Hola! Tardé, no me coman :( perdí mi computadora, perdí luego la computadora de mi hermana, luego la tarjeta de memoria de mi celular... Casi pierdo también el celular :( todos lugares donde tenía el resto de mis fics... En fin, intenté reconstruir lo que recuerdo del resto del fic, gracias por leer, no se enojen (tanto) por la tardanza, y tendré en cuenta las críticas constructivas que me hizo una lectora (lamento que tuvieras ganas de golpearlos, pero es como me imagino a Yogi, y en cuanto a por qué se ve más el punto de vista de Gareki se debe al resumen e idea del fic: es a Gareki a quien le cuesta llegar a aceptar el amor y por eso me enfoqué más en él, en cuanto al por qué Jiki se la agarró con Gareki iba un tanto más adelante en el fic, pero bueno...lo ordenaré como pueda y espero que les guste :) ).
8. Despertar
Yogi abrió los ojos con pesadumbre y molestia. El cuerpo le dolía a sobremanera y le costó sentarse en la cama.
Cuando descubrió que estaba en el hospital del doctor Akari se alteró un poco y casi sale corriendo desesperado, pero se quedó más calmado cuando se dio cuenta de que nadie andaba cerca. Se llevó una mano a la cabeza recordando lo que sucedió antes de perder la conciencia cuando aquel varga lo hirió.
¿Por qué no pudo contra él? ¿Y Gareki? ¿Qué habrá sucedido con él? Se levantó esta vez quitándose un suero y otros elementos que apenas podía reconocer en la media oscuridad.
Hizo unos pasos hasta la ventana y retiró la cortina, aún era muy noche. Un temblor en las piernas le hizo volver a sentarse en la cama y lanzó un suspiro largo.
No podía dejar que algo así volviera a pasarle, de ese modo ponía en peligro a Gareki y a los demás que estuvieran con él. Aunque...también se acordó de algo más: Gareki había tomado su mano cuando entraron a aquel lugar.
Frotó su mano sintiendo todavía el tacto, la sensación de calidez del pelinegro y la seguridad. Parecía todo tan fresco que tenía la impresión de que hace muy poco lo hubiera tocado.
Las palabras de Hirato el día que hablaron luego de que el pelinegro intentara besarlo se agolparon en su cabeza:
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-¿...y tú Yogi? ¿Qué es lo que sentiste? ¿Qué es lo que sientes?
El rubio se quedó helado. Él mismo no estaba muy seguro de lo que había sentido, eran muchas cosas juntas y no estaba seguro de qué tan correcto era que Hirato lo supiera.
-Yo... ¿Qué es lo que debería sentir? -tragó saliva dándose cuenta de que no estaba dispuesto a contarle lo que sintió. Para él Gareki había intentado besarlo, pero ¿y si sólo fue una mera confusión suya? ¿Y si en realidad estaba viendo cosas donde no las había? El desaliento era demasiado grande como para arriesgarse a una mínima ilusión. Sabía bien que un beso era una muestra única de cariño, y era de las cosas que menos hubiera esperado venir de Gareki.
Hirato se puso de pie sin saber bien qué decirle. Observaba y vigilaba bien a todos los de su barco, y sin duda lo que más veía crecer era el interés que Gareki mostraba por Yogi, un interés que ciertamente era peligroso, y sólo porque Gareki no era precisamente del tipo de persona que si se encariña con alguien lo tratará como si fuera de cristal. El chico apenas sabía cómo demostrar cariño.
A pesar de que Yogi fuera más transparente también era más frágil, más dado. ¿Cuánto tardaría Gareki en aceptar lo que estaba sintiendo? ¿Cómo se sentiría Yogi si llegaban a jugar con él? ¿Qué bien le haría a Yogi saber lo que él sabía? Enterarse de que Gareki estaba interesado en él...
Volteó y descubrió que Yogi tenía la cabeza gacha, e intentaba ocultar su rostro entristecido con el cabello.
-Yo no puedo decirte eso. Solo no deberías intentar reprimir tus sentimientos, ni asustarte por ellos. -el rubio levantó la vista y se levantó.
-¿Y qué hago si a Gareki-kun no le agradan mis sentimientos? -Hirato abrió los ojos un poco sorprendido, quizá Yogi había entendido lo que le sucedía más rápido de lo que esperaba.
-Pues... No puedes reprenderte a ti mismo por intentar demostrarselos.
Yogi le sonrió, con tristeza en realidad. Podía suponer lo que Gareki haría cuando él intetara acercarsele, porque era eso lo que quería. Quería estar cerca suyo, quería escucharlo, quería verlo reír, protegerlo... Pero ninguna de esas cosas era del agrado del pelinegro.
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El rubio se llevó la mano al rostro y sintió el calor en sus mejillas. Tal vez lo mejor era alejarse de Gareki, entendía bien cómo le molestaba, y no sólo eso...si no era los suficientemente fuerte como para cuidarlo, entonces sólo servía para ponerlo en peligro.
Se sintió fatal esta vez. Por mucho que quisiera estar con Gareki lo mejor era estar a distancia, porque además él no podía saber lo que sucedía por la cabeza del pelinegro de ojos espectacularmente azules.
Sacudió su cabeza, como si así sacara un poco la tristeza. Sonrió melancólico, no podría terminar la misión con ellos.
Nai, Gareki y Yogi charlaban en una sala del hospital. Cuando Gareki entró se quedó detenido al verlo allí. Se veía cansado y sin duda con los ánimos apagados.
-Deberías estar descansando.- intentó que su voz sonara lo más fría que podía, pero la preocupación era como agua desbordando de un vaso lleno.
Yogi le sonrió, aunque no como siempre.
-Buenos días Gareki-kun... El doctor Akari dijo que ya podía levantarme.
Gareki notó algo, sin duda era distancia. Una lejanía que nunca hubiera esperado del rubio. La primera vez que lo vio convertirse y luego despertar, Yogi había ido a los gritos a disculparse y esta vez ni lo mencionó.
Gareki se acercó hasta donde se hallaban sentados y se quedó a escucharlos, más bien se quedó a mirar al rubio, tal vez porque quería asegurarse de que en verdad estaba bien.
Yogi, aunque continuaba su conversación con los otros dos podía sentir con claridad la mirada fija del pelinegro encima suyo. Empezó a balbucear, a dejar de escuchar lo que él mismo decía y a asustarse de sus nervios. Por ratos, sin querer, miraba a Gareki, y éste a la vez desviaba la mirada.
-Yogi... Esta mañana se ve mejor.
El de lentes se acercó con una sonrisa y se sentó en frente del rubio.
-Gracias, Jiki-san... Me siento mejor.
-Entonces podremos irnos hoy mismo a la ciudad.
-Etto... Sobre eso...ya hablé con Hirato-san... Yo volveré al barco, sólo por hoy estaré aqui.
Los cuatro que estaban con él sólo consiguieron lanzar una pequeña expresión de sorpresa y duda.
Todavía se sentía molesto. ¿Por qué había decidido quedarse? ¿Acaso en realidad no estaba tan bien como decía que estaba? Por estas mismas dudas, por la preocupación que no lo dejaba tranquilo es que se quedó fuera del comedor del hospital, donde todos ellos comían, esperando atento a que el rubio saliera para preguntarle.
Sin embargo alguien más apareció.
-Gareki-kun- su voz siempre de tono cínico le golpeaba de forma demasiado molesta. Se apoyó en la pared disimulando que estaba esperando. El de lentes le sonrió- ¿será que estaba esperando a Yogi-san?
-¿Cuál sería el problema de que fuera así? Más bien...¿Cuál es tu maldito problema conmigo? -esta vez Gareki llevó sus azules ojos hasta el ojiambar, que continuaba con esa sonrisa.
-Tan inteligente que eres...¿y no puedes recordar a una persona?- esta vez Gareki se sorprendió demasiado. El otro sonrió más que antes- Lo sabía...sólo por eso es que te toca lo que te toca.
Jiki se retiró habiendo borrado por fin cualquier expresión. ¿Qué había querido decir con eso?
Gareki volvió a mirar al interior del comedor y maldijo cuando vio que Yogi ya no estaba, y como no quería darle explicaciones a nadie no quiso preguntar en dónde estaba.
Llegada la siesta Yogi se hallaba en un cuarto jugando con su Nyamperona, que Nai se había encargado de traerle. Escuchó cuando el avión en el que habían ido a la ciudad de las desapariciones encendió sus motores, y se levantó con prisa a ver, los chicos estaban subiendo ya, y una sensación espantosa le llenó el pecho, como si jamás fuera a volver a ver a Gareki.
Dudó, pero pudo hechar a andar sus piernas, bajó los pisos que necesitaba, reprendiéndose por no haber bajado directamente por la ventana, y en cuanto pudo abrir la puerta principal, descubrió que el avión había alzado vuelo ya.
Se quedó mirando la máquina, con un desasociego espantoso, sin entender nada. Quería llamarlos, quería llamarlo...
-No pensé que me harías repetirlo, pero deberías estar descansando.
Yogi tembló al escuchar su voz. Volteó a un lado y ahí estaba, ¿por qué se había quedado? No pudo evitar sonreír, aunque supiera que eso molestaba a Gareki, quería abrazarlo, ¿pero qué le diría? ¿Por qué deseaba verlo en primer lugar?
Cualquier otro día hubiera corrido a abrazarlo, a decirle que sentía lo que sucedió en la mina, que sentía más de lo que podía entender, y Gareki lo hubiera insultado y golpeado... Pero hoy ya no, todo por haber despertado, por despertar en la realidad espantosa de no ser correspondido.
Eso mismo había entendido. Por más que lo deseara lo único que podía hacer por Gareki era quererlo de lejos.
Gareki, al ver que el otro sonreía silencioso desvío la mirada avergonzado. ¿Tenía acaso que decirle que dejara de verlo asi?
-¡Gareki-kun! -se acercó corriendo a él- ¿por qué te quedaste?
-Hirato mandó a traer uno de los dispositivos explosivos hasta aquí para que los revisara con más herramientas. ¿Por qué te quedaste tú?
Yogi lo recordó entonces. Él quería empezar despacio a alejarse de él, porque era evidente que le haría mal, y justamente era él el que había decidido quedarse.
-Pues... Todavía no me recuperé bien- mintió.
Gareki se acercó y le dio un pequeño golpe en la cabeza.
-¿Ves? No deberías estar aquí...
El rubio sonrió. Había una mínima posibilidad de que Gareki si se preocupara por él, que muy en el fondo lo quisiera, que aunque más no fuera quisiera ser su amigo.
Gareki suspiró con el ceño fruncido y tomando del brazo al rubio lo llevó hasta su cuarto.
El otro entró a la cama con la emoción de un niño que va a dormir y van a leerle un cuento. Gareki le ayudó a acomodarse entre las sábanas y se sentó en la orilla de la cama.
Miraba la nada, como si estuviera meditando cosas importantes, decirlo o no decirlo. Sacar lo que cuando despertó descubrió que tenía que decirle, decirle la verdad de por qué se había quedado en realidad.
-A...a Nai le costará estar sin ti...
-Está con Zukumo, además... Yo iré con ellos apenas analice los dispositivos. Todavía tengo que desconectar las que estaban ocultas.
Yogi llevó sus manos a la sábana, la acomodaba con las manos, tenía muchas ganas de preguntarle a Gareki cuánto tiempo se quedaría allí.
La puerta se abrió.
-Yogi... Oh... Gareki, no sabía que estabas aquí- Gareki miró primero al doctor y luego al rubio.
-Iré a ver el dispositivo. En cuanto termine, y si te sientes mejor, podremos irnos a la ciudad.
El pelinegro se levantó y se retiró, dejando a Yogi ligeramente emocionado. ¿Irse? ¿Juntos...?
El pelirosa entró a revisar a Yogi, y en cuanto lo escultó lanzó una risilla. Su corazón latía demasiado rápido y no precisamente porque se sintiera mal.
-Según yo cuando quieras ya puedes irte. De todas maneras te sugiero que descanses.
Yogi asintió siendo esta la primera vez que no se sentía aterrorizado por tener al doctor con él. Se recostó con una sonrisa, pensando que cuando despierte de nuevo sus pensamientos serían diferentes, que tal vez aunque Gareki no soportara tenerlo cerca no era tan malo después de todo, porque lo hacia sentir así, lo hacía feliz a pesar de la tristeza.
Se aferró a su almohada y miró por la ventana. Cuando volverá a despertar... Cuando eso pasara podría decirle a Gareki que se sentía mejor, que podían irse ya, decirle que quizá...estaba sintiendo algo muy parecido al amor por él...
Lo sé... Está raro, lo siento, necesito volver a acomodarme con el fic y conmigo misma... Demasiados problemas para mí pequeño cuerpecito xD
Espero que algo les haya atraído, prometo mejorar! Saluditos! Gracias por leer, y mil disculpas por haber tardado.
Gracias lectora Guest (que no estoy segura de que sea un nombre xD), por dejar review y espero terminar pronto el fic.
Bye bye!
