Hola Niñas! Hoy es día de mis locuras.
¿Les está gustando? Espero que sí, porque lo hago con mucho cariño para ustedes. Les cuento que la primera parte de esta historia será más tierna y romantica, pero la segunda mitad se viene más oscura... no puedo adelantar más porque se enoja mi beta y jefa Gaby Madriz (a quien agradezco su apoyo, ayuda y amistad).
Gracias a todas las que siguen aquí conmigo, las que siguen leyendo y comentando.
Abrazos gigantes y nos leemos pronto!
Si gusta adelantos de la historia, puede hacer presión en mi Facebook como Catalina Lina y en Twiter como Cata_lina_lina
;-)
7.
Por alguna razón, la sorpresa inicial que lo sobresaltó aquella tarde cuando Bella le pidió matrimonio no fue tan profunda ni tan significativa como lo fue la sorpresa… no, no, la sorpresa no.
La sorpresa de la petición de matrimonio de Bella ni se comparaba al avasallador sentimiento de inquietud y celos que sintió cuando vio a Ángela ―su Ángel― en brazos del barman ese que se las daba de médico. ¡¿Qué demonios se creía?! ¡¿Y por qué demonios se estaban besando así?! Esas eran las exclamaciones que Garrett profería en su fuero interno, mientras iba conduciendo su coche hasta la casona, con Bella junto a él, quien dicho sea de paso, dejaba caer lágrimas silenciosas por su rostro.
Se metieron a la casa que el rentaba en El Pueblo, cargando los cuadros de Bella y se sentaron en el sofá de la sala en silencio, hasta que Garrett ofreció a su novia un vaso de licor. Ella aceptó asintiendo con la cabeza y cuando este se lo llevó, se sentó junto a ella y respiró profundamente, antes de comenzar a hablar.
―Muy bien, Bella. Debemos hablar ahora con la verdad ―. dijo él seriamente, mirando hacia el frente. Tomó de dos bocaradas los dos dedos de whisky que se había servido y continuó― ¿Por qué reaccionaste de esa forma cuando viste a… tu amiga con ese… tipo?
―Yo… yo sólo me sorprendí…
― ¡Eso no es verdad! ―Exclamó con su entrecejo fruncido, girándose un poco ahora para mirarla.
―Buen, tú también reaccionaste de forma extraña, no puedes negarlo.
―Sí, lo hice. Pero yo pregunté primero, y quiero que me digas la verdad, ¿o quieres que yo lo deduzca?
― ¿Deducir qué cosa?
―Cada vez que ves a ese hombre, suspiras y lo miras como si fuera un príncipe en vez de un hombre común y corriente de quien ni siquiera eres amiga. Yo pensé que sólo te gustaba, pero me doy cuenta que es algo más, algo más fuerte…
―No sabes lo que dices.
―Bella, no somos niños, ¿vale? Sé que por mí no te sientes ni cercanamente atraída a como te sientes por Edward, ¿o me equivoco?
Ella bajó la cabeza y no respondió a Garrett, aunque su silencio hablaba por ella en ese momento. Garrett la vio allí encogerse y sintió pena por ella. Algo había que ella no le estaba diciendo, y esa noche sabría de qué se trataba. Llevó su mano a la espalda de Bella y la frotó suavemente.
―Oye, puedes ser sincera conmigo. Quiero ayudarte.
― ¿Por qué has aceptado esta relación, por qué si estás seguro de lo que siento por Edward, te comprometiste conmigo y aceptaste pensar en mi petición de matrimonio? ―Preguntó Bella abstraída por el recuerdo de hace un rato atrás, con sus ojos puestos en la alfombra persa de la sala.
¡Ah, buena pregunta! Él había dicho que hablarían con la verdad, pero esa era una verdad que a él no le correspondía revelar, de momento. Así que buscó una excusa rápida y creíble.
―Bueno… bueno, me gustas, Bella, y pensé…
―Yo me siento atraída por Edward, tanto como tú por Ángela, ¿no?
¡Touché, señorita Swan! Al parecer él también había sido un poco obvio.
―Siento que estás pidiendo ayuda desesperadamente, Bella, y siento la necesidad de protegerte y ayudarte en lo que esté a mi alcance. ¿Me dirás entontes cuál es tu apuro por casarte? ¿Quieres salir de aquí? ¿Por qué, tienes problemas con tu padre, te hace daño…?
― ¡No, no, no! Nada de eso… mi papá me ama y yo lo adoro, pero…
― ¿Pero? ―Insistió Garrett. Bella cubrió el rostro con sus manos y comenzó a llorar con fuerza.
―El tiempo… el tiempo se nos está acabando… y no sé qué más hacer, de qué otra manera puedo ayudarlo…
―Dios, Bella, qué sucede ―. Susurró Garrett atrayéndola hacia él, acogiéndola en sus brazos para consolarla. Su intuición se disparó y presintió que algo más grave de lo que pensaba estaba sucediendo con ella.
Bella, entre sollozos, le contó a Garrett sobre el secreto que guardaba su padre.
Le contó cómo su vida calló a pique cuando oyó, el mismo día de la fiesta de su graduación, cuando Charlie hablaba con su amigo Carlisle sobre la enfermedad degenerativa que lo aquejaba y sobre la que no podía hacer nada, pues estaba atado de pies y manos pues los tratamientos y la operación eran muy costosos. De ese día, ella decidió dejar de lado sus planes y sus sueños por encontrar una manera rápida de ayudar a su padre para costear el tratamiento de la enfermedad.
Ella podía sacrificarse, era joven, pero su padre tenía los días contados y cada vez pasaban con más rapidez. Ya había sacrificado su ingreso a la universidad para estudiar arte, y de plano dejó de pintar pues eso le quitaba tiempo y alimentaba su ilusión; además, se alejó de sus viejos amigos, entre ellos Jacob, ignorándolos adrede y extrañando la contención o la simple compañía de ellos, quedando sólo Ángela junto a ella, quien conocía toda la verdad; y por último renunció a su gran amor de niñez y que aún seguía crepitando en su interior, con la ilusión de que él algún día pudiera mirarla como ella deseaba: Edward Cullen.
La enfermedad degenerativa que padecía Charlie lo había hecho bajar de peso y ahora estaba haciendo estragos en su visión, con altas probabilidades de dejarlo ciego si no se operaban de urgencia en un margen de tiempo de a los más seis meses. Pero lo peor no era eso, lo peor era cuando la enfermedad atacara el sistema nervioso central, y eso llevarlo derecho a la muerte, eso fue lo último que escuchó hace unas semanas, cuando su padre y Carlisle hablaban en susurros después que ambos llegaran de un viaje a La Capital, la que ella supuso fue una visita al médico.
Por eso, ella necesitaba unirse a alguien, un hombre con el suficiente dinero que estuviese o tan enamorado de ella que no hiciera cuestionamientos cuando ella pidiera fuertes sumas para cubrir el tratamiento de su padre, o por otro lado, un hombre que le diera la suma que ella necesitara… a cambio de sí misma, como mujer o lo que fuese.
―Bella, por Dios amado, cómo has podido cargar con todo eso durante estos años… ―dijo Garrett sorprendido por lo que Bella acababa de contarle.
―Casi tres años… ―. Susurró Bella, limpiando su rostro mojado por las lágrimas.― Tengo miedo… de que a mi papá le pase algo, algo irremediable antes que yo pueda ayudarlo.
Con nadie, aparte de Ángela, se había abierto para contar ese secreto. Si Garrett estaba dispuesto a casarse con ella, pues debía saberlo. Además, intuía que él no era un hombre que se fuera a aprovechar de ella. Sentía que él quería ayudarla, tanto como para dejar de lado sus sentimientos por Ángela. En ese momento no se cuestionó el por qué.
Bella se apartó un poco y de forma muy poco femenina sorbió su nariz con la mano y habló con voz ronca a Garrett, quien peinaba su cabello con ternura.
―Supongo… supongo que querrás acabar con esto ―, dijo, indicando con su dedo entre él y ella― después de lo que te he dicho, pensarás que te he estado usando.
― ¡Por Dios, Bella! Eres una hija que está desesperada por ayudar a su padre como sea; no te dejaré sola en esto, pero debes darte cuenta que existen otras maneras de conseguir el dinero que necesitas.
― ¡¿Cómo, Garrett?! Mi padre tiene un trabajo que no le da mucho dinero, sólo el suficiente para sustentar la casa; yo tengo, o tenía, un empleo que ayudaba con los gastos. No tengo profesión, nadie estaría dispuesto a darme un crédito así como así… y si llego a casa con una suma de dinero sin justificar, mi padre se negaría a aceptarla, por eso el matrimonio es lo más lógico…
―Escúchame una cosa ―. Pidió, tomándole por los hombros― Desde ahora confiarás en mí. Seguiremos adelante con este noviazgo ficticio, pues veo que hace muy feliz a tu padre y lo tiene muy tranquilo verte acompañada. Pero dejarás que haga un par de cosas para arreglar esta situación con él y no seguir perdiendo más tiempo.
― ¿Y qué piensas hacer?
―Confía en mí, Bella, por favor, confía en mí.
Garrett pensó que Aro debía enterarse de toda esa historia e intervenir, pero intervenir con la verdad. En ese momento él podría demostrar que su deseo de acercarse a su hija era real y que supliría sus necesidades como siempre debió hacerlo.
Era el momento que Aro Vulturi hablara con Charlie Swan y su hija Bella y se presentara ante ellos como quien realmente era. Y él se encargaría de que así fuera.
**S.D**
Sam Uley, por petición del representante de la estrella rock Jasper Whitlock, tuvo que cerrar a regañadientes el bar a eso de la seis de la tarde para que en él se pudiesen filmar tomas de la entrevista que iría dentro del documental con la vida y obra de este eximio músico que nació en aquel pueblo alejado de la mano de Dios.
Así que el bar estaba sirviendo de escenario para la entrevista que se le estaba haciendo a Whitlock, el cual se erguía orgulloso como pavo real frente a las luces y las cámaras que captaban su atención.
―Entonces, Jasper, ¿este lugar te evoca buenos recuerdos? ―Preguntó el periodista al músico que estaba sentado frente a él. Jasper, para evocar aspecto interesante, miró hacia el horizonte mientras acariciaba su barbilla con el dedo índice, pensando en su ya muy preparada respuesta.
―No te imaginas. La gentecita aquí es grandiosa y convivir con ellos fue… enriquecedor.
Sam y Edward, parados al otro lado de la barra, rodaron al unísono los ojos cuando oyeron la respuesta del tipo aquel. Continuaron ordenando las botellas, mientras la estrella seguía con su entrevista:
― ¿Y qué tal los amores de juventud en este pueblo? ¿Hay alguno que haya sido importante, o que haya renacido durante tu estadía aquí?
Jasper soltó una carcajada y negó con la cabeza, enredando sus dedos en su melena oscura, peinándola hacia atrás.
― ¡Para nada! Hubo amorcitos, ya sabes, pero nada de importancia… Ahora mi amor y mi corazón, pertenece a todas las fans que me acompañan en mi carrera ―. Indicó, guiñándole el ojo a la cámara.
Otra vez, los dos silenciosos exportadores ahora soltaron una carcajada, mientras Sam palmeaba a su frente.
― ¿Sabes una cosa, Galeno? ―Dijo Sam, chocando el hombro de Edward― No soporto más escuchar las barbaridades que está hablando este tipo, y tenemos para un buen rato más, así que mejor acompáñame adentro, tú y yo tenemos que hablar.
Edward miró de reojo a su jefe y amigo, pues Sam, ―como si fuera un vidente, brujo o chamán― supo apenas Edward cruzó el umbral de la puerta del bar que algo le había pasado, por lo que a Edward no le quedó de otra que seguir a Sam hasta el despacho y hablar con él, finalmente era la única persona con la que se desahogaría.
Se ubicaron en el sofá, bebiendo una fría cerveza, mientras el estudiante de medicina le relataba sobre lo ocurrido la noche anterior con Ángela y lo que pasó después con la llegada de "los novios" y la reacción de ambos frente a lo que vieron.
―Un momento, un momento, Galeno, ¿me estás diciendo que "por culpa del vino" te dejaste llevar y terminaste besando a Ángela? ¿A Angelito?
―No le digas Angelito, maldita sea, Sam ―. gruñó Edward, cuando su amigo usó el sobrenombre que ocupaban cuando era Ángela más pequeña y tenía que enfrentarse a la vida escolar cargando un extraño corte de cabello que la hacía verse como un hombrecito, en el tiempo en que su madre experimentaba con la peluquería.
―Vale, vale; la cosa es que la besaste, ¿y cómo lo sentiste?
―Extraño… pero no malo… ―Reconoció Edward, confundido, rascando su cabeza― Cuando la dejé en la entrada de su edificio, volví a besarla, como un acto reflejo. No sé qué me pasa.
―Oye, cuando uno tiene ese tipo de encuentros con una mujer, no son empujados necesariamente por sentimientos profundos. Las cosas simplemente se dieron y bueno… las relaciones pueden partir desde este tipo de encuentros casuales, Edward, y creo que a ambos les haría muy bien intentarlo.
―No voy a tener una relación con nadie, menos ahora que me voy en unos meses más. Además, Ángela es mi amiga y no quiero estropear eso.
― ¡Pero apostaría que si se diera la oportunidad con Jane, dirías sí, sin pensarlo!
―Son cosas diferentes…
― ¡Claro que no! ―Exclamó, terminando de beberse su botella de cerveza― ¿Y hoy, has hablado con ella?
―Lo he intentado, pero no responde a su teléfono. Pasé por la florería y estaba cerrado ―. Comentó con frustración― Estoy preocupado; la hubieses visto ayer cuando aparecieron los otros dos… se veía tan afectada y vulnerable…
―Vaya…todo un lío con esta Ángela y los nuevos novios del pueblo ―. Comentó Sam distraído, recordando algo más― Entonces, cuando hace tiempo atrás mi hermana comentó que a Ángela se le notaba que gustaba de Garrett, ¿era cierto?
―Sí, creo que sí y Bella lo sabe y no le importa, aun así se regodea frente a ella…
―Y sobre Bella, ¿dices que quedó en shock y luego renunció, después de verlos juntos?
―Sí, y la verdad no la entiendo, no entiendo a qué viene esa reacción.
Sam miró a Edward, quien a su vez trataba de comprender el extraño actuar de Bella mientras miraba fijo una ampliación de una foto familiar que Sam tenia colgada en su oficina. Sam negó lentamente con la cabeza, queriendo lanzarle un manotazo en la nuca, para que se despabilara, porque si no entendía lo que le pasaba a la hija de Charlie Swan, era porque era muy despistado o muy tonto.
―Es obvio, Edward. Le gustas a Bella.
Él giró su cabeza lentamente su cabeza hacia Sam, con su entrecejo fruncido, como si de verdad no entendiera lo que le estaba diciendo.
― ¡Estás loco!
―No, mi amigo. ¿Por qué otra cosa ella podría haber reaccionado así? ¿Porque está celando a Ángela? Pues no. Aquí pasa que ambas amigas están faltando al código ético de la amistad, ya sabes, involucrarse con el chico que le gusta a tu amiga… ―explicó Sam, alzándose de hombros, como si fuera una cuestión lógica.
―No lo creo, Sam, simplemente pienso que estás desvariando. Como ha actuado ella durante este tiempo, y si yo le gustara como dices, ya me habría invitado a una cita, ¿no es eso lo que hace cuando un chico le gusta?
―Ah, pues no sé, no soy psicólogo mi amigo. Esa es mi teoría, y creo que tú podrías tener esa respuesta… no sé, poniéndole más atención o preguntándoselo directamente a Angelito…
― ¡No voy a hacer eso, Sam! No me importa ir averiguando ese tipo de cosas, me importa más lo que pase con Ángela y cómo se sienta ella, no soy amigo de Bella y por lo demás ella ya tiene novio, alguien que se preocupe por ella.
― ¡Oh, eres un jodido mentiroso, Edward! Lo averiguarás de cualquier forma, curiosearás hasta saber la verdad y sólo así podrás irte al otro continente sin preocupaciones ―. dijo Sam, esto último en tono de burla, recibiendo un manotazo en el pecho por parte de su amigo.
―Mejor me voy a la barra, no sea que nuestra estrella de rock se le seque la garganta y quede sin voz para cantar sus éxitos musicales ―. se mofó, poniéndose en pie, mientras Sam quedaba allí sentado, carcajeándose.
Edward salió de la oficina, un poco incómodo con lo que Sam le dijo, porque le parecía una soberana tontería lo que él aseveró sobre Bella. Pero en realidad a él no le importaba, nunca fue amigo de Bella como sí lo fue desde la infancia de Ángela, quien siendo menor que él, siempre defendía de las burlas de los chicos que la llamaban "cuatro ojos" o "Angelito" como recordó Sam.
Llegó a la barra, encontrándose con Victoria, quien se reía de algo que había dicho Jasper en su entrevista seguramente.
―Van a hacer una pausa, para que su majestad descanse las cuerdas vocales ―. avisó Victoria, dándole un codazo a Edward. Él negó meneando la cabeza, mientras ella se metía hasta la cocina. Lamentablemente tuvo que quedarse allí, pues estaba solo cubriendo la barra, teniendo que soportar a Jasper quien venía acercándose hasta él, y para colmo con sus tres groupies que lo seguían a todos lados. Él, por cierto, miraba con odio a una de ellas, no olvidado el rostro de ella, aquella vez cuando encontró a Carlisle en el consultorio, después que hubiese follado con ella y recibido una paliza auspiciada por su hermano. Ella, la rubia en cuestión, la verdad es que le eran indiferentes esas miradas de odio que él le lanzaba, pareciéndole en realidad un aliciente erótico. Pero el barman no se dejaba caer en sus brazos candentes, como tan fácilmente lo hizo su padre, a quien no volvió a ver.
―Tengo sed ―. Soltó Jasper, sentándose en un taburete frente a Edward, con las tres mujeres de pie tras él― ¿Qué tienes?
―Lo que ves ―. respondió Edward, indicándole con la cabeza la estantería repleta de licores tras de él.
―Bueno, Edmund, sírveme un… ―Edward no dejó que Jasper siguiera hablando, cuando se acercó a él por sobre el mesón, poniendo sus manos sobre la barra y advirtiéndole con la mandíbula apretada:
―Vuelve a decirme Edmund y te rompo la cara, Jasper.
El músico abrió los ojos ampliamente y alzó las palmas de sus manos, como si se diera por vencido con algo.
―Vale, vale, perdona.
Edward, sin que Jasper se lo pidiera, fue al frigorífico y sacó una botella de cerveza nacional, destapándola y poniéndola sobre el mesón frente a él con un ruido seco cuando hizo chocar el vidrio con la madera.
―Y aquí tienes algo para la sed.
Jasper alzó una de sus cejas, mirando la botella de cerveza y luego al barman quien cruzó los brazos sobre su pecho desafiante. Jasper, como cliente del local, podría haber protestado pues él no había pedido aquello, pero era de naturaleza cobarde y no quería tentar su suerte ni ver perjudicado su rostro, provocando a Edward, por lo que en silencio llevó la botella a su boca y bebió de esta. Pero no se quedó contento con eso, así que quiso pulsar un poco los botones de Edward, y se aventuró a preguntar:
― ¿Y qué es de Alice?
―Ella está muy bien, haciendo planes con su novio ―. respondió Edward, carente de cualquier emoción. Jasper en tanto, apretó entre su puño con aun más fuerza la botella de vidrio en su mano y fue su turno de apretar su mandíbula.
― ¿Qué novio?
― ¿Llevas más de un mes aquí y no te has enterado, Jasper? ―Preguntó con ironía, con sus brazos aún cruzados― Jacob y ella llevan una intensa relación…
―No tenía ni idea… ―Dijo con tono hosco, dejando la botella medio llena sobre la encimera, levantándose enseguida y arreglándose la camisa de diseñador blanca con líneas azules que iba fuera de sus jeans azules perfectamente desteñidos. Iba a averiguar sobre el temita de Alice saliendo con ese policía. Edward en tanto lo miró y en su fuero interno recordó que hablaría más tarde con su hermana sobre el asuntito de Jasper y le avisaría Jacob sobre la mentirita piadosa que le echó a Jasper, a ver si servía de empujoncito para que ambos se entendieran de una vez.
Vio como el artista se reacomodaba en su sitio para proseguir con su entrevista, pero él decidió no perder su tiempo con él, más bien aprovechó que no había clientes en el bar, sacó de su mochila sus audífonos, los conectó a su IPhone y seleccionó música, sacando enseguida un grueso libro el que comenzó a leer desde la página que había marcado aquella mañana. Ya más tarde, se arrancaría a casa de Ángela a ver si podía verla y hablar con ella.
A esa misma hora, pero a cuarenta y cinco minutos de El Pueblo, Garrett estaba sentado sobre la alfombra en la sala de su apartamento de La Capital, frente a la mesa de centro que servía en ese momento como mesa de comer, donde sobre esta había una variedad de comida japonesa, la que estaba degustando con su amiga Rose, que venía llegando de un viaje del extranjero. La puso al día de todo lo ocurrido en su ausencia de casi cuatro semanas, dejándola muda, sobre todo cuando le dijo que Bella le había ofrecido matrimonio. Rosalie, que quería como hermano a Garrett, iba a comenzar a despotricar contra la dichosa hija perdida de Aro, cuando Garrett añadió explicando el porqué de su precipitada petición.
―Garrett, esto parece un argumento de telenovela, ¿ves lo retorcido de todo esto?
―No es retorcido, Rose, es simplemente la desesperación de una chica que no sabe cómo ayudar a su padre, la que prefiere hacer a un lado sus sueños y deseos, a la que no le importa el qué dirán ni los chismes que se rieguen en el pueblo tras de ella, sólo conseguir los medios necesario para ayudarlo, sea como sea.
Rose soltó un suspiro y alzó sus rubias cejas, sorprendida de cómo Garrett había hablado de ella.
― ¿Y tú estás liado de ella? Lo digo por seguir adelante con eso del matrimonio, para tener contento a su padre…
―Eso no durará mucho. Mañana Aro va al pueblo a hablar con Charlie y decirle la verdad. Probablemente vendrá luego el turno de hablar con Bella, y cuando sepa por qué me acerqué a ella, quizás ya no me quiera cerca, no sé… ―indicó, arrugando su entrecejo, un poco incómodo con la idea de que Bella malinterpretara todo.
―Y serás por fin libre para tener tu amorío con la muchachita de las flores…
―Ángela.
Rose torció su boca por cómo él respondía al nombre de esa muchacha. Su rostro y sus ojos se alumbraban como si el nombre de la florista fuera un astro para él. Nunca lo había visto así por nadie, por lo que indagó más sobre lo que sea que tuviese con ella.
― ¿Y no hablarás con Ángela hasta tu asunto con Bella se resuelva? Para esas alturas, ella ya va a estar casada con el barman…
― ¡Cierra la boca! ―Exclamó Garrett, muy enojado.
― ¿Tú mismo no me dijiste que él…?
―Ese tipo no es novio… ―explicó el enojado hombre frente a ella― Bella lo sabría, me lo hubiese dicho. Edward dijo eso sólo… sólo para justificarse… o lo que sea.
―Quizás lo que viste es el inicio de su relación…
― ¡No! ―Se hizo hacia atrás y descruzó sus piernas para levantarse con el vaso de vino blanco, para caminar por alrededor. Rose afirmó su cabeza sobre su mano y lo vio paseándose como animal enjaulado, mientras bufaba y pasaba su mano desocupada reiteradas veces por su abundante cabellera oscura.
―No la has visto como me mira, Rosalie, como nos miramos las veces que nos hemos cruzado; estoy seguro que ella siente algo por mí…
―Pero una se aburre de esas cosas, más si el hombre que se supone que una quiere está de novio con la mejor amiga…
―Ella no se puede aburrir, tiene que esperarme, hasta que todo esto se resuelva ―. soltó, apretando la mandíbula y la mano con la que rodeaba el vaso.
― ¿Y se lo has dicho, le has explicado algo, le has dicho que te espere así como me lo acabas de decir a mi?
―Pues no.
― ¡¿Y a qué esperas, Garrett?! Ve de una vez donde esa niña y dile lo que sientes, por qué estás haciendo lo que estás haciendo y entérate directamente de ella si siente lo mismo que tú.
― ¿Crees que debo hacerlo?
―Si no lo haces, la perderás ―. dictaminó Rosalie con mucha seguridad, mirándolo luego por sobre el borde de su copa cuando la llevaba a su boca.
― ¡Dios!
― ¡Agarra tu coche y ve por ella, Garrett!
Garrett miró a Rose y la vehemencia con la que lo aconsejaba. Ella no lo estaba provocando, simplemente lo estaba aconsejando, porque seguro y como era lógico en su cariño fraterno, quería su bien, más ahora que él por fin había dado con la mujer con quien estaba seguro, compartiría su vida. Así que dejó la copa sobre la mesita, fue hasta su cuarto, sacó la primera chaqueta que encontró, agarró sus documentos, llaves, pasó por la sala para darle un beso mudo de agradecimiento a Rose y salió rumbo al pueblo, sin cuestionarse nada.
Es así como en tiempo record de treinta y seis minutos, llegó al pueblo, pasando primero por la floristería, la que a esas horas estaba totalmente a oscuras, sin indicio de que hubiese alguien adentro. De cualquier forma salió del coche e hizo girar el pomo de la puerta por si este cedía, pero no, por lo que se devolvió al carro y lo puso en marcha unas cuadras hacia el interior, donde sabía vivía Ángela.
Estacionó y antes de cuestionarse sobre lo que estaba haciendo, se bajó y llegó hasta la puerta del edificio de cuatro pisos. Sabía que ahí vivía ella, lo que no sabía era la exactitud del número de su apartamento, lanzando un bufido por no haber averiguado eso antes. Así que no le quedó de otra que golpear puerta por puerta hasta dar con ella. Abrió sin problemas la puerta de fierro, la que al parecer no tenía ni un tipo de seguridad frente a quien podía o no entrar, ni un portero que pudiera vigilar aquello. ¿No era eso peligroso? Meditó mientras subía los escalones, encontrándose con una mujer mayor que iba de salida. Ella le dio una sonrisa amable la que él devolvió y aprovechando de preguntar:
―Señora, ¿podría ayudarme? Estoy buscando a alguien que vive aquí…
―Conozco a todos los que viven en este edificio, soy prácticamente parte del inventario ―. explicó graciosamente la mujer.
―Oh, bueno… se trata de Ángela… ―No alcanzó a dar más referencias, cuando la señora lo interrumpió.
― ¡Angelita! Claro, ella siempre haciendo maravillas con las flores, ¿no lo cree?
―Seguro ―. Asintió Garrett, sonriendo, pero un poco impaciente por saber lo que él necesitaba― Entonces, usted me podría decir…
―Último piso, departamento 404.
―Muchísimas gracias, señora ―. agradeció, dejando un atrevido beso sobre la mejilla de la mujer, que sonrió coquetamente, viendo al muchacho subir de dos en dos las escalas. Caminó presuroso por el corto pasillo, mirando el número de las cuatro puertas hasta dar con el que él quería. Hasta que lo hizo. Respiró profundamente, peinó su cabello hacia atrás mientras regularizaba su respiración, golpeando dos veces la puerta de madera café.
Ángela, que estaba en silencio sentada sobre su sillón de felpa color marrón, con sus rodillas dobladas, vestida con su pijama de franela blanco con lunares rojos, mirando la noche por la ventana, se sobresaltó tras los golpes de la puerta. Frunció la boca mirando hacia allá, decidiendo hacerse la sorda e ignorar los golpes.
Después de lo ocurrido el día anterior no tenía ánimo de ver ni hablar con nadie. Quiso ignorar las llamadas de su madre ―que se preocupó cuando vio que no abrió la floristería― pero antes de tenerla como palo fijo allí en su apartamento, decidió atenderle y decirle que se sentía enferma, que no era nada grave pero que prefería quedarse en casa ese día; las llamadas de Edward no las atendió, pero sí envió un mensaje pidiéndole disculpas por no atender, pero la verdad no tenía ganas de hablar con nadie. Suspiró, y volvió a descansar su barbilla sobre el respaldo del sillón, observando por la ventana, pero los golpes de la puerta insistieron.
"¿Quién será?" se preguntó en silencio, levantándose en puntillas, como para evitar que sus pies descalzos hicieran ruido sobre el suelo de madera. Caminó hasta allí y colocó la palma de su mano sobre la puerta de madera, poniendo atención por si oía ruidos que le indicaran quien podía ser. Dio un respingo cuando dos golpes impacientes volvieron a sobresaltarla… aunque el sobresalto de los golpes no se comparó con el sobresaltó que sintió en su pecho cuando oyó la voz masculina detrás de la puerta:
― ¿Ángela? ¿Estás ahí? Ábreme por favor.
Como si la voz de Garrett fuese la melodía del Flautista de Hamelin y ella uno de los ratones a los que hipnotizaba con su música, abrió la puerta con manos temblorosas y como en estado de trance se quedó estática frente a la figura de Garrett. Se veía tranquilo y muy seguro, muy en contraste con su propia imagen ―desaliñada y preocupada― la que mostraba, por la irritación de sus ojos, que no hace mucho había llorado.
― ¿Puedo pasar? ―Preguntó Garrett en tono bajo, agarrándose a quicio de la puerta, pues si no lo hacía, iba a saltar sobre ella para abrazarla y sostenerla en sus brazos. Ángela, aun aturdida con la sorpresiva presencia de Garrett, asintió con su cabeza lentamente, haciéndose a un lado para que él pudiese pasar.
Caminó hasta el centro de la sala en penumbras, dándole un vistazo al pequeño entorno. De improviso se giró sobre sus talones y quedó frente a Ángela quien ya estaba un poco más recuperada, lo miró expectante.
―Yo… yo necesito hablar contigo… sobre lo que ocurrió ayer ―. dijo finalmente Garrett, otra vez guardando sus manos en los bolsillos. Ella frunció su entrecejo y bajó su vista hacia sus pies descalzos.
―Estoy muy contenta por ustedes―. dijo con cero credibilidad― Felicidades por su compromiso.
― ¿Edward es tu novio? ―Preguntó él de sopetón, pasando por alto los buenos deseos de ella. Ángela abrió su boca y la cerró reiteradas veces por la frontalidad de la pegunta, además del ansia con que lo hizo, como si para él fuera de vida o muerte que se la respondiera
― ¿Co… cómo?
―Ayer cuando llegamos, él y tú se estaban besando como si fuesen novios, y cuando se lo pregunté, él respondió con "algo así" ¿por qué tan ambigua su respuesta? ¿Qué es lo que en verdad hay entre tú y él?
―Edward es mi amigo… y lo que pasó ayer… pues la verdad ―. Cerró los ojos, respiró profundo, alzó su cabeza y miró a Garrett, recuperando su estabilidad― ¿por qué quieres saber?
―Espérame, Ángela. Te lo suplico, espera por mí ―. Pidió en un ruego que hizo tambalear a Ángela.
― ¿Qué? ―Preguntó ella, conmocionada. Garrett se aventuró a dar un paso, quedando a un escaso metro de distancia de ella.
―Ni tu ni yo nos podemos hacer los tontos con esto ―, dijo, indicando con su dedo índice el espacio entre ambos― yo te vi la primera vez en la florería y me encandilaste, Ángela; y no hay día que no desee estar contigo… pero no puedo.
―Porque estás con Bella ―, susurró ella, esquivando su mirada y jugueteando con sus dedos― y es contradictorio lo que me dices sobre lo que… dices sentir por mí, porque aún así estas con ella.
― ¡Dios! ―Exclamó él, no aguantando más, eliminando la distancia entre ambos. La abrazó por los hombros y absorbió el aroma de su cabello, besándolo a continuación. Ella, que hacía tiempo había soñado con estar envuelta en esos brazos, disfrutó del momento, impregnándose del aroma de Garrett, quien la aferraba con fuerza a él.
Se apartó un poco y tomó el rostro de Ángela con sus manos, obligándole a mirarle― Quiero que confíes en mí. Esto acabará pronto y cuando eso pase, voy a venir aquí y voy a reclamarte como mía, y no nos volveremos a separar más. Tú sabes que ella está conmigo no precisamente porque me quiera ni mucho menos porque me ame.
Ángela abrió los ojos como platos y trató de apartarse de él, pero Garrett se lo impidió.
― ¿Por qué… por qué me dices eso? ¿Qué es lo que sabes?
―Anoche ella y yo hablamos, y me contó lo de su padre…
― ¡Jesús!
―Su mundo se vino abajo después que te vio con Edward. Le pedí que me explicara por qué estaba conmigo si en realidad tiene sentimientos por él ―. comentó, masajeando con suaves círculos sobre sus hombros, mientras ella digería la información que él acababa de darle. Parpadeó repetidas veces y arrugando su frente miró a Garrett para preguntar:
―Si sabes todo eso, ¿por qué sigues con Bella? ―Hizo amago de soltarse porque si él sabía que Bella hacia todo eso por su padre, ¿por qué seguía con él?― No juegues conmigo, Garrett. Si sientes algo por ella, pues adelante, yo seguiré con mi vida…
― ¡No, debes esperarme! ―Reiteró desesperado, cogiendo nuevamente su cara entre las manos y bajando su frente hasta chocar con la de ella― No puedo explicártelo… no todavía.
―Lo siento, pero yo no…
― ¡¿Lo quieres a él?! ¡¿Es Edward con quien quieres estar?! ―Preguntó ahora, chocando ahora su nariz con la de ella, con sus labios muy cerca de los de ella― Dime la verdad, pues si es así, me apartaré de ti y te dejaré en paz.
―Yo no… no…
El titubeo en la respuesta de Ángela, dio pie para que Garrett, allí tan cerca de sus labios, no se abstuviera más y atrapara su boca bajo la de él. Desde que la vio por primera vez, rodeada de flores, quiso probar su boca y degustar su sabor. Pero lo que sintió en ese momento ni por asomo lo había sentido antes con nadie.
Al igual que ella.
Los corazones de ambos comenzaron a repicar al unísono, mientras el beso iba cobrando fuerza, mientras el anhelo iba creciendo en ellos, el anhelo por quedarse para siempre así y no pensar en nada ni en nadie más… pero al menos para Ángela, había una bruma que le impedía darse a él como deseaba, por eso fue la primera en apartarse y despegar su boca de la de Garrett ―con mucha dificultad, eso sí― y con sus ojos aun cerrados apoyó la cabeza sobre el pecho sobresaltado.
―En este momento, siento como si estuviera traicionando "otra vez" a Bella ―. susurró. Garrett besó el tope de su cabeza y suspiró. La llevó hasta el sofá, sentándola prácticamente sobre sus piernas y abrazándola a él y ella se acomodó sintiendo que el regazo de Garrett era un lugar cálido donde ella siempre podría estar.
―Oye, no te atormentes por eso…
― ¿Y cómo no he de atormentarme? ¡Ella es tu novia, se van a casar!
―Eso no va a pasar ―. dijo él con toda seguridad― Te lo dije, ella me habló sobre el problema con su padre y habrá otra solución, Bella ya no tendrá que sacrificarse.
― ¿Le darás tú el dinero para el tratamiento de su padre?
―No, no… ni ella si su padre lo aceptarían, mucho menos cuando Charlie ignora que Bella sabe de su diagnóstico.
― ¿Entonces?
Ángela era tozuda. De eso se percató Garrett en ese momento, cuando podía oír los engranajes de su linda cabecita sacando conclusiones del por qué él le aseguraba tan tajantemente aquello. Ni siquiera Bella se lo cuestionó tanto cuando él se lo dijo. Por él, revelaría todo el secreto que se escondía detrás de su aparición en El Pueblo y de lo que Bella se enteraría en los próximos días. Pero no le correspondía.
―Mi ángel, sólo debes saber que ella necesitará de tu apoyo en los próximos días. Se revelará algo de su pasado que quizás cambie su vida…
― ¿Se trata de su madre?
―Uhm… ¿por qué dices eso?
―Si hay algo raro en la vida de Bella es su pasado, sobre todo por lo que la gente más antigua comenta. Hay muchas historias alrededor de ella, de su madre y de Charlie. ¿Se trata de eso?
―Algo así.
― ¿Y tú tienes que ver con eso?
―Por favor, Ángela, no sigas preguntándome más. No tengo derecho a develarte nada, no antes que ella se entere al menos. No me pongas en ese aprieto, te lo suplico… por mí, te lo contaría todo, pero traicionaría la confianza… de alguien importante para mí.
―Está bien, está bien ―. dijo ella, removiéndose un poco― No tengo derecho a presionarte así, perdóname.
―Tienes derecho, mi ángel, pero es algo que involucra a más personas y yo simplemente…
―Ya no digas más, no quiero incomodarte.
― ¡No me incomodas, Ángela! ―Exclamó, acercándola más a él y buscando otra vez sus labios, los que ella le ofreció con gusto. Cuando sus bocas estuvieron desocupadas, ella reconoció:
―Pensé que… la manara en que me mirabas era producto de mi imaginación, de mi deseo por que así fuera.
Garrett torció su boca y llevó su nariz hasta el cuello de Ángela, provocándole risitas coquetas. Con su boca sobre la piel de su cuello, preguntó:
― ¿Y cómo es que yo te miraba?
―Pues… tú sabes…
―No, no lo sé.
―Dime, con qué cara ―, insistió él― ¿Con cara de bobo encandilado frente a un ángel rodeado de flores?
―Bobo encandilado ―. Repitió ella, soltando una risa.
―Bella evitaba que yo fuera hasta la florería. No quería torturarte, ya sabes… pero yo ansiaba ir y mirarte como hacías esas cosas hermosas con las flores ―. Alzó su mano y con su dedo índice, recorrió su rostro, acariciando sus labios, su barbilla, sus pómulos, el contorno de sus ojos― ¿Sabes? La primera vez que te vi, no fue necesario ni siquiera que me hablaras, me miraste y me sonreíste y yo ya supe perdido mi corazón por ti. Nunca antes hubo una mujer que me hiciera sentir así, nunca. Desde ese día no dejé de pensar en ti…
Ángela, a esas alturas estaba totalmente sonrojada con la declaración de Garrett, quien seguía olisqueando y besando su cuello, provocándole estallidos en el estómago como nunca antes los sintió. Además, también recordó lo que ella sintió la primera vez que lo vio entrar allí, con su traje oscuro, en contraste con su blanca camisa, su cabello castaño alborotado y su sonrisa radiante de príncipe. Suspiró al recordarlo.
― ¿Ese suspiro es por mí? ―Preguntó con diversión, alzando su rostro para mirar directo a los oscuros ojos de su ángel. Además, no era necesaria más luz para saber que estaba ruborizada. La iluminación amarillezca de los faroles de la calle que se colaban por la ventana, le daban a su rostro un efecto sobrecogedor.
―Puede ser… ―Respondió muy coquetamente. El río y volvió a besarla con toda la ternura que esa mujer ―su ángel― le provocaba.
―Tienes mi corazón, Ángela. Así que confía en mí, por favor. En poco tiempo me entenderás y podremos estar juntos sin remordimientos.
Ella asintió y cerró los ojos, bajando su cabeza hasta el hombro de Garrett y volviendo a aferrarse fuertemente a él por la cintura. Suspiró y declaró:
―Tienes mi corazón también, Garrett, y confió en ti.
Ahí, en medio de la sala en penumbras, iluminada por la luz que se colaba por los ventanales del apartamento, se quedaron estos dos jóvenes, disfrutando de la compañía mutua, en silencio y sin decir más palabras, pues al parecer no era necesario. Simplemente se escuchaban los sonidos de ambos labios cuando se encontraban en un beso o los suspiros que ambos proferían.
