Chibie: My lady es un placer saber que hay quien lee este fic, como ya mencione estaba casi resignado pero ahora, tengo mayores deseos de terminar esta maravillosa historia que nació en mi cabeza de lunático pervertido para no solo ser feliz, sino para saber que vos quedo satisfecha, a su honor el siguiente cap.

Atte: Ciel Phantomhive

Capitulo 8 Recuerdos de infancia 3

La primera vez que Lian-chu sintió el mundo hacerse tan pequeño que solo cabían ellos dos, fue la misma noche cuando estuvo a un paso de la tumba. Postrado en su catre se perdió en aquellos grandes ojos azules que con lágrimas le pedían en una muda suplica que no lo dejara.

Había caído enfermo presa de un mal que lo debilitaba poco a poco tras el enfrentamiento con su primer dragón y su maestro se había desentendido de la situación. El médico del pueblo simplemente se limito a negar con la cabeza y confortar a madre Hubbard ante el inminente fin.

La voz afectada del niño que era Gwizdo en aquel entonces reclamaba, intentando por todos los medios sacar alguna esperanza por mínima que fuera. Lo había seguido todo el camino desde la granja hasta su casa sin dejar de hablar ni un solo segundo.

—No la hay, y aunque la hubiera no la obtendrías. —Dijo el médico ya harto del niño.

—Entonces si la hay, ¿Cómo es? ¿Cómo la obtengo?

—Mira niño, la drafonabia es una flor que crece en lo más profundo del bosque de los lamentos, nadie entra y nadie sale de ahí, está infestado de dragones así que olvídalo, y por si fuera poco la planta solo da flores en una época especifica del año.

—¿Cuando?

—Eres una piedrecilla molesta en el zapato. —Intento sonar molesto, pero el niño seguía ahí, mirándolo. Dio un suspiro de hartazgo antes de contestar—En dos noches. ¿Feliz?

Gwizdo no respondió simplemente asintió mirando la pila de libros en donde podría encontrar información y que gracias a su ignorancia le eran inútiles. El hombre frunció el seño incomodo por la reticencia del chiquillo de irse de su casa.

—Puedes mirar todo lo que quieras si no sabes leer no obtendrás nada.

Gwizdo apretó los labios temblando de la impotencia. —Enséñame a leer. —Pidió con tono quebrado. Mirándolo suplicante. —Yo puedo trabajar para pagar…

—No necesito un lastre. Además aunque aprendieras tu amigo no tiene más de una semana, es imposible que en ese tiempo aprendas a leer y vayas por la flor, para la cual son al menos tres días de ida y vuelta. No, imposible.

—Un día, enséñame solo un día. —Gimió, imploro Gwizdo.

—Un día, no te daré más. —Sonrió triunfante el hombre.

Gwizdo atendía a cada detalle apurando el lápiz sobre el papel y forzando su cerebro a retener absolutamente cuanto detalle le llegara. Se apretujaba los dedos y sus pies se aplastaban el uno al otro cuando se estancaba en algún punto.

El médico sonrió tristemente, era ya entrada la noche cuando decidió irse a dormir, el niño aun seguía haciendo conjugaciones y repitiendo el alfabeto.

Gwizdo sentía sus ojos cerrarse pero se negaba a dormir, debía estar al cien por ciento seguro de que no olvidaría lo aprendido o de lo contrario su esfuerzo sería inútil y perdería a Lian-chu. Con ese último pensamiento se reanimaba, no lo dejaría ir, no importa cómo pero lo mantendría a su lado por siempre.

La posición del sol en el cielo le decían al médico lo tarde que era, bostezo perezoso, hoy tenía muchas visitas que realizar porque las de ayer tendría que compensarlas hoy. Solo esperaba que el chiquillo aquel ya se hubiera rendido y estuviera dispuesto a marcharse por las buenas, porque aunque lo disimulara le daba pena correrlo por la fuerza cuando se notaba la angustia desesperada que sentía en aquellos enormes ojitos azules.

La voz del infante llamo su atención, se levanto cuidadosamente para no hacer ruido y poder observar que hacía. Fue una gran sorpresa, ahí en medio la estancia en un libro por mucho más grande que él, Gwizdo leía sin problema alguno.

—Así que es una flor de color lila de tipo enredadera, crece en el cañón cerca de la cascada porque necesita una gran cantidad de humedad y ¡huy! hasta hay un mapa e indicaciones exactas de cómo trasladarla para evitar que se marchite en el trayecto, ahora bien, lo difícil será pasar a tal variedad de dragones. —Enumeraba el chiquillo anotando los puntos en su libretita, sus ojos azules se veían cansados y las ojeras debajo de estos acentuaba la palidez de su rostro.

El hombre se quedo sin habla, ¿el mocoso había prendido a leer en un solo día? Sonrió ladino, vaya que el chiquillo lo sorprendió, tal vez valía la pena tomarlo como estudiante. Lo vio temblar y escucho el estomago gruñirle, Gwizdo simplemente meneo la cabeza y acaricio su estomago.

—Espera un poco Lian-chu, aguanta. —Susurro intentando incorporarse. Las piernas le temblaron y casi cae al piso al estar a punto de desmayarse.

El médico lo atrapo sonriéndole con ternura y negando con la cabeza, se equivocaba, Gwizdo no sería un buen alumno porque su única motivación era ese otro niño.

—Vamos, tienes que comer. —Dijo jalándolo a la mesa y poniéndole delante un trozo de queso y una rebanada de pan. —Para ayudar a otros primero debes saber cuidar de ti mismo. —Sermoneo el hombre.

Gwizdo no espero ni un segundo para engullirlo todo rápidamente y para su sorpresa el médico termino sirviéndole un gran vaso de leche.

—Gracias. —Susurro tímidamente.

El hombre no contesto, se puso de pie en dirección al libreo y Gwizdo pensó que esa era su señal para marcharse, así que sin más se levanto de la mesa rumbo a la puerta.

—Espera. — La voz del hombre lo retuvo y se giro para encontrarse de frente al que podría considerar su maestro. —Quizás esto te sea de ayuda. —El médico le tendió un libro de pasta dura azul.

Gwizdo ojeo de forma rápida el contenido maravillándose de lo que reposaba entre sus manos. —Una dragonopedia. —Suspiro con emoción.

— Tanta decisión y peripecia merecen reconocimiento y ayuda. —Dijo acariciando los cabellos del niño. —De ese libro solo existen diez copias. Dale buen huso.

Gwizdo asintió agradecido abrazando el que se convertiría en su máximo tesoro aparte de Lian-chu.

—Ahora escucha bien, voy a explicarte cómo fabricar el antídoto.

Una vez termino la explicación Gwizdo salió a toda prisa.

—Buena suerte, espero que logres salvar a tu amigo. —Deseo en silencio el hombre.

Con un morral sobre el hombro y algunas provisiones se dispuso a salir en busca de la flor. Tenía tres noches, según el médico.

Si en tres noches no regresaba entonces era mejor que no lo volviera, porque la flor en si solo era el ingrediente principal del jarabe que se debía preparar y que tardaba doce horas para estar listo, él medico se ofreció a tenerlo avanzado para que a su regreso solo añadieran la drafonabia, si fallaba y dilataba aunque solo fuera una hora más Lian-chu no sobreviviría.

—Voy a salvarte. —Prometió a Lian-chu antes de salir de la casa.

Gwizdo hizo oídos sordos, todos los niños de la granja se burlaban y lanzaban cosas en su contra. Él, el mayor cobarde en la historia del mundo pensaba ir a buscar una flor en los confines de un bosque lleno de dragones.

—No te vayas a mear cuando veas al primer dragón. —Gritaba uno

—Yo no creo ni que llegue a entrar. —Retaba otro.

—Pobre tonto, de verdad cree que lo lograra, se lo comerán vivo.

Uno tras otro los insultos se amontonaban en su cabeza y Gwizdo solo podía bajar la cabeza hasta casi hacerla desaparecer entre sus escuálidos hombros, apretar los labios conteniendo las lágrimas e intentar seguir caminando porque las piernas le temblaban a cada paso.

Tardo más de lo esperado para llegar al bosque de los lamentos y ahora si comprendía porque le llamaban de aquella forma, los arboles largos y delgados dejaban pasar el viento por su espeso follaje de tal forma que al hacerlo producía el sonidos de voces. Quejidos lastimeros que le helaron el cuerpo a Gwizdo.

Sin desearlo se acuclillo abrazando sus piernitas, intentando ignorar aquellos gemidos que le asustaban. No deseaba ir. ¿Qué le había hecho pensar que podía realizar tal hazaña? Y no lo pudo evitar, se soltó a llorar amargamente odiándose por ser tan inútil y débil hasta que se quedo dormido.

Siendo de día el lugar ya no parecía tan atemorizante, tomo sus cosas y tiritando dio el primer paso hacia el bosque. Repetía una y otra vez el nombre de su amigo, como si solo ese nombre fuera suficiente para mantenerlo a salvo.

Era casi medio día y no estaba muy lejos de la cascada señalada en el mapa, un poco más, solo un poco mas y podría salir a todo lo que dieran sus piernas de ese lugar. Había tenido suerte, hasta ahora los únicos dragones que había visto pasaron de lado sin notarlo siquiera.

Un rato mas y ya pudo ver la flor, casi dio un gemido de felicidad, no había sido tan complicado.

Con dificultad trepo por el borde de la casada, la enredadera nacía en la parte más alta para caer imitando el agua. Las piedras filosas y resbaladizas no ayudaban en nada a su empresa y sin embargo no pensaba irse sin lo que vino a buscar. A un palmo de las flores sus manos se rehusaban a mantenerse firmes, no tardaría mucho en soltarse, así que aposto por la única idea que se le ocurrió, con todas su fuerzas se impulso hacia arriba, de un salto logro hacerse de varias flores que de inmediato resguardo contra su pecho evitando perderlas o aplastarlas al estrellarse contra el suelo.

Gwizdo gimió de dolor al sentir el impacto, seguramente el moretón en su costado derecho no desaparecería en varias semanas, pero comparado con su anterior vida en donde los golpes abundaban, aquella molestia era más que soportable.

Se coloco en pie un tanto azorado meneando la cabeza para recobrarse. Sintió la tierra vibrar y un rugido lo mando de nuevo al piso, un enorme Borback le cerraba el paso.

—¡Oh! Señor, señor, señor… —Gimió mirando en todas direcciones en busca de la mejor vía de escape.

El animal rugió con fuerza y Gwizdo con todo su autocontrol logro mantener a raya su miedo para tomar su bolsa, meter las flores en él y salir corriendo en dirección hacia una pequeña cueva que a las prisas localizo de reojo. Entro por el diminuto agujero, dando gracias a tener aquel cuerpo tan pequeño y escuálido porque a duras penas logro pasar por él.

El Borback gruñía desde afuera golpeando con su cuerno frontal la piedra en busca de hacerlo salir o agrandar el boquete.

—Lian-chu. Lian-chu. —Repetía cual mantra.

Un gruñido diferente le hizo asomar levemente la cabeza, la bestia daba brincos intentando libarse de algo. Gwizdo quedo asombrado, ese que montaba al animal no era otro que el maestro de Lian-chu.

—Corre niño. —Grito aferrándose lo más que podía al cuerno evitando que lo alcanzara.

—Pero…

—¡Maldita sea! Corre, no vez que este animal tiene la piel muy gruesa no hay manera de que…

Y ahí termino su discurso pues el Borback lo había lanzado contra un árbol.

Gwizdo miro todo en cámara lenta casi percibiendo el segundo exacto en que el dragón regreso su atención hacia él y se arrojaba en una embestida furiosa.

Gwizdo regreso rápidamente dentro del hoyo. Y fue hasta entonces que su mano choco con su bolso y dentro de este sintió la dragonopedia. Lo saco apresuradamente localizando en un dos por tres al animal en cuestión sin embargo el miedo no le permitían leer tan fluidamente como necesitaba.

—No recuerdo como se lee esta letra. —Dijo a punto del llanto. —Vamos Gwizdo concéntrate. —Se reprendió.

Un chillido lo estremeció, cautelosamente volvió a asomarse. El cazador volvía a arremeter contra la bestia.

Fue un instante de iluminación, las palabras brotaban cual manantial desbordando la respuesta que tanto anhelaba.

—Su punto débil esta justo en la base del segundo cuerno. —Grito Gwizdo.

—¿Qué? —El cazador no tenia cabeza para entender lo que ese pequeño niño escuálido gritaba. Sin duda seria más provechoso tener a Lian-chu que a ese despojo de ser humano.

—La base del cuerno del centro de su cabeza. El cuerno que está en medio de su frente es la parte más blanda. —Volvió a repetir lentamente, intentando hacerse entender.

Y aunque el cazador meneo la cabeza no llegando a escuchar por completo la oración, si fue lo suficiente para que su espada se encajara en el punto correcto.

El dragón cayó muerto y Gwizdo al fin respiro aliviado. Odiaba a los dragones, es más, juraba que a partir de ahí se mantendría alejado en lo posible de ellos.

—Vamos a casa. Lian-chu espera por esa planta. —Dijo queriendo dejar de lado el hecho de que posiblemente ese chiquillo endeble les había salvado la vida con aquella información.

Gwizdo asintió.

Cuando Lian-chu abrió los ojos esa noche, sonrió tiernamente al encontrarse a Gwizdo durmiendo a su lado, seguramente lo había estado cuidando. Unos días mas tarde estaba lo suficientemente restablecido para ir a ver a su maestro.

—El veneno te ha hecho más fuerte. —Esa fue la explicación que le dio su mentor apenas verse de frente. —Solo me queda por enseñarte una sola cosa más y estarás listo.

Lian-chu no cambio su mirada molesta. —¿qué pensaba hacer si hubiese muerto?

—¿Yo? Nada. Simplemente quería decir que no eres apto para ser cazador.

Lian-chu sintió la furia encender su sangre. ¿Valía tan poco para ese hombre? No solo para él, sino para cualquiera que lo rodeaba porque los únicos que lo amaban habían muerto.

—Aunque con aquel angelito cuidándote, creo que será difícil que mueras. —Dijo el cazador sonriendo maliciosamente al tiempo en que apuntaba hacia unos arbustos en donde un Gwizdo se ocultaba a su vista.

—Ese niño y su libro me serían muy útiles, pero supongo que no aceptara trabajar con nadie más que contigo, así que…

Lian-chu escuchaba asimilando las palabras y los hechos, asombrándose cada vez más de lo que se escondía tras esas indirectas muy directas.

—Entonces Gwizdo… él…

—Él fue quien trajo la flor, y déjame decirte que tiene una capacidad sorprendente para atraer a los dragones. Si no le hubiera seguido estaría en la panza de algún dragón.

Lian-chu ya no escucho el termino de aquel discurso sus pies lo habían llevado hasta Gwizdo y sus brazos no perdieron tiempo en abrazarlo con gratitud y cariño. Gwizdo se había enfrentado a todo eso por él, para salvarlo a él.

Continuara…

Los recuerdos de estos dos en su infancia han sido un plus que a merecido según yo, ser puestos en capítulos específicos y numerados.

Esperando contar con su comentario se despide su servidor.

Atte: Ciel Phantomhive