Hola, hola, hola. No morí, y no terminé escribiendo lo que tenía pensado. Ya ven que no soy confiable? Yo ni sé para qué me leen, pero gracias y por ustedes he vuelto. Mil gracias por sus mensajes:

LadyMimato: sorry, terminé escribiendo otra cosa y tardándome, ojalá este te guste también. Gracias por leer!

LaBauhaus: espero no hayas muerto de la ansiedad, y en este está la respuesta de lo que dijiste jaja, gracias por leer!

Carina: mil gracias, espero te guste!

Dayanet: que lindo que te guste la de los príncipes, tengo demasiado material para los FF y es difícil decidir qué voy a poner jaja, espero te guste. Gracias!

mimato bombon kou: Me alegra mucho jugar con tu corazón porque esa es la idea de un triángulo amoroso, jaja, asumo entonces que no lo hago tan mal. Casi morí de la risa con la idea del trio. Me mataste y lo ame. Gracias y espero te guste el cap.

Darkystar: ame tu dilema emocional jaja me hizo reír un mundo. No sé cómo lo hice pero espero seguirlo haciendo. Espero te guste y gracias por tus palabras no merecidas como siempre.

tengoku no tenshi: amo esa canción, pero qué exactamente te recuerda a ellos? Espero te guste el cap. Gracias!

Guest: gracias, aun no acabo jaja, eres muy dulce, espero te guste.

hivari: gracias que linda. Ojalá te guste.

AllyzA: te haría más mal que bien casarte conmigo, según opinión popular por mis ex tengo serios problemas con el compromiso jajajaja… me alegra mucho hacerte sentir así porque es la razón por la que me gusta publicar, y escribir para drenar mis emociones jaja. Tu RR me encantó y me hizo reír un montón. Mil gracias, espero te guste el cap y lamento la tardanza.

Lady Mary Hiwatari: que linda eres! Me alegro que te gustara lo de los copos, espero no haberte empalagado demasiado y no volver a hacerlo ahora. Tengo un problema de azúcar grave que hace que a veces se me vaya la mano jajaja… espero te guste el cap y espero ansiosa tu opinión.

Liraaz: qué hubo, pingui? Ya a ti ni sé que decirte. Hail Mimato, pinguitastico. No me gusta recordarte tus otros fandoms porque te roban de mí y no hay derecho. Pero soy feliz de que seas feliz, siempre y cuando sigas por aquí (¿¡?). En fin, espero que mi maldad te deje disfrutar el cap. Gracias pinguinescas.

RubyKaiba: que lindaaaa, me alegra haber cautivado tus mañanas y espero poder seguirlo haciendo. Espero me digas si te gusto ese cap. Gracias por leer!

SiageLove: tú gritas, yo grito, nosotros gritamos jaja. Espero te guste el cap y gracias por comentar!

LilyP: :) graciaaas, espero te guste el nuevo cap.

Osiris: la metáfora del fandom sobre copos de nieve. Uhm. Vaya. Gracias, creo que sí le cuadró. Espero te guste el cap.

Miine: volviste! Y me recordaste que no había publicado en este fic. Lamento la tardanza y espero te guste. Gracias!

Mil gracias a todas las que me escriben, de verdad que si no lo hicieran no publicaría, porque para qué. A veces digo que voy a quitarles los correos electrónicos para enviarles los capítulos y no publicar aquí (digo eso cuando entro a los stats y miro cuanta gente me lee en silencio, y las voces de mi cabeza gritan a mil por hora). Pero luego me llega un RR de alguien perdido, o alguien nuevo, y digo, bueno… un día fanfiker a la vez.

Hablando de lectores silenciosos, sé que estás ahí Andy, y voy a retirarte el habla si sigues haciendo esto. Ni me editas, ni me dejas RR. Deshonor a tu vaca. Nada más te perdono porque hoy escribí con tu canción: Scar de Foxes (si alguien está interesado).

En fin, espero ansiosamente sus opiniones, espero les guste el cap y MIL GRACIAS POR LEER MIS LOCURAS.


Límites Borrosos

Yamato Ishida apoyó la frente en el cristal de la ventana del auto al tiempo que bostezaba con pereza. El muchacho de cabellos desordenados, había elegido una minivan, para poder ubicar a todos los chicos en el mismo automóvil, lo cual le parecía estúpido, debido a que apenas cabían para empezar, era más práctico alquilar dos vehículos, pero Taichi había insistido en 'tiempo compartido' durante el trayecto. Esta decisión había resultado en compartir el asiento delantero con Sora Takenouchi y el propio Taichi, mientras peleaban por el control de la música. Habiendo sido apretado contra la puerta en más ocasiones de las que consideraba tolerables, sus ojos volvieron a girar con sorna.

'No puedo creer que me levantaras a las cinco de la mañana, para meterme como un atún en una lata, mientras Sora me patea intentando golpear tu enorme e idiota cabezota' dijo Yamato, mirando a su mejor amigo de reojo. Sora se sonrojó de sobremanera ante su comentario.

'No te he pateado apropósito, lo lamento, Yamato'

'Deja de ser tan malhumorado, estamos en tiempo de relax' dijo Taichi.

'Estaría mucho más relajado si me hubieras levantado a una hora decente, sin golpear mi puerta como si el edificio estuviera en llamas'

'¿Dónde estaría la diversión en eso?'

Sora y Yamato giraron los ojos al mismo tiempo.

'En realidad, no había necesidad de que lo llamaras con un megáfono y despertaras a sus vecinos' dijo la pelirroja, mirando al moreno de manera condescendiente.

'Claro que había' dijo Taichi, descartando sus palabras.

'También pudiste avisarle anoche' completó Sora.

'¿Y perderme su cara de 'me acosté a las tres de la mañana y no he dormido nada'? Nah'

Si Sora no hubiese estado en medio, Yamato habría ahorcado al moreno, quien no dejaba de reírse por lo bajo.

'Si quieres quejarte de la hora de salida. Habla con tu amiga, la Srta. Tachikawa'

Yamato apretó los puños, guardando silencio, y maldiciendo a Taichi de todas las maneras que conocía por dar la conversación como terminada. Sabía que si continuaba esa conversación, Sora se pondría sospechosa. Sus ojos volvieron a la ventana, y los otros dos volvieron a debatir entre ellos sobre la elección musical. De manera furtiva, la mirada de Yamato se ubicó en el espejo retrovisor.

En la siguiente hilera de asientos, se encontraba Takeru, Mimi, Hikari y Miyako. La pelimorada, estaba casi arrodillada en el asiento, teniendo una conversación con la hilera trasera donde estaba su novio, acompañado de Daisuke y Koushiro, los tres genios parecían estar conversando y dejando a Daisuke dormir sin interrupción. Takeru por otro lado, dividía su atención entre sus dos mejores amigas, entregándole un libro a Hikari con una mano y mostrándole su colección de música en su iPod a Mimi con la otra, uno de sus brazos estaba estirado en el espaldar, señalando una porción del libro con su dedo índice.

Todos parecían estar de mejor humor que él, pese a la insana hora. Odiaba eso. Qué clase de gente disfrutaba despertarse temprano en fin de semana.

Sus ojos se unieron con los de la castaña por un segundo, quien lo notó observando desde el espejo. Dando un respingo, al recordar que había estado evitando conversar con ella desde su revelación accidental, volvió su atención hacia sus compañeros de asiento, decidiendo abrir la boca para pretender que no había estado mirando atrás.

'Sólo deja elegir a Sora, tienes pésimo gusto de todas maneras' insertó de repente, pretendiendo que había estado siguiendo su pelea todo el tiempo.

'Ja. Yo gano' soltó Sora triunfante.

'Él no tiene voto, no ha dormido en 48 horas, su capacidad de juzgar cuanto apesta que no pongas BAAD, está devaluada' se defendió Taichi ofendido.

'Taichi, si no estás dispuesto a ser flexible, te quitaré el volante y te enviaré atrás a dormir con Daisuke'

'No voy a darte el volante, mujer. Tengo miedo de dormirme y despertar en una tienda departamental si te dejo a cargo'

'No voy a llevarte de compras'

'Dices eso, pero la última vez que me pediste que te acompañara por helado, terminé sosteniendo tu cartera por tres horas mientras comprabas zapatos… ¡ZAPATOS! Como si alguien va por la vida mirándote los pies'

Sora le dio un leve empujón en el hombro, soltando una carcajada.

'Oh, Taichi'

'No me 'Oh, Taichi-sees'. No hay manera heterosexual de sostener una cartera, Sora. Créeme, lo intenté'

La carcajada que salió de los labios de Sora, quitó la mirada de molestia en los ojos de Taichi con rapidez. La pelirroja le dio un beso en la mejilla, y alzó las manos en rendición.

'Seguro la cartera te quedaba divina' comentó Yamato, girando los ojos.

'En realidad, sí, combinaba con mis zapatos' opinó Taichi 'pero por bien que se me viera, aun así fue un truco sucio, Sora'

Sora volvió a reír, tapándose el rostro con gesto avergonzado.

'Ganaste. Pon la música que quieras' aceptó.

Con una pequeña sonrisa por la conclusión de la pelea, los ojos de Yamato volvieron a ir de manera furtiva al espejo. En esta ocasión, Hikari se había unido a la conversación de Miyako y los chicos, mientras intentaba despertar a Daisuke, picándolo con el extremo inferior del bastón de selfies que había traído. Ignorándolos, Yamato volvió a fijarse en su hermano y la castaña.

Takeru y Mimi, estaban utilizando el mismo iPod, unido con extraño aparato en forma de 'Y' que permitía dos conexiones de audífonos simultaneas. El rubio sostenía el aparato, mientras Mimi cambiaba las canciones con su dedo, permanecieron así por unos segundos hasta que parecieron acordar la música. Takeru volvió a alzar su libro, y Mimi se acomodó en el espacio disponible que dejaba su brazo extendido, casi acurrucándose en su pecho. Yamato no pudo evitar que sus ojos giraran, su ceño se frunciera y maldijera bajo su aliento. Se veían tan adorables que le daban diabetes.

Notando el rumbo de sus pensamientos, negó con la cabeza. Necesitaba dejar de tener pensamientos estúpidos sobre su hermano, y la chica que se suponía sólo era su amiga. Lo que sea que pudo o podría sentir por Mimi Tachikawa no podía existir por múltiples razones, y el bienestar de ella, y de su hermano estaban al tope de la lista. Había decidido hacerse a un lado, con convicción, sorprendentemente, eso estaba resultando más difícil de lo que creyó de manera inicial. Conscientemente, sabía que debía tratarla de la misma manera alejada y fraternal que trataba a la pelirroja que, actualmente, volvía a patearlo de manera inconsciente en otro intento de discutir con su mejor amigo, pero no era así. Mimi era diferente para él. Como si una fuerza externa le empujara constantemente hacia ella, y todos sus pensamientos fueran un cauce imparable hacia ese norte.

'Soy un idiota' murmuró para sí, frotándose la sien.

Sin echar ninguna mirada más, lanzó la chaqueta sobre su cabeza, e intentó aislar el ruido a su alrededor. Sabía que Taichi le gritaría luego por actuar de una manera tan ermitaña, pero no le importaba. Mientras más pudiera mantener sus pensamientos lejos de Mimi Tachikawa, mejor. Sin embargo, una cosa era lo que él quería, y otra lo que su cerebro le permitiría hacer. Apenas sus ojos se cerraron, fue bombardeado por imágenes de las distintas facetas de Mimi en sus sueños, desde la princesa, la bohemia, la hippie, y finalmente la muchacha a quien le había permitido abrazarlo por más de una hora, no hacía una semana atrás, algo que de algún modo había sido más íntimo que tener sexo con ella. Todas se unían, en una misma imagen, brillante y hermosa, que causaba un profundo ardor en su pecho.

Por eso no podía dormir. No era insomnio, no era alcohol, no era la culpa constante. Era ella, quien como Morgana a Lancelot, encantaba sus pensamientos con brujería negra. Una sonrisa surcó sus labios ante esos pensamientos, si era sincero consigo mismo, ella no necesitaba ningún artificio de magia para capturar sus pensamientos. El modo silencioso pero potente en que lo había apoyado tras su confesión, valía más para él de lo que era capaz de admitirle. Pero eso no importaba, tenía que sacarla de su cabeza de alguna manera, y estaba fallando miserablemente.

Se quedó quieto, hasta que el automóvil se detuvo y escuchó la voz de Taichi llamándolo. Deseoso de distracción, retiró la chaqueta de su rostro, observando que habían llegado al campamento junto al lago. Se incorporó, bajando del vehículo, intentando no conectar la mirada con la de la castaña, mientras escuchaba a Taichi darle instrucciones para armar las carpas.

'Está bien. Pues, decidamos quién compartirá con quien' anunció, y echando una mirada furtiva a Takeru quien abrazaba a Hikari y a Mimi de manera simultánea, agregó 'Tendrás que matarme para que eso ocurra, Takaishi'

Una perfecta mueca traviesa se formó en los labios del rubio, mientras se encogía los hombros con indiferencia.

'Mimi me pidió que la protegiera de los animales y mosquitos' dijo.

'Lo hice' admitió Mimi, asintió 'de hecho, lo necesito'

'Duerme en nuestro apartamento todo el tiempo, hermano, es algo tarde para preocuparte por eso' agregó Hikari, con una sonrisa.

La cara de Taichi se tiñó de rabia, y caminó con decisión a ellos, únicamente para ser interrumpido por Sora en el camino.

'Estás siendo paranoico, pero Hikari puede quedarse conmigo. Tú ve con Yamato'

Taichi mantuvo una pose molesta, pero pareció calmarse ante la noción. Yamato estuvo a punto de girar los ojos, definitivamente no porque le molestara la idea de Mimi y Takeru compartiendo una pequeña carpa. Definitivamente no era eso.

'Déjalo con Koushiro, yo me puedo quedar con Takeru' se ofreció Yamato, intentando sonar neutral. De nuevo, definitivamente sólo intentaba ayudar.

'Le prometí a Koushiro un fin de semana de paz, lejos de su compañero de cuarto favorito' dijo Taichi, el pelirrojo asintió detrás de ellos.

'Taichi debe ser compartido, por la sanidad mental de todos los presentes' dijo Koushiro. Ambos compañeros de apartamento, asintieron.

'Él dormirá con Ken, hay un asunto de estrellitas nerd que quieren discutir juntos. Así que vas a quedarte conmigo' dijo Taichi, al rubio. Koushiro giró los ojos ante la mención de la lluvia de meteoritos de una manera tan casual.

'Perfecto' dijo Yamato con sarcasmo, mirando de reojo a su hermano, quien había soltado a Mimi para girar hacia Daisuke.

'Nuestra carpa tiene que estar junto a la de las chicas, tengo que poder oír si un animal intenta matarlas en la noche' dijo Takeru al moreno con una sonrisa, Daisuke soltó una pequeña carcajada asintiendo, mientras ambos recogían uno de los bolsos que habían bajado del techo de la van. Para alivio de Yamato, Takeru partió con el muchacho, mientras que Mimi caminó hacia Miyako.

'¡Compañero!' saludó Taichi, dándole una palmada en su espalda, y tomándole por sorpresa. A la falta de reacción, el moreno siguió la vista de su mirada hasta la castaña, y le envió una sonrisa pícara 'Ahhhhh… no sabía que tenías otros planes de compañerismo'

Yamato giró los ojos, negando con la cabeza.

'Cierra la boca'

'Primero Jo se niega a venir a causa de eso, y ahora tu celoso de tu hermano. Tantas pasiones en el aire'

Yamato caminó hacia el auto, ignorando sus comentarios, pero Taichi siguió molestándolo mientras armaban su carpa, aprovechando el hecho de que todos los demás estaban ocupados en su propio trabajo como para prestarles atención. Todos excepto Mimi, quien se había sentado en el suelo a esperar que los demás terminaran para que alguien armara su carpa, ignorando completamente los llamados de Miyako quien al menos intentaba descifrar las instrucciones. Yamato estaba planeando en ir, apenas terminara la suya, desafortunadamente, Ken y Takeru fueron más rápidos en ir a auxiliar a las chicas. Ken tenía una excusa, Miyako y él estaban saliendo en secreto a voces para todos los presentes. Takeru era otra historia, Yamato incluso podría haber admirado a su hermano por ser tan obvio en sus intenciones sin ningún pudor, si estuviese esforzándose tanto por alguien más.

Nuevamente, el rubio negó con la cabeza, intentando alejar los pensamientos de su mente. Estaba siendo ridículo.

'Podrías ir allá, sabes. Sigo diciendo que tienes ventaja' la voz de Taichi lo tomó por sorpresa.

'No sé de qué estás hablando' mintió.

Taichi se levantó del suelo, admirando su carpa, y estirándose de manera perezosa.

'Soy tu mejor amigo. No creas que mi conocimiento sobre ti es obsoleto porque te perdiste un tiempo' los ojos marrones de Taichi se fijaron en Mimi por un instante, para luego recaer sobre los de él 'No me importa lo que digas. Lo sé'

Sin dejarle tiempo para responder, el moreno se alejó a supervisar el trabajo de Sora y Hikari. Yamato aguantó la respiración por unos segundos, clavando la mirada en la hierba. Era imposible mentirse siquiera a sí mismo, sobre que estaba desarrollando sentimientos no requeridos por Mimi Tachikawa, y en realidad esperaba que su mejor amigo fuera el único consciente de ello. Lo último que necesitaba en aquel momento era darle más razones a Takeru para odiarlo, después de que él expresamente le había asegurado que no sentía nada por la castaña.

Sería un fin de semana largo, y ciertamente, comenzaba a lamentar haber aceptado la invitación.

'Bueno, necesitamos llenar las cantimploras con agua potable de la fuente que está por allá' dijo Taichi señalando el sendero a su izquierda 'Ya que Mimi ni siquiera está fingiendo ayudar en la construcción de su carpa, quedas designada para ello'

Mimi miró al moreno con aprensión, para luego oscilar la vista entre él y el bolso de recipientes.

'Si crees que podré cargar eso después que estén llenos, obviamente no me conoces, Tai' dijo la castaña.

'No puedes ser tan princesa todo el tiempo, Tachikawa. Esta fue tu idea… pero… veamos…' Taichi fingió contemplar el asunto por unos segundos, pero Yamato ya sabía a donde iba 'Llévate a Yamato, ya terminamos nuestra carpa de todos modos'

Los ojos de Mimi se ensancharon, al tiempo que fijaba la vista en el rubio, que nuevamente maldecía en silencio a su mejor amigo, pero que igualmente se apresuró a levantarse del suelo antes de que alguien pudiese cuestionar su pose molesta. Tomó el bolso con una mano y comenzó a andar por el sendero.

'Vamos, Tachikawa'

No volteó a comprobarlo, pero supo que Mimi estaba detrás de él, caminaron en silencio hasta la fuente. Yamato encontró la llave de agua, y comenzó a sacar los recipientes vacíos, alcanzándoselos a la castaña para llenarlos en el chorro. Mimi amarró su cabello en una coleta alta, y comenzó a trabajar en silencio, con la vista clavada en el agua, como si esta encerrara todos los misterios del universo.

Cuando ya habían llenado un cuarto de las cantimploras, comenzó a extrañarse del silencio de la muchacha. Probablemente estaba sentida por haber reincidido en evitar su contacto, en realidad no podía culparla, desde su punto de vista debía ser confuso que dieran un paso en frente y él tomara diez hacia atrás, sin que él pudiera siquiera comenzar a explicarle por qué.

'He estado evitándote, lo siento' soltó antes de poder analizar lo que estaba diciendo.

Mimi dio un respingo, y fijó sus ojos en él. Abrió la boca, para decir algo en dos ocasiones, antes de negar con la cabeza y volver la vista a la llave de agua. El silencio volvió a caer sobre ellos, y cuando ella volvió a hablar, lo hizo sin mirarlo.

'Dijiste… que no soportabas ver el rostro de nadie que supiera lo que había pasado… que por eso te habías alejado de todos… ahora, me lo dijiste y yo asumí…' sus nudillos se colocaron un poco blancos, mientras apretaba el borde de la botella 'asumí que era como todos los demás ahora, y por eso me estás evitando'

Yamato alzó ligeramente las cejas, eso de hecho sonaba como una excusa decente. La habría aceptado si ella no se mirara tan miserable de decirla, como si de alguna manera pensara que era su culpa. Suspirando, no pudo evitar envidiar la sonrisa que Takeru parecía mantener perennemente en sus labios cuando estaba con ella. Quizás Taichi tuviera razón, y él tuviera la ventaja con ella por los sentimientos que había profesado ya, sin embargo, él no creía ser la mejor opción, y ver como su rostro se enseriaba de una manera tan poco característica a causa suya, le daba la razón en ese aspecto.

'Mimi…'

Mimi alzó el rostro hacia él, con una mirada resuelta de pronto en sus ojos.

'Somos amigos. Y no sé cómo seas con tus amigos. Pero a mis amigos, yo les digo la verdad… así no quieran exactamente oírla'

Yamato alzó las cejas sorprendido, ciertamente ella no era Sora Takenouchi.

'Pues, yo no pienso aceptar que me ignores, así me hayas dicho lo que pasó'

Yamato la miró de manera fija, sorprendido.

'Odio que por cada paso que damos en la dirección correcta quieras dar dos atrás. No es justo, es suficientemente difícil intentar entablar conversación contigo, como para que ahora que finalmente tuvimos un momento de real amistad, quieras actuar como si no ocurrió'

'Yo…'

'Tú nada, Yamato Ishida. Y no pienso permitir que me ignores, porque si lo haces yo… yo… yo…' Mimi se mordió el labio inferior con una pose confundida 'Ok, quizás no tenga manera de terminar esa amenaza, pero encontraré una' declaró clavándole el dedo índice en el pecho.

Yamato la observó sorprendido por más de un minuto, la muchacha volvió a concentrarse en las botellas de agua, evitando su mirada y con un ligero rubor en las mejillas. La sonrisa que se formó en los labios del rubio fue totalmente involuntaria.

'Lo siento' repitió, esta vez con decisión.

Mimi clavó su mirada en él, midiendo la sinceridad de sus palabras.

'¿Puedo saber por qué?'

Yamato dudó, ciertamente no podía soltar todos los pensamientos que tenía respecto a eso frente a ella. Se aclaró la garganta, y optó por darle una verdad a medias.

'No me molesta que sepas lo que paso, si lo hiciera no te lo habría dicho. De hecho… me sentí mejor, después de decírtelo. Evito hablar de ese tema, y como resultado, terminé diciéndote cosas que no había dicho nunca en voz alta. No estoy del todo acostumbrado a abrirme con las personas… supongo que entré en pánico'

'No necesitas entrar en pánico conmigo' dijo Mimi, alargó la mano para tocar la suya y una corriente de electricidad surcó al rubio desde su roce al tope de su cabeza.


'No necesitas entrar en pánico conmigo'

'¿Qué diablos pensabas recibiendo paquetes por mí?'

'No estabas aquí, ¿Cuál es el problema?'

'No quiero que te involucres con mis cosas… ¿Cuántas veces debo decirlo?'

'No necesitas entrar en pánico conmigo' repitió.

'¡No estoy entrando en pánico!'

'Sí, lo haces'

'¡Claro que no…! Sólo, te quiero lo más lejano a mi vida que pueda'

'Estoy en tu vida, así te guste pretender que no lo estoy'

Estaba molesta, y él no podía culparla, pero tampoco darle la razón.

'No puedes estar tocando mis cosas, no quiero que estés involucrada'

'¿Involucrada en qué? ¿Qué diablos estás haciendo?'

'¡No es asunto tuyo!'

'¡Es asunto mío porque soy tu novia!'

'¡Ser mi novia no te da derecho a inmiscuirte en mi vida sin mí consentimiento!'

'¡Estás en pánico, porque te aterra decirme!'

'¡No estoy en pánico!'

'¡No existe nada que puedas mostrarme que me haga quererte menos!'

Él bufó con incredulidad.

'Dices eso ahora, pero no lo sabes. No lo sabes'

'No lo sé porque te rehúsas a decirme'

'No puedo manejar existir en un plano donde lo sepas'

'¿Por qué?'

'Porque no podría soportarlo… ¡Deja de hacerme preguntas!'

'¡No!... Nunca voy a dejar de hacerte preguntas'

Él retrocedió, dejando una mano en lado derecho de su cabeza. Trató de regular su respiración, dándole la espalda y apoyado la otra mano en la pared del pequeño apartamento a las afueras de Paris, desde donde poseía una privilegiada vista al río. Inevitablemente, allí se dirigieron sus ojos, a la ventana, a perder la vista entre la calle transitada y el reflejo de las luces nocturnas sobre las negras aguas.

'Tú no lo entiendes…'

'Porque tú no me permites entender…'

'No quiero que entiendas'

En un acuerdo silencioso entre ambos, los gritos se acabaron. Su tono de voz era casi un susurro ahora. Ella desapareció la distancia entre ellos, apoyando el rostro en el medio de su espalda. El simple contacto, le hizo fallar un fragmento de voluntad que ciertamente necesitaba cada vez que mantenían esa discusión. Para hacerlo aún peor, sus brazos se cerraron alrededor de su abdomen, abrazándolo con suavidad.

¿Cómo ella solo podía acercarse a abrazarle después de haber pasado tantos minutos gritándose? ¿Cómo podía dejarlo ir tan rápido? ¿Cómo podía hacerle flaquear sus defensas con algo tan simple? Él jamás podría entenderlo.

'Quiero entender'

Su susurro envió un escalofrío por su cuello, y su mirada se separó de la ventana para clavarla en la blanca pared. Negando levemente.

'No quiero que entiendas. Hay cosas que jamás quiero que entiendas. Porque hay cosas que sólo puedes entender después de que pasas por ello. Y yo jamás quiero que tú llegues a sentir o experimentar algo parecido. No me digas que quieres entender, cuando todo lo que está dentro de mi cabeza me grita que alguien como tú, jamás debe entender… Entender sólo podría traer sufrimiento a tu vida'

'Lo que sea que te pase a ti, me pasa a mi también'

'Y es por eso que soy tan malo para ti'

Ella se acercó más. Su rostro se hundió más en la espalda del rubio, y sus manos se presionaron con más fuerza alrededor de su abdomen. Él podía sentir el latir de su corazón desde su espalda, y el olor floral de su cabello.

'Nada que me digas me hará entrar en pánico. Nada que me digas me hará correr. Nada que me digas me hará quererte menos. Es demasiado tarde'

'¿Tarde?'

'El tiempo de correr quedó atrás hace mucho. Para bien o para mal'

'Dices eso como si estuviéramos casados, y no lo estamos'

'Aún'

Las manos del rubio se cerraron con fuerza. El silencio cayó sobre ellos, un silencio pesado y lleno de tensión. Fue él quien lo rompió.

'Sólo estoy tratando de protegerte'

'Nunca podría ser feliz sin ti… ¿Por qué no puedes verlo?'

Pasaron más de dos minutos hasta que finalmente él volvió a romper el silencio.

'He estado involucrado en cosas peligrosas. En cosas ilegales. Me he alejado de eso desde que apareciste en mi vida… pero, existen algunas cosas de las que no puedes salir una vez que has entrado. No puedo cambiar mi pasado, pero si puedo evitar contaminar el tuyo'

'No'

Él se tensó ante la negativa.

'Lo que sea que hayas hecho está en el pasado. No es quién eres ahora. No somos nuestras malas decisiones del pasado, somos lo que decidimos ser. Si tú lo dejaste atrás, es porque ya no es parte de ti'

'Eres demasiado amable conmigo'

Ella lo soltó, y toda la calidez de su cuerpo desapareció del de él. Se sintió robado, como si le hubieran quitado una parte de su propia existencia, al verse libre de sus brazos. Estaba a punto de voltearse, para averiguar a donde había dado la chica, cuando reapareció frente a él. Se había pegado a la pared donde su brazo seguía estirado, atravesándose literalmente entre él y la pared. Sus manos, blancas y suaves, se fijaron en su cuello y subieron hasta sostener su rostro. Él cerró sus ojos al contacto, recibiendo de vuelta la sensación de calidez que ella traía consigo.

'Tú y yo, eso es todo. Ese es el final. Hoy, en 60 años, no importa, es irrelevante. Tú y yo. Así es como termina esta historia. Lo demás son detalles. Sino has podido alejarte de tu pasado, quizás no has intentado lo suficiente. Si hay que escapar… Vámonos más lejos'

'¿Vámonos?' preguntó.

'Donde tú vayas, yo voy también'

Los ojos azules de él se ensancharon ante la revelación, su respiración se cortó de golpe. Antes de poder analizar sus acciones, desapareció la casi nula distancia entre ellos, abrazándola, y aprisionándola contra la pared en el mismo movimiento. Sus labios rozaron la piel de su cuello, y la sintió aferrarse a él con la misma fuerza que desaparecía cualquier residuo de voluntad en su cuerpo.

'Tú y yo… ¿eso es todo?' preguntó.

'Eso es todo' corroboró ella.


Yamato Ishida volvió a la realidad negando con la cabeza de manera casi frenética. Mimi aún estaba sosteniendo su mano y lo miraba con curiosidad, probablemente notando el tiempo que había perdido memorando. Como si su imaginación y la realidad se fundieran en una misma, por un segundo olvido quién era y dónde estaba. En un solo movimiento, ágil y veloz, usó la mano que sostenía para acercarla, tomándola por tanta sorpresa que ella simplemente se desplomó en sus brazos ya abiertos para recibirla. Yamato cerró los brazos alrededor de ella, atrapándola en un abrazo tan fuerte como podía serlo sin causarle ningún daño, inhaló el olor de su cabello por un segundo, intoxicante y floral. Lavanda, definitivamente era lavanda. Mimi soltó un sonido de sorpresa ante sus acciones. Pero no le importó. Por un minuto, ella no fue sólo Mimi Tachikawa. Ella fue las tres mujeres que él sentía ya haber amado desde tiempos remotos. Y que ahora reconocía querer con algo más primal en él que su propia existencia.

Mimi apenas tuvo tiempo de corresponder al abrazo, cuando Yamato entendió lo que acababa de hacer. Dejó los brazos en sus hombros, alejándola con suavidad. Su rostro estaba casi tan rojo como el de ella.

'Yo… Lo siento. No sé por qué hice eso'

Mimi negó rápidamente con la cabeza. Encogiéndose los hombros.

'No. Está bien…'

'No lo está'

Él evitó su mirada, con una mueca confundida en el rostro, como si honestamente no supiera por qué lo había hecho. Frunciendo ligeramente el ceño, ella decidió arriesgarse. Respiró hondo, clavando sus ojos en él.

'Yamato…'

Yamato se colocó de pie, cargando el bolso con las botellas. Pero antes de que pudiera alejarse, ella lo llamó nuevamente.

'Quiero preguntarte algo'

Él se vio forzado a voltear, y clavar sus ojos en ella mientras se colocaba de pie, también.

'¿Qué?'

'Cuando me contaste del accidente… y nos quedamos abrazados todo ese rato' dijo Mimi, con cierta duda reflejada en sus ojos 'acaso… tú…' se mordió el labio inferior, apretando los puños '¿murmuraste algo sobre copos de nieve?'

El bolso se resbaló de las manos del rubio. Maldiciendo, se arrodillo a recoger las botellas, antes de volver a levantarse para darle la cara.

'¿Disculpa?'

'Copos de nieve… ¿me dijiste algo sobre copos de nieve?'

'¿Por qué estás preguntándome eso?'

'¿Por qué no estás dándome una respuesta?'

'Porque es tonto. No sé de qué estás hablando'

'¿Lo dijiste o no?'

Los ojos de Yamato brillaron con un toque de recelo.

'No recuerdo'

La mirada de Mimi descendió, soltando un leve suspiro. Por supuesto que lo había imaginado, era una tonta por pensar lo contrario. Los sueños sólo son eso, y ella necesitaba dejar de ser tan ingenua al respecto. Incluso si lo había dicho, no sería más que una estúpida coincidencia. Estuvo a punto reír, por haberse permitido pasar la semana pensando que quizás, sólo quizás, ella no estaba imaginando todo entre ellos. Obviamente estaba equivocada. Para Yamato Ishida ella sólo era la muchacha que conocía desde la niñez, y que había terminado en su cama una vez a causa de un arranque pasional. De alguna manera, no era diferente para él a esas mujeres que se van a la cama con extraños que conocen en bares o fiestas. Ese pensamiento le hizo romper algo dentro de ella. Nunca había pensado ser una de esas mujeres, y la idea de que él siquiera pudiese pensar en verla como tal, con todos los sentimientos no resueltos que cargaba dentro de ella por él, le rompía el corazón.

'¿Por qué me preguntas si dije eso?' preguntó Yamato, de repente.

Mimi aguantó la respiración, apretando ligeramente las manos.

'Pensé… que era algo hermoso, que podías pensar que yo era… especial o algo así' lo último lo murmuró tan bajo que no supo si él había oído 'Es estúpido… No importa'

Mimi lo esquivó y regresó al campamento por su cuenta sin decir nada más. Él la observó partir, frunciendo ligeramente el ceño.


El campamento estuvo listo antes de media mañana. Las chicas habían preparado algo de comida, mientras los chicos armaron un rápido partido de fútbol que el equipo de Taichi no tardó en ganar. El día se fue rápido, entre chapotear en el lago y cocinar a la fogata.

Mimi pasó casi todo el día junto a sus amigas, intentando controlar la comida, más que todo para evitar pensar en cierto rubio que se había encargado de revolver su cabeza. Por un lado, ella quería creer en las señales, todo el condicionamiento de su vida la había preparado para ese momento, donde su gran historia de amor comenzaría, y pese a que de vez en cuando él le mostraba vistazos de la persona que ella estaba segura que podía ser, la realidad era que, al igual que los libros que había desechado, quizás era tiempo de dejar esa esperanza también. Si analizaba las cosas desde un punto de vista objetivo, Yamato no había mostrado interés en ella después de pasar la noche juntos, simplemente la estaba tratando como una amiga. Y ella, estúpidamente, había permitido que nacieran las esperanzas gracias a ese comportamiento.

Era estúpido, en verdad. Taichi se lo había dicho muchas veces, que dejara de analizar el comportamiento de los hombres a su conveniencia.

'Si un chico te quiere, te lo dirá. No somos como las mujeres que pasan la vida leyendo señales'

En realidad, él no le había dicho nada, ni siquiera cuando fue ella quien lo acosó. No negar las cosas, no contaba exactamente como declararle interés. Por el lado racional, simplemente debería dejar ir la fantasía infantil de una vez.

Sus ojos bajaron a la tabla donde nuevamente se había quedado sin vegetales que cortar. Con distracción, los hecho en el agua que hervía frente a ella. Sus ojos subieron con disimulo hacia el muelle del lago, donde Taichi y Yamato intentaban pescar en la parte más profunda. El rubio había vuelto a su actitud de no dirigirle la palabra, y ella comenzaba a resentirlo por eso.

'Quizás sólo está en mi cabeza'

No sabía por qué, pero eso le hacía sentir peor que cualquier rompimiento en su pasado.

'Realmente, soy una idiota'

'¿Por qué estás aquí murmurándote a ti misma?'

La voz de Takeru le tomó tan de sorpresa que la tabla se rodó de sus manos.

'Me asustaste'

'Te llamé antes de venir acá, pero estabas muy concentrada'

La miraba con suspicacia, y ella se obligó a sí misma a reír de manera despreocupada.

'Estaba pensando en qué excusa me dirá Miya esta noche para escaparse a dar un paseo con Ken a la luz de la luna'

'Oh, no hace falta que lo imagines, sal a dar un paseo conmigo, y se tú quien de la excusa'

Mimi rió por lo bajo, asintiendo.

'Me gusta esa idea'

'¿Por qué estás aquí sola?'

'Sora estaba conmigo, pero fue a tomar él puso de Taichi a ver si aún la quiere, y Hikari la inmiscuyó en su guerra de pistolas de agua'

'No contestas mi pregunta'

'Estaba cocinando, Take-chan'

Takeru observó su trabajo por encima de su hombro y se encogió los hombros.

'No necesitas hacer tanto esfuerzo'

'Lo sé…'

'Y tampoco me estoy creyendo la excusa ni por un instante'

Mimi recogió los implementos, dejándolos a un lado de la mesa y giró a mirar a su amigo.

'¿Por qué tienes que leerme tan bien?'

'Sacaré mi doctorado en Mimi-Managment, ¿no te lo dije?'

Mimi soltó una carcajada, negando con la cabeza. Se retiró el delantal y jugó con la cuerda en su mano.

'Sigo pensando en la historia de la manzana'

Takeru no pareció entender por un segundo, antes de asentir de manera ausente.

'La imposibilidad del destino, ok, continua'

De manera ausente, ambos comenzaron a caminar hacia el lago, manteniendo una distancia prudencial de los demás.

'¿Alguna vez te has interesado en alguien que no parece estar interesado en ti?'

Takeru se tropezó con una piedra, se detuvo y la miró con seriedad.

'¿Disculpa?'

'Ya sabes, esos que llaman amores no correspondidos'

'Pues… sí, una vez' admitió.

'¿Y cómo resolviste eso?'

'No lo he hecho'

Ambos se detuvieron y se miraron por unos segundos.

'Espera… ¿Quién?'

Takeru le envió una sonrisa condescendiente, ignorando su pregunta.

'¿Por qué me estás preguntando esto?'

'Porque creo que está pasándome a mí también'

'¿Con mi hermano?' preguntó sin rodeos.

Mimi no contestó, y él lo dejó pasar.

'¿Qué tiene eso que ver con la manzana?'

'No lo sé… supongo que he estado pensando en cómo a veces parece que te topas con personas que debes conocer, con las que debes relacionarte, por una razón u otra. Como predestinadas a intrincar tu vida con la suya de alguna manera…'

'La imposibilidad del destino' asintió Takeru, deteniéndose cuando llegaron a la orilla.

'Creo que existen personas que también estás destinada a querer… pero es muy difícil determinar hasta cuando debes quererlas'

'Oh, pues eso es fácil'

'¿Uh?'

'Cuando tu cabeza te diga que pares, hazlo. No se supone que el amor duela, Meems'

'Eso suena tan idealista como tú, Take-chan'

Takeru soltó una carcajada y negó con la cabeza.

'Está bien, si pudieras parar así de fácil, no sería amor. Pero tampoco debe dolerte, Meems, te aseguro que tu destino no tiene sufrimiento en su camino'

'No estoy sufriendo, sólo… confundida'

'Oh vamos, te conozco mejor que eso'

Mimi sonrió, mientras fijaba su vista en el agua de la orilla.

'Estoy armando puros castillos en el aire dentro de mi cabeza, creo que es hora de dejarlos caer'

'Eso sonó extrañamente profundo'

'Estoy desvariando' soltó una risa suave, y se sorprendió cuando sintió la mano de Takeru en la suya.

'Pasara, y sólo será una memoria más, confía en mí'

Mimi le envió una sonrisa, pero antes de que pudiera decir nada más una corriente eléctrica surcó su brazo desde el lugar donde el rubio había hecho contacto, su cabeza fue llenada de imágenes de bailes reales, castillos y príncipes, donde ella caminaba del brazo del rubio que sostenía ahora su mano, llevando un pequeño niño rubio en los brazos. Su corazón se llenó de calidez, y un sentimiento de plenitud le calentó hasta los huesos.

Mimi volvió a la realidad, soltando su mano y retrocediendo hasta casi caer al suelo, pero el rubio la sostuvo con una pose preocupada.

'¿Te encuentras bien?'

'Sí, claro…'

Mimi se separó de él frotando sus sienes. Takeru parecía casi tan ligado a su destino cósmico como Yamato, pero Takeru de hecho no evitaba su contacto. En una de las historias había terminado teniendo una vida relativamente feliz junto al rubio menor, eso era innegable. Quizás, era el final más agradable de todas las vidas que poblaban su mente: ese donde terminaba de la mano de Takeru Takaishi.

Mimi suspiró con suavidad, clavando sus ojos en los azules del muchacho. No todas las historias de amor terminaban con finales de Disney, ella sabía eso en un nivel consciente. Sin embargo, hay historias que se acercan lo suficiente a serlo. Algo dentro de ella le gritaba que su destino era Yamato Ishida, pese a que fuese incapaz de explicarlo o que él pareciera no mostrar interés en ella: pero, algo dentro de ella también sabía que Takeru Takaishi era importante, y que la inevitabilidad del destino seguía uniéndola a él.

'¿Qué?' preguntó Takeru, alzando las cejas con una expresión confundida en el rostro 'Tienes una expresión tonta en la cara… Pareciera que me estás mirando por primera vez en tu vida'

Él le sonrió de manera despreocupada, pero ella no pudo evitar pensar que quizás así era. Quizás sí estaba mirándolo por primera vez.

'Ya quita esa cara de seriedad, no pareces tú'

Ella iba a contestar, pero Takeru la había alzado del suelo y la llevaba como un saco de papas hacia el lago. Protestó, pero el sonido de su risa le quito seriedad a sus palabras, y en cuestión se segundos, ambos estaban sumergidos en el agua. Con Mimi intentando ahogarlo por el pecado de haber mojado su ropa. Todo era tan fácil con él, natural como el cauce de un río que busca su camino al mar. Él era noble, idealista, simpático, dulce y perfecto. Quizás todo era tan difícil con Yamato porque no estaba destinado a ser, quizás sus sueños no eran más que una advertencia de su subconsciente a mantener la lejanía que todos lo pedían que mantuviera con el mayor Ishida.

Inútilmente, ella dudaba que eso fuera cierto.


Yamato Ishida observó al par a la distancia, aguantando la respiración. Sintió a Taichi enviarle una mirada condescendiente, pero él moreno no emitió ningún comentario, debido a que el grupo de nerds conformado por Koushiro, Ken y Miyako, estaban a muy poca distancia realizando cálculos para la ubicación de un telescopio antes del anochecer.

'Apuesto a que te molesta'

Yamato dio un respingo, procesando que la voz no era de Taichi, sino de Miyako.

'No tengo la menor idea de a qué te refieres, Inoue'

Miyako estaba parada justo detrás de él, con la distancia entre su altura y la posición sentada de Yamato, se sentía como un ser juzgado en el purgatorio. No podía sentir los ojos de la muchacha en él, pero sabía que estaba hablándole directamente.

'Claro que lo sabes. Y yo también… lo sé'

Las últimas dos palabras cargaban un significado que Yamato entendió al instante. Lo sabe. Sabe de la noche de sexo casual que tuvo con su mejor amiga. Lo sabe y no ha intentado matarlo.

Con recelo, Yamato levantó la mirada hacia ella. Encontrando sus ojos marrones clavados en él, con un aura de determinación rodeándola. No parecía molesta, lo cual era sorpresivo.

'No entiendo qué intentas decirme'

'Digo que estoy vigilándote'

Miyako y él se mantuvieron la mirada por unos segundos, hasta que ella sacudió su cabello y tomó a Ken de la mano, llevándolo a la orilla, mientras murmuraba una pregunta sobre materia oscura.

'¿Va a asfixiarme mientras duermo?' preguntó en un susurro a su mejor amigo.

'No lo creo. Parece que no te odia. Quién lo diría'

Yamato suspiró, clavando la vista en su hermano y la chica nuevamente. Aún estaban en el agua, y el sonido de su risa llegaba a sus oídos, desvió la mirada cuando Mimi trepó sobre los hombros de su hermano, intentando hundir su cabeza en el agua. Su vista bajó a sus manos, y la imagen de sangre volvió a aparecer sobre ellas, haciéndole negar con la cabeza.

'No de nuevo…'

'¿Qué?'

'Nada'


El sonido de frenos en la carretera mojada retumbó en sus oídos con una fuerza sorprendente, nada nunca había sonado tan fuerte u horrible en toda su existencia. El tiempo pareció detenerse después del sonido, como si hubiese activado alguna ley universal sobre la relación entre acción y reacción. El sonido de la corneta y el chirrido de los frenos se repetía en su mente una y otra vez, y de alguna manera él supo que se repetirían de la misma forma por el resto de su vida, que de alguna manera, se iría a la tumba escuchando exactamente ese mismo sonido, que había quedado impregnado en su memoria, junto a la imagen grabada en sus corneas.

Podía oler la sangre, fresca, dulce y metálica a la vez. No sabía por qué pero su mente giraba en torno a la neblina rosa de la que hablaban los soldados cuando se activaba una mina en la guerra. Como todo lo que quedaba del cuerpo humano que explotaba cual balón de carne, era una neblina de sangre que se miraba casi rosa, y como creaba un contraste tan poco agradable con las luces rosas parisinas.

Neblina rosa. Incluso sonaba bonito, para alguien que desconociera el término. Así funcionaba la vida a veces, las cosas que sonaban más bonitas, se convierten en las más horribles cuando entiendes las ramificaciones que vienen consigo.

Sus ojos bajaron a sus manos, todo su cuerpo dolía y estaba bastante seguro de que estaba seriamente herido… ¿siquiera importaba? Si existían los dioses, y si estos eran justos, debería salir una mano del infierno a arrastrarlo en ese instante… ¿Dónde estaban los dioses, con su justicia divina y sus castigos eternos? ¿Por qué se le era permitido respirar en el mundo, siquiera, cuando no traía más que desgracias?

Se levantó del suelo de la sala de espera, pasando su vista entre los doctores que ignoraban sus llamados y preguntas, insistiendo que él no era familia. No importaba cuántas veces les decía que ella era lo más cercano a familia que él jamás tuvo, y que eso era mutuo. Pero para el momento que los padres de ella habían cruzado la entrada del hospital, él había sido relegado a ciudadano de segunda clase. No le habían dicho como estaba, ni menos aún le habían permitido verla. Todo lo que hacían era ofrecerle mirar sus propias heridas, como si eso importara.

¿Es que nadie podía entender que si algo malo le pasaba a ella, él se lanzaría al Sena de todas maneras? ¿No podían ver que todo su bienestar dependía del estado de ella? ¿Por qué? ¿Por qué ellos no podían ver que lo único que podían hacer por él era decirle qué diablos estaba pasando? Su vida se había detenido, no podía ni siquiera sentir el latido de su corazón desde que hacía horas. Todo lo que podía hacer era recordar la escena una y otra vez, oyendo el sonido del frenazo repetidamente en su mente… ¿Por qué nadie podía entender eso?

Necesitaba verla y tenía que ser ahora. Necesitaba abrazarla más de lo que necesitaba el oxígeno, no le importaba desangrarse siempre y pudiera verla. Nunca había sentido esa clase de desesperación, y por primera vez entendió a los escritores bohemios del bar que aseguraban que el amor era el más dulce de los venenos.

Con decisión, intentó acercarse de nuevo a la puerta de la habitación, para ser detenido nuevamente por el personal de seguridad.

'Joven, ya le pedimos que espere'

'No puedo esperar ¿Qué no lo ve? Necesito verla. Necesito verla ya'

Nuevamente fue detenido y empujado al final de la sala, ni siquiera tenía el poderío de luchar con ellos. Toda voluntad de su cuerpo había desaparecido. Todo vestigio de fuerza lo había abandonado. Se sentía metafóricamente muerto, flotando sobre un limbo en una especie de purgatorio, sin saber de qué lado caería hasta que supiera qué pasaría con ella.

Sus ojos bajaron a sus manos nuevamente, aún estaban manchadas de sangre y no sabía cuál era la suya y cuál la de ella. El sonido del frenazo volvió a resonar en su mente, más fuerte y agudo que antes. Sus pulmones se llenaron del olor del aire nocturno, y sus ojos quedaron temporalmente cegados por las luces de los autos. Nuevamente estaba allí, reviviendo todo como si ocurriera justo en ese momento.

El dolor de los golpes se agudizaba en su cuerpo, sentía las manos sosteniéndole los brazos, y los puños clavados en su abdomen. La sangre en sus labios se sentía tan fresca como la primera vez, y la humedad de su ropa volvía a sentir el peso de la lluvia. Era vagamente consiente de la voz de los agentes que el Yakuza había enviado por él. Recordaba haber estado tan preocupado sobre quién podría haber delatado su localización, y como tan poco eso importaba ahora. Cuando lo encontraron él había dado gracias a los dioses imaginarios, que no se hubiesen llevado a ella también. Lo habían golpeado en un callejón oscuro, como un triste cliché de una mala película de mafiosos, llenándolo de amenazas sobre qué pasaba con los que decidían renunciar y asegurándole que irían por ella la próxima vez.

Recordaba haberlos maldecido, recordaba haberlos amenazado, recordaba haberles dicho que si le tocaban un solo cabello los degollaría uno por uno. Lo habían ignorado, y lanzado contra el contenedor de basura golpeándole la espalda con tanta fuerza que estuvo seguro le habían roto algunas costillas.

'Considérate afortunado que hoy no vinimos a matarte' eso era lo último que recordaba haber escuchado de ellos. Pues justo ahora, no se consideraba así.

Para el tiempo que lo soltaron en el fondo del callejón, él se levantó con dificultad e intentó volver con ella. Recordaba haberla visto al otro lado de la calle, hecha un mar de nervios y llanto. Sostenida por dos hombres que le impedían llegar a donde él estaba, la soltaron apenas los cuatro que lo habían golpeado a él habían dado la orden, y ella había corrido hacia él con tanta fuerza, gritando su nombre con desesperación… Ella y su maldita preocupación por el bienestar de alguien tan desechable como él. Ella y su maldita habilidad a creer que él era el centro de su universo. Ella y su maldita idea de que él era importante. Ella y su maldita incapacidad a dejarlo ir. Ella y su maldita discapacidad a verlo por lo que en verdad era… ella y su maldita costumbre a no mirar a los lados de la calle antes de cruzar.

Si tan sólo hubiese esperado que él llegara a ella… ¿Por qué tenía que lanzarse hacia él como si fuese importante?... Quizás no debería estar sorprendido, así la había conocido. Con un abrigo blanco ondeando al viento, mientras atravesaba la calle en medio de una leve nevada, ignorando el mundo a su alrededor y casi muriendo a causa de ello. Quizás él no debería estar sorprendido que hubiese hecho lo mismo esa noche, y aun así lo estaba. Debió haber sido él quien corriera a ella, pero el dolor físico no le había permitido moverse con tanta rapidez.

Todo pasó en apenas un instante, él apenas había conectado su mirada con la de ella cuando los frenazos de la calle zumbaron y un Rumpler Tropfenwagen negro había golpeado su delgada figura lanzándola al pavimento casi dos metros más lejos. Por un efímero instante había flotado como ángel blanco en la oscuridad de la noche.

Todo el dolor en su cuerpo había desaparecido, mientras el horror caía sobre él y se lanzaba hacia ella como una flecha en la oscuridad. Los sonidos de la gente, de los automóviles y los curiosos, todos pasaron a un segundo plano, como si los oyera a través de un túnel de agua. Se había caído, resbalando en la nieve, y había terminado arrastrándose el resto del camino hasta ella.

La había sostenido en sus brazos, estaba respirando pero inconsciente. Sus brazos se habían cerrado alrededor de ella, como si quisiera preservar el calor de su cuerpo. Con horror, sus ojos recorrieron su cuerpo, estaba sangrando por la cabeza, su abrigo blanco estaba cubierto de lluvia, tierra y sangre que parecía provenir de algún lugar de su abdomen, unas cortadas y golpes podían verse ya en sus largas piernas. Él sostuvo su rostro con una mano, llamándola sin éxito. Su voz había perdido la capacidad de pronunciar nada más que su nombre. Se mantuvo ahí, sosteniéndola en medio de la calle, llamando su nombre con cada vez más desesperación, y con el sonido del frenazo que había detenido más su vida que la de ella resonando en sus oídos como una tortura griega.

Sus ojos volvieron a abrirse a fijarse en la sangre seca en sus manos. La había sostenido en sus brazos hasta que había sido obligado físicamente a soltarla para que le dieran atención médica, si hubiera sabido que le impedirían volver a tocarla, verla siquiera, probablemente no lo habría permitido, probablemente se habría pegado a ella como si su vida dependiera de ello. Porque lo hacía, su vida realmente dependía de ella. Sus manos temblaron, y subieron a sus sienes con violencia.

Soltando un grito de frustración volvió a colocarse de pie, con su deseo de verla venciendo su lado racional. Con decisión, caminó nuevamente a la habitación con intenciones de tumbar la puerta si era necesario.


Yamato Ishida despertó de golpe, bañado en sudor frío y con el corazón latiendo a mil kilómetros por hora. Sus manos estaban temblando sutilmente, y su cabeza daba vueltas con una resaca imaginaria. Sus ojos vagaron a su izquierda, donde Taichi Yagami estaba volteado boca abajo roncando sonoramente con medio cuerpo fuera de su bolsa de dormir, el reloj en la muñeca de su mejor amigo le dijo que eran las 3:40 AM.

Había sido una pesadilla. Solamente una pesadilla.

Yamato se mantuvo inmóvil, sentado, con la vista en un lugar indeterminado de la carpa, mientras intentaba controlar los instintos irracionales de su cuerpo. Pasados dos minutos, perdió esa batalla de manera catastrófica. Sin analizar sus acciones o siquiera preocuparse por no hacer ruido, se colocó de pie, encorvándose por la altura de la carpa y salió al exterior.

La luna brillaba de manera exquisita sobre su cabeza, creando un perfecto reflejo sobre al agua impasible del lago. El olor de la fogata recién apagada aún llegaba a su nariz, y pudo ver los restos del armatoste de telescopio que los nerds habían utilizado para observar los meteoritos. Sin embargo, el campamento parecía estar totalmente vacío. Todos parecían haberse dormido, y la única carpa que poseía una luz aún encendida era la de Koushiro y Ken.

Los pensamientos racionales intentaron tomar control de su cabeza: ella estaba dormida y acompañada, por Miyako o aún peor por Takeru. No poseía ninguna explicación lógica para justificar que necesitaba verla justo en ese instante para que una parte no identificada de su cerebro pudiese autorizar la entrada de oxígeno a su cuerpo. Se detuvo, por unos instantes, intentando que esa parte de su cerebro ganara y le hiciera volver a entrar en su carpa.

'Al diablo'

La parte racional perdió la batalla. Prácticamente corrió al otro lado del campamento donde estaba la carpa de Mimi Tachikawa. Sus ojos vagaron a la carpa vecina, de su hermano, y un último intento de racionalidad le pidió que volviera a sus cinco sentidos y regresara.

Pero su instinto volvió a ganar la batalla.

Su mano fue al cierre de la carpa y abrió la carpa asomando su cabeza en ella con lentitud. Estaba oscuro, y le tomó treinta segundos darse cuenta que la carpa estaba vacía. Aguantando la respiración, y permitiendo que el pánico se expandiera por su cuerpo, el rubio se enderezó y giró sobre sus talones, dispuesto a realizar un escándalo que despertara a todos los presentes, cuando la vio frente a él. Estaba usando una extraña pijama de nubes rosas, y dos trenzas en su cabello castaño que la hacían parecer al menos tres años menor a lo que era, sostenía una linterna y una expresión confundida se podía observar en su rostro.

'¿Yamato?'

Su voz apenas era un susurro, en una mezcla de sorpresa y confusión. Yamato no pudo evitar preguntarse por qué todo siempre era una mezcla. Avanzó hacia ella, y su cerebro racional le gritaba excusas.

Di que escuchaste un ruido, di que buscabas a Takeru, di que te equivocaste de carpa.

Las voces en su cabeza le coreaban que se detuviera. Pero no lo hizo. Cuando llegó frente a ella, la haló con tanta fuerza que la linterna se resbaló de las blancas manos de la muchacha. Sus brazos se cerraron alrededor de ella con un apego que la levantó del suelo. Las manos de Yamato se cernieron en su espalda e incluso las miró en la oscuridad en busca de una sangre que no estaría allí.

Mimi estaba bien, sólo había sido una pesadilla, y el sentimiento de desesperación que lo dominaba no era más que un espejismo de su mente.

No le importo saber nada de eso. En ese momento, estaba con ella, ella estaba respirando normalmente, nada malo le había pasado, y él no tenía la culpa.

Sus brazos se cerraron aún más alrededor de la delgada figura de la castaña, si aquello era siquiera posible, y el rubio hundió el rostro en la curva de su cuello. Olía a lavanda y menta, y su piel era tan suave a como la recordaba en su sueños, pero esta era real, este era el mismo cuerpo que había sostenido menos de una semana atrás en un abrazo similar.

Estaba a punto de soltarla, recibiendo suficiente dosis de la droga que ella significaba, como para poder volver a dejar que su cerebro funcionara. Sin embargo, ella correspondió el abrazo, con la mano izquierda, y subió la derecha por su pecho hasta su cuello. En un susurro casi inaudible, volvió a pronunciar su nombre.

'¿Te encuentras bien?'

No. Pero no le había contestado. Para esas alturas, su mano había alcanzado su cabello y el roce de sus dedos había alejado la parte racional de su mente otra vez. Sus labios recorrieron el camino de la parte inferior de su cuello, subiendo por su barbilla, hasta encontrar sus labios. Sin decirle una sola palabra que explicara su comportamiento, Yamato Ishida unió sus labios con los de Mimi Tachikawa, en la misma clase de beso irracional y pasional que había estado guardando en su interior por semanas.


ESO ES TODO POR HOY. DEJENME RR, POR EL AMOR A GOKU.

BESOS!