Casi dos meses sin actualizar este Fic, deben querer matarme. Mil perdones por toda esta espera, estuve sin ganas de escribir, después empecé el colegio y por un tiempo me olvidé que tenía que actualizar este Fic, y solo actualicé EANSEF. Hoy me desperté con ganas de escribir, y como quería cambiar, preferí escribir el cap de Odio Amarte.

Lo dije en mi nota de EANSEF, pero lo repito acá por si hay alguien que no lee mi otro Fic, voy a empezar a subir regularmente los caps de Odio Amarte, en cuanto termine de subir los últimos dos de EANSEF :) Miles de gracias a todos los que se toman el tiempo de dejar un comentario, y a los que marcaron esta historia entre sus favoritos. Realmente aprecio mucho el apoyo y la paciencia de todos ustedes.

¡Que disfruten la lectura!


Odio Amarte: Capitulo 8.

Blaine despidió a los últimos invitados que le expresaban sus pesares por la repentina y trágica muerte de su padre. El morocho sabía que la verdadera causa de la muerte de su padre no había sido un ataque de corazón, sabía que el culpable de la muerte de su padre eran los celos, la amenaza, el dolor... Sebastian.

Por supuesto que a pesar de saber quién era el culpable no había abierto la boca. Declarar que los Smythe habían asesinado a su padre, hubiese sido declarar la guerra abiertamente. Aunque no estaba seguro que era mejor, si sentarse a esperar que un puñal oculto o una gota de veneno llegaran a sus familiares por la noche, o que todos supieran que podían morir en cualquier momento.

¿Cómo había llegado a esto? ¿Cómo una aventura con un chico había terminado en algo así? Soltó un suspiro de cansancio y volvió al interior de la casa. La pura verdad era que la muerte de su padre no lo había afectado en lo más mínimo. Si en algún momento había sentido cariño por su progenitor este se había evaporado al paso de los años. Le había sacado un gran peso de encima, y le había puesto otro mayor. Ahora tenía que ser él el que ocupara el puesto de su padre en la empresa, y eso lo frustraba.

Caminó por los pasillos, sin destino alguno, dejando que sus pies los llevaran a donde querían. Ya había pasado más de un mes. Un mes desde el desastroso casamiento, que terminó en la huída de Kurt.

Kurt...

No había tenido noticias del castaño desde entonces. Tal vez fuera lo mejor, pero su pecho no dejaba de doler cada vez que recordaba que el joven le había dicho a Sebastian que lo amaba. Después de todo, de todo lo que Blaine lo había hecho sufrir, Kurt seguí amándolo.

Se paró en seco al darse cuenta donde estaba. Una leve sonrisa nostálgica acudió a su rostro, se mordió el labio mientras pasaba las yemas de las dedos sobre la madera de la puerta que ocultaba la habitación que tenía grabado en las paredes cada uno de los gemidos de Kurt, las caricias de Blaine en esa piel blanca, y la unión de sus cuerpos cada vez que se escapaban del mundo, para fundirse en su propia fantasía.

Soltó un suspiro y se alejó de allí, sin abrir la puerta. Caminó hasta su habitación y se fue desnudando lentamente, hasta solo quedarse con la ropa interior. Se sentó al borde de la cama, y escondió su rostro entre sus manos. Trataba con todas sus fuerzas de ser fuerte, trataba de mantenerse en pie, pero la situación era demasiado para él. Sentía que iba a estallar en cualquier momento. Más de una vez se había visto tentado a renunciar a todo y desaparecer, pero la esperanza de volver a ver a Kurt y el amor que sentía por su hijo lo hacían mantener los pies en la tierra y seguir adelante.

Rachel entró en la habitación, y Blaine levantó la cabeza, mirándola fijamente. Por mucho que lo había intentado no había podido quererla, lo único que la unía en ese momento e impedía que la dejara era el pequeño que crecía en su vientre. Sabía más que perfectamente que la joven no sentía nada por él. Tal vez en un momento pasado, hubiese albergado sentimientos pero todo se había arruinado en el momento en que Blaine gimió el nombre del castaño en su oído, el día de su boda.

La mujer lo fulminó con la mirada. Blaine estaba bastante seguro de que ella también se moría por separase de él, pero su familia no lo permitiría. Los Anderson eran poderosos, tenían contactos fuertes y eran una de las familias más ricas. Se morían por heredar todo eso, y la manera más directa era por el hijo de ambos. Rachel se acercó a él, y le acarició la mejilla. Blaine entrecerró los ojos, mirándola con sospecha por esa caricia.

- Sé que estas algo mal por lo de tu padre. - Blaine la miró fijamente, sin saber a dónde quería llegar con eso. La chica seguro sabía que Blaine no sentía mal por su padre. - Pero sé una forma de alegrarte. - El morocho abrió los ojos como platos al escuchar el tono algo seductor. Rachel se inclinó para besarlo, pero Blaine se alejó rápidamente. La joven lo fulminó con la mirada. El morocho se puso en pie y se alejó de ella, pasándose las manos por el pelo. - Desde hace meses que no me tocas, Anderson. Desde que supiste que estaba embarazada dejaste de intentar tener relaciones conmigo, y apenas las teníamos antes ¿Sabes que pueden decir de nosotros? - Blaine se dio vuelta bruscamente y la calló con la mirada.

- No necesitas que te diga el porqué no te toco. Deja de fingir, deja de pretender que no lo sabes. - La muchacha se cruzó de brazos y lo miró con enojo. - Sabes perfectamente que no me atraes, que ninguna mujer lo hace. - Un leve brillito de maldad se coló en los ojos de la chica.

- ¿Cómo piensas que reaccionaría mi padre si le dijera que te gusta morder almohadas? - Blaine levantó las cejas, pero no se dejó intimidar. Dio unos pasos hacia delante, poniéndose cara a cara con su esposa.

- No lo sé ¿Tú como crees que reaccionaría si le dijera que te estás acostando con el hijastro de Hummel a mis espaldas? - Rachel abrió los ojos como platos, y Blaine sonrió. - ¿Crees que soy idiota? Sé mejor que nadie que me estas engañando con Finn desde que él vino para ayudar con los preparativos de esa estúpida boda. - La mujer bajó los ojos, su cara se había desfigurado y ahora solo mostraba pánico. - Pero ¿Sabes por qué no dije nada? ¿Por qué no abrí la boca? ¿Por qué, cuándo tenía el poder de destruirte y humillar a tu familia, no lo hice? - Rachel tragó duro, volviendo a mirarlo a los ojos. - Porque sé de primera mano lo que es amar a alguien que no puedes tener. - Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas al instante. - Y no quería que sufrieras lo que yo sufrí por no poder estar con Kurt. - La joven se abrazó a sí misma, y desvió la mirada. Blaine se dio media vuelta y se encaminó fuera de la habitación, pero se detuvo antes de salir de ella. - Si quieres diles a todos que soy gay, no me pueden lastimar más de lo que estoy. - Abrió la puerta, pero volvió detenerse. - No me importa si te acuestas con Finn, solo sean cuidadosos, y no dejen que nadie los descubra. - sin mirar atrás salió de la habitación.


Sorprendentemente su relación con Rachel había mejora después de esa conversación. Las semanas pasaban rápido, y ellos se volvieron más cercanos, limando todas las dificultades y malentendidos hasta finalmente llevarse verdaderamente bien, hasta se podía decir que eran amigos. Blaine se mostraba reservado con todo el mundo, cerrado y más serio que nunca, solo se soltaba un poco cuando estaba con la joven. Rachel seguía viendo a Finn, y en cierta forma se alegraba que ella fuera feliz.

Él se pasaba los días en un torbellino de recuerdos agridulces, pesadillas nocturnas, y miedo del próximo golpe de Sebastian. Se removió en su asiento, y se pasó las manos por la cara tratando de desaparecer el sueño. Hacía varias se había enfrascado en dos investigaciones. Una para encontrar el paradero de Kurt, otra para encontrar un punto débil en los Smythe, para poder pararle los pies a Sebastian de una vez por todas. Ninguna de las dos había tenido resultado alguno y eso lo llenaba de frustración y tristeza. Había llegado al punto de preguntarse si alguna vez volvería ver al hombre que había robado su corazón.

Un grito lo hizo ponerse de pie bruscamente, haciendo que la silla callera al suelo de un golpe. La puerta de su despacho se abrió minutos después, mostrando a la mujer que acompañaba a Rachel durante el embarazo.

- ¿Que sucedió? ¿Rachel está bien? - preguntó, acercándose a ella. La mujer asintió y sonrió, cosa que hizo que Blaine frunciera el ceño.

- Rompió bolsas. - El estómago de Blaine se encogió, y su garganta se cerró en un nudo. La mujer salió del lugar, dejando a Blaine petrificado.

El morocho reaccionó cuando otro grito cruzó los pasillos. Corrió hasta su habitación, que tenía ambas puertas cerradas, y escuchó como Rachel gritaba, mientras otras voces le insistían que pujara. Habían decidido tener el lugar, y el personal necesario en la casa, ya que el hospital más cercano estaba a una hora de distancia.

Los nervios le comían el estómago, y sentía que todo su cuerpo temblaba de arriba a abajo, de forma incontrolable. Cerró los ojos, y apoyó su frente contra la madera, tratando de moderar su respiración.

El llanto agudo e inconfundible de un recién nacido llenó los pasillos de la mansión, haciendo temblar sus rodillas. Casi al instante, abrió la puerta, con los ojos cegados de lágrimas. Caminó hasta la cama, con sus ojos fijos en el pequeño bulto en los brazos de Rachel. La joven estaba sudorosa, despeinada, con cara de cansancio y de haber sufrido bastante, pero una sonrisa iluminaba su rostro. Blaine tragó con dificultad al tiempo que extendía sus manos para tomar a su hijo en brazos. El pequeño no dejaba de llorar, pero al morocho le parecía el sonido más hermoso del mundo después de la risa de Kurt. Se agachó y depositó un beso en los labios de la joven, quién le sonrió con cariño antes de cerrar los ojos, y dejar que las jóvenes que la habían ayudado la limpiaran.

El morocho se alejó de la cama, sin poder despegar sus ojos del pequeño que se hallaba acurrucado entre sus brazos, con una manta alrededor de su cuerpito. Sonrió, dejando que las lágrimas se deslizaran por su rostro.

- Ojalá pudieras verlo, Kurt. - murmuró para sí mismo. Depositó un suave beso sobre su frente. - Nathan, es igual de hermoso que tú.


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