Finalmente dentro de Devil May Cry, Vergil recostó con cuidado a la rubia sobre el sofá que yacía en el hall. Los otros dos cazadores rodearon aquel cuerpo pálido. Aún seguía inmóvil, sin mostrar rastros de vida por lo que preocupó al albino mayor. Éste apretaba con fuerza la saya de su katana y las venas se hacían notables en su piel blanca.

– ¡Es un maldito infeliz! – Aulló por fin con rabia intensa.

– Tranquilo, Vergil. De seguro que estará mejor pero tiene que hacer reposo– Lady se reincorporó del lugar donde se estaba hincada para decidirse por retirarse para darle a su compañera de trabajo algo de tiempo para su mejora.

– Me las pagará– Rechinó los dientes apretando aún más fuerte el puño.

– Antes de buscar venganza, sería mejor ir a por Dante. Hace horas que no se aparece– Volcó otro tema que también tenía peso propio. Dante no aparecía y ya casi el sol se ocultaba por completo tras la montaña de adeptos de la Orden. La noche caía tranquila, oscura y sin ningún movimiento, incluso sin movimiento ni noticia del cazador. Vergil dispuso a regañadientes a ser el que buscara a Dante para traerlo de vuelta. Caminó hacia la puerta, abriéndola lentamente cuando llegó a ella, se detuvo un momento. Miró hacia los demás y negó con la cabeza para marcharse al fin. Lady se quedó mirando al joven con preocupación.

– Él estará bien…– Murmuró no del todo segura de lo dicho, tal vez en lo más mínimo dudaba de que aquel hombre vuelva en perfecto estado pese a ser hijo de un demonio.

Vergil vagaba perdido en la ciudad sin saber por dónde comenzar la búsqueda pero de pronto sus suposiciones se vieron interrumpidas por un conjunto de demonios sin buenas intenciones. Uno de ellos corrió con su espada en el brazo, alzándola amenazante pero a la vez temeroso por aquél más fuerte. Según Vergil, es tonto enfrentársele ya que él no tendrá piedad al momento de matar a todos los que se les interpongan en sus asuntos. Pero sólo a uno le teme, sólo uno puede hacerlo dudar de sus ataques y produce algún temor absurdo en su ser. Ese es Aaron. "Es un estúpido" pensó el albino para relajarse y sentirse superior a ese ser. Cada vez que piensa en que alguien es superior a él, el fervor en su sangre aumenta. Deben entender que es hijo del príncipe del mundo demoníaco. Si eran los tres mitad y mitad, ¿cómo podría aquella persona ser más fuerte que ambos semi demonios? Si se suponen que tienen más experiencia en lucha con armas cuerpo a cuerpo. Esto no es posible. Él tiene poderes que él y su hermano no poseen, ¿dónde los aprendió?

Vergil buscaba una respuesta racional en su mente pero algo frente a sí lo hizo salirse de sus pensamientos. Una silueta púrpura de pie al lado de una roja. Boquiabierto y atónito se le heló la sangre. Era Dante quien yacía pálido e inerte en el suelo, bañado de sangre y su pecho destrozado. Cuando pudo descubrir de quién se trataba esa silueta corrió hacia él con una monstruosa espada empuñada con rabia. Se le venía encima un corte horizontal pero sus reflejos reaccionaron antes sacando su espada para bloquear ese ataque que detonaría chispas al choque brutal de ambas armas.

Aquella silueta se detuvo de espaldas a Vergil, dejando caer su brazo con la espada sujeta a su mano.

– Aaron…– Murmuró Vergil agudizando la mirada de odio hacia su hermano.

– ¿Te gusta el regalo que te dejé? – El albino menor giró con una sonrisa divertida. Parece disfrutar de matar gente o le divertía ver cómo su hermano gruñía con rabia e ira– Ya que tú no podías matarlo. Lo hice por ti. Fue bastante sencillo, no entiendo por qué no podías matarlo– Mientras hablaba, se miraba concentrado en el reflejo del filo de la Sparda como acicalándose– Esto demuestra que no eres lo suficientemente fuerte.

De pronto, una espada atravesó su ojo azul acallándolo por fin. Vergil lanzó una espada invocada para que dejase de recriminarle su bajo poder.

– Eso no te incumbe, Aaron– Respondió fríamente, serio y distante. El joven volvió a sonreírse entre risas. Un corte pasó rápidamente por la derecha de Aaron el cual puedo esquivarlo pero costó un pedazo de tela de su gabardina.

– ¡Hey! ¡Mi chaqueta!– Vociferó el joven alzando el lado derecho de sus ropajes– Esta era mi favorita…–No pudo terminar la frase que otro corte fue directo al centro de su cuerpo donde lo atravesaría de lado a lado. Luego el albino iría a toda velocidad con su respectiva espada chocando contra el suelo hacia el joven para dar un tajo que levantaría el cuerpo del menor. Seguido saltó tras él para atacarlo con varios cortes a velocidades imposibles de ver para el ojo humano donde cortaría el cuerpo del joven en distintas oportunidades. Finalmente, un corte hacia abajo recargado con máxima energía demoníaca para recostar el cuerpo herido del menor contra el cemento que conformaba las calles de la ciudad. Vergil, parado frente al cuerpo de su hermano, agitó su espada hacia un lado para escurrir la sangre que manchaba la hoja. Sereno acercó su mano al cuello del joven para arrebatarle el colgante que poseía pero, un disparo en el entrecejo y una patada en la sien, lo frenó y lo arrojó lejos. Vergil pudo reincorporarse rápidamente pero su hermano no tanto ya que estaba demasiado herido pero aún así no se le borraba su sonrisa. Esa sonrisa de maníaco, psicópata y cínico que le daba aires de asesino en serie. Por otro lado, denotaba un chico alegre, quizás bueno por dentro. Lo contrario se notaba en sus ojos, como si no fuesen los de él, tal vez sea otra persona por segundos y cambie radicalmente su forma de ser.

–Deja de hacer estúpidas suposiciones, Vergil– El joven cortó los pensamientos ajenos con una burla bastante grosera según el albino.

– ¿Es que ahora lees mentes?– Respondió el portador de la Yamato al mismo que se volvía a ponerse en pie.

–No, pero tu forma de mirar a la nada como idiotizado te delata– Asintió un par de veces con la mirada fija y, nuevamente, una sonrisa divertida.

– ¿Qué demonios le hiciste a Dante?

Aaron volteó el cuerpo para volver a mirar por unos segundos a su hermano ya muerto, nuevamente volvió hacia el otro albino y sonrió como siempre lo hace, como un loco desquiciado.

– Está muerto– Dijo sin más. Como si fuese normal matar a una persona y dejarla en su lecho de muerte con un sufrimiento interminable pero lo más doloroso es que era su hermano y lo mató como si nada. No le interesó en lo más mínimo su vida– Fue divertido– Agregó con malicia en su voz y una sonrisa macabra dibujada en sus labios.

"¿Cómo carajos hace para ser tan fuerte este infeliz?" pensaba Vergil rechinando los dientes con rabia por verlo tan feliz pese a que una persona haya caído por su culpa. Pensó en atacarlo pero sería como un suicidio ya que con tan sólo ese golpe en la sien lo había debilitado y el contrario ya andaba tan enérgico como siempre. Aaron comenzó a caminar en círculos sobre el cuerpo de Dante, observándolo detenidamente como criticando su asesinato y concluyó en voz alta que podría haber sido mejor.

–¡BASTARDO!– Gritó Vergil con las pocas fuerzas que le quedaban y con odio al escuchar tales palabras de Aaron. Esto llamó su atención y clavó su mirada bicolor en él.

–Lo sé– Afirmó bajando la mirada– Pero no es mi culpa…–Alzó la vista esbozando una media sonrisa–…pero debo admitir que me gustó verlo sufrir.

– ¡AAH!– Vergil furioso decidió atacarlo con un corte rápido pero al ver que Aaron lo esquivó con absoluta facilidad, volvió a tajar pero esta vez con más rapidez y fuerza. Un golpe con sonido sordo y chispas fue el espectáculo que aclamaba ante ambos hermanos.

–Muy lento, Vergil– Dijo Aaron sosteniendo su espada y conteniendo el ataque contrario para evitar otro corte. Vergil ejercía cada vez más fuerza, logrando que el cuerpo ajeno retrocediera poco a poco aumentaba el poder.

–Tu poder parece disminuir, Vergil…– Aclaró el joven notando poco esfuerzo por tratar de derrotarlo.

– Necesito más poder…– Murmuró Vergil mirando fijo a su hermano menor entre medio de ambas hojas.

– El poder controla todo…– Continuó Aaron sonriéndose ante lo dicho por su hermano.

– Sin poder…

–…No puedes proteger nada…

– ¡POR NO HABLAR DE LA VIDA MISMA!– Gritaron ambos terminando la frase y desviando sus espadas al aire para volver a atacar a velocidades inhumanas. Vergil cortando en varias direcciones mientras espadas mágicas salían disparadas contra el menor. Aaron, en cambio, bloqueaba ataques cuerpo a cuerpo con Sparda mientras con su mano izquierda portaba a Ombra para dispararle a gran velocidad a todas las espadas lanzadas por el albino mayor. El mayor logró hacer caer al joven con un golpe a las piernas. Durante el vuelo, propinó un corte transversal al cuerpo del menor para alzarlo al aire. Concentró su energía para alzar su cuerpo al aire teletransportándose ante Aaron para allí liberar su máximo poder demoníaco en su forma pura. A punto de tajar el cuerpo de su hermano por la mitad, este último lo detuvo con los hilos que provenían de su mano para acarrearlo de las extremidades y lanzar ese demonio azul contra el pavimento, cercano a donde yacía el cuerpo del cazador. Lanzándose hacia su hermano mayor para aterrizar ante su cuerpo adolorido estampado contra el cemento.

– ¿Tus últimas palabras?– Habló posando el corte de la Sparda sobre el cuello del albino, inmovilizando el brazo donde portaba la Yamato evitándose la molestia de volver a atacarlo. Vergil miró en esos ojos bicolores el dolor de matar a lo que quedaba de familia. Podía sentir el deseo de matarlo pero, a la vez, de no hacerlo.

– ¿Por qué lo haces?– Inquirió el mayor con seriedad en la voz.

– Porque Él me obliga…–Estaba a punto de cortarle el pescuezo cuando un misil dio de lleno contra la espada, mandándola a volar contra una pared donde allí quedaría incrustada. Rabioso miró hacia un tejado donde se retrataban tres figuras con diferentes tipos de armas en su posesión– Llegaron los invitados a la fiesta…