Muchas gracias a todos por sus reviews (: y sobre el número de capítulos, estoy pensando en alargarlo, pero no sobrepasará los 18 o 20. Tampoco quiero que se vuelva eterno y tedioso de leer.


- Q-Qué?! - balbuceó Marceline. -N-No es posible! No!
- Tendrás que hacerlo o mis tropas ni siquiera dejarán vestigios del Dulce Reino. Lo borrarán del mapa y de la historia de Ooo si te niegas. - dijo el Rey sin sorprenderse. - Si accedes, conservaremos tu bobo Dulce Reino intacto con un pacto de no agresión. Luego cuando tu hijo sea mayor de edad tendrá que gobernar el Dulce Reino y ser el legítimo Rey, no Bubblegum o su hermanastra Danieline.
- Siempre gano, Marceline. - manifestó Laurel. - Lo que yo pido, lo obtengo. - dijo ella.
- El destino te ha unido a nosotros y es así como nuestra familia ha perdurado a lo largo de nuestra existencia. Iba a tener un nieto, pero lo perdí. Ahora la vida le sonreirá a nuestra estirpe y nos dará otro, con astucia y crueldad. - dijo el rey. Ese era el lema de la familia de Laurel: "Astucia y crueldad", aunque cuando Marceline conoció a Laurel no pensó que la crueldad estuviese presente en ella, ahora sí.
- Mi futuro nieto ostentará los títulos de Señor de nuestros dominios, Rey Vampiro, Rey de la Nocheósfera y Rey del Dulce Reino. Tendrá el derecho a arrebatarle el trono a esa criatura llamada Danieline con astucia y crueldad.
- Si, si, ya sé. - dijo Marceline impaciente.
- Pero considerando que será su hermanastra, quizás lo haga de una manera menos brutal. - mencionó el Rey.
- Por mí que la borre del Universo, mi futuro hijo no deberá tener contrincantes. - dijo Laurel.
- Jamás accederé, lo siento. - dijo Marceline. - Así que todas esas ideas locas de maldad y astucia...
- Astucia y crueldad. - le corrigió el monarca.
- Lo que sea, no permitiré que eso ocurra. Así que dejen de fantasear todas esas idioteces.
- Tonta! Estás condenando a muerte a toda tu familia. - expresó el soberano. - Mi Laurie ha dicho que será considerada con Bubblegum. Una vez que mi nieto ascienda al trono y gobierne el Dulce Reino, la mandará a la Nocheósfera y se encargará de que nada le pase a Danieline.
- Considerada? Y qué rayos sabes tú de consideración? - le preguntó la vampira a la princesa.
- Bastante! Debería matar a PB de una vez por todas, pero si aceptas la mantendré con vida y prometeré no hacerle daño. Pero! - gritó esto último. - Jamás deberás acercarte a ella.
- Y como planea su Majestad que tengamos un heredero? - manifestó la reina en tono burlesco.
- Tráiganlo! - ordenó el soberano golpeando el suelo con su cetro. En ese momento un par de guardias escoltaron al mismo espía que había conducido a Marceline hasta el reino.
- Ordene, su Majestad. - se arrodilló ante el anciano.
- Qué has obtenido del Dulce Reino? - preguntó el Rey.
- Parte del gran experimento de nuestra querida Dulce Reina. - dijo mostrando un frasco transparente con 2 pastillas dentro.
- No! - gritó Marceline.
- Lo tenía todo planeado, Marcie...no soy tan tonta, como verás. - rió Laurel. - Parece que no me conoces, lo hice una vez y puedo hacerlo de nuevo.
- Maldito! - le dijo Marceline al mensajero.
- Creía que solo fui a dejar un mensaje, Majestad? A veces en verdad es muy estúpida. - rió el mensajero. - Entrar al reino fue muy fácil porque todos tus guardias estaban buscando a nuestra princesa y cuando me agarraron yo ya había entrado al laboratorio de la Dulce Reina. O debería decir Dulce Acabada?
- En cuanto se enteren de esto... - dijo Marceline.
- Oh, amenaza todo lo que quieras, Reina Vampiro. Pero si viniese el Dulce Ejército a rescatarte perecerían ante los míos, los sobrepasamos en número e instrucción. Y contamos con todo el apoyo del Duque de la Nuez para vencer. - dijo el Rey. Laurel reía en silencio y hasta los guardias sonreían entre ellos. Los únicos serios eran el Rey y la vampira.
- Larga vida a nuestra futura Reina Laurel. - dijo el mensajero haciendo reverencia.
- Gracias, querido súbdito. Creo que me gusta ese título, a ti no Marceline? - le sonrió con amabilidad la princesa.
- Prefiero Reina Bonnibel Bubblegum, gracias.
- Guardias. - dijo Laurel y bastó con esa orden para que golpearan a la vampira.
- Aquí está lo prometido y ahora lárgate de mí vista. - ordenó el Rey al mensajero mientras le lanzaba una bolsa con monedas de oro.
- No se saldrán con la suya! - les dijo Marceline a todos.
- No es por venganza lo que estamos haciendo, es por justicia. Glob me arrebató a mi nieto, la Dulce Reina mandó a mi pequeña a ese inframundo y tú abandonaste a mi hija en el peor momento. - justificó el anciano padre.
- Cuántas veces tengo que decirlo? Yo no lo abandoné, ella no quería verme. - expresó la vampiresa.
- Aun así! Debiste insistir! Sabías lo mal que estaba yo. - dijo Laurel angustiada.
- Laurel, no empecemos con esto otra vez, quieres? Está más que discutido.
- Cállate, Marceline! - chilló la princesa.
- Hija! - se escuchó desde la puerta. Era la madre de Laurel que se acercaba a ellos. - Con qué esta es la Reina Vampiro? Me parece haberla visto antes. - dijo al sentarse. Laurel había heredado la belleza de su madre, pero eso ya no le importaba a Marceline. Todos le parecían igual de odiosos.
- La decepciono? - preguntó la vampiresa de manera tajante.
- No. Mi hija te describió tal cual, pero me sorprende que nuestra Laurel se haya fijado alguien con tu sangre. - dijo la madre.
- Astucia y crueldad. Es justamente lo que tienen los vampiros...nuestra hija es muy observadora. - dijo el Rey. - Así que sé astuta, Reina Vampiro y danos un nieto.
- Nieto? - preguntó la madre casi con pánico. - Querido, no han pasado demasiadas desgracias en nuestra familia para pedir algo como eso? Pensé que la juzgaríamos por mandar a Laurie a la Nocheósfera sin nuestra autorización.
- Ya la estamos juzgando y mi sentencia es que engendre un heredero con nuestra hija. Es una orden, si no cumple, todos mueren. - sentenció con seriedad el Rey.
- Laurie! Eres demasiado joven! - le dijo su madre.
- También lo era hace 4 años, mujer. No me contradigas. - dijo con enojo el anciano padre. - Además nuestra pequeña estará encantada de ser madre del portador de la sangre de los antiguos...
- Si, si, los antiguos reyes de Ooo. Ya lo sabemos todos. - dijo Marceline. - Pero creo que su esposa tiene razón, Majestad.
- Cierra la boca, Marcie. Nunca te quejaste de la idea de tener que embarazarme, así que perfectamente lo harás de nuevo.
- Lo haría, pero estoy casada y tengo una hija.
- Oh my Glob! Por qué nadie me había dicho eso? - dijo la madre. - Querido, no puedes obligarla a hacer una cosa así. Estaría en contra de las leyes de Glob porque ya tiene familia y sabes lo que piensa nuestro señor del adulterio.
- No es adulterio, es justicia. - habló el Rey. - Además poseeremos el Dulce Reino y la Nocheósfera gracias a nuestro futuro nieto.
- Madre, todos ganamos. Cuál es el problema? - dijo Laurel. - Padre quedará tranquilo, nuestra familia tendrá más territorios y Marceline habrá tenido un hijo con la más hermosa de Ooo.
- Pero qué hay de esa Reina Rosa y su hija? Quedarán en medio de la nada por nuestra culpa! - lamentó la esposa del Rey. - Querido, nuestra familia siempre ha sido aliada del Dulce Reino y hacer algo como esto sería quebrar nuestras relaciones. - dijo la madre.
- Nuestra amistad con ese reino se rompió cuando mandaron a Laurie a la Nocheósfera! - gritó el Rey.
- Estoy exigiendo algo que me pertenece! Yo tenía una vida con Marceline, pero la estúpida de Bubblegum me la arrebató! - chilló Laurel con rabia levantándose del trono. - Guardias! Lleven a la Reina Vampiro a mi habitación. - ordenó finalmente. Los guardias obedecieron y se llevaron a la vampira, a lo lejos escuchó como sus padres se ponían a discutir el asunto con la princesa.
La lanzaron a la habitación con brusquedad. No había nadie, estaba aun con las manos atadas, pero podría convertirse en un monstruo y así soltarse. Luego mataría a los reyes y a la princesa, pero un sentimiento de culpa la invadió. - Demonios, PB. - pensó Marceline. Bubblegum le dijo que no le permitiría matar a nadie allí sino que iba a intentar hablar y arreglar los problemas, pero al parecer eso no era una opción para esa familia. La madre de Laurel estuvo cerca de salvarla, pero el Rey es tan terco y vengativo como Laurel y no la escucharon.
- Qué demonios haré ahora? - suspiró la vampira al sentarse al borde de la cama. La puerta se abrió lentamente.
- Marceline...solo quiero decirte que no fue idea mía lo de tener un hijo. Cuando le conté a mi padre enloqueció con la idea de...
- Y por qué le contaste? - dijo Marceline siendo desatada por la princesa.
- Maldita sea, no fue mi intención! Me invadieron con preguntas cuando llegué y...no entendían por qué hablaba tanto de ti. - dijo Laurel. - A mí me bastaba con declarar la guerra.
- Siempre tan pacífica.
- Por supuesto. - dijo la princesa al mismo tiempo que la ponía de espaldas contra la cama y se subía encima de ella. - Empezamos con nuestro deber, amorcito? - comenzó besarla con desesperación.
- N-No creo que...no tengo ganas. - dijo la vampira.
- Vamos Marceline, no seas aguafiestas. Es tan solo una vez!
- Dije que no.
- Te encanta esto, será como los viejos tiempos. - dijo la chica mientras le sacaba la camiseta, pero Marceline se asustó cuando la princesa pegó un grito y se alejó de ella.
- Quién te hizo esto?! - se enojó la joven al ver que el cuerpo de la vampira estaba con cortes y moretones.
- Unos idiotas cuando llegué.
- Oh Glob! Esto no se quedará así, haré que les corten las manos! Mañana mismo me dirás quienes fueron para que... - Laurel fue silenciada con un beso de la vampira y luego ésta fue al baño. Rápidamente Laurel se tragó una de las pastillas, se desnudó y se acostó bajo las sábanas a esperar a Marceline. Cuando la vampira salió del baño, se metió en la cama y se subió encima. Al fin estaba dentro de la princesa, después de tanto tiempo volvía a sentir esa sensación que solo se la reservaba a la vampira. No sabía lo que era y le gustaba, pero nunca lo admitiría ante la chica. Si llegaba a hacerlo, lo más probable es que Laurel no la soltaría jamás porque se sentiría única. Pero eso no era verdad, Bonnie también le hacía sentir cosas distintas, pero nada como aquello.
- M-Marcie...n-no tan...fuerte. - le dijo Laurel abrazando a la vampira. - Marcie! - le gritó.
- Qué? - dijo molesta la vampiresa.
- Más...lento. - le pidió la princesa. Qué era lo que le gustaba tanto a la vampira? La echaba de menos? El sexo con Laurel siempre le gustó, pero nunca supo por qué.
- Me gusta así. - dijo Marceline sin parar.
- Duele. - dijo la princesa intentando hacer que se detuviera.
- Eso es...lo mejor de todo. - rió la vampira. - Oh Glob...Laurie eres tan...exquisita. - dijo aumentando el ritmo.
- Glob! P-Para! - chilló la chica.
- No.
- E-Es una orden!
- A mí no me da órdenes una princesa. - bramó Marceline sin hacerle caso.
- Basta ya! - le gritó la joven presumida mientras le golpeaba la espalda con los puños.
- Maldición, Laurel! - se enojó la vampira. - Bonnie nunca se ha quejado.
- P-Puedes dejar de...hablar de ella? - se enojó la chica vanidosa. - La odio.
- Por qué? - preguntó la vampira. - Estarás en las mismas condiciones, es decir, tendrás un hijo mío como ella.
- La amas...a mí no. - dijo ella mirándola seriamente. Marceline paró y se quedó mirándola.
- Laurie...
- Sé que ya nunca podré recuperar lo que tuve alguna vez contigo, pero puedes dejar de nombrarla? Haces que en verdad quiera matarla. - se puso seria la princesa. La vampira la besó.
- De acuerdo. - dijo la Reina Vampiro continuando.
- M-Marceline. - dijo en un suspiro Laurel.
- Si? - preguntó la rockera.
- T-Te amo...n-no lo olvides. - gimió y abrió más sus piernas.
- Excelente. - dijo Marceline entrando más en ella y no la soltó hasta el amanecer.

Al día siguiente, Marceline fue obligada a escribirle una carta a Peebles para que la joven reina no cometiera ninguna imprudencia. Le ordenaron ser clara y concisa porque el objetivo era hacerle saber que se quedaría por un tiempo allí y que se encontraba bien:
Querida Bonnie:
Me han tratado bien aquí, los reyes son muy accesibles. Actualmente estoy negociando una propuesta para evitar un conflicto entre los 2 reinos y puedo decirte que lo lograremos, pero no sé cuándo podría terminar esto. Así que quédate tranquila, yo solucionaré todo. Te extraño y también a Danie, espero volver pronto a casa.
Con amor,
Marcie.
- Bien. - dijo el padre de la princesa al ver que Marceline le pasaba la nota a un mensajero. - Ahora a esperar. Si cumpliste con tus obligaciones, cumpliremos nuestro trato. - le recordó el Rey.
- No te decepcionará, padre. - dijo Laurel sonriendo de oreja a oreja.
- Tendrá al heredero, se lo garantizo. - dijo Marceline.
- Haces bien, Reina Vampiro. Mi reino no lo olvidará. - dijo el Rey. - Todo Ooo conocerá el poderío de tu heredero.
-Lo sé. - dijo Marceline sin darle importancia.
- Deberías divorciarte de esa tal Bubblegum y tomar a Laurel por esposa, te recibiríamos con los brazos abiertos. - dijo el anciano.
- Amo a mi esposa y todo lo que he hecho es para salvar su vida y la de mi hija. No quiero que sus vidas se vean amenazadas por mi culpa.
- Inteligente elección. - dijo el Rey.
- Con su permiso. - dijo Marceline retirándose.
- Hey, vas a desayunar? - le preguntó Laurel al alcanzarla.
- Escucha Laurel, si accedí fue porque estoy obligada a hacerlo. No porque haya hecho esto significa que estamos saliendo otra vez.
- Lo sé, pero seré la madre de tu hijo!
- Y eso qué? Podría embarazar a la Princesa Salvaje y aun así seguiría sin importarme. - dijo la vampira yéndose. Mintió, si le importaba, pero no ella sino el hecho de tener un hijo y tener que dejarlo al cuidado de esa familia de locos. Será un sanguinario como esos malditos soldados? Definitivamente se encargarían de potenciarle toda la maldad vampírica y demoniaca con la que saldría. - Pero Danie sería más fuerte. - pensó la vampira, por el hecho de que su hija fue concebida cuando PB ya era vampira así que tiene 100% sangre vampiro. Por el contrario, este hijo sería mitad vampiro, pero con una crianza feroz.
La vampira se puso un sombrero y voló hasta el tejado para sentarse junto a una gárgola. Admiraba el horizonte mientras pensaba que si le había fallado a Bubblegum. Cayó ante las pretensiones de sus enemigos, tuvo que ceder ante ellos y sin ni siquiera dañarlos físicamente. Le daba rabia, qué pensaría Danie cuando fuese mayor al enterarse que tiene que renunciar a su derecho de reina para dárselo a ese maldito demonio? Porque de seguro será un demonio, pensaba la vampira. - Cría cuervos y te sacarán los ojos. - se dijo.
- Marceline! - escuchó desde una de las habitaciones. Había olvidado lo demandante que era Laurel a veces, así que no le quedó más remedio que ir volando directo al balcón de la chica.
- Ahí estas! - dijo en cuanto la vio. - Mira lo que te traje. - dijo mostrándole un viejo oso de peluche.
- Hambo! - dijo Marceline impresionada. - C-Cómo lo conseguiste?! - dijo ella.
- Lo encontramos en la Ciudad de los Ladrones hace cómo medio año atrás. Mi ejército saqueó todo el lugar y estaba en uno de los puestos del mercado. Yo misma organicé la contienda. - mencionó toda orgullosa.
- T-Tú...diriges ataques? - preguntó la vampiresa.
- Por supuesto. Tengo mucha experiencia en las invasiones y he demostrado ser una gran líder en el campo de batalla. - sonrió satisfecha. Si Marceline no hubiese aceptado las condiciones, hubiesen perdido la guerra. Bubblegum nunca ha liderado un ataque militar mientras que la joven princesa se la pasaba invadiendo ciudades por órdenes de su padre. - El viejo debe estar orgulloso. - pensó Marceline.
- Cómo sabes, es de familia que seamos tan diestros en el arte de la guerra. - dijo Laurel. - Estoy segura que nuestro hijo también lo será.
- Eso se espera. - opinó la vampira mirando a Hambo. Hace mucho tiempo que no lo había visto y todo por culpa del idiota de Ash.
- Sé que se lo darás a Danie. Hubiese preferido guardarlo para nuestro hijo, pero él tendrá más que un viejo oso de mil años de edad.
- No es un simple oso! Es mío y sí, se lo daré a Danie.
- Cómo quieras. Tu Danie puede quedarse con sus muñecas, mi hijo comandará tropas apenas comience a hablar.
- Cómo estás segura de que será niño y no niña?
- Estuve a punto de dar a luz a un hijo una vez, no tendría por qué ser diferente en esta ocasión.
- Las reglas del juego podrían cambiar.
- Niño,niña da igual lo que sea. Será gobernante del Dulce Reino de todas maneras, mientras que Danieline tendrá que mendigar por las calles del reino mientras que su madre permanece en la Nocheósfera sin hacer nada por evitarlo.
- Te olvidas de mí.
- Ah! Cierto, tú y yo estaremos ocupadas engendrando más hijos.
- Eso crees? Siempre tuviste mucha imaginación, Laurie.
- No es imaginación, será realidad. Te guste o no, acabas de condenar al Dulce Reino de igual manera. - dijo la princesa. - Yo misma me reiré en la cara de Peebles en 18 años más cuando se entere que tuvimos un hijo y será más legítimo que la pequeña bastarda.
- No le digas así! - dijo la vampira poniendo los ojos rojos y ahorcándola. - Estoy harta de que la ofendas!
- Quítame las manos de encima! - gritó la chica zafándose y tomando una gran bocanada de aire. - M-Mi padre se enterará de esto! - dijo con pánico.
- Hazlo, no me importa. No puedes permitir que me hagan daño, te importo demasiado.
- Piensa lo que quieras. - y Laurel dejó la habitación.
Marceline suspiró y se sentó en el suelo. Si había cumplido con su deber, perfectamente podrían acabar con ella y su vida solo dependía de Laurel. No le simpatizaba al Rey y ni a sus guardias, así que si quería mantenerse con vida en ese lugar, debía tranquilizarse y no volver a cometer actos arrebatados. Un paso en falso y podía caer en una desgracia mil veces peor que la actual.