En cuanto Ren escuchó que Kyoko estaba del lado hundido, palideció. Estuvo a punto de caer al suelo del impacto. Lory, por su parte, se mantuvo firme pero en su cara también se notaba la preocupación por aquella chiquilla que había sabido ganarse el corazón de todos cuantos conocía.

—Natsume-san, si pudiera por favor permitirnos permanecer aquí... No los molestaremos para nada, pero queremos estar al pendiente de cualquier noticia acerca del rescate. Esa joven es muy importante para nosotros. Yo sé que todos los familiares le dirán lo mismo de sus desaparecidos y tienen toda la razón. Pero en verdad, esa niña es especial, es para mí como una hija y la razón de vivir de alguien más —en ese momento Ren agachó la cabeza y empuñó las manos para controlarse, tragándose las lágrimas de angustia y evitar decir que era él quien no podría vivir ni un día si ella no salía con vida, que era capaz de ir nadando al crucero y buscarla por sí mismo hasta sacarla de esa prisión acuática o quedarse allí con ella, si ese era su destino—. Dígame en qué podemos ayudar. Lo que esté en mis manos cuente con ello.

Natsume veía la cara de profunda preocupación de los hombres en frente de él, por experiencia, sabía perfectamente que no iba a poder quitárselos de encima y ya tenía suficiente con los padres del niño desaparecido, pero habiendo tantas cosas por hacer y pocos recursos resolvió aceptar la ayuda ofrecida, así les daría algo en qué pensar y no estorbarían en tan delicada situación.

—Como verá, Takarada-san, somos un pueblo pequeño, la cantidad de personas en el crucero, es la tercera parte de la totalidad de nuestra población. Necesitamos llevar a la mayor cantidad de sobrevivientes que se puedan a tierra firme. Si pudiera por favor, usted encargarse del traslado me quitaría un gran peso de encima, y yo podría dedicarme completamente a la misión de rescate.

—No se preocupe, Natsume-san, yo me encargaré de programar el regreso de las personas —dicho esto, Lory encargó a Sebastian arreglara, ya sea por avión o por barco, el llevar a la gente a tierra firme, por medio de contactos que podrían ayudarle en ese momento y haría uso de ellos, pero ni él ni Ren se moverían de ahí hasta no saber algo de Kyoko. Se quedaron en una improvisada sala de espera a donde también habían llevado al matrimonio Suzuhara. Al entrar vieron a la pareja deshecha, la preocupación, la angustia reflejada en sus cuerpos. La madre no paraba de sollozar y su esposo la abrazaba fuertemente para intentar no solo brindarle algún consuelo a ella sino también a sí mismo.


.

El helicóptero transportó a los buzos hasta el crucero, parecía suspendido en el aire, inmóvil, casi rindiendo tributo a un compañero caído. Desde el aire aquel gigante yacía inmóvil sobre su costado, parecía dormir una profunda siesta, con el mar como cobija. Sin importarle el embate de las olas. Desde su interior los rescatistas descendieron, echándose un clavado a las frías aguas, a un costado, muy cerca de donde antes estaban las albercas, en la cubierta superior. Eran buzos experimentados, expertos en búsqueda y rescate en situaciones difíciles. Habían sido entrenados en los peores escenarios y este era uno de ellos. El barco aunque estaba por el momento anclado, no estaba por completo estable y se temía que pudiera llegar a hundirse por completo. Finiquitando con toda probabilidad de encontrar con vida a alguien. La situación era crítica. El tiempo apremiante. No solo era el miedo a que el barco terminara de hundirse, sino que también luchaban contra el clima, la hipotermia, falta de alimentos y agua potable. Muchas cosas podían salir mal. Equipados con herramientas de rescate en un cinturón especial, su tanque de oxígeno, en vez de la escafandra normal del equipo llevaban cascos especiales para poder comunicarse entre sí además de contar con una lámpara en la frente. Se aventuraron a entrar a través de la zona de las albercas hasta llegar a las cubiertas inferiores.

—Aquí Matsuyama, estamos en la zona de las albercas, a punto de ingresar hacia el interior del crucero —se comunicó el jefe de los hombres rana.

—Perfecto, Matsuyama-san, con cuidado. Reporte de ubicación y situación cada quince minutos, queremos saber dónde se encuentran por si existe alguna situación de emergencia saber dónde buscarlos —se escuchaba una voz del otro lado del audífono.

—Ya escucharon muchachos, reporte de ubicación y situación cada quince minutos. En la cubierta siete nos dividiremos en cuatro equipos: Kyoma, Mamoru y Kenichi, irán a la izquierda hacia la proa, lo que es la parte que está por encima del agua; Takeshi, Sasuke y Kenta, cubierta 7, Takumi, Hiroshi y Taishi, ustedes irán cubierta 6; Ryu y Tsuyoshi conmigo. Mamoru, Takeshi y Takumi son los encargados de los equipos.

—Entendido, jefe —respondía su segundo al mando, al mismo tiempo que los otros dos hombres.

—Y chicos, con cuidado. Ahora cada uno de los escombros puede ser una trampa mortal. Tengan cuidado.

—Hey jefe, que no somos unos niños —bromeaba Kimura.

—Lo digo sobre todo por ti novato —decía muy seriamente, mirando a los ojos a Kimura.

Cuando se separaron cada equipo iba a revisar una mitad del crucero. Sabían que había reporte de víctimas conocidas en el lado escorado pero aún faltaban por localizar más pasajeros y tenían que revisar hasta el último resquicio del barco. Mientras más tiempo pasara las posibilidades de rescatarlos vivos disminuían drásticamente.

Durante la búsqueda los hombres empiezan a platicar para disimular los nervios que se asoman en situaciones de riesgo aun cuando son hombres muy preparados.

—Kimura-san, ¿por qué el jefe le dijo novato? Tengo entendido de que llevan muchos años juntos.

—Lo dice solo para molestarme porque me dieron a mí mi certificado de buzo después que a él, somos amigos desde la infancia y somos como hermanos.

En ese momento Kimura se detiene haciendo que sus hombres se paren al instante, acostumbrados siempre a seguir los movimientos de su superior. Alza el puño de una mano, señal de guardar silencio para poder escuchar.

—¿Hay alguien ahí? —grita a todo pulmón, esperando escuchar alguna réplica a su voz. La única respuesta que obtuvieron fue el golpeteo del mar sobre las superficies. Debido a la inclinación tenían que caminar con cuidado sobre las paredes. La obscuridad reinante hacía que parecieran estar inmersos en un cuento de terror.

Estaban viviendo su propia versión del Titanic y la película de Poseidón juntas, el antes bellísimo crucero ahora era una zona de desastre, casi espectral. Una casa de horror de un parque de diversiones sería la mejor comparación. Las, en alguna vez, bellísimas albercas, estaban ahora medio vacías, sucias, el agua cristalina cambiada por una oscura, salada. Las tumbonas desaparecidas. Algunas sillas flotaban arrinconadas contra una pared del fantasmal crucero. Pasaron por el restaurante principal, aquel donde Kyoko e Itsumi se encontraban antes del fatídico accidente, las mesas volcadas, las sillas desperdigadas, los manteles parecían mortales trampas atrayendo a todo lo que se les atravesara hacia el fondo. Estaba muy oscuro, la luz del sol no alcanzaba a llegar hasta ahí. La única iluminación era proporcionada por las linternas especiales de los buzos. Bajo su haz de luz, un cruel escenario era un recordatorio permanente de lo que había sucedido ahí hace tanto tiempo atrás, pero habían sido solo unas cuantas horas... Ni un día completo había pasado desde el accidente y esa zona de desastre aparentaba estar desierta desde décadas atrás.

Poco a poco y con grandes esfuerzos debido a los laberínticos pasillos fueron buceando hasta llegar a las cubiertas en donde se encontraban los camarotes. Había todo tipo de restos flotando, ropa de cama, almohadas, maletas, juguetes, ni siquiera los colchones ganaron en la cruenta batalla contra el agua del mar, estos, atrapados en un vaivén interminable, parecían bailar a su propio ritmo. Infinidad de objetos cobraban vida ante el incesante movimiento de las olas.

El equipo de Kimura, se las arregló para poder amarrar algunos de los colchones y almohadas para el rescate de los supervivientes, si es que los había. La situación era mucho más complicada que lo que se había previsto.

Mientras que el equipo de Matsuyama llegó a la cubierta donde se suponía habían quedado atrapados una mujer y un niño. Aunque era de las superiores aun así todo ese lado estaba casi en su totalidad bajo las aguas. Fueron revisando habitación por habitación, algunas habían quedado abiertas. Los pasajeros en su prisa por huir habían dejado las puertas abiertas de par en par, pero otras estaban cerradas o atascadas. Con mucha dificultad, después de varios intentos pudieron abrir un camarote, estaba muy atorada la puerta, algo la estorbaba. Estos hombres, habían estado en muchos rescates, tal vez cientos, pero nunca se acostumbrarían a una situación como esta. Dentro de la habitación encontraron el peor escenario posible, el cuerpo de una muy joven mujer flotaba, inerte con sus hermosos ojos ahora apagados, sin vida, mirando hacia arriba, como buscando una ayuda que nunca llegó.