Wow, me tardé un poco, mil disculpas.

Vamos a ver, contestando reviews…

SMaris: Creo que el estar siendo perseguidos y no tener a una cabeza que los organice ha hecho que los mortífagos sean más crueles, pero no te preocupes, las cosas pronto tendrán arreglo.

Juliette Weasley: Gracias por leer el fic completo en potterfics, sé que al principio no entendías el por qué de tanta pena, pero, dime si el final no te encantó?, gracias por venir a comentar acá, te lo agradezco enormemente.

Y con eso, les dejo ya el nuevo.

Saludos!!!

La miraba sonriendo, ella realmente estaba feliz; pensando bien las cosas, nunca antes la había visto correr así, no de esa forma tan infantil; decidió no perderla de vista, memorizarla lo mejor posible, cuando él perdiera todo, ella recuperaría lo suyo y además tendría los recuerdos de él en estos momentos, quería que ella supiera lo feliz que lo hacía verla así, no iba a perder detalle. Entonces la perdió de vista, asustado se puso de pie y la buscó, la vio rodar por la pendiente de la colina llena de flores, asustado echó a correr para detenerla, pero a medio camino la escuchó carcajear, se divertía, bajó la velocidad y la siguió lentamente.

-¡Ven Ron! –Gritó acalorada y llena de césped, rocío y pétalos de flores blancas. –Tírate en las flores… es divino.

-Sí… es hermoso. –Contestó mirándola sonriendo, era lo más bello que había visto en su vida, ella flotando en una marea de amarillo, rosa y blanco. –Pero si me tiro sobre las flores, no quedará una sola entera.

-Cierto… eres enorme. –Carcajeó Hermione, él asintió y se sentó con cuidado a su lado. –Cuéntame de Harry.

-¿De Harry? –Preguntó encogiendo las piernas, ella asintió al tiempo que se tiraba sobre la hierba boca arriba y estiraba los brazos como una chiquilla. –Bueno, él es un buen hombre… un gran mago…

-Valiente. –Añadió ella recordando vagamente a un Harry preocupado por hacerla beber de una botella.

-Sí… muy valiente… es un líder, decidido y fiel… mi mejor amigo, casi mi hermano. –Murmuró sonriendo.

-Apuesto a que alguna vez se han peleado. –Dijo Hermione acostándose de costado para verlo mejor, Ron se sonrojó y recordó aquello en cuarto curso.

-Sí… pero siempre por mi testarudez. –Admitió rememorando ahora que los había abandonado a los dos en el bosque, en un arranque estúpido de ira.

-¿Y tú no sabes de eso, verdad Ronald? –Preguntó Hermione sonriendo alegremente, él sintió como si estuviera hablando con la de antes y asintió sonrojado; de inmediato Hermione se entregó a la contemplación de un saltamontes que andaba cerca, él se concentró en buscar un árbol bajo el cual resguardarse del sol, cuando ella se alejó un poco se volvió a verla.

-Te amo. –Susurró, mas ella no oyó nada, el sol estaba alto y pronto no iban a soportar el calor, pero no les importaba, durante los siguientes minutos ella se dedicó a contar cosas absurdas de sus tardes con McGonagall, largas platicas sobre historia, datos muggles, animales y comida; Ron la escuchaba con atención, poco a poco recuperaba ese aire inteligente que le causaba estragos en el Colegio.

-¿Qué hora es Ron? –Preguntó Hermione, luego de saltar de una conversación sobre nubes con forma de oveja a una sobre sombreros puntiagudos.

-Cerca de las seis. –Dijo sorprendido, se habían distraído demasiado. –Debes morir de hambre.

-No, no tengo hambre. –Afirmó acercándose, Ron estaba recargado en el tronco de un árbol con la pierna derecha doblada y la izquierda extendida; Hermione se sentó a su lado, se tiró sobre el césped y apoyó su cabeza sobre la pierna tirante de él, que no hizo por negarse. –Me gusta este lugar… ¿cómo lo conociste? –Preguntó interesada, Ron recordó que la había llevado a ella dos años atrás, para festejar algo, mas no podía recordar qué.

-Me dijeron de este sitio y traje a alguien muy especial hace un tiempo. –Contestó mirando al cielo azul con una amplia y preciosa sonrisa; Hermione se removió, frunció el ceño, sentía algo que no había sentido antes, como una opresión en el pecho y ganas de no decirle nada más. –Era una tarde tan hermosa como esta.

-Deberíamos volver, se hace tarde. –Murmuró tajante y volvió sus ojos a él, Ron estaba pálido mirando fijamente al frente. -¿Pasa algo?

-Es, es… una… -Dijo apuntando a su rodilla a pocos centímetros de ella, Hermione se volvió; sobre la rodilla de Ron, andando lentamente en su dirección, una araña del tamaño de una nuez descendía tranquilamente.

-Una araña. –Nombró sonriendo, volvió sus ojos a Ron, estaba azul del miedo. –¿Te dan miedo las arañas?

-Las detesto. –Se tensó de tal forma que Hermione supo que estaba sufriendo, apresurada se irguió un poco y con un movimiento rápido de su mano, arrojó lejos al arácnido y se volvió a Ron, respiraba agitado y sudaba.

-¿Estás bien? –Preguntó tomándolo del hombro, Ron asintió lentamente y sin decir más la abrazó para sentirse mejor; no supo si abrazarlo también y se quedó congelada, lo sintió calmar su miedo, su ansiedad.

-Gracias. –Dijo en un murmullo suave, luego la miró sonriendo, se puso de pie de un salto y le tendió la mano. –Vamos, como recompensa te llevaré a un sitio genial. –Ella aceptó y le tomó la mano, desaparecieron, la sensación fue menos abrumadora, aunque no sabía si porque ya la había pasado o porque ahora Ron la abrazaba con más fuerza; aparecieron en un callejón, la guió hasta un sitio concurrido y le compró un emparedado. –Son deliciosos…

-¿Cómo conociste este lugar? –Preguntó notando que no había nadie que vistiera como Minerva o esa otra chica rubia tan rara que a veces iba a verla, mucho menos que alguien usara túnica como el rubio de la mañana.

-Me trajo alguien estupendo. –Contestó Ron, ella sintió nuevamente ese vacío en el estómago, pero lo ignoró porque él le tomó la mano y salieron comiendo a la calle; anduvieron un par de cuadras conversando, cuando el sol se metió volvieron a internarse en un callejón, él la aferró a su cuerpo y desaparecieron, la sensación ya no era siquiera perceptible.

El ¡plop! resonó débilmente en la oscuridad frente al granero, la lluvia no dejaba que nada sonara además de su melódica caída; Ron la cubrió con sus brazos y corrieron rumbo a la casa, mojándose terriblemente, a diez metros de la entrada, Hermione resbaló llevándose con su peso a Ron; cayeron en medio de un enorme charco, él sobre ella, mirándose con la lluvia tan densa sobre el cuerpo que en dos segundos eran ya por completo parte del suelo fangoso.

Se miraron un instante fijamente, a él se le iban los ojos de los de ella a sus labios, su respiración era agitada, su garganta pasaba saliva con una lentitud exagerada; a ella se le iban los ojos en recorrer los de él, como si no hubiera visto nunca antes un azul como ese, le temblaba el labio inferior, quería decir algo importante, algo trascendental, pero no recordaba qué.

-Discúlpame. –Dijo seriamente Ron poniéndose de rodillas para ayudarla a levantarse, ella asintió sin decir nada más; la ayudó y fueron lentamente a la casa, todavía riendo divertidos.

-¡Pero si están empapados! –Minerva les esperaba en la puerta, arropó a Hermione bajo una toalla que hizo aparecer y la guió a la escalera, mientras Ron las seguía; ya en el pasillo Hermione se detuvo y se volvió a verlo.

-Muchas gracias Ron… pasé un día asombroso. –Exclamó riendo todavía, Minerva la miraba emocionada al borde de las lágrimas.

-Yo también la pasé bien. –Dijo él alegremente, entonces sin decir nada Hermione se tiró corriendo hacia él y le besó la mejilla tras abrazarlo con fuerza, a Minerva se le vino el recuerdo de algo parecido, luego de que ella volviera a moverse tras su encuentro con el basilisco.

-Buenas noches, Ron. –Hermione lo miró y luego se dio la vuelta para ir a su habitación, él se quedó parado ahí hasta que las perdió de vista entrando a la habitación; entonces lo sintió, un dolor espantoso que lo obligó a sujetarse de la pared y moverse hacia su habitación lentamente.

-¿A dónde fueron? –Preguntó mientras la ayudaba a secarse el cabello, Hermione se quitaba los jeans empapados.

-Era un lugar divino… lleno de flores por todos lados, rosas, blancas, amarillas… había un enorme roble… -Hermione describía todo con la emoción de una chica de quince años y Minerva, emocionada, la escuchaba con atención; la Hermione de antes no habría vivido esas cosas de una forma tan intensa, eso la hacía emocionarse más. -… nos tiramos en el césped hasta que fue ya muy tarde… luego vimos una araña y Ron se asustó tanto como si hubiera visto una acromántula.

-¿Una qué? –Minerva se le quedó viendo esperando una respuesta, Hermione como si hablara del color de su cabello continuó.

-Acromántula… como Aragog en el Bosque prohibido. –Mencionó sin darle importancia, Minerva lo supo, ese era un recuerdo; Hermione avanzaba a pasos agigantados, frunció el ceño, ¿cómo estaría pasando esto Ron?

Le dolía, jamás pensó que realmente iba a doler tanto, cayó al suelo sofocado, sudando completo, o quizá era el agua de la lluvia, no lo sabía; no podía enfocar la vista, no podía sujetarse de algo para intentar levantarse del suelo, donde se debatía mordiéndose los labios para no gritar. La camisa le quemaba, le escocía la espalda, emitió un ruido mezcla de gemido y rugido de rabia; se sujetó de la colcha y jaló con fuerza tratando de ponerse en pie, entonces no soportó más la tela sobre la espalda, era ácido, era fuego.

Rabió mientras se quitaba la camisa con todas las fuerzas que le daba el dolor, la arrojó al suelo y respirando apenas, pudo incorporarse para verse la espalda reflejada en el espejo; alcanzó a distinguir lo que pasaba, el tatuaje, las primeras líneas de la nutria se borraban, dejándole a cambio una cicatriz espantosa, resaltada, gruesa y rosada; la piel la tenía enrojecida, se dobló de dolor, era la memoria que se le iba, se le escapaba al tiempo que el tatuaje brillaba como la noche anterior; pensó en lo que pasaba por su mente, Hermione petrificada en segundo curso, Hermione cuando le contaron lo de las arañas, sonrió en medio del dolor, ella ya debía estar recordando eso.

No podía dejar de pensar en Hermione petrificada, Hermione inmóvil y él y Harry mirándola en al cama de la enfermería, ella perdida en ese limbo y ellos todavía más perdidos sin ella; ella muerta de tan helada y congelada, él muerto de tan abandonado sin ella, sin su luz, ella que se le desvanecía mientras lo embargaba el desmayo, que se deshacía mientras el sueño le ganaba, el sueño o el dolor. Y las imágenes se le mezclaban, Hermione con su cabello enmarañado preguntándose por qué Harry escuchaba voces y Hermione corriendo entre una marea de rosa, blanco y amarillo, sonriendo tirada en la hierba, Hermione que se deshace entre la oscuridad de la noche, una noche que amenazaba con tragárselo para siempre.

Al irse a la cama, Hermione había recordado dos cosas importantes, la primera era que las flores huelen delicioso, son lindas y agradables; la segunda, que Ron odiaba las arañas, les temía desesperadamente y por extraño que parezca eso la hizo sonreír antes de quedarse dormida; Ronald, ese nuevo o quizá viejo amigo, era como un niño enorme. Un niño que moría de ganas por tener siempre a su lado.