Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de nccm, yo solo la comparto con todas ustedes.
Nunca Te Amaré
Capitulo 8. No eres tú, si no yo
EL resto del viaje la pasamos en Atenas, la pedí a Popeye que nos llevara, no soportaba para nada a ese tipo. Me di por bien servido cuando Isabella lo ignoró prácticamente el resto del tiempo. Ya en la ciudad alquilé una habitación en una posada tradicional que mantenía la vista al mediterráneo aunque pasamos poco tiempo allí aprovechamos al máximo la estadía en ese sitio, realmente esta chica me sorprendía cuando se soltaba dejándose arrastrar por la pasión. Era fogosamente deliciosa y me hacia vivir grandes momentos. Parecían dos personas diferentes, era como esas profesoras de la películas para mayores, salían vestidas como monjas y cuando se quitaban los anteojos se convertían en diosas del placer.
Los dos días que pasamos allí visitamos la Acrópolis y sus templos. Mi parte favorita era sorprenderla con los conocimientos que tenía sobre la materia. Si supera que estudie Historia e Idiomas. Mi padre hizo lo imposible por convencerme de estudiar periodismo pero me negué rotundamente a convertirme en su títere pero con el tiempo encontró como manejarme si no fuera por eso no estaría aquí o al menos no con ella. Cuando viaje hace unos años para olvidar mi pasado aproveché para realizar mi tesis de historia acerca de las civilizaciones antiguas y su influencia en los desarrollos económicos de la era moderna. Me adentré mucho en conocer cada aspecto de las ciudades que visité y ahora era el mejor momento de lucirme para dejarle claro a Isabella que yo no era ningún idiota solo que el periodismo no era para mí.
El viaje de regreso fue más que incomodo, ni hablamos, nos veíamos cada cierto rato tratando de descubrir lo que pensaba el otro. Estaba seguro que ella pensaba lo mismo que yo, en como llevaríamos la vida al regresar a casa, algo que ni yo sabía y me preguntaba que tenía ella en mente. Pensé algunas opciones como dejarlo todo tal cual como estaba y que el tiempo pasara hasta el momento en que pudiéramos escapar de este matrimonio. Esa era mi idea aunque algo me decía que ella no lo vería de esa forma, seguro estaba sacando teorías del comportamiento humano para definir nuestra relación. Entonces no podía dejar que ella marcara las pautas o sería una marioneta movida por sus hilos. Considerando eso me puse a maquinar, lo ideal sería llevar las mismas pautas que hasta ahora, dejar que las cosas fluyeran entre los dos, nada de ataques frontales sobre nuestros caracteres, ni peleas campales, simplemente llevar la fiesta en paz, cada quien a lo suyo. Como si fuera tan sencillo, si yo me dedicaba a lo mío, creo que la pondría morada de la rabia, aparecería en casa con una chica diferente cada madrugada y borracho, me reí imaginando su cara si lo hiciera. Bueno obviamente eso no sería lógico o me chuparía hasta el ultimo centavo en el divorcio por venganza. Que diablos iba a hacer ahora por las noches, algo me dice que este año iba a empezar a ser el pago pro todas mis guarradas.
Me dormí un poco durante el viaje. Cuando llegamos recuperamos nuestras maletas y salimos al área de espera del Aeropuerto. No había nadie esperando, claro si para casarnos casi que nos trajeron en carroza a caballos y ahora tenia que salir a pelear por un taxi.
— Bien dicen que después del matrimonio, la familia pasa a ser la esposa e hijos — me reí después de lo que dije, si hijos como no, mejor me pongo un grillete.
— ¿Por qué? — Me dijo inocente como si no supiera, tan planificada ella seguro pensó en esto seguro desde que despegamos, ya le iba conociendo las caras.
— No mandaron ni el perro a esperarnos — Bueno en mi casa no había perros o ¿Sí?
— Bueno, no podemos hacer más que buscar un taxi porque no creo que se aparezcan.
— Claro como no vas a ser tú la que tiene que salir a matarse por hallar uno, aquí te quedas feliz en el aire acondicionado esperando a que te sirvan, mejor respiro.
— Me esperas aquí con las maletas mientras busco uno.
Salí a buscar un taxi y era enfrentarme a una multitud enloquecida, parecía que todos los vuelos llegaban a la misma hora o que. A lo lejos reconocí a Lucas, uno de los choferes de la compañía, uno que siempre ayudaba a mi madre. Me explicó que se retraso por la entrada al aeropuerto que el carro estaba en el sótano, iría por el carro y regresaba. Mi madre, esa chica nunca me fallaba, como pude pensar eso de ella. Me fui a buscar a mi esposa del alma que se encontraba cómodamente sentada en las maletas. Venía de muy buen humor cuando vi a Emmet Parker acercarse a ella por detrás, ese era el novio de la niña en el instituto, que bonita escena, pensé con ironía.
Mi risa se tensó cuando Isabella saltó a su cuello y el empezó a darle vueltas como pequeña y ella reía como tonta. Ahora si que adiós tregua, que coño se cree ella que soy yo para dar ese espectáculo delante de todos. Me apuré para llegar hasta ellos cruzando los brazos en mi pecho y carraspeé. Isabella se puso pálida, me reí por dentro, me tenía miedo, eso no es tan malo.
— Edward – tartamudeó — él es Emmet, mi mejor amigo — si claro mejor amigo — Emmet — dijo ahora dirigiéndose a él, estaba más nerviosa, es decir que se ponía así era por él, magnifico, mejor voy pensando a quien llamar para salir hoy — Edward es mi… — Hizo una pausa y tragó en seco. Voy a acabar con esta mierda de una vez, le tendí la mano y terminé la frase.
— Mucho gusto Emmet, soy su esposo — Le dije sonriendo y amablemente, antes muerto que demostrar alguna muestra de la furia que me corría las venas.
— Esposo — articuló asombrado — Bella, princesa ¿te casaste? — ¿Bella? ¿Princesa? Lo que me faltaba. Ella solo asintió y bajo la vista avergonzada — No lo puedo creer ¿Cómo? ¿Cuando? ¿Por qué? — Le preguntaba aún con la boca abierta.
— Emmet, tranquilo, luego te contamos.
— Te invitamos mañana a comer a casa ¿Te parece? — Necesitaba una explicación.
Le corté porque no me estaba gustando nada todo esto. Ella estaba parada como idiota sin decir nada, es que acaso le gustaba este tipo o lo amaba.
— Claro, pero no creo que deba ir al departamento de Bella, ¿siguen viviendo allí? — Acaso estaba muda, porque no decía nada.
— No tranquilo será en nuestra nueva casa — Le dije otra vez amable a pesar que algo se me anudaba en la garganta, un grito para mi esposa muda o sería sorda también — La princesa te llamará para darte la dirección, pero ahora nos tenemos que ir o perderemos el transporte a casa — Si claro, Lucas esperaría allí hasta que le salieran raíces.
— Excelente, espero tu llamada princesa — Me tendió la mano de despedida y besó la mejilla de estatua que tenía al lado — Te quiero nos vemos mañana aunque espero tu llamada para que me cuentes todo, Felicidades a los dos. — Se volteó y se fue sonriendo. Por lo menos él no parecía celoso o algo así pero mi esposa se había convertido en autista. Me acerqué a ella y la moví.
— Estas allí princesa o te petrificaste — Movió su cabeza tratando de despejarse.
— Se puede saber porque lo invitaste a cenar — Me dijo reclamando.
— Si estabas allí parada como estatua que coño quieres que hiciera — Le dije molesto.
— Preguntarme — Volvió la cara hacía mi — No puedes decidir si quiero que Emmet vaya o no a nuestra casa — Algo raro pasaba aquí y no me agradaba en lo más mínimo.
— Si estabas allí idiotizada, bueno más bien agradece así tienes tiempo para hablar con tu amorcito — Le solté las palabras esperando una aclaración. Recogí las maletas y empezamos a caminar al carro, ella seguía callada, hasta que nos montamos.
— No que perderíamos el transporte para ir a casa, dudo mucho que el chofer de tu casa se hubiese ido — Me reclamó — Además, te aclaro que Emmet es solo mi amigo y si no sabes nada no opines — Se volteó hacía por la ventanilla del coche a llorar, la veía limpiarse las lágrimas silenciosas, porque lloraba si era solo su amigo.
Necesitaba una buena charla con ella pero entendí que no era el lugar ni el momento indicado. El camino al departamento fue en silencio.
Abrí la puerta y Lucas me ayudó a mete las maletas. Isabella se metió directo al cuarto y se tiró en la cama a llorar. Aquí había gato encerrado y no era nada normal esta reacción.
Esperé un rato intentando calmarme para hablar con ella, después decidí ver como se comportaban los dos en la cena de mañana antes de seguir sacando conclusiones.
Salí del departamento para comprar algunas cosas y despejarme. Pensé en irme a un bar a tomarme unas cervezas pero mi pequeño lado humano que me quedaba me recordó a Isabella y regresé a casa. Deje las bolsas de víveres en la barra de la cocina y me fui al cuarto.
Isabella estaba dormida profundamente, los ojos hinchados y la almohada totalmente mojada de tanto llorar. Esperaría a que despertará para pedirle las razones de todo esto, no creo que por un simple mejor amigo las cosas fueran tan extremas. Pero la cara relajada del chico me resultaba una contradicción, recordaba que siempre andaban juntos en todos los sitios que nos encontrábamos, que alguna vez fueron novios pero según decían el se iba a casar con otra chica que no recuerdo quien era.
Será que ella seguía enamorada y él la había cambiado por ella, pero porque después se frecuentaban tanto y ella porque reaccionaba así ahora. Además, al principio estaba feliz se puso así cuando yo llegué y le dije que estabamos casados. Me iba a explotar la cabeza de tanto pensar, ahora me arrepentía de no prestar atención a los chismes de Alice cuando cenábamos juntos. Jasper quizás me aclaraba el rollo si Isabella se quedaba callada porque Alice era un punto muerto nunca la traicionaría.
Me quité la camisa y me acosté junto a ella con los brazos detrás de la cabeza para pensar un poco más el asunto, parecía vieja chismosa pero me carcomía las ganas de saber que ocurría. Isabella se volteó apoyó su cabeza sobre mi pecho aún dormida.
Estaba inquieta, como soñando algo, su respiración estaba acelerada se veía el movimiento descompasado de su cuerpo.
La abracé pegándola a mi cuerpo para calmarla, moví mis manos por su espalda hasta que fue tranquilizándose y me quedé dormido con ella sobre mí. Sentí un movimiento a mi lado y desperté al poco tiempo, ya era de día pero no sé que hora era. Ya no estaba sobre en la cama, me asomé al baño pero tampoco estaba allí, en el salón tampoco estaba solo faltaba la cocina. La conseguí preparando el desayuno y guardando los víveres de las bolsas, en realidad eran algunas cervezas y enlatados que era lo único que sabía comprar. Alzó la vista cuando se percató de mi presencia
— Edward —Susurró — Creo que tenemos que hablar.
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Emmet había regresado y no sabía su decisión ante el enredo de sus sentimientos, yo era la única que conocía sus verdaderas razones para partir dejando a Rosalie en el altar, Yo. Cuando Edward le dijo que éramos esposos me pregunté que tanto podía o no hacerle daño a la única persona que siempre he querido con todas mis fuerzas, no era amor como hombre sino como un gran amigo, por lo menos para mí y justo ahora no sabía como era para él. Mi cuerpo pedía llorar al recordar tantas cosas guardadas dentro de mí como el momento en que me confesó que estaba confundido entre las dos: Rose y yo, que nuestros momentos adolescentes martillaban su cabeza justo una semana antes de la boda. Me decía que para él yo siempre fui su media naranja, que estabamos hechos como piezas de rompecabezas y que si lo aceptaba dejaba todo en ese momento. No podía hacerle eso a mi amiga, ella lo amaba con todas sus fuerzas y yo no.
Era mi mejor amigo en la vida, conocía a Emmet más que él mismo, solo estaba confundido y asustado con la boda pero de allí a amarme era un trecho muy largo. Lo convencí que era una locura, que nunca resultamos como pareja y que recordará que no habíamos aguantado ni un mes juntos, que nos dimos cuenta que solo seríamos amigos para siempre. Cuando acepto que lo que le decía era verdad pude respirar, el resto de los días fueron normales y no adiviné nunca que no se presentaría en el altar.
Estaba ante la conversación que tenían, parecía tan normal, pero conociendo a Emmet si algo le afectaba no lo iba a decir delante de Edward, lo odiaba tanto como yo en un principio, aunque disimulara como un actor ganador del Oscar. No podía contestar ninguna pregunta, las pocas neuronas que me quedaban del cansancio las utilizaba para pensar y cuanto me arrepentí de haberme callado cuando escuché a Edward invitarlo a casa.
— Emmet, tranquilo, luego te contamos. Te invitamos mañana a comer a casa ¿Te parece? — No, mierda necesitaba primero hablar con él, no quería hacerle daño ni pasar por algo así, tenía que conocer primero sus sentimientos.
— Claro, pero no creo que deba ir al departamento de Bella, ¿siguen viviendo allí? — Tenía miedo de enfrentar Rosalie.
— No tranquilo será en nuestra nueva casa — Nosotros tres en una casa sin saber los sentimientos de Emmet, no pronosticaba nada bueno — La princesa te llamará para darte la dirección, pero ahora nos tenemos que ir o perderemos el transporte a casa — No quiero irme, quiero quedarme y aclarar todo de una vez, ¿Qué hago?. Edward si supieras cuanto te detesto ahora por tu sarcasmo y el daño que me haces.
— Excelente, espero tu llamada princesa — Me dio un beso en la mejilla — Te quiero nos vemos mañana aunque espero tu llamada para que me cuentes todo, Felicidades a los dos — No vi su cara en ningún momento ni tampoco lo intenté, era demasiado miedosa.
— Estas allí princesa o te petrificaste — La mano de Edward se balanceaba frente a mi cara como saludando.
— Se puede saber porque lo invitaste a cenar — Le solté enojada, como podía pasarme esto a mí, como le explicaría a mi amiga que los dos hombres que se cruzan en su vida de alguna forma se alejaban de ella por mí.
— Si estabas allí parada como estatua que coño quieres que hiciera — Callarte la maldita boca sería mucho pedir.
— Preguntarme. — Me gire para verlo — No puedes decidir si quiero que Emmet vaya o no a nuestra casa – Esto no se lo va a creer ni en juego, era verdad me congelé cuando los tuve cerca de los dos.
— Si estabas allí idiotizada, bueno más bien agradece así tienes tiempo para hablar con tu amorcito — Amorcito, no podía estar pasando lo hacía para joderme, no pudo ni espera un día para empezar. Por cobarde, por no enfrentar las cosas de una sola vez.
Tomó las maletas y nos dirigió a la puerta del aeropuerto donde nos esperaba un carro, se bajo el chofer de Esme lo reconocí en el acto, nos llevó a hacer varias cosas de la boda.
— No que perderíamos el transporte para ir a casa, dudo mucho que el chofer de tu casa se hubiese ido — Me enojé al darme cuenta de su truco — Además, te aclaro que Emmet es solo mi amigo y si no sabes nada no opines — Mi cuerpo no resistió y la lágrimas inundaron mis ojos de la impotencia, porque todo tenía que empeorar de esta manera.
Al regresar a casa parecía sonámbula entre el cansancio y el llanto, mi mejor opción fue tirarme en la cama a llorar y dejar salir tantas cosas difíciles que llevaba ocultas. Saqué muchas cosas que tenía entre el pecho y espalda, Edward me veía pero no hablaba, buen momento para cerrar la bocota. Escuché la puerta del departamento cerrarse y una desesperación extraña se apoderó de mí, me paré a buscarlo pero ya no estaba ni en el pasillo. Genial, ahora también todo se terminaba de joder con Edward, mi vida sería completamente una locura. Tomé el móvil y lo apagué no quería enfrentarme a nadie en estas condiciones. Lloré tanto o más que cuando me obligaron a casarme, la culpa me señalaba, que más dolor podía regalarle a una gran amiga si se enteraba de la verdad. Por un lado Emmet la dejó por confundir una amistad con otra cosa y por el otro cuando despierta de nuevo la ilusión por Edward, me obligan a casarme justo con él.
Me quedé dormida de tanto llorar, eran tantas cosas, Emmet, Rose y Edward, cuantos vértices iba a ganar este triangulo amoroso. Los sueños eran como una película de terror, las caras de los tres se hacían gigantes y me perseguían, tenía miedo de voltear a verlos, de enfrentarme a ellos. En un instante algo espanto lo que me perseguía, sentía que algo me calmaba y me arrullaba, me sentía segura pero no sabía que era. Lo ultimo que recuerdo fue un calor que me llegaba al cuerpo, una gran tranquilidad. Me desperté tratando de ubicarme, sentía una presión en mi cintura busqué y encontré la mano de Edward aferrada a mí, me fijé bien y estaba acostada prácticamente sobre él, su pecho desnudo bailaba tranquilo. Me paré con cuidado, me hice una cola y me cepille los dientes, tratando de no despertarlo y fui a la cocina.
Encontré unas bolsas de víveres, empecé a guardarlas mientras se colaba el café, necesitaba una buena taza para pensar. Si en las noches un vaso de leche me ayudaba a dormir en las mañanas necesitaba mi dosis de cafeína para sobrevivir. Sentí una mirada sobre mí y volteé, allí estaba él parado aun sin camisa, con los jeans desabotonados y el cabello alborotado. Su cara denotaba que estaba tan o más confundido que yo. Necesitaba pedirle que no invitara a Emmet hoy, tenía que hablar con él primero.
— Edward — la voz no me salía de los nervios — Creo que tenemos que hablar.
— ¿De qué? — Eso era lo bueno de él directo al grano.
— No quiero que Emmet venga a cenar esta noche y antes que digas algo solo es mi mejor amigo pero primero debemos aclarar el y yo unas cosas — Esperaba su respuesta, estaba callado pensado.
— Explícame, soy todo oídos — Que le iba a decir, como le explicaba todo.
— Edward, lo siento pero es mi vida y creo que no es de tu incumbencia — No era la mejor respuesta pero por los momentos no tenía nada más, además el tenía sus secretos también de eso estaba segura y tenía que averiguar con Alice sobre el sueño.
— Sí que lo es, recuerdas que eres mi esposa y tu aptitud en el aeropuerto no fue digamos la más adecuada, creo que merezco una explicación de tus cambios de humor tan repentinos, porque cuando te encontré estabas como si te hubieses drogado de la alegría — Lo único que queda cuando no consigues como defenderte pues ofenderte.
— No te permito que me llames drogadicta, que te crees que soy — Excusa tonta, moléstate más — Que yo sepa a ti mi vida no te causa ninguna preocupación así que deja de meterte en ella — Se acercó a mi tomándome por la cintura y pegándome a su cuerpo.
— Desde que eres mi mujer — Lo recalcó, yo no era su esposa era su mujer por entregarme a él — Tus espectáculos amorosos en públicos con otro me interesan.
— Tendrías que preocuparte por media ciudad entonces — Golpe bajo y ahora defiéndete Cullen.
— Lo que no fue en tu año no hace daño Isabella — Veremos si opinas lo mismo — Tu y yo hicimos un trato durante el tiempo que dure este matrimonio — Me acercó a su cara y me beso, cosa que debí evitar pero acepte gustosa, si hasta puse la boca.
— De verdad quieres saberlo – Le pregunté rogando que dijera que no.
— Sí, espero sentado en la sala por ti — No dijo más, lo vi sentarse en el sillón esto iba a ser más difícil de lo que pensaba pero necesitaba desahogarme y ya no importaba con quien. Serví dos tasas de café y me senté frente a él.
— Bien, ¿Qué quieres saber? — Que preguntara él, sería mas fácil para mí
— ¿Qué tienes que contar? — Eso no lo esperaba pero al mal tiempo buena cara, respiré y solté la lengua.
— Necesito que escuches y luego opines porque si me interrumpes no sé si pueda continuar — Él asintió y empecé — Primero quiero que creas todo lo que te digo o bueno tienes pruebas suficientes para creerme. Emmet es mi mejor amigo desde que tengo uso de razón, crecimos juntos, fuimos juntos al colegio, al instituto y a la universidad— Como hacerlo corto y menos engorroso – Cuando acabamos el instituto yo no iba ir al baile porque no tenía pareja y me negaba a asistir con cualquiera, Emmet insistió en que como no tenía novia fuéramos juntos como siempre fuimos grandes amigos no vi el problema, el caso es que el baile se prestó para confundirnos en nuestra relación y terminamos besándonos, solo duramos un poco menos de un mes juntos cuando los dos nos dimos cuenta que no nos queríamos más allá de la amistad de siempre y superamos todo.
— Te sigo, pero no veo lo malo — No se iba a callar.
— Quieres que siga o lo relatas tú.
— Esta bien sigue — Respiré nuevamente.
— Entramos a la universidad a estudiar la misma carrera, éramos como una pareja de viejos esposos — Reí al recordar el chiste — Siempre juntos, apoyándonos pero totalmente asexuales — Como vistes cuando te acostaste conmigo, pensé, pero que importaba eso ahora — El caso es que cuando le presenté a Rosalie, mi mejor amiga junto con Alice se hicieron novios hasta comprometerse, yo era la madrina de la boda pero una semana antes — Mis ojos se aguaron — Y esta mierda solo la sabemos él y yo y si la repites de mato — Lo amenacé llorando — Emmet llegó a mi casa borracho de su despedida, Rosalie estaba en casa de sus padres arreglando algo. Ella y yo compartíamos el departamento por cierto. Bueno cuando me vio me beso, yo no sabía que le pasaba pero me aseguró que estaba era enamorado de mi, que yo era su otra mitad y que si lo aceptaba dejaba todo por mí — Edward iba a interrumpirme pero lo callé — Deja que acabe. Lo conozco como si fuera yo misma, por lo que sabía que estaba confundiendo las cosas, tal vez por miedo al compromiso. Lo convencí que estaba equivocado y se calmó, lo deje dormir en el cuarto de su prometida y todo fue normal hasta que el día de la boda nunca llegó dejando a mi amiga en el altar y a mí con la culpa – las ultimas palabras fueron llorando — Tomé mi celular para llamarlo y tenía un mensaje de voz de él informándome que se había ido porque no estaba seguro de lo que sentía y no supe más de él hasta ayer en el aeropuerto — Edward estaba con la boca abierta y eso que no sabía la segunda parte, algo me decía que no recordaba a Rosalie.
— Pero cuando lo viste estabas feliz, no me parece que te sientas tan culpable.
— Edward puedes dejar de ser tan canalla alguna vez — Le reclamé — Es como mi hermano, lo conozco desde bebé y lo extrañaba como amigo, era mucho el tiempo sin saber de él.
— ¿Entonces por qué reaccionas así?, tanto llanto no es normal.
— Maldición, es la culpa, por hacerles daño a Rose y a él, pero claro que vas a saber tu de culpas — Era tan egoísta que solo veía por él.
— Te equivocas en eso, pero no es el tema, sigo sin entender parte de tu reacción — Hay que ser bien insensible para no entender — Si no sientes nada por él porque no quieres que venga
— Porque no tengo la más mínima idea de lo que él siente por mí, no quiero hacerle más daño, no hablo con él desde se fue y si por casualidad lo que me dijo es cierto que crees que está sintiendo ahora, me entiendes, les jodí la vida, tanto o más que la mía — Exploté a llorar. Edward se acercó y me cargó dejándome en sus piernas y abrazándome.
— No quiero echar más leña al fuego, pero hay un punto que me quedo rondando — Lo miré aún llorando, indicándole que siguiera — ¿Tú amiga Rose, es la chica rubia que estaba en la casa el día del compromiso? — Se había dado cuenta, no era tan bruto como pensaba.
— Sí, la misma con que te besaste al noche antes del compromiso — Se ahogaban las palabras en mi garganta — Ella estaba emocionada contigo, nunca supo nada hasta que escuchó a tu padre — Rompí a llorar casi a gritos— Después de eso me dijo que desocupara el departamento y que me olvidara de ella, la destruí, entiendes por fin mi desesperación.
— Vaya novela y yo sin saber que era protagonista — Se reía el muy idiota.
— ¡Te vas a burlar de otra! — Le grité tratando de pararme pero me lo impidió con fuerza.
— Calma Isabella, no me parece ni gracioso ni nada, calma – Me aferro a sus brazos y me quedé allí. Sacó mi teléfono celular que estaba en mi bolsillo trasero del pantalón.
— ¿Qué haces? — Le pregunté algo molesta por su atrevimiento.
— Cancelando una cena, esta noche te vas a olvidar de todo.
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Si mi vida parecía una novela, lo que ahora me contaba pasaba a asegurármelo. Si la noche en que conocí a la rubia, ahora Rosalie, hubiese sabido todo lo que arrastraba con ella ni me le acercaba a pesar de lo podridamente buena que estaba. Todo lo que me había contado Isabella me estaba dejando noqueado. Ella sencillamente bonita le había destronado una mujer de ensueños el novio y la aventura, porque de allí yo no pasaba. Había abierto su coraza, confiando en mí y yo no era generalmente fiable pero algo me decía que esto era algo más que un secreto para ella, más bien parecía un peso, un gran karma. Ahora más que fregarla un rato me la llevaría a pasar una de mis noches.
— Vaya novela y yo sin saber que era protagonista — Eso la hizo enfurecer pero me causaba una gracia demasiado grande su cara frustrada.
— Te vas a burlar de otra — Cabrearla era tan fácil.
— Calma Isabella, no me parece ni gracioso ni nada, calma — Apreté su cintura y saqué del bolsillo de su pantalón el teléfono, primero porque me iba a abrir un hueco en la pierna pero después se me ocurrió algo.
— ¿Qué haces? — Preguntó de nuevo molesta.
— Cancelando una cena, esta noche te vas a olvidar de todo — Marqué el número de Emmet y parecía que lo tenía pegado a la mano solo medio repique.
— Bella, princesa, estaba esperando tu llamada desde ayer, tienes mucho que explicarme — Bueno que se creía este animal, me caía tan mal el tipo. Pero a ver que le parecía mi sutil cancelación.
— Emmet, disculpa no es Isabella, se sintió mal ayer, tu sabes el Yet Lag — No sé que tanto tenían que hablar, bueno si sabía pero no me daba la gana – apenas ayer regresamos de la luna de miel — Isabella me pelo los ojos, mejor que se calme o me pongo acido, se los pelé yo ahora y le tape la boca — Y ahora está dormida.
— Cullen ¿Qué más? — Empezamos el juego se le acabó el teatro de ayer — Pero no puede ni hablar o no la dejas — No iba a caer, aunque quería.
— Gracias por preocuparte Emmet, si se siente un poco mejor pero no para atender a nadie hoy, por eso te llamaba, recuerdas la cena lamentablemente debemos cancelarla — Lamento no, celebro cancelarla.
— No se a que juegas pero a mi no me engañas, se muy bien que Isabella no te soporta y ya he estado averiguando — Cabrón, seguía enamorado de ella — Así que cuídate porque si le haces daño te vas a encontrar conmigo y prepárate porque ahora no esta sola en esta maldita locura — ¿Qué coño se cree este para opinar?
— Bueno, si ella te llamará mas tarde cuando se sienta mejor — Mejor espera sentado porque me encargaré que no lo haga, por lo menos no hoy — Yo le doy tu mensaje — No lo dejé terminar y tranqué.
Isabella ni sospechó ni por un instante que Emmet estaba molesto, pero entonces yo ya sabía la respuesta que ella estaba esperando, era de ella que estaba enamorado. Decírsela sería lo justo pero como yo no era juez ni abogado la justicia no me hacia cargo de conciencia y él tampoco me iba a arruinar la salida. Pensaba llevarme a Isabella al bar de mis amigos, era un sitio sencillo pero genial, para pasarla bien sin mucha gente estirada como el resto de las discotecas que conocía. Tampoco era para correr riesgo, si me iba a una de esas me encontraba con quien sabe que mujer y bueno con lo de Italia era suficiente por ahora.
— No piensas decir que te dijo — Me preguntó cortándome los planes.
— Sí escuchaste para que preguntas — Esperaba que mordiera el anzuelo.
— Escuché lo tuyo no lo de él y quiero saber — Se puso sería mejor le inventaba una rápida o lo llamaba ella misma –
— Nada que entendía, al principio creía que eras tú pero le aclaré la situación, te mando saludos y que lo llames en cuanto puedas — Pero alcé el celular — Que no es hoy porque nos vamos de fiesta.
— De fiesta te irás tú — Me dijo levantándose — A mí no me arrastras a tu mundo de farras y alcohol — Camino hacía el cuarto y la seguí.
— Isabella, te dije que te ibas a olvidar de los problemas por lo menos por hoy ¿qué pretendes olvidarlos aquí metida? – Se sonrojó, si le leyera la mente ahora en contraría algo perverso por esa cara, no era tan mala la idea pero no, quería salir, me hacia falta. Me acerqué a ella y la tomé por la cintura pero haciéndola verme a la cara.
— ¿En que pensaste cuando te dije quedarnos aquí? — Quería escucharlo de sus labios.
— En nada idiota — bajo la cara, comprobado quería algo más.
— No tengas pena isabella, ¿somos marido y mujer o no? — Le dije besando la comisura de sus labios y apretando nuestras pelvis para que sintiera mi miembro excitado.
— Déjate de vainas Cullen — Me molestó que me llamara como el idiota del amigo y la estreché más, sabía que me estaba sintiendo. Hizo una pausa ante mi gesto y respiró antes de seguir — Suéltame o no respondo, no estoy para juegos.
— ¿Quién quiere jugar? — Metí mis manos por el espacio de su pantalón rozando sus nalgas. La sentí estremecerse, estaba ganando por lo que pegue nuestros labios besándola suavemente para provocarla a medida que mi nao avanzaba por su trasero rozando la línea que lo dividía
Gimió ante mi contacto anunciando su derrota, la alcé aferrando sus dos nalgas y caminé hasta la cama. ¿Por qué dejar para mas tarde lo que puedes hacer ya? Antes de recostarla saqué mis manos y desabroché su pantalón, bajando muy suavemente su pantalón.
— Edward — Jadeó mi nombre – No es el momento – Claro que si era, me acerqué a su oído y le susurré — Si lo dos estamos dispuestos si que lo es, te lo pruebo – Metí su mano dentro de sus bragas y las saqué, comprobando su humedad en sus dedos y luego metí su mano dentro de mi pantalón y la hice tocar mi miembro que palpitaba. Me acerqué dándole un beso y se dejó caer en la cama vencida. Tenía que probar cosas nuevas para ella, por lo que le quite las bragas con los dientes haciéndole que creer que veía sexo oral, sus caderas se agitaron pero subí mi boca hasta la suya para besarla.
Me incorporé para quitarme mi pantalón y me tumbé a su lado, volví a besarla muy suave mientras deslizaba mis manos hasta su sexo caliente y mojado, con mis dedos recorrí la zona para luego pararme a masajear su clítoris, me intercambié varias veces entre esa zona y mis dedos dentro de su intimidad, se estaba volviendo loca. Buscó algo de que aferrarse y se encontró nada más y nada menos que con mi miembro erguido y lo apretó, la sensación de calidez que arrasó y aumenté la velocidad de mis dedos, aquello parecía desesperarla y empezó a masturbarme, cambiando los papeles ahora era yo que estaba disfrutando sus caricias, mis manos bajaron su velocidad perdido entre las caricias, casi paralizándolas.
Isabella reclamó y volví a darle placer mientras ella continuaba con sus caricias. Me di cuenta que cuando aumentaba mi velocidad ella también lo hacía así que me deje llevar jugueteando cos varios dedos a la vez, sus músculos se tensaban junto con los míos sentía que llegaba el momento cuando exploté sobre ella, llenado su mano de mi semen. Seguí dándole caricias hasta que la hice temblar y gemir pidiendo más.
— viste que si era el momento— le dije con una sonrisa
— Engreído — soltó una risa y se tumbo sobre mí.
Ahora que hago, desde ella nadie hacia esto y ya eran varias la veces que Isabella terminaba en mi pecho durmiendo. Algo estaba cambiando en esta relación, me empezaba a dar miedo porque no me estaba frenando, mas bien me estaba dejando llevar por la corriente. Maldita sea Edward Cullen ¿estás sintiendo algo por Isabella? No, es las veces que hemos estado juntos, nunca antes había hecho esto con nadie, es eso. Mejor dejo de pensar tonterías y duermo un poco también. Me quedé rendido hasta que sentí un jalón en los vellos de mi pecho.
— Ay — pegué un grito leve — ¿Qué haces? — Le pregunté a Isabella que jugaba con ellos.
— Yo no estoy haciendo nada — Se estaba muriendo de la risa.
— Ah no, depilarme no es nada — Le dije riendo me había contagiado.
— Es que — se volvió a reír — Me quedé pegada.
- ¿pegada? – de que hablaba.
— Tu semen — Empezó a reír avergonzada y bajando la cabeza. Entendí, lo que pasaba y no pude hacer otra cosa que carcajearme, nunca me había pasado nada igual.
Nos metimos a bañar los dos juntos para que el agua nos ayudara porque parecía que me iba a arrancar la piel. Unos minutos bajo el agua caliente nos ayudaron y su mano se despegó sin dolor. Isabella se iba a salir después de eso pero la arrastre de nuevo a la ducha algo había quedado pendiente entre los dos, la acaricié y volví a despertar haciéndola mía bajo el agua, no me cansaba de hacerlo con ella.
Salimos de la ducha lo que se puede decir más relajados y nos vestimos. Le recomendé a Isabella que se pusiera algo cómodo para el bar, ni modo aparecerme con ella en traje de oficina o vestido cóctel. Mucho de lo que ella acostumbraba a usar. Me puse unos jeans azules gastados y una camisa negra con una chaqueta de cuero. La esperé en la sal viendo un poco de béisbol y tomándome una cerveza. El hambre me empezaba a pegar debíamos parar por algo de comer antes de irnos a celebrar, ¿celebrar qué?, cada día andaba más pánfilo. Isabella salió del cuarto haciendo ahogar con la cerveza, ella se alegro por ello.
— Te gusta lo que ves — dio una vuelta para mostrarme todo. Era loca que si me gustaba, donde estaba la chica disfrazada de bibliotecaria, cuando se había transformado. Llevaba puesto unos pantalones negros con una camisa negra, se veía un poco agresiva y hermosa
— vamos, no me tientes — le dije guiándola a la puerta.
Nos fuimos en mi coche, primero pasamos comiendo un poco de sushi, nada agradable para mi gusto pero la niña no quería hamburguesas porque engordaba y bueno me tocó complacerla pues era para que olvidara sus problemas que la invité. La comida fue rápida, claro esas cosas ni me gustaban, quede con hambre, pero ni modo. Larry's era un bar bastante privado y costoso, pero muy bueno, no lo dejaban poner a estallar y la buena música era su característica de enganche. Cuando llegamos los porteros me saludaron
— Hola, Cullen, a pasar buena noche hoy — Me dijo señalando a Isabella.
— Si, Doc, Isabella es mi esposa — Le dije enseñando el anillo — Ya sabes si la vez por aquí no la dejes pasar – Y me reí haciéndola pasar conmigo, Doc quedó mudo ante mi comentario y solo lo escuché carcajearse.
— Lo perdimos, quien lo diría.
Tomé la mesa de siempre, ya estaba reservada, había llamado antes de salir de casa. La música era mí preferida, un buen rock. La mesera llegó preguntando que deseábamos. Pedí dos cervezas bien frías.
— ¡Hey! — Reclamó de nuevo — Yo no tomó cerveza, me emparcha el estomago.
— No te quejes, es una noche a mi estilo y eso es lo que bebo — Le dije pasando un brazo por su hombro, estábamos en el mismo asiento.
— Espero entonces no terminar besando a cualquiera y borracha, sabes manteniendo tu estilo — Era imposible que no pasara un día sin sacarme en cara mi pasado, bueno no pasado, mi forma de ser escondida por la tregua.
Muy bienvenido Emmet, ¿Será importante en la historia? *ríe maliciosamente* Ok, no.
Soy yo o ¿Ed empieza a tener celos?
Como siempre, les agradezco los Reviews, favoritos y etc.
¿Qué creen que pasará ahí?
Adelanto: En el próximo capitulo sabremos cuál es la historia de Edward.
Iris.
