Comportamientos extraños
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Isabella estaba sentada pensativamente en el jardín cercado por murallas altas en Swan, sus pensamientos vagando lejos de aquellos que estaban alrededor de ella. En el fondo, la lengua afilada de su hermana Jessica podía ser oída chismeando con su hermana Leah. Pero no estaba escuchando lo que decían. La vieja Sue, ahora medio ciega además de medio sorda, estaba sentada en un rincón en banco, trabajando con la aguja con una destreza mas nacida del tacto que de su vista.
Parecía extraño estar sentando allí después de que habían pasado tantos años. Para Isabella, la escena tenía un aura de irrealidad. Era como si todo aquello que le había pasado le hubiese sucedido a otra persona. Sus pensamientos volvieron a ese día cuando se había sentido tan frustrada con la costura poco antes de haber oído la pelea. El viejo Conquistador, que Edward y ella habían conocido ese día, y quien realmente había cambiado el destino de ambos en mas de un sentido. Edward había prosperado desde entonces, y si sus hombres se atrevían a llamarlo "Bastardo", era con el respeto igual que le decían a Anthony "el Conquistador". Hall parecía tener un cierto respeto por Edward. Él se había asegurado de que su hermano estuviera ausente en la corte cuando había pedido su mano.
Hall. Un temblor la atravesó al pensar en él. Desde la semana que había aceptado el plan de Edward, había intentado muy duramente borrar cualquier pensamiento respecto al Conde de Hall. Ahora, fuera de las paredes de Fontainebleau, se sentía expuesta y desprotegida. Realmente, entre la ausencia de Edward y las preparaciones frenéticas para el viaje de ella a Rouen, Isabella se sentía empujada a una odisea la cual no tenía salida. En todos los lugares estaba rodeada por señales de preparaciones para un matrimonio que rogaba fervorosamente que nunca sucediera. Hall había escrito una carta y le había enviado un collar pesado con grandes piedras verdes, un collar bonito y caro que comparaba con un collar de yugo para esclavos. Jessica, expresando su envidia, había expresado los miedos de Isabella diciendo en voz alta que debía haber venido del cuello de una mujer muerta. Y Heidi, la madre de Jasper, le había escrito una carta expresándose en palabras tan excesivamente dulces que era repulsiva. Dándole la bienvenida a su "querida hija Isabella", la condesa había enviado una nueva tela francesa llamada -Llamas de fuego - para su brillo iridiscente. Era verdaderamente bonita, pero Jessica había logrado deprimir a Isabella sobre eso, diciendo que la tela contenía veneno -Ella envenena todo el mundo lo sabe.
Respecto a Charlie, su padre, la había evitado desde que había vuelto a Swan. Pero no ahorraba ningún centavo en su matrimonio, todo era poco para su hija primogénita. Tal vez era porque sentía una aguda culpa cuando la miraba, o tal vez porque deseaba evitar cualquier reprensión por haberla vendido para salvar su propio pellejo. Ni siquiera las paredes del convento habían ahogado los rumores que contaban como Hall le había quitado cada pedazo de tierra. Charlie no tenía otra propiedad que la ciudad de Swan. Acorralado, sin donde huir, había aceptado la oferta de mediación de Alec y se sintió aliviado al descubrir que Hall se conformaría con Isabella y que así lo dejaría en paz. Cuando le recordaron que Isabella había sido entregada a Dios, Charlie ofreció a sus hijas Jessica y Leah, pero Hall estaba determinado: quería a Isabella y ninguna otra o colgaría la cabeza de Charlie en los portones de Swan. No era que su padre todavía no tuviese miedo de su futuro yerno. En un momento de conversación con Isabella, le había confiado que había mandado llamar a Edward para que los acompañase a Rouen. Charlie temía cruzar las tierras custodiadas por los aliados del conde, particularmente porque el matrimonio inminente había sido mantenido en secreto por ambas partes para impedir que los vasallos se sintiesen traicionados por acuerdo, después de una larga y violenta disputa entre Hall y Charlie.
-Pero con Edward a mi lado-, se había regocijado, -nadie se atreverá a tocarme. Y cuando Jasper de Hall esté vinculado a mí a través del matrimonio, nadie se atreverá a meterse conmigo.
-¿Realmente, Papá? - había respondido. - Y cuando yo esté casada con él, me imagino lo seguro estarás. Él no parece ser un hombre que desee esperar para gobernar Swan.
Realmente lo había dejado pensando. Sus pensamientos, sin embargo volvieron nuevamente a Edward. ¿Dónde estaba él? ¿Qué estaba haciendo? ¿Pensaría llegar justo a tiempo para llevarla a Rouen? ¿Había cambiado de idea respecto a salvarla de Hall? No, no, se tranquilizaba por centésima vez. Él era alguien firme cuando todo fallaba. Él no daba su palabra ligeramente, él pretendía mantener su palabra, estaba segura. Pero muy frecuentemente se despertaba de pesadillas en las que estaba tirado en el suelo, su sangre regando el polvo debajo de él, y un risueño Hall parado al lado, llamándolo bastardo. Ah, si llegase, seguramente todo estaría bien.
-¡Hermana! - La voz aguda de Jessica la sacó de su preocupación. -Realmente, Isabella, deberías tener los modales para escuchar cuando alguien te habla.-
Isabella se ruborizó sintiéndose culpable.
-Perdón, no estaba prestando atención.
-Bien-, Jessica concedió con falsa condescendencia, -supongo que podemos perdonarte por pensar en tu novio. Si fuera mi novio, yo también estaría preocupada.
-Si quieres saber, Jess, estaba deseando saber sobre nuestro hermano. No puedo entender como es que no tuvimos noticias de él.
-No me importa tener noticias de él-, dijo , -porque fue muy poca la ayuda que dio a Papá cuando Hall se estableció fuera de los portones de Swan. Nosotros podíamos oír los gritos de los campesinos siendo torturados y no podíamos dormir.
-Él vino una vez, Jess-, respondió tranquilamente, - y Papá lo dejó tener la batalla solo. Llegó en defensa de Papá, y Papá huyó, Jess. Digas lo que digas de nuestro hermano, no es ningún estúpido. No recibió tierras de nuestro padre. ¿Por qué debería haber venido nuevamente? - bajó su voz para evitar perturbar a Sue, quien ahora dormitaba. -Él perdió treinta hombres y Papá se salvó. No, Jess, Edward no tiene culpa por lo que Papá se causó a sí mismo.
- No es culpa de papá -, dijo.
-No es culpa de nuestro hermano, Jessica.
-Medio hermano. Hijo de una prostituta sajona.- Jessica no dejaría de recordarlo. -Si él hubiese venido nuevamente en nuestra defensa, Hall habría sido derrotado. Por mas que me disguste, oí lo que los hombres dicen de él. Si él puede luchar para Alec y para el Príncipe Garrett, podría haber luchado para nuestro padre. No habríamos llegado a este punto, hermana, y Papá no habría usado los bienes que quedaban en la dote para tu matrimonio. Yo podría tener un marido, Isabella, si no fuera por tu precioso Edward.
-Bien, si te irrita ser soltera, Jess, puedes tener a Hall y toda mi dote. Yo estaría contenta.
-No. Él no pidió mi mano, y no me habría casado con él si lo hubiera hecho.
-Entonces cierra tu boca malévola, Jessica-. Todos los ojos giraron hacia Sue que se había despertado para seguir la conversación. -Si no tienes marido, quéjate con tu padre.
Fueron interrumpidas por los sonidos en el patio. Isabella levantó sus faldas y se subió al banco para mirar sobre la pared. Los hombres que llegaban usaban capas de azul claro y llevaban un estandarte azul y gris. El líder era inconfundible.
-¡Edward! - gritó con excitación antes que desmontase. -¡Él está aquí! - le gritó a todos mientras iba hacia el portón.
-Si-, Jessica murmuró sórdidamente, -Corre hacia él como una perra en celo.
-Jessica- Isabella se detuvo, -tienes una mente malévola que combina con tu lengua. Es una lastima que no te cases con el Conde Jasper, porque creo que harían una linda pareja.
Sin esperar una réplica, corrió hacia el patio donde los hombres estaban desmontando. Edward apenas tuvo tiempo para darle a Jacob el casco y los guantes antes que ella estuviese en sus brazos. Edward se curvó para besar suavemente sus mejillas, sus labios apenas rozaron su piel. Sus ojos verdes la advertían cuando se apartó.
-¿Qué…? - Estaba confusa y decepcionada. Este era un Edward diferente al de Fontainebleau.
-Te ves bien, hermana.
Ella humedeció sus labios nerviosamente, sin gustarle ese extraño severo que estaba frente a ella.
-Yo estoy bien, hermano. ¿Y vos?
-Bastante bien.- miró hacia donde Charlie había descendido los escalones de la entrada. -Nunca pensé en volver aquí nuevamente.
-Supongo que no.
-¡Mi hijo! - Charlie abrazó al extraño en un abrazo de oso, besando calurosamente sus mejillas. -¿Cómo dejaste Condes? ¿Es un feudo rico como oí por ahí?
-Bastante rico.- Los ojos de Edward inspeccionaron la multitud reunida hasta que identificó a la vieja Sue. Para ella, él reservó un saludo mas cálido. Él sonrió, abrazó y besó a la vieja hasta que ella gritó
-¡Bájame! - cuando la levantó y la balanceó un par de veces. -¡Estos huesos viejos se quiebran fácilmente, niño!
-Ah, Sue, nunca cierras la boca.- le sonrió a la pequeña mujer. -¿Así saludas al niño que quería crecer para casarse con vos? - la provocó.
-Envejecí.
-¿Eso significa que ya no me considerarás tu favorito? - preguntó.
-No, vos necesitas una mujer de carne y hueso para calentar tu cuerpo por las noches, mi Lord joven. Si te casaras conmigo, estarías reclamando porque tendrías que calentar el mío.- Increíblemente, la vieja estaba sonriendo como una niña.
Jessica observó la escena con interés. Hacía siete años desde que había visto a Edward, y estaba sorprendida por su apariencia. A los veintitrés, él era increíblemente guapo. Se había convertido en un hombre que despertaba el interés de todas las mujeres. Contuvo su respiración cuando finalmente la notó.
-Ah, Jessica. Ven a darle a tu hermano un beso de bienvenida.
Isabella estaba aturdida al observar que saludaba a Jess con mas calor que a ella. Tuvo que girar para esconder su dolor y sus celos. Algo estaba muy mal con ese Edward que había llegado a Swan.
-Hum.- Isabella giró para estar enfrente de un caballero que todavía estaba montado. No usaba ninguna identificación, pero ella lo habría reconocido en cualquier lugar.
-Mi Lord y príncipe.- hizo una reverencia precipitada hacia el suelo debajo de su caballo.
-La moda dice que debo ayudarte a levantarte, mi Lady, pero tendrás que ser paciente hasta que desmonte. ¿Crees que puedes mantener tu cabeza baja hasta entonces? - sonrió mientras se bajaba de la silla de montar y se tambaleaba estirando sus piernas. Ella se irguió con su ayuda. La respiración de él fue contenida cuando estuvo frente a Isabella. ¡Jesús!, podía conmocionar a un hombre. No era una sorpresa que Hall la quisiera para él.
Charlie se abrió camino.
-¡El príncipe! ¿Cómo se le ocurrió montar con mi niño, Su gracia? Es impropio.
-Quería que él tuviera una bienvenida al hogar mas privado, Conde Charlie. Pero monté con él por compañía. Estoy encontrándome con mi hermano en Rennes y decidí venir hasta aquí para ver a la Lady de Swan nuevamente. Ella está tal cual la recordaba.- Llevó su mano a sus labios y besó cada uno de sus dedos suavemente. Edward y Charlie fruncieron el ceño ante ese gesto. Garrett abrió el cuello y le mostró la cadena con el pendiente. -Mira, Isabella todavía lo tengo.
-Mi regalo, Su gracia.
-Lo estimo altamente y lo uso para la suerte.
-No le prestes atención, Bella-, Edward aconsejó, -porque le dice cosas agradables a todas las ladies.- Fue la primera vez que había usado su nombre desde que había llegado.
-Seguramente no usa un regalo de cada una-, replicó.
-No, si lo hiciese, no podría levantar la cabeza del suelo.- susurro Edward
-No les prestes atención, mi Lady. Yo puedo coquetear con las ladies, pero sólo tengo una en mi corazón.
-Bastante de esto-, dijo Jessica. -Hermano, preséntame a mí y a Leah al príncipe.
Las presentaciones fueron hechas y Charlie llevó a Edward y al invitado real a la casa de baño. Normalmente la lady del castillo ejecutaba tal tarea de ayudar en el baño, pero Charlie no quería, especialmente desde que Isabella era la lady de Swan y el Príncipe Garrett tenía una reputación de seducir a todas las mujeres que se cruzaban en su camino. Y sería una locura entregar a Isabella a Hall sin que sea virgen.
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El resto de la mañana pasó y gran parte de la tarde. Confundida por el comportamiento extraño de Edward, Isabella caminaba impacientemente en el solar. Su hermano que había permanecido fiel a ella durante los años de confinamiento en el convento, ¿la abandonaba justo ahora? No, él no lo hará, no puede, no debe. Pero estaba en Swan y, a excepción de ese breve saludo, no lo había visto.
Se había saltado la comida del mediodía y no había ninguna señal de él. Leah, de catorce años, subió las escaleras, con los ojos luminosos, y jadeante, sus cabellos castaños sueltos. Cuando vio a Isabella, se apresuró para compartir su excitación.
-Estuve con Edward y el príncipe, hermana, y vi el lugar donde ustedes jugaban mas allá de las murallas cuando eran niños. Su árbol favorito todavía está allí. Oh! Él es el mejor de los hermanos, Isabella, Se ofreció a pagar mi dote para que pueda casarme.
-¿Estuviste con Edward?
La niña asintió con la cabeza.
-Si, y con el Príncipe Garrett. No hablaba mas que de vos.
-¿Edward? - preguntó estúpidamente.
-No.- Leah sacudió la cabeza con exasperación. -El príncipe, gansa, era el príncipe quien hablaba de vos.
-Oh.
Isabella sintió agudos celos irracionales de su hermana menor. En justicia, ella sólo le había contado, debería ser con Edward con quien debía estar enfadada en lugar de con Leah. Él había compartido sus recuerdos con otros y no se había preocupado de llevarla con él.
-¿Y dónde está? - preguntó tan casualmente como pudo.
-¿El Príncipe Garrett o mi hermano?
-Ambos.
-En el patio, pero seguro que se fueron.
Isabella se movió hacia la ventana, y miró hacia abajo. El jardín estaba atareado con la gran actividad del castillo, pero no había ninguna señal de ellos.
-Estás mal humorada, hermana-, Leah le habló desde atrás.
-Si-, suspiró. -Oh Leah, déjame en paz, no es tu culpa.
Poco después vio al escudero de Edward que cruzando por la fuente. Sin una palabra, ella caminó determinadamente escaleras abajo.
Leah sacudió la cabeza ante el comportamiento extraño de su hermana hasta que una idea se le ocurrió. De repente pensó que tal vez Isabella todavía quería al Príncipe Garrett. Aunque lo hubiese visto en una ocasión siete años atrás, quizás todavía recordaba la conversación entre ellos antes que Isabella hubiese sido despachada al convento. Y ahora su pobre hermana había sido prometida a ese terrible Hall. Leah hizo tres veces la señal de la cruz cuando pensó en ese nombre odiado.
Debajo de la ventana, pudo ver a Isabella acercarse a Jacob, y la observó con interés. Ella había estado fantaseando con el joven escudero. Pudo verlo poner una rodilla en tierra en reverencia a su hermana.
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-Lady Isabella.- murmuró, Mientras se arrodillaba, -Eres una visión o de carne y hueso, ¿mi lady? – en cuanto las palabras escaparon de su boca se sintió como un idiota por decirlas. En sus años de servicio con Edward, nunca había podido estar frente a ella sin sentirse como un estúpido. Realmente, había algo sobre ella que hacía que todos parecieran tontos, aún hombres como su propio hermano.
Su risa era agradable.
-Jacob, soy mas una pesadilla que una visión. Mírate, sois vos quien está tan fresco y limpio como un ángel. Te aseguro que todas las muchachas de este castillo me envidian por estar hablando con vos.
Aliviado, se levantó y estuvo frente a ella.
-¿Cómo puedo servirte, mi Lady? - preguntó respetuosamente.
-Querría saber dónde está Edward-. Impulsivamente puso una mano en su brazo. -Cuéntame, ¿pasa algo malo con él? Está diferente, ¿no te parece?
-Si.- Jacob miró sus pies, inseguro sobre si discutir sobre su Lord con ella. -Si. Él está como obsesionado y estuvo así desde Fontainebleau.- Cuando ella no dijo nada, bruscamente dijo, -Quiere que esté segura, mi Lady. Me temo que piensa en otra cosa.
-¿Dónde está ahora?
-En la capilla.
-Muchas gracias, Jacob-. levantó sus faldas y fue a la capilla. El escudero la miró y sacudió la cabeza. Eran un par extraño, su Lord y Lady Isabella.
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Lo halló solo. Aparentemente sus oraciones estaban casi terminadas, porque sólo pudo oír las últimas palabras que susurró,
-Y no te olvides de este corazón hambriento, Oh Dios-, antes de que se pusiera de rodillas a su lado. Él la observó con sorpresa y luego desvió la mirada.
-¿Cuánto tiempo estuviste aquí? - preguntó con calma.
-Acabo de llegar.
Parecía aliviado.
-Bella, es impropio entrometerte en las oraciones de un hombre- , la reprendió. Pero estaba sonriendo con esos ojos verdes como solía hacer. Su espíritu se animó. -¿Alguien te vio venir aquí?- preguntó.
-No, creo que no ¿Por qué?
Él miró a su alrededor para ver si estaban solos antes de responder,
-Nosotros debemos ser como otros hermanos y hermanas, Bella, hasta que todo esto termine. No deben vernos juntos como antes, ¿de otra manera cómo haré para convencer a Charlie y a Alec que te entregaré a Hall? - buscó en su cara una señal de entendimiento. -Ningún hombre que te ame como yo, podría entregarte a él, Bella.
-Pero escasamente has hablado conmigo-, protestó.
-Si. Debes recordar que la mayoría de los hermanos y hermanas apenas se toleran uno al otro-. Él frunció el ceño ante la expresión perpleja de ella y buscó explicarle, -Piensa en eso. Nuestro afecto es tan notorio que el duque me quiso lejos de la corte mientras negociaba este matrimonio. Bella, si quiero estar en Rouen, tengo que parecer que acepto el matrimonio.
-Oh.
Él apretó sus manos, todavía sonriendo, -Confía en mí, Bella.
-Edward, siempre y cuando sepa que me amas, haré como vos pidas.
Sus dedos eran suaves y delgados debajo de los suyos. Hizo un esfuerzo tremendo por no atraerla hacia él y contarle la verdad. En cambio, la miró intensamente deseando decir lo que sentía.
-Yo te amo Bella.
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Ella volvió al solar con su espíritu alto convencida de que estaría segura. Impulsivamente pidió el vestido que la costurera hacia poco había terminado, había planeado usarlo en Rouen, pero por qué desperdiciarlo allí, en un lugar donde todas las ladies estarían bien vestidas. No, mejor brillar como una paloma entre los gorriones en Swan, argumentó. Además, esa noche cenaría con Edward y el Príncipe Garrett, una buena excusa para usar ropa elegante. Leah le había confiado que Garrett gustaba de ella, dejemos que todos piensen que se vestía para él. Era a Edward a quien quería agradar.
Las mujeres estarían sorprendidas y mas de una, un poco envidiosa, pero no importaba. Se puso el vestido y luego se sentó para que la criada tranzara su cabello oscuro con una cinta dorada y luego amarrara la trenza en una corona en lo alto de su cabeza. Oyó el suspiro de la vieja Sue cuando la mujer entró al solar. Todo su cuerpo parecía haberse trasformado en luz, el vestido de tela dorada y la túnica cosida con la tela tornasolada que Heidi había enviado. La Madre Bree habría estado escandalizada de verla ahora, cuando miró hacia abajo donde el vestido tenía un escote en V se dio cuenta que exhibía sus pechos. Se dio una vuelta.
-¡Mi Lady! ¡Estás usando tu vestido de novia!
-No, escogí otro para eso, no desperdiciaría este vestido con el Conde Jasper. Además, esta noche me he vestido para mi hermano y el príncipe.
Sue cerró la boca en una línea censurándola. -Ten cuidado, pequeña Isabella, no tientes lo que no puedes tomar.
-Hablas con acertijos, mujer -, Isabella le reprendió. -¡No quiero que nadie me rete!
-¿Por qué buscas despertar la pasión de un hombre cuando no te atreves a satisfacerla? - preguntó abruptamente. -¿Deseas ser otra de las amantes del Príncipe Garrett? No es eso lo que yo te enseñé.
-No tengo deseo de acostarme con él. ¡Oh, déjame en paz! ¡No sé lo que quiero!
La vieja asintió con la cabeza.
-Yo sé lo que vos quieres, Lady. Quien sabe tal vez ocurra.
-¿Mas acertijos?
-Sólo la Verdad.- Sue se encogió de hombros y se aposentó en el lugar donde tenía su cama.
Poco dispuesta a enfrentar a Jessica y a Leah con su vestido nuevo, Isabella llegó al gran salón. Cuando pasó por el corredor entre los cuartos y el salón, se vio como se había visto años atrás cuando Charlie la había vestido para ese día de fatal mayo. Llegó al lugar donde Hall la había abordado. Allí había predicho que tendría el destino de ella y su familia en sus manos. ¿Quién podría haber adivinado el poder de su profecía entonces?
-¡Por Dios, Bella! ¿Dónde vas vestida así?
Ella giró para estar frente a Edward. Sus ojos brillaron mientras él observaba sus ropas y entonces frunció el ceño. Inexplicablemente, cambio de expresión, la enfureció.
-Voy a cenar, hermano-, replicó.
-No, No creo.- Su mano tocó su escote.
-Tendrás a Garrett jadeando detrás de ti como un perro en celo, y yo no aceptaré eso, Bella-. Tomó su mano y la empujó hacia las escaleras.
-Usa ropas discretas cuando cenes con Garrett, porque cuesta muy poco inflamar sus pasiones.
Ella se retiró.
-¡Edward! - protestó y se detuvo -¿Cuál es el problema con vos? No tienes derecho a ordenar como luce mi apariencia.
-No hace mucho tiempo, dijiste que vos harías lo que yo te pida. Cámbiate el vestido.
-No. ¡En esto pareces un marido celoso y estás equivocado! No veo un gran daño vistiéndome para agradar a un príncipe. ¿Por qué debería guardar este vestido para agradar a Hall?
-Ten cuidado, Bella -Edward bajó su voz y acercó su cara a centímetros del suyo - no vayas a donde yo no te puedo rescatar. Ahora mismo, Garrett está lleno de intenciones nobles. Pero ponlo a prueba y es probable que te lleve a la cama sin considerar las consecuencias.
-Vos lo haces parecer como una bestia en celo.
-A veces lo es. Es un hombre, después de todo.
-Realmente, Edward, Después de todo, vos también sois un hombre.
-Si, y a veces soy gobernado por mis pasiones, también.
-Edward, me dijiste que yo tendría que tener un marido.
Ella no estaba preparada para su reacción. Él estiró los brazos y la sacudió como a una niña pequeña cuando alguien está furioso.
-No seas estúpida, ¡Bella! Tu oportunidad de casarse con el hijo de Anthony pasó. Él no desafiaría abiertamente a Hall por vos, pero no rechazaría un pequeño affair antes de tu boda. ¿Me entiendes?
Enfadada, respondió.
-¡Si, entiendo! Ahora que estoy fuera de Fontainebleau, vos me mandarás!
Él dejó caer sus manos.
-¿Mandar? Bella, yo te protejo, y esta noche necesitas la protección de sus propios instintos.- giró.
-¡Edward, Por favor! - Un nudo se formó en su garganta. -¡Por favor no pelees conmigo, no lo puedo soportar! Está bien, me cambiaré la ropa si te agrada-.
Él se detuvo, pero no se dio la vuelta.
-No, Bella, no querría mandarte-, respondió monótonamente. -Eres una mujer adulta, haz lo que te parezca.
-¡Date la vuelta y mírame! – imploró Bella.
-No. Ya Dije lo que tenía que decir.
Detecto un nivel de celos altos ¿?jejeje , va ha ser que si. Jejejeje. Y Garrett es tan mono! Aish… que me pierdo… tb se que estan deseando que Edward le diga la verdad ha Bella... Aún falta un poquito para eso... no sean impacientes ;), como es finde intentaré subir cap. esta noche... aunque sea un poquito tarde... jejeje, no se pierdan el prox. cap. digamos que Garrett, sale a escena... no lo puede evitar... jejejeje, en fin nos leemos ESTA NOCHE UN BESOTE GUAPETONAS, MIL GRACIAS POR ENTENDER MI FALTA DE TIEMPO Y MIL DISCULPAS POR NO CONTESTAR SUS RW... LES ASEGURO QUE LOS LEO TODOS. MUAKIS
