Aclaración:

Los personajes de Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Advertencia: OOC


-6-


Hinata entró en el saloncito del desayuno y sintió una punzada de temor al ver que Naruto ya estaba allí. Bebía una taza de café negro, como siempre lo había tomado, y leía el Times, que se apresuró a dejar a un lado cuando la vio. El criado le llevó a Hinata una taza de chocolate y un platito de fresas y después se retiró a la cocina. Naruto le acercó la silla para que se sentara.

-Buenos días -murmuró él, echando un vistazo a su rostro. No se le escaparon las sombras que Hinata tenía bajo los ojos-. ¿No has dormido bien?

Hinata negó con la cabeza. -Estuve horas despierta.

-Deberías haber venido a verme -dijo él, con expresión inocente salvo por la chispa maliciosa que brilló en sus ojos-. Podría haber ayudado a que te relajaras.

-No, gracias -respondió rápidamente Hinata. Se llevó una fresa a los labios, pero antes de que pudiera probarla, un repentino acceso de risa la ahogó y tuvo que dejar el tenedor sobre la mesa.

-¿Qué pasa?

Ella apretó los labios, pero solo logró empeorar su risa contenida. -Tú -jadeó-. Me temo que necesitas desesperadamente un sastre.

Naruto se había puesto algunas de sus viejas prendas y parecía sumergido en pliegues de tela sobrante. La chaqueta y el chaleco le colgaban sin vida y los anchos pantalones se mantenían en su sitio de milagro. En el rostro de Naruto apareció una sonrisa de interrogación y, finalmente, dijo en tono apesadumbrado: -Me gusta oírte reír, cariño. Incluso cuando yo soy el motivo.

-Lo siento, yo... -De nuevo, Hinata cayó presa de la risa. Se levantó de la silla y fue hacia él, con ganas de investigar más de cerca-. No puedes andar por ahí con este aspecto... Tal vez algunas puntadas aquí y allá ayudarían...

-Lo que tú digas.

Naruto se reclinó en su silla y sonrió al verla revoloteando en torno a él.

-¡Pareces un verdadero vagabundo! -exclamó Hinata.

-De hecho, he sido un vagabundo -dijo él-. Hasta que regresé a ti.

Los ojos de Hinata se encontraron con los suyos; aquellos ojos azules, ahora brillantes de regocijo. A Hinata se le cortó la respiración cuando, sin querer, tocó el firme estómago de Naruto y sintió el calor que brotaba a través de su fina camisa de hilo. Retiró la mano de inmediato.

-Discúlpame, yo...

-No. -Él la tomó rápidamente de la muñeca.

Se quedaron mirando, quietos y en silencio. Naruto presionó ligeramente su muñeca. Habría sido muy fácil atraerla y hacerla caer sobre su regazo, pero prefirió permanecer inmóvil. Parecía que Naruto estuviera esperando algo, con aquella expresión extasiada, mientras el movimiento de su pecho al respirar alcanzaba un ritmo muy superior al normal. Tuvo la sensación de que, si daba un solo paso hacia él, la tomaría en sus brazos... Tembló de excitación ante aquella posibilidad. Le miró la boca y recordó su calor y su sabor... Sí, quería que la besara... Pero antes de que pudiera mover sus pies, que parecían de plomo, Naruto la soltó, exhibiendo una sonrisa torcida.

Hinata esperaba sentirse aliviada, pero en lugar de eso sintió una gran desilusión. Confundida por su inexplicable reacción ante Naruto, volvió a su silla e inclinó la cabeza sobre el plato de fresas.

-Partiré a Londres mañana a primera hora -comentó Naruto, despreocupadamente.

Sorprendida, alzó los ojos hacia él.

-¿Tan pronto? ¡Pero si acabas de llegar!

-Tengo que ocuparme de algunos asuntos, incluida una reunión con el señor Hatake, con nuestros banqueros y nuestros abogados. -Al ver la expresión interrogante de Hinata, agregó-: Es para solicitar algunos préstamos.

-Estamos endeudados, entonces -dijo Hinata, sombría, sin sorprenderse ante aquellas noticias.

Naruto asintió e hizo una mueca de fastidio. -Gracias a las malas gestiones de Suigetsu.

-Pero contraer más deudas... -preguntó Hinata-. ¿Eso no comprometerá la propiedad más de lo razonable?

Naruto le dirigió una sonrisa breve y tranquilizadora.

-Es la única manera de salir de esta situación. No se preocupe, señora... No tengo intenciones de fallarle.

Hinata seguía frunciendo el ceño, pero cuando volvió a hablar, sacó a colación un problema completamente diferente.

-¿Es el único motivo por el que vas a Londres? Supongo que también querrás ver a algunos viejos amigos. - Calló un instante y bebió un sorbo de su chocolate, para mostrar despreocupación-. A Lady Shizuka, por ejemplo.

-No paras de mencionar su nombre -se quejó Naruto-. No es muy halagador que desees arrojarme a los brazos de otra mujer.

-Solo preguntaba. Hinata no sabía qué la había impulsado a mencionar aquel tema. Se obligó a comer otra fresa mientras esperaba.

-Ya te dije que no me interesa -dijo él sin rodeos.

Hinata luchó para que no se notara la misteriosa sensación de alegría que la invadió. Su mente le repetía que era conveniente que Naruto reanudara su romance con lady Shizuka, lo que la liberaría a ella de sus indeseadas atenciones.

-Cabría esperar que la visitaras, después de estar ausente tanto tiempo. En otra época fueron muy allegados.

Naruto hizo una mueca de desagrado y se levantó de la mesa.

-Si ese es el rumbo que toma tu charla esta mañana, creo que me voy a hacer cualquier otra cosa.

Mientras se incorporaba, se oyó un discreto golpe en la puerta y acto seguido apareció el impasible rostro del palafrenero jefe.

-Lord Uzumaki, tiene una visita. -Tras el asentimiento de Naruto, le tendió una bandeja de plata con una tarjeta. Naruto la leyó con una expresión indescifrable en el rostro.

-Hazlo pasar -indicó-. Lo recibiré aquí.

-Sí, milord.

-¿Quién es? -preguntó Hinata cuando salió el criado.

- Indra Otsutsuki.

El marido de Hanabi. Hinata contempló a Naruto con curiosidad, preguntándose por qué su reacción era tan indiferente, apática incluso. Durante años, Indra, lord Otsutsuki, había sido uno de sus mejores amigos, pero la expresión de Naruto era la de alguien que se enfrenta a una obligación indeseable. Se quedó mirando la puerta y, cuando oyó el sonido de unos pasos que se acercaban, apareció una sonrisa en sus labios... pero no era natural. Era la expresión de un actor que se prepara para salir al escenario.

Lord Otsutsuki entró en la habitación con el rostro resplandeciente de emoción y felicidad, dos sentimientos atípicos en él, famoso por su mal carácter. No cabía duda sobre su auténtica alegría al volver a ver a Naruto.

-¡Uzumaki! -exclamó, mientras se acercaba a él para darle un breve pero fuerte abrazo.

Ambos hombres rieron y se apartaron para contemplarse el uno al otro. Aunque lord Otsutsuki había ganado peso, no igualaba la imponente envergadura de Naruto. Sin embargo, también era un hombre robusto y musculoso y su pasión por los caballos y por el juego rivalizaba con la del propio Naruto. Cabello castaño oscuro, de piel clara y ojos profundamente oscuros, Otsutsuki era un hombre apuesto y atractivo... cuando quería.

En muchas ocasiones dejaba fluir su mal carácter, frecuentemente con resultados desagradables. Después, de forma indefectible, se disculpaba, con un encanto y una sinceridad que hacían que todos lo perdonaran. Aunque a Hinata le hubiera gustado mucho más de no estar casado con su hermana.

-¡Por Dios, hombre, pero si eres la mitad de lo que eras! -exclamó Indra, riendo-. Y estás moreno como un salvaje.

-Y tú estás igual -respondió Naruto con una sonrisa-. Exactamente igual.

-Debería haber sabido que engañarías al diablo. -Indra lo miró con abierta fascinación-. ¡Estás tan cambiado! Tal vez no te habría reconocido si Hanabi no me hubiera contado lo que me iba a encontrar.

-Me alegro de volver a verte, viejo amigo.

Indra le respondió con una sonrisa, pero su penetrante mirada permaneció clavada en el rostro de Naruto. El ánimo de Indra se ensombreció de pronto y Hinata sabía por qué. Otsutsuki no era tonto y se veía enfrentado al mismo dilema al que se habían enfrentado todos. Si aquel hombre era Naruto, estaba muy cambiado... y si era un desconocido, se trataba de una réplica asombrosamente convincente.

-Viejo amigo -repitió Indra con cierta cautela.

Percibiendo la ansiedad de Indra por recibir alguna prueba, Naruto soltó una ruda carcajada que hizo que a Hinata le diera un respingo.

-Bebamos una copa -le dijo a Otsutsuki -. No importa la hora. Me pregunto si queda alguna botella de ese Martell del noventa y siete o si el condenado ladrón de mi primo político liquidó hasta la última gota.

Otsutsuki se tranquilizó de inmediato. -¡Sí, el Martell! -exclamó, con un aullido de feliz alivio-. Veo que recuerdas cuánto me gusta.

-Recuerdo aquella noche, en el hipódromo, en que por culpa de tu afición a la bebida por poco nos dan una paliza. Indra estuvo a punto de desfallecer de la risa.

-¡Estaba borracho como una cuba! Y verdaderamente encaprichado con aquella ramera del vestido rojo...

Naruto lo interrumpió, carraspeando discretamente, y dijo:-Dejemos esos recuerdos para cuando mi esposa no esté presente. Otsutsuki, que solo entonces advirtió la presencia de Hinata, farfulló una disculpa.

-Perdóname, Hinata... Estaba tan impresionado al ver a Uzumaki que temo que no me di cuenta de que te encontrabas aquí.

-Es muy comprensible -dijo Hinata, intentando sin éxito esbozar una sonrisa.

Ver a los dos amigos juntos le traía un tropel de desdichados recuerdos. Era como si se estimularan mutuamente las peores características de su carácter: el egoísmo y aquella insufrible actitud de superioridad masculina. Dirigió a Naruto una mirada de incomodidad. Si no era su esposo, entonces poseía la habilidad de un camaleón para convertirse en lo que los demás esperaban de él. Indra dirigió a Hinata una mirada de falsa solicitud.

-Mi querida cuñada, dime, ¿qué se siente al tener de regreso al difunto amado? -En sus ojos oscuros había un destello burlón. Por supuesto, conocía todo lo referente a su infeliz matrimonio y, además, había propiciado muchas infidelidades de Naurto.

Hinata respondió sin mirar a ninguno de los dos. -Estoy muy complacida, desde luego.

-Desde luego -repitió Indra con mofa.

Naruto rió con él y su compartida diversión llenó a Hinata de resentimiento.

Sin embargo, cuando observó cómo Naruto miraba a Indra cuando este no lo advertía, le pareció que no sentía el menor afecto por aquel hombre. Por todos los cielos, ¿qué era lo que estaba pasando?

Perturbada, Hinata se quedó sentada a la mesa, jugueteando con los restos de la comida mientras los hombres se marchaban. Naruto iba a volverla loca, sin duda. ¿Debía confiar en la evidencia que tenía frente a sus ojos, o en unos sentimientos en constante cambio? Se acercó al sitio que Naruto había dejado vacío y tomó su taza, tocando allí donde las manos de él habían tocado, y cerró los dedos en torno a la delicada porcelana.

«¿Quién es?», pensó, llena de frustración.

Tal como había anunciado, Naruto partió al día siguiente, muy temprano. Apareció en el cuarto de Hinata cuando ella comenzaba a despertarse y la luz de la mañana avanzaba entre los pliegues del dosel. Al notar que no estaba sola en la habitación se sobresaltó y se subió las mantas hasta la barbilla.

-Naruto -dijo con voz ronca por el sueño.

Él se sentó en el borde de la cama y ella se hundió aún más en la almohada.

Una sonrisa iluminó el bronceado rostro de Naruto.

-No podía irme sin verte una última vez.

-¿Cuánto tiempo estarás ausente? Pestañeó, incómoda, sin atreverse a hacer ningún movimiento cuando vio que Naruto tendía la mano hacia su oscura trenza.

-No más de una semana, espero. -Acomodó la trenza sobre la palma de su mano, disfrutando de su textura, y volvió a dejarla con cuidado sobre la almohada-. Se te ve tan cómoda y abrigada -murmuró-. Ojalá pudiera estar ahí contigo.

La idea de que Naruto se metiera entre las mantas, junto a ella, hizo que su corazón se contrajera, alarmado.

-Te deseo buen viaje -dijo, sin apenas aliento-. Adiós.

Naruto sonrió ante la evidente ansiedad de Hinata por que se fuera.

-¿No vas a darme un beso de despedida? -Se inclinó sobre ella, sonriendo frente a su rostro angustiado, y aguardó su reacción. Al ver que ella permanecía en silencio, rió disimuladamente y su aliento a café le rozó la cara-. Muy bien. Lo pondremos en la cuenta. Adiós, cariño.

Cuando Naruto se levantó de la cama, Hinata permaneció con las mantas subidas hasta la barbilla hasta que cerró la puerta tras él. Saltó de la cama a toda prisa y corrió hacia la ventana. El carruaje de los Uzumaki, con su tiro de cuatro caballos y sus colores característicos, Naranja y negro, se alejaba ya por el sendero bordeado de árboles.

En su interior bullía una extraña mezcla de sentimientos: alivio ante su partida, pero también cierta tristeza. Cuando Naruto se marchó la última vez, ella intuyó que no volvería a verlo. ¿Cómo había conseguido regresar a casa?

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continuara