REDEMPTIO
VIII
"¿Acaso no habíamos ya ido por todos los caminos, realizado todas nuestras fantasías, soñado todos nuestros sueños, vivido todas nuestras ilusiones, hecho todas nuestras imaginaciones? ¿Seguiríamos así por el mundo, así por la vida, sin un lugar para llegar, sin un momento para parar, sin un futuro por planear? ¿Teníamos otro destino que seguir y seguir? ¿Y podía nuestro destino ser sólo seguir y seguir?"
~Demasiado amor, Sara Sefchovich.
Su mujer había mandado por él con urgencia debido a que la niña había caído repentina y gravemente enferma. Ante el anuncio de una inminente muerte, el señor Nikiforov no pudo sino olvidarse de todas las dudas que tenía y partir inmediatamente hacia Kiev, dejando varado en San Petersburgo todo aquello que tenía y por lo que siempre había luchado: por supuesto que esto incluía a su esposa enferma y a su hijo Viktor, a quienes no había dudado en dejar para ir a amparar a aquella muchachita con la que tantos años había mantenido una relación y a la hija que ésta le había dado. Afortunadamente, para cuando hubo llegado a Kiev, el estado de salud de la menor había mejorado y aunque seguía delicada su vida no corría peligro.
Una vez que tuvo a la menuda madre y a la diminuta hija entre sus brazos, el hombre mayor no pudo sino decidir que pasaría así el resto de la semana: Rodeado por los mimos suaves y el amor desmedido de esas dos almas perdidas —quienes encontraban en él desde el respirar de la vida hasta el último de los caprichos que pudiesen anhelar—. Y alejado de la convalecencia de su esposa y de la rabia de su hijo —aquella cuyo propósito parecía ser el querer llevarse todo de él con cada uno de sus suspiros frágiles, pero sin importarle sus propias ilusiones, sin importarle que no había nada ya que pudiese tomar, pues no acaso le había entregado todo de sí en el regalo de un hijo tan fuerte como él, mismo que estaba dedicado hasta la médula a amarla… su hijo, aquel que cada día quería parecerse menos a él.
No tenía nada qué pensar. ¿Dejar a una mujer por la otra? Él bien sabía a quién amar.
En el momento en que realizó ese viaje repentino, Nikiforov entendió lo sencillo que era tomar su preciado GAZ-3111 e ir recorriendo en un par de días —con las paradas necesarias— la distancia que separaba a su familia de San Petersburgo de su familia de Kiev. La desolación de una vida que ya nunca más podría ser la suya, el repaso amargo de sus tribulaciones al recorrer la perpetuidad en una carretera, la sequedad de las anaranjadas begonias domésticas difuminándose en la desesperanza de las violetas del bosque, el día, la noche y finalmente el borde. Un afecto amargo, un siempre preguntarse si acaso estarán bien, si acaso mañana las podrá dejar, si acaso pasado mañana podrá volver. Cruzar la frontera que con sus errores puso entre los tres e ir a buscarlas, como si nada ni tanto hubiese pasado. Tenerlas una vez más entre sus brazos: a ella, la mujer a quien amaba; y a esa otra, la niña que lo amaba.
Era tan fácil. Lo difícil era quedarse en la decisión que había tomado: con una esposa a quien ya no podría amar, pero que tanto lo amaba. Tenía un hijo a quien ya no podría ofrecerle nada, y una hija a quien podría darle nuevamente la vida si acaso ésta se lo pidiese.
El viaje que tantas veces había realizado y que tantas veces iría a realizar, de pronto se le presentó como más corto y más ameno.
Fue por eso que cuando días después regresó a San Petersburgo para encontrarse con los silencios cargados de resentimiento de su esposa y con la cólera desbordada de su hijo, no pudo sino sentirse más apático que de costumbre ante la existencia que llevaba. Y cuando meses después la relación cariñosa que mantenía con la mujer se volvió insostenible y algo irrecuperable se rompió entre él y su primogénito, Nikiforov no pudo sino salir del hogar que por tantos años había construido en Rusia y saber que esta vez apostaría todo por el que formaría en Ucrania.
La serie de casualidades y decisiones que lo habían llevado hasta ese instante de su vida hacía que el intentar arreglar las cosas fuese ya demasiado complicado. Tomó sus llaves, su cartera y su abrigo para dejarse conducir por las planicies frías y los caminos solitarios que lo llevarían nuevamente a Kiev. ¿Es que acaso alguna vez tuvo otra opción? La fatalidad le había quitado una parte de lo que tanto quería y él mismo había arruinado el resto. Cómo no aumentar a ciento veinte kilómetros por hora si se estaba congelando y ambicionaba estar lo antes posible en el calor de esas dos mujeres que desde siempre habían estado dispuestas a entregarse a él.
—¿¡Q-Qué..!?
La eternidad jamás sería suficiente para admirar la belleza bucólica su amante, quien extasiada por su visita inesperada se lanzó con sonido roto de afecto hacia él, impactándolo con la fuerza de todo lo que sentían y de todo lo que no podía ser. Ambos casi se caen en la blandura de la nieve recién formada, pero él recibió gustoso el cuerpo de la joven mujer entre sus brazos.
En la ternura de los días que siguieron, Nikiforov no necesitó de mucho para olvidarse de cualquier duda que pudiese haber tenido. Y bajo la mirada satisfecha de su mujer, el hombre desdichado no pudo sino comprender que amaría con todas sus fuerzas a esa pequeña criatura que se pasaba el día pegada a él. Era su hija, y si antes había pensado que su existencia iría a terminar con la inmensidad de lo que él y la madre tenían, ahora entendía que —por el contrario— esa niña frágil los uniría más allá de su propia existencia, en lo más profundo de su ser siempre quedaría gravada la verdad: dos almas se podían amar, dos almas se podían amar mucho, dos almas se podían amar demasiado.
—Es mi ._._._._. —, le dijo todas las noches a la madre mientras le hacía el amor.
—Es tu ._._._._. —, afirmó ella cada una de esas noches.
Mientras su corazón siguiese latiendo, cada instante que pasó con ellas en esa casita a las afueras de Kiev sería su tesoro más preciado, uno cuya luminosidad sería tan sólo comparable a la que vivió durante los nacimientos de sus dos hijos.
Antes de morir se preguntaría por qué no pudo quedarse con ellas en ese idilio que él mismo les había construido. Por qué tuvo que dejarlas. Y de haberse quedado a su lado ¿las cosas habrían sido diferentes, habrían sido mejores para todos?
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Redención (del latín redemptio, - ōnis; prefijo re, de nuevo, y émere, comprar), literalmente significa comprar de nuevo. Redentor es quien redime. Se aplica particularmente a conceptos religiosos, esenciales en el cristianismo; pero, genéricamente, en contextos aplicables a personas, la redención es la liberación del dolor o de una mala situación, o la obtención mediante pago de la libertad del esclavo o el cautivo.
Véanse también: Rescate, Manumisión y Abolicionismo.
En contextos aplicables a cosas, redimir es volver a adquirir algo que se había perdido, o comprar de nuevo una cosa que se había vendido o empeñado.
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Viktor cerró la entrada de la Wikipedia que había estado consultando y bloqueó la pantalla en la que instantáneamente apareció un wallpaper de Makkachin con la hora y la fecha encima. Al dejar el iPad sobre la barra de granito negro, se encontró con el vaso intacto que Aleksánder le había servido hacía un rato; lo sostuvo unos segundos y al darle un trago comprobó que aunque el hielo se había derretido, la temperatura seguía decente. Mientras sentía la calidez familiar inundar su boca y recorrer su garganta, el patinador no pudo sino sentirse fastidiado porque era más que evidente que no tenía ni una jodida idea de lo que estaba haciendo.
Tratando de reprimir un bostezo se removió el flequillo y apretó los párpados. Posteriormente, dio un vistazo alrededor de ese lugar que tanto conocía: la luz tenue y la comodidad de los muebles de caoba oscura le daban un ambiente de intimidad al lugar en el que —además de él— sólo había un par de clientes al fondo. Había pensado que si iba a la Mashenka por un trago, podría encontrar la concentración que tanto necesitaba para ponerse a trabajar, después de todo ese era un plan que le había funcionado básicamente durante toda su vida. No obstante, estando ahí —fuera de la comodidad de su apartamento, pero rodeado por una familiaridad aún más afectuosa— no pudo sino saber que seguía igual de abatido
—¡Joder! —sí o sí tenía que enfocarse en su rutina en ese mismo instante o todo se le arruinaría (más de lo que ya estaba) y ni él podría repararlo. El ruido de una serie de trastos siendo acomodado lo sacó de sus cavilaciones y asomando la cabeza para buscar qué pasaba del otro lado de la barra, pudo divisar una melena castaña saliendo de la cava que había al fondo. Reprimiendo la risita que se formaba en su pecho, Viktor observó como Aleksánder emergía del fondo, pasaba por unas bandejas de hielo y después regresaba con simpleza para seguir al frente de la barra. Nikiforov agradeció internamente y mientras el otro jalaba un taburete para acomodarse y hacerle la plática, no pudo sino poner su mejor expresión de desinterés para evitar que Petrovsky sospechase que tramaba algo.
No obstante, en el mismo momento en que Aleks estuvo frente a él del otro lado de la barra, una expresión de genuina confusión se formó en sus suaves facciones—. ¿Y ésto…? Esperaba que para cuando regresase tú o te hubieses servido otro trago por tu cuenta o simplemente hubieses desaparecido, me sorprende que estés aquí como si nada, —señaló el vaso casi intacto y se encogió de hombros.
Viktor tan sólo trató de poner su mejor cara— ya sabes, estaba distraído leyendo algunas cosas del trabajo, claro.
—De acuerdo... —el barista se quedó en blanco, mas ni siquiera tuvo que tratar de recomponerse pues fue el patinador quien tomó nuevamente la palabra.
—Y dime, Aleksánder, ¿cómo van las cosas en el negocio?
—Uh… bien, supongo. —Su mirada suspicaz lo decía todo, pero el otro tal y como acostumbraba no se rindió.
—Me alegra escucharlo. Y dime, si ésto alguna vez estuviese en quiebra o tuvieses que pagar con urgencia una hipoteca ¿me pedirías ayuda?, porque sabes que soy tu amigo y que adoro este lu-...
—¡Oh, por el amor de dios, Viktor! ¡En este mismo instante me vas a decir qué rayos estás tramando!
—Sólo quería puntualizar al-...
—Viktor…
—Ofrecerte mi ayuda sincera…
—Viktor…
—¿Echarte una mano?
—…
—¡Ya, joder! Yo sólo…
—Dímelo.
—Yo sólo… quería redimirme, redimirme contigo, creo.
Aleksánder estaba más que acostumbrado a no entender la mitad de las acciones que Viktor hacía, no obstante, el signo de interrogación que en ese momento pasó por su rostro fue uno de los más épicos de todos sus años de amistad.
—¿Redimirte… conmigo? —Pasó una mano por su cabellos castaños y se tomó el vodka que el otro casi ni había tocado. Trató de poner en orden sus pensamientos y buscar una explicación cuerda—. Tú, ¿te encuentras bien? —lo miró y por un momento se le fue el color del rostro— ¿¡acaso tú…!?
—¡Estoy bien! —Viktor no pudo reprimir su propia expresión horrorizada y jaló a Aleks de la camisa en un intento por evitar que el espíritu le abandonase el cuerpo.
—¡Di la verdad!
—¡Es la verdad! ¡No moriré!
—Entonces explícame qué rayos estabas tramando. Y no quiero ninguna mentira, Nikiforov—. Desafiante, el barista se separó de su amigo en espera de su respuesta.
Siendo escrutado por el otro con seriedad, a Viktor no le quedó más que dar un suspiro de resignación y comenzar a hablar—. He estado demasiado cansado y fuera de mí estos últimos días, por lo cual he tenido demasiados problemas para trabajar en mi nueva rutina.. El tema es la redención, he trabajado en el concepto por muchos días, pero no termino de embriagarme con su esencia real. Se supone que tengo que liberar a alguien, pagar por su rescate es pagar por su redención. La primera persona que se me ocurrió ¡fuiste tú!, así que vine a ver en qué podría ayudarte—. Conforme su respuesta fue avanzando, sus palabras sonaron más animadas, estaba dispuesto a hacer caridad el resto del mes, era una idea maravillosa, ¿no?
—De acuerdo, suficiente, ya sabes cuál es la salida.
—¡Aleksánder!
—No, Viktor. No puedes simplemente venir y decir que te redimirás conmigo, mucho menos si apenas ayer me mandaste un mensaje diciendo que habías tenido suficiente de mí por el resto del año.
—¡Oh, por favor! Era una broma. —Mintió.
—No te creo. Y, ¿acaso entiendes lo que estás tratando de hacer? Porque créeme, tú más que nadie deberías de repasarlo. Tan sólo cambia el concepto de tu rutina, estarás mejor.
—No puedo, Aleks, no puedo.
—Sí puedes. Ahora, si me disculpas, iré a ver si mis clientes necesitan algo más y después me sentaré de otro lado de la barra a mirar el televisor.
—¡Por favor, estoy desesperado!
—Cambia de tema.
—Aleks, en verdad estoy muy, muy jodido.
El barista se dio la vuelta.
—Te lo pido como amigos.
Con esa frase, supo que precisamente porque eran amigos desde un inicio tuvo la batalla perdida. Con una expresión de alguien ayúdeme, sirvió dos vasos de agua helada y se sentó nuevamente frente a Viktor.
—Tú hablas, yo escucho.
El patinador sonrió complacido. ¡Siempre podría contar con su barista favorito!
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—¡Frutas, verduras, carne! ¡De todos los colores y de todas las clases! ¡También caramelos, bombones y chocolates! ¡Y muñecas, todas las muñecas! ¡Toma, mujer, la tarjeta de crédito, no quiero que a esta niña le falte nada, quiero que mi hija lo tenga todo!
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._._._._. despertó retorciéndose sobre sí misma debido a una sensación punzante que figuraba a su estómago siendo perforado por dentro. Se sujetó con fuerza el abdomen y trató de ganar conciencia y de distraerse buscando las figuras moteadas que la humedad había formado en el techo… no obstante, el dolor le resultaba tan fuerte que supo que si no se movía de ahí e iba a buscar algún alimento, eventualmente, terminaría muerta.
Morirse de hambre con el estómago hecho añicos le pareció algo horrible y una corriente de miedo le recorrió el cuerpo. Sabiendo de antemano que le esperaba una sensación de mareo que nublaría su visión con estrellitas parpadeantes, se incorporó lo más lentamente que pudo y después de que se hubo estabilizado se calzó con sus zapatillas deportivas y se dispuso a salir para buscar algo.
Cada pasito que daba era calculado, con una mano en el vientre y con la otra sujetándose de donde podía. Sabía que si se terminaba desmayando no habría nadie ahí para auxiliarla y quién sabe hasta cuándo —o si— despertaría. Una de las últimas veces en que pudo visitar al médico, éste le había dicho que si seguía llevando esa vida, apenas comiendo y no durmiendo o durmiendo demasiado, su salud se vería más afectada y su corazón podría fallarle. Desechando aquel pensamiento, la joven mujer trató de apresurarse para salir del pent-house, si algo le llegase a pasar en los pasillos o en el ascensor, entonces el viejo portero o los vecinos la podrían encontrar.
No obstante, antes de llegar a la entrada pudo ver un paquete extraño sobre el comedor. La intriga le pudo más y acercándose se encontró con una bolsa de papel de estraza que contenía un paquete de píldoras para el resfriado, un sándwich de jamón de pavo cortado en triángulos por la mitad y un jugo de uva de quinientos mililitros en envase de Tetra Pak.
Pasé a ver cómo estabas, pero al verte dormida preferí dejarte descansar.
Espero que te sientas mucho mejor. Si necesitas cualquier cosa, por favor, llámame [555856***]. Ten un día maravilloso.
~Aleksánder.
Sostuvo la notita amarilla con caligrafía desbaratada y se preguntó qué rayos era todo eso.
Recordó el rostro amable de Aleksánder y al hacerlo vino a ella el de un hombre mayor, pero con rasgos menos suaves: el señor Petrovsky quien siempre le pedía que lo llamase tío.
Apretó sus párpados y miró el pequeño almuerzo que Aleksánder Petrovsky le había dejado. Pensó en la merienda barata y en el café amargo que había comido cuando llegó a San Petersburgo, pensó también en lo mucho que le ardía su estómago y admitió que tenía demasiada hambre. No pudo evitar sentir que algo en su pecho se conmovía ante ese pequeño gesto que le estaba salvando la vida, cogió la bolsa de estraza y se acurrucó sobre el piso a un lado del sofá que no pensaba reacomodar y en el que recargó su espalda. Con bocados de pajarito comenzó a masticar el sándwich y a darle sorbitos al jugo. Mentiría si dijese que no le supieron a gloria.
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—¡No me estás entendiendo, Aleks! Esto es algo serio para mí, demasiado serio. Patinar es lo que tengo, es lo que soy y es lo que me ha quedado.
—Lo sé.
—¡No! ¡No lo sabes! No lo sabes porque no eres yo, porque no has vivido lo que yo he vivido ni valoras las cosas que yo valoro. Nuestras circunstancias nunca serán las mismas.
—Las circunstancias de una persona jamás serán iguales a las de otra persona. Es cierto, sólo tú sabes por qué y cómo haces las cosas. Yo sólo soy tu amigo de la infancia y el que te sirve las copas en la adultez.
—Oh, Aleks. Eres más que eso.
—Lo sé. A veces pienso que nos conocimos por casualidad y que nuestros caminos debieron de haberse separado hace tiempo, pero nos seguimos frecuentando hasta que nos volvimos amigos… eso pasó por algo y pasó para siempre. Sé que la vida nos ha forjado de maneras distintas, pero permíteme decirte con sinceridad que tu bienestar me importa y me importa mucho.
—Aleks…
—Todos los seres humanos se enfrentan de un modo distinto al pasado, cada quien según sus posibilidades. Pero la vida pasa más rápido de lo que pudiésemos esperar. Para cuando nos damos cuenta, no pudimos ser jodidamente felices. Y cuando al fin queremos soltar todo lo que nos ha hecho daño, ya es demasiado tarde. Claro que no es fácil, pero quisiera que pudieses hacer lo mejor para ti, Viktor.
—¿Si eso quieres entonces por qué me dices estas cosas? ¿Por qué me cambias todos mis planes y los pones en mi contra?
—Nadie está poniendo nada en tu contra, Viktor. Deberías poder verlo. Aun si lo hiciesen, eres fuerte y encantador, tienes todas las de ganar. Hay personas que, por el contrario, no tienen muchas oportunidades para ser felices , sin embargo, ahí están: luchando. Tan sólo quiero hacerte ver eso. Que tú has sufrido, es cierto y eso jamás podrá ser negado. Pero que también hay otros que sufren. Y que al final el dolor nos iguala a todos como seres humanos. Sé que puedes verlo, ahora sólo trata de sacar algo bueno de todo esto. Siempre, siempre más dolor va a ser engendrado del mismo dolor, eso nunca va a cambiar... no obstante, tú sí puedes tratar de cambiar: a ti mismo, a algo; si lo haces, podrás sacar algo mejor de todo aquel dolor, algo más luminoso, algo que sí valga la pena.
—Te lo dije, quiero crear arte.
—Oh, claro que lo quieres. Tú más que nadie. Tienes la chispa de lo bello en ti… pero no sabes utilizarlo. Ya te has equivocado en el pasado, no lo vuelvas a hacer.
—No te atrevas, Aleks.
—No, sí me atrevo. No seas idiota. Quieres hacer algo noble, algo que deje huella y sabes cómo puedes hacerlo, pero te niegas a verlo. ¿Quieres entender el concepto de la redención, no? Pues deberías de saber que no hay redención si no hay antes expiación. Y tú, Viktor, sabes muy bien que yo no soy la persona con la que debes expiarte.
—¡Sabes que eso es imposible!
—Es más que posible, si tan solo dejas de negarte a ello.
—No es tan sencillo como sólo decirlo, ¡jamás lo ha sido!
—Claro que no lo es, después de todo la vida no es sencilla. Pero esa niña y tú ya han pasado por demasiado. Lo que ambos vivieron no fue justo, ninguno de ustedes merecía pasar por todo lo que pasó… no intentes tomar el dolor por el que ambos pasaron para sacar de ahí todavía más dolor, por favor, trata de perdonarlo.
—Te has vuelto loco, Petrovsky. Lo que estás diciendo va más allá de lo que yo pueda hacer. No se trata sólo de nosotros dos, hay mucho más enmedio como para que simplemente pueda perdonar todo lo que ha pasado. Aunque quisiese, no podría, no sabría como. Además, me miras como si hubiese sido un monstruo con esa niña, cuando yo apenas y la conozco. No soy yo quien debe expiar sus pecados con ella, es mi padre quien debió de hacerlo, es él quien le arruinó la vida; pero como el cabronazo que es, tuvo que morirse en lugar de arreglar todo lo que vino a joder en este mundo.
—Ay, Viktor… no se trata de quién da más o de quién da menos. Se trata de hacer no sólo lo correcto sino lo mejor para ambos, ¡lo mejor para ti! ¿¡Es que acaso no la viste!? Esa niña se está muriendo. En cualquier caso, y sin minimizar lo que ambos pasaron, yo te veo y sólo puedo pensar que tienes mucho más que ella. ¡Puedes hacerlo, Viktor!
—¿¡Hacer qué, Aleksánder!?
—Pues lo que tú dijiste. Hacer lo que de tu parte esté para que ._._._._. deje atrás el dolor que tu sangre le ha causado. Ayudarla a tener su libertad, a redimirla. Y con eso, redimirte a ti mismo.
—A veces creo que simplemente ignoras la mitad de lo que te digo. Incluso si quisiese, incluso si lo intentase… sabes que no podría. ¡Ella lastimó a mi madre!
—¡Ella no lastimó a nadie, Viktor! A primera vista cualquiera se daría cuenta de eso.
—¡Pues entonces su madre sí que lo hizo con ella como su principal medio! Y al final mi madre…
—Quiero creer que únicamente estás demasiado cegado por todo lo que la situación te afectó, por todo lo que te hirió y por todo lo que hirió a las personas que amabas. Eso siempre deberá de ser respetado. Pero, Viktor, ya no es el tiempo de actuar como un párvulo, no ahora, no después de tanto. ¡Enfrenta las cosas como un adulto! ¡Esa chica se está muriendo y te necesita! ¿Acaso tiene a alguien más? Porque a mí me pareció que tú eres lo único que le queda y que fue por eso que vino hasta aquí… para tratar de apoyarse en tí, no para que tú la trates como si fuese peor que la basura.
—Lo siento, Aleksánder, sabes que normalmente trato de hacer lo mejor para todos. Pero esta vez no puedo. Una de las últimas cosas que mi madre me pidió antes de morir fue que no dejase que esa chica estuviese aquí, que no la recibiese con los brazos abiertos.
—¿Es enserio, Viktor? ¿Te estás escuchando? Sé que siempre traté más a tu padre que a tu madre, pero ¿sabes? en el fondo me hubiese gustado que no hubiese sido así. Todo el mundo sabía de lo generosa que era la señora Nikiforova, de como siempre hacía caridad con quienes más lo necesitaban y de cómo apoyaba a las mujeres perdidas que vagaban por San Petersburgo. Además era preciosa, por lo que siempre sentí mucha curiosidad por ella. ¡No me mires así! Como perdí a mi madre de muy chico a veces no me acordaba de lo que se sentía tener una y mientras fui creciendo siempre pensé que de todas la tuya era la más perfecta. Pero entonces…
—¡Ni se te ocurra!
—No diría nada malo de tu madre, Viktor, yo siempre la respeté y pienso seguirlo haciendo. Pero entonces y atando cabos con toda la información que me has dado, tu padre la engañó y eso debió de destruirla; después de todo era evidente para el mundo que lo amaba como a su propia vida. Después ella enfermó y cada día las cosas se fueron complicando más.
—¡Ella no lo necesitaba, yo estaba a su lado!
—Ok, Viktor… claro que sí y, tranquilo, no necesitas probarlo. Después de todo si había a alguien a quien ella amaba más, era a ti, ¡a ti te amaba más que a su propia vida!
—No entiendo a dónde quieres llegar, Aleksánder.
—Sólo te estoy diciendo que tu madre siempre fue una persona maravillosa. ¡Un ángel! Como siempre te referías a ella cuando eras muy pequeño debido a que amabas sus rizos rubios donde sólo le faltaba la aureola.
—Ehem.
—Pero tu ángel amó demasiado y por querer aferrarse tanto a la persona que amaba, terminó cayendo junto con ésta. Tu ángel no perdió su divinidad, tan sólo se vió expuesta a los vicios y a los pecados de los humanos... y eso perturbó su alma. Creo que el tormento confundió a tu madre. No voy a justificar nada, tan sólo creo que la señora Nikiforova —quien siempre nos sirvió galletas de azúcar morena y chocolate caliente con la sonrisa más amable del mundo; y quien en verano, cuando tú te largabas con tu padre a hacer el campamento, a mí me dejaba pasar a tu casa y me hacía la plática mientras servía pay de limón y un vaso de Kool-Aid (odiaba el Kool-Aid, pero lo compraba porque a mí me hacía feliz y mi lengua morada la hacía reír)— no habría sido capaz de dañar a una niña chiquita como ._._._._., ni a la mujer triste en la que se ha convertido… después de todo, tu madre más que nadie sabía de mujeres tristes.
—Aleksánder... ¿se puede saber qué mierda hacías en mi casa molestando a mi madre y comiendo pay de limón con Kool-Aid? Peor aún ¿¡por qué mierda le enseñaste tu asquerosa lengua de Kool-Aid a mi madre?
—Ehem. ¿Me creerías si te digo que no lo hacía porque estaba aburrido o porque tenía hambre?
—No.
—Lo hacía porque cuando tú y tu padre se iban, yo la veía tan solita paseando con sus taconcitos por la gran casa. Así que iba para hacerle compañía (bueno ¡y también por el pay!), pero a ella le encantaba tenerme y siempre, siempre me preguntaba por ti: "¿Viktor me quiere?", "¿qué cosas le gustan a Viktor?", "¿Viktor es feliz?", "¿haz notado raro a Viktor?". Yo le respondía lo más sincero que podía y ella a cambio me recompensaba dándome pequeñas pruebas de otros postres: "¿Entre estos dos qué tipo de bizcocho y de relleno crees que le gusten más a Viktor?". Por la tarde, me daba un par de besos, me llenaba la mochila con bombones cubiertos de chocolate y me mandaba de vuelta a la Mashenka acompañado por la sirvienta. "¿Por qué Viktor prefiere irse con su padre?", me preguntaba con la cara llena de dulce mientras seguía comiendo a hurtadillas en la parte trasera del bar.
—Comienzo a creer que sólo fuiste un interesado con mi madre y esa idea no me agrada en lo absoluto.
—Oh, Viktor. Claro que no. Era un niño, pero créeme, yo siempre aprecié a tu familia. Tu madre era un verdadero ángel, me hubiese gustado pasar más tiempo con ella.
—Yo creo que más que a un ángel, se parecía a una virgen renacentista.
—Ehem. Pues si lo pones de ese modo, María siempre mostró verdadera piedad por todos los seres humanos, así como tu madre también se mostró siempre compasiva, especialmente con los infantes y con las mujeres jóvenes.
—Aleks, por favor... sé a dónde quieres llegar, pero, creeme, no tiene sentido.
—¡Claro que lo tiene, Viktor, claro que lo tiene! ¿Qué crees que hubiese pasado si tu madre hubiese seguido con vida?
—Aleks, para. Eso no es y jamás lo será.
—Lo sé, pero tan sólo dime, porque sé que a menudo piensas en ello.
—¡Las cosas serían diferentes! ¡Las cosas estarían bien!
—Vaya… pudiendo haber respondido cualquier cosa dijiste esas dos frases. No podrías tener más razón. Podrían haber pasado muchas cosas que jamás sabremos, pero si de algo podemos estar seguros es de que si tu madre siguiese con vida las cosas serían diferentes y las cosas estarían bien, al menos mejor de lo que están ahora.
—¿Afirmas lo segundo así como así?
—Sí, Viktor. En verdad creo que si la señora Nikiforova siguiese con vida, ella hubiese terminado sintiendo piedad por ._._._._., por esa chica que no era más que una niña cuando todo pasó y que siempre compartiría la sangre del hombre y del hijo a los que tanto amó.
—Aleks… haces sonar las cosas tan fáciles. Pero no, no sería así.
—¿Y por qué no?
—Porque hay cosas que no se pueden perdonar y hay heridas que no se pueden curar. El resentimiento que mi madre le tenía a ._._._._. era demasiado grande. Yo siempre amaré a mi madre y no puedo simplemente olvidarme de algo así.
—¿Es que no te das cuenta? ¡Si la amas, ámala bien! ¡Ámala por lo que ella fue! Sé que no puedes negar su dolor, no te pido que lo hagas, tan sólo te pido que recuerdes a la mujer bondadosa que te crío. Te diré lo que pienso…
—Llevas toda la tarde diciéndome lo que piensas.
—Pienso que la gran tragedia de tu madre fue que tuvo que morir antes de que su corazón pudiese sanar.
—¿Qué mierda estás insinuando?
—No estoy insinuando nada malo, si es lo que piensas. Tan sólo creo que la enfermedad le llegó en un momento en que el dolor la estaba asfixiando y al final las dos cosas terminaron ahogándola. Pero quiero creer (y espero que tú así lo creas, por todo lo que tu madre fue) que si ella hubiese tenido tiempo para sanar, para poder comprender todo lo que había pasado, entonces las cosas hubiesen terminado (o continuado) de un modo distinto, de un modo menos trágico. Te lo voy a decir con el corazón, Viktor, creo firmemente que si tu madre hubiese tenido más tiempo, ella al menos habría logrado perdonar a ._._._._..
—Estás haciendo asunciones muy serias, Aleksánder.
—¿Es que tú no apostarías por tu madre, Viktor? ¡Por favor! Tú más que nadie en este mundo la conociste y si la amaste tanto fue por lo buena que era.
—¡La amaba incondicionalmente, idiota! ¡Incluso si hubiese sido el peor de los seres humanos, yo la habría seguido amando!
—¡Pero no lo fue! ¿O me vas a decir que sí?
—¡Por supuesto que no! ¡Maldita sea, ya cállate!
—¡Cálmate, Viktor, joder! ¡Deja de pensar en ti y ve a tu alrededor! Tu madre fue una buena mujer, pero todo por lo que pasó la dejó tan herida que no sólo se perdió así misma, sino también todo en lo que ella creía. Tú más que nadie conocías su corazón y deberías de saber, por lo tanto, que si hubiese tenido más tiempo de vida, ella habría perdonado a ._._._._..
—¡Pero eso no sucedió, Aleksánder! ¡Ella murió y eso jamás pasó!
—Ella ya no lo pudo hacer, pero ¿y tú? ¿acaso no puedes?
—¡Me largo, Aleksánder, ya tuve suficiente de ti por el resto de la década!
—¡No me jodas y no huyas, Viktor! ¡Aquí! ¡Detente! ¡Tu madre tarde o temprano habría terminado por aceptar a ._._._._.! Ella siempre quiso una hija, ¿no?
—Te volviste loco, adios.
—¡No, espera! Fue un decir, pero sí creo que al menos la habría perdonado, le habría dado lo que le corresponde y la habría tratado con la cortesía que todo ser humano se merece. Por favor, Viktor, sé que tu madre ya no pudo cambiar de opinión, pero creo que a ella le dolería demasiado el verte así… su campeón derrotado por el odio hacia una chica que sólo quiere una familia.
—Aleks…
—No voy a decirte nada más, Viktor, pues al final eres tú quien debe tomar tus decisiones. Dijiste que quieres entender la redención y que quieres que la rutina en la que estás trabajando sea absolutamente magnánima, que algo en todas las personas cambiase para siempre al verla. Más que todo eso, quieres que algo finalmente cambie en ti al realizarlo, que algo en tu alma se cure y entonces todo el dolor por el que has pasado tenga finalmente un significado. Pues, amigo, déjame decirte que tú, de todas las personas en el mundo, definitivamente puedes hacerlo.
—No lo hago sólo por mí…. sabes que todo lo que soy también lo soy por mi madre.
—Lo sé, Viktor, lo sé. Precisamente porque lo haces por tu madre, ¡hazlo bien! Te confesaré algo, a veces creo que hay algo oscuro en ti, pero entonces te veo patinar y me convenzo de que todo lo que hay en ti no puede ser sino jodidamente brillante. Creo que tu madre pensaba lo mismo.
—¿Qué dices?
—Que ella sufrió y amó. Pero que no fue sino hasta el momento en que te vio patinar con total devoción, que pudo darse cuenta de que había más en el mundo: había belleza. Y ella quiso ser parte de esa belleza ayudando a otras personas. Había amado a un hombre como a su vida, y a ti te había amado más que a su vida, pero en cuanto pudo apreciar la belleza, pudo también apreciarse a sí misma. Tú también puedes hacerlo, Viktor. Y si lo haces, si te conviertes en una mejor persona, entonces todo por lo que ella pasó podrá tener un significado.
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Viktor se mantuvo caminando un buen rato y en su mente siguió repasando todas y cada una de las palabras que horas atrás había cruzado con Aleksánder. Conforme el sol se fue ocultando, el no hizo sino ajustarse los cierres de su cremallera Burberry y seguir andando, andando como si no tuviese un hogar al cual regresar.
V: ¿Crees que pueda empezar por algo?
Cuando se hubo cansado, le envió un mensaje a Aleksánder. Después de todo, la situación no le parecía para nada sencilla y el trecho que había del dicho al hecho le parecía más grande que nunca.
A: Dunno, man. Pero tendrá que ser a pasos pequeños o te ahogaras. Por ejemplo, ._._._._. se veía bastante desamparada, en cambio tú sí que puedes apoyarla. No quise comentarlo cuando te saqué de la Mashenka, pero… Viiiiktor, cuántas familias de clase media crees que podrían alimentarse por varias semanas con lo que cuesta ese abrigo que traías? Ya que estás tan obsesionado con la redención, podrías tratar de ayudar a los que más lo necesitan, sé que otros patinadores lo hacen.
Viktor rodó los ojos, como todo hombre que se presta él donaba parte de su capital anual a asociaciones caritativas, especialmente a refugios para animales. Lo que pasaba era que San Aleksánder se las daba de buena persona, pero cuando se trataba de él, solía tratarlo como a un cabrón. No obstante, el platicar con él lo había refrescado —también lo había lastimado—, pero más que nada lo había refrescado y le había dado nuevos aires para seguir con la planeación de su rutina.
En realidad no estaba seguro de cómo se sentía al respecto ni de las decisiones que debería de tomar. Sabía que su madre había sido una mujer bastante generosa, sin embargo, lo cierto era que ni él ni Aleksánder podrían adivinar jamás lo que habría pasado si ella hubiese seguido con vida, todo lo que pudiesen decir serían simples suposiciones.
Por otro lado, se había dado cuenta de que San Aleksánder se había sentido conmovido por ._._._._. y de que una especie de instinto protector de hermano mayor le había llegado de la nada —¡maldito el día en que se empezó a juntar con el sentimental de Aleks!—. No obstante, él no podía tragarse eso de que ._._._._. era una chica inocente que había venido a Rusia con las mejores intenciones de hacer las paces y jugar con él a la familia feliz.
Efectivamente, habían cosas que jamás podrían ser reparadas. Sin embargo, pensó que al menos Aleksánder le había puntualizado algo cierto: ¡tan sólo bastaba con echar un vistazo a las condiciones en las que ._._._._. vivía para darse cuenta de que esa muchacha estaba más pobre que un ratón de iglesia! Joder, ¡cuál sentimentalismo de venir a ocupar la casa de papá! Lo más probable era que la chica no tuviese otro lugar a dónde ir.
Después de haber pasado la tarde hablando de su compasiva virgen renacentista, no pudo evitar sentir lástima por ._._._._.; indudablemente y por más que la odiase, su madre jamás habría dudado en arrojarle un pan a alguien tan miserable.
Supo que, tal como le había dicho su amigo, él podía pagar la libertad de la esclava y así redimirla. Sacaría a ._._._._. de la pobreza y entonces ella podría dejar de estar de sufrida y de aparentar que se siente atraída hacia él por algo distinto a su dinero. Es más, no sólo le daría a ._._._._. lo que le correspondía, sino que también le regalaría lo que a él le había tocado de la herencia de su padre, después de todo sus bienes estaban intactos y él no quería volver a tener nada de ese cabrón. Sintió un poco de paz hacía sí mismo y se afirmó satisfecho con su generosidad, ah, eso era lo que debía de sentir San Aleksánder cuando ayudaba a los pobres.
Consciente de que se dirigía nuevamente a ese apartamento al que juró no regresar, apuró el paso para poder hacer su cometido antes de que se arrepintiese. En honor a la mujer que tanto había amado, esta vez sería su turno de hacer una buena obra.
09/12/2017
¡Hola! He tratado de terminar este capítulo lo antes posible. Y aunque he tardado un par de días más de lo que esperaba, ha quedado más extenso que el anterior. ¿Qué les ha parecido?
No siempre escribo diálogos largos, pero esta vez ha sido necesario, ¡alguien tenía que ponerle un alto al idiota de Viktor! ¿No?
Bueno, pues aquí terminaría una parte (o la introducción) del fic y ya en el capítulo que viene los personajes comenzarán a entrar en una nueva etapa. Lamentablemente, las cosas no se podrán solucionar tan rápido, pero lo irán intentando.
Por mi parte, trataré nuevamente de esforzarme para terminar el siguiente capítulo mucho antes de lo que podrían esperarlo.
Nat-Woods: Como siempre muchísimas gracias por todo tu apoyo y por todo tu entusiasmo. Como nosotras no podemos entrar al fic a darle un golpe a Viktor, he mandado a Aleksánder para que le explique las cosas con plastilina y lo haga entrar en razón, ehem, y ahí seguirá durante el resto del fic para servirle tragos y para patearle el trasero cuando sea necesario [las ventajas de tener un amigo ;)]. Sobre lo que mencionas, también me siento identificada con la protagonista en muchos aspectos que afortunadamente han quedado atrás. Hace un tiempo hablaba precisamente con una chica de esta página, sobre que hablar de trastornos mentales en los fics no debería de ser cosa rara, después de todo y estando en pleno 2017 sólo hace falta mirar a un lado para ver que uno de nuestros amigos o conocidos o nosotros mismos necesita que le tiendan con urgencia una mano para poder seguir adelante. Después de que uno pasa por sus propios problemas, no podemos sino sentirnos empáticos hacia los ajenos (por eso Aleks es un bomboncito). Espero que puedas dejar atrás todo aquello de lo que no te sientes orgullosa y que todo siempre resulte del modo más benéfico para ti. Como tu amiga y con lo que pueda escribir siempre estoy aquí para ti. Ten un beso y un fuerte abrazo.
Guest: ¡Bienvenida al fic! Espero poder seguir teniéndote por aquí y que disfrutes la historia ;) Es cierto, no hay muchos fanfics de personaje x lectora de YoI, tan sólo he podido encontrar unos cuantos escenarios en Tumblr, pero hasta ahí cada día se escriben menos. Personalmente, considero que un OC siempre puede aportar cosas interesantes tanto a una historia como a los personajes que ya conocemos, después de todo escribimos fanfiction porque nos gusta imaginar nuevas posibilidades. Espero que en un futuro cercano, más gente se anime a escribir personaje x lectora, pues no creo que la falta de seriedad deba ser un condicional para el género. Así que si tienes recomendaciones de historias, no dudes en hacérmelas saber. ¡Te mando un abrazo afectuoso! ¡Saludos!
Como siempre, gracias a todos los que se toman un momento de sus días para seguir esta historia. Aprecio mucho todo el apoyo que me dan. Les deseo que tengan un feliz diciembre. ¡Los quiero!
Apailana*
