Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece, son todos de J. K Rowling.

8.-Valiente traidor y canalla

Cuando despertó, se dio el lujo de estirarse y bostezar profundamente, pero segundos después, un brinco de exaltación la sacó de la cama de un solo golpe.

Giró la vista de manera veloz, el profesor Snape había desaparecido. Se colocó los zapatos rápidamente, topándose con Madame Pomfrey al cruzar la puerta de salida.

– ¿Necesita algo señorita Granger? –preguntó amablemente la enfermera. Para su sorpresa, tenía el rostro triste.

–No, yo solo… venía, es que bueno… anoche me dolía un poco la cabeza, el profesor Snape me dio una poción y ahora me voy a clases, muchas gracias, Madame, que tenga un lindo día–dijo la castaña cortésmente.

Y la joven salió corriendo de la enfermería.

Se dio una ducha veloz, se cambio y peino en unos minutos, y bajo a comer algo. Pero antes de salir, retiró el bastón negro brillante del cajón de su mesita de noche y lo guardó en su mochila.

Llegó al Gran Salón y se sentó junto a sus amigos, teniendo que tragarse el nudo en su garganta. Remus…

– ¡Buenos días Hermione! ¿Donde estuviste anoche? –Saludó Ginny alegremente.

– ¡Buenos días! –Saludaron la mayoría de sus amigos sentados en la mesa.

– ¡Buenos días! Es que… tuve que ir a enfermería, me dolía un poco la cabeza– Se sentó y pidió un poco de leche con chocolate y pan tostado. Al menos estaría a tiempo para sus clases…

– ¿Ya se dieron cuenta que ni Dumbledore ni Snape están en la mesa de profesores? – dijo Patil mientras comía una salchicha de manera voraz.

–Tal vez, tienen asuntos que atender. Aunque ahora que lo pienso, el murciélago actúa muy raro durante las clases–

Hermione casi se ahogó con la leche, pero fingió no prestar atención a la conversación de sus compañeros. "Lo que me faltaba"- pensó con frustración.

–Tal vez esté enfermo– dijo Seamus, inclinándose a susurrarlo.

–No creo que tengamos tanta suerte– dijo Ron, para después tomar algo de jugo pasando su bocado de pan.

–Patil y Parvatin dicen que ayer, hubo una explosión en su aula con los de tercer año, al parecer no puede ver nada y una de las pociones estuvo mal hecha. Dumbledore estaba furioso con él– intervino Neville con voz temblorosa.

Hermione sintió un escalofrió recorrerle el cuerpo, giró la vista incomoda. "¡Una explosión! Merlín, por favor que esté bien"

– ¿Piensan que está ciego? –preguntó una chica de cuarto año extrañada.

–Se rumora que sí. Aunque pienso que es más que obvio– inquirió Ginny de manera relajada.

"Como si fuera tan fácil" pensó Granger para sí.

– ¡Hurra! ¡Al fin Dumbledore no podrá dejar que ese murciélago grasiento nos atormente! ¡No podrá continuar aquí siendo profesor y por fin hará algo bueno por nosotros!– Celebró Ron.

Hermione sintió su sangre hervir de un momento a otro y apretó los labios con furia sin medir lo que diría.

– ¡¿Qué?! ¿Cómo puedes ser tan inconsciente Ron? ¡El ha sido profesor de Hogwarts por años y ha protegido a todos sus habitantes! No entiendo cómo puedes decir tanta barbarie; además el profesor es miembro de la Orden del Fénix, no puedes faltarle al respeto de esa manera– todos las personas en la mesa se giraron a mirarle.

– ¿Por qué lo defiendes Hermione? Podría jurar que te agrada, ni a mí me defiendes así–protestó Ron con un gesto de extrañeza en el rostro.

–Si Herms, siempre ha sido un bastardo con nosotros… y no confío en él y su "estadía" en la Orden…– dijo Harry, interviniendo por primera vez en la que se había convertido en una discusión.

Hermione sintió sus ojos llenarse de lágrimas por el antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero intentó contenerse y no mostrarles su momento de debilidad.

– ¡Tu eres el menos indicado para decir eso, Harry! El profesor te ha ayudado en lo que le ha sido posible, ¡Y lo sabes perfectamente bien! – Hermione se puso de pie y tomó su mochila dedicándoles miradas de represión– No sirve de nada hablar con ustedes.

Y salió de allí, ante la mirada de los otros dos miembros del trió de oro, quienes terminaron de desayunar.

Hermione entró a las clases de Transformaciones, Aritmancia y Encantamientos, antes de llegada la tarde.

Se preguntaba constantemente cuando los buscarían para… bueno, para decirles la fatídica noticia de la muerte del profesor Lupin. Suponía que la reunión sería antes de llagada la noche.

Las palabras de sus compañeros de casa le rondaban la cabeza, una y otra vez.

¿Cómo podían dudar de la lealtad de Severus cuando había quedado ciego por su situación de espía? Suerte que no había perdido la vida de una manera muy lenta y dolorosa.

No quería imaginarlo, pero constantemente, en su mente aparecía la imagen del profesor tirado en el suelo, temblando, bajo el pie del Señor Oscuro…

Bueno, tampoco la actitud del profesor ayudaba mucho para que su lealtad no fuera cuestionada. Oscuro, misterioso… siempre solitario. Pero ahora que estaba ciego, seguramente algo de compañía no le vendría mal.

"¡El bastón! ¡Rayos, como puede ser tan desconsiderada!" – Recordó preocupada. Había pensado dárselo a la enfermera, pero con el alboroto…

Revisó su mochila, encontrando el bastón entre sus libros, lo dejó ahí, y se dirigió corriendo a las mazmorras.

"Bueno, ¿Y cómo explico que lo tenía yo?"

"Ahhh, me lo dio Madame Pomfrey ayer…"

"Eso es mentira"

"Mione, no te reprimas a ti misma… te volverás loca si lo haces"

Tocó la puerta de madera del aula de pociones, pero nadie contestó. Pudo darse cuenta que se encontraba entreabierta.

– ¿Profesor? –preguntó asomando lentamente la cabeza a la estancia.

– ¿Sí, Granger? Adelante– la voz de Snape era ronca, como si hubiera algo que le incomodara.

Se sobresaltó terriblemente y giró a ver el sillón que le daba la espalda detrás del escritorio.

Severus no lograba ubicarla aún dentro de la estancia.

–Yo…–comenzó a decir la Gryffindor.

– ¿Durmió bien? –preguntó espontáneamente el experto en pociones, aún sin girar el sillón y mostrarse.

Hermione se sorprendió de su pregunta, pero amablemente, contestó:

–Excelente, señor, gracias.

–Profesor, yo... Madame Pomfrey me mandó a entregarle su… su bastón–

La joven se acercó a él, lo supo por sus marcados pasos. Hermione notó el semblante triste de Severus, pero se exigió no hacer comentario alguno. Colocó el bastón sobre la mano de Snape quien lo tomó, se giró, y lo depositó en la mesa.

–Gracias…– susurró apenas de mala gana.

–De nada. Y, quería agradecerle lo que hizo por mi ayer…– concluyó con hilito de voz la joven leona.

–No tiene nada que agradecer, yo era la única persona próxima. Estoy seguro que si alguno de sus compañeros hubiera estado ahí, no hubiera necesitado de mí…consuelo–objetó el profesor.

Hermione miro avergonzada el suelo.

–Profesor… de verdad, yo quería… quería decirle que puedo ayudarle con sus clases. Sé que no le… yo sé que no le agrado, pero en algo podré ayudarle, lo intentaré.

– ¿Tan lastimosa es mi imagen, Granger? –preguntó Snape con cierto enojo. Hermione se desconcertó por su manera de hablar…

–No, señor, yo…

– ¡Basta! En que me podría servir la ayuda de una niña tonta. Yo no necesito de su lastima y tampoco la quiero, será mejor que regresé a su sala común antes de que deje a Gryffindor fuera de la copa de las casas... –contestó el profesor.

No podía soportar la cercanía de la joven, su olor, su preocupación, sus palabras suaves y dulces quemándole los oídos. Era simplemente odioso e irritante.

No creía merecer su ayuda; por un lado el hecho de que eso la distraería de sus estudios. No haría eso jamás.

Si de alguno de sus pupilos podría llegar a sentirse orgulloso, esa sería Hermione Granger.

–Usted no entiende…–susurró Hermione.

– ¿Disculpe? ¿No entender qué?

Granger apretó los puños con furia, queriendo retener las palabras que apremiantemente querían liberarse.

Un ligero toque en la puerta del aula provocó que Hermione, por inercia, girara la vista y dejará de apretar las maños.

Era un elfo domestico.

–Señor, el director mandó a Falco para que Falco le dijera al profesor Snape que le necesitaba ver en su despacho, señor. –dijo al elfo de manera algo atropellada.

Severus asintió levemente. "¿Habrá algún día bueno a partir de ahora?"-se cuestionó cansado.

–Deben estarla buscando Granger. Como sabrá, existen algunos asuntos que tratar– Snape se puso de pie lentamente, tomó el bastón entre sus manos, a su toqué se hizo aún más pequeño, y lo guardó en su bolsillo. Finalmente, resignado a su mal destino, dijo: –Venga conmigo–

Hermione se mordió los labios. El hombre salió del cuarto directo al pasillo, ella le siguió de cerca, sin embargo, la joven no podía evitar sentir que los nervios la consumían. "¿Y si tropieza? ¿Y si no sabe a dónde va?"Se atormentaba.

–A mi lado, Granger–dijo el profesor a manera de orden.

Hizo caso sin rechistar.

Para desgracia del profesor, necesitaba de su ayuda para llegar al despacho de Albus Dumbledore.

–Usted merece mi respeto y admiración, pero no mi lastima. Jamás mi lastima–dijo Hermione, reuniendo ese valor que le caracteriza y a los de su "sangre".

–Granger…–Snape alzó la mano, con un tentativo movimiento, le tomó del hombro. Hermione, con su hábil mente, notó sus intenciones. Buscaba utilizarla de guía. No dijo palabra, y comenzó a caminar.

Severus experimento un sentimiento que jamás pensó que vendría de algo que le hubiera dicho a un alumno. La culpa. Si, la mocosa esa solo quería ayudarle, no tendría que haber sido tan déspota.

Caminaron un rato, sin encontrar a muchas personas a su paso, los pocos estudiantes que iban a algún lugar, le miraban como si le encontraran como un borrego que se dirige al matadero.

Al llegar, Albus Dumbledore les esperaba, en compañía del niño que vivió, Ginny Weasley y su hermano.

Hablaban suavemente y en los ojos de Harry Potter se leía una preocupación inminente.

–Severus, que alegría saludarte–sonrió el director–veo que nos has seguido el paso trayendo a la señorita Granger…

–Buenas tardes, director–saludó solemne el Slytherin.

Harry ya se había cansado de preguntar lo que sucedía, sin obtener respuesta alguna.

–Bueno, estamos listos. Vamos–Se tomaron de las manos, y desaparecieron del extravagante despacho del anciano hombre.

La Mansión Black guardaba silencio, como sintiendo el dolor de sus habitantes.

La sensación de mareo para Severus fue horrible. Negro, solo negro lograba percibir, todo le daba vueltas y sitió los arqueos de nauseas oprimirle hasta las ideas.

Pasaron unos segundos, pasos resonaban. Muchos pasos. Rápidos, furiosos, extasiados, se acercaban a ellos.

– ¡Aquí estas, maldito traidor! –Un golpe fue lo siguiente que vino.

Fue lanzado contra la pared y una figura encolerizada le tomo por el cuello de la túnica.

– ¡Maldito Mortifago! ¡Yo sabía que no debía confiar en ti! ¡Es tu culpa lo que se sucedió a Remus!¡Tu lo asesinaste! –gritó Sirius con odio en la mirada.

Harry se quedó blanco, las piernas le comenzaron a temblar y simplemente atino a sentarse en las escaleras de Grimund Place.

Y Albus Dumbledore sabía que eso no era como planeaba decirles a los muchachos.

Los gritos de Molly y la joven Granger se confundían con las palabras de Black.

Con fiereza, Severus Snape intentó golpear al hombre que le había atacado primero, pero no pudo hacer mucho. Daba golpes inútiles, pero atinó a golpearle una vez en el torso.

– ¡Sirius Black! ¡Black! ¡Basta! –le gritó la madre de Ron Weasley.

Fue un encantamiento expulsor proveniente de Albus Dumbledore lo que finalmente quitó al animago del cuerpo del hombre ciego.

Alastor ayudó a levantarse al último miembro de los Merodeadores y sobreviviente del velo en el departamento de Ministerios, apretándolo para evitar que volviera a lanzarse contra el profesor de pociones.

Potter lloraba con la cabeza encerrada entre las manos. "Es una pesadilla, solo eso" – intentaba murmurar como letanía. Ron se sentó a su lado. No pudo mencionar palabras.

– ¡Él lo asesino, director! ¡Una vez Mortífago, siempre mortífago! ¿Quién más podría crear un veneno como ese? Seguramente se la entrego al canalla de Malfoy –Snape se retiraba la sangre del labio apaciblemente– ¡Mírame cuando te hablo, Snivellus! –La voz quebrada de Sirius, su ira, se convirtieron en lágrimas en los presentes.

El mentó de Severus se hallaba morado y su labio estaba abierto, sangrando y manchando su siempre pulcra túnica.

– Estoy ciego, imbécil–

Sirius palideció repentinamente. ¿Ciego? ¿Pero qué…?

–Yo no asesiné a Lupin… pero no hay nada que tenga justificar contigo, Black.

Un silencio incómodo se instaló sobre todos.

Hermione, con lágrimas silenciosas, colocó su mano sobre el hombro de Snape.

– ¿Puedo colocarle algo de hielo ahí? –Hermione notó los ojos llorosos de Snape, pero permanecía con el mismo gesto inerte de siempre.

El hombre se levantó lentamente, y se irguió cual alto era.

–Me parece buena idea, Hermione–dijo Dumbledore, tratando de dedicarle una sonrisa tranquilizadora.

Ambas figuras desaparecieron a la biblioteca de la residencia Black.

Kingsley Shacklebolt se acercó a Dumbledore y con tacto intentó proferir: –Lo cierto es, y lamento tener que decirlo en este momento, que el ministerio lo ha colocado como sospechoso también. La poción Matalobos… fue comprobado que era suministrada por Severus.

Tonks salió corriendo por las escaleras, y no volvió a aparecer en toda la noche.

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Nuevo capítulo, perdón por no contestar los mensajitos.

¡Muchas gracias a todos!