Capítulo 8. Fascinado

En la habitación en la que estaban los maestros del palacio de jade acompañando a Víbora, entró Dan, el mayordomo del palacio de Kaishan, un ganso de mediana edad parecido al padre de Po, con excepción de que su plumaje era blanco, sus ojos eran más pequeños, y usaba ropa de tres tonos diferentes de amarillo, y la cabeza descubierta (es decir, sin sombrero alguno).

―Señoras y señores Maestros del Palacio de Jade ―dijo―, a petición del señor gobernador Fai Wu, he venido a mostrarles las habitaciones en las que se hospedarán. Seguidamente, les guiaré al salón en que se realizará la cena que en este momento se está preparando para ustedes; allí el gobernador se reunirá con ustedes nuevamente.

Entonces el doctor, un antílope de edad avanzada con vestiduras verdes y pelaje grisáceo, que en ese momento revisaba a la reptil, como vio a los maestros inseguros de dejar a su amiga, les dijo:

―Víbora es una chica muy fuerte ―sonrió risueño―, se recuperará pronto. Vayan tranquilos, estaré cuidándola en todo momento ―concluyó con una irrefutable verdad, ya que ella era su única paciente.

Con estas palabras dichas con tanta seguridad, los maestros siguieron a Dan con tranquilidad, pero en silencio. Al salir de la enfermería se encontraron andando en pasillos que los guiaban detrás del salón principal del palacio, de modo que pasaron detrás de la habitación de Lung, que estaba junto a la de su padre, que a su vez estaba cerca de la de Dan. Por consiguiente, los visitantes tenían las habitaciones a su izquierda, y a su derecha se abría un frondoso y oscuro bosque repleto de árboles que producían frutos extraños a los ojos de los Cinco Furiosos y el Guerrero Dragón, que no cesaba de expresar la admiración que sentía hacia un lugar "bárbaro", según dijo repetidas veces. El pasillo de piedra labrada los llevó hasta un lago cristalino, que a pesar de ser profundo se podía ver el fondo sin problemas. El lago y sus riveras estaban tan bien conservados, que parecían no haber sido tocados por nadie más que el sol, la lluvia y el viento. A todos les encantó ese lugar. Tigresa de inmediato pensó en que era perfecto para meditar y entrenar; y Grulla vio en él el sitio ideal para pintar y escribir, ya que lo encontró especialmente inspirador. Po de inmediato explotó en emoción y les contó a sus amigos que había visto una pintura de una pintura de ese sitio, y que se llamaba Lago de la paz infinita. También les dijo que "cuenta la leyenda que el que se sumerja en él siete veces seguidas es sanado de cualquier enfermedad, ¡aunque sea mortal!".

―Eso dice la leyenda―exclamó Dan con seriedad―, pero yo no lo creo. Una vez estuve enfermo y me sumergí siete veces, y en vez de sanar me dio neumonía.

Su comentario causó risa en Mono, Mantis y Grulla, pero Po se desanimó y se sintió decepcionado de que no fuera tan genial como esperaba.

Cuando llegaron a las habitaciones (que estaban a solo 20 metros del lago), Dan los ubicó de la siguiente manera: como el Guerrero Dragón era el líder, estaba en la primera habitación, la más grande. Seguidamente estaba Tigresa, la más fuerte después de él, según le contó Grulla al Gobernador cuando conversaron en la habitación en que estaba Víbora. La reptil estaría hospedada en la habitación junto a Tigresa, y a su lado estaría Grulla, luego Mono y de último Mantis. La maestra Jing estaba en una habitación separada de la de ellos, en la sección de los huéspedes especiales del Gobernador.

―En tres horas estará todo preparado para la cena. Con su permiso me retiro, Maestros. Si tienen alguna duda o necesitan algo, jalen el cordoncillo dorado que está en sus habitaciones, y vendré enseguida ―dijo Dan haciendo una reverencia y después se fue.

Todos estaban asombrados con el lujo de sus habitaciones. Po admiraba y no podía cerrar la boca de lo impresionado que estaba. Los demás solo dieron unas vueltas en el centro de la habitación y se acostaron. Po pronto hizo lo mismo. Aunque ninguno pudo dormirse por los sentimientos encontrados que les causaba el lugar, sí descansaron de su largo viaje.

Al pasar las tres horas, Dan pasó por cada puerta dando dos golpes, e indicando que ya era la hora de la cena. Como todos estaban despiertos, se levantaron y siguieron a Dan, que los llevó a la estancia en la que estaba el comedor, que se hallaba al lado del salón del trono. En la entrada estaba Fai Wu, en un lado de la puerta, y a su lado estaba Lung, que estaba acompañado por Jing, a su pesar.

―Estimados Maestros del Palacio de Jade, permítanme presentarles a mi hijo Lung.

El joven hizo una reverencia con un gesto orgulloso, pero cuando alzó la vista se topó con los brillantes ojos de Tigresa, y quedó perplejo. Ya no escuchó nada, porque todos sus sentidos se bloquearon con esa penetrante mirada inquisitiva de esa tigresa de porte imponente, un poco más alta que él, que le traspasó el alma con solo su mirada. Tigresa también quedó impresionada por los profundos ojos azules del puma, sin embargo no pasó más allá de la admiración, y pronto puso su atención en la oveja que le acompañaba, y que de hecho la observaba con un detenimiento extraño.

―Ella es Jing, maestra de Kung Fu, como ustedes ―explicó Fai sonriendo―, protectora del pueblo de Tenshi, y ahora instructora de mi hijo.

En efecto, Jing notó algo en Tigresa que la inquietó sobremanera: las líneas negras alrededor de sus ojos, en especial las que se asemejaban a lágrimas oscuras. Recuerdos que creía enterrados la golpearon repentinamente, y por un momento tuvo que bajar la cabeza para encontrar el camino de vuelta al instante en el que tenía que presentarse a los visitantes del palacio.

―Es un gran honor conocerlos, Guerrero Dragón y Cinco Furiosos ―dijo Jing con una sonrisa muy bien fingida―. He escuchado de sus grandes hazañas, en especial de usted, Guerrero Dragón ―concluyó para distraer su mente de los pensamientos que le pesaban.

El aludido sonrió por haber encontrado a alguien más que lo admiraba, aparte de los habitantes del Valle de la Paz. Su fama había llegado muy lejos, y eso lo llenaba de dicha.

Seguidamente todos tomaron asiento, y los sirvientes empezaron a servir los manjares que habían preparado. Lung por su parte seguía fascinado con Tigresa, y lamentaba no poder sentarse junto a ella. Envidiaba al panda y la Grulla que la acompañaban a uno y otro lado, mientras él estaba entre su padre y Jing. No obstante, la miraba insistentemente, y cuando ella se dio cuenta empezó a ignorarlo. Po notó su incomodidad y se molestó con el puma, que parecía absorber hasta el aire que respiraba, asfixiándola desde la distancia.

―Maestra Jing, Lung; el Guerrero Dragón y los Cinco Furiosos no han venido a realizar una visita diplomática. Tienen una misión muy importante que cumplir aquí. Sin embargo, quiero que todos hablemos mañana sobre el tema, ya que no soy indiferente al largo viaje que tanto ustedes como ellos han tenido que realizar.

Jing inclinó la cabeza en señal de afirmación, mientras que Lung no se percató de nada, ya que no le quitaba la vista a Tigresa ni un segundo.

―¿Entonces proteges al pueblo de Tenshi? ―preguntó Mono a Jing, que estaba a su lado― ¿Dónde es ese lugar?

―A dos horas de aquí si vas a pie, cuarenta minutos en carruaje―contestó Jing con amabilidad.

―¿Hay muchos bandidos ahí? ―preguntó Mantis, sentado en la mesa, junto a Mono.

―Oh sí, eso hace los días interesantes ―contestó Jing sonriendo al recordar―. Los peores son una manada de lobos. Siempre los atrapo, pero cada vez mejoran sus planes. Aunque aún no los veo como un reto, sino como un entretenimiento ―concluyó riendo levemente.

―Lobos ―recordó Po, pensativo―, habían muchos lobos cuando luchamos contra Lord Shen.

―No sé cómo eran esos lobos, pero éstos en vez de intimidar, siempre me hacen reír. Se hacen llamar "Los intocables", aunque deberían cambiarse el nombre a "Los golpeables" ―sonrió Jing, y los demás también rieron con ella, excepto Lung.

―He escuchado que el Valle de la Paz no es tan pacífico después de todo ―cambió de tema la oveja.

―El Valle ―explicó Tigresa― es constantemente asediado por bandidos de toda clase. Todos los días tenemos que enfrentarlos. A veces solo uno de nosotros puede contra ellos, pero otras veces solo unidos podemos detenerlos.

La seguridad con que la felina hablaba tenía anonadado a Lung, que seguía en un sueño. Po lo miraba de reojo, y crecían en él las ganas de golpearlo en el rostro para quitarle la cara de bobo, y de paso enseñarle a respetar a su mejor amiga. Mas cuando sirvieron la comida se le bajó la cólera, y casi babeaba con la comida que se veía y olía muy bien. Y cuando todos empezaron a comer, él más que nadie disfrutaba cada bocado.

De este modo se llevó a cabo la cena, trascurrida la cual todos se despidieron cordialmente y se fueron a sus respectivas residencias. Tigresa por su parte quiso quedarse un rato a mirar las estrellas a orillas del lago, pero cuando llegó se dio cuenta que no era la única que tuvo dicha idea.

―Po, ¿qué haces aquí?

―Solo quería meditar un poco antes de dormir ―dijo cabizbajo, y más porque no quería hablar con nadie en ese momento, en especial con ella. Pero jamás sería grosero, así que respondió de esa manera.

La felina se sentó a su lado en la ancha piedra en la que el panda estaba sentado.

―Po, si es por la leyenda de este lago, no te preocupes, muchas leyendas no son reales. En la mayor parte de ellas exageran la realidad ―dijo ella con ternura, y poniendo su mano en su hombro.

Po no estaba decaído por eso, pero no podía, o más bien, no quería decirle el verdadero motivo. En el banquete, y de camino a donde se encontraba, Po había estado pensando por qué le molestaba tanto que Lung mirara de esa forma a Tigresa. No era algo que le perjudicara personalmente ¿o sí?, y si se sentía perjudicado, ¿por qué? Al llegar al lago, y pensar en eso un poco más, supo la razón, y no quería compartir su descubrimiento con ella en especial.

―Yo...cuando vi este lugar tenía tantas ganas de estar herido o algo así, y probar que la leyenda era cierta. Pero después recordé que Víbora está en la enfermería, y que no estaría allí si este lago fuera mágico ―dijo continuando con la farsa de que eso era lo que le preocupaba. Había mejorado en su habilidad para mentir, porque Tigresa le estaba creyendo.

Entonces ella sintió pena por él, ya que le pareció ver a un niño a quien le mataban una ilusión. Tomó su mano entre las suyas para decirle algo que lo animara, pero el panda se estremeció levemente, un poco asustado por el contacto. Alzó la mirada hasta encontrar la de ella. Luego la bajó con tristeza, retiró suavemente su mano, y le dijo:

―Ya es tiempo de que me vaya. Buenas noches.

―Buenas...noches.

Tigresa quedó contrariada por su reacción, porque en ese instante, con esa mirada fugaz, Po le había revelado lo que había en lo más profundo de su corazón, y eso la conmovió sobremanera. Y así durante un rato estuvo sentada en la roca pensando en eso, y en todo lo que había pasado ese día.

Continuará...


Notas:

Holis! Admito que me gustó mucho escribir este capítulo (como todos, pensándolo bien jaja). Gracias por el apoyo: los comentarios, los favoritos, por seguir la historia. A geraldCullenBlack, Raven Dark85, Escarcha 13, Llink y Guest, muchas gracias por el apoyo. Recuerden que si algo no les gusta preparen la bomba atómica y yo estaré quietesita para recibirla y volverme Hulk (jaja porque las críticas no me matan, me fortalecen) xD

Como siempre, el nombre del capítulo no se reduce a un suceso, sino a varios. En Kung Fu Panda 2 noté que se había desarrollado mucho el vínculo entre Po y Tigresa. Eran más unidos y se tenían más confianza. Aquí ha pasado más tiempo todavía, así que se tienen más confianza y se conocen aún más.

Los quiero mucho, estimados lectores y lectoras. Hasta la próxima! Y no olviden darle clic al botón Review aquí abajo y dejar tu opinión. Bueno, chaitoo!