Capitulo 7: No me subestimes
Mundo Humano
Claro
de la cabaña
La energía comenzó a concentrarse en la palma de la garra del menos grande, como una pequeña bola carmesí de pura energía incontrolada. Aquellos destellos en todas direcciones no eran sino el preludio de algo mucho peor, algo que estaba por llegar.
¡¡Cero!! Pensó el shinigami mientras sus ojos se abrían de par en par. Conocía aquel ataque tan bien como su enemigo. El ataque más poderoso y devastador que puede usar un menos grande. Concentrando su energía en un punto, es capaz de lanzar un ataque directo de una potencia inimaginable. Apenas tenía tiempo, el tiempo de carga era mínimo, solo unos segundos..
Sin previo aviso, tan solo unos segundos después de que aparecieran los primeros signos, un inmenso rayo de energía carmesí brotó de la palma de la mano del hollow.
Con una furia desproporcionada la energía salió a toda velocidad, arrasando cuanto encontraba a su paso. Un enorme surco se formaba en el suelo bajo el rayo, a medida que avanzaba levantando tierra, roca y hierba. Incluso el aire se apartaba de su camino.
El resultado final no se hizo esperar, una gigantesca explosión de luz que iluminó toda la zona con ese brillo tan característico durante varios segundos. La tierra retumbó durante esos instantes, que se hicieron eternos, decreciendo según lo hacía la artificial iluminación que el ataque había producido.
Los dos shinigamis que combatían a lo
lejos contra nuevos hollows atraídos por la presencia del
menos grande, se giraron instintivamente al sentir la explosión.
Tanto ellos, como los vacíos recién llegados quedaron
estupefactos ante tamaña muestra de poder.
Con la
desaparición de la luz, una enorme columna de humo se había
levantado en la zona del impacto, donde era imposible ver nada desde
esa distancia.
Shibata y Hishikawa se esforzaron en dar muerte a los pequeños vacíos con toda la rapidez que pudieron. Y acto seguido, antes de que aparecieran más, corrieron hacia donde se encontraba su compañero, su teniente.
- No... no la siento. - dijo el pequeño shinigami con gafas. - La energía espiritual del teniente Hasegawa... ha desaparecido!!
Hishikawa no quería admitir lo que significaban las palabras del novato, pero era cierto. Él tampoco podía sentir ya la presencia de Hasegawa, por mucho que se esforzara. No, no podía ser verdad. Con todo lo que él había hecho aquella noche, no podía acabar así. Fue entonces cuando según corría, se fijó en el cielo, de donde seguía cayendo un aguacero. La luna, permanecía oculta por una cortina de nubes negras que no dejaban de descargar agua sobre shinigamis y hollows.
- No ha muerto. Mira al cielo.- exclamó con seriedad el gran shinigami.
- ¿El cielo?- preguntó Shibata confuso.- ¿Qué tiene que ver el cielo con el teniente?
- Bien, te lo contaré.-
dijo el fornido shinigami, que cerró sus ojos pensativo
durante dos segundos, y después, seguro de lo que iba a decir,
continuó. - Es algo que muy pocos saben, solo aquellos que
estuvimos con el teniente en el ultimo año.
La
mayoría de la gente que ve a Hasegawa liberar su zampakutoh,
deduce nada más verla, que su poder es de tipo eléctrico,
no ven mas allá...
- ¿Y que más tendría que haber?- preguntó Shibata escéptico.
- Te responderé con otra pregunta, ¿Cuando dirías que empezó a llover?- resolvió Hishikawa. Y los dos se adentraron en el lindero del bosque, donde se había producido la explosión.
Cuando los dos shinigamis llegaron al lugar del desastre, quedaron atónitos ante la devastación y destrucción resultantes del ataque del menos grande. Un enorme cráter indicaba la zona que había recibido el impacto. A su alrededor todos los árboles habían caído derribados por la explosión o tronchados por la fuerza de ésta. Sus restos aparecían ardiendo a varios metros de donde originariamente habían estado.
Mas por más miraban no veían signo alguno del teniente, no estaba por ninguna parte. Solo cabía la posibilidad de que su cuerpo estuviera sepultado por escombros o se hubiera volatilizado sin dejar rastro.
- Vaya, vaya, parece que un par de insectos han decidido que quieren jugar con los mayores...- gruñó una maliciosa voz a sus espaldas.
Los dos shinigamis se giraron al instante, solo para ver al enorme adjuca justo detrás suya, a pocos metros. Su musculoso cuerpo había sido marcado y presentaba una herida larga, que cubría su cuerpo de arriba a abajo, aunque apenas sangraba. Su mascara mostraba una mueca mezcla de satisfacción y confianza.
- Oh, ¿no os he dado suficientes
juguetes para manteneros ocupados?- rió el hollow, que
parecía no estar ni minimamente intimidado por la presencia de
los shinigamis.
Sin dejar de mirarlos alzó sus manos hacia
el cielo lentamente, deteniéndose a la altura de su cabeza, y
con la palma de las manos hacia arriba. Cerró los ojos durante
tan solo un instante, y como por ensalmo, de la nada aparecieron
varios hollows menores entre el menos grande y los shinigamis.
- Ni siquiera merece la pena que os mate yo mismo. Solo busco presas con verdadero poder, como el que tenía vuestro amigo. Aunque lo subestimé, pensé que aguantaría un poco más.- dijo a la vez que se daba la vuelta, según parecía, cansado de estar en aquel lugar. - Tsk, parece que se acabó lo bueno...
Shibata inmediatamente se puso en guardia tras la aparición de nuevos enemigos surgidos de la nada. Pero la posición de Hishikawa no había cambiado nada, en cambio su expresión sí. Era de rabia contenida, con su cara totalmente enrojecida y los puños apretados con fuerza.
Y justo en el momento en que el menos grande se dio la vuelta y acabó su frase, el fornido shinigami estalló: - ¡¡Vuelves a hacerlo!! ¡¡No nos subestimes!!
Levantó su katana en el aire, sosteniéndola con ambas manos y dijo: - ¡¡Aplasta, Kotetsukabe !!
La katana que sostenía entre sus manos inmediatamente comenzó a cubrirse de energía a su alrededor y un viento espiritual la rodeó impidiendo ver su forma. Hubo un destello en el interior y el viento se esfumó tras él, rebelando su verdadero aspecto: Un enorme martillo de guerra negro, que en su parte posterior acababa en pico. Su mango, largo y de empuñadura también negra, tenía cuatro afiladas púas a lo largo de su superficie.
Tras decir las palabras de liberación, agarró fuertemente aquel arma y lo estrelló con todas sus fuerzas contra el suelo, donde se hundió partiendo la roca a su paso. El tremendo golpe hizo temblar el suelo y la tierra que había bajo el arma estalló. Y como si de una gran ola se tratase, continuó su paso hacia delante, en dirección al menos grande, arrasando en su camino todos los vacíos menores que se habían congregado. La explosión del suelo bajo sus pies, cargada de la energía espiritual del shinigami, destrozó los cuerpos de aquellos monstruos, como una bestia con un apetito inagotable.
El adjuca se giró sorprendido al escuchar la sucesión de explosiones, justo a tiempo para saltar, esquivando la ola imparable de destrucción terrestre.
- Oh!... resulta que no sois tan inútiles después de todo. Eso podría haberme hecho daño si me hubiera dado.- gruñó el enorme vacío mientras se daba la vuelta. - Bueno, me divertiré con vosotros un rato, al fin y al cabo, el otro está muerto.
- ¿En serio crees eso? Entonces eres más idiota de lo que imaginaba.- le dijo Hishikawa con desprecio. - Hasegawa volverá y te pateará el culo, pero hasta que eso ocurra, te las tendrás que ver con nosotros, monstruo.
El enorme vacío comenzó a reírse a
carcajadas ante la osadía de aquel shinigami que lo retaba. No
podía creer que alguien de su nivel osara enfrentarse a él,
aun a sabiendas de su poder. Pero no estaba dispuesto a dejar que
nadie se burlará de su persona y mucho menos un mosquito como
ese. Lo enterraría junto al último, se decía
para sí mismo.
Volvió a relamerse una vez más
mirando a ambos shinigami. - Que empiece la caza...
Desconocido
Hasegawa se despertó sobresaltado, mirando a ambos lados nervioso. Un par de gotas de sudor resbalaban por su frente, como si acabara de salir de una pesadilla. Se encontraba tumbado sobre un tapiz vegetal, con la espalda y la cabeza apoyadas contra el tronco de un árbol. Se encontraba a la sombra, tal y como a él le gustaba dormir, pero no entendía que hacía allí.
Mientras se levantaba y avanzaba unos pasos, su mirada se detuvo en todos los detalles que lo rodeaban. Se encontraba en el claro de un bosque, a escasos metros de la cascada de un pequeño río. La orilla de éste estaba muy cerca del árbol en el que se había despertado, ideal para tumbarse una mañana y pescar. Pero si algo destacaba en aquel placido lugar, era una enorme roca que había en el centro del río. Parecía una pequeña montaña que quisiera alzarse por encima de las aguas, soñando con un día alcanzar el cielo.
Sentía que le dolía la cabeza, quizás de estar tanto tiempo tumbado, así que se llevó la mano a la frente. La sintió caliente y húmeda, y de repente un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Retiró su mano y la bajó con miedo. Al mirarla, estaba cubierta de sangre, de su sangre.
Corrió hasta la orilla del río, para verse reflejado en sus aguas. La ansiedad le podía, no sabía que estaba pasando y comenzó a asustarse. Mas al llegar a la orilla, la situación solo empeoró. Pese a estar justo encima del agua, nada aparecía ahí. Su propio reflejo había desaparecido, era lo único que no estaba.
Hundió sus manos en el agua, deshaciéndose así de la sangre que las cubría y cogió un poco con sus manos. Se echó esa agua en la cara, intentando despejarse, como si hacer aquello fuera a hacer que todo desapareciera. Pero no contento con eso, acabó hundiendo toda la cabeza bajo el agua, mientras cerraba sus ojos con fuerza. No quería abrirlos, quería que todo el dolor desapareciese. Pero no fue así, e incapaz de contener la respiración por más tiempo, sacó su cabeza del agua.
Al levantarse, el dolor aun estaba ahí, arañándole por dentro, quemándole el interior de su cabeza y quebrando sus huesos. Observó que algo le hacía sombra, cuando antes solo el sol permanecía encima suya. Y con la mirada borrosa, alcanzó a levantar la vista hacia arriba, para ver aquello que le robaba la luz solar...
Una figura se alzaba majestuosa sobre la gran roca que había en medio del río, y a cuyos pies se encontraba Hasegawa de rodillas. El perfil de su blanca figura brillaba como la más intensa de las luces, mientras el resto de su cuerpo, permanecía en la más densa oscuridad, amparado por la sombra provocada por el sol. Solo dos felinos ojos amarillos brillaban en esa oscuridad, como dos faros alumbrando a los barcos de la costa.
Unas palabras surgieron de la figura, quien con una voz seria y enfadada exclamó en alto: - ¡¿Que demonios haces aquí?! Te dejé bien claro que no quería volver a verte por aquí,... Yahei
El subcapitán se levantó alarmado y dio dos pasos atrás, alejándose de la sombra aterradora, para ver por fin a aquella figura en todo su esplendor. Al hacerlo, sus ojos se abrieron como platos y todo empezó a tener sentido. La inseguridad desapareció, así como el dolor y el temor. Ahora sabía donde se encontraba y quien estaba delante suyo,... lo que necesitaba saber, era el porqué.
Dando un paso adelante miró fijamente a la figura a sus ojos felinos. Un enorme tigre blanco se alzaba imponente sobre la roca, observándole con mirada severa. Su pelaje blanco como la nieve, estaba salpicado por lo que parecía una tormenta de relámpagos y rayos azabaches, por todas partes, pues era en lo que sus rayas se habían transformado. Y al final de cada una de sus poderosas y musculosas patas, relucían unas garras como cuchillas.
- No era mi intención venir, eso ya lo sabes. Pero si estoy aquí, es por una razón, y solo tú la conoces... Raitora.
To Be Continued
