Capítulo 7: "Sé quién eres"
Desde el día de la fiesta, Fate ha estado trabajando duramente en el caso que están llevando en conjunto Lindy, Carim y ella, junto a sus detectives privados Signum y Ginga. Precia no sabía nada, pero el caso que estaban investigando era el del asesinato de sus maridos. Lindy sabía que tarde o temprano, esa pacífica vida que tienen acabaría arruinada por esa persona. La peliacua no quería ni podía permitir que tocaran a su familia. Ella las protegería. Ya la destruyeron una vez, no habría segunda vez. Si le contaba sobre ello a Precia, ésta se asustaría y alejaría. Ya sufrió demasiado con Leonardo y Fate, no resistiría que algo pasara de nuevo.
Era viernes y Carim se había marchado ya de la oficina porque había quedado con Rein para ir al club de Vice y Teana. Fate le había prometido que iría más tarde. Se quedó un poco más en el despacho y siguió investigando. Cuando estaba a punto de irse, escuchó llegar a Precia. La rubia sonrió al comprobar que Lindy y Precia se amaban tanto. Tanto que cuando no era la peliacua quien iba al hospital a buscar a su esposa, era viceversa. Siempre buscaban pasar el máximo tiempo juntas. Se quedó tras la puerta para esperar que ambas se fueran para salir ella, y así no interrumpirlas.
– Hola cariño. –le dijo la peliacua– ¿Cómo ha ido el día en el hospital? ¿Algún avance con el caso? –preguntó.
– Hola mi amor. –sonrió haciendo ruborizar a su esposa– Hayate ha estado estudiando de nuevo los resultados del escáner, pero no ve que haya ningún daño, pero no sé. ¿Es que ella simplemente nos olvidó? –suspiró.
– Cariño, sabes que tarde o temprano lo recordará. Y si no lo recuerda, tendréis que contárselo, ¿no?
– Lindy… ¿sabes lo que me está costando no ir corriendo hacia ella y abrazarla? Saber que está viva es una bendición, pero el saber que no me reconoce, ni a Alicia tampoco... Me duele, Lindy, me duele mucho. –hipó y la rubia se sintió culpable por escuchar la conversación desde detrás de la puerta– Nunca me perdonaré por haberme ido de Italia sin encontrarla, viva o muerta. He perdido muchos años, Lindy. No aguanto este sentimiento de culpa. –empezó a llorar.
– Precia… –la peliacua abrazó fuerte a su esposa– No te castigues así. Tú no tienes la culpa de lo que pasó. Dejar el país fue lo peor que tuviste que hacer. Y sé que estás deseando de abrazarla y no soltarla, pero ahora está aquí. La estás viendo cada día, y Hayate llevó el caso. Es la mejor neurocirujana que tenéis en el hospital. Si ella dice que no hay ningún daño, no lo hay. Y no creo que Fate os haya olvidado porque ella lo quiso. –la rubia quedó en shock, ¿había dicho su nombre?– No te preocupes. Fate recuperará la memoria, ya lo verás. Todo irá bien. –la besó dulcemente– Ahora, vámonos a casa y descansemos, ¿sí? Estos días están siendo agotadores para vosotras. Te prepararé una deliciosa cena y veremos una película o lo que quieras. –le sonrió, la peligris asintió y se marcharon abrazadas.
La rubia se había quedado petrificada. Imágenes llegaban a su cabeza. Imágenes de un hombre rubio en una habitación llena de sangre y una niña rubia escondida en un baúl llegaban a su cabeza. Lágrimas empezaron a descender por el rostro de Fate. ¿Quiénes eran y qué significaba? ¿Por qué Lindy había dicho eso? ¿Quiénes eran ellas realmente? Se sujetó la cabeza y el colgante mientras más imágenes seguían viniendo a su mente. Sintió un fuerte dolor y se desmayó mientras una última imagen venía a su mente: "Te quiero, mamá", recordó como le dijo eso a una señora peligris.
…
– Rein. –la llamó la rubia– Fate está tardando demasiado. Ya debería de estar aquí.
– ¿Va a venir Fate? –preguntó Alicia.
– Sí. Como ha dicho Carim, ya debería de estar aquí. Se quedó en la oficina para adelantar un poco más y vendría, pero tarda demasiado.
– Voy a llamarla. –dijo la de ojos azules y salió del local para llamarla.
– Alicia, ¿cuándo le harás las pruebas? Carim me ha contado que tú serás quien la opere. –le preguntó la peligris.
–Sí. Aún no lo sé, Reinforce. No sabemos si es mejor que primero recuerde quiénes somos o que recupere la visión y nos vea. Si nos ve y no nos recuerda, quizás sea un trauma mayor para ella cuando me vea. Somos idénticas, Reinforce. Idénticas salvo por la altura.
– Es una situación difícil… –suspiró.
– Rein. –interrumpió la de ojos azules– Fate no contesta.
– ¿Qué? Eso es imposible. Ella siempre contesta. –contestó la peligris.
– Algo no va bien. –dijo Carim.
– Llamaré a Lindy por si está aún en la oficina. –dijo la ojiborgoña mientras empezaba a marcar el número de la peliacua.
– Tenemos que ir en su busca. –dijo preocupada la rubia.
– Carim, buenas noches. –dijo una castaña que llegaba junto a una cobriza.
– Buenas noches, Hayate. –contestó seria la rubia.
– ¿Qué pasa? ¿Algún problema? –preguntó preocupada.
– Lindy dice que ella se marchó de la oficina hace una hora y que ella piensa que no había nadie. –dijo Alicia tras colgar.
– Rein. –la llamó aún más preocupada.
– Vámonos. Tenemos que encontrarla. –dijo la peligris.
– Voy con vosotras. –dijo la ojiborgoña y las dos chicas asintieron.
– ¿Qué es lo que pasa? –preguntó la castaña ya preocupada también.
– Fate ha desaparecido. No contesta a las llamadas y ya debería de estar aquí. –dijo la peligris.
– ¿¡Qué!? –gritó la cobriza– Nosotras también vamos.
Las cinco chicas se marcharon del local y se subieron a sus autos, yendo Rein y Carim juntas, y Hayate, Alicia y Nanoha en el auto de la última. Hicieron el recorrido que debería de haber hecho Fate desde la oficina al club, pero no la vieron por las calles. Carim tuvo la idea de localizar su móvil a través del GPS. Cuando lo localizó, se dio cuenta de que el móvil se encontraba en la oficina. Rein y ella se preocuparon mucho y condujeron más rápido hacia la oficina, saltándose algún semáforo en rojo que casi acaba en accidente. Las otras tres chicas sólo pudieron seguir el auto de la peligris. Al llegar, Carim se bajó corriendo del automóvil y se adentró en la oficina, seguida de Rein. Nanoha, Alicia y Hayate hicieron lo mismo al ver como salieron corriendo las otras dos. Todas estaban muy preocupadas.
– ¡Fate! –gritaba la rubia mientras se dirigía a su despacho– ¡Fate! –gritó al encontrarla en el suelo tirada– ¡Rein! –llamó a la peligris mientras se tiraba al suelo junto a la rubia– Fate, Fate, Fate. –la llamaba dándole golpecitos en la cara– Despierta, Fate.
– ¡Fate! –gritó la peligris.
– ¡Fate! ¡Fate-chan! –gritaron las tres chicas que se habían quedado atrás– Dejadnos a nosotras. –dijo la gemela.
– Llamaré a emergencias. –dijo la cobriza.
Hayate y Alicia se colocaron junto a Fate para tomarle el pulso. Al comprobar que respiraba, suspiraron un poco aliviadas. La colocaron mejor y esperaron a que vinieran los servicios médicos, ya que sin estar en el hospital no podían hacer mucho más. Hayate estaba preocupada ya que la rubia no despertaba. Si estaba respirando, ¿por qué no despertaba? ¿Qué es lo que estaba pasando? En el escáner no salía nada. En este caso se le estaba escapando algo y no sabía lo que era, pero lo iba a averiguar. Alicia miró hacia la mano que Fate tenía cerrada sosteniendo algo. Le abrió la mano y entonces lo vio. El colgante que le regaló por su cumpleaños y que siempre llevaba puesto. Lágrimas amenazaron con caer, pero la rubia se las limpió antes de que cayeran. Cuando llegaron los servicios médicos, se la llevaron al hospital para hacerle pruebas y comprobar qué había pasado. Alicia fue en la ambulancia con su gemela, mientras que Carim, Rein, Nanoha y Hayate siguieron a ésta. Una vez que llegaron al hospital, Rein llamó a su madre para decirle lo que había pasado. Alicia, por su parte, llamó a sus madres para contárselo también. Estaban en la sala de espera cuando llegaron Linith con Vivio y Lindy y Precia.
– ¿Qué ha pasado? –preguntó la castaña.
– Mamá. –la llamó la peligris– No sabemos qué es lo que pasó. La encontramos en la oficina. Estaba inconsciente.
– ¿Fate-mama se pondrá bien? –preguntó triste la pequeña.
– No te preocupes, Vivio. –la cargó la de ojos azules– Fate-mama se pondrá bien muy pronto. –le dio una sonrisa y un beso esquimal que hizo que no se preocupara tanto.
– ¿Están Hayate y Alicia con ella? –preguntó la señora peligris.
– Sí. –contestó la cobriza.
– Mamás. –dijo alguien a su espalda.
– ¡Alicia! –dijo la peligris– ¿Cómo está? –preguntó preocupada.
– Está bien. –dijo y todas suspiraron aliviadas– Está descansando. Hayate está viendo de nuevo el escáner, pero parece que sigue sin encontrar nada. Aun no despertó, pero está bien. Podéis pasar a la habitación si así lo deseáis.
– Alicia. –la llamó la castaña– No quiero que me engañes. No es mi hija biológica, pero la he criado como mi hija. No quiero que me dejéis fuera de nada. Quiero saber todo lo que pase en todo momento. –dijo seria.
– Lo sé, Linith-san. No le estoy ocultando nada. Lo que le he dicho es lo único que sé. Cuando llegamos a la oficina, estaba inconsciente, pero respiraba. Le hemos hecho un nuevo escáner, pero no sale nada… aun así, la doctora Yagami sigue estudiando el resultado. Fate sigue sin despertar, pero esperamos que lo haga pronto. –terminó de explicar.
– Gracias, Alicia. –dijo la castaña.
– No hay de qué, Linith-san. Ahora, por favor, síganme. –dijo y se dio media vuelta.
Todas siguieron a Alicia, quien las guio a la habitación donde se encontraba Fate. Precia, tras unos minutos en la habitación, salió de ésta y se dirigió en busca de Hayate a su despacho. Al llegar, llamó, y al obtener el permiso, entró.
– Hola, Hayate. –dijo la peligris.
– Precia, si vienes a que te dé una respuesta de lo que le pasa a tu hija, no lo sé. –la miró a los ojos– No sé lo que ha podido pasar. El resultado del escáner no dice nada. Está limpio. No hay nada de nada.
– No vengo por eso, Hayate. –suspiró– Quiero contarte algo que quizás tenga que ver con el caso. –la castaña la observó con seriedad.
– Soy toda oídos, Precia. –hizo una señal para que se sentara.
La peligris le contó que había ido a la oficina a buscar a Lindy y que estuvieron hablando sobre Fate. La castaña estaba escuchando atenta. Precia le indicó que no sabían que la rubia estaba allí y que quizás las escuchó hablar sobre ella. La castaña abrió los ojos en sorpresa y entonces entendió que lo que le pasó a Fate había sido un episodio de lluvia de recuerdos. La castaña se quedó más tranquila tras saber eso, lo que indicaba que la rubia pronto recuperaría sus recuerdos. Tras esa conversación, Hayate tranquilizó a la peligris y regresaron junto a las demás. La castaña les indicó que la rubia se quedaría ingresada hasta que despertara, por lo que debían irse a casa a descansar. Fate estaría vigilada en todo momento y no le pasaría nada. Si hubiera algún cambio en su estado, serían avisadas rápidamente. Linith dijo que aun así se quedaría con ella en todo momento. Carim y Rein se llevaron a la pequeña Vivio y prometieron volver al día siguiente. Lindy y Alicia regresaron a casa también. Precia prefirió quedarse con Linith por lo que pudiera pasar. Nanoha no quería irse, pero al final se marchó ya que al día siguiente tenía guardia. Linith se acercó a su hija y le dejó un tierno beso en su frente, teniendo como reacción que la rubia se relajara. Las dos se sentaron junto a la rubia.
A media noche, la rubia empezó a moverse como si estuviera teniendo pesadillas. Sus dos madres se despertaron y situaron a su lado. Precia le acarició la cabeza, retirándole algunos mechones de pelo de la cara. La rubia empezó a susurrar y hablar en sueños.
– Te quiero, mamá. –dijo haciendo que la peligris abriera los ojos en sorpresa– Mamá… ¿dónde estás? ¿Por qué no vienes? ¿Por qué no me encuentras? –seguía hablando mientras que sus madres se miraban entre ellas.
– Fate… –la peligris tomó su mano– Estoy aquí hija, estoy aquí. –decía mientras lágrimas comenzaban a caer– Nunca más me iré. Nunca me separaré de ti. –seguía diciéndole mientras acariciaba su mejilla– Yo también te quiero, hija. –le dio un beso en la frente y la rubia se tranquilizó y siguió durmiendo.
– Precia… –la llamó la castaña mientras le ofrecía un pañuelo.
– Lo último que me dijo fueron esas palabras, Linith. Fue la primera y única vez que me dijo que me quería. Me duele, Linith. Me duele el no haberla encontrado. Me duele el no haber luchado hasta el final. Me duele haberme perdido tantos años de ella. Me duele que esté aquí y que yo no pueda hacer nada. Me duele mucho que no me recuerde y que yo no pueda abrazarla como me gustaría. –siguió llorando.
– Precia… –puso su mano en el hombro de la peligris– Recuperará la memoria y podrás recuperar a tu hija. No me puedo imaginar el dolor que has tenido que soportar todos estos años, pero ahora todo está bien. Está aquí y está viva. –le sonrió y la peligris le devolvió la sonrisa.
Tras eso, todas quedaron dormidas hasta la mañana siguiente. Linith fue la primera en despertar, seguida de Precia. La peligris se iba a dirigir a la cafetería a pedir unos cafés para la castaña y para ella, pero justo al abrir la puerta, la rubia despertó.
– Mamá… –dijo casi en un susurro.
– Fate. –se volteó la castaña hacia su hija– ¿Cómo te encuentras?
– Iré a llamar a Hayate. –dijo la peligris y la castaña asintió.
– Precia… –la llamó la rubia– ¿o debería de decir mamá? –la castaña y peligris abrieron los ojos en sorpresa.
– ¿Qué? –susurró la peligris.
– Sé quién eres. –dijo la rubia.
Esta semana, doble capítulo 😆
Espero que os haya gustado, y como siempre, GRACIAS por el apoyo 😊
* Saizoh: Poco a poco, la trama se va a ir resolviendo... No desesperes por el mafioso... Aquí ya te di una pista de lo que están investigando...
* LostNeko120: Fate aún no está preparada para recibir un beso de Nanoha, ella sigue pensando que Yuuno es su novio y todo lo que dijo fue efecto del alcohol... Pronto sabremos qué pasará...
* KatitoHTT: A mí me pasa lo mismo. Me gusta la pareja formada por HayateXCarim, HayateXReinforce y HayateXSignum. Es muy difícil decidir con quién emparejar a la castaña! 😂😂
*Danael: Me alegra saber que estás tan clavada en la historia. Muy pronto veremos qué pasa con Nanoha y Fate. No desesperes.
