Estaba muy nervioso, jamás había hecho algo parecido pero no negaba que la idea le excitaba. Hasta ahora, él era quien llevaba la voz cantante en esa relación meramente sexual. Encontrarse al otro lado le llamaba la atención. No era ni mucho menos su primera vez, era cierto que tuvo relaciones sexuales en el pasado, algunos novios pasajeros, pero estar con Sasuke… era diferente en todos los sentidos, a él le amaba de verdad, desde la primera vez que lo vio, por eso mismo, sentía que ofrecerse a él era una de las mejores cosas que haría. Le estaba demostrando su confianza, le ofrecía el hecho de compartir absolutamente todo entre ellos, era el mejor gesto que podía regalarle y, seguramente, también subiría un poco su decaída autoestima.
Entró en su habitación y, de la parte más alta del armario, sacó aquella caja blanca para colocarla sobre la cama. Aún tenía algo de tiempo para prepararse pese a que Sasuke solía ser muy puntual. Sacó las cosas necesarias de allí y se marchó raudo a la ducha. Quería estar impecable para la ocasión.
La ducha fue rápida, no quería perder mucho tiempo por miedo a que Sasuke pudiera adelantarse. Nada más apagar el grifo del agua y secarse un poco con la toalla, abrió la mampara para sacar el brazo hacia ese juguete que esperaba excitase a Sasuke. Con un poco de lubricante, lo esparció por el "plug anal" de cola de zorro que había comprado días antes.
Le había dicho a Sasuke lo del tema del gato, lo reconocía… pero en parte, también quería sorprenderle un poco, que no todo fuera precisamente a su control. Estaba convencido de que tener una mascota diferente le gustaría más. Todo el mundo podía tener un gato… pero pocos podrían tener un zorrillo y hoy… él lo sería.
Siendo un chico especial, no quería ser él un "gatito" normal, tenía que convertirse en la mascota perfecta, en una mascota vistosa y especial como era Sasuke para él. No podía fallar en algo tan simple como eso.
Con cuidado, empezó metiendo un par de sus dedos lubricados en su interior, empujando posteriormente el dildo hacia dentro con suavidad a medida que se abría su entrada. Un sonrojo apareció en su rostro, llegando a apoyar la mano que anteriormente había abierto la entrada contra los azulejos azules de la pared de la ducha, jadeando ligeramente y mordiéndose el labio para evitar que salieran más de la cuenta.
Era cierto que la mayoría de sus novios prefería dejar que él la metiera por su tamaño, porque pensaban en disfrutar más, sin embargo, pocos sabían lo sensible que era él de pasivo. Se detuvo un segundo, sabiendo que si seguía, era posible que se corriera allí mismo. Agachó un poco la cabeza hasta coger el colgante de su cuello con la barbilla y subirlo hacia sus labios, aprisionando la cuerda entre ellos y cerrando los ojos para terminar de meter lo poco que le quedaba.
- Ya está – susurró Naruto con la voz un poco entrecortada – las cosas que tengo que hacer por ti – sonrió todavía sonrojado.
Un cierto miedo le vino a la mente en aquel instante. Ya le había pasado una vez y no quería que volviera a ocurrir aunque era muy posible que se repitiera la historia. Él no estaba acostumbrado a ser el pasivo y menos con su sensibilidad, uno de sus últimos novios que quiso probar… acabó dejándole al ver que se corría prácticamente enseguida, como un chiquillo inexperto que no aguantaba un par de embistes. ¿Y si Sasuke le dejaba por lo mismo? No sabía cuánto podría aguantar en aquella posición.
Salió de la ducha algo más cabizbajo, notando cómo el plug se movía en su interior excitándole. Sentía placer, demasiado. El nerviosismo por encontrarse con Sasuke y esa velada que les esperaba no mejoraba tampoco la situación. Sus manos recogieron de encima de la tapa del retrete la diadema de orejas de zorro para ponérselas en la cabeza. Se miró, esas marquitas en sus mejillas le hacían parecer todavía más un zorrillo, unas marcas de nacimiento que nunca supo el motivo de tenerlas y que a algunas personas les disgustaban por no tener "el físico perfecto". Quizá esperaban un rostro libre de cicatrices… no era su caso y no podía evitarlas.
El antifaz negro seguía sobre la tapa del retrete, ese antifaz que era el único que mantendría las marcas y su identidad en secreto, dejando únicamente la boca disponible para ese moreno que aparecería en breve. Le había dicho que entrase sin más, que no hacía falta que llamase y hasta le había dejado la llave de su piso en su taquilla. Todo estaba listo para la función, así que empezó a colocarse el antifaz para salir hacia el pasillo desnudo como iba.
Abrió la palma de su mano, observando la llave del apartamento sobre ella. Los números en la pantalla del ascensor seguían pasando. Ese chico vivía a las afueras del pueblo, un sitio muy tranquilo y le sorprendió ver que el edificio estaba en perfectas condiciones. Si hubiera estado en el centro del pueblo habría costado muchísimo dinero. Seguramente se lo podía permitir precisamente por su ubicación algo alejada.
El ruido del ascensor le hizo darse cuenta de que acababa de llegar a la cuarta planta y las puertas comenzaban a abrirse.
- Puerta número cinco – sonrió al ver el número tras la llave – ¡Qué irónico!
Aún sabiendo que mañana tenía libre, supuso que iba a pegarse todo el día en casa descansando de esta última velada. Al menos tenía cuatro días de descanso, lo que no le vendría nada mal. Eso sólo quería decir una cosa… hoy debería darlo todo y ya mañana… podría tirarse en su cama todo el día.
Le había dicho que entrase sin más, por eso mismo tenía esa llave en su mano y, sin embargo, todavía dudaba un poco sobre qué hacer. Al final, metió la llave en la cerradura y giró para poder abrirla. Al menos no se había confundido de piso ni de puerta, abría perfectamente.
La luz del pasillo entró un segundo en aquel oscuro salón. ¿No había nadie? ¿Llegaba pronto quizá? Miró el reloj en su muñeca para ver que era la hora exacta y acordada, ni un minuto más ni uno menos. Quizá se había ido a comprar algo y volvía enseguida aunque dudaba que fuera algo como eso teniendo en cuenta que habían quedado. Él nunca faltó a ninguna de sus citas. Buscó a ciegas con la mano por la pared para dar con la luz, pero lo único que pudo sentir fue cómo alguien empujaba la puerta y la cerraba, dejándole a merced de la oscuridad. Eso le hizo sonreír.
- Gatito malo – comentó Sasuke con una sonrisa.
Algo rozó su pierna e intuyó al instante que debía estar precisamente bajo él, muy posiblemente de rodillas frotándose contra su pierna. No podía ver nada, pero bajó la mano hasta que tocó el cabello del chico y esas orejas puntiaguadas y aterciopeladas. Estaba claro que se había puesto alguna diadema o algo para simularlas.
Bajó su mano un poco más, sintiendo finalmente la suave piel de su cuello y su espalda. Parecía estar desnudo o al menos de cintura para arriba. Empezaba a entender porqué había apagado todas las luces y cerrado la puerta. Evitaba miradas de los vecinos. Eso le hizo sonreír, él siempre tenía todo planeado.
- ¿Dónde vas? – preguntó Sasuke al dejar de sentirle bajo sus pies, al no poder encontrarle con la mano.
Una pequeña luz se encendió en una de las mesillas cerca del sofá, permitiéndose finalmente ver a ese chico de antifaz, completamente desnudo frente a él, con las orejas y cola de zorro.
- Vaya – fue lo único que pudo susurrar ante la imagen frente a él – me equivocaba… eres más como un lindo y sexy zorrito – siento haber tardado tanto, seguro que tienes hambre.
Naruto sonrió al ver cómo Sasuke ya empezaba a entrar en el juego, haciéndole ver como la dulce mascota que esperaba que su dueño regresase a casa tras todo el día fuera.
- Déjame que busque algo para que comas.
El rubio se acercó hacia él todavía gateando y se elevó por sus piernas hasta buscar la cremallera del pantalón para poder bajarla. Intuía por dónde iba Sasuke y él también estaba dispuesto a seguirle el juego a como diera lugar.
- Zorrito mimado, siempre queriendo leche – sonrió Sasuke mientras envolvía sus dedos en el rubio cabello – pero supongo que tengo cierta debilidad, no puedo evitar complacerte.
Sasuke terminó de desabrochar su cinturón y dejó que los pantalones vaqueros cayesen hasta sus tobillos, moviendo sus pies para apartarlos de allí y que no estorbasen, sacando su miembro frente a ese chico de orejas zorrunas que sacó la lengua enseguida lamiendo desde la base de sus huevos hasta la punta en un gran lengüetazo.
- Sí que pareces hambriento – sonrió Sasuke – toma toda la leche que quieras, pequeño.
Otro lengüetazo seguido de uno más, como si de un perrito se tratase hasta que, finalmente, introdujo la punta de su miembro en aquella húmeda cavidad. De rodillas como estaba ese chico, el moreno podía ver esa suculenta cola tras él. Se había preparado ya para él, podría entrar cuando quisiera, pero pese a la excitación creciente que sentía, quería disfrutar de aquel juego.
Pensó mucho en cómo hacer las cosas. Quizá eyacular en su boca para que literalmente "bebiera su leche" como la buena mascota que sería, aunque la idea de poder hacerlo suyo también le llamaba la atención. No podía hacer las dos, le era imposible a menos que esperase un tiempo prudencial para recargar energías. No podía correrse dos veces seguida, su erección bajaría tras la primera.
- Qué dilema – sonrió Sasuke, lo que hizo que Naruto le mirase entendiendo lo que parecía preocupar al moreno.
Como si le diera la solución, Naruto introdujo más el miembro de Sasuke en su boca, apretando ligeramente con sus labios y sacando unos gemidos de ese chico del que estaba perdidamente enamorado.
- ¿En serio? – preguntó Sasuke al darse cuenta de lo que intentaba - ¿No te importa?
Nadie jamás le había permitido eyacular en su boca, ¡jamás! Pero ese chico parecía estar dispuesto a lo que fuera. La verdad… era que aun así a Sasuke le daba un poco de vergüenza tener que hacerlo, era la primera vez que lo haría. Otro gemido salió de él al sentir cómo la boca del rubio aceleraba, dándole el placer que había venido buscando.
- De acuerdo, si no te importa… - sonrió Sasuke, antes de agachar su rostro hacia la oreja de Naruto y susurrarle sensualmente – me vuelve loco el frenillo – le confesó, con lo que sacó una sonrisa de un Naruto que enseguida llevó su lengua hacia aquel punto erógeno suyo.
¡Era completamente cierto! Nada más rozar un poco su frenillo, todo el cuerpo de Sasuke tembló durante una milésima de segundo y el agarre de su mano se intensificó al igual que sus gemidos. Con aquello, Naruto se sentía el más afortunado de todos, no todos los días se podía hacer feliz a la persona más importante de tu vida con un simple gesto, con un juego entre ambos. Compartir aquellos momentos era lo que más apreciaba en esos momentos.
Durante unos minutos se mantuvieron en aquella posición, hasta que el rubio vio cómo las piernas de Sasuke temblaban demasiado. Fue en aquel momento, que lo empujó suavemente hasta sentarlo en el cómodo y oscuro sofá, sin embargo, él no cesó, volviendo a meter su miembro en su boca.
- ¡Joder! – escuchó aquella palabra mal sonante de Sasuke, que sólo podía recostar la cabeza hacia atrás contra el respaldo y agarrarse al cabello de su compañero – estoy llegando – le avisó por si quería cambiar de opinión, pero lejos de eso, Naruto aceleró el ritmo.
Todo el cuerpo de Sasuke se tensó, sus gemidos se hicieron todavía más frecuentes, su respiración se entrecortaba con mayor intensidad y, finalmente, se dejó ir sorprendiendo al principio a Naruto cuando sintió aquel líquido empezar a invadir su boca, pero enseguida y pese al primer instinto de apartarse, cerró los ojos y bajó su boca para meter el miembro de Sasuke y dejar que terminase.
Intentó tragar, pero la verdad era que había demasiado como para hacerlo y el sabor no era algo que le gustase demasiado.
- Ve al baño anda – le sonrió Sasuke, a lo que Naruto salió corriendo para poder escupir lo que no había podido tragarse.
- Lo siento – comentó Naruto al volver.
- ¿Por qué? Eres la primera persona que me deja hacer algo así, gracias – le sonrió Sasuke.
- Te doy unos minutos para reponerte y seguimos, ¿vale? Sé que te mueres por entrar en mí – sonrió Naruto.
- Desde luego.
- Sólo… - intentó hablarle de sus preocupaciones, a lo que Sasuke escuchó atentamente – da igual, olvídalo.
- ¿Es tu primera vez?
- No, pero…
- ¿Pero?
- Es que… no suelo durar mucho, uno de mis ex dijo que era como un adolescente virgen al que apenas han tocado.
- Me da igual – le confesó Sasuke – eyacula cuando quieras, sensibles también me gustan – le susurró Sasuke cerca de su oreja – y me encanta esta colita que te has puesto – mordió su oreja con seducción, cogiendo sus muslos y sentándole encima de él para besarle con pasión.
Que ahora mismo no pudiera levantar su miembro, no indicaba que no quisiera seguir jugando con él o besándole hasta que se recuperase.
