La chica despertó de su letargo cuando sintió algo suave cerca de su nariz que la hizo lanzar un pequeño estornudo, abrió con pesadez sus ojos y se dio cuenta que era ese gato negro y mañoso, seguramente la estaba buscando para ser alimentado.
- Plagg, bájate - con la voz rasposa regañó al felino que invadía su espacio restregando su esponjosa cola en su nariz.
Sus ojos empezaron a adaptarse a la luz que empezaba a aclarar la casa de piedra y barro de la familia de panaderos. Suspiró profundo, se sentía cansada y aun su mente no establecía la razón de su desnudez ni lo que había sucedido en previas horas.
Bostezó y se removió bajó la sábana, de inmediato sintió que la piel de su espalda se unía a algo tibio, más bien a alguien. Se halló rodeada por los brazos de un hombre y allí fue donde todo lo vivido se reprodujo automáticamente en su mente.
Sus ojos se abrieron de golpe, sintió en su nuca la respiración caliente del chico con el que compartía lecho, al mismo tiempo se sintió aliviada de que su príncipe respiraba un día más, había sobrevivido la noche. Sonrió de oreja a oreja y una lágrima se escapó de sus zafiros. Agarró la mano del hombre que apretaba su estómago y la dirigió a sus labios para darle un cariñoso beso.
Se removió liberándose del abrazo que Adrien le propinaba mientras dormía. Se sentó en la cama y sintió que el muchacho se meneaba bajo las sábanas en búsqueda de lo que se le había arrebatado.
De los labios de Adrien se escapó un suspiro y sus ojos se empezaron a abrir. Entre la sensación de pesadez en su cuerpo y la visión borrosa al intentar abrir sus ojos quedó confundido. Vio la silueta brillante y angelical de una doncella desnuda. Su piel de alabastro reflejaba la claridad de la mañana y esa figura tan fina apoyada tan cerca de él.
Estiró su mano y apenas logró tocar esa espalda inmaculada antes de ser censurada por completo al subir la tela de una túnica azul oscura. Y la sonrisa dulce que le regaló ella antes de abandonar la cama lo hizo sentir que efectivamente había muerto. Al final se dejó llevar por lo que su cuerpo adolorido le pedía, volviendo a sumergirse en ese sueño donde ese ángel le brindaba el exquisito elíxir al cobijarlo bajo sus alas.
Adrien se había despertado varias veces a lo largo del día y a pesar de su insistencia en volver a su hogar, la debilidad en su cuerpo y Marinette no se lo permitirían. Cuando la mayor de los Dupain-Cheng regresó de esa noche tan distinta y agitada para su corazón, se escandalizó al encontrar a un hombre desconocido en la camba de su hermana. Del rubio enfermo apenas se había fijado cuando acechaba a Félix así que aún era un extraño para ella; incluso para Adrien, fue sorpresivo para él enterarse que la mujer que pretendía su hermano era la hermana de su bella salvadora. Condescendiente, Bridgette dejó que el chico se siguiera recuperando antes de volver a casa. Sin embargo, los padres de las mujeres se estaban tardando en regresar manteniendo más intranquilas a las féminas.
La mayor salió nuevamente en búsqueda de Félix, a pesar de que pronto oscurecería, necesitan su ayuda para que Adrien logre volver a casa y sea tratado por un doctor, a pesar de que su condición estaba evolucionando rápidamente.
Nuevamente Adrien y Marinette estaban a solas.
- ¡Ey! ¿Qué le sucede a este gato? - comentó Adrien al sentir que el gato negro hacia travesuras, pasaba su áspera lengua una y otra vez por los pies del rubio sin importar cuantas veces Marinette lo desaloje del interior de la casa; el gato siempre conseguía volver.
- Es un gato mañoso - refunfuño Marinette enviándolo una vez más fuera de la vivienda. De todas formas, el minino volvería.
- Marinette - la llamó con timidez -¿Podría acercarse un momento?, quiero agradecerle nuevamente por salvarme la vida.
La joven dama se acercó hasta la cama en donde Adrien se recuperaba desde hace casi un día entero - ... A usted le debo mi vida de ahora en adelante- el de mirada esmeralda agarró la mano de Marinette para acariciarla mientras hablaba, seguido le dio un pequeño tirón haciéndola sentarse a un costado de la cama muy cerca de él. -Usted es muy importante para mí.
Ella le sonrió enternecida sin poder evitar mirarlo con ojos enamorados... Traspasó sus dedos a lo largo de los cabellos dorados moviendo su cabeza de un lado a otro negando el crédito que le daba el joven - solo hice lo que debía - su sonrisa se tornó sería al pensar si era correcto lo que diría después... - usted... también es muy importante para mí - confesó titubeando.
Ambos se perdieron en la mirada del otro sonriendo como si las palabras ya no fueran necesarias para confirmarse que algo crecía en el interior de ambos, algo crecía al mismo ritmo y con la misma intensidad.
Adrien dejó de acariciar la mano de la joven para llevarla hasta sus labios y depositar un suave beso en esta, impredeciblemente las lágrimas de Marinette empezaron a escurriese de sus ojos y un pequeño quejido salió de su boca en el momento que ella se inclinó con el fin de que las frentes de ambos se unieran - n-no sabe... lo asustada que estaba de perderlo - su voz entrecortada reflejaba todo el miedo que esas palabas significaban.
-No, mi lady... yo no podía morir y dejarla vulnerable aquí en este mundo- sentenció Adrien llevando una mano hasta las mejillas tibias de la joven con la que en esos momentos compartía cercanía, levantó su rostro y sus narices chocaron - no soporto verla triste - confesó frotando sus narices de forma tierna - por favor, ya no llore... prométamelo - sintió que la azabache intentaba reincorporarse, pero él no lo permitió, la tomó de la cintura y le agarró nuevamente una mano - prométamelo o no la dejo ir - con las frentes unidas Adrien tenía el control se su cuerpo.
- L-Lo prometo- se dio por vencida.
Se reincorporó con el corazón desbocado y el joven herrero lo distinguió - Marinette, ¿Qué hace usted para divertirse cuando ha cumplido con sus labores? - intentó
que el ambiente tenso se torne ameno.
Consiguiendo su objetivo, Marinette se tornó pensativa, llevó un dedo a su boca buscando en su mente alguna idea - ¡Sí! - casi gritando se levantó animada de la cama dejando a un Adrien intrigado.
Sus verdes ojos siguieron a la joven que daba vueltas por la estancia, la vio tomar unas cuentas velas y un candil, pensó que su tarea era traer claridad a su alrededor ya que la luz del día estaba por desvanecerse pronto.
Pero no podía estar más equivocado.
La tierna jovencita regresó a su lugar en la cama después de colocar cerca el candil encendido. Ahora traía una sonrisa en sus labios, en sus manos unas velas y un pequeño frasco de vidrio.
- ¿Cómo lo prefiere, con los ojos tapados o prefiere observar? - preguntó con inocencia dejando al muchacho con sus grandes ojos felinos abiertos y llenos de confusión al clavar la mirada en la tela que la chica tenía entre sus manos.
- Pre...fiero ver - respondió sin saber de qué hablaba la azabache.
- Yo igual - soltó una sonrisa llena de emoción al sentir que compartían gustos -A mí también me gusta ver - tomó una mano de Adrien y la levantó por debajo de su cabeza y empezó a atarla con la misma tela negra.
- Disculpe... ¿Qué hace? - se atrevió a preguntar.
- ¿Nunca ha jugado con la cera de las velas? - inquirió extrañada - Esto es algo con lo que mi hermana y sus amigas solemos jugar en nuestros ratos libres... Pensé que usted conocía este juego.
- Eh... Nunca lo había escuchado- confesó provocando que la alegría en Marinette desaparezca.
En ese momento Marinette quiso darse una cachetada... Era de esperarse. ¿En qué momento pensó que su príncipe tendría el conocimiento de esos juegos?, esos juegos que eran populares entre las brujas - pero si usted gusta me puede enseñar - la sonrisa ladina que el rubio le ofreció junto a esa expresión tan amable en su rostro hizo que dejará de torturase mentalmente al visualizarse a sí misma como una chica anormal.
- ¿Es... Está seguro?
- Sí- una nueva sonrisa se dibujaba en los labios de Adrien dándole paz al corazón de la chica que tenía en frente.
Marinette decidió desatar a su chico, no quería que se sintiera incómodo siendo la primera vez jugando aquello. Empezó a verter en el pecho bien formado del herrero un líquido aceitoso proveniente del pequeño frasco de vidrio.
- Huele delicioso - Adrien aspiró con fuerza el delicioso aroma floral.
- Es un bálsamo de flores que evitará que su piel salga lastimada - con las mejillas sonrosadas, Marinette dejó a un lado el pequeño frasco y empezó a esparcir el aceite untándolo por toda la piel a la vista, desde los hombros, intentando no tocar la herida, viajando sus manos por los pectorales y deteniéndose hasta un poco más a abajo del ombligo de Adrien.
Ambos disfrutaban del masaje, Adrien sentía los movimientos delicados que le propinaba las dulces manos de su azabache y ella esculpía la desnudez de ese cuerpo desarrollado gracias a la dura profesión del chico del cual estaba perdidamente enamorada.
El joven enamorado cerró los ojos con el afán de sentir y disfrutar con profundidad los movimientos circulares relajantes, además de despertar en él otros sentidos.
Antes de culminar, Marinette llevó ambas manos por lo largo del cuello del chico hasta masajear los lóbulos de las orejas con la yema de sus pulgares, evocando un suspiro satisfactorio por parte del muchacho haciendo sonreír a Marinette.
- Listo... No se duerma - rió burlándose de la expresión de satisfacción que había provocado en Adrien.
- No es culpa, sus manos son relajantes mi lady- con un pequeño guiño hizo que sonrojar nuevamente a la chica.
Ella respiró profundo antes de estirar su brazo y tomar una vela color rojo. - Bien... Veremos qué tan fuerte es el joven herrero - soltó una sonrisa pícara mientras encienda con el candil la mecha de esta.
- ¡AHHH! - Adrien lanzó un grito al sentir unas cuentas gotas de cera caliente caer en su abdomen y se removió del dolor, gruñó un poco más hasta que la fuerte sensación de dolor desaparecía.
- Creo que una capa más de bálsamo no vendría mal - entre risas volvió a untar un poco más del aceite. En el proceso explicó en qué consistía ese extraño juego.
- Entonces, usted juega esto siempre - cuestionó sorprendido de que a la damisela que tan frágil aspecto tenía, en realidad gustaba de esa práctica para divertirse.
- Sí, debo adivinar lo que la otra persona dibuja con sus dedos en mi piel y si no lo hago bien, recibo un poco de cera caliente en mi espalda.
El extraño juego empezó nuevamente y Adrien estaba perdiendo - ¡AHG! - gruñó después de otra dosis de cera caliente en sus pectorales.
Marinette rió con malicia una vez más- usted es malo para adivinar las palabras que dibujo en su piel, esta es la quinta y aun no puede - con su dedo índice escribió una nueva palabra en su abdomen esperando que el chico a su merced tampoco adivine la respuesta.
- Ch-Chaton - habló con dudas de fallar y recibir otra vez la cera caliente, era cierto que el aceite previamente untado en su cuerpo le protegía, pero no aliviaba por completo el dolor, además de la vergüenza que sentía al saber que Marinette ya había notado aquello que se estaba levantando bajo sus pantalones. Más ella solo se había sonrojado cuando se dio cuenta, pero intentaba no prestarle atención. Nunca pensó cuando sintió las primeras gotas del líquido caliente que más adelante ese dolor le traería placer.
- ¡Bien! - felicitó burlona - al fin una.
Adrien lanzó una risa que más sonaba como un suspiro - ¿Entonces ya es mi turno?
- ¿Quiere torturar a una dama? - con poca vergüenza y entrada en el papel de dominante, Marinette se acercó al rostro de Adrien quedando a muy pocos centímetros de su boca - soy buena en esto, ¿Sabe?, pero me suelo equivocar a propósito solo para recibir el placentero dolor - sonrió coqueta
Y Adrien no pudo soportarlo más.
Sorpresivamente Marinette sintió algo suave chocar con sus labios, Adrien le estaba robando un beso. Y toda sensación de poder y seguridad que sentía hacia unos instantes, abandonó su cuerpo. Asustada intentó alejarse, pero el muchacho la sujetó de la parte de atrás de su cuello antes de que logre escapar y la atrajo nuevamente a su boca.
Con el afán de no asustarla, acarició con sus propios labios los de la muchacha, moviendo lentamente su boca sintiendo los labios entreabiertos de la chica atrapando su respiración entrecortada -no huya más... mi lady - susurró sobre el ansiado manjar que ya moría por probar con exasperación desde el día en que compartieron aliento bajo el roble que casi pone fin a la vida de su princesa.
Sintió que la chica se relajaba y confiado en que ya no intentaría huir empezó a disminuir la fuerza con la que tenía presa su nuca hasta llevar la misma mano al rostro de la joven y acariciarlo. Volvió a depositar un delicado beso fugaz y ahora era ella quien lo secundó respondiendo con otro tímido beso.
Sintiéndose más confiada Marinette apoyó sus manos en el pecho de Adrien para seguir besando la suavidad que por primera vez degustaba.
El muchacho Adrien llevó sus brazos hasta la espalda de joven abrazándola y atrayendo aún más su cuerpo hasta su pecho descubierto; atrapó los labios ajenos profundizando más el beso y ella ahora lo permitía gustosa... Las manos de Marinette se tentaron en acariciar toda la piel expuesta del herrero, ese delicioso abdomen bien esculpido la llamaba desde que la noche anterior cuando lo había despojado de sus ropas.
- Marinette... Yo la amo - confesó Adrien al separar a la azabache solo para mirarla a los ojos y confesarse - Yo la amo y espero no equivocarme, pero usted también tiene sentimientos por mí - agregó esperanzado.
Decidida respondió de inmediato sintiendo que si no lo hacía en esos momentos no tendría otra oportunidad. - Sí... Yo también lo amo... lo he amado desde que me salvó esa tarde - replicó conmovida con las lágrimas a punto de salir - desde ese día, verlo nuevamente es lo que me motiva despertar cada día.
Aquellas palabras tan sinceras no pudieron poner más feliz al Agreste menor. El beso tímido pero profundo perduró por varios minutos, descansaban solo para tomar aire y lo interrumpían solo para soltar palabras de cariño mutuo, y aunque no lo dijera, para Marinette ese era el momento más feliz de su desdichada vida; sentía que había nacido para ello y si tenía que volver a vivir todo lo que tanto renegaba solo para llegar a ese mismo mágico instante, lo haría de nuevo sin importar nada.
-Cof, cof... - escucharon un carraspeo masculino que hizo que la ojizarca se separarse de golpe, ambos pensaron por un momento que la cabeza del hogar al fin había llegado a casa, pero la tensión disminuyó al ver en la entrada del dormitorio a Félix cruzado de brazos y a Bridgette intentando ocultar su risa.
Afuera ya era oscuro, la probabilidad de que los adultos regresen hasta el siguiente día era alta y sin más opciones cada fémina debía dormir una noche más con uno de los hermanos.
Señoritas creo y espero que no hace falta mencionar que nunca intenten esto por su cuenta, a menos de que quieran tener quemaduras de 2do y 3r grado en su cuerpo.
