Debía apresurarse. Necesitaba estar en la casa a tiempo para supervisar la partida del grupo encargado para cumplir la misión en Hogwarts. Apresuró el paso a través del descuidado jardín, mientras pensaba en el atrevimiento del estúpido elfo que había dejado inconsciente a sus espaldas.
Bellatrix sintió como el niño se agitaba entre sus brazos. Quizá tenía frío. La despejada tarde se sentía fresca y ventosa. Algo molesta y afanosa de evitar cualquier posible llanto, cubrió al niño con una parte de su capa negra de modo que sólo su rostro blanco y sonrosado fuera visible. Cuando por fin alcanzó la verja del jardín y traspasó las barraras mágicas, desapareció con un chasquido con el niño de apenas unos meses en brazos.
Reapareció en al parte más íngrima y despoblada el pueblo. Observó cuidadosamente a su alrededor para asegurarse de que no había impedimentos y empezó a caminar por un tupido sendero lleno de árboles altos, estrechos y de copas frondosas que casi lograban ocultar la luz solar de la tarde. El camino era irregular; troncos y rocas le dificultaban el paso, a tal punto que un tropezón la hizo tambalearse con tal brusquedad, que el niño empezó a llorar.
El llanto era insoportable y Bellatrix casi estaba segura de que se podía escuchar claramente varios metros a la redonda. Maldiciendo su suerte, trató de calmar al pequeño cubriendo su rostro con la capa. Quizá sólo estaba asustado al sentirse en un sitio inhóspito y desconocido para él. Pero no se calmó en absoluto, sino que lloró aún con más ganas. Bellatrix, harta y aprensiva le aplicó un hechizo silenciador y observó con alivio el pequeño rostro enrojecido por un llanto que no emitía sonido alguno. Enderezó su mirada y se dispuso a seguir el camino, pero una mano grande y fuerte, como una garra, la atenazó por el hombro dejándole lívida por unos segundos.
- No-te-muevas.
Por supuesto, ella reconocía esa voz que le había hablado dura y apenas contenida por unos dientes fuertemente cerrados. Lentamente, maldiciéndose por no haber acabado con el elfo en su momento, volteó para enfrentar a Rodolphus, que se veía claramente colérico.
- ¿Qué crees que estás haciendo¿A dónde crees que vas con el mocoso? -
Rodolphus se había dirigido a ella con la misma ruda fluidez de antes y aunque se sintió acobardada, se esforzó por no demostrarlo.
- No hagas preguntas tontas Rodolphus, sabes perfectamente lo que hago ¡Te salvo de una muerte segura! Te salvo de... ¡de la debilidad y la infamia! Tú, tú y ese mocoso... solo va a perderte ¡no es tan difícil de entender!
- Tomé una decisión querida y tú no te vas a entrometer en ello ¿En qué te afecta que yo quiera conservara mi heredero? No entiendo por qué insistes en que mantener mi linaje, el linaje de los Lestrange, me va a perder.
- No seas estúpido, tú no te ves. Tú no observas, no sientes como te envenenas con esa ridícula idea. ¡Mírate! Eres débil gracias a él. Eres débil para los planes de nuestro Señor. Eres débil, un borrego que será sacrificado si no vuelve a ser el lobo. Te guste o no lo hago por ti.
- Eso no es cierto.
Rodolphus la miraba con fiereza y los puños apretados fuertemente a ambos lados de su cuerpo. Bellatrix tenía la mandíbula rígida y respiraba velozmente dispuesta a cumplir su cometido. Enojada, se dio media vuelta e intentó reemprender el camino, pero Rodolphus tampoco estaba dispuesto a ser vencido y casi corriendo entre las rocas y troncos caídos, alcanzó a Bellatrix para empotrarla contra el grueso tronco de un árbol.
- Dámelo Bella, o me veré obligado a hechizarte.
Las palabras fueron una clara advertencia del daño al que se exponía Bellatrix, pero ella, por toda repuesta, apretó con más fuerza al niño que no había abandonado el llanto silencioso. Él, al ver la negativa, con rabia a penas contenida, la soltó y se lanzó para arrancar al niño de los brazos que lo apresaban.
-¡No!
Rodolphus luchó por tomar el control y en un brusco movimiento repentino, Bellatrix tropezó con una raíz y el niño cayó sobre las rocas. Primero la caída lenta, como congelada en el tiempo, luego la sangre roja y espesa sobre el verde del pasto reseco. Rodolphus retrocedió muy despacio sin despegar la mirada de la escena. Bellatrix, agazapada contra un tronco seco, lo miraba esperando lo peor. Sus miradas se cruzaron por un segundo que bastó para que ella se sintiera helada. Y Rodolphus desapareció del lugar.
Le tomó unos cuantos segundos más a Bellatrix tomar conciencia de lo sucedido. Con su capa envolvió el pequeño cuerpo y con un hechizo limpió la sangre. Abrió un agujero a los pies de un árbol grande y nudoso y cubrió al cuerpo del niño con un montículo de rocas a modo de mausoleo. Con una última mirada al lugar, desapareció para regresar a los dominios de Lord Voldemort.
