Disclaimer: Los personajes no me pertencen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

La historia está escrita desde el punto de vista de Alice.

Los personajes de esta historia son HUMANOS.

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8.

Al fin era sábado por la mañana. La tarde anterior había llevado a mi cobaya a casa de Rosalie, lo que alegró mucho a Robert. Al final, había ido a ver a Jared el viernes, ya que ya no tenía que pasar el día con Jasper y Maria. Pasamos la tarde juntos en mi apartamente. No nos tocamos ni hicimos nada, pero hablamos mucho y yo me quedé más tranquila.

- Alice, alegra esa cara! - eclamó Jacob, abrazándome por la cintura.

- Perdona. - murmuré.

- ¿Piensas en Jared?

- Entre otras cosas.

- Va, sonríe un poco. - besó mi mejilla y me cogió de la mano. - Vamos con los demás. Está preocupados.

- ¿Por qué?

- Tu siempre eres el alma de la fiesta y hoy estás un poco tristona. - pellizcó mi mejilla y me sonrió.

- Eso va a cambiar.

- ¿Prometido?

- Prometido. - nos dimos un breve abrazo y fuimos hacia la cafetería del aeropuerto, donde ya estaban todos. - hola chicos. - dije en tono alegre y todos sonrieron al momento.

Me senté entre Jacob y Bella y cogí el café que me tendía el doctor Cullen, que se venía con nosotros. Al menos, habría un médico con los enfermeros, ya que el padre de Jacob era el director del hospital y tenía que quedarse allí.

- ¿Cuanto falta para que salga el avión? - preguntó Bella.

- Una hora. En un rato iremos hacia el avión. - dijo Jacob, que no dejaba de abrazarme. - ¿Qué, preciosa? ¿Como lo llevas? - me dijo al oído. - ¿Te encuentras mejor?

- Si, Jacob. Estoy muy bien.

- Mejor. Porque quiero ver a la Alice que tanto quiero.

Jacob era tan cariñoso y amable que me hacía quererle mucho. Era como el hermano que nunca tuve.

Al fin nos fuimos hacia el avión. Nos acomodamos en nuestros asientos y yo me tomé una pastilla para dormir que me había recetado el doctor Cullen. Tenía pánico a los aviones y Bella lo sabía. Por eso me cogió de la mano hasta que me quedé dormida. Y cuando desperté, nuestras manos seguían unidas.

- ¿Hemos llegado? - dije, quitándome las legañas. - Porfa, dime que hemos llegado.

- Hemos llegado. - dijo, acariciando mi mano, sonriendo.

- Que mentirosa que llegas a ser, Bellita. - dije, poniendo bien el respaldo de mi asiento. - pero gracias por intentar que no lo pase mal.

- Eres como una hermana, y te quiero. Me haces sufrir con esos ataques de pánico que te dan.

- A mi no me dan ataques de pánico. - dije, aunque Jacob se carcajeó detrás de nosotras, por lo que me quité el cinturón y me lancé sobre él, que me recibió con los brazos abiertos.

- Ey, chicos! Alice ha vuelto! - gritó, y todos nuestros compañeros empezaron a aplaudir. - Va, Alice, no sobes tanto. Como se entere Leah, es capaz de coger un avión y venirse.

Sabía que solo lo decía de broma, pero sus palabras hicieron que me levantara de encima de él y volviera a mi asiento.

Como habían puesto una película, me entretuve viéndola, aunque se me hizo demasiado corta. Intenté dormir, pero no lo logré. Cogí el teléfono del avión y llamé a Rosalie, lo que fue la peor idea que se me había ocurrido nunca. A esa hora, Rosalie estaba en la boda de Maria y Jasper.

- ¿Diga? - respondió en un susurro.

- Rosalie, soy yo.

- Alice, ¿Que ocurre?

- Nada, nada. ¿Estás en la boda?

- Si. Mira, escucha.

- Jasper Whitloc, ¿deseas unirte a Maria, compartir tu vida con ella, estar a su lado, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

"No, por favor. Di que no, Jasper."

- Yo... yo...

"Esta dudando. Di que no, Jasper.

- Yo... ejem... si quiero.

- No!

No me di cuenta de que había gritado hasta que vi que todos me estaban mirando.

- Alice, ¿Estás bien? ¿Por qué has gritado?

- Yo... Rosalie, estoy bien. - dije, aunque se notaba que estaba mintiendo. - ¿La boda va bien? - pregunté, intentando disimular.

- Si. A todos les encanta la ropa de los novios y de las damas de honor.

- Ya... gracias.

- En serio, ¿como estás? ¿El viaje va bien?

- Estoy muerta de miedo. - Dije. Y no lo decía solo por el avión. - Pero se me pasará en cuanto tenga los pies en tierra.

- ¿Hay algo que quieras contarme?

- No.

- ¿Entonces por qué has gritado cuando Jasper ha dado el si quiero?

- Si me lo preguntas es porque ya lo sabes. - me limité a decir. Rosalie tenía un sexto sentido.

- Olvídate de él. Acaba de casarse.

- Ya lo se. Voy a colgar.

- Llámame en cuanto llegues.

- Prometido. - colgué el teléfono y miré a Bella. Estaba preparada para abrazarme y me lancé a sus brazos al momento. - Se ha casado, Bella. Se ha casado con ella.

- Tranquila... Tienes que olvidarte de él.

- Ya... Lo intento, creéme, pero no puedo.

- ¿Y que pasa con Jared?

- ¿Que pasa con él? - dije, secándome las lágrimas.

- Ahora estás saliendo con él.

- Ya... pero aun así... bueno... - me senté bien y me cubrí los ojos con el antifaz. - Tengo que olvidarme de Jasper.

- Chicas. La azafata dice que nos faltan dos horas para llegar. - dijo la voz de Jacob. - ¿Has estado llorando, Alice?

- Si.

- Ah!

- Buenas noches, Jake.

Sentí como Bella se movía a mi lado y sentí un brazo sobre mis hombros. Supe al momento que no era el brazo de Bella. Me acurruqué entre los brazos de Jacob y, después de llorar durante varios minutos, me quedé dormida. Sus labios se posaron en mi frente y me desperté.

Emtre Bella y Jacob me ayudaron a salir del avión y fuimos con el resto del grupo a buscar nuestras maletas. cuando todos tuvimos nuestras maletas, salimos del aeropuerto y nos montamos en un autobús bastante hecho polvo que nos estaba esperando. Me senté al lado de Jacob, que se dedicó a interrogarme.

- Bueno, Alice. Cuéntame qué es lo que te pasa. Ya sé que no se trata de Jared.

- No. No se trata de él.

- Se trata del tío al que le estabas haciendo el traje.

- ¿Como lo sabes?

- Te oí hablar por teléfono y el resto me lo imaginé.-

- Ya, pero no quiero hablar del tema. Vale?

- De acuerdo. - besó mi mejilla y sacó su cámara de la mochila. - Va. Sonríe un poco. Vamos a hacernos nuestra primera foto en... bueno, donde quiera que estemos. Bella, ven!

Bella se situó entre nosotros y Jacob hizo la foto. Jacob siempre conseguía alegrarme el día. "Jake tiene razón. Debo olvidarme de Jasper. Al fin y al cabo, él acaba de casarse con otra mujer."

Estuvimos hablando... bueno, en realidad fue Jacob el único que habló, sobre Leah y lo que tenía planeado hacer cuando volviéramos a casa. Pensaba pedirle que se acasara con él.

Me sentí feliz por ellos. Ambos merecían ser felices.

Cuando llegamos al hotel, todos fuimos a darnos a una ducha. Teníamos quince minutos para ducharnos todos y eramos cinco en cada habitación. Algunos tuvieron que ducharse juntos, yo opté por no ducharme ese día. Nos reunimos con el doctor cullen en el hall del hotel, todos listos para marcharnos.

- Buenas noches a todos. Amanecerá en un par de horas. Ahora volveremos a montarnos en el autobuses que nos han traído y nos llevarán al campamento en el que trabajermos durante los próximos tres meses. Nos repartiremos en dos grupos.

Por desgracia para mí, Jacob y Bella fueron en el otro grupo. Conocia a los del mi grupo, pero apenas habia hablado con ellos. "A trabajar"

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Los tres meses pasaron volando, gracias a Dios. Apenas tenía tiempo ni para pensar. Había muchos niños enfermos en el pueblo en el que me había tocado trabajar. A veces ni siquiera iba a dormir al hotel.

Al fin era domingo y el doctor Cullen nos había reunido en la sala de reuniones del hotel. Después de casi un mes, volví a ver a mis amigos.

- Que mala pinta tienes. - dijo Jacob, que me abrazó en cuanto llegué a su lado. - ¿Cuanto hace que no te peinas?

- Ni idea.

- ¿Cuanto hace que no duermes?

- Unos dos días. Y pico. - añadí, en voz baja.

- Ya...

- Atención a todos. - dijo el doctor Cullen, alzando la voz. - El ejército ha llegado al país. Llegaron hace dos semanas y hace tres días que hubo un ataque suicida. La embajada ha llamado. Necesitan nuestra ayuda.

- ¿Nos van a mandar allí? - preguntó Ángela, una chica de la que me había hecho amiga en los pocos momentos en los que había hablado con alguien.

- No. Unos cuantos iremos con un grupo de soldados.

- ¿Usted también va a ir? - preguntó Jacob.

- Iremos cuatro de nosotros. Los demás continuareis con el mismo trabajo que habeis tenido hasta ahora.

- ¿Quienes van a ir con usted? - preguntó Jacob.

- Ahora que lo preguntas, Jacob, vosotros tres me vais a acompañar.

Todos se volvieron para mirarnos. Fue entonces cuando me di cuenta de que el doctor Cullen se estaba refiriéndo a Jacob, Bella y a mí. Me quedé alucinada. "¿Por qué nos habrá elegido a nosotros?"

- Chicos, vamos a tener que cambiarnos de ropa. En diez minutos dos de ellos vendrán a buscarnos. Adelante.

Todos nuestros compañeros nos desearon a los tres buena suerte, cogimos nuestra ropa y subimos a la habitación de Bella. Nos vestimos con ropa militar, con brazaletes de médicos. Jacob estaba encantado, pero yo estaba acojonada. Una cosa era ayudar a la gente en pueblos, y otra ir con soldados. Entrar en guerra.

Jacob me sacó de mis pensamientos, me cogió de la mano y bajamos al hall, donde el doctor Cullen, vestido de la misma forma que nosotros, estaba hablando con dos soldados.

- Chicos, venid. - dijo al vernos. - Os presento al capitán Stewart y al sargento Cullen.

En cuanto dijo eso, los tres miramos fijamente al sargento. Le reconocí al momento. Nunca hubiera imaginado que Edward fuera el hijo del doctor Cullen.

- Hola, Edward. - dije, saludándole con la mano.

- Ho-Hola Alice. - dijo. También me había reconocido. - ¿Como te encuentras?

- Bien. ¿Como estás tú?

- Sorprendido, la verdad.

- ¿Es que os conoceis? - preguntó el doctor Cullen, mirándo a su hijo y a mí alternativamente.

- Nos conocimos en la despedida de soltero de Jasper. Yo iba muy borracho y Alice fue muy amable conmigo.

Me sorprendió mucho que Edward hablara con tanta naturalidad de sus borracheras con su padre. Y no era la única que se había sorprendido.

- No sabía que eras soldado.

- No sabía que eras enfermera.

- Bueno, menos charla y más acción. - dijo el capitán. - En el coche os contaremos lo que vamos a hacer.

Los cuatro seguimos al capitán y a Edward, que miraba de reojo a bella de vez en cuando. Miré a mi amiga y me fijé en que ella tampoco dejaba de echarle miraditas a Edward. No fui la única que se dio cuenta. Jacob me dio un leve codazo y soltó una risita.

- Mira a esos dos. - susurró.

- Ya los he visto. - dije, también entre susurros.

- Bella se está arreglando el pelo. Eso es que el chico le ha gustado.

- ¿Qué eres, un experto en comportamiento femenino?

- No, pero es que es obvio.

Llegamos a un 4x4 y el capitán se volvió para mirarnos. Entendí el porqué. Éramos seis personas y no cabíamos todos en el mismo coche.

- Los hombres vendrán conmigo, ya que iremos en un grupo, y las chicas irán con Edward, que irán en el otro grupo. - dijo. Estaba claro que ya lo había hablado con el doctor Cullen.

- Buena suerte, Jake. - dije, dándole un fuerte abrazo. - Cuidate mucho.

- Lo mismo te digo, preciosa.

Besé su mejilla y fui hacia el coche. Me senté en el asiento del copiloto, y observé la mirada que le echaba Edward a Bella mientras esta se despedía de Jacob.

- No te preocupes. - dije, cuando este entró en el coche. - No están juntos.

- Ya... Me alegro, la verdad. - dijo, sonriendo con picardía. - Es muy hermosa.

- Y cuando la conozcas aun te gustará más.

Bella entró en el coche en ese momento y nos pusimos en marcha.

- Ahora llegaremos al campamento y os llevaré a la enfermería. Ayer hirieron a dos, aunque creo que no es grave.

- ¿Cuantos sois en tu grupo? - pregunté, aunque no era esa la pregunta que tenía en la cabeza. "Jasper iba a ir a la embajada, aunque tal vez no se haya separado de su esposa y siga en EEUU."

- Diez, aunque mañana llegarña un mensajero, así que seremos once más vosotras dos.

- ¿Está...?

- No. No sé nada de Jasper desde que se casó. - dijo. Era como si me hubiera leído el pensamiento. - María cree que no soy una buena influencia para él.

- Menuda gilipollas. - murmuró Bella y a mí a y a Edward nos dio la risa.

- Tienes toda la razón, pero es la esposa de mi mejor amigo. No puedo decir que me cae como el culo. - dijo, mirando a Bella por el retrovisor. - Me callo y, cuando ella trabajaba, era cuando me llevaba a Jasper de fiesta.

- ¿Jasper? ¿Tú Jasper? - preguntó Bella.

- Sht.

- Tranquila. No diré nada de lo que suceda en este coche. - Edward me guiñó el ojo y sonrió. - Y no hablemos más de esa furcia.

- Joder con el amigo! - exclamé-

¿Crees que no sé que le pone los cuernos a Jasper? Se lo dije, pero esa tía le ha comido el coco. - dijo, poniéndose serio. - Hasta en su despedida de soltera se folló a un tio. Por eso Jasper no volvió contigo esa noche, porque casi la pilla y ella fingió encontrarse mal.

- Ya... bueno... olvidémosle. A los dos. Estamos aquí para trabajar.

- Si! - exclamaron Bella y edward al mismo tiempo. - ¿Sabes algo de mi hermano? - me preguntó Bella.

- No.

- Hablé con él hace una semana y me dijo que te iba a llamar. - me di cuenta de que mientras me hablaba, no dejaba de mirar a Edward. - Estará ocupado con sus ligues.

- Espero que no con la ligue que yo me se. - murmuré. "Espero que ahora que está casada, María deje de ser tan puta."

Al fin llegamos al campamento y Edward nos acompañó a la tienda en la que estaban los heridos. un chico con una herida en la cabeza y el otro con el brazo y el torso vendados.

Sin decir nada, yo fui hacia uno de los chicos y Bella hacia el otro.

- Hola. ¿Como se llama usted? - dije, poniéndome al lado del chico de la herida en la cabeza.

- Ateara. Quil Ateara. - dijo, sin molestarse en abrir los ojos.

- Bien, Quil. Yo soy la enfermera Brandon, aunque prefiero que me llames Alice.

El chico llamado Quil abrió los ojos y me sonrió.

- La preciosa enfermera Alice.

- ¿Que te ha pasado en la cabeza? - dije, mientras le quitaba la venda de la herida. A mi lado tenía un cubo con agua, gasas, hilo y aguja. Justo lo que necesitaba en ese momento.

- Un grupo de reveldes. Empezaron a disparar, yo empecé a correr, me tropecé y me caí de cabeza contra una roca. - dijo, mirándome en todo momento.

- Ya... bueno, tranquilo. Te voy a dar unos puntos y estarás como nuevo en una hora.

- Gracias.

Le limpié bien la herida, le corté el pelo de esa zona y le di los puntos. Cuando terminé, le di un poco de agua y me senté en la silla que había al lado de su camilla.

- Es usted genial.

- Es mi trabajo.

- Un trabajo que hace muy bien.

- Gracias. - acaricié la mano del chico con una mano y la frente con la otra. - Duerme un poco, Quil. Cuando despiertes, podrás volver con tus compañeros.

- Vale.

- A dormir. - besé su frente y me puse en pie.

Salí de la tienda de campaña y fui a buscar a Edward, que era el único que conocía en aquel lugar. Le encontré hablando con tres soldados más. Dos chicos y una chica.

- Hola, Alice. Ven. - me tendió su mano y la tomé al momento. - Alice, esta es Jessica y ellos dos son Mike y Eric. - estreché las manos de los tres y Jessica me indicó que le siguiera.

- ¿Es la primera vez que trabajas sobre el terreno?

- Si.

- No tiene porque pasar nada, pero teneis que estar preparadas para todo.

- Estamos concienciadas.

- Bien. Comamos algo. - Jessica me dio un sandwich y empecé a comerlo con muchas ganas.

- Eres muy amable.

- Te dejo. Llévale algo a tu compañera.

- Vale. Nos vemos.

- Adiós.

Jessica me dejó sola en la tienda que hacía de comedor y, antes de llevarle algo a Bella para comer, fui a servirme un café en una de las dos mesas. Estuve sola poco tiempo. Bella apareció a mi lado en diez minutos.

- ¿Como ha ido? - pregunté, viendo como Edward entraba e la tienda. - Uy, que tarde. Tengo que irme.

- ¿Qué? ¿A donde? - preguntó. Obviamente no tenía que ir a ningún sitio. Solo quería dejarla a solas con Edward.

- A... bueno... a dar un paseo.

- ¿Qué? No me hagas esto. - había visto a Edward acercarse y me cogía con fuerza del brazo.

- Edward es un tío genial. Y tú le gustas. Aprobéchalo. - me solté de su mano y salí corriendo de la tienda, despidiéndome de Edward con la mano. - Adiós, Eddie.

Como estaba anocheciendo, fui a buscar a Jessica para que me indicara donde debía dormir.

Fui a mi tienda de campaña y me dejé caer en el colchoneta que había en el suelo. Me dolió el culo, lo reconozco, pero es que estaba agotada. Me quedé dormida en cuanto me tumbé, aunque me desperté en cuanto oí unas voces.

- Me lo he pasado muy bien hoy. - "Ese es Edward."

- Yo también. Reconozco que al principio no lo tenía muy claro. - "Uau! Esa es Bella!" - Gracias por insisitir.

- Yo nunca me rindo.

- Lo cual agradezco.

- ¿Crees que mañana podríamos quedar por la noche? Creo que hay lluvia de estrellas. - "Que romántico. Quien lo hubiera dicho."

- Me encantaría.

- Nos vemos mañana.

Cerré los ojos y, al momento, noté como Bella se tumbaba a mi lado. No me moví, aunque sí que abrí un ojo y vi como Bella me miraba.

- ¿No vas a interrogarme?

- No.

- ¿Ni me vas a decir que ya me lo habías cicho?

- No.

- Ah.

- ¿Eres feliz?

- Mucho. - dijo, sonriendo.

- ¿Sabes? me alegro de haber venido. Y no sabes cuanto agradezco que el doctor Cullen nos trajera y nos mandara ir con su hijo. Dios! Su hijo! Aun no me lo creo. - Bella me abrazó por la cintura y, al poco rato, ambas nos quedamos dormidas.

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- Que venga alguien! Esta herida!

Me incorporé de golpe y bajé la cremallera de la tiemda. Todos los soldados estaban corriendo en la misma dirección. Me levanté corriendo y fui hacia ellos. Estaban rodeando algo, o a alguien. Les aparté a todos y me arrodillé al lado de la chica, que tenía varias heridas. Un chico estaba a su lado, dándole golpecitos en las mejillas, intentando que reaccionara. Era Edward y estaba llorando. Otro chico estaba a su lado, intentando tranquilizarle.

- Apartad todos! - grité. - La chica necesita aira.

Todos se alejaron. Todos menos Edward y...

- Va, Edward. Deja que Alice se ocupe de tu hermana.

- Bella! - grité.

Empecé a quitarle la chaqueta, el chaleco y la camiseta. Tenía dos heridas de bala que el chaleco no había logrado detener. La chica combulsionaba, intentando respirar, pero le costaba mucho.

- Bella! Le han disparado!

Me quité la chaqueta y la camiseta y la utilicé para presionar las heridas. Me daba igual haberme quedado en sujetador, pero tenía que hacer lo posible por ayudarla, a pesar de que Jasper no dejaba de mirarme. Bella llegó corriendo a mi lado, se puso los guantes y apartó mi camiseta.

- ¿Que ah pasado? - pregunté, limpiando el sudor y la sangre de la frente y el rostro de la chica, mientras que Bella sacaba las balas con unas pinzas.

- Venía a dar un mensaje y la encontré tirada en el suelo. - dijo Jasper, situándose a mi lado. - Se pondrá bien, verdad?

- Soldado, aparte. Esta chica necesita aire. - dije, sin mirarle en ningún momento.

- Pero...

- Llévese a Cullen y dele algo para que se calme.

Edward seguía llorando, abrazo a Jessica, mirando a la chica.

- Es mi hermana. - sollozaba. - Salvadla.

- Eso no lo dudes, Edward. - dije, levantando la vista. - Y tú, ya que no te apartas, ayúdame a cogerla. - dije, golpeando a Jasper en el brazo.

Jasper cogió a la chica en brazos y Bella fue presionando las heridas hasta que la dejaron en una camilla. Aparté a Jasper con el brazo y Bella y yo continuamos trabajando. Le coloqué una bolsa de sangre (vi su grupo sanguíneo en la chapa que llevaba colgada del cuello) y un gotero y salí en busca de Edward. Bella era la experta y podía prescindir de mí durante un par de minutos.

- Edward! - le llamé y vino corriendo al momento, con Jasper a su lado, que había ido a buscarle. - Edward, necesito tu ayuda.

- ¿Que pasa? ¿Está bien?

- Cálmate. Con Bella ahí dentro estará muy bien. ¿Que grupo sanguíneo tienes?

- El mismo que Nessie.

- Necesito que des sangre.

- Claro. Ahora mismo.

- Venga. - le cogí del brazo y tiré de él hacia la tienda.

- Yo también doy sangre! - Jasper entró en la tienda y se sentó al lado de Edward, quitándose la chaqueta y el chaleco, al igual que estaba haciendo Edward.

- Tú tienes pánico a las agujas. - dijimos Edward y yo al mismo tiempo. - No es necesário. - añadió Edward.

- Quiero a Renesmee como si fuera mi própia hermana. Voy a dar sangre y si a ella no le funciona, que sirva para otro.

Le vi tan decidido que, cuando pinchñe a Edward, fui también a prepararle a él. Cuando toqué su piel, casi me desmayo allí mismo. Cerré los ojos y me concentré en hacer mi trabajo, aunque aun así no pude evitar mirar su mano y buscar su alianza.

- Alice, ayúdame!

Me volví hacia Bella y vi mucha sangre.

- Nessie, no!

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Otro capítulo llegó.

Espero que os haya gustado. Y espero conocer vuestra opinión.

Besitos!