Capítulo 07
La junta se estaba alargando demasiado, mas aparentaba que no estaban llegando a ningún acuerdo. Los presentes no parecían concordar en nada, y no ayudaba mucho cuando se distraían discutiendo por cualquier pequeñez no relacionada con el asunto a tratar. El comité de seguridad tenía que realizar estos encuentros con más frecuencia, desde que hace año y medio comenzaron a incrementarse los problemas. Ya comenzaba a anochecer y el tema central de su debate fue aclarar el reaparecer de 7 de los 11 estudiantes desaparecidos. La mayoría de ellos no tenía familia cercana, por lo cual no fue muy complicado de ocultar. Lo frustrante era que su búsqueda no dio frutos, si lograron hallarlos fue porque se los devolvieron frente a sus narices, es decir, quién lo hizo, claramente les daba un mensaje de que no tenía miedo alguno a las consecuencias.
Y por parte de los recién devueltos, no lograron extraerle mucha información útil, no sabían si era porque estaban completamente traumatizados o no querían hablar por su propio bien.
—¿Y? ¿Quién fue?
—No es justo, aún no es tiempo, rompieron las reglas, se están divirtiendo sin nosotros.
—Como sea, más importante ¿cuál será el castigo?
—Escuchen —interrumpió el presidente, poniendo orden—: el culpable no es alguien aquí de entre los presentes, ya me encargaré de la reprimenda, así como les dejo a ustedes que sigan interrogando a los estudiantes, pueden usar el método que deseen—dijo poniéndose de pie—. Y no lo olviden, no les prohíbo que "dispongan" de los demás estudiantes que quedan, solamente que no pueden secuestrarlos, ni matarlos, mucho menos tocarlos cuando estén bajo la "protección" de alguien ¿entendido?
—Entendido... presidente Yuuichi —respondieron algunos al unísono, mientras que otros, pese a que lo tenían muy en cuenta, sencillamente asintieron con desdén. Inmediatamente todos se levantaron, marchándose con rapidez. Con excepción de Yuuichi que fue detenido por asesor: el profesor con más influencia dentro de todo Raimon, un hombre joven, pero que contaba con una gran experiencia.
—¿Sucede algo malo Goenji-San? — En esa escuela, las decisiones y todo control mayoritariamente era manejado por alumnos. El supervisor únicamente era un mero observador. No obstante, pudo percibir con facilidad la inquietud y desconcentración del joven de azules cabellos.
—Eso me gustaría saber a mí, ¿te pasó algo?
—No... es solamente que... No, no es nada —con su respuesta y sus gestos, Goenji Shuuya tuvo una vaga idea de que trataba la duda que abrumaba Yuuichi, pero no se inmiscuiría más en ello.
—Únicamente recuerda que tienes sólo dos opciones —dijo tocando su hombro para retirarse—. Y también, parece que te esperan desde hace un buen tiempo —añadió señalando a la ventana.
Volvió la vista en la dirección que le indicó. Desde el segundo piso claramente lo vislumbraba. Parecía que sus pupilas se dilataron por la sorpresa, pero no debía de perder la compostura. Se mantuvo mirándolo, mientras seguía pensando. Finalmente, se decidió por ir a ver a Taiyou.
Allí fue cuando lo volvió a encontrar, su respiración todavía se mantenía ligeramente, causa de que después de lograr evadir a su profesor, corrió por doquier tras de él. En aquel instante, tenía que agradecer o detestar la fuerte ventisca, puesto que ésta, junto con el crujir de las hojas amarillentas en el viento, disminuían el silencio en el que se quedaron sumergidos.
—Taiyou. — Su tenue voz, se escuchaba inusualmente indecisa, pero sin dejar de lado su suave amabilidad, lo que inmediatamente provocó que Amemiya diera un respingo y que finalmente se atreviera a afrontarlo. Si no fuera por los molestos rastros de polvo que entraron dañando sus ojos, podría haber jurado que tristeza era lo único que podía ver en la mirada de Yuuichi. Maldijo en un murmullo, refregándose con la manga de su chaqueta la irritación en sus ojos. Percibió otra leve brisa, esta vez provocada por el movimiento que se acercaba inseguro a su rostro, mano que no llegó a su destino, pues se desvió hasta su hombro, acompañado de una risa —. ¿Te encuentras bien? — Una pequeña mueca de molestia para contestar tal pregunta no se hizo esperar.
—¿Qué es tan divertido? —espetó.
—Nada... es que, recordé que en esta época del año siempre ibas corriendo a verme por el polvo en tus ojos —dijo, avergonzándolo rápidamente. Amemiya no era muy nostálgico, pero bien recordaba una que otra de esas ocasiones, ya que a veces ese fue un simple pretexto con tal de ir a ver a Yuuichi. Le parecía divertido interrumpirlo cuando platicaba con alguna enfermera, y más gratificante era cuando lo alejaba de su pequeño hermano (cuyo nombre no recuerda), ya que siendo niños tenían esporádicas peleas por atraer la atención del mayor, claro que sus riñas sucedían cuando no los estaba viendo, Yuuichi nunca se enteró de ellas.
—No lo recuerdo... —respondió sin credibilidad alguna, dejándose contagiar por su sonrisa.
Ya no podía dar marcha atrás —Lo siento...— se inclinó un poco, tomando la mano derecha de Amemiya, que por reflejo se intentó alejar pero no se lo permitió. Sin embargo, tal vez no eran necesarias las palabras para percibir lo que intentaba transmitir, su tacto, su afable sonreír y firmeza en sus iris doradas, calmaron todo el temor de Taiyou, ese era el Yuuchi que conocía—. Tengo que disculparme por todo lo que te he hecho hasta ahora, pero entendería si me guardaras rencor y no quisieras escucha...
—¡No es eso! —interrumpió alzando la voz, asombrándolo por su reacciónー. Yo te quie... estimo mucho como para odiarte ーañadióー. Es solamente que estaba confundido. ー En sus ojos azules se veía el brillo por de nuevo verlo, a pesar de que aún unos diminutos nervios lo invadían.
Yuuichi por un momento lo miró con detenimiento —Me gustaría saber — dijo acercándosele—, todo lo que ha pasado en tu vida en estos años —continuó haciendo una pequeña pausa, acariciando sus cabellos naranjas. Quería averiguar tantas cosas de Amemiya de las cuales se perdió al estar separados "¿Ya finalmente se recuperó de su enfermedad? ¿Por qué había vuelto? ¿Está molesto por qué no cumplió su promesa?" esas y otras dudas por el estilo pasaban por su mente. Debía de arreglar lo que hizo, al menos intentarlo o en todo caso echar a perder todo de nuevo.
—Yo también quisiera que me explicaras muchas cosas —dijo deshaciendo su contacto.
—Entonces, ven conmigo mañana por la noche, hay mucho que mostrarte y tiempo que recuperar —le ofreció, nuevamente le extendió su mano. No supo porque pero, Taiyou dudaba en aceptar su mano, mas finalmente terminó cediendo. Así fue como la semilla fue sembrada, con la esperanza de que florezca una bella ilusión...
—¡Achu! —expulsó un fuerte estornudo. Se detuvo un momento a reposar, dejando caer su espalda en un muro del pasillo, puesto que se hallaba en medio de las rondas nocturnas que debía realizar como el prefecto que era. Ya habían sido bastantes los deberes incumplidos que le correspondían hacer, como por ejemplo, que faltara a la junta del comité. Sin embargo, en ese momento, la vista de Tenma se tornaba un poco borrosa y le costaba un tanto de trabajo respirar, "ojalá no sea un resfriado, aún tengo mucha tarea por hacer, pensó", sacudiendo su cabeza para espabilarse y después retomar su ruta.
De lo que Matsukaze aparentemente no se percató, fue que desde que salió de su trabajo a medio tiempo, su amigo lo había estado siguiendo. Shuu se sentía inquieto al dejarlo sin vigilancia; a pesar de que lo pensó mucho, pues no deseaba entrar ese lugar. Cuando estaba a punto de traspasar la entrada comenzó a arrepentirse, de un segundo a otro entre más se adentraba a la escuela, el miedo se apoderaba de sus pasos, su interior le exigía que diera media vuelta y se fuera rápido de allí, mas lo ignoró.
El silencio no era de ayuda, la duda que aumentaba en su cabeza no lo dejaba tranquilizarse, comenzaba a olvidarse que su principal preocupación era que Tenma se quedara dormido en algún sitio raro o chocara nuevamente con alguna pared. Se dejó sofocar por sus pensamientos, empezó a registrar con insistencia cada esquina, definitivamente no debía de estar en ese lugar, tenía que salir ahora. Y en un parpadeo de su descuido, lo perdió de vista. Se alteró al no localizarlo, lo suficiente como para abandonar su escondite, delatándose a sí mismo, y sin fijarse, terminó tropezándose con otra persona. No estaba seguro si era una muy mala broma que le jugaba su mente, o si él mismo atrajo a su pesadilla para que se volviera realidad, jamás esperó ni mucho menos deseo volver a verlo.
—Haku...ryuu. — No salió nada más de su boca, tampoco se atrevió a sostenerle la mirada, no quería verlo y su cuerpo empezó a sudar frío. Había tenido extremo cuidado para evitarlo, de entre todos los que se pudieron cruzar en su camino, tenía que ser precisamente él. No salió de su impresión sino hasta que fue jaloneado abruptamente por la muñeca. No opuso resistencia, fue llevado hasta el dormitorio del otro, donde al fin lo soltó, dejando frescas las marcas de sus dedos. Se dirigió hasta su sillón, poniéndose cómodo.
El silencio bastante incómodo los rodeaba. El entrecejo de Hakuryuu se encontraba muy marcado, acompañado con aquella expresión de enorme irritación e impaciencia en todo su rostro. Shuu no se arriesgaba a mirarlo, le era suficiente el poder sentir aumentar la presión existente a su alrededor, no lo soportaría mucho, experimentaba una extraña sensación en su interior que lo haría vomitar. Por eso no quería verlo, culparía a la casualidad por su encuentro, pero únicamente es su culpa por permitirse ser arrastrado. No importaba si estaban de pie a tan solamente unos cuantos metros uno frente al otro; era suficiente para cualquiera que los observara para darse cuenta, que la distancia que crearon iba muchísimo más allá.
De lo poco que fue capaz de apreciar fue que su apariencia seguía tal como lo recordaba, al igual que su grave voz que rompió el silencio—¿Qué crees qué haces aquí... Shuu? — El chico de cabellos negros salió de su mar de pensamientos para intentar formular las palabras apropiadas que diría—. Habla rápido o sólo estoy perdiendo mi tiem...
—Haku... ryuu —interrumpió deshaciéndose de su nudo en la garganta, alzó la vista para mirarlo directamente a los ojos—, es sobre Matsukaze Tenma...
Hakuryuu chasqueó la lengua al escucharlo, ya sabía de sobra la única razón por la cual volvería a la escuela y lo acababa de comprobar, por lo que no necesitó oír nada más, para entender lo que pasaba por su mente. Bastó un instante fugaz en el que se movió de su asiento, apareciendo a escasos centímetros frente al poseedor de los ojos negros. Tomándolo por la nuca para acercarlo su cuerpo, hundió su rostro en el cuello ajeno, dejando a Shuu completamente estático sin saber como reaccionar.
—Así es, tus sospechas están en lo correcto —le susurró con parsimonia al oído, una sonrisa se formó en sus labios—, Tenma ahora me pertenece—añadió, provocando que el otro abriera demás los ojos por la sorpresa, empujándolo como reacción.
ー¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Qué clase de trato hicieron?! Se que aún no puedes perdonarme por... lo que sucedió... pero... ¡Yo tomaré su lugar, déjalo a él en paz! Ten...ー Su usual calma desapareció con sus reclamos, todos sus nervios se desvanecieron. Y continuaría sino fuera porque fue detenido por un leve golpe en sus pies que logró que perdiera el equilibrio, cayendo ambos al suelo. Shuu se quejó un poco por el impacto, más al ser quién quedara debajo, pero lo realmente molesto era empezar a incomodarse con rapidez no solamente por su posición, también por ser víctima de la expresión indescifrable que sostenía Hakuryuu sobre él.
—¿Quieres tomar su lugar como mi sirviente? —dijo manteniendo su tranquilidad. Se posicionó cómodamente encima de él, mostrando una sonrisa amarga, Shuu apartó su vista mordiendo un poco su labio inferior y simplemente asintió. El chico de cabellos bicolores se acercó hasta la mejilla ajena pasando su lengua por ella, lo que provocó el estremecimiento en el otro ー. Todo sea por el bien de tu querido Tenma ーsusurró, pasando de sonar arrogante a una vacía frialdad. Se detuvo por un momento a apreciarlo debajo de él, esos estúpidos recuerdos le venían a nublar su juicio. Creyó que estaba preparado para cualquier cosa, no planeó mantener esa sensación, el tener a Shuu a su merced de esa forma solamente le provocaba dolor a sí mismo, sus memorias chocaban, el tocarlo, abrazarlo, que con alegría pronunciara su nombre, y ahora temblaba aterrado por su culpa.
—Pero dime ¿cuántas veces? —preguntó levantándose un poco, recorriendo con los dedos su rostro, tomándolo con brusquedad del mentón para obligarlo a mirarlo —, ¿cuánto más planeas burlarte de mi Shuu? — Las palabras para responder a esa pregunta no se formulaban en su boca, entre más lo escuchaba hablar, más su determinación se empezaba a quebrar, su mano se movió sin su consentimiento, tratando de alcanzar la mejilla del otro.
—Hakuryuu... yo lo sien...
—¡No te disculpes! —gruñó apartando su mano, detestaba esas palabras, ya no quería más disculpas. Ni Hakuryuu comprendía la furia que sentía acumulándose en su interior, desde que lo reconoció en el corredor, sus emociones se combinaban con un profundo sentimiento de ¿tristeza? que lo invadía.
Si había algo que muy pocos conocían, era la relación que tiempo atrás sostuvieron esos dos, algo que está hondamente grabado en la mente de ambos.
—Levántate —ordenó poniéndose primero de pie, dándole la espalda —. Necesito pensarlo, búscame después —le indicó yéndose, dejando sin palabra alguna al joven de piel morena, quien sólo pudo presionar su pecho y salir de allí, también tenía mucho que reflexionar.
Los planes de Kirino no iban por el camino que calculó. Para empeorarlo, después de platicar con Ichino y Aoyama, dos de sus amigos cercanos, descubrió que el método que estaba utilizando para "conquistar" a Shindou, no era el correcto, lo que le causó un gran impacto; ya jamás le volvería a hacer caso a una tonta revista. Lo bueno era, que sus padres aplazaron su visita, lo malo es que en su lugar, le enviaron un obsequio, que no fue mucho de su agrado. Y esa fue la razón por la cual aún se mantenía desde esa tarde intentando encontrar "el regalo" que se le escapó por todas partes. Luego de dar tantas vueltas sin éxito alguno, definitivamente, no sabía si llamarlo suerte o en algún rincón de su interior mantenía su deseo, porque no esperaba encontrarse otra vez con esa persona. Pensó en simular que no lo vio y seguir con su camino, ya no debía de perseguirlo, pero... se detuvo, debido a que Takuto nuevamente tenía esa expresión en el rostro que le desagradaba, la misma que observó en la azotea. Quizá solamente era porque le recordaba a alguien más, aun así, no deseaba verlo de esa manera; observando con sus iris muertos, sin ánimo alguno a las estrellas por aquel ventanal, a mitad del corredor. Sabía que no le correspondía decirle algo. Sin embargo, el semblante de Ranmaru, se transformó de preocupación a pánico absoluto, al notar un pequeño destello entre las manos del prefecto, que observando con más detalle, podía asegurar que Shindou sostenía una navaja, el filo destellaba a lo lejos, y no lo pensó dos veces para actuar.
—¡No lo hagas! —gritó, tomándolo con la guardia baja, abalanzándose sobre él. Ambos cayeron, obteniendo un buen golpe.
—¡¿Qué crees qué haces?! ¡Estás loco! ¡Pude lastimarte! —espetó tratando de reincorporarse, mas no pudo hacer mucho porque su compañero pesaba más que suficiente, además, podía asegurar que una sensación de temor se apoderó con rapidez de su cuerpo, al notar el rostro pálido de preocupación que tenía Ranmaru. Trato de recuperar la calma e intentó traducir algunas de las frases de las tantas que le estaba soltando, como: "tienes que valorar tu vida" "hay otras soluciones", y ahora entendía, su enojo pasó a ser resignación. Colocó la mano derecha en la boca de Kirino para que guardara silencio—. No es lo que crees, acabo de quitarle esta navaja a un estudiante, solamente la estaba limpiando. — El tono de su voz, así como sus ojos reflejaban completa seguridad, que no permitió que dudara de sus palabras.
—Me alegro... —dijo soltando un profundo suspiro de alivio, para inmediatamente después, ponerse de pie. Enseguida le ofreció una mano a Shindou, ayuda que fue rechazada.
ー¿No tienes nada mejor que hacer que seguirme? ーreclamó, dándole la espalda; no estaba muy contento después de lo que acababa de hacer, ni tampoco por lo sucedido en el viejo salón de música. Con sus palabras únicamente provocó que una pequeña risa fuera expulsada de los labios de Kirino.
—No seas tan presuntuoso, esta vez sólo te encontré por casualidad mientras buscando algo, después de todo, prometí solemnemente dejar de ir tras de ti —respondió avergonzando un poco a su compañero, pero ¿cómo iba a pensar otra cosa si ya se había acostumbrado a la compañía insistente del chico de cabellos rosas? —. No te tomes todo tan en serio, me gustaría que comenzáramos de nuevo, yo soy Kirino Ran...—intentó decirle, ofreciéndole un apretón de manos, deteniéndose al sentir un escalofrío causado porque algo peludo rozó su pierna. "Con que aquí estaba— pensó mirando al piso—". Para enseguida recoger a un pequeño animal, que no parecía muy contento, entre sus brazos.
—¿Ese conejo era lo qué buscabas? —dijo dándose media vuelta y mirar con interés al inquieto de color ocre, con orejas caídas y ojos negros.
—Algo así...—intentó explicar soltando por reflejo al conejito, porque estaba a punto de morder su mano. Y pese a lo que esperaba, el animal saltó directi a los brazos de Shindou —. ¡Lo siento! Ten cuidado porque muer...—advertía observando asombrado como el pequeño se quedaba completamente quieto acurrucándose en el pecho del chico de cabellos ondulados; una gota de sudor bajó por su cabeza, podría jurar que veía corazones casi invisibles provenir de la pequeña mascota, parecía que se había enamorado a primera vista de Takuto, y éste último aparentaba divertirse ante ese gesto, siguiéndole el juego, comenzando a acariciarlo.
—¿Lo ves? Es mejor tener una sonrisa en tu rostro, así no vas a decepcionar a tus fans —le dijo Ranmaru diminutamente con burla, pero con sinceridad, logrando que se sonrojara un poco por la vergüenza.
—¿Por qué tienes un conejo? — Cambió de tema.
Pensó un poco para contestar, de alguna forma sentía regocijo al ser capaz de que ambos pudieran sostener una conversación sin que el otro huyera—Es un regalo de mis tuto... Padres — "En realidad era un regalo para Masaki, pero si por ahora no puede ni cuidarse a sí mismo menos a una mascota —pensó—" solamente necesitaba encontrarle un buen hogarー. Aunque parece que a mí me detesta ¿no te gustaría quedártelo? —le ofreció. Shindou suspiró, desvaneciendo de nuevo su sonrisa.
—No puedo, ya deberías saberlo. — Ya lo intuía, tenía la sospecha de que Kirino sabía "eso", mas no era necesario que lo comprobara. Inclinó su cabeza hacia abajo, observando al conejo, para después sacar nuevamente la navaja. Se mantenía muy sereno, no dudó en ningún segundo de lo que hacía; la llevó hasta la palma de su mano. Kirino reaccionó muy tarde como para detenerlo. Una limpia y certera cortada logró traspasar su piel, con la suficiente profundidad como para que su mano sangrara. Pero ante la mirada sorprendida de Ranmaru, la herida cicatrizó lentamente hasta dejar una tenue cicatriz —, mi cuerpo no es "normal" desde que fui involucrado en aquel accidente, no solamente soy yo, a muchos no nos queda mucho tiempo de vida y...
—¡Ya no digas nada más!—interrumpió. Perfectamente lo sabía, aunque no quiso creerlo en un principio, acababa de presenciar la realidad y ahora se arrepentía de hacerlo. Tomó su mano entre las suyas propias para limpiar con un pañuelo los pequeños restos de sangre que quedaban. Tragó su saliva acumulada—. No pienso permitir que mueras—susurró, parecía que se lo decía a sí mismo, no era consciente de la responsabilidad que traería consigo su promesa. Y fue solo un momento de descuido, fue tan fugaz, pero el frío roce de sus labios, selló su juramento.
Kyousuke se sentía un poco agotado, se estiró tratando de evitar pensar en su adolorido cuerpo; últimamente se la pasaba siendo un simple espectador, aunque al final también terminaba involucrándose en constantes disputas. Esa rutina empezaba a aburrirle. Sin embargo, aquella noche, saldría un poco de su monotonía, por lo cual tuvo que dirigirse obligatoriamente a esa oficina.
—Tenemos trabajo — Fue lo primero que le fue anunciado al entrar, junto con algunos papeles arrojados directo al rostro, que con facilidad ignoró moviéndose a un lado.
—Me lo imaginé —respondió. Ya no le parecía extraño; buscar a los desobedientes e impartirles su correspondiente castigo, era el trabajo sucio que siempre le tocaba hacer después de las juntas del comité—. Luego lo veré, ahora déjame solo, Minamisawa —ordenó, dejándose caer en una silla giratoria detrás del escritorio.
—Últimamente te gusta andar muy solito ¿no? —dijo riendo un poco—. Bueno, es nada más mi simple opinión, nos vemos luego—añadió antes de abandonar el lugar. Tsurugi no prestó mucha atención a su sarcástico comentario, ya se encargaría después de desmentir lo que sea que estén creyendo de él. Cerró los ojos tratando de pensar un poco, debía revisar los informes esparcidos en el piso, pero antes necesitaba una buena idea para vengarse de Hakuryuu, tantos planes se le vinieron a la mente, pero lamentablemente tenía que desecharlos, puesto que no podía ocasionarle más problemas a su hermano mayor. No pudo continuar por mucho tiempo, su preciada tranquilidad fue ahuyentada por el sonido que provocó el caer de un ruidoso basurero, ahora se dio cuenta que olvidó poner seguro a la puerta, su límite de paciencia llegaría muy pronto.
—¡Ah! ¡Tsurugi! —escuchó, y para su desgracia reconoció con rapidez aquella voz. Mas su reproche tuvo que esperar, debido a que Tenma corrió hasta su lado y lo jaloneó para que se pusiera en el suelo de cuclillas junto con él detrás del mueble; en seguida le indicó con una seña que guardara silencio. Solamente fue un corto momento, hasta que ya no escuchó absolutamente nada, al fin se deshizo de la persona que lo seguía, ya lo había notado y se hizo el disimulado para no levantar sospechas, aunque no supiera que esa persona se trataba de Shuu. Suspiró aliviado.
Por otra parte, Matsukaze no aseguraba la existencia de las casualidades, fingió sorpresa al ver a Tsurugi, ya que en realidad cuando lo vio entrar a esa oficina, lo siguió. Mientras que Kyousuke no lo razonó mucho para mantenerse así, tampoco le convenía que lo vieran en compañía del otro. Sin embargo, después de algunos segundos, todavía manteniéndose en el suelo, tomó a Tenma por el cuello de la camisa.
—Estás tentando demasiado a tu suerte—advirtió, ya se estaba pasando de la línea imaginaria que Tsurugi pintó al tratarlo tan familiarmente. Pero en ese instante se le ocurrió algo, era el momento perfecto para tener su revancha.
—Lo siento... —dijo con una risa nerviosa, casi forzada; su entusiasta voz sonaba desganada, que no pasó desapercibido por el chico de ojos color ámbar, así como también se dio cuenta de su palidez. Y su molestia se convirtió en incomodidad.
—Oye, ¿Qué demonios pasa contigo? —cuestionó soltándolo.
—No es nada... tengo un poco de sue...ño —respondió intentando no quedarse dormido incluso en esa situación.
Su cansancio era muy notorio y no es como si Kyousuke desde días atrás, se hubiera mantenido observando con detenimiento los esfuerzos que había estado haciendo el otro para soportar su rutina y sobre todo para intentar ocultarlo, o algo así.
—Si estás en condiciones tan deplorables no sirves como prefecto, deberías irte a descansar.
—Pero...—intentó replicarle, escuchando un gruñir como respuesta. Sintió enseguida como lo tomó de la muñeca derecha para levantarlo y comenzar a caminar.
—¿Dónde está?
—¿Eh?
ー¡Tu dormitorio! Maldita sea ¿cuál es su número?ーpreguntó provocando que a Tenma se le formaran varios signos de interrogación en la cabeza, necesito algo de tiempo para asimilarlo, y cuando lo hizo, una pequeña sonrisa se formó en sus labios; al parecer planeaba acompañarlo hasta su habitación.
—Es el A-08.
No tardaron mucho en llegar, únicamente se toparan con una que otra persona "insignificante", en la mayor parte de los pasillos ya no quedaba nadie. En todo el camino no lo soltó y tampoco hablaron mucho, ya que generalmente el saludable y energético Tenma era quien comenzaba sus conversaciones.
Finalmente al estar frente al dormitorio, Kyousuke planeaba sencillamente lanzar al chico de cabellera castaña dentro de el cuarto, pero con tan sólo tomar entre su mano la perilla de la puerta, notó algo fuera de lugar.
—Aléjate un poco —le indicó, Matsukaze dubitativo obedeció.
Tsurugi abrió con una patada la puerta e inmediatamente se hizo a un lado, evitando el cuchillo que salió volando a la altura de su cuello. Chasqueó la lengua y entró con apuro seguido por el otro—¿Qué es ese repugnante olor? —dijo con una notoria mueca de asco. Y no sabía si lo peor era el putrefacto aroma que inundaba el lugar, o la vista que presenciaron. Toda la habitación se encontraba completamente destruida; todas las sábanas, almohadas, ropa, los muebles, libros, papeles y demás, estaban rasgados o completamente rotos. No era su problema, se repitió una y otra en su cabeza, mas su cuerpo no podía disimular las ansias asesinas que se estaban formando en su interior.
—Gracias por acompañarme Tsurugi pero será mejor que te retires, tengo que recoger este desorden —le dijo, para su sorpresa completamente calmado, arrodillándose al suelo y comenzando a recoger algunas cosas.
—¡Acaso eres idiota!—le reclamó exaltado, hincándose para con un movimiento bastante brusco, sostenerlo de los hombros, lográndose enfurecer más al no recibir ninguna respuesta.¿¡Cómo podía estar tan tranquilo si por poco lo pudieron lograr lastimar de gravedad?! Respiró profundo antes de continuar hablando—. ¿Entiendes lo que significa? Se supone que esto no podía pasarte. — Su cordura se estaba yendo lejos—¡¿Para eso te fuiste con el imbécil de Hakuryuu?!—Y no se equivocaba, puesto que en parte, el trato que tenía el Matsukaze con el chico de cabellos blancos le otorgaba cierta "protección" de todo el que lo molestara, ya que nadie deseaba tener problemas con él, eran parte de las reglas. Y a pesar de que lo negara con todo su ser, de alguna forma en realidad Kyosuke quería decirle "que no sirvió el largarse con Hakuryuu, hubiera sido mucho mejor elegirlo a él". Tenma no sabía como responder, por primera vez, esos ojos ambarinos le resultaban intimidantes, desvió la mirada para evitarlos, porque en el interior no sabía que hacer.
ー¡Yo...! solamente no...—susurró y antes de que Tsurugi pudiera seguirle reclamando, cayó dormido en el pecho ajeno; estaba muy cansado y probablemente tenía un poco de fiebre. Intentó calmarse, sintió un quizá extraño remordimiento interior, y mantenía las ganas por buscar al culpable y asesinarlo, pero antes de todo, no podía dejar a Tenma solo y abandonado en aquel sitio.
.
.
.
Continuará
De nuevo me disculpo por la espera, se me junto todo pero en fin, procuraré que no vuelva a suceder, espero aprovechar estos días de descanso =D. Muchas gracias por sus reviews SrtaBlacky Lexington Rabdos, sé que no los he contestado, pero realmente los aprecio mucho. Además agradezco sus follows y favorites. Y se que es muy pronto pero desde ahora les deseo una muy ¡Feliz Navidad! a quienes la celebran.
Y nuevamente los invito a conocer más acerca de Aliea Gakuen Revolution, informes en mi perfil.
¡Nos leemos en el próximo!
