KAGOME - Por fin despiertas... - Susurró.

Se encontraban dentro de una cabaña, o eso parecía el techo de madera. Una pequeña fogata iluminaba el lugar y el aroma de comida desconocida se olía en el ambiente. Bankotsu miró el rostro preocupado de la niña, recordando como fue que habían llegado hasta allí. Si ellos dos estaban...

BANKOTSU - ¿Donde estamos? - Pregunto con voz ronca.

Kagome le dio una pequeña sonrisa, ayudándolo a que se levante. Bankotsu intentó hacerlo por si mismo pero un dolor punzante en su brazo derecho lo paralizó completamente. Ella dio un suspiro y lo ayudó otra vez, sentándolo con la espalda recostada en la pared.

KAGOME - Debido a la mordida del lagarto demonio estabas perdiendo mucha sangre, entonces te desmayaste cuando tu y yo... - Su rostro se puso rojo como un tomate, haciendo recordar de nuevo al guerrero. Ella controló sus palabras y volvió a hablar. - Te arrastré hacia el camino, donde una mujer nos vio y me ayudó a cargarte. Nos han ofrecido una cabaña para nosotros y hierbas medicinales. Pude curar tus heridas antes de que pierdas mas sangre, así que no tienes que preocuparte por eso.

Bankotsu observó a la mujer, viendo un brillo inusual en sus ojos. Kagome estaba sentada a su lado, viendo con atención la herida vendada de su brazo. Hasta entonces no se había dado cuenta que estaba desnudo de cintura para arriba. Su rostro se tornó serio.

BANKOTSU - ¿Y mi alabarda?

Kagome sonrió aun mas, soltando una risita.

KAGOME - Mientras te estaba curando unos aldeanos la trajeron por mí. Esta afuera, reposando en la pared de la entrada. - La mirada de Kagome se mostró curiosa y pensativa. - ¡Tuvieron que cargarla mas de 3 hombres! ¿Como es que puedes soportar tanto peso?

BANKOTSU - feh, no soy ningún debilucho. Ademas estoy acostumbrado. - Sonrió de medio lado, orgulloso. Escuchó la risa de la miko mientras esta se levantaba hasta la fogata.

KAGOME - ¿Tienes hambre? He recordado que en mi mochila tengo mucha comida, ahora recuerdo por que siempre me pesaba. Ademas de que tengo ropa y muchas cosas que... Simplemente son necesarias. - Decía, mientras se agachaba y tomaba dos recipientes extraños del suelo. Se acercó de nuevo al mercenario, arrodillándose con una sonrisa. - Esto te gustará, pero ve con cuidado que esta caliente.

Bankotsu ignoró la advertencia y tomó el cuenco de sus manos, un aroma delicioso salía de ese plato. Con cuidado tomó entre los platillos un puñado de fideos y los metió en su boca. Sus cejas se alzaron, mostrando una mirada interesada. ¡Estaba delicioso!

Kagome lo observaba con una sonrisa mientras comía ella también. A ratos podía ver en los ojos del mercenario un brillo de tristeza, otras podía ver una mirada calculadora y otras... Malicia. Tembló ante aquel recuerdo, en el bosque. Sus sentidos se disparaban cuando recordaba tales cosas. Cada mirada, cada caricia, cada beso... Su rostro volvió a sonrojarse. Miró de nuevo a Bankotsu y se preocupó. El mercenario comía despacio con una mirada de tristeza en el rostro.

KAGOME - Bankotsu... - El nombrado dejo de comer y la miró de reojo, ella se puso mas nerviosa. - Me preguntaba si... Te encuentras... Bien...

BANKOTSU - Me encuentro perfectamente, miko. - Dijo, con voz altanera. - ¿Que te hace pensar lo contrario?

Ella bajo mas la mirada, ocultando sus ojos en el flequillo azabache.

KAGOME - Vi en tus ojos tristeza... Como si estuvieras recordando algún momento triste... - Bankotsu la miró con enojo, pensando que era una entrometida. - Puedo ver, en el azul de tus ojos que estas pensando en algo muy triste para ti...

BANKOTSU - Deja de decir esas cosas, niña. - Gruñó. - Yo no me pongo triste por nada ni nadie, eso me da a entender que estas alucinando y que eres una chica muy entrometida. Claro aparte de tonta. - Cerró los ojos.

KAGOME - ¡No me digas entrometida, ni tampoco tonta! - Gritó, levantándose del suelo y viendo como Bankotsu abría los ojos con sorpresa y la miraba. - ¡Solamente estoy preocupada por ti, tonto!

BANKOTSU - ¡Entonces deja de preocuparte, idiota! - También se levantó, haciéndole frente. Kagome con su orgullo quedó donde estaba, mirándolo con enojo. - ¡Yo nunca pedí que se preocuparan por mí y tampoco lo necesito!

KAGOME - ¡Y se lo dices a la persona que te salvó la vida! - Volvió a gritar. - ¡Ay! ¡Eres un tonto! ¡Tonto! ¡TONTO!

BANKOTSU - ¡Yo nunca te pedí que lo hagas, miko! ¡Y créeme que yo no haría lo mismo por ti!

Kagome alzó una ceja, mirándolo como quien se lo lleva el diablo.

KAGOME - Ah, ¿si? ¡Pues me voy! - Dijo, dándose la vuelta y caminando a la puerta.

BANKOTSU - ¡Pues vete! Aquí nadie te necesita. - Volvió a sentarse donde estaba, viendo como Kagome salía de la cabaña maldiciendo en voz baja.

Bankotsu tomó de nuevo el tazón y se dispuso a comer en silencio, completamente irritado. Ya tendría oportunidad de hablar con aquella chiquilla. Miró la fogata y los alrededores, encontrándose con el gran bolso amarillo de la joven. "Y mira que es tonta, hasta se ha olvidado sus pertenencias." Suspiró. Terminó de comer y volvió a levantarse.

*...*

"Ese desagradecido, no entiende que simplemente me preocupo por su estado. ¡Eres un tonto Bankotsu!" Pensaba Kagome mientras practicaba con su nuevo arco y flechas, apuntándole a un circulo que dibujo en un árbol. Estaba completamente enojada y lo único que quería era desquitarse con el pobre árbol. La flecha se dirigió muy lejos del centro, suspiró frustrada.

Al llegar a esa aldea, todos se mostraron muy serviciales ante ellos. Estaban heridos y a los aldeanos no les había afectado la guerra, por lo que estaban en buenas condiciones de bienes y alimentos. Kagome les había ofrecido ayudarles con el demonio que estaba en su templo después de curar a su compañero, ganándose el amor de los niños y las mujeres. La llamaban "sacerdotisa Kagome" y ella sonreía satisfecha, por lo menos alguien la llamaba por su nombre. Ahora estaba enojada, con arco en mano y miles de flechas que había pedido a los aldeanos. Todas apiladas en un montón. La perla de Shikon descansaba en su pecho, cubierta por su ropa harapienta.

"Ahora que lo recuerdo, no he tenido oportunidad de darme un baño... El día esta tan bello y quiero estrenar mi nuevo traje de baño... Pero esta en la mochila, en la cabaña... ¡Demonios!" . Kagome suspiró, de verdad quería darse un baño antes de seguir con su viaje. "Creo que me he comportado muy mal con el, yo se como es su carácter... Pero si a el le interesa vendrá solito" . Volvió a suspirar. Otra vez, el orgullo ganó.

Volvió a tensar el arco entre sus manos, era la tercera vez que fallaba en el árbol. Sus ojos estaban concentrados en el circulo, preparando su objetivo. Preparó sus músculos, tensando la flecha.

¿? - Lo estas haciendo mal. - Dijo una voz muy conocida, que la hizo aliviar y irritar a la vez, aparte del gran susto.

Sintió una mano tomar su codo derecho, levantándolo suavemente a la altura de su barbilla. Otra mano se posó en su cadera girándola levemente, haciendo que quede de perfil. Bankotsu apoyó su cabeza en el hombro de la joven, viéndolo desde su perspectiva.

BANKOTSU - Tiemblas mucho, eso es lo que te hace fallar a ultimo momento. - Acercó su cuerpo mas al de ella, quedando los dos pegados. Kagome se sonrojó. - Debes quedarte quieta hasta soltar la flecha, sino no podrás darle. ¿Entiendes?

Ella solo asintió, recordando todo lo que le estaba diciendo.

BANKOTSU - Ahora, concéntrate en tu objetivo. - Le dijo en su oído, cosa que la hizo estremecer. Le hizo caso. - Bien, cuando yo te diga soltarás la flecha. - Kagome asintió. - Ahora.

La flecha se disparó, clavándose en el centro del circulo. La miko miró impresionada el árbol, y después giró el rostro mirando a Bankotsu con una sonrisa. No se había dado cuenta de que sus rostros estaba demasiado juntos y cuando lo hizo, sus miradas se encontraron. Ella abrió los ojos, queriendo alejarse de sus labios lo antes posible.

Bankotsu no se atrevió a preguntar, dado que no se había dado cuenta hasta ahora lo que estaba haciendo, solo la tomó nuevamente por la cintura y besó sus labios otra vez. Kagome no pudo resistirse, cerrando sus ojos y pasando los brazos por el cuello de aquel joven.

¿? - Eh... Sacerdotisa Kagome... - Una voz infantil interrumpió el momento.

Bankotsu se alejó molesto de la miko viendo a una pequeña niña de ojos verdes y cabello castaño, debía de tener unos ocho años. Dirigía su vista a Kagome, que esta la miraba con un rubor muy intenso en sus mejillas.

KAGOME - Yuki, ¿Que sucede? - Dijo nerviosa, agachándose hasta quedar a la altura de la niña. Bankotsu solamente las observaba.

YUKI - Oh, etto... Es que el agua esta muy cálida hoy y me preguntaba si quiere venir con su amigo a jugar con nosotras al lago... - Dijo, bajando la mirada.

Kagome mostró una gran sonrisa, acariciando el cabello de la niña.

KAGOME - Justo estaba pensando en darme un baño. - Miró hacia Bankotsu. - ¿Quieres venir con nosotras?

BANKOTSU - No tengo tiempo para esas cosas, ademas no quiero que mi ropa se moje otra vez. - Cerró sus ojos y junto sus manos detrás de su cuello.

Kagome lo miró de reojo, mostrando una mirada sombría.

KAGOME - Deberías darte un baño, hueles mal. - le echó en cara. Bankotsu abrió los ojos y la miró, enojado.

BANKOTSU - Oye tu...

YUKI - Señorita Kagome por favor, no regañe a su esposo. - dijo la niña con una dulce sonrisa. Kagome y Bankotsu la miraron con los ojos abiertos y una peculiar gota de sudor en sus frentes. La niña volvió a hablar. - Señor no tiene de que preocuparse, la señorita Kagome debe de tener algo para usted. - Volvió a sonreír.

De pronto Kagome recordó, llevándose una mano a la cabeza.

KAGOME - ¡Ya recuerdo! Tengo un traje de baño para cuando Inuyasha no quiere mojar su traje. - Miró de pies a cabeza a Bankotsu, que todavía estaba mirando a la niña con un tic en el ojo. - Si, creo que eres de su talla. - Le tomó de la mano - ¡Vamos, Bankotsu!

Kagome tironeó de el, haciendo que vuelva en si. Bankotsu fue arrastrado de la mano por una chica que estaba muy emocionada. Se dejó llevar con un suspiro de derrota.

Al llegar a la cabaña Kagome comenzó a buscar entre sus pertenencias, sacando de la mochila una extraña tela azul con verde. Se la tiró a Bankotsu y este la vio con curiosidad, Kagome ya estaba a su lado con su mochila llena de cosas raras y una tela que tenía de estampado flores.

KAGOME - Se llama bermuda, debes sacarte todo lo que llevas puesto y ponértela. Es como un pantalón. - Le sonrió, ¡Que cambiante es esa joven! Pensaba Bankotsu. - Yo iré a cambiarme al bosque, ¡Te espero fuera de la cabaña! - Y salió por la puerta, dejándolo solo.

Bankotsu miró la entrada, asimilando todo lo que había pasado. Miró la extraña vestimenta que tenia en sus manos, suspirando otra vez. ¿Cuantas veces había suspirado en el día? Muchas, sin duda.

Comenzó a desvestirse, mientras que una Kagome ya lo esperaba fuera, con su traje de baño puesto y su mochila en hombros.

*...*

En esos momentos correr fue lo primordial, tratando de percibir la esencia de su amiga en aquel pantano.

Sus cabellos blanquecinos volaban a su espalda, como si fueran alas. El traje de tela de las ratas de fuego parecía un borrón rojo a causa de la velocidad. Sus ojos dorados delataban la preocupación y la ira, por no poder encontrarla. Sin duda, Inuyasha estaba perdiendo la paciencia.

Se detuvo al sentir el efluvio de su hermano mayor, lo sentía detrás de el. Solo se quedó quieto, para después darse la vuelta. Sesshomaru lo miraba con una ceja alzada, curioso.

SESSHOMARU - ¿Qué es lo que quieres, Inuyasha? - Dijo con su tono frío y severo.

INUYASHA - No te hagas el tonto, Sesshomaru. ¡Dime donde esta Kagome!

SESSHOMARU - ¿Y tú crees que yo se algo sobre aquella chiquilla?

INUYASHA - No te hagas el inocente, percibí tu aroma el día que desapareció. En el río.

Sesshomaru mostró una mueca de pequeño interés.

SESSHOMARU - He hablado con ella, luego me fui. No tengo idea lo que pasó después.

Entonces se dio la vuelta, dándole la espalda a su medio hermano.

INUYASHA - ¡Espera, Sesshomaru! - Gritó.

Sesshomaru paró su andar, giró su cabeza mirándolo de reojo.

SESSHOMARU - Deberías entender, Inuyasha, que las mujeres no son para jugar. - Inuyasha se quedó helado. - Kagome es una mujer adulta y si ella decide si quiere alejarse de ti debes respetar su decisión. ¿Tu acaso no estabas con la sacerdotisa revivida?

Sesshomaru volvió a caminar, desapareciendo entre la maleza.

Inuyasha no podía creer las palabras de su hermano. ¿Kagome se había alejado de él para hacer su vida en el Sengoku? No, no era posible. Inuyasha sabía muy bien que si ella no quería estar con él iría a su época y no volvería. La mente del Hanyou era un manojo de enredos, los cuales se hacían cada vez mas difíciles de desatar.

Sin dudarlo, comenzó a correr de nuevo hacia la aldea de la anciana Kaede. "Espero encontrar las respuestas que busco, ¡Demonios Kagome donde estas!"

*...*

KAGOME - ¿Listo, Bankotsu? - Preguntaba con una sonrisa al ver a Bankotsu salir de la cabaña, con el traje de baño puesto.

Bankotsu al ver a Kagome se quedó petrificado. Llevaba nada mas que una tela pegada a su cuerpo, que dejaba ver todas sus piernas. Esa tela con dibujos de flores tapaba su intimidad, estomago y pechos. ¿Como se atrevía a mostrarse así en publico? Tenía el cabello recogido y su mochila en hombros. "Debo admitir, que se ve un tanto bonita.." Pensó el guerrero, que llevaba los "pantalones" que le había hecho que se ponga.

BANKOTSU - ¿Que llevas puesto? - No pudo resistirse a preguntar.

Kagome le mostró una sonrisa.

KAGOME - Se llama traje de baño, se usa para ir a la playa y nadar en el agua. - Comenzó a moverse en frente del guerrero, haciendo posturas y girando para que lo vea. - ¿Me queda bien? Este es nuevo.

Bankotsu miraba hechizado como ella se movía a sus ojos, haciendo posturas algo atrevidas para el. Sintió una descarga eléctrica en su interior, y luego algo en su intimidad. Cerró sus ojos y caminó. Puso una mano en la cabeza de la joven para detenerla. Estaba controlando por todos los medios posibles los deseos de tomarla y hacerla suya en ese mismo lugar.

BANKOTSU - Si, te sienta bien. No vuelvas a hacer esas poses. - Dijo, casi suplicando. Su miembro le estaba comenzando a doler un poco, aunque no se notaba la erección.

Kagome vio a Bankotsu con una sonrisa. Se fijo que las bermudas que le había dado le quedaban muy bien, ya sabía que eran del mismo talle Inuyasha y Bankotsu. Pudo apreciar su pecho desnudo, con sus abdominales bien marcados y su cuerpo bien trabajado. La piel morena brillaba a la luz del sol, como si estuviera mojada antes de tiempo... Volvió a sonrojarse ante esos pensamientos, y corrió para caminar a su lado.

Divisaron el río cerca, a lo que Kagome fue corriendo. Se llevó una gran sorpresa al ver que las niñas no estaban en ningún lado. Bankotsu se acercó, viendo el río. Parecía muy calmado, ademas de que el sol estaba brillando con toda su intensidad ese día. Entró en el de un brinco, salpicando a la miko.

KAGOME - ¡Oye! - Se quejó. Veía como Bankotsu se tiraba al agua y esta la mojaba a su paso.

BANKOTSU - Deja de quejarte y entra. - Dijo. Era verdad lo que decía esa niña, el agua era perfecta ese día. Comenzó a flotar, dejando que lo lleve el agua.

Kagome estaba arrodillada en la orilla, sacando cosas de su mochila amarilla. Tenía dos recipientes de un color celeste, muy extraños. Bankotsu la miró de reojo con curiosidad, y al ver como sacaba una sustancia de color rosado de uno de los recipientes no pudo evitar nadar hasta acercarse.

BANKOTSU - ¿Qué es eso?

Kagome lo miró con la sustancia en las manos, sonriendo.

KAGOME - Es para lavarse el cabello. - Dijo, miro que todavía tenía hecha la trenza. - suéltate el cabello. - Ordenó.

BANKOTSU - ¿Eh? ¿Para qué? - Dijo, con una ceja alzada tocando la trenza negra con sus dedos.

Ella lo miró con ojos suplicantes, como un cachorrito abandonado.

KAGOME - Por favor por favor por favor... Déjame lavar tu cabello. - Se inclinó en modo de suplica, con la sustancia todavía en sus manos. Tenía un olor agradable. Bankotsu farfulló algo para sus adentros, desatándose la larga trenza.

"Esta niña es muy extraña"

Kagome miró con los ojos luminosos el largo cabello que tenía el guerrero, frunciendo los labios con envidia al ver como este brillaba a la luz del sol. "Hasta un hombre tiene el cabello mas bonito que el mio" gruñía en su cabeza. Tomó el cabello de Bankotsu entre sus manos y expandió el shampoo por todo el pelo, haciendo mucha espuma a su paso. El mercenario miraba curioso como una gran masa blanca espumosa se expandía por su cabello hasta su cabeza. Kagome con sus dedos acariciaba los mechones, limpiándolos de cualquier suciedad.

Vio como Bankotsu se estaba relajando mucho, sonrió.

KAGOME - Bien, ya esta. Ahora tienes que sumergirte en el agua y sacarte toda la espuma. - Le dijo, Bankotsu abrió los ojos rápidamente y la miró. Obedeció. - Muy bien... Ahora ten. - Le entregó una esfera blanca de intensa fragancia.

BANKOTSU - ¿Qué es esto? - Dijo, mirando con curiosidad aquella cosa blanca.

KAGOME - Se llama jabón, vete y lávate todo el cuerpo con eso. ¿De acuerdo? Yo iré a nadar un poco... - El susurro se perdió entre la brisa que removió su rostro.

Bankotsu la miró con la duda escrita en sus facciones. ¿Qué pasaba ahora? Sin duda, esa mujer era muy cambiante. Podrías verla triste y luego sonreír, para volver a estar triste. No quería entrometerse en sus asuntos, dado que no le importaba. Se dio la vuelta, haciendo que pequeñas olas chocaran contra su cuerpo, y caminó lejos de ella.

Cuando Kagome quedó sola, se sumergió en el agua. Las lagrimas corrieron por sus ojos combinándose con el agua cristalina del río.

¿Que se supone que debía hacer ahora? Podía jurar que era demasiado, insistía a su mente que dejara de jugarle bromas. Al ver esos ojos color cielo recordaba ese momento en el bosque y se sentía... ¿Bien? ¿Por qué la delataba esa sensación? Ella no debería hacer esas cosas con su enemigo, menos con alguien que no ama. De pronto se sintió mas sola que antes, descubriendo su confusión en solitario y teniendo que cargar estas emociones.

Recordaba que, cuando estaba con Inuyasha, no sentía aquellas cosas. La sensación de protección y peligro a la vez, miles de sensaciones apuntando un solo lugar de su cuerpo para expandirse... ¿Como se suponía que tenía que actuar ante estas circunstancias?

"Tal vez solo quiso desquitarse, de todos modos es un hombre..." Pensaba Kagome, bajando cada vez mas en las cálidas aguas.

"¿Solo ha sido un juego para él?" Se sorprendió al sentir una lagrima en su mejilla.

Si, tal vez el si esta jugando.

Pero esta vez Kagome no lo iba a permitir.