que debería de ser.

Si se tiene que compartir dormitorio con Victor, está bien, se dice a sí mismo. Bien pueden ser sólo roommates. Nada más, nada menos. Simplemente eso. Muchas personas tienen compañeros de habitación que particularmente no les agradan, roommates que no tienen nada en común. Ahora, sin embargo, lo que necesita es tiempo para pensar sobre que le dirá cuando lo vea, pensar en cómo explicarse a sí mismo.

Deslizando la puerta la abre y sale, inmediatamente se choca contra algo.

—Estás despierto —dice Victor sin pensar, está sentado sobre el suelo con sus rodillas encogidas cerca de su pecho, y con sus ojos muy abiertos. Está justo al lado de la puerta y él…

No luce nada bien.

Su cabello está revuelto de una forma que Yuuri sólo ha visto una vez y fue después de la fiesta de Halloween, cuando había estado completamente borracho, y si Yuuri creía que las bolsas debajo de sus propios ojos eran malas, entonces las de Victor eran terribles, extendiéndose a lo largo de su rostro haciéndolo parecer años y años mayor de lo que es. Sus ojos azules lucían apagados, como si la luz de ellos hubiera sido succionada.

Yuuri da un instintivo paso hacia atrás, ambos quedando uno al lado del otro sobre el vano de la puerta abierta. En un instante, Victor se pone de pie y…

Está usando la misma ropa de ayer, se percata Yuuri lentamente.

Pantalones jeans, una camisa verde descolorida, y zapatillas negras.

—No toque la puerta porque no sabía si estarías despierto —Victor está diciendo, y las palabras sales con premura, salen a borbotones de sus labios—. Así que no quise despertarlos a ti y a Phichit, pero le mande un mensaje, y vine aquí y pensé en esperar —hace una pausa—. Pero si te hubiera escuchado hablar, me hubiera ido —añade con rapidez—. No hubiera escuchado a hurtadillas sin tu permiso. Sólo quería saber cuándo estarías despierto porque Chris dijo… —engulle—… Chris dijo que debería esperar hasta que sea de mañana para hablar contigo.

Yuuri se da cuenta, que el sólo mirarlo duele.

No sabe si el dolor proviene de la ira que todavía arde en su interior o de ver a Victor lucir tan desanimado. Por un segundo, cree que es lo primero, pero mientras continua mirando a Victor, curiosamente, se convierte en lo último. Él luce destrozado, como una concha vacía, y Yuuri no puede comprender por qué. Cierto es, que él a estas alturas debe saber que Yuuri está molesto con él, pero ¿Por qué le importaría tanto?

Porque él no podrá acostarse contigo otra vez, le dice una vocecita en su cabeza. Porque probablemente Victor Nikiforov no está acostumbrado al rechazo.

—Yo sólo voy por el desayuno —responde en voz baja, voltea a ver el interior del dormitorio. Phichit todavía está durmiendo, inconsciente de lo que está sucediendo. Yuuri tira de la puerta y la cierra.

Cuando empieza a caminar por el pasillo, Victor le toca el hombro. Yuuri hace una mueca de disgusto, alejándose violentamente, retrocediendo una vez más. La última cosa que quiere en este momento es que Victor lo toque. De hecho, la última cosa que quiere en este momento es hablar con él. El dolor todavía es demasiado reciente, la revelación es bastante nueva, todavía está siendo procesada por su mente.

La mano de Victor se queda suspendida en el aire y su mirada parpadea en dirección a ella como si no entendiera lo que pasa, como si Yuuri acabara de darle una patada a Makkachin delante de él. Al final la baja, y frunce sus labios, y sus ojos centellan otra vez, pero no con la usual alegría, ni con el usual optimismo. Esta vez es algo más. —Yuuri…

—¿Qué?

Él sacude su cabeza. —No sé qué… no comprendo

Y ahí está su mejor mirada de cachorrito, piensa Yuuri. Y casi, casi funciona, ya que Yuuri puede sentir su corazón latiendo, las heridas de la noche anterior se vuelve a abrir, vuelven a doler. Así que levanta su escudo mental, procura protegerse a sí mismo, porque no se romperá delante de Victor. Absolutamente no lo hará. Se pone a caminar una vez más. Metiendo sus manos dentro de sus bolsillos para que Victor no pueda ver que están sudando y temblando.

Victor lo sigue. —Yuuri, por favor habla conmigo.

—¿Por qué quieres hablar conmigo?

—Porque yo no sé nada acerca de un video, o lo que sea que eso sea.

No puede saber si él está diciendo la verdad o no, pero la verdad, no importa. Si Victor había visto o no el video, no importa, él aun así había dicho esas palabras a Christophe, aún cree que Yuuri no lo había escuchado. Él todavía está mintiendo por omisión. Por consiguiente, el video es irrelevante.

—Ni siquiera tienes tu abrigo puesto —nota Yuuri mientras salen afuera. Hay un manto de nieve fresca esparcido por todo el campus, nieve que ha caído la noche anterior. El crujido que hacen sus pies al caminar por ella, normalmente es del gusto de Yuuri, pero ahora sólo lo hacen sentir mareado.

Victor está caminando a su lado, esforzándose por seguirle el ritmo. Con sus manos frota sus bíceps, en un intento desesperado por darse calor. —Entonces tal vez deberíamos ir adentro y hablar.

Todavía se encuentran fuera del complejo de dormitorios. Yuuri odia su sentido de inevitable compasión, odia que aun estando disgustado con Victor, no quiere que él coja hipotermia. —Regresa adentro, Victor.

—Ven conmigo.

—Victor…

—Ni siquiera me has dado la oportunidad de defenderme —argumenta—. Defenderme de lo que sea que había en ese video.

Esa es la cosa –no es sólo el video. Si fuera sólo el video, Yuuri lo escucharía de inmediato, le creería de inmediato. Pero esto no es sólo por el video, y Victor no lo sabe.

Yuuri aparta la mirada, no puede mirarlo por más tiempo. —No es sólo por el video.

Hace una pausa, y Yuuri ve a Victor mover su brazo. Se pregunta, brevemente, si había estado a punto de tocarlo otra vez por instinto. Pero en su lugar, sólo mueve los pies, obviamente incomodo a causa del frio. —Entonces, ¿es por algo que hice? —los engranajes dentro de su cabeza son casi audibles, la forma en que él salta hacia cada posibilidad.

—Es por algo que yo descubrí —admite Yuuri antes de caminar otra vez. Victor bien puede o no seguirlo –se rehúsa a que le importe.

Victor lo sigue.

Su aliento es visible en el aire, sus manos todavía intentan desesperadamente calentar sus brazos. —¿Algo que descubriste? ¿Sobre qué? ¿De dónde?

—Si necesitas que te lo diga, entonces…

—No me gusta este juego de adivinanzas —dice Victor, desesperado—. Escucha, Yuuri. Sólo dímelo y dame una oportunidad de explicarme, y entonces toma una decisión, ¿por favor? Si tú todavía… —luce incomodo por un segundo, entonces traga, como si estuviese preparándose a sí mismo—. Si todavía no quieres hablar conmigo después de eso, entonces te prometo que te dejaré en paz.

Los dos ya han llegado a la cafetería, es una cosa pequeña, es más un stand que otra cosa, Yuuri saca su billetera de los bolsillos de su abrigo. La mujer detrás del mostrador observa a Victor. —¿No tienes frio?

Él no le responde, en lugar de eso sigue con su atención enfocada en Yuuri, quien está mirando el menú. —Yuuri, escúchame.

Yuuri ordena dos pastelitos y dos bebidas. Se sienta en cualquier lado, distraído, arruga el recibo con su mano izquierda. Victor se sienta en frente de él, jalando una silla lo más rápido posible. Yuuri suspira, y fija su mirada en las delgadas líneas de la madera de la mesa, se rehúsa mirar los ojos del otro chico. —Te escuche por casualidad hablando con Chris.

—¿Qué? —dice Victor sin pensar.

—Hablabas con Christophe. Sobre mí.

Victor abre su boca, luego la cierra. La mujer del mostrador está sosteniendo una bolsa que contiene los dos pastelitos, y Yuuri se pone de pie para tomarla. En vez de sentarse a esperar por las bebidas, él espera en el mismo mostrador, no quiere seguir hablando con él por más tiempo. Es demasiado molesto, el verlo fingir de esa manera.

Cuando sus bebidas son servidas, Victor lo sigue fuera de la puerta. —¿Qué tú nos escuchaste a Chris y a mí hablar? —es evidente que su mente está rebobinando los hechos, intentando descubrir el problema. A no ser que, de hecho, esté fingiendo, tratando de jugar al inocente. Yuuri había oído lo que había oído, y no había equivocación alguna en esas palabras, en su significado. Hace una mueca ante el recuerdo –ingenuo, ingenuo— Victor parpadea, sus ojos se muestran preocupados, protegidos bajo sus pestañas plateadas.

—Deja de mirarme así —murmura Yuuri.

—¿Así cómo?

—Como si yo te importara.

—Como si tú... —dice lentamente, como si no pudiera creer lo que oye—. Por supuesto que me importas, Yuuri —cuando Yuuri no responde, Victor de repente da un paso hacia él, bloqueándole el paso. Aunque luego, está caminando hacia atrás, intentando mantener el contacto visual.

Yuuri se muerde el labio, trata de mantener un tono objetivo. —Te vas a caer si haces eso.

—Suena como si yo te importara, entonces.

Él no tiene una respuesta para eso.

Victor casi se tropieza con una grieta del camino. —¿De verdad piensas que no me importas? Yuuri, tú eres… —deja salir una risa sin humor—. Eres increíble –increíble en todas las formas posible. Claro que me importas. ¿Cómo podría ser diferente?

Él intenta bloquear esas palabras pero ellas le llegan de todas formas y las lágrimas regresan otra vez, le escuecen los ojos, él no puede lidiar con esto ahora, no puede dejar que Victor lo vea, de ninguna manera. —Lo siento —dice con torpeza—. Lo siento, sólo necesito tiempo, no puedo hacer esto. Necesito… —da media vuelta, apretando la bolsa y las bebidas cerca de su pecho e incrementando su paso, apresurándose a regresar al edificio de dormitorios.

Porque simplemente él no puede creer esas cosas, no puede permitirse el creer que él le importa a Victor, ya que a él no le importa y nunca le importó, y Yuuri había escuchado lo que había escuchado y lo que escuchó fue una conversación transparente, inalterable y honesta. Él ya no puede creer en él, no puede, no puede, porque no tiene ningún sentido que Victor lo ame, no si todo lo que tiene planeado es simplemente intentar conseguir que Yuuri duerma con él…

Se apresura a subir las escaleras y regresar a su dormitorio. Phichit ya está despierto, sentado en su escritorio, y alza la vista, conmocionado. —¿Dónde has estado?

Las lágrimas fluyen libremente. Sus rodillas tiemblan. Su respiración sale en feos sollozos. Todo duele –su corazón, sus pulmones, su garganta. En un último intento, trata de actuar como si estuviera bien, ya no quiere que Phichit se moleste más, quiere que deje de estarlo. Él quiere ser más como Victor –despreocupado, cómodo con cualquier cosa que la vida le arroje. Levanta la bolsa con los pastelitos. Su mano tiembla tan violentamente que la habitación se llena de los restos de comida que hay en la bolsa de papel. —Nos conseguí comida.

—Yuuri —suspira Phichit, poniéndose de pie y abrazándolo en un resuelto movimiento.

—Nos conseguí comida —suelta otra vez, pero se rompe en la última silaba, y una vez más entierra su rostro en el hombro de Phichit, patético y lloroso, las lágrimas caen dentro de las bebidas que todavía está sosteniendo.

~•~ ~•~ ~•~

En muchas ocasiones, Victor ha deseado poder leer la mente de Yuuri.

Cuando hace una broma y pisa la delgada línea entre el sarcasmo y la realidad, cuando están hablando de física y Victor no entiende lo que sea que él esté diciendo, cuando se recuestan en la cama y Yuuri lo mira con una indefinible expresión. Siempre quiere saber lo que él está pensando, siempre está curioso, pero ahora es el peor escenario de todos.

No sigue a Yuuri hacia su dormitorio, pero sí que lo ve girar por la esquina de la escalera, y ve las lágrimas de sus ojos.

(Y Victor se hunde como ancla en el mar.)

Se hunde lo más profundo de lo que alguna vez creyó posible, sus pies se sienten pesados y sus hombros se sienten como si hubiera algo presionándose constantemente sobre ellos, tratando de mantener su cabeza bajo el agua. El pensamiento de Yuuri llorando por él cuando él ni siquiera había hecho algo lo está matando, porque de alguna manera, él ha sido responsable de eso.

A regañadientes, se dirige hacia el dormitorio de Christophe y Phichit, sin objetivo alguno. Le reporta lo que ha sucedido a Chris, quien le estruja los hombros, diciéndole, una vez más, que las cosas ya se solucionaran, que ellos sólo necesitan hablar de sus problemas. Le señala que él no conoce bien a Yuuri, pero que quizás él probablemente piensa que sus acciones son justas, que probablemente piensa que está haciendo las cosas bien, aun cuando todavía ame a Victor.

Victor trata de aferrarse a ese pensamiento, pero no quiere que eso lo detenga. En su lugar, quiere barajar sus alternativas. Intenta alejar los pensamientos malos, intenta enfocarse. Pero el dolor es demasiado real, demasiado fresco en su corazón, así que se agacha para alzar su mochila, y la coloca sobre su regazo mientras se deja caer sobre el suelo de la habitación de Chris. Luego, abre la cremallera del bolsillo más grande y busca en su interior, hurgando hasta el fondo.

Busca el boleto de avión de Yuuri, pero no está. Debió haberlo dejado en otro de los bolsillos. Él va a continuar buscando, pero entonces Chris se sienta con él en el suelo, preocupado. Victor remueve su mano de su mochila, y suelta un profundo suspiro. Toma su teléfono, queriendo mandarle un mensaje a Yuuri pero al instante recuerda sus lágrimas. —Yo lo hice llorar —le cuenta a Christophe, y esas cuatro palabras se sienten indignas en su lengua, lo quieren hacer gritar, protestar. Nada de esto es justo –nada lo es.

—No creo que lo hicieras llorar, creo que él lloró porque sí. Sólo que no sé el motivo.

Victor no entiende esa declaración, pero asiente de todos modos.

~•~ ~•~ ~•~

—¿Qué fue lo que él te dijo? —demanda saber Phichit.

Yuuri sorbe por la nariz, dejándose caer en el suelo de la habitación, Phichit está apoyado contra el borde del escritorio. —Él dijo que yo le importaba.

Phichit titubea ante eso, se aparta el cabello de los ojos. —¿Eso hizo?

—Y sonó tan honesto, pero ¿Cómo se supone que yo…? ¿Cómo puedo…?

—¿Creerle?

Yuuri asiente, suelta un sollozo.

—Deja y te busco un pañuelo —ofrece Phichit, poniéndose de pie. Hay una caja de kleenex sobre el escritorio de Victor, y toma uno entre sus manos, pero vacila antes de darse la vuelta. Hay un pedazo de papel sobre el suelo al lado del bote de basura, boca abajo y doblado por la mitad. Se agacha para levantarlo, y observa a Yuuri.

—¿Qué es eso? —pregunta Yuuri en voz baja, aunque la verdad es que no le importa. Quizás son notas de una de sus clases o algo así.

Phichit mira con atención el papel, entonces sacude su cabeza, confundido. —Es… um… Yuuri, ¿no vas a quedarte aquí durante las vacaciones de invierno?

Asiente, sollozando otra vez. —Sí.

Después de alargarle el pañuelo, Phichit aun pertenece de pie en su sitio, sosteniendo el papel. —Espera, esto no tiene ningún sentido.

—¿Qué?

Phichit le entrega el papel. —Es… es un boleto de avión. Un boleto de avión impreso.

Yuuri le echa una mirada, luego lo deja caer en el suelo. —Victor viajará a San Petersburgo para las vacaciones de invierno. Con Yakov y Yurio.

—Míralo bien otra vez —le urge Phichit, sentándose a su lado.

Sin entender el punto de todo esto. Yuuri vuelve a desdoblar el papel. Escudriña la información. No hay nada de raro en él –es sólo un típico boleto de avión, de clase económica. Excepto por… por el nombre que está escrito en la parte superior…

—Es para ti —susurra Phichit, confirmando sus pensamientos.

—Pero ¿Por qué Victor me compraría un boleto de avión?

El silencio se posa entre ellos, ninguno de ellos sabe la respuesta.

—Yuuri, ¿puedo ser honesto contigo?

Yuuri frunce el ceño ante el tono serio de su voz, pero asiente de todas formas.

Phichit deja caer el boleto por él, moviéndose más cerca de él, sus rodillas se tocan. —Escucha, eres mi mejor amigo, y te quiero. Estaré de tu lado sin importar qué. Lo sabes ¿no? —Yuuri asiente—. Creo que… creo que necesitas pensar sobre lo que escuchaste la otra noche. ¿Qué fue lo que Victor y Christophe dijeron exactamente?

Yuuri le recita la conversación.

—¿No crees que puede haber una interpretación errónea en todo esto? —pregunta Phichit.

Realmente no lo hay, pero Yuuri titubea, sus ojos se mueven hacia el boleto de avión. Recuerda cómo se veía Victor esa mañana, usando las mismas ropas del día anterior. Quiere creerle, de veras que sí, pero en realidad no hay otra forma de interpretar aquella conversación. —¿En qué estás pensando?

Phichit inclina su cabeza hacia atrás. —Pienso que nada de esto concuerda. Cuando hable con él ayer, parecía tan confundido. Y yo creí que, bueno, él no sabía que tú habías escuchado su conversación. Pero entonces, dijiste que hoy él lucia triste, incluso después de que le contaste que escuchaste algo. Y ahora esto. Algo no está bien aquí, Yuuri, y creo que tú también lo sabes.

Yuuri traga grueso. —¿Qué hago?

—Habla con él. Ya déjense de estos juegos, los dos necesitan sentarse y tener una buena y sólida charla. Sé que estás nervioso, pero creo que se sentirán mejor, al saberlo. Cualquiera de los dos. Y, como ya dije, siempre estaré de tu lado. Y si por segunda vez, el resulta ser un idiota, sabes que estoy contigo. Pero yo todavía… todavía tengo dudas sobre esta conclusión. Hay un error muy, muy grande en todo esto.

~•~ ~•~ ~•~

¿Estás ocupado?

Victor observa el mensaje. De Yuuri. El mensaje es de Yuuri.

No.

Mantiene su seca respuesta, y contempla la pantalla cuando ve que la burbuja aparece, indicando que Yuuri está tipeando algo más. Creo que fastidie las cosas. ¿Podemos hablar?

Hace una hora que Chris se ha ido a sus clases. Puedes venir aquí, estoy solo.

Por algún milagro, minutos después, Yuuri Katsuki está parado en el vano de su puerta. Está mirándolo de manera analítica, como si esperara ver lo que Victor hará. Victor se sienta sobre el borde de la cama de Phichit, regresándole la mirada, su corazón salta hacia su garganta con tan sólo verlo. —¿Yuuri?

—Te escuche hablar con Christophe —revela Yuuri, y todavía permanece de pie, incómodo en su sitio—. Él te pregunto, um… él te pregunto cómo planeabas hacer para que yo me acostará contigo —el sólo decir las palabras parece ser doloroso para él, porque sus ojos parpadean y se posan en el suelo y permanecen allí, las frases suenan forzadas, entrecortadas, ensayadas—. Y tú dijiste que, dijiste que sería fácil, que ya lo habías hecho antes. Y Chris pregunto s-si pensabas que yo era… si creías que yo era tan ingenuo como para… si creías que…

Victor lo mira, confundido.

Y entonces.

Y entonces.

No, no, no, no, no.

No, no puede ser que, Yuuri no pudo haber

Lo siguiente ocurre en un borrón.

Victor se baja de la cama, apenas y usa la escalera, y entonces envuelve a Yuuri entre sus brazos, sus manos se extienden sobre sus hombros, y apoya su barbilla sobre el hombro del otro muchacho. Yuuri inclina su cabeza y entierra su rostro en la camisa de Victor, y éste puede sentir las lágrimas caer, puede sentir sus silenciosos temblores mientras se aferra a él.

—Yuuri, no fue así… oh, Yuuri. Tú pensaste que yo… ¿pensaste que yo había…?

No le extraña que hubiera estado molesto con él. No le extraña que hubiera estado horrorizado.

Yuuri musita algo contra su pecho, pero Victor no puede entenderle, así que se aleja un poco, lo suficiente. —¿Qué dijiste? —le incita.

—Hay más —suelta Yuuri—. Había un video. De ti y de mí, en la fiesta de fin de año de la Psi Omega Iota del año pasado. Donde bailamos juntos, y nos besamos. Y yo lo vi, y pensé que… me asuste. Entonces vine para hablar contigo sobre ello, y cuando llegue aquí, te escuche a ti y Chris y yo, yo no… —levanta la vista—. Tú… ¿me compraste un boleto de avión?

Victor frunce el ceño. —¿Cómo lo sabes?

—Estaba en nuestra habitación.

Mira fijamente a Yuuri. —No, pero si yo… yo lo guarde en mi mochila… —entonces, se da la vuelta y mira sobre su hombro—. Debió haberse caído —dice en voz alta—. Pero, Yuuri, lo que escuchaste, fue todo un malentendido. Chris y yo estábamos hablando de ti, pero no es como tú piensas. Te compre ese boleto porque… pues, yo…

Victor no había esperado confesarle esto a Yuuri con sus ojos lagrimosos y su cuerpo temblando. Pero supone que de todas formas tendrá que hacerlo. —Quiero que vengas a San Petersburgo conmigo —explica—. Y estaba diciéndoselo a Chris, e iba hacerte una travesura al prepararte una búsqueda del tesoro, iba a esconder pequeñas pistas por todo el dormitorio, después iba hacer que durmieras a mi lado y colocar la primera pista en tu regazo cuando hubiera escondido tu teléfono, y al final estaría junto al boleto. Pero escuchaste la parte fuera de contexto de la conversación.

Yuuri parpadea.

Dos veces.

Tres veces.

—Victor —jadea, y las lágrimas regresan inmediatamente, brotando de sus ojos y cayendo sobre sus mejillas—. Lo siento, lo siento tanto. Lo siento mucho. Pensé que, yo no… perdóname. Nunca debí de haber… perdón —suelta incoherencias, murmurando múltiple disculpas.

Victor lo toma por los hombros. Yuuri no lo mira a los ojos, así que levanta una de sus manos para tomarlo del mentón, forzándolo a mirarlo. —Yo nunca, jamás te dije algo que no quisiera decirte, Yuuri. Jamás te consideraría… —sacude su cabeza, esas palabras ni siquiera saldrán de su boca. Son demasiado repulsivas—. Jamás te lastimaría a propósito. Y lamento lo que sucedió. Tú eres un ser maravilloso, y yo soy afortunado por haberte conocido.

—Perdóname por no confiar en ti —dice Yuuri con voz queda—. Debía haber sabido que me estaba perdiendo de algo. Creo que sólo estaba asustado de que en realidad yo nunca te hubiera gustado, que todo lo que tuvimos hubiera sido ficticio. Eran mis propios temores y luego con lo que oí, debí haber… —toma la mano de Victor y la aprieta—. Debí haber confiado en ti por sobre todas las cosas.

Lo besa en la frente, permaneciendo así y cerrando los ojos. —Te perdono. No puedo imaginar lo que debiste haber pensado, al escuchar eso.

—¿Así que todo esto sucedió por una broma?

—Supongo que sí —Victor medita, rozando su cabello con su nariz—. ¿Te tengo?

Yuuri se ríe, una risa susurrante y encantadora, y Victor lo abraza más fuerte, sin querer dejarlo ir ahora que lo tiene otra vez, ahora que ambos están en la misma página. —Me tienes.

—Todo fue parte de mi malicioso plan…

Victor.

—…para lograr que Yuuri Katsuki sea mi novio, ¡Ja! Misión completa.

—Cuando lo dices así —se queja Yuuri—. Suena tonto.

—Lo siento, lo siento —murmura Victor, volviéndolo a besar en la frente—. No intento reírme de ti, entiendo completamente lo que debiste haber pensado sobre lo que imaginabas que pasó. Pero ¿lo serías?

—¿Sería qué?

—¿Mi novio?

Yuuri le sonríe, amplia y perfectamente, sus ojos se iluminan con deleite. Todavía hay rastros de lágrimas secas tiñendo sus mejillas, y Victor las limpia. —¿Tu novio?

Victor asiente, apartándole el cabello de los ojos. —Me gusta la manera en que, Yuuri Katsuki, mi novio, suena. Me gustaría comenzar a decirlo en cada oportunidad posible. Claro, así me llamarías Victor Nikiforov, tu novio.

—Suena a un trato. Victor Nikiforov, mi novio y molesto roommate.

—Ja, muy gracioso. ¿Entonces todavía somos roommates?

—Por supuesto que todavía somos roommates —Yuuri confirma—. Yo soy el único que debería preguntártelo. Soy yo quien fastidio todo.

Victor no puede dejar de sonreír cuando Yuuri se pone de puntillas para besarlo gentilmente en los labios. —Fue un malentendido. Ya se acabó, ¿cierto? ¿Estamos bien, tú y yo?

Victor le devuelve el beso, inclinando su cabeza en un mejor ángulo. Los lentes de Yuuri chocan contra su nariz pero ambos se limitan a reír, las manos de Victor se mueven hacia sus caderas y lo sostiene fuertemente, los dedos de Yuuri se entrelazan con los suyos. —Ya se acabó —concuerda—. Y estamos bien. Si… si tú consideras que lo estamos.

Asiente.

Luego, Yuuri baja la mirada a sus manos. —Iré contigo, por cierto. A San Petersburgo —vacilación—. Si… si todavía quieres que vaya. Si puedes perdonarme.

—Yuuri Katsuki, mi novio, estás absoluta e indudablemente perdonado, y claro que todavía quiero que vengas conmigo —luego, añade, como idea de último minuto—. Sólo que tendremos que tener cuidado cuando estemos allí.

Yuuri se muerde el labio inferior. —¿Qué? ¿Por qué?

—No quiero que te encuentres con mi otro novio —suspira Victor, frotándose la nuca—. Es un problemático.

Por medio segundo, tan sólo por medio segundo, Yuuri se la cree. Luego, le da un buen golpe en el brazo. —Esa fue la peor broma hasta ahora.

—Aprendí del mejor —le provoca.

—Quizás deberíamos tener más cuidado con las bromas a partir de ahora —le regaña, pero está sonriendo a fin de cuentas, lo empuja hasta tenerlo contra la pared. Luego pasa sus labios sobre los otros labios, besándolos gentilmente y ocasionalmente suspirando. Victor incrementa la presión, dejando que sus ojos se cierren mientras se funde en el beso, habiendo extrañado el calor de la boca de Yuuri, los sonoros pequeños ruidos que él hace, la sensación de su toque.

—Me asustaste, sabes —le dice Victor con honestidad, presionando sus frentes la una con la otra.

—Lo lamento —responde Yuuri—. Pero, tal vez ¿podemos intentar hacer las paces? Sólo que no en la habitación de Chris y Phichit.

Victor gime de placer cuando Yuuri lo besa en la comisura de los labios. —¿Phichit todavía sigue en nuestra habitación?

Yuuri saca su teléfono, para cerciorarse.

A juzgar por el hecho de que todavía no has vuelto, supongo que las cosas se arreglaron. Tu habitación está vacía. ¡Cuídense!

p.s. dile a Victor que me disculparé con él en persona lo más pronto posible.

Victor lee el mensaje por sobre su hombro y se ríe para sí, besándolo en la sien. —Es lindo que tengas un amigo que te apoya tanto. Aun cuando creí que iba a matarme y enterrar mi cadáver esta mañana.

—Mi culpa —dice Yuuri, frunciendo el ceño—. No lo culpes por eso, por favor.

—Ni siquiera te culparía a ti, culparé al desafortunado incidente. Deberías hacerle saber que vaya que nos cuidaremos —toma la mano de Yuuri y entrelaza sus dedos, guiándolo hacia la puerta. Yuuri rueda sus ojos afectuosamente, tipea una respuesta que Victor asume es cualquier cosa menos lo que él le sugirió.

Cuando llegan a su habitación, Victor lo aprisiona contra la puerta, sin besarlo, sino limitándose a mirarlo. —Iré a tomar una ducha, aun cuando yo de verdad, de verdad que preferiría seguir besándote.

Yuuri no protesta cuando Victor comienza a reunir su ropa y se encamina hacia el baño. El chico japonés apoya un pie sobre la pared y cruza sus brazos sobre su pecho. —Yo me desvestiré aquí, mientras te bañas —dice con tono casual.

Victor traga grueso, de repente tiene la garganta seca. —Tú… tú… ¿Qué?

Toma el dobladillo de su remera, luego se la quita por la cabeza para después tratar de arreglarse el pelo. —Dije que me desvestiré aquí. Mientras tú estás allí.

—Intentas arruinarme la vida —se queja Victor, percatándose que él está haciendo esto a propósito—. De hecho, en verdad estás arruinándome la vida.

—No sé de lo que hablas —le provoca Yuuri mientras deja caer su remera al suelo, apoyándose contra la pared y mirando a Victor de arriba abajo de manera apreciativa, deteniendo su mirada en una particular parte de su anatomía.

Victor vuelve a tragar grueso, la acción no parece ayudar mucho.

—Veinte segundos. Tomare una ducha de veinte segundos —declara.

—Eso no suena nada saludable —señala Yuuri—. ¿No es en esta parte donde me dices que no me mueva?

—No te robes mis líneas, Yuuri. Esa es mi línea. Ahora, no te muevas.

~•~ ~•~ ~•~

Cuando Victor sale del baño, Yuuri está sentado en la cama, vistiendo sólo sus boxers. Él hubiera querido desvestirse por completo, pero su aura confiada de momentos atrás se desvaneció poco a poco. De cualquier forma, Victor lo está mirando en shock, tan sólo usando calzoncillos. Yuuri deja que su mirada admiren las piernas de Victor, lo cual no es difícil de hacer, ya que son un placer para sus ojos –admira sus pantorrillas, sus muslos. Entonces, se fija en su ropa interior, percatándose gratamente que Victor ya está duro.

Su pecho, sin embargo, tiene que ser la parte favorita de Yuuri. Es musculoso, sus hombros son anchos. Victor se trepa en la cama, y parece estar tan conmocionado como Yuuri lo está, igualando su mirada con la suya. —Eres perfecto —dice en voz baja, y las palabras salen sin filtro, como si fueran un pensamiento de su subconsciente que ha cobrado vida.

—Ya hemos tenido esta conversación antes.

—Creo que tú no estabas de acuerdo conmigo —Victor recuerda. Se acerca y pasa sus dedos por el muslo izquierdo de Yuuri—. Así que pienso que deberíamos revisar esa charla. Ya que tú eres, sin duda alguna, perfecto.

Él tiembla ante el toque. Le hace cosquillas, más o menos, pero no se aleja, no quiere hacerlo. —Soy un chico promedio, común y corriente —protesta Yuuri—. Y tú eres Victor Nikiforov. Tú eres perfecto.

—¿Común y corriente? —se mofa—. Yuuri Katsuki, común y corriente. ¿Ves cómo esas palabras no combinan? Yuuri Katsuki, mi extraordinario novio. Ahora eso sí que suena mucho mejor.

Yuuri se ríe y lo besa, empujándolo suavemente en el pecho hasta que su espalda yace sobre las sabanas. Victor le deja tomar el control, correspondiéndole cada toque pero nunca empezando a menos que Yuuri haga el primer movimiento. Yuuri figura que probablemente él todavía intenta apaciguar las dudas anteriores de Yuuri, pero la verdad es, que ellas ya están apaciguadas. Nunca se solidificaron en primer lugar, sólo se arremolinaron cual cemento, listo para endurecerse pero nunca consiguiéndolo.

Cuando Yuuri abre su boca, Victor hace lo mismo, y gime contra él, habiendo extrañado esto, habiendo creído que nunca más volvería a tener esto. Victor levanta su cabeza de la almohada, sus manos se envuelven en torno a su espalda, y Yuuri mantiene una de sus manos sobre el pecho de Victor y mueve la otra hacia su cabello, enredando sus dedos en él. Cuando tira de él expertamente, Victor gime de placer, moviendo sus caderas ligeramente.

Yuuri capta el mensaje.

Mueve su mano sobre el torso de Victor, trazando un camino mientras baja, deteniéndose en su abdomen, en su ombligo, alcanzando finalmente el dobladillo de su ropa interior. —Ya estás duro —señala.

—Me dijiste que te desvestirías a no más que unos pocos metros de mí mientras que yo tomaba una ducha —replica Victor, volviéndolo a besar. Yuuri se pierde en la sensación, más caliente y con más pasión, esta vez, menos gentil. Mete su mano por debajo de la prenda y toma a Victor por completo en su mano. Victor presiona su cabeza sobre la almohada de nuevo, cierra sus ojos y abre sus labios. —Yuuri —susurra, como una plegaria.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta Yuuri, inseguro. Ya que él no ha tomado el control antes, pero al mismo tiempo es excitante, enviándole una sensación de emoción a través de su sistema.

—A ti —responde Victor, como si fuese la respuesta más simple del mundo, como si estuviera escrito en las paredes, como si Yuuri ya debería saberlo—. Te quiero a ti, quiero todo de ti, siempre.

Él sonríe con deleite ante eso, besando su hombro. Yuuri utiliza su mano libre para bajarle los calzoncillos cosa que ellos ya no están más a la vista, luego su mano empieza a trabajar a un ritmo constante, arriba y abajo, acariciándolo. Continuando con su experimento, todavía inseguro de si lo está haciendo de forma correcta o si se siente bien, pero a juzgar por la forma en que Victor se derrite ante él, figura que lo hace bien.

—Yuuri —gime, y baja una mano para tocar a Yuuri, empezando una similar caricia. Yuuri intenta no colapsar contra él en respuesta ante el contacto. Se apoya sobre sus rodillas, las cuales están colocadas a ambos lados de la cadera de Victor, y es un ángulo incomodo pero la sensación de la mano de Victor sobre él es indescriptible –cálida, alucinante.

Yuuri gime su nombre cuando Victor recorre su dedo en la punta, siente como sus propias caderas se agitan y sus manos automáticamente se quedan quietas. Un segundo después, sin embargo, reanuda su tarea, y Victor se muerde el labio, fuerte, la almohada debajo suyo siendo arrugada por sus constantes movimientos de placer. Él se ve hermoso de esta manera, piensa Yuuri, desencajado.

—No voy a aguantar —murmura Victor, casi inaudible—. Yuuri, si sigues así… oh por Dios, Yuuri. Si quieres que… no puedo…

Victor se corre en su mano, y oculta su rostro en el hombro de Yuuri. Su mano continua moviéndose, más rápido ahora, a un ritmo más descuidado, y un segundo después, Yuuri también se viene, jadeando por aire. Victor le besa la frente, luego mueve su boca más abajo, bajando su cuerpo para alcanzar su cuello. Chupando con fuerza un punto al azar, y Yuuri respira hondo, sucumbiendo ante la sensación.

—Hermoso —murmura Victor contra su piel—. Hermoso y todo mío.

—Todo tuyo —concuerda Yuuri—. Y tú eres todo mío.

—Todo tuyo —repite Victor.

Después de limpiarse, juntos se acuestan en la cama de Yuuri. Victor jala a Yuuri sobre sí, envuelve ambos brazos a su alrededor y enreda sus piernas con las de Yuuri, contento. Yuuri se pregunta cómo es posible amar tanto a alguien, y querer estar con él cada segundo del día. Y lo más importante, se pregunta cómo es posible tener ese amor de regreso. Se pregunta cómo Victor fue capaz de perdonarlo, y ser tan increíblemente comprensivo con respecto a lo que hubo pensado.

—Perdóname —vuelve a decir Yuuri, y ninguno de los dos necesita dejar en claro a que se refiere.

—Perdonado —le recuerda Victor—. No estoy enojado contigo.

—Lo sé, pero en verdad lo lamento —manifiesta—. Gracias por perdonarme.

—Oh, espera, casi lo olvido —dice Victor de repente, con ojos brillantes—. Aprendí algo. Estaba guardándomelo para la broma, pero… —su voz se apaga, dando a entender el resto.

Yuuri asiente, esperando.

—Okay, pon atención, porque podría ser un desastre —Victor urge.

Coloca un dedo sobre el hombro de Yuuri. Él se alza un poco para darle mejor acceso. Entonces, Victor traza algo. Yuuri comienza a reír. —No puedo entender lo que estás escribiendo, está todo entremezclado.

—No, no —alega Victor, y también se ríe. Intenta otra vez.

Todavía es algo incoherente, y Yuuri se lo hace saber, besándolo en la mejilla. —¿Quieres papel?

—Será más romántico si lo escribo en ti —se queja Victor—. Buscaré un rotulador y lo escribiré en ti, espera.

—¿Es japonés? —pregunta Yuuri cuando Victor se baja de la cama—. No escribas algo malo.

—No es un rotulador permanente —le dice, tomando el objeto en cuestión del escritorio. Luego, se recuesta al lado de Yuuri y le toma la mano, escribiendo en el dorso. Bizquea y cuando intenta echarle una mirada, Victor lo oculta, dándole una firme mirada.

—Hace cosquillas —dice tomándole el pelo.

Victor termina, luego sonríe, colocándole de nuevo la tapa al rotulador morado.

Yuuri voltea su mano, parpadea cuando lo ve. Es japonés, y es un desastre.

—Está oscuro —dice en tono de disculpas—. ¿Puedes leerlo?

Le toma a Yuuri un segundo, pero después lo logra.

(Y lo lee.)

(Y la sensación en su pecho es de completa dicha.)

—Yo también te amo —le dice, volviéndolo abrazar—. Yo también te amo, Victor.

—Tendrás que escribirlo en mí —murmura Victor felizmente contra su piel.

Yuuri coge el rotulador, lo destapa. Luego, deja una marca en el brazo de Victor, riendo ante su expresión indignada. Victor lucha contra él por el rotulador, manchando con éxito sus manos en el proceso, pero saliendo victorioso, luego deja una marca en el hombro de Yuuri. Sin embargo, cuando Yuuri se mueve para alejarse, el rotulador accidentalmente le marca el rostro.

Justo debajo de su ceja, una larga línea le llega hasta el puente de su nariz.

Victor se limita a reír.

Yuuri lo mira, con ojos amplios. —¿Me manchó el rostro? Oh Dios mío, ¿tengo rastros de rotulador en mi rostro?

—Definitivamente no.

Aprovechándose de la distracción de Victor, toma el rotulador de vuelta y le dibuja puntitos en sus mejillas. Victor jadea en shock, tratando de luchar por el objeto. Yuuri comienza a escribir una fórmula física en su frente y Victor se lo quita de las manos, y a cambio dibuja algo en la mejilla de Yuuri. —¿Vamos a envenenarnos con esta cosa o algo así?

Victor observa el rotulador. —Es crayola. No es toxico.

—¿Qué estás escribiendo en mi rostro?

—Ah, aquí. Listo.

Yuuri vuelve a tomar el rotulador, y dibuja en corazón en el pecho de Victor.

—Terminaremos estropeando las sabanas —se queja Victor sin entusiasmo.

Cuando baja la mirada hacia Victor, y lo ve cubierto de crayola morada, rompe a reír otra vez, volviéndose a recostar encima de él. —Pareces una niña pequeña que quería maquillarse por primera vez.

—Pues tú deberías verte el rostro —le aconseja Victor.

Yuuri toma su teléfono, y enciende la luz de la cámara frontal para poder mirarse. En una escritura desordenada 'novio de Victor Nikiforov' está escrito en su mejilla. Aunque, más parece decir 'chico de Victor Nikiforov'* ya que Victor se quedó sin espacio cerca de su nariz. —¿Lo dices en serio? —pregunta, apagando el teléfono.

—En lo personal, me gusta. Es muy artístico —murmura Victor.

—Me gusta este de aquí —añade Yuuri, trazando el corazón dibujado en su pecho.

—Y tú me gustas a mí.

—Y tú me gusta y te amo.

Victor lo besa, luego bosteza. —Buenas noches, Yuuri.

—Ni siquiera es mediodía.

Eso no parece importarle, roza suavemente el hombro de Yuuri con su nariz y presiona sus labios sobre ese lugar.

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Esa noche, duermen en la cama de Victor.

Yuuri cae dormido rápidamente, exhausto debido a todas las emociones por las que pasó durante los últimos días y a la improvisada planificación de su próximo viaje a San Petersburgo. El pecho de Victor se presiona contra su espalda, y su frente contra su cabello, una de las manos de Yuuri sostiene flojamente una de las de Victor mientras duermen. Es todo lleno de paz, la luz de la luna se filtra a través de la ventana, bañándolos, y atenuando sus facciones.

—Yuuri.

Él se remueve ante el sonido de la voz de Victor, cómodo y cálido debajo de las sabanas. Cuando intenta abrir los ojos, ellos protestan, su ritmo circadiano útilmente le informa de este hecho, así que no, este no es un buen momento para despertar.

—Yuuri.

—¿Qué? —gruñe, intentando girar su cuello para poder verlo.

En el momento en que capta un ligero vislumbre de Victor en su periférica visión, está más despierto. Su rostro está pálido, sus ojos están bien abiertos, como si acabara de ver un fantasma. Está abrazando a Yuuri más fuerte de lo que lo había hecho más temprano, sus labios están abiertos ligeramente. —Yuuri. Repite lo que dijiste está mañana.

—¿Lo que dije esta mañana? —repite Yuuri adormilado, cerrando sus ojos otra vez. Aunque Victor parece conmocionado por algo, no parece ser algo pertinente, y todo lo que Yuuri quiere es dormir…

—Sobre el video, ¿Qué fue lo que dijiste sobre el video?

Yuuri suelta un 'hum', se da la vuelta por completo y oculta su rostro en la curvatura del cuello de Victor. —No quiero hablar de eso en este momento.

Victor le besa la frente, con premura. —No, sólo di lo que dijiste antes. ¿Me contaste que fue en una fiesta? ¿De los dos en una fiesta?

—No es la gran cosa —murmura—. Yo estaba borracho, y tú también.

—¿Qué fiesta?

Es evidente que él no dejara pasar esto. —Fiesta de fin de año.

—¿La fiesta de fin de año de la Psi Omega Iota? —Victor aclara.

Yuuri asiente, irritado y con cansancio. —Vuelve a dormir.

—¿El año pasado? ¿Fue el año pasado? ¿El video fue grabado el año pasado?

—¿Qué con eso?

Victor suelta un tembloroso suspiro. —Necesito ver ese video. Ahora mismo.

—Victor, te amo, pero hablemos cuando sean las nueve de la mañana a lo mucho.

—Esto es importante —promete—. Necesito saber si… tengo que saber algo. ¿Tienes el video? ¿Dónde está el video?

—Phichit me lo enseñó.

—Phichit, Phichit —canturrea Victor en voz alta, pensando—. Phichit… ¿usa Twitter? Revisaré Twitter —toma su teléfono y la luz brilla y Yuuri vuelve a bostezar, moviéndose para volver a dormir—. Esto no puede ser posible. ¿O sí? ¿Podría ser?

Yuuri no responde, con la esperanza que Victor encuentre el video y deje de hablar de una vez por todas. Victor empieza a tipear violentamente, entonces murmura algo en ruso, aporreando la pantalla antes de probar una app diferente. —Phichit utiliza Yik Yak —proporciona Yuuri.

Victor lo besa en el pelo. —¡Yik Yak! Verdad, permíteme…

Otro minuto de búsqueda, luego con un silbido de victoria, Victor ladea su teléfono a un lado, dejando que el video se reproduzca. Hace comentarios sobre las habilidades de tubo de Yuuri, por supuesto, pero son comentarios menos burlones y más de tono cautivador. Victor hace una nota verbal de que él debería hacerlo otra vez, algún día, quizás cuando ambos estén sobrios.

Y luego la segunda parte del video empieza.

Victor deja caer el teléfono.

(Sobre el rostro de Yuuri.)

—Auch, Victor —se queja, moviéndose cosa que el dispositivo cae en la cama—. Eso dolió.

—Yuuri —exhala Victor, asombrado.

—¿Qué? Sé que tampoco lo habías visto antes, pero no es como para…

—Yuuri —le interrumpe, y lo aparta ligeramente, sosteniendo sus dos manos y sonriendo radiante—. Eres tú.

—¿Yo?

Victor asiente, urgiéndolo a que comprenda. Le toma de las manos con fuerza y su sonrisa sólo crece más, una sonrisa que florece al punto de amenazar con ser permanente. —Eres tú. Oh por Dios, eres tú, eres tú, eres tú, eres tú

Un segundo después, está riendo como un maniático, y Yuuri de nuevo está entre sus brazos, y ¿Cómo es posible que Victor tenga tanta energía a esta hora de la noche? Levanta a Yuuri de la cama y lo sienta sobre su regazo, besándolo y dejando que sus manos deambulen. Yuuri le devuelve el beso, pero no pone demasiada energía en ello, colapsando sobre la almohada cuando por fin lo deja ir. —Tienes razón, Vitya. Soy yo. Muy buena observación.

—Tú no lo entiendes.

—Tienes razón, no lo hago.

—Chico Boxers.

—¿Qué?

—Tú eres él —declara Victor feliz, como si acaba de curarse de una desconocida enfermedad, como si acabara de resolver el problema del hambre en el mundo—. Tú eres Chico Boxers. Y eres Chico Bicicleta.

—Soy… ¿Qué?

Victor lo vuelve a abrazar y a besar. —Te amo. Y te amo tres veces más ahora.

—Yo también te amo, pero ¿Quién es ese tal Chico Boxers? ¿Y quién es Chico Bicicleta?

—Después de aquella fiesta, desperté con el recuerdo de alguien —explica Victor—. Pero no sabía quién era, sólo sabía que era… —se calla, tocando el cabello de Yuuri, acariciándolo con gentileza—. Yo no era muy feliz, en ese entonces. Estaba aburrido. Con la vida, creo. Carecía de algo, no sé, ¿Cuál es la palabra? Me hacía falta algo importante. Pero cuando estuve con él, sentí algo más, algo nuevo, desconocido. Y entonces lo busqué, lo busqué y lo busqué pero nunca lo encontré. Pero…

—¿Pero él era yo?

—Él eras tú —confirma Victor—. Y después, cuando golpee a alguien con mi patineta…

Yuuri enarca una ceja.

—Me enamoré otra vez —finaliza.

—¿De alguien que golpeaste con tu patineta? Golpeaste a alguien con tu patineta, lo mandaste a volar lejos, y pensaste, ¿'estoy enamorado'? Victor, eres el ser más absurdo…

Victor lo besa, fuerte, sus manos acunan sus mejillas y sonríe mientras juega con sus labios. Adorando la sensación de su piel, haciéndose camino hacia su mandíbula y luego bajando hacia su cuello, su pecho, su hombro, su brazo, sus nudillos. —Él eras tú. Debí haberlo sabido, supongo. Debería haberlo adivinado desde el principio.

Yuuri le sonríe suavemente, y Victor lo vuelve a besar. Luego, alza su teléfono, rebobinando el video. —¿Qué estás haciendo? —le pregunta Yuuri, acariciando sus brazos.

—Volviendo a ver la primera parte.

—La prime… Victor, por favor no.

Victor silba ante la pantalla. —Pero mira esos movimientos, Yuuri Katsuki.


(N/T):

*En esta parte, el chiste se cuenta mejor en ingles, ya que lo que Victor escribió fue 'Victor Nikiforov's boyfriend' (novio de Victor Nikiforov) aunque al no tener espacio quedo más como 'Victor Nikiforov's boy' (chico de Victor Nikiforov) xD

Lamento mucho el mes de ausencia, mis obligaciones no me permitieron actualizar como hubiera querido, pero trate para sacar este capítulo donde al fin se da el gran avance en la relación de estos dos, niños. La comunicación lo es todo :3

Ya estamos a dos capítulos de terminar la historia, así que intentaré sacarlo lo más rapido posible, gracias por leer!

Nos leemos pronto,

Lilaluux off!