La comida china no había sido jamás presentada a la boca de Shilo Wallace. Y ésta se sentía mal por ello, porque creía estar comiendo un manjar, algo digno de un rey. Mientras Autumn, Zeen y Graverobber comían en la enorme mesa del salón -que la anfitriona había preparado con toda su buena intención y tiempo libre-, Shilo comía rápidamente aquel plato de fideos que le había servido su invitada.
Todos la miraban atónitos: Zeen con los ojos muy abiertos y los palillos quietos ante los labios, atento a cada sonido de aprobación o gesto que Shilo hiciese; Autumn, por otro lado, arqueaba ambas cejas con cada sonido, y sonreía cuando Shilo parecía haber encontrado otro sabor en algún ingrediente; Graverobber se había quedado de piedra, con los fideos colgándole desde los labios hasta el mentón, y los palillos en la mano mientras observaba a Shilo.
Cuando ésta por fin terminó la pequeña caja de cartón que contenía los fideos chinos, por fin miró a sus invitados. Al ver cómo la miraban, un color rojizo que no solía aparecer en sus mejillas a menos que cierto ladrón de tumbas le dijese algo digno de sonrojarse, apareció. Shilo cogió una servilleta que tenía junto su vaso aún vacío y se limpió los labios. Zeen abrió la boca e introdujo las gambas que llevaba más de cinco minutos intentando meterse en la boca, pero que gracias a la distracción que era Shilo descubriendo algo nuevo, no había podido. Autumn abrió la boca para decir algo, levantando el dedo índice, pero después lo bajó, cerrando la boca y removiendo su cartón de arroz con los palillos.
Graverobber seguía con la misma cara de idiota. ¿Desde cuándo la pequeña Wallace podía distraerle con sólo comer una caja de fideos chinos? ¿Qué tenía de especial aquello?
Para el ladrón, las hábiles manos de la muchacha –que había aprendido rápido cómo manejar los palillos chinos-, moviéndose rápidamente para coger más fideos, parecían de la más cara porcelana, moviéndose como al filo de la navaja, con rapidez y peligro de romperse. Sus ojos tenían un nuevo brillo que sólo había visto una vez antes, en el cementerio, el día que la conoció: parecía sorprendida, encantada y exhausta al mismo tiempo. Y sus labios, moviéndose rápidos y suaves conforme masticaba y mascullaba algunas cosas inteligibles como "maravillosos fiosjfof con gambaduydhid…", y soltaba algunos sonidos que indicaban que le gustaba la comida (aunque para él sonaban a algo sucio que era mejor no comentar. Al menos no mientras comían).
- ¡Graverobber! – Autumn había estado llamándole la atención, y él seguía mirando a Shilo con la misma cara de inútil que antes, fideos aún colgando de la boca y todo. Se comió lo que aún no se había llevado a la boca con ayuda de los palillos, y carraspeó, mirando a Autumn con el ceño ligeramente fruncido. Ésta señaló a Shilo con los ojos, moviendo apenas la cabeza, y eso consiguió que Graverobber prestase atención.
La pobre muchacha miraba sus manos, en su regazo, con la cabeza gacha, aún sonrojada de la vergüenza. El que tres personas desconocidas (dos más que otros), la observasen tan atentamente la desconcertaba, le agradaba y además le hacía sentir incómoda.
- Bueno… se ve que te ha gustado la comida, ¿no? – preguntó Graverobber, mirándola con una sonrisa de las suyas y la ceja alzada. Shilo había levantado la cabeza, pero al ver la sonrisa de su invitado no pudo más que sonrojarse aún más. Asintió con rapidez, y mirando a la mesa como estaba, vio aparecer bajo sus ojos un plato de arroz con carne y verduras. Levantó la mirada y Zeen le guiñó un ojo.
- Come, Shilo, te sentará bien con todo lo que estás pasando.
Y ahí estaba el tema, el que él había querido evitar. Miró a Zeen con el ceño fruncido, los carrillos llenos de comida de nuevo, mientras masticaba. Antes de que, tras tragar, pudiese decir nada, Autumn le había cogido del brazo, apretando levemente, mientras la mirada que le echaba daba a entender que dejase hablar a su compañero. Graverobber suspiró y miró a Shilo, que había levantado la mirada y tenía los ojos clavados en Zeen. Asintió y cogió un poco de arroz con los palillos, mientras los otros miraban. Dejó los palillos en los labios, mirando a los otros con cara de querer quedarse sola, y en seguida los tres se apresuraron a seguir comiendo. Zeen carraspeó y continuó hablando como si fuese una conversación casual, mientras Graverobber observaba a Shilo bajo sus pestañas, queriendo guardar cualquier reacción en su memoria.
- Y bueno, ¿cómo llevas la rehabilitación? – preguntó, removiendo la ensalada china que tenía a un lado con los palillos.
Shilo se encogió de hombros y terminó de masticar el arroz, tragando después. Autumn pensó que masticaba muchas veces, cosa que su padre le habría enseñado, seguramente. Pero el que lo siguiese tan al pie de la letra le extrañó un poco.
- Es… difícil – dijo, tras una pausa. Levantó la mirada y sonrió a Zeen. –. Pero no es imposible. Sé que puedo lograrlo, poco a poco. – Estaba convencida de ello, o eso parecía cuando lo decía. Graverobber se quedó con aquella sonrisa que poco a poco decayó mientras la muchacha bajaba de nuevo la mirada. – A veces pienso que no voy a lograrlo. Cuando el dolor es muy fuerte y me desmayo incluso, pienso que no hay nada que hacer. Pero últimamente no me desmayo tanto, y el dolor ha disminuido – suspiró y se encogió de hombros de nuevo.-. Tengo que acostumbrarme a esto.
Autumn miró a Shilo, comprensivamente, sonriendo apenas, y luego miró a Zeen, quien tras también mirar a su anfitriona, miró a su compañera con un brillo en los ojos.
- No te preocupes, te ayudaremos con esto. – aclaró el pelirrojo, a lo que Autumn asintió, mirando de nuevo a Shilo.
- Gracias, de veras. Yo también os ayudaré, lo prometo. Con lo que sea. – Shilo tenía lágrimas en los ojos, y Graverobber, sentado frente a ella en aquella mesa imaginaba por qué. Su padre, que había intentado inculcarle que el mundo era malvado, cruel y lleno de malas personas, no le había dicho que había gente que era como Autumn y como Zeen, que era buena. Shilo había encontrado algo por lo que luchar, además de sí misma y su propio mundo.
- Y aquí está el baño – Decía Shilo, enseñándole el dormitorio –uno de los muchos- de invitados a Atumn, quien miraba pasmada la grande que era una habitación que simplemente estaba destinada a usar el lavabo, el inodoro y la ducha. –. Hay toallas limpias en aquel armario, y productos necesarios para la higiene y demás. – Autumn sonrió mientras Shilo volvía al dormitorio, de un estilo tan victoriano. Parecía inteligente, pese a haber estado tanto tiempo encerrada en aquel lugar sin compañía. Además de su padre.
- ¿Seguro que no quieres dormir con Zeen? – preguntó Shilo, de repente, sacando a la muchacha de sus pensamientos.
- No, no es necesario. Ya te he dicho que no somos pareja… - comentó Autumn, un poco incómoda.
- Yo no… no me refiero… bueno, quiero decir, no es necesario que seáis pareja para querer dormir juntos. Muchas noches dormía con mi padre. – se llevó una mano al cabello y lo revolvió un poco, caminando hacia la puerta. – Siento haber insistido de nuevo, es solo que… no estoy acostumbrada a esto. – soltó una pequeña risa y señaló hacia la izquierda con una mano mientras con la otra sujetaba la puerta. – Mi habitación está dos habitaciones a la izquierda, si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarme. – Autumn asintió y mientras Shilo cerró la puerta puso los brazos en jarras, suspiró e inspeccionó la habitación desde el centro de ésta, donde se encontraba.
- ¡Ah! ¡Se me olvidaba! – oyó que alguien decía, abriendo la puerta de nuevo. La cabeza de Shilo, con el cabello corto revuelto, apareció de nuevo, y su mano, apoyada en la madera. – La habitación de Zeen está al lado de la tuya. – Autumn abrió la boca para protestar, pero Shilo estaba sonriendo y cerrando la puerta. – Yo sólo lo digo. ¡Buenas noches! – cerró la puerta del todo, y oyó como le daba las buenas noches a Zeen en la habitación de al lado y éste respondía con un alegre hasta mañana.
Se tumbó en la cama, suspirando. En el techo habían pegadas algunos trozos de papel de pared. Quizás para tapar agujeros. Se giró, incómoda en aquella cama ajena. Aquello iba a ser extraño. Pero bueno, al fin y al cabo, ¿no?
Shilo se despidió de Zeen y bajó despacio, mientras tarareaba una canción alegre, queriendo dirigirse hacia la cocina, a recoger lo que quedase por allí. Pero antes de que pudiese llegar al final de la escalera, una silueta grande le cortaba el paso al pie de ésta. Bueno, no se lo cortaba, porque la escalera era enorme, pero sí que impedía que pudiese dar un paso más, si no quería tener que lidiar con el ladrón. Que, ¡qué demonios!, quería.
- Pensé que te habías ido. – comentó Shilo en voz baja sin pretenderlo, mientras bajaba dos escalones más y se plantaba en el mismo que él, apoyándose también en la barandilla de la escalera, quedando así frente a frente.
- Dijiste que tenías que contar conmigo para algo, pequeña. Necesitabas mi ayuda. No quiero que te olvides, así que he decidido esperarte para recordártelo.
Shilo sintió un nudo en el estómago, y sintió su boca seca. ¿Qué debía decir? ¡Ella no sabía mentir! Terminó de bajar los escalones poco a poco, sin mirar al adulto, que la siguió en su descenso y en su camino a la cocina.
Graverobber metió las manos en los bolsillos, apoyado en el marco de la puerta de madera de la cocina, mientras Shilo revoloteaba por allí, buscando algo que hacer. No iba a librarse de él tan fácilmente.
- Pues se me ha olvidado. – dijo, finalmente, girándose hacia él con los brazos cruzados.
- Entonces tendré que recordártelo. – murmuró él, separándose del marco de la puerta y caminando hacia Shilo con paso lento, pero en dos zancadas estaba ante ella, que no tuvo más remedio que apoyar sus manos en la encimera que había en mitad de la cocina, y apretarse todo lo que pudo a ésta, que de repente parecía estar muy lejos.
Graverobber se situó lo más cerca que pudo de Shilo, pero sin tocarla. Apoyó sus manos a los lados de la muchacha, en la encimera también, y la miró desde arriba con una sonrisa, mientras ella simplemente estaba ahí, quieta, con el corazón en la garganta y las piernas hechas gelatina. Qué difícil era mantenerse tranquila cuando él estaba cerca. Tan amenazador y a la vez encantador. Si algo había que hubiese aprendido en todo aquel tiempo más que nada, era que aquel hombre le crispaba los nervios.
- ¿Y bien? – preguntó él, en voz grave, sintiendo como ante él, sin siquiera tocarla, Shilo era mantequilla. Aquello le alegraba el día, por qué negarlo, cualquier chica sonrojada, menuda y encantadora era algo por lo que alegrarse, sobre todo si él era la razón del sonrojo.
- Y bien… ¿qué? – respondió Shilo, tratando de parecer algo más segura. Qué más quisiera ella.
- Necesitabas ayuda. Dijiste que me necesitabas… - ladeó un poco la cabeza, lo que a la joven le hizo pensar en un perro curioso, con todo aquel largo cabello cayendo por los lados de sus hombros. - …eso era evidente, todos me necesitan, de una u otra forma… - sonrió y Shilo puso los ojos en blanco, incorporándose un poco más, para así, sólo lograr estar más cerca de su acompañante. – Pero… tú me necesitas por algo serio, ¿cierto, pequeña? – preguntó, volviendo a mirarla con la cabeza recta sobre los hombros, una ceja alzada y la comisura derecha de los labios hacia arriba en una sonrisa arrogante.
- Yo… - Shilo no sabía qué contestar. Si abría la boca, los sonidos que emitía no parecían ni coherentes, ni normales en una conversación en la que quería parecer segura de sí misma. Para más inri, él acercó su cara a la de ella, quedando a varios centímetros de distancia, y pensó que bizquearía y todo por la cercanía. – En realidad… y-yo no… - siguió, tartamudeando un poco por los nervios.
- Tú no habías pensado en nada… - siguió él por ella, aún con esa voz grave y seductora, aunque algo más baja. Se acercó al cuello de la muchacha e inhaló su aroma a flores, un aroma al que él no estaba nada acostumbrado. Shilo sintió cómo el colorido cabello del ladrón le rozaba el cuello y la clavícula, cómo el vello del cuello se le erizaba, y cómo su cuerpo se arqueaba ligeramente con un escalofrío que le recorrió la espalda. Él se separó sólo un poco para poder susurrar en el oído de la muchacha. – Pero lo inventaste porque sólo querías tener una excusa para no quedar mal ante mi persona. – terminó, separándose de Shilo por completo para quedarse mirando la escena desde otra perspectiva.
Shilo había entrecerrado los ojos, y a ojos ajenos, parecería que acababa de sentir algo que, evidentemente, no había sentido nunca. Sus manos estaban aún aferradas con dedos débiles a la encimera, y conforme abría los ojos, el sonrojo aumentaba. Intentó incorporarse sin éxito, pues las rodillas le fallaban. ¿Qué le había hecho aquel vil y encantador ladrón, que no podía ni tenerse en pie? ¿Qué era aquello?
- Así que no te preocupes, si no tienes nada que pedir a cambio. Lo hago simplemente porque me place. Aunque si algún día se te ocurre algo, ya sabes cómo encontrarme. – comentó, encogiéndose de hombros mientras intentaba alejar la imagen de la indefensa y adorable muchacha que había ante él. "Podrías haber seguido adelante y ella no se hubiese negado, lo sabes.", le dijo su mente, mientras él apartaba el pensamiento y se acercaba a su anfitriona. – Métete en problemas. – sonrió y alzó ambas cejas, mientras Shilo se llevaba una mano a la cabeza y él terminaba de acercarse, quedando de nuevo ante ella.
- En realidad sí que tengo algo que pedirte… - contestó, mientras él le ayudaba a ponerse completamente en pie, recta, cogiéndola por los hombros. Se agarró a sus antebrazos como si aquella vergüenza que había sentido se hubiese esfumado, y cerró los ojos un momento.
- Lo que sea. – dijo él rápidamente, interrumpiéndola y sorprendiéndola. Shilo alzó la cabeza y lo miró a los ojos. Se percató de aquel color azul tan intenso, como aquella vez que lo había mirado tan de cerca, y perdió el hilo de nuevo. Como un impulso, sus dedos se aferraron aún más fuertes a los brazos de él, y sus pies quisieron alzarla para que pudiese llegar a la altura del rostro de él.
Graverobber temió que lo que en parte deseaba, estaba a punto de pasar. Y no sabía si apartarse o cogerla en brazos y llevarla a la mesa del salón, donde poder destrozar algunas cosas entre ambos. Pero mientras se planteaba aquello, Shilo había llegado a la altura de su cuello, y se había aferrado a su camisa, consiguiendo apreciar el olor a sudor, humo y algo más que no reconocía. Olor callejero, se dijo en su mente, mientras susurraba:
- Enséñame… - musitó, tan bajo, tan grave y tan inocente que Graverobber lo consideró sexy. - …enséñame a vivir. – terminó, dejándose caer en los brazos del ladrón tras un espasmo en el que se llevó ambas manos al estómago.
- ¡Eh! Eh, vamos pequeña, no, no… ¡Shilo…! – llamó él, consiguiendo atraparla entre sus brazos para que no cayese. No llegó a oírle, pero Shilo podría jurar más adelante, que aquella vez, desmayarse no había sido tan malo.
N/A: Y hasta aquí el siguiente capítulo. Estoy con exámenes, y ya entregué el maldito trabajo. tuve unos días de fiesta por Carnavales y escribí bastante, pero lo he dividido en más capítulos porque me parecía muy largo para ser uno solo, comparándolo con los que subo siempre, vaya. Espero que os guste este capítulo, y ahora mismo subo el otro. Besos culos! : )
